Canutos públicos

(Original aquí. Me ha encantado).

Malo, malo. Una desesperada adicción a los alucinógenos domina a la injustamente denostada casta política. Los pobres. Y es que no es un vicio, es una enfermedad, les corroe el conocimiento. La droga, esa maldita droga, ¡ay, señor! La siembran, la cultivan, la tratan y después, fosas nasales limpias, boca bien abierta y pulmones como esponjas, toda para dentro. Asoma lozana la malvada en los archivadores de los despachos, plantas de dos metros en el bidé, pastillitas de colores, ésta sí, ésta no, ésta me gusta, me la como yo. Y aquél. Y el que se fue para no volver, bien puesto hasta las cejas de brotes verdes mientras aliaba civilizaciones a diestra y siniestra. Aquí una puntualización, qué no se me olvide. Remendón, a ti te digo, que en mi epitafio escriban que morí ciscándome en tu calavera.

 Sigo con lo mío. Fátima Báñez, ministra del desempleo, dice que “estamos saliendo de la crisis”.  Mi vecino se ha gastado lo que le quedaba del subsidio y la pensión de los padres en treinta metros de traca y un castillo de fuegos artificiales. Hay que celebrarlo por todo lo grande, di qué sí, Ramiro. Mañana te sale curro. Afíliate al partido y de asesor, que cuenta como funcionario sin serlo. ¿Qué a qué partido? Al que sea de los dos, que no te enteras, que lo mismo da. Y si no te dan trabajo, que te inviten, que rule. Por lo menos, verás la realidad desde el prisma del colocado, en ministerio o autonomía.

Que también pase el helicóptero de la benemérita por Ferraz, que José Luis se llevó la mitad del cargamento para allá, y ahora Alfredo se está poniendo cianótico. Se siente respaldado, están a muerte con él. Se nota, se nota la lepra. Amor familiar, baronías entregadas. Fumata azul por las rendijas de ventilación y todos a grabar el nuevo Thriller del Jackson Rubalcaba. Muertos vivientes que quieren a su líder con idéntico amor que el que Judas dispensaba. Alguno hay dispuesto a quemarse a lo bonzo. Si le quitan la dedicación exclusiva, que es triste pedir, pero más triste robar.

Pero sed optimistas, hermanos. Obedeced al nuestro monarca, asid el cuchillo y posadlo poderoso entre los dientes, junto al DNI. Y, libres las manos, con ellas amasad la semilla de la liberación y trabajad, perros plañideros y quejicas, que dais ganas de llorar. Así, cuando la noche de los tiempos caiga y el necesario descanso reparador os meza, nada mejor que fumar de los mismos brotes verdes de los que abusan esos que cobran por mandar. Será la única manera de no sacar a pasear el sacabuches, alfanje, navaja, faca, chaira, machete o puñal que portamos en la boca.

Bromas al margen. Lo que no aguanto de todo esto, lo que más me repatea el alma, es tener que soportar, además del quintal de sufrimiento habitual, el recochineo de los padres y madres de la patria. Qué se vayan todos al guano, armados con cucharillas de plata.

Envidia austríaca

Acabo de leer el último post en el blog de Miss Fidget. Y créanme ustedes que me da una envidia cochina sana ver cómo ella se ha integrado perfectamente en ese mundo del sauerkraut y el wildkatze, y de todas esas cosas que nos vienen a la mente cuando pronunciamos la palabra «Austria» y en especial «Viena», aunque ella no viva en la gran capital. Pero la envidia no es tanta porque ella «haya encontrado su sitio» –que también–, sino que, por decirlo en sus propias palabras:

Lo que más me gusta de Austria es que aquí se valora mi trabajo. «Se valora» no significa solamente que me paguen más que a una cajera de supermercado, que también, sino que te dan a entender desde el principio que te han contratado porque estás preparada, porque sabes de algo y porque lo vales. No estoy acostumbrada a eso. No estoy acostumbrada a que mi opinión cuente, a que se me felicite por hacer algo bien sin que luego venga una de arena, a que los consejos que recibo de mis superiores realmente sirvan para algo y me ayuden a mejorar, a que los jefes no pretendan saberlo todo, sino que cuando no saben algo, digan «no lo sé, dime tu opinión».

