Justicia socialista

A un año vista de las elecciones que presuntamente ganó la derecha (presunta), me queda clara una cosa: que quien ha ganado verdaderamente las elecciones es el socialismo (Hayek ya nos avisó del camino de servidumbre que iniciábamos), sin que importe demasiado a estas alturas quién lo lleve a cabo. Uno tiene la impresión de que los lloros y pataleos de la pesoe lo son más por haber perdido la mamandurria que por otra cosa, aunque haya algunos a los que todavía los batuecos les estamos pagando el sueldo.

No se sorprendan demasiado ustedes con esta afirmación. El gobierno que salió de las urnas el pasado año no es un gobierno de derechas. El candidato sí parecía ser de derechas, pero no así el presidente electo y mucho menos el gobernante. No habíamos visto en España un Gobierno con tal fervor por subir impuestos, que es la medida socialista por excelencia. Sí, lloriquean por la herencia recibida, pero sólo dan los grandes números: nos dicen que el déficit conjunto que la pesoe legó al nuevo Gobierno es del 9,4%, pero de los detalles nos vamos enterando muy lentamente. Así, los 27.000 millones (de euros) que dejó Chaconeta Metálica en Defensa, o los 40.000 millones que dejó Pepiño, hoy a las puertas del TS por el gas station blues. Por si faltara algo, en Sanidad la ministra Jaguaryou sigue subvencionando a las feminazis. Que para eso, mejor haber dejado a la Pajina, aunque ya no se subvencionen las organizaciones proderechos de la mujer en el África subsahariana (o en la Amazonia, a elegir).

Lo cierto es que con estos políticos con mando en plaza que nos han tocado, uno se acaba enterando de que hay una publicación periódica que no miente (o por lo menos, que miente menos que las demás): el Boletín Oficial del Estado (y en cada autonomía, el diario oficial que corresponda). Y se aficiona uno a leerlo, de veras: en esas publicaciones no hay noticias tales como que en Suecia una señora ha sido detenida por «mantener relaciones íntimas con un esqueleto» (que uno no sabe si la estupidez se predica de la señora o de la justicia sueca). Así es como se entera uno de que el Faraón ha decidido subirnos las tasas judiciales. El estado socialista en el que «vivimos, nos movemos y existimos» ha decidido quitarnos el derecho a una sentencia gratis que teníamos con ZP (teniendo en cuenta que antes todas, salvo las de muchas campanillas, eran gratis). Por eso y aunque los lacios me crucifiquen, les recordaré el consejo que da Jesucristo en el Evangelio, que es salud tanto para ustedes como para su bolsillo, visto lo visto:

«Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano `imbécil’, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame `renegado’, será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.» (Mt 5, 20-26).

Y en este artículo se explica perfectamente el porqué de este faraonazo. Clasista de mierda.

Furtwängler compositor

Para esta tarde de domingo tan larga y aburrida se me ha ocurrido que podría sorprender a ustedes con una serie de piezas musicales un tanto inhabituales. Y así lo digo porque nos hemos acostumbrado y mucho a ver al director únicamente intérprete, que traduce (en expresión feliz de mi admirado Pérez de Arteaga) la expresión musical de otros, con la mayor fidelidad posible a la intención original y procurando que su ego no la mancille, por otro lado. Así, en esta dirección nos encontramos a la mayoría de los conocidos Karajan, Solti, Jochum, Tennstedt… y bueno, toda esa retahíla de nombres famosos que casi cualquier melómano podría citar como la lista de los reyes godos.

No obstante, la(s) obra(s) que traigo a la consideración de ustedes son el fruto del esfuerzo de un director: Wilhelm Furtwängler. Enlaza en lo artístico musical con la tradición del Kapellmeister (Lully o Haydn), que dirigía su propia música, o más cercanamente con Gustav Mahler, «compositor de verano» (y director el resto del año), que es uno de los últimos grandes en intentar compaginar las dos facetas, con éxito en ambas. Tampoco faltan ejemplos en el momento actual: a bote pronto se me ocurren los nombres de Esa-Pekka Salonen o incluso de Lorin Maazel, que ha compuesto una ópera sobre libreto basado nada menos que en el Nineteen-Eighty-Four de George Orwell (aquí y aquí). La he intentado oír y no la he resistido más allá de veinte minutos, no sé si por el carácter propio de la música, deudor del de la novela, o del estilo del compositor…

