Archivos Mensuales: agosto 2015

Perdiendo el miedo

Artículo de Carolina Rodríguez-Cariño

Por su interés, reproducimos el artículo de Carolina Rodríguez-Cariño en El Demócrata Liberal.

Con un poco de suerte, esto lo leerán aquellos que hasta ahora no han creído que en Cataluña hubiera un verdadero problema de convivencia, o que han mirado hacia otro lado cuando alguien ha llamado a su puerta pidiendo ayuda. Y todo por esos pequeños y bastardos intereses, por ese «si te vas de la lengua tiro de la manta», por el pestilente «oasi català» que se ha cobrado víctimas de todos los tamaños y pelajes: empresarios no nacionalistas que han tenido que emigrar; periodistas que intentaron denunciar la merda y que han tenido que emigrar tras ser acallados por la picadora de carne periodística catalana, siempre atenta al aroma del poder; artistas que no comulgan con el «realismo socialista catalán»… y sobre todo, los ciudadanos de a pie, tantas veces metidos en el mismo saco que la canalla independentista con el rótulo «los catalanes». Gente que nos hemos tenido que ir de nuestra propia tierra porque no teníamos porvenir debido a nuestro ideario. Gente que se ha quedado, pero que no puede aprender en español porque «la nació política catalana está por encima de los individuos» (postulado que Hitler hubiera firmado encantado). Gente, en fin, a la que Madrit ha abandonado durante 30 años y a la que ahora Felipe González pretende recuperar(a buenas horas). Ésta es la voz de una de esas personas.

Es mucho más que un simple título o una frase hecha. Es una posición que cada día más y más personas que vivimos en Cataluña, seamos españoles o no, asumimos como forma de vida. Y es que estamos en un sistema donde el poder y el dinero son manejados por unos pocos con la venia de los diferentes gobiernos centrales, quienes han ido permitiendo una serie de hechos durante más de 35 años. Son tantos que sería más que imposible mencionar en unos cuantos párrafos.

Quiero indicar que este artículo surge a raíz de dos conversaciones: una con mi hijo, ya con 14 años quien asume posiciones y decisiones. Le expliqué de forma resumida lo referente al Tribunal Constitucional en relación al Estatuto de Cataluña y el uso del castellano (español) como lengua vehicular, y que esta vez, considerando que es mayor lo exigiré ante el Instituto donde cursa estudios. Al respeto sus palabras fueron precisas y concisas, “si está en la ley, que se cumpla, yo no tengo problemas”.

Mi hijo, como siempre, dándome lecciones.

Y no, no he tenido que recurrir a que es su lengua materna, sino que junto conmigo ha leído la Constitución de España, y por otro lado, conoce que el español es la segunda lengua más importante del mundo, que es un valor añadido que podemos y debemos tener.

La otra conversación fue con mis amigas, y quiero referirme a la última en particular, pues resume muchas charlas que hemos tenido a lo largo de estos 10 años y medio de mi vida en España. Va sobre el mismo tema y la secesión en general. Creo que podría resumir toda la conversación en una palabra: miedo. Y no sólo es el miedo a exigir los mínimos de la ley, o al menos los dictámenes del Tribunal Constitucional sobre el tema para con nosotras, sino para lo que pudiera ocurrirle a nuestros hijos, que puedan ser objeto de bullying, tanto por sus propios compañeros, quienes están “inmersos” en un adoctrinamiento desde todos los ámbitos del sistema, como de incluso sus propios profesores, quienes forman parte, sin duda alguna de esas 43 entidades que conforman el Som Escola, quienes sí reciben apoyo institucional y financiero por parte de la Generalidad de Cataluña.