Ya no se trata de esas zarandajas de la «competitividad», de la «excelencia» y de todo eso que se dice para, acto seguido, echar cubos de mierda sobre el propio país (uno de los deportes nacionales de los batuecos). Ni siquiera se trata de los «nuevos estilos de dirección», que se llevan estudiando por lo menos desde los años 50 pero que en España prácticamente no han hecho mella. Salvo las debidas excepciones, como en todos los campos, aquí sigue abundando el jefe increíblemente engreído y no menos increíblemente incapaz, que es capaz de hacer sentir como gusanos a los subordinados. Gusanos explotados, además («dame las gracias que tengo muchos aspirantes y casi que te estoy haciendo un favor»). No es de extrañar que el trabajador acuda al trabajo con resentimiento («como no me merezco el trato que me das, me importa una mierda la calidad de mi trabajo y si puedo joderte te voy a joder») y miedo («la cosa está muy mal y mañana podrían despedirme»). Por no hablar de la vergüenza nacional de ver a un licenciado, que ha pasado unos años en una Universidad quemándose las cejas, teniendo que ocultar que lo es para que le den un trabajo muy por debajo de su capacidad y por un sueldo de mierda.

Y uno, que sospecha que dado que el pecado capital de los batuecos es el de la envidia, sospecha también que los jóvenes no se van sólo porque en otras latitudes paguen mejor, –que también–. Se van porque en ese mayor salario va incluida una porción importante aunque no cotice a la SS de allá, que es la del respeto. Y de nada valdría pagar aquí los salarios de allá sin ese plus. El problema no está tanto (o no sólo) en los jóvenes, que según dicen son «la generación de españoles más preparada de la historia», sino también en que en todo este tiempo no se ha sabido (o querido, o podido) crear una clase empresarial que tenga en cuenta ese detalle. «El jefe lo sabe todo; y si no lo sabe, procura no hacerle entender que sabes más que él», podríamos decir, entre otros proverbios con destino al famoso Decálogo del Jefe. No sé si malos directivos hacen empleados perros o al revés. Posiblemente haya un poco de cada cosa en todas partes. Pero lo que me da envidia es comprobar que en Austria (o al menos en la empresa de Miss Fidget) se gestiona de una forma distinta (y por cierto, mucho más económica para todos). La tradición batueca, en cambio, manda que cuando alguien descuella, se unan todos los mediocres para hundirle. Con ese principio de funcionamiento, es imposible que una empresa, una universidad, una dependencia administrativa puedan ir adelante.

A lo mejor me equivoco; pero ahora que tanto se habla de recuperar valores y de poner en valor (horroroso anglicismo traducido literalmente), el del respeto por los subordinados y la colocación en un lugar adecuado a sus capacidades sería uno de los valores a recuperar…

La caída de los Patxis

Máis do mesmo (ou non)

Empezando por las buenas noticias, en Galicia el PP ha literalmente arrasado en las elecciones autonómicas. Ha aumentado sus escaños y por tanto, ha afianzado aún más su mayoría absoluta. Era un resultado previsible, a la vista de las campañas de los demás partidos que podían disputar la silla a Alberto Núñez Feijóo. El Pachi gallego, en cambio, se ha pegado el trompazo electoral de su vida (más bien «bajada») y, como sus homólogos nacional y vasco, ha dejado la formación bajo mínimos. No obstante, contados los votos, resulta que el PP ha perdido en Galicia 132.000 votos, nada menos. Como apunta en su análisis Elentir, el factor principal ha sido la abstención. No debería Feijóo lanzar las campanas al vuelo, pese a que menudean los discursos triunfalistas a cuenta de los escaños.

