Matar al padre

Era una costumbre de tiempos bárbaros el que después de una guerra lo primero que hacían los vencedores era marear el callejero. Solían cambiar a los muertos del otro bando por los del suyo, en un vil pendulazo. Así ocurrió tras la guerra incivil, ésa que, incomprensiblemente, ganó Franco.
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