El miedo es libre, dicen, pero cuando nuestros hijos pueden ser la diana de los llamados independentistas, nacionalistas o más bien, el nombre correcto, secesionistas, el miedo es aún mayor. Porque sabemos cómo actúan, estamos conscientes que no tenemos a quién recurrir, conocemos cuán solos nos encontramos ante el régimen. En esa conversación con mis amigas, madres de amigos y compañeros de mi hijo desde el parvulario, justo en este verano, les dije que iba a exigir el número de horas por semana en español que por ley deben dictarse, que contempla el 25% del total de la semana, y que no incluye en modo alguno como han querido hacer ver desde la Generalidad, las horas del patio. Les indiqué que existe una organización que guía en relación a ello (hablo de Convivencia Cívica Catalana), que podemos hacerlo a través de su página web, llenando los formularios, y a su vez exigir con ley en mano en el instituto que ésta se cumpla. Les invité a hacerlo junto conmigo. La respuesta fue “tenemos miedo“.

Es absurdo que siendo la lengua co-oficial y la vehicular de todo el Estado debamos exigir que nuestros hijos cursen el porcentaje mínimo de clases de español que deberían tener. Es impensable para quienes nos hemos criado con esa lengua como materna que debamos recordar que existen unas leyes, y más, un dictamen del Tribunal Constitucional que nos ampara (leer página 475).

Sin duda alguna, el trabajo es en extremo complejo.

Cuando sales de Cataluña y hablas con el resto de los españoles, te sorprendes que sólo se escuche una voz, y es justamente de quienes exigen la “secesión”. Nosotros, quienes pedimos que cese la impunidad somos silenciados. He llegado a escuchar que estamos “callados”, que “permitimos”, que “poco hacemos”, y en algún caso, que apenas se nos conoce. Luego de insistirles que el secesionismo es una minoría con mucho poder, me queda un sinsabor, esa sensación de pensar cuán solos nos encontramos.

Existen diferentes organizaciones, desde las más pequeñas a las más visibles mediáticamente, pasando por esas individualidades que se han atrevido a afrontar un monstruo que pisa y avasalla todo a su paso. Usa los medios del Estado para ello, imponiendo “su verdad” como posición única. No debe existir, ni se permite, la disidencia.

No puedo evitar pensar en las listas tan nombradas de “buenos y malos catalanes”, no pude evitar recordar que conozco personas que están en ellas y que han recibido citaciones ante los juzgados por defender a España. No pude evitar transportarme en tiempo y espacio, recordar el Castro-Chavismo y la llamada “Lista Tascón”, más que una simple lista es uno de los mecanismos que usa ese régimen dictatorial de mi tierra natal para coaccionar y reprimir a sus ciudadanos. Siento de cerca esas maneras de regímenes totalitarios en esta España democrática, y puedo entender el miedo. No es fácil de vencer. Quizás a quienes hemos perdido tanto, patria incluida, nos han quitado hasta esto, y por eso, tal vez, somos “más atrevidos”.

Uno de los organismos oficiales a los que deberíamos poder recurrir es al Defensor del Pueblo, en catalán el Síndic de Greuges. Más sin embargo, a raíz de la apertura de una investigación porque un médico habló en castellano a un paciente y, según éste y con el apoyo de entre otros del Síndic de Greugesvulneró su derecho a ser atendido en catalán, parecería más un “defensor del puesto” que del pueblo. Consultando la página web de esta institución catalana, encontré el “Informe sobre los derechos lingüísticos en Cataluña, claro, en catalán. He tenido que leer y releer cada párrafo, pues introducen artilugios jurídicos justificables sólo a la vista de los secesionistas sobre el sistema de inmersión lingüística, considerando desde dictámenes de tribunales del Estado Español a un sinfín de artículos procedentes de tribunales catalanes, señalando el por qué ha de ser usado el catalán como lengua vehicular en todos los ámbitos del “país”, entendiendo para este organismo “país” a la Comunidad Autónoma de Cataluña, es decir, a una región de España. Sí, justifican la “discriminación en positivo”, una aberración en cualquier lenguaje, cuando el realmente discriminado es el idioma español (o castellano), el cual es tratado como una lengua extranjera toda vez que se dictan dos o tres horas a la semana, es decir, en el mejor de los casos, contempla un 10% del pensum de estudios de colegios e institutos educativos. Ni qué decir en otros ámbitos donde señala que la lengua a usar ha de ser el catalán, vulnerando todos los derechos lingüísticos de millones de personas que conviven en Cataluña.