Por supuesto, los gallegos sabrán lo que hacen cuando dan por buena la política lingüística de Feixóo, que aunque no sea un área «de gestión» (ya que por lo visto se pondera su «gestión económica»), sí es importante. Máxime cuando esa política es importada de Cataluña (concretamente, fue Fraga quien copió de pe a pa la Llei de Normalització Lingüística de 1983), con los resultados conocidos aquí, y que allí, con el tiempo, no tardarán en aparecer. Ha sido escorarse un poco con el tema de la lengua y así quitar aire y espacio a los bloqueiros y otras hierbas, cuyos resultados modestos dan idea del poco recorrido que tenían estas opciones entre la población.

El caso más llamativo, cómo no, es el de SCD. Una formación a la que se ha tratado de ningunear: desaparecida de los medios, desaparecida de las encuestas, con intentos de actualizar el pasado presuntamente delictivo de su presidente, Mario Conde y con puesta en circulación de consignas tipo «es un delincuente» y similares, que los peperos a machamartillo han repetido hasta la saciedad. Partían también con el hándicap de que su asamblea constituyente fue hace poco más de un mes. Y en política española lo de llegar y besar el santo… como que no funciona. Y los gallegos, que son más bien pausados en estas cosas de las elecciones, le han mandado el mensaje de «que espere».

Tal vez sea bueno el resultado para el PP. ¿Lo será para los gallegos? En tres meses, la respuesta. En todo caso, en las celebraciones y felicitaciones eché de menos a Galicia. Como si las elecciones las hubiera ganado el Dépor o el Celtiña. Todo el mundo hablaba de la victoria del PP; pero pocos o nadie se acordaron de que Feijóo no gobierna sólo para ellos, sino para todos los gallegos y además en un contexto nacional, pues todavía son España. Y, contra lo que piensan algunos, no sólo los gallegos pueden hablar de Galicia…

Ahí va la hostia que se ha pegado, pues

Hablar de los resultados de Vascongadas es casi para llorar. El Patxi vasco, sabedor de que no tenía futuro en Euskadi tras las elecciones, se blindó ese peazo de pensión vitalicia, que dudo que el presidente electo Urkullu le revoque. Y se irá a Madrid a enredar, a ver si le dan algún cargo en la renovación que se perfila. La posición de Urkullu es sin duda muy cómoda: puede jugar al juego de las dos boinas: puede pactar tanto con Bildu (gracias PPSOE por inducir al TC a dejarles participar contra la opinión del TS) para acelerar la cosa independentista como con el PSE-EE para dar un cariz más moderado a su gobierno.

Está claro que el pacto constitucionalista ha fracasado, lo cual ha de ser apuntado en el debe de los líderes nacionales. Si ZP, por un lado, no hubiera defenestrado a Redondo Terreros acusándole de «seguidismo del PP» y por otro, Basagoiti no hubiera ejecutado la limpieza en su partido (apoyado por la complacencia silente de Mariano), barriendo a aquellos que aportaban peso y valor al mismo (María, Regina, Nerea y otros), tal vez los resultados hubieran sido otros. Aparte de eso, algunos patinazos de personajes públicos del PP vasco han hecho el resto: así, la foto de los concejales del PP compartiendo brindis con los bilduetarras («somos compañeros, joder, pues»), o la última, en que en una entrevista con Isabel San Sebastián, Oiartzabal acusa a la periodista «de beneficiarse del PP mientras a ellos los mataba la ETA» (sic). Con estos mimbres no se construye un partido ganador… y así lo ha entendido el electorado vasco.

La mala noticia es que Bildu ha pegado un salto espectacular: de los 5 a los 21 escaños. Veremos de qué forma podrá condicionar la política de Urkullu, arrimar el ascua a su sardina y conducir a las Vascongadas por el pedregoso sendero de la independentzia. Nuevamente y como decimos, gracias PPSOE, por dejar que la marca blanca de ETA tenga presencia política en las instituciones, sin que la organización nodriza abandone las armas y mucho menos se disuelva, como pedían (con la boca pequeña, además) algunos políticos ilusos. Creen que vistiéndolos de lagarterana los van a «civilizar». Pues creo que van de lado. Y en los próximos meses se va a ver.

