Sopakonondas (y III)

Reacciones


Por supuesto, los peperos apocalípticos se han lanzado al ataque en las redes sociales. «Ya veréis… Tsipras va a llevar al desastre a Grecia… uuuuuuuhhh qué miedo… Hay que votar al PP si no queremos ir al desastre». Partiendo de la base de que Syriza y Pablemos no son en principio comparables, me apena que ese miedo haya hecho mella en el ánimo de personas básicamente sensatas.

Ítem más, Génova se ha lanzado también al ataque institucional. Más allá del vídeo que han puesto en circulación comparando a Mariano con «la señora del Avon» (si me ocurriese a mí no le abriría la puerta), más sustanciosas son presuntamente las facilidades que pretende dar Montoro a la economía, el caballo de batalla del PP (que hoy, mirado a ras de suelo, parece más bien mula renca). El truco de esas medidas es que se proponen hoy… pero tendrán eficacia el año que viene. Que es lo que vienen prometiendo desde 2013.

Pero la reacción más curiosa a ese respecto ha sido la de Ferraz. Por boca de una representante de la vieja guardia zapaterista, la Trujillita, se esfuerzan y se desgañitan en afirmar que «ellos no son el PASOK español». Si no fuéramos malpensados, diríamos que eso no tiene que ver con el descalabro electoral del otrora poderoso partido de los Papandreou, ni que por eso mismo niegan toda proximidad ideológica con éste. Y que tampoco tiene que ver, suponemos, con las magras expectativas electorales del PSOE a nivel nacional, empujados por un partido como el de Pablemos.

En cualquier caso, como hemos dicho siempre, no se dejen ustedes llevar ni por el voto del miedo, ni por el del cabreo. Optar por uno o por otro es optar porque les den pan (o medio pan, o nada de pan) y además les llamen tontos. A diferencia de lo que ocurre en Grecia, hay más opciones y no deben ser remisos en revisar programas y ver cuál es el que les convence más, más allá de los partidos del consexo.

De no ser así, sí que puede ser que nos den sopas con ondas a todos.

Sopakonondas (II)

Transposición

La pregunta del millón para nosotros es ahora si se puede transponer lo ocurrido en Grecia a las Batuecas. Mi respuesta es no, pese a que algunos hablan de precisión milimétrica. O sí, pero con diferencias significativas.

Ahora mismo hay una diferencia fundamental, para empezar: Tsipras es un griego que no se avergüenza de ser griego. Grecia es un país que ahora mismo está en el Tártaro socioeconómico, pero eso no le impide a Tsipras sacar pecho y decir que pese a todo, él es griego. Si lo comparamos con Pablemos… bueno, la comparación cae por su propio peso. Al lado de Tsipras, Pablemos y su gente parecen unos zascandiles de cuarta y poco más. Sin ir más lejos, en la manifestación de ayer se vieron banderas republicanas (cómo no), banderas rojas con la hoz y el martillo (cómo no), banderas griegas (¿eeeeh?),,, y ni una sola bandera española oficial. Gracias, casta, por educar al pueblo en el antipatriotismo. O por haberlo permitido (gracias también, PP). Después de ZP, a la casta política batueca tiene dificultades notorias para pronunciar la palabra «España» y prefiere sustituirla por la no menos tradicional Estepaís, conocida por lo menos desde Larra.

Eso nos lleva a otra afirmación dentro del mismo punto: a diferencia de Pablemos, Tsipras no ha pactado con filoterroristas (Herrira) ni con grupos que amenacen la soberanía griega con aspiraciones independentistas (representados en la formación podemita por Gemma Ubasal). Pablemos no sólo no tiene problema en hacer ambas cosas sino que además se ha pasado por la piedra a Enric Martínez, candidato a primarias en Cataluña. El señor Martínez ha cometido dos imperdonables errores: acudir a dos tertulias fachas (Sin Complejos, de Luis del Pino y La Marimorena de Carlos Cuesta) y además, defender la unidad de España, ambos gravísimos pecados contra el Padrecito. Ni siquiera le han dejado presentarse, que tiene narices la cosa en un partido que pretendía agitar la bandera de la regeneración. Nada tiene de extraño cuando recordamos que la Constitución es para ellos ese papelucho y que por tanto su art. 6 no vale absolutamente para nada.