Volviendo a Herr Furtwängler, si ustedes esperan un genio compositivo a la altura de su genio interpretativo… me temo que se van a llevar una decepción. Como director, sin duda, se llevará todos los laureles por encima incluso de muchas de nuestras preferencias personales, enlazando nuevamente con la tradición, esta vez de los Hermann Levi, Arthur Nikisch o Hans von Bülow (el yerno cornudo de Franz Liszt). Pero como compositor, Herr Furtwängler tal vez no pasaría de ser un Bruckner de segunda. En lo que sí se parece al genio de Sankt Florian es en el hábitat horario de sus sinfonías (incurrió tres veces en ese campo): ninguna de ellas baja de los 80 minutos de duración. Por otro lado, concibe la sinfonía al modo mahleriano: es un universo en el que cabe «de todo»: lo bello, lo feo, lo sublime y lo vulgar tienen cabida en ellas.

En cualquier caso, aquí les dejo con la segunda sinfonía, en mi menor, de 1944, en versión del mismo director con la Wiener Philharmonker. Como compositor, ya queda dicho que su mayor influencia es Bruckner. Dejemos anotado también que jamás cometió el pecado del atonalismo, que consideraba una «aberración». Y antes de que el compadre Noatodo me arrugue la nariz, le diré que vale, que Das Wunder sólo compuso un cuarteto de cuerda y como ejercicio escolar (se les exigía a los que estudiaban dirección de orquesta)…

(si quieren probar con las otras dos, aquí la primera y aquí la tercera).

Tal vez sí algunos tienen lo que se merecen

(tomado del muro de José Rivas Carreño)

-¿Qué vas a tomar?
-Una Alhambra especial.
-Por favor, dos Alhambras especiales
-Oye, ¡cuánto tiempo sin vernos!
-Sí, ya era hora que echáramos unas cervezas y charláramos.
-¿Cómo te va?
-No me puedo quejar. Sigo aún con el taller en el pueblo. ¿Y tú?
-Bueno, pasé por el tribunal médico y me dieron la invalidez gracias a Juan Sola, el abogado del pueblo, pero sigo atendiendo el negocio con mi mujer aquí en la capital.
-Has hecho bien porque está muy jodida la situación. Yo tenía a tres trabajadores contratados en el taller, pero hablé con ellos. Llegamos a un acuerdo de despido, pero siguen trabajando.
-¿Están despedidos y siguen trabajando?
-Sí. Nos viene bien a todos: yo me ahorro los seguros sociales, que son altísimos y ellos cobran el paro y el sueldo. Claro que les pago menos que cuando tenían contrato. Todos contentos: ellos ganan y yo también.
-¿Y si te enganchan?
-¿Quién va a pasar por el pueblo? Además, los tres talleres del pueblo hacemos lo mismo y no nos vamos a denunciar unos a otros porque nos perjudicaríamos.
-¡Ah, vale! A nosotros, en el negocio, un día nos visitó un inspector de trabajo y, por suerte, yo me encontraba en la puerta del local, fumando un cigarrillo.
-Pero estaría tu mujer, ¿no?
-No, qué va. El negocio lo llevo en realidad lo llevo yo, pero les dije que lo regentaba mi mujer, que es la que aparece en los papeles, y que yo estaba allí ocasionalmente porque ella había salido un minuto a un asunto urgente. Suerte que al «panchito» que tengo allí sin contrato estaba ese día en el médico.
-¿Y se lo tragó?
-Al parecer sí. De hecho se fue y no ha vuelto más. Pero sí, me acojoné un poco, ya que si el inspector no se traga aquello nos multa y a lo mejor hubiera perdido yo la paga. Al menos eso me dijo Juan Sola.
-La verdad, es que estos inspectores son unos crédulos o a lo mejor es que están desmotivados porque ganan menos. Total, para lo que hacen mucho ganan aún. Hablando de inspecciones, mi hija pequeña estuvo a punto de perder la beca porque alguien fue por ahí contando que el taller no estaba declarado y nos daba muchos ingresos y tal. Desde ese día le he prohibido que vaya con su BMV A3 y su iPhone 5 a clase.
-¿Y qué pasó?
-No, nada. No se pudo demostrar lo que decía el cabrón anónimo ya que lo tengo bien atado. La niña sigue cobrando todos los años la beca máxima, unos 5000 euros, que son para ella solita.