Permítanme finalizar con una anécdota, que esta vez será gráfica. La imagen no tiene desperdicio y la anécdota es de envergadura

Y el voto es VÁLIDO…

Ripalda progresista

¿Eres progresista?
Sí, soy progresista desde el seno materno pese a que haya dado más bandazos que Tamames y Tierno (q.e.p.d.).

¿Qué significa ser progresista?
Ser progresista significa ser partidario de las fuerzas de progreso.

¿Cuáles son las fuerzas de progreso?
Las fuerzas de progreso son todas aquellas que defienden el avance del género humano concretado en sus más altas conquistas; como el aborto y la eutanasia, el derecho de los homosexuales a contraer matrimonio entre sí y a adoptar menores, la reivindicación de la prostitución como libérrima virtud cívico solidaria, la legalización de las drogas y la difusión de la ética del cine de Almodóvar.

¿Qué es el aborto?
El aborto es el derecho que tiene toda mujer a liberarse, por la vía más expeditiva y a cuenta del Estado, de una excrecencia interna provocada por una invasión de fluido seminal procedente de un macho en celo.

¿Cómo consideráis a los que se oponen al aborto?
Unos intolerantes e hipócritas que van los fines de semana a abortar a Londres y después defienden la pena de muerte.

¿Tiene la pena de muerte algo que ver con la eutanasia?
En absoluto; la eutanasia es el derecho a morir en paz que tiene cualquier persona a la que se haya convencido que no debe constituir una carga para su familia o para los presupuestos del Estado. Es especialmente recomendable para enfermos y ancianos en su fase más pejiguera.

¿Qué es un homosexual?
Una persona que ha elegido una opción sexualmente plena, avanzada y de retrocarga, superando la ancestral e irracional tendencia homófoba y animal de intentar emparejarse con los de distinto género.

¿Qué es un homófobo?
Una persona de aparente opción heterosexual que cuenta chistes de gays en tono despectivo, pero que en el fondo de su armario es un homosexual reprimido aunque no quiera reconocerlo.

¿Qué es un heterosexual?
Alguien sexualmente obsoleto.

¿Qué es la prostitución?
Un avanzado derecho de la mujer, del hombre y del género neutro, para autorrealizarse mediante prestaciones sexuales libres y retribuidas.

¿Qué son las drogas?
Son sustancias con efectos benéficos, estimulantes y/o sedantes, como la cocaína, la heroína y el hachís; pero nuestra cultura judeocristiana las reprime, aceptando hipócritamente otras más tóxicas y peligrosas como el tabaco, el té y el café.

¿Quién es Almodóvar?
¡Pidrooo! Almodóvar es un director de cine, manchego, que tras el aspecto físico de Sancho esconde la alta espiritualidad de Don Quijote; es un intelectual que en sus películas con historias de gente sencilla y de la vida real, encarna los valores éticos y estéticos de la posmodernidad.

¿Cómo nos hacemos progresistas?
Nos hacemos progresistas por medio de la ingestión indiscriminada de todo lo que sale de la televisión, por la asimilación de las consignas oficiales, la falta de espíritu crítico y la pereza mental.

¿Cuántos son los mandamientos del progresismo?
Los mandamientos del progresismo son diez.

Primero: Amarás al progreso sobre todas las cosas.
Segundo: No tomarás el nombre de la democracia en vano.
Tercero: Santificarás la democracia en su fiesta electoral, en la que nunca te abstendrás ni emitirás un voto nulo.
Cuarto: Ingresarás en un asilo a tu padre (si lo conoces) y a tu madre (si se deja).
Quinto: Abortarás, harás abortar o defenderás el aborto.
Sexto: Intentarás liarte con todo «lo» que puedas, especialmente con los de tu mismo sexo.
Séptimo: Sólo robarás con amparo en las leyes.
Octavo: No mentirás ni dirás «no sé, no contesto» en las encuestas democráticas y en los sondeos de opinión.
Noveno: No consentirás pensamientos ni deseos contrarios a la democracia y al bendito sistema «que nos hemos dado a nosotros mismos».
Décimo: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, salvo que lleguéis a un acuerdo de intercambio de parejas.

