Always look on the bright side of (y III)

En mi modesta opinión, no veo factible una grosse Koalition. Los votantes sencillamente no la entenderían por mucho que se pareciese a las líneas finales de Rebelión en la granja. No son creíbles unos partidos que, después de 30 años de vivir muy bien instalados en el turno, saquen ahora el esqueleto de la “unidad nacional” sólo porque parece que les van a cerrar la barraca. Peperos y sociatas dándose de tortazos en las redes sociales… ¿y ahora van sus jefes y se entienden? No lo veo ni de coña. No obstante, cabe la posibilidad: la transformación del PP en partido socialdemócrata se completó en las municipales del pasado mayo y por ahí podría caber el entendimiento, ahora que se han desembarazado de los molestos Ignacio González y Esperanza Aguirre (igual que antes desarbolaron las sucursales vasca y catalana) y el PP valenciano ha quedado desautorizado por la corrupción galopante que gastaban.

Si me permiten una pequeña apuesta, les diré algo que sí veo factible, siempre y cuando la guerra de Ferraz termine o, por lo menos, dé un respiro: PP-PSOE-Cs, actuando éste último como fulcro. Es indiferente cómo lo configuren. Da igual si los otros dos partidos entran en el Gobierno o se limitan a ejercer exclusivamente un control parlamentario. Que es verdad que Sánchez ahora mismo no quiere ni oír hablar de ello… pero puede que con la rentrée y con el exclusivo fin de que Podemos no gane más peso político, se avenga a algún tipo de apaño.

Finalmente, quedamos nosotros. Ustedes y yo. “La gente”, antes llamada “el pueblo”. A nosotros, como dijo la Trinca:

—Ep, i el poble?

—Al poble que el donin pel… subidubiuauàaaaa…

Pero, ¡ay! Ya no estamos en 1977 y ya no nos quedan ni les conferències de Sant Vicenç de Paül, porque ahora la moda es lo laico. No obstante lo anterior, nosotros somos por derecho propio los verdaderos protagonistas de esta escena:


(aquí el texto).

Always look on the bright side of… (II)

Pista nacional

A nivel nacional la cosa no va mejor. En la entrada anterior les comentaba que tras las elecciones del 20-D la conclusión es que no ha ganado nadie, porque nadie es capaz de formar gobierno por sí solo. Es un tiempo político apasionante, que dicen los tertulianos memos, aplicados como aprendices de brujo a combinar las fuerzas políticas a ver qué alianza es la más estable.

También, como en el caso catalán, existe un rechazo frontal y común a la convocatoria de nuevas elecciones. Anathema sit! Sobre todo, recién llegados los descamisaos de Podemos al Congreso con sus flamantes e incomprensibles 69 diputados (ahórrense el chiste fácil: a quien le van a dar por ahí es a nosotros). La gente que les ha votado comprando su mercancía averiada de comunismo y resentimiento no ha escarmentado en cabeza ajena, viendo lo que ha ocurrido en algunas poblaciones y Comunidades Autónomas. Tendrán —tendremos— que sufrirlo en propia carne para darse cuenta de que no era una buena opción. Pero mientras tanto se come un el marrón.

El PP, con sus raquíticos resultados, no puede pesar en seguir incólume con su acción de gobierno. Pero como Mariano es quien es, ya ha tenido la caradura de decir que «ahora sí que va a gobernar». Y seríamos del género tonto si creyéramos que va a hacer con la ayuda de algún partido (o dos) lo que no hizo cuando no tenía que pactar con nadie. Ahí está el pobre Fernández Maullido machacando las palabras «estabilidad», «gobernabilidad» y bla-bla-bla que deben formar parte del argumentario fabricado para estos largos y tortuosos días de negociación. ¿Hablamos de Congreso? Claro… pero para marzo. La renovación, sobre todo si va a afectar a tu barba, cuanto más tarde mejor.

No está de más apuntar también que ya cansan los peperos con el lloriqueo y la cantarella de que «debe gobernar la lista más votada, bua-bua». De entrada hay que recordarles que existe una norma, que es la LOREG, de 1985 (perpetrada el día antes de perpetrarse una de las mayores fechorías felipistas, la LOPJ). Y que, salvo error u omisión, esa ley no dice que tenga que ser así. La dichosa LOREG no impide que haya pactos postelectorales en el que el segundo y el tercero se unan para quitarle el triunfo a la lista más votada, que no es el ganador de las elecciones, como quieren hacer ver. Yo lo he dicho muchas veces: si quieren que eso sea así, modifiquen la LOREG. Otra cosa que pudieron hacer y no hicieron porque, como me dijo un palmero pro bono del PP que ejerce de economista, “Claro. Vamos a cambiar las reglas a mitad de partido, ¿no?”. Pues no, señor: llevamos ya cuarenta años con el mismo partido y ya vemos que así no se gana. Pero la regla no escrita dice que el consexo socialdemócrata no se toca.

Y con la puntilla de que todavía podrían perder un escaño si el diputado por Segovia, un quídam llamado Gómez de la Serna (qué diferente al homónimo Ramón) es expulsado del partido sin que entregue el acta. Cosa que no hará casi seguro porque el aforamiento es en España el salvoconducto de los sinvergüenzas. Prefiere aferrarse indignamente a su escaño antes que ser juzgado por el juez ordinario predeterminado por la ley a causa de sus pifias.