(Irrumpe un tono de teléfono móvil: ¡¡Por mi hija maaaaato!!)

-Tío, que me he llevado un repullo con ese tono de la tipa esa de la tele. ¿Cómo se llama…?
-Sí, la Esteban, Ésa sí que es lista, jeje… Perdona, que es un proveedor. ¡Oye, que significa esa factura con IVA del otro día! ¿Cómo? Nada de eso. Me la emites de nuevo sin IVA o no cobras…sí, hasta las seis estoy allí. Hasta luego.
-¿Te quieren meter el IVA?
-Sí, se lo he dicho al tío de las pizzas mil veces y sigue dale que te pego con el IVA de los… y para colmo ahora que lo han subido los chorizos estos del Gobierno.
-Sí, vaya mierda de país, con tantos impuestos.
-Por cierto, ¿sabes que me he comprado un Audi?
-¿Sí? ¿Cuál?
-El Q7
-Joder, ¡el que llevan los futbolistas! ¡Qué pedazo máquina…! Te habrá costado un pastón, seguro.
-Sí, es caro, pero me he ahorrado una pasta. Si quieres te digo cómo.
-Dime, dime…
-¿Tienes a algún minusválido en tu familia o a alguien de confianza que lo sea?
-Pues no sé, tendría que verlo…
-Yo lo he puesto a nombre de mi padre que, como sabes, tiene una gran minusvalía. Me he ahorrado el Impuesto de Matriculación, me han hecho una rebaja en el concesionario, no pagaré jamás el Impuesto de Vehículos al Ayuntamiento y, para colmo, aparcaré donde me salga de los huevos, en cualquier plaza de aparcamiento reservada para minusválidos ¿Por qué te crees que hay tanto coche de gran cilindrada con el cartel de minusválido en las calles?
-Estás en todo, macho; pero ¿se tragarán que tu padre conducirá eso con 80 años siendo minusválido?
-Éstos del Ayuntamiento se lo tragan todo. Por cierto, hablando del Ayuntamiento, ¿te has enterado lo del alcalde del pueblo? ¡Qué cabrón! ¡Que bien amañado lo tenía todo! ¡Qué poca ética! A mí me extrañaba que la recogida de basura siempre la ganara la misma empresa.
-Sí, ¡qué cantidad de corruptos nos gobiernan! Y para colmo hay que sostenerlos a todos. ¿Y el asunto de ese que era presidente de la Junta, dándole un pastón a la empresa de la hija?, por no hablar de las comisiones del niño… que maná de corruptos, ¡vaya mierda de país!
-Ni que lo digas, vaya país de sinvergüenzas y corruptos nos gobiernan. No hay que votar a ninguno, que son todos iguales. Van a lo que van.
-Oye, ¿quieres otra cerveza?
-Sí, si, vale. Pero disculpa un segundo, que voy a asomarme a ver el coche, que está en segunda fila.

(Decidme, ¿quién no ha escuchado alguna vez una conversación como ésta o parecida en la barra de cualquier bar, o a algún amigo, familiar o conocido. Luego, ¿es probable que, en términos generales, merezcamos los políticos que nos gobiernan? La pregunta queda hecha.)

Cortina de humo

Créanme ustedes, señores, que de lo que está pasando en este Cataluñistán de mis pecados hay para contar y no acabar. Que parece mentira lo que está ocurriendo y antes del verano ni siquiera nos maliciábamos cómo iba ser de mala la cosa. Los sindicatos están guardando las pancartas porque ya nadie importante les hace caso (en todo caso, subcontratan las gamberradas, que apenas duran un par de días en el océano de la información inútil en que nos bañan). El testigo ahora lo ha recogido el nacionalismo catalán. Que éste, aunque sea tan pesado como el vasco, tiene una ventaja: por lo menos no pone muertos en la mesa para negociar. No obstante, después de la «experiencia vasca», los españoles estamos hartos de oír la cantarella del «Espanya ens roba» o su variación «Madrit ens roba». Cansinos son.

Ei, tius, de bon rotllo!