¿Y cuáles son los males que amenazan al progresista?
Aquellas conductas o ejemplos que signifiquen una muestra de valores autoritarios y obsoletos como la jerarquía, el rigor, la disciplina, el esfuerzo, el servicio, el sacrificio, la obediencia, la responsabilidad, la moral, el sentido trascendente de la persona, la religión, el pecado, la verdad absoluta, la patria, y otras similares del mismo tonillo dogmático y totalitario.

¿Dónde estuvisteis en Mayo del 68?
Sin ningún género de dudas en París levantando barricadas; y si por edad no pude estar, entonces estuvo mi padre.

Entonces ¿conoces a tu padre?, perdón… ¿Qué es la democracia?
La democracia es el sistema más perfecto de gobierno que ha existido y podrá existir jamás en la tierra, con la excepción de que los electores se equivoquen eligiendo opciones no progresistas o claramente fascistas.

¿Qué es el fascismo?
Fascismo es todo aquello que se enfrenta a las fuerzas de progreso, cuyo máximo exponente fue Franco, que suprimió el régimen de libertad que nos habíamos dado a nosotros mismos (bueno, quiero decir, que nuestros abuelos se dieron a ellos mismos), tras provocar la guerra civil.

¿Qué sucedió en la guerra civil?
Que los militares, la derecha, unos curas y unas monjas levantiscas, se alzaron a traición contra el orden, la paz y el progreso establecido por la Segunda República. Finalmente la ayuda de la Internacional nazifascista les llevó al triunfo sobre el pueblo que únicamente contó con el auxilio de los intelectuales que en las trincheras leían hermosos poemas a los soldados.

¿Qué era la Segunda República?
La Segunda República era un régimen pleno de cultura, justicia, democracia, libertad y tolerancia.

¿Os consideráis republicano?
Sí, aunque también soy partidario de Su Majestad don Juan Carlos que nos trajo la libertad con muchísimo esfuerzo y teniéndose que hacer el bobo delante de Franco (también admiro las camisas de Marichalar y las hechuras de Urdangarín).

¿Qué es la solidaridad?
Apuntarse a una ONG para salvar focas y hablar mucho de los derechos humanos del Tercer Mundo y de países como Cuba.

¿Acaso vais habitualmente a Cuba?
Sí, para ayudar a su población en las carencias y necesidades producidas por el embargo yanqui; llevándoles productos de higiene y entablando un contacto directo e intersexual con sus cálidos habitantes, algunos de las cuales se muestran sumamente abiertos y receptivos.

¿Qué es un intelectual?
Aquel que firma un manifiesto de intelectuales.

¿Qué es la Iglesia?
La Iglesia es un antro cavernario manipulador de conciencias cuyos principales exponentes son la Inquisición, el Vaticano y el Papa.

¿Quién es el Papa?
Un viejo con párkinson que dice misas por la Tele, no quiere jubilarse, atesora riquezas en el Vaticano, engaña a los pobres prometiéndoles parcelas en el cielo y encima no es elegido democráticamente.

¿Sois tolerante?
Soy tolerante; por detrás, mucho más que por delante.

¿Qué es la tolerancia?La tolerancia es aquella virtud cívico solidaria mediante la cual exigimos que se nos respete como progresistas pero rechazamos cualquier manifestación no progresista.

¿Sois liberal?
Cuando tengo que pagar impuestos y en lo relacionado con el ejercicio de algunas funciones procedentes de órganos infra abdominales, soy sumamente liberal.

¿Qué son las Humanidades?
Las Humanidades son instrumentos doctrinarios de la caverna que sirven para imbuir a los escolares de ideas represoras y trasnochadas, como por ejemplo los nefastos conceptos del bien y el mal o el mendaz estudio cronológico de la Historia.