Sólo os dejo un par de citas del señalado “informe”, que en resumen señala que la “lengua propia” y oficial es el catalán, y que en relación al ámbito educativo, las quejas por el uso casi exclusivo del mismo en los centros de primaria y secundaria ha sido poco significativos:

1. “La Llei de política lingüística formula els conceptes jurídics de llengua pròpia i de llengua oficial. Així el concepte de llengua pròpia aplicat a la catalana obliga els poders públics i les institucions de Catalunya a protegir-la, a usar-la de manera general i a promoure’n l’ús públic en tots els àmbits” (pàgines 11 y 12: Llei de política lingüística).

2. “A Catalunya un dels àmbits en què, sens dubte, ha estat més polèmica la defensa dels drets lingüístics ha estat l’educatiu, tot i que també cal posar de manifest l’absència d’un conflicte social real, com ho palesa el fet que el nombre de queixes rebudes sigui molt poc significatiu, fins al punt que en l’apartat de drets lingüístics de l’informe anual al Parlament aquesta matèria no ha estat destacada en els darrers tres anys” (pàgina 22: II.2. Temes rellevants, II.2.1. Àmbit educatiu.

Revisando cada uno de estos organismos del gobierno catalán, de sus acciones y sanciones, cada vez entiendo más el miedo. Más aún de cara al 11 de septiembre, cómo toda la maquinaria desde el poder se pone al servicio del secesionismo impunemente, y aun más pensando en el próximo 27 de septiembre. Antes de ese día estaré con mi hijo en el instituto donde cursa clases, con mi ley en la mano, sentencias en la otra exigiendo mis derechos. Quizás con algo de miedo; pero en los bolsillos, mi hijo y su derecho a ser enseñado en su lengua materna, el español, bien valen la pena.

De hipocresías diversas y corrección política (II)

Soluciones

¿Cuál sería la solución? Hay dos soluciones posibles. La primera es la solución final, que Hitler empleó por la vía rápida y el comunismo de una forma menos evidente pero igualmente mortífera (pregunten a los ucranianos o busquen el significado de las palabras Gulag u holodomor).

Dentro de las otras soluciones existe una posibilidad factible: ayudar a esas personas en sus países de origen. Esto sería lo ideal. Aprenden así a labrar una tierra que, salvo excepciones, suele ser fértil (miren, en otro caso, a Israel: ha conseguido tener agricultura en medio de un desierto). Aprenden a sacar provecho de sus recursos naturales, habitualmente enormes. Educan a la juventud para que en un futuro el país pueda prosperar o seguir haciéndolo en ese círculo virtuoso. En este sentido apuntaría el libro Dead Aid (literalmente, «Ayuda Mortal»), de la economista zambiana Dambisa Moyo y que aquí se ha traducido a lo cinematográfico: «Cuando la ayuda es el problema».

¿Cuál es el problema? Que eso engrosaría la lista de nuestros enemigos. De todos aquellos con trastienda, se entiende. Un ejemplo: a todos los políticos de izquierdas que hacen negocios con el régimen corrupto y dictatorial de Obiang Nguema les importa un carajo el pueblo oprimido guineano. «No es personal, sólo negocios» dicen, como excusándose. Las empresas multinacionales que extraen recursos naturales, como el superconductor coltán, también nos incluirían entre sus enemigos. Les interesa un gobierno títere en sus manos y que los naturales del país, normalmente de etnias distintas, estén entretenidos dándose palos unos a otros mientras a ellos les dejan robar en paz.

Por supuesto que eso crea bolsas migratorias ingentes. Alguien tiene que conducir a ese montonazo de gente a donde quiere ir. ¿Y quién posee la necesaria estructura para ello? Las mafias de tráfico de personas. Que no serían tales si no tuvieran contactos gubernamentales allí donde hace falta, a saber, países de origen y de paso. Con el agravante de que en esos países, normalmente musulmanes, el tráfico de personas —vulgo esclavitud— no está mal visto porque da dinero aunque éste no se pueda declarar oficialmente debido a la vigencia también oficial de unos muy molestos derechos humanos. No es muy diferente a conducir reses a través de las inmensas llanuras americanas; ¿pero a quién de estos millonetis izquierdistas le importa?