Sin embargo, todo huele a monumental bluff. Se habla (y se gasta) tanto en la construcció nacional, que prácticamente no queda espacio para hablar de lo importante, a saber: ¿qué deuda dejó el monstre de tres caps (aka Tripartit) al que vino detrás? ¿Y en cuanto se ha incrementado la deuda que hay que plantear elecciones sólo dos años después del cambio de Gobierno? Claro que la convocatoria podría tener algún fundamento ideológico: sabido es que en 2014 se cumple el tricentenario del sarao felipequintista (es trabajo perdido razonar con los nacionalistas que aquello no fue «pels drets de Catalunya», sino un tema sucesorio más general) y tal vez Mas quiera asegurarse de ser él o su partido quienes lo celebren.

De ninguna de las preguntas sabemos nada. Lo que sí sabemos es que recortan en sanidad y en seguridad ciudadana, mientras riegan de millones a todas aquellas entidades propicias o proclives a extender el mito de la construcció nacional. Mas, que muestra la misma querencia del mestre Yoda con los medios, los quiere a todos bajo su ala: amenaza, y cuando el amenazado se rinde, le premia con la correspondiente subvención, sin la cual difícilmente se puede subsistir en un territorio absolutamente colonizado… por el nacionalismo. Los últimos en caer han sido e-noticies y Justo Molinero, quien probablemente vea descender significativamente su parroquia. A partir de la recepción de la subvención deja uno de usar el cerebro y se convierte en un catborrego al uso.

Lo peor, para Mas y sus mas-riachis (que no son sólo los de su partido), es que poco a poco hay una sociedad que se les está poniendo en contra. A la que antes tapaban con cuatro palabras porque la cosa económica parecía ir bien. Entonces, a los que hablaban de totalitarismo nacionalista (el Partido se come al Estado, en este caso Administración) los miraban mal. Nadie quería problemas, nadie se metía. La represalia de la muerte civil como la que sufrieron Boadella y otros flotaba en el aire. Un poco a lo Richard Bach, cuando a Juan Salvador Gaviota lo mandaron poner en el Centro (no reformishta):

–Se ha roto la Hermandad –entonaron juntas las gaviotas, y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus oídos y le dieron la espalda.

Sin embargo, la cosa se ha puesto muy fea y empiezan a salir sapos y culebras. Por eso Mas arrecia en su política de medios de subvenció-o-calbot. Porque ahora han aparecido unos señores que dan una explicación más que razonable de lo que pasa en la Sanidad catalana y, claro, no se puede permitir que expliquen la verdad. O por lo menos, hay que convencer al poble català de que esa verdad «ni les importa ni les afecta para nada». Por eso desde la Generalitat han planteado una demanda y un juez «del sistema» les ha dado la razón. Como dice el dicho, hòsties vingueren i de casa ens tragueren. Hay 700.000 parados reconocidos (oficiosamente serán unos cuantos miles más). Las empresas se van ante la amenaza de la independencia. Hasta Fainé habrá pedido a Mas que modere su discurso, que como siga así no podrá convertirse en el Banc Nacional de Catalunya por falta de clientes. Pero eso no es importante, ca, barret! Y el poco dinero que hay se usa en promoción de la construcció nacional.

Y en toda esta película, ¿quiénes son los malos, se preguntarán ustedes? Pues los que presuntamente van a subir más en estas elecciones: C’s. Los diputados Rivera y Cañas, que son de los que más han levantado la voz contra los abusos del nacionalismo (de «izquierdas» o de «derechas», si es que a fecha de hoy se pueden seguir usando esas categorías en Cataluña), son el objetivo a batir. Les han negado el pan y la sal en los medios públicos, de tal manera que Rivera ha tenido que empezar la campaña en Madrit; les han caído encima toda clase de epítetos injuriosos (más para el injuriante que para el injuriado, por cierto).

Lo estomagante en todo este sainete es la propaganda nacionalista, que la JEC ha obligado a retirar en un alarde de sensatez. Y el infatuamiento de Mas y de sus mas-riachis, que ya se adjudican la mitografía bíblica y se consideran nada menos que el pueblo jodío conducido por Moisés listo para atravesar el desierto. Que oigan: en los tiempos de nuestros abuelos, cuando te creías Napoleón ya te encerraban. Pues verán, hay dos noticias para Mas, si es que pretenden seguir ese guión: la primera, que el pueblo judío sí llegó a la tierra prometida… pero después de vagar durante 40 años y por haberse vendido al becerro de oro. Y la segunda, que Moisés no llegó a entrar en la «tierra prometida».