¿Qué son el bien y el mal?
El bien y el mal son conceptos maniqueos utilizados desde antaño para extirpar la libertad y para educar en la represión cultural, favoreciendo todo género de traumas infantiles.

¿Qué es la moral?
La moral es un instrumento sectario y obsoleto utilizado fundamentalmente por la Iglesia y otras estructuras de poder para generarnos un castrador sentimiento de culpa y demás zarandajas fascistoides.

¿Cuáles son las cualidades que identifican a un progresista?
Tolerancia, solidaridad, tercermundismo, nudismo, ludismo y paludismo.

Actualización 13:30:

El comentario del que ha sido extraído este post ha sido censurado de la web de la Gaceta. A los “progres” no hay que cabrearlos. ¡Viva la “corrección política” y el poner siempre la otra mejilla! 😛

Actualización 18:30:

Comentario reaparecido: http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/perroflauta-dicese-que-20121021

¿«Sindicato de Estudiantes»?

En esta Guía de perplejos que es la España actual, en que no pasa lo que uno esperaría que haya de pasar y pasa lo que uno no esperaría, ha emergido al protagonismo noticioso (por las razones que a alguien convengan) una especie de organismo autodenominado Sindicato de Estudiantes, nombre un tanto chocante para un grupo humano de esa naturaleza. Para empezar, porque la Ley Orgánica de Libertad Sindical reserva esa denominación para las organizaciones de trabajadores y para nadie más (art. 1.1 LOLS). Tampoco será ocioso recordar qué se considera «trabajador» en nuestro ordenamiento jurídico:

«(Persona que) presta sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección de otra persona, física o jurídica, denominada empleador o empresario.» (art. 1.1 ET).

Aceptado esto, convendremos en que la denominación es absolutamente engañosa, aunque comprensible a efectos propagandísticos: «Asociación de Estudiantes» sería mucho más cercano a la verdad, pero no tiene la pegada de la palabra «Sindicato», que evoca «la lucha de la clase obrera por sus derechos» y toda esa retórica hueca tan del gusto del comunismo rancio. El paseo más completo por esa organización, vía Elentir. De ahí, pues, las manifestaciones, las algaradas y demás. Ítem más: debido a su carácter no laboral (que tampoco lo ganan por analogía in bonam partem), estos muchachos no convocan huelgas (mecanismo de conflicto colectivo reservado nuevamente y en exclusiva a los trabajadores), sino parones, a los que por eso mismo no se les puede aplicar el RD 17/1977 de relaciones laborales.

Tras ese paseo, se queda uno con una sensación de grima y miedo. Resulta que ese sindicato-que-no-es-un-sindicato es un instrumento de extrema izquierda, con los infatigables Marx, Engels y Lenin (parece ser que nadie les ha afeado aún que en su santoral laico tenga cabida ese asesino) cabalgando en las portadas de sus páginas web y perfiles de Facebook. Y miedo también: ¿quién quiere una juventud sin ideales, presta solamente a armar la revolución frente a la imposición fascista del Estado? Porque claro: para estas pobres gentes, hasta el Estado mismo es una imposición (gracias, Lenin)… salvo que sean ellos los que manden. Debe de ser que ya empieza a quedar lejos la caída del Muro, que fue también el derrumbamiento de la mentira del paraíso de los trabajadores que nos contaban Carrillo & friends.

¿Y a dónde nos lleva esta línea? Pues… a que ellos no «mandan» sino que manda el «PP fascista, opresor y torturador de la clase trabajadora». Y que por lo tanto, es «legítimo» manifestarse contra un gobierno «de la derecha». Legitimidad manifestadora inversamente proporcional a la legitimidad del Gobierno que no es de su cuerda. Pasan por alto que en las Batuecas no es la oposición quien gana las elecciones, sino el Gobierno quien las pierde. Pasan por alto que ese partido, por más que nos disguste lo que hace, se alzó con una mayoría absoluta (aunque estén dilapidando miserablemente ese capital). Claro que la democracia sólo les gusta a éstos cuando ganan. Cuando pierden, de democracia ni pum.

