Faena y paseíllo

Comencemos por la faena. Menudo está el patio, señores. ¡En qué berenjenal ha metido el todavía (incomprensiblemente) Duque empalmado a su familia política, no sólo a su mujer! El circo ha crecido de tal manera que hoy es un totum revolutum en el que todo el mundo se cree con derecho a decir lo que crea conveniente: desde personas que intentan poner un poco de orden y sensatez en el asunto, hasta los «revolucionarios de horca y cuchillo» (eso sí, en la barra del bar), que pretenden que la real fauna acabe como la familia del zar Nicolás II, con diversas tonalidades de gris. Eso sí: entre las segundas, todas creyendo que «la República es la panacea de todos los males de España».
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