Por tanto, nos guste o no, vienen aquí. A esta parte de Occidente que aún es sociológicamente católica por mucho que los masones y los socialcomunistas se empeñen en arrancar esa parte del espíritu de la nación. Ahora bien: se les recibe y se les auxilia, pero al cabo de un tiempo uno debe llegar a un pacto si no quiere que le echen de su propia casa. Al igual que ocurre a nivel individual, el Gobierno español debería poder decir: «Mi casa, mis reglas» sin que los de siempre le tachen a uno de «fascista» (acusación siempre a mano) simplemente por proponerlo.

La pregunta es ahora para los de izquierdas, que suelen invitar a la fiesta con dinero que no es suyo: ¿cuántos niños podrían comer en España y en los países de origen de esos reclusos? ¿Por qué tanto interés en no ayudar en el sentido que proponemos? Porque lo que así se consigue es la igualdad, pero en la pobreza («La izquierda ama a los pobres; por eso los crea por millones»). Y todo, como siempre, regado con ese dinero que no é de naide. Estén ustedes tranquilos, que ningún comunista de visa oro, de ésos que tanto abundan en las Batuecas, pondrá un céntimo de su bolsillo. Aunque, eso sí: se les llena la boca con esas chorradas de «estamos en el mismo barco», «no creo en las fronteras, soy ciudadano del mundo» y otras de jaez semejante. No son, en realidad, tan diferente a aquellas beatas que estaban convencidas de que iban a ir al cielo por «ocuparse de organizar el ropero parroquial» y nada más que por eso.

Dejemos, pues de marear el diccionario. No podemos robar a nuestras futuras generaciones para dar de comer a traficantes y a personas que no quieren integrarse. Eso no es ser «solidario»: es ser gilipollas. Por el contrario, proteger a nuestros hijos y nietos es de persona sensata y de ningún modo amerita que uno sea llamado «fascista».

De hipocresías diversas y corrección política (I)

Tomando como base un escrito de mi amiga Pilar me ha salido esta macroentrada, que voy a dividir en dos partes.

La cuestión

Hablamos de los manteros. ¿Dónde están Ramoncín, los Bardem, Teddy Bautista y todos ésos que cobraban hasta de las bodas que llevaban música previa inspección? Pagaban los bares, las peluquerías… en suma, todos los establecimientos que pretendían ambientar el local con música. ¿Dónde están, eh?

Pero la lógica progre es lo que tiene. Si ustedes son propietarios de un local y pretenden alegrarlo con música, ustedes han de pagar un canon a esos comunistas y socialdemócratas de medio pelo que reinan en la SGAE, como se explica perfectamente aquí, ajustados perfectamente a aquello que cantaba Serrat en su vida anterior de cantautor…

Bien me quieres,
Bien te quiero,
No me toques el dinero.

Así, pues, deben ustedes pagar ese canon. Y que Dios y todos los santos del calendario les amparen si no lo hacen: tendrán derecho a que se les imponga una multa y a las habituales facultades de embargo en caso de que ustedes se resistan. También pueden verse en ese brete si se les ocurre llevar un pendrive de 16 GB en el coche (hoy la técnica lo permite) lleno de música gravada con canon. ¿Que con ello se han cargado a muchas orquestas populares cuyo modus vivendi era acudir a las fiestas patronales de los pueblos? Al carajo. Todo el mundo pasará por caja, que si no el chiringuito no se mantiene. Y va usted a declarar ante la policía, señor Juan Español, por pirata. ¡Faltaba más!

Toda esa argumentación y esas amenazas, sin embargo, se evaporan como rocío al sol cuando se trata del top manta. Al parecer, cuando se trata de inmigrantes en situación irregular «senegaleses», a estos IN-TE-LEC-TU-A-LES progres no les importa que vendan su música y sus películas sin canon. No les importa que se vendan imitaciones de bolsos o de ropa de marca «diseñada» por ellos. Son «pobre gente» y «tratan de ganarse la vida frente a la brutalidad policial» (eso, que no falte). Alistados en el banderín de enganche del buenismo y de la corrección política, resulta que si uno no piensa como ellos es un facha (bien saben ellos qué es un «facha»: en su familia o en ellos mismos hay ejemplos de sobra).