Les adjunto una entrevista al actual secretario de la cosa, un señor llamado Tohil Delgado, que sólo porque está estudiando una segunda carrera (es Licenciado en Sociología… anda, como la Pajina, y ahora cursa estudios de Antropología en la UNED) puede ser considerado «estudiante». No me cuesta nada imaginar que cuando termine esa segunda carrera, que el «Estado fascista, opresor y torturador» le permite estudiar sin más límite que el pago de la correspondiente matrícula, los de IU le inviten a formar parte de la casta. O incluso los de la pesoe, que andan muy necesitados de caras nuevas. Igual que cuando las movilizaciones de Valencia, el PSPV invitó al cabecilla a una «visita guiada» al Parlamento valenciano. Seguro que el pollo pensaría: «Un día, uno de esos asientos será mío».

Finalmente, lo de «Estudiantes». A la vista de lo activo del «sindicato», tal vez fuera más correcto hablar no tanto de «estudiantes» cuanto de «matriculados en centros educativos». Estudiantes concienciados de clase, pero evidentemente sin clase ninguna, nada conscientes de que su obligación principal es estudiar. Y me dirá alguno: «¡Eh, que los estudiantes tienen derecho a protestar y manifestarse!». Claro que sí. ¿Pero por qué nunca les he visto protestar por un sistema que prefiere la igualdad a la excelencia, que premia al vago y castiga al trabajador? ¿Por qué nunca les he visto protestar por un sistema que desincentiva la voluntad de aprender? ¿Por qué nunca les he visto protestar por un sistema en que el profesor no tiene autoridad ninguna frente a alumnos que no solamente no quieren estudiar, sino que fastidian a quienes sí quieren?

Que, además, la novedad de las últimas algaradas (nada de «huelgas», ya saben) sea que los mismos padres de una asociación llamada CEAPA apoyen esas manifestaciones ya es lo último y demuestra hasta qué punto hizo daño la LODE de los 80 y la LOGSE de los 90. Y lo que da miedo de verdad es la repetición de consignas de un tiempo que ya creíamos pasado: el tiempo en que se quemaban iglesias y conventos, y en el que «mineros sudorosos violaban a las monjas» (Afusiladora a lo Grandes dixit).

Lo raro, visto lo visto, es que no promuevan la enseñanza del ruso, como hacían en las colonias (estas sí) soviéticas, en que obligaban a estudiar al menos dos años de ruso. Así, al menos, podrían leer a su venerado Lenin en su idioma original (mira que es jodío el cirílico) y enterarse de lo bestia que fue ese tío….

Santoral laico del Sindicato de Estudiantes (de izquierda a derecha): Marx, Engels, Lenin y Trotsky. Este… falta uno, ¿verdad? 😛

Anton Bruckner: Sinfonía nº 3 en re menor, WAB 103 (Wand)

Hoy, pese a la marea rojigualda de ayer, no me apetece hablar de política (aunque mucho me temo que lo de ayer traerá cola). Así que seré breve y dedicaré mi momento musical a mis compadres Noatodo y Miss Fidget a cuenta del corpulento organista de Sankt Florian. Sé que me reprocharán que insista tanto en el sauerkraut; pero a mí es que Herr Bruckner me provoca compasión y admiración a partes iguales: admiración, porque aunque para algunos no sea un genio sinfónico (empezando por Hanslick, antiwagneriano que le hacía la vida a cuadritos con sus críticas) sus sinfonías contienen pasajes y momentos de gran belleza. Y compasión, por otro lado, porque Herr Bruckner era tan humilde que aceptaba todas las críticas dirigidas a su obra. De lo cual surge un gran problema: ¿cuántas sinfonías compuso Bruckner realmente? ¿Nueve? ¿Una sola, «pero escrita nueve veces», como reza el chiste tradicional? ¿Contamos las «versiones» como sinfonías independientes? Problema musicológico aparte, que debe más al ego de algunos y menos a la mencionada humildad del compositor, hay que agradecer dem lieben Gott que de las cuatro últimas no haya más que una Originalfassung.