Que sí, que Moisés en realidad no nació en Egipto, sino que lo recogieron en la playa de la Barceloneta.

A todo esto, se me ocurre una idea. A raíz de esta noticia quizá podríamos hacer el experimento. Se construye un pedazo de nave con la tecnología más avanzada y se mete en ella a todos los que quieran marcharse de España. Seguramente la NASA nos cobraría un pastón; pero a nosotros nos valdría la pena sólo por no escuchar continuamente la cantarella llorona y chantajista de aquellos que pretenden al mismo tiempo librarse de España y que ésta los siga alimentando.

Matar al mensajero

La pancarta lo dice bien clarito 😛

Ataque al poder

Al gobierno de Zapatero le costó Dios y ayuda reconocer que España entraba en una crisis galopante y la disfrazó de “dificultades económicas”, ahora cuando las nubes de tormenta se manifiestan y el país va, sin freno, por la pendiente del abismo el gobierno de Rajoy es cuando la llama crisis situando la esperanza de que pronto acabe como todas las crisis. La realidad va por delante, lo que llaman crisis no lo es, es otra cosa. No es más que un cúmulo de negligencias que han desembocado en la tormenta perfecta que hunde el país sin remisión con un lenguaje de “ayuda a la banca”, “préstamo a la banca”, “línea de crédito” que nos llevará a la tierra prometida. No obstante la consigna que el gobierno transmite es la conocida de los “brotes verdes” que nadie cree y no es más que la negación de la realidad. Los medios…

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Madrid Arena

Descansen en paz

Disculpen ustedes el tiempo transcurrido entre la última entrada de producción propia y ésta que hoy someto a su consideración. Han sido unos días importantes y llenos de asuntos significativos, que comentaremos en las próximas entradas.

Sobre el asunto que encabeza hoy la entrada, antes de nada, vaya mi más sentido pésame a las familias de las jóvenes fallecidas. Katia, Rocío, Belén y Cristina ya son pérdidas irreparables para sus familias. Como católico, sólo puedo desear que Dios haya acogido en su seno a estas muchachas con toda la vida por delante, aceptando la injusticia que ello supone y también el hecho de que Dios sabe por qué hace las cosas.

Para los que nos quedamos de tejas abajo existe un deber inexcusable: conocer con toda la extensión y detalle posibles el conjunto de hechos que llevaron a la tragedia, así como exigir –y que se cumpla– las correspondientes responsabilidades civiles, penales y políticas a todas las personas que intervinieron de algún modo en los acontecimientos.

De todo lo que se ha dicho en estos días, hay un hecho que a mí me llama poderosamente la atención. ¿Cómo es posible que un señor que tiene 236 expedientes de impago con Hacienda pueda obtener una licencia para organizar un evento de dimensiones grandes? La explicación: ese señor no es un mindundi. Así como a ustedes y a mí nos hubieran comprobado que hasta los pelos de nuestras posaderas tuvieran la longitud adecuada, a este señor no le hubieran hecho tal examen. Al parecer está (o estaba: ahora supongo que declararán que «no le conocían» o que «nunca tuvieron gran trato con él») en buenas relaciones con los concejales intervinientes en la autorización y, según parece, también fue padrino de boda del anterior alcalde Gallardón. Esa tarjeta de presentación fue suficiente para obviar la molesta circunstancia de los expedientes tributarios.

A mayor abundamiento en lo anterior, y sólo a los efectos de exigir la correspondiente responsabilidad, ¿se podría aplicar analógicamente el artículo 60.1.d de la Ley de Contratos del Sector Público, que establece la prohibición de contratar con aquellos que no estén al corriente de sus obligaciones con la Hacienda Pública y la Seguridad Social? Sugerimos este detalle porque en la legislación madrileña sobre espectáculos públicos no se establece ninguna prohibición expresa de autorizar en estos casos. En este tramo también es interesante el hecho de que el Ayuntamiento ha intentado borrar toda prueba de que promocionó el evento. ¿Por qué?