Y bien, pongamos que la pesada maquinaria judicial se pone en marcha y les echa el guante. Sí, son inmigrantes ilegales (sin papeles). Sí, han cometido un delito (concretamente, el del art. 270 CP; y también el del 550 CP si se resisten a la detención). ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los expulsamos? Ya estoy oyendo a esos progres: «¿Expulsarlos, dice usted? Es usted una alimaña sin corazón, un racista, un xenófobo…» y toda la retahíla. Algunos hasta se acuerdan de la madre de uno (la mía ni me la toquen, que descansa en paz). Solución salomónica: como no podemos echarlos a patadas ni tampoco podemos dejarlos libres, los metemos en la cárcel. Que es como meter la porquería debajo de la alfombra. Sigue existiendo, pero ya no se ve.

Y aquí paz y después gloria. Se acaban los problemas para todos, excepto para los españolitos de a pie. ¿Por qué? Porque aunque ya no se percibe el problema, éste sigue existiendo en forma presupuestaria. Es decir, que la estancia en la cárcel se la pagamos todos los españoles. He aquí un cuadro de lo que nos cuesta mantener a la población reclusa en España, calculada en 6 millones de personas más o menos, sobre un total de población de 47,6 millones de personas (datos oficiales):


El gasto es de lo más llamativo. Pero claro: uno sigue leyendo y encuentra aún más llamativas las comodidades de que algunas prisiones disfrutaban desde que Rubalcaba decidió humanizarlas (¿tal vez en previsión de los compañeros suyos que podrían ir a la cárcel?). Cuando leo y veo estas cosas, me acuerdo del zulo en que durante 532 días José Antonio Ortega Lara se preguntaba cada noche si al día siguiente viviría o no.

El gasto desglosado podría ser éste: 1.900 €/mes, que multiplicado por 12 meses son 22.800€ —y en ese coste no entran las infraestructuras—. En definitiva, cada preso pasa de los 50.000€ al año.-Si tomamos la cifra menor, que es 22.800 € (2013) y la multiplicamos por 21.116, que es el número de reclusos de 2013, la cantidad asciende a la friolera anual de 481.444.800 € que nos cuestan los delincuentes que vienen a España y a los que según la izquierda tenemos que ayudar y respetar sus derechos. En sus países esa gente vivirían como reyes ganando al mes 100 o 150 €; pero aquí nos cuestan un dineral, no solucionamos su problema y acrecentamos además el nuestro.

Las 3 características del nacionalismo según Orwell

Ilustrativo. Nadie mejor que Orwell, que tuvo que salir por piernas de España para que no le pelaran por “trosko” los comunistas, puede describir de forma tan exacta la situación que se vive en Cataluña….

Obsesión, inestabilidad y alienación. Bingo.

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El 1 de octubre de 1945 George Orwell, el gran descriptor del totalitarismo, publicó unas interesantes Notas sobre el nacionalismo. Definía con estas características el pensamiento nacionalista:

“La obsesión”: “Ningún nacionalista piensa, habla o escribe jamás sobre nada que no sea la superioridad de su propia entidad de poder. (…) Todos los nacionalistas consideran un deber difundir su lengua en detrimento de las lenguas rivales”. No hay más que darse un baño de medios del Règim o escuchar a los ideólogos de laimmersió.

“La inestabilidad”: “Es habitual descubrir que grandes líderes nacionales, o los fundadores de un movimiento nacionalista, ni siquiera pertenecen al país que han buscado glorificar. (…) Ejemplos de lo anterior son Stalin, Hitler, Napoleón, De Valera, Disraeli, Poincaré o Beaverbrook”. Es un “nacionalismo transferido”. “Lo que permanece constante entre los nacionalistas es su…

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El monopolio del pensamiento