La obra que presento hoy a la consideración de ustedes es de las de repertorio de Bruckner: la Tercera (juntamente con la Séptima, que marcó su ubicación en el universo musical). El compositor escribió cuatro versiones de ella: 1873, 1874, 1877 y 1889. Las diferencias entre ellas no son excesivamente grandes; pero esa revisión continua impidió posiblemente que pasara de las nueve «oficiales».

La sinfonía está estructurada en cuatro movimientos y, si no recuerdo mal, es la única de las nueve que se acerca a la idea del Leitmotiv wagneriano. Quizá por eso (y porque en el segundo movimiento aparece una cita del Tristan) la sinfonía se ganó el apodo de Wagneriana… y supuso a su autor un montón de problemas: su involuntario alistamiento entre los partidarios de Wagner y la consiguiente enemistad del ya citado Hanslick, influyente crítico musical en la Viena del siglo XIX y militante en las filas bramhsianas. Cuenta la historia que hasta tal punto llegó la enemistad que cuando le concedieron cierta condecoración, Bruckner tuvo el siguiente diálogo con el Emperador:

–¿Desea usted alguna cosa más?

–Sí, Majestad –respondió Bruckner–. Que el señor Hanslick deje de escribir en mi contra.

He aquí el tema, que aparece en el primer movimiento y en el último. Un solo de trompeta se eleva sobre la Urnebel (aquí un ostinato de las cuerdas sobre nota tendida de clarinetes y oboes). La altura del sonido es la real:

Esta es la idea-motriz de la sinfonía, que al final del primer movimiento remachará el clavo y en el cuarto movimiento se presentará, triunfante, en modo mayor. Por supuesto, la sinfonía tiene todos los aditamentos brucknerianos: el famoso ritmo bruckneriano (dos negras o dos corcheas y un tresillo) y el tea moment o «momento lírico». En este ejemplo se presentan ambos al mismo tiempo (posteriormente ese ritmo se impondrá de forma más agresiva):

Con este brevísimo apunte sobre la obra espero haber despertado su curiosidad. Les dejo con Sir Georg Solti y la Sinfónica de Chicago. Para que mis compadres Noatodo y Miss Fidget vean que no siempre acudo a Das Wunder o les enchufo «un compositor que no me gusta con el peor director (Barenboim, aunque en este punto discrepo notablemente)». De hecho y si me lo aceptan, les reto a que descubran la cita del Tristan oculta en el segundo movimiento. En cuanto a la partitura, la que se corresponde con la versión ejecutada por Solti está aquí. Que la disfruten con salud y que no se les atragante el sauerkraut

El precio de la libertad

Interesante entrada de la amiga Carmen Pulín, con el que coincido de la primera letra hasta la última.

Navegando hacia Bizancio

Leo por aquí que Rajoy pretende defender ante la ONU la Alianza de Civilizaciones zapateril. No es una sorpresa, ya la había defendido anteriormente y, realmente, de alguien que es un cobarde y un apaciguador frente al terrorismo de ETA no puede esperarse que no sea un cobarde y un apaciguador en otros temas. O incluso en todos.
En cualquier caso, vista esta desgraciada circunstancia y recordando la reciente reedición de la polémica de las viñetas de Mahoma, os recomiendo, más que nunca, la lectura de un excelente libro que reseñé hace un tiempo: Surrender: Appeasing Islam, Sacrificing Freedom, de Bruce Bawer. Aquí os dejo la reseña tal y como se publicó en LD. 

***

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

Surrender: Appeasing Islam, Sacrificing Freedom es un libro fundamental para comprender un aspecto de la yihad perligrosísimo pero del que muchos de nosotros, los occidentales, ni siquiera somos conscientes. Porque…

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