«Las pruebas hablan» (y en este caso también deberían hacerlo)

Otra cuestión candente es el tema del aforo. Según esta información, el empresario organizador no comunicó a la SGAE la celebración del evento, por lo cual no se puede auditar la taquilla del mismo. Por tanto, el empresario sabía muy bien que el aforo se iba a superar con creces y actuó en consecuencia. Así pues, el recinto, con capacidad para 10.000 personas cómodamente instaladas, se vio invadido por una marabunta 2 veces mayor (el estado actual de las investigaciones policiales apunta a 23.000 personas) entre «legales», «dejados pasar» y «colados». El personal de vigilancia y seguridad resultó claramente insuficiente, e incluso hay quien afirma que en un momento determinado se dejó de controlar quién entraba. He aquí uno de los ingredientes de la tragedia.

Otro de los ingredientes de la tragedia: la bengala. Uno se pregunta a qué clase de descerebrado se le ocurre traer una bengala a un recinto cerrado y atestado de gente… y encenderla. Obviamente los restos de la bengala no han quedado muy bien, pero los investigadores creen posible la obtención de huellas dactilares a pesar de lo deteriorado del material. Esto ya es entrar en terreno CSI y casi rezar para que en el equipo investigador aparezcan un Gil Grissom o una Catherine Willows que sepa y pueda encontrar esas huellas.

Pero no se acaba aquí la cosa. Según parece, tras la catástrofe la alcaldesa Botella se marchó a reposar a un hotel de lujo. Lo de menos, naturalmente, es que el hotel fuera «de lujo» o una choza en medio del desierto. Lo que importa, en todo caso, es que decidió la muerte de tres muchachas no le haría interrumpir por completo su puente en los Portugales. Tal vez le parecería que «estando alguien a cargo» (¿?) ella no tenía por qué quedarse en Madrid. Imaginen ustedes…

Ring, ring…

–Alcaldesa Botella al habla, dígame.

–Hola, Ana. Soy Miguel Ángel y tengo que decirte que lo del Madrid Arena es serio. Piden mi cabeza.

–¿Quién pide tu cabeza?

–Los de IU.

–¿Cómo es posible que pidan tu cabeza si ya les concedimos una calle para Carrillo? Desagradecidos…

–Como te lo cuento. Y además ha fallecido una cuarta joven.

–La verdad es que pinta mal, sí…

–Bueno, ¿vas a volver a Madrid o no?

–Claro que no, Miguel Ángel. Tengo hora para el spa y no me da tiempo a coger ningún avión de vuelta, o sea. Ah, y a los de la prensa les dices que próximamente el Ayuntamiento va a prohibir la cesión de espacios públicos para macroconciertos… o que quitamos la fiesta de Halloween… No sé, cualquier cosa que se te ocurra… Huy, qué tarde se me está haciendo. Tengo que colgar.

–De acuerdo, Ana. Disfruta de tu spa.

(clic)

O también…

Ring, ring…

–Hola Pedro, soy Miguel Ángel.

–Hola, Miguel Ángel. Por cierto, te aviso desde ya que tengas cuidado con lo que vas a decir. Uno de los dos móviles o los dos pueden estar intervenidos.

–Me da igual. La alcaldesa me acaba de dar puerta y estoy muy cabreado.

–Tranquilo, hombre, ya verás cómo…

–¡Nada de tranquilo, hombre! La alcaldesa está en Portugal y no va a volver, los rojos se frotan las manos y piden mi cabeza… ¿Cómo quieres que esté tranquilo?

–Ya, bueno… El lío que se ha montado es monumental…

–¡Valiente cabronazo el tal Flores! ¡Nos ha vendido el tío éste! Pero vamos a ver, ¿tú de qué le conocías?

–Yo fui invitado a la boda de Gallardón en la que él ofició de padrino, pero desde entonces he tenido poco o ningún trato con él.

–¿Seguro? Mira que por ahí nos van a machacar…

–¿Nos? Es tu cabeza la que está en juego, no la mía.

–¡Vaya, tú también te lavas las manos!

–Claro, Miguel Ángel. El que dio la autorización final fuiste . Por eso piden tu cabeza. No la mía.

–No te creas que la tuya va a estar muy segura cuando sepan de las deficiencias técnicas del recinto, que no controlaste en absoluto.

–¡No te atreverás!

–Tú déjame de lado, como la alcaldesa, y verás. Y como dice Mas, «atente a las consecuencias».

–¡Eres un cabrón! ¡No voy a parar hasta joderte! ¿Cómo te atreves a amena….?

–Yo también te quiero, Pedro. Adiós.

(clic).

Sigan atentos a las noticias. El culebrón no ha terminado aún.