Debe ser que estamos a mediados de agosto y España bosteza entre el calor y el bochorno. Lo digo porque aparece hoy en ABC este artículo de mi admirado Ignacio Camacho sobre una cuestión a la que llevo dando vueltas desde hace mucho y he llegado a la misma conclusión que él: salvo los breves intervalos en que han estado vigentes leyes peperas, el resto del tiempo las generaciones españolas nacidas en democracia han sido educadas por leyes socialistas y nacionalistas (o nacional-socialistas, allí donde corresponda). Como hay tantos españolitos de vacaciones, el artículo probablemente no producirá onda alguna en el agua. Como siempre la comparación con Francia o Alemania ante una situación similar hace enrojecer de vergüenza. Lo dicho, D. Ignacio: semos unos reaccionarios fascistas nostálgicos de Franco y bla-bla-bla...

La izquierda y el nacionalismo transmiten su convicción de superioridad moral a través de la hegemonía educativa

EN la inminente reforma de la Constitución, que si nadie remedia tendrá lugar durante la próxima legislatura, debería garantizarse el derecho de veto de la izquierda y los nacionalismos a cualquier tipo de ordenación educativa que no sea de su gusto. Esta aparente arbitrariedad no significaría otra cosa que otorgar rango normativo a una realidad preexistente en la sociedad española, una costumbre o tradición política que ha consolidado de hecho un modelo docente de unívoca inspiración ideológica. Por decirlo con una paráfrasis de Adolfo Suárez: se trataría de hacer normal en la ley lo que es normal en las aulas. La ingeniería de la instrucción pública funciona desde hace tiempo bajo un régimen de monopolio que la derecha, sea liberal o conservadora, tiene prohibido alterar bajo pena sumarísima de repudio.

Hasta tal punto es así que incluso los tribunales han interiorizado esa hegemonía, aceptando con plena normalidad que las instituciones autonómicas incumplan sin traba alguna las disposiciones educativas que no les gustan. Hasta hoy eso solía suceder en los territorios gobernados por partidos soberanistas, donde ha quedado abolida por vía de hecho la obligación de impartir enseñanza en castellano. Ésta es la hora sin embargo en que otras comunidades bajo control del PSOE se disponen a desacatar una Ley Orgánica del Estado. La demencial transmisión de competencias les garantiza en buena medida la posibilidad de hacerlo sin que el Gobierno de la nación cuente con otro modo de impedir la desobediencia que el de recurrir a una justicia cuyas sentencias desfavorables son desoídas como si estuviesen escritas en el viento.

La llave que bloquea cualquier proyecto alternativo al statu quo dominante es la razonable necesidad de someter la docencia al consenso de un pacto de Estado. Sucede que ese acuerdo resulta inalcanzable debido a la hermética cerrazón de los sectores autodenominados progresistas a negociar los principios pedagógicos sobre los que han asentado su preeminencia. El asunto queda así enredado en un bucle retroalimentado en el que el nacionalismo y la izquierda disponen de capacidad de bloqueo. La enseñanza es suya y punto. Cuando uno se siente investido de la convicción de habitar en el lado correcto de la vida, resulta imprescindible asegurarse el poder de transmitir de generación en generación las bases de esa superioridad ideológica y moral. Si con las cosas de comer no se juega, con las de pensar mucho menos.

Y si alguien pensara que esta larga supremacía estructural tiene que ver con el alarmante porcentaje de fracaso escolar, con el bajísimo nivel de comprensión matemática y lectora de nuestros estudiantes o con que no haya ninguna universidad española entre las cien primeras del prestigioso ranking de Shanghái, simplemente está equivocado o es un reaccionario. Todo eso se debe a los recortes de Rajoy. ¿Está claro?

El presidente golpista

Alguna prensa se ha hecho eco del artículo de Thomas Hanke (original aquí) en el diario económico alemán Handelsblatt. Pero como nadie ha ofrecido una traducción del mismo, un servidor de ustedes se ha tomado la molestia de traducirlo, intentando salvar su falta de conocimiento del idioma y algún dato inexacto que desliza el propio periodista. No es una traducción ni mucho menos perfecta y se agradecen sugerencias para su mejora. No obstante, debo agradecer a Adela Schendel su inestimable ayuda para que este texto tenga el aspecto que tiene y sea menos lamentable de lo que lo sería si un servidor se hubiera puesto a la tarea él solo.

