Querida Mamá


Con mi madre, en Zaragoza (agosto 2011). Sonriente y feliz de poder cumplir una promesa que le hizo a la Virgen del Pilar.

Todavía no me creo que ya no estés. Igual que si se tratara de una película y me estuviera repitiendo mentalmente «esto no me está pasando a mí». (y quiero convencerme de ello) que estás bien allí donde estés. Se me quedaron cosas en el tintero para decirte, pero así es como Dios dispone las cosas. Tenía la intuición de que aquellas eran las últimas semanas que nos veríamos aquí, pero me daba miedo pensarlo y mucho más mencionarlo, por aquello de que parecía que si hablaba de ello es que «quería verte muerta». Me arrepiento ahora, aunque ya sea tarde, de no haber sido más «valiente» y no haber hablado más contigo de eso, a pesar de que tú ya intuías también y por eso me compraste el traje nuevo tres meses antes de irte. Que sepas que estuve bien guapo en el entierro, afaitat i arreglat, como a ti te gustaba decir.

Sé que has dejado de sufrir. Decías mucho «dejadme morir en paz». Y la verdad: el dolor insoportable, junto con las pruebas, los «trata-mientos» y las visitas médicas, no te parecían otra cosa que marear la perdiz. Estabas cansada y quizá por eso ya no querías luchar más. Ni siquiera sé si cortarte la pierna hubiera sido buen remedio. Quién sabe si al cabo de unos meses hubiéramos tenido que volver para que te amputaran algo más; lo cual, por otro lado, me hace pensar que no sé qué hubiera sido peor: si lo que ha ocurrido o ver cómo poco a poco te iban quitando partes del cuerpo. Lo segundo hubiera sido un suplicio para ti y una tortura china para nosotros. Sé también que a lo último casi ni te enterabas de que te estabas yendo, lo cual es un pequeño consuelo. Me atormenta pensar que no te pude coger la mano antes de irte, que llegué tarde. Pero a lo mejor crees que no importa, que el caso es que llegara al hospital.

Lo peor, por supuesto, es la ausencia. El vacío que dejas es grande en lo familiar e inmenso en lo personal. Nadie puede sustituir a una madre (o un padre), ni en todo ni en parte. Y tampoco se le puede pedir a nadie que cumpla esas expectativas. Tendremos que acostumbrarnos a no verte en el sillón donde te sentabas, a no oír tu conversación sobre sus cosas, a no «soportar» tus interrupciones en la mesa mientras veíamos las noticias, a no llevarte a la peluquería cada 15 días, sin tu músico (André Rieu)… Desde que volvimos del hospital ni siquiera me he atrevido a entrar en la que era (todavía es) tu habitación. Son tantas cosas, tantos pequeños detalles… En el barrio eras conocida y apreciada: de ello da fe que, entre unos y otros, aparecieron ayer en la iglesia casi 100 personas, excusando no pocos su asistencia debido a cuestiones laborales o de salud.

Me quiero quedar con dos recuerdos hermosos. El primero es que siempre fuiste muy detallista con la gente a la que querías. Siempre regalabas una cosita, por pequeña que fuese, a los amigos que te visitaban; lo que se dice «tener un detalle». Te acordabas de los cumpleaños de tus amigas y las felicitabas puntualmente, ya fuera por escrito o por teléfono, sin faltar una sola vez salvo caso de enfermedad. Te hacías fácilmente querer y no siempre fuiste correspondida al mismo nivel; pero realmente nunca te quejabas de eso y persistías en la amistad.

Y el segundo es que siempre me apoyaste en todo aquello que hice o intenté hacer, aunque fuera una estupidez o aunque no entendieses “para qué era eso”. Siempre que te pedí algo, si podías dármelo me lo diste. Sé que estabas muy orgullosa de mí, de que su hijo tuviera carrera aunque no tuviera trabajo; y sé que padecías porque tenías miedo de irte sin verme encarrilado, como lamentablemente así ha sucedido. Aunque hay que decir que estoy en ello, te fuiste antes de que lo consiguiera.

Sea como sea, te has ido y no hay marcha atrás. Permanecerás en el recuerdo de las personas que te quisimos y la vida continuará. Y aunque nunca podremos llenar del todo ese vacío, encontraremos la forma de sobrevivir. Eso sí: en las fechas señaladas tu ausencia dolerá como esa cicatriz que sólo duele cuando va a llover. Con tu marcha se cierra una larga etapa para Papá y para mí de cuidadores y ahora se abren nuevas posibilidades. Tengo miedo, porque nunca realmente había vivido otra cosa, pues siempre había estado muy apegado a ti; pero también sé que no me queda otro remedio que aceptarlo y seguir creciendo para llevar la vida que debo llevar. Sé que estarás tras cada buena oportunidad que se me presente o tras cada buena persona que yo conozca. O por lo menos tengo la confianza de que así será.

Bueno, Mamá. Sé que estás en presencia de Dios, liberada de las cargas y dolores de este mundo. Pídele que te deje velar por Papá y por mí, que buena falta nos va a hacer a ambos cuando empiece el camino duro. Sobre todo, pídele a Dios que no nos deje caer en la desesperanza y que vivamos todo lo que hemos venido a vivir aquí, con la fe y la esperanza de que Dios nos llamará a ambos para que estemos juntos otra vez a su debido tiempo.

Quiero terminar esta carta, ya que la tecnología me lo permite, con esta preciosa música que tú y yo oímos a través del ordenador. ¿Recuerdas? Nos cogimos de la mano y lloramos en silencio, emocionados los dos, igual que ahora se me saltan las lágrimas al recordarlo…

Adiós, Mamá. Hasta que nos volvamos a ver. Te quiero y te echo de menos.

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9 comentarios en “Querida Mamá

  1. Comparto tu pena y tu pérdida Luis. Y me parece preciosa y llena de ternura la carta que le dedicas.

    No lo dudes, ella está en el Cielo y verá como consigues tus sueños, y lo sentirá con orgullo por ser mérito suyo también.

    Un abrazo y mucho ánimo.

  2. lo siento muchisimo luis, espero que ahora tanto tu padre como tu tengais mucha fuerza para seguir, un abrazo muy grande de esther que ya sabes como te quiere y mio

    • Sí, Mari. Dentro de nada va a empezar lo duro y hemos de ser fuertes el uno por el otro. Y confiar en que Mamá pedirá a Dios que nos inspire para seguir encontrando el camino.

  3. Lo siento mucho Aguador… Muchos ánimos. Eres fuerte y guardarás siempre en tu corazón su recuerdo y en tu mente esas sabias enseñanzas que te transmitió y que seguro te guiarán en el futuro.

  4. Desde luego que sí, George. Todo lo que ella me enseñó por vía de ejemplo, aunque ahora mismo no sepa decir qué fue, lo guardo dentro. Eso es lo que nos ayuda a funcionar en la vida. Gracias 🙂

  5. ¡Ufff! Mi querido amigo Luis… Nuevamente, y como no podía ser de otra forma, vuelves a emocionarme y a hacerme llorar… Y creo que podría leerlo veinte veces, y veinte veces que lloraría de nuevo… Tu madre sigue contigo y con tu padre… Nunca os abandonará… Y ella, lo sabes y lo sientes así, sigue estando muy orgullosa de ti… Un besico. As

  6. Muchas gracias, Asun. Sé que es tal como dices, aunque en el fondo me cueste aceptar que ya no está aquí con nosotros de la forma en que estaba. Besote 😥

Gotas que me vais dejando...

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