Por otro lado tenemos al PSOE. Un PSOE con dos problemas que lo incendian de parte a parte: primero, el desagradable descubrimiento de que se puede horadar el suelo de Rubalcaba (de 108 a 90), a pesar de haber sacado al santo (Felipe) en procesión laica y haber ejecutado la rogativa del voto. Y el segundo, la incómoda posición de su secretario general, que está a puntito de que desde el Palacio de San Telmo le muevan la silla. El mantra socialista ahora son «líneas rojas». Las espadas están en alto y parece que va a ocurrir una especie de Nacht der langen Messer.

No obstante, tanto Pedro Sánchez como Susana Díaz tienen un serio problema de credibilidad. Por muchas apelaciones enfáticas a la «unidad de España», tenemos la memoria muy fresca. Primero, la de un señor que dijo lo de “el concepto de Nación es discutido y discutible”. Segundo, la chorrada de “eliminar el Ministerio de Defensa” del propio Pedro Sánchez. Chorrada que, si bien entra dentro de la ortodoxia de nuestra pedestre izquierda, repugna a unos cuantos socialistas honrados y no ha conseguido que los votos que se ha llevado Podemos vuelvan al redil socialista (fichar a un ex-JEMAD es sin duda mayor éxito que a una comandante, por muy acosada de género que fuese). Y tercero: ¿cómo va a encabezar la “regeneración política” alguien que sigue manteniendo la tienda del régimen autonómico más corrupto de España, con permiso de los Pujoles?

Hubiera sido preferible, en términos de “gobernabilidad” y “estabilidad” que los 69 diputados los hubiera sacado C’s, que en principio parecen menos zascandiles que los gamberros de Podemos, más prestos a destruir y a proteger a la familia que a mantener las cosas para que podamos salir del hoyo de estos 40 años. Pero habría que preguntarles a Soraya y a Carmen Porfavor el porqué de esa feroz campaña mediática contra C’s, que no ha hecho sino beneficiar a quienes quieren destruir hasta los cimientos lo que ahora tenemos, que aún tiene remedio. Y además, destruir sabiendo que lo que quieren implantar ya ha fracasado en su país de origen y en todos los demás donde se ha intentado implantar. Eso, unido a algún que otro patinazo de cosecha propia, ha provocado que las expectativas de C’s se rebajaran hasta los 40 diputados reales.

Always look at the bright side of… (I)

Me he inspirado para esta entrada en unas declaraciones de Albert Rivera en las que el político naranja afirmaba que «”La vida de Brian” es más serio que esto», en referencia al sainete montado en Cataluña a cuenta de quién va a gobernar en los próximos meses. Sin embargo, debo advertir a ustedes que a nivel nacional estamos igual.

Pista catalana

La cuestión, como siempre, está en ver quién representa qué. Y ustedes podrán discrepar, naturalmente; pero a nivel catalán yo veo a ésos de la CUP como el famoso y jamás como se debe alabado Frente Popular de Judea. No resulta difícil imaginar a esos tres mil seguidores discutiendo aquello de que «Yo creo, Ned, que un grupo anti-imperialista como el nuestro debe reflejar las divergencias de intereses entre las bases» (Judith, que podría ser representada por la egipcia Anna Gabriel). Tampoco es muy difícil imaginar a los respetables miembros del Consell Nacional (eso, que no falte en un partido indepen que se respete) de la CUP decir esto:

—A los únicos que odiamos más que a los del PSC es a los cabrones de Junts Pel Sí.

—¡Disidentes!

—Y a los de Iniciativa per Catalunya

—¡Disidentes, disidentes!

—¡Y a los de Ciutadans!

—¡Disidentes!

—¡Y a las Candidaturas de Unidad Popular!

—¿Qué?

—¡A las Candidaturas de Unidad Popular!

—Las Candidaturas de Unidad Popular somos nosotros, idiota!

—Aaaah…

Es absolutamente ridículo que el destino de una parte de España esté en manos de poco más de tres mil antisistema y que, en una primera votación, saliesen exactamente dos mitades entre los militantes con derecho a voto: 1.515 de un lado y otros tantos del otro para ver si apoyaban o no la investidura del president cadáver Mas. Un pucherazo en toda regla. No se veía nada igual desde que en 1980, en Almería, se hizo votar a los muertos para que la provincia aceptara el Estatuto de Autonomía y de paso formar parte de Andalucía y no de Murcia, como una cantidad respetable de almerienses vivos deseaba. Por si faltara algo, la agonía se prolongará hasta el 2 de enero, en que habrá una segunda votación.

Y lo peor es que ni siquiera la unión de las fuerzas constitucionalistas (C’s, PP y PSC-a-ratos) puede salvar del ridículo a la casta política catalana. Para todos ellos es vade retro lo de volver a convocar elecciones, pese a que está más que agotado el plazo de dos meses concedido por el Estatut (67.3 EAC). A los de Junts Pel Sí les pone los pelos de punta porque intuyen correctamente que perderían más escaños aún y que eso ofrecería mucho más flanco a la acción de la Justicia, que aun a ralentí, ya les ha pegado unos cuantos zarpazos. Y a los otros, porque es una murga tener que dejar el escaño que han ganado tras unos meses sin poder empezar a cotizar para la pensión completa que les esperaría en otras circunstancias.

Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 280.000 veces en 2015. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 12 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.