Para quien crea, por otro lado, que la traducción es «lamentable», le recordaré que lo lamentable de verdad es que haya tenido que ser un periodista alemán quien haya llamado a Artur Mas lo que de verdad es. Es sabido que el calificativo «golpista» se ha reservado a Franco por los de siempre, así que no nos vamos a detener en ello. Y que aquí nadie se haya atrevido porque a los independentistas no hay que cabrearlos, no importa de quién haya partido la orden. O porque no querían colocar al mismo nivel a ambos personajes (no son comparables, aunque por motivos distintos, obviamente).

Mas infringe la Constitución con su descabellado plan de separación de España. Incluso el Rey le advirtió de que diera marcha atrás.

El líder conservador Artur Mas lleva cinco años pavoneándose en las fotos como Presidente de una región en el nordeste de España. Pero a finales de septiembre se le podría acabar el chollo y el batacazo podría ser monumental. Mas, de 59 años, va por buen camino para pasar de ser político de Estado a enemigo del Estado. En la campaña electoral para las próximas elecciones, que ya ha empezado, ha afirmado que las elecciones servirán como plebiscito sobre la independencia. Todos los Tribunales españoles, incluido el TSJC, han entendido esto como una clara ruptura con la Constitución. Mariano Rajoy ha afirmado que: “Unas elecciones no pueden ser un plebiscito”.

Pero a Mas esto le da igual. Y aún más: «No necesitamos la mayoría absoluta para declarar la independencia, nos basta la mayoría simple en el Parlament», dijo el miércoles. Esto significa que el Estatuto de Autonomía catalán podría modificarse solamente con mayoría de dos tercios, no siendo necesaria la unanimidad. La reacción no se hizo esperar. El movimiento cívico de derechas Manos Limpias, que ha promovido muchos procesos contra políticos corruptos, ha exigido la detención de los separatistas. Incluso Fernando Savater, escritor y filósofo, cree inevitable la ilegalización de los partidos que apoyan a Mas si éstos llevan a cabo su amenaza.

Probablemente Mas haya especulado con este tipo de reacciones para agitar la rabia en sus seguidores. Bajo la influencia de nuevos partidos como el izquierdista Podemos, los catalanes hablan más de la crisis económica y social y de la corrupción. Los amigos de Mas son verdaderos maestros en el arte de redirigir dinero de Estado al propio bolsillo. Muchos de sus más íntimos camaradas y compañeros de viaje, también el archiconocido Jordi Pujol, tienen que comparecer ante la Justicia ya que confundieron durante mucho tiempo el dinero de los contribuyentes con el suyo propio. Mas debe soportar las críticas a un sistema en el que él mismo colaboró y que desviaba sistemáticamente el 3% del valor de las contrataciones públicas en concepto de sobornos a funcionarios.

Mas se convirtió tarde al separatismo. Hace 10 años aún decía: «La búsqueda de la independencia es obsoleta, oxidada e inútil». Nacido en Barcelona en el seno de una familia acomodada y no especialmente nacionalista, era un defensor de la cultura catalana tradicional, hasta que la crisis y los primeros casos de corrupción debilitaron su posición política. En el 2012 disolvió el Parlamento con la esperanza de que las nuevas elecciones le hicieran recuperar el poder perdido. Pero ocurrió lo contrario. La estrella aparentemente caída de un político activo durante 33 años volvió a brillar en lo más alto tras aliarse con los separatistas más radicales, a pesar de haber perdido nada menos que 18 escaños.

Desde entonces es un conservador guiado únicamente por el tacticismo. Sus actuales socios en el gobierno, ERC, son incluso más radicales que él. La seguridad y la autoestima no son lo suyo. Cambió su nombre de pila «Arturo» por «Artur», porque temía que sonase demasiado español. Mas habla, además de español y catalán, un francés e inglés perfectos. Pero si bien posee un amplio dominio de lenguas, hay muchas cosas que no entiende. Entre ellas, la amonestación del Rey Felipe: «las fuerzas políticas deben respetar siempre las leyes».