Segunda e importante diferencia: ni a Tsipras ni a ninguno de los miembros de su nuevo gobierno les han encontrado pifias. A Pablemos y su banda, en cambio, ya les han encontrado varios expedientes X. Actuaciones que no pueden explicar, dineros que no pueden justificar y facturas que «no pueden enseñar sin permiso» (¿mande?). Y todo ello antes de tener verdadero mando en plaza, porque bien se puede decir que en la República Bolivariana de Somosaguas (aka Facultad de Políticas de la Complutense) son los putos amos, gracias a Carrillo II. Así que no quiero pensar en lo que ocurriría si estos señores llegaran a manejar el BOE.

Sopakonondas (I)

Por fin han ocurrido las elecciones griegas. La casta política europea y las subcastas nacionales estaban pendientes de ella, por interés propio, y el tema corría el peligro de convertirse en el tema del mes. Vamos a ir por partes, como siempre.

Lo primero, la previsible victoria de Syriza, a cuyo frente está el comunista confeso Alexis Tsipras. Dicho partido ha arrasado con todo lo que había anteriormente, incluso con el bienintencionado Samaras. Esto ha puesto de los nervios a muchos, que auguraban una catarata de desgracias y penalidades sin cuento durante la campaña electoral a quienes votaran a Tsipras. Como dice D. Luis del Pino, rebasado cierto punto el argumento del miedo no tiene ninguna eficacia. Después de haber soportado a una casta ladrona durante treinta años (empezando por los Papandreou, padre e hijo), los griegos querían algo diferente porque pensaron que no podían estar peor y que en adelante sólo podían mejorar.

En segundo lugar, se ponen de manifiesto las «diez mil leguas de mal camino» que hay entre teoría y práctica, o entre mítin de campaña electoral y el diario oficial correspondiente. Tsipras prometió que «no iban a pagar la deuda», y poco menos parecía que iban a salirse del euro, «lo cual iba a ser una desgracia no sólo para Grecia, sino también para la UE». Así que nada más ganar las elecciones, Bruselas se pone en contacto con el nuevo Primer Ministro griego y le dice: «Serás todo lo comunista que quieras; pero a tu país le prestamos un dinero y vas a tener que devolverlo. Nos da igual que tus antecesores lo malgastaran a espuertas. Ahora estás tú y te lo exigimos a ti. Los compromisos se han de cumplir». Respuesta curiosa de Tsipras, en dos tiempos. Primer tiempo: «No vamos a negociar con la troika (traducción: con unos funcionarios de tres al cuarto y de nivel insuficiente para un Primer Ministro de una nación soberana)… pero estamos dispuestos a hablar». Segundo tiempo: «Reconocemos el compromiso (la deuda), pero dennos tiempo para empezar a estructurar un plan de pagos».

En tercer lugar, Tsipras se ha apartado de la ortodoxia comunista al pactar nada menos que con unos nacionalistas de extrema derecha (Griegos Independientes) para poder formar gobierno. Lo suyo hubiera sido haber pactado con el PASOK, que es de la misma familia… pero es un pacto que ningún griego le hubiera perdonado jamás.

De manera que, por ahora (remarco lo de «por ahora»), lo único reprochable a Tsipras son dos cosas: la primera, que no jurara su cargo en forma religiosa. Cosa con la que podemos estar de acuerdo o no, pero que es lógica en un señor que se dice comunista, por más que haya intentado camelarse al patriarca de Atenas prometiéndole poco menos que leche y miel en las relaciones Iglesia-Estado. Y lo segundo, que no haya ninguna mujer en su nuevo Gobierno (¡pecado de leso feminazismo!). Pero da la casualidad de que fuera de Grecia están más preocupados que dentro. Y curiosamente, las de la «paridad» están muy calladitas, en línea con ese «silencio selectivo», que sólo se desactiva «cuando toca».

Posiblemente y aunque ya hay quien no le concede los cien días de gracia, Tsipras sea más griego que comunista. Y ésa, tal vez, sea su mayor ventaja.