Caciquismo 2.0 (II)

Responsabilidades

Sentado todo lo anterior y dejando aparte las correspondientes responsabilidades penales, que corresponde a los Tribunales determinar, está clarísimo que existe una culpa in vigilando. Culpa que deriva de un axioma no escrito pero muy vigente en el PP: «Puedes hacer lo que te dé la gana; pero si te pillan, nadie te va a conocer». Claro que hay «Comisiones de Derechos y Garantías» en todos los partidos, y en el PP también. Pero el axioma citado es el que determina que esos organismos no hagan su aparición hasta que lo hace la Justicia. Es la Justicia la que hace el trabajo de esos organismos, cuyos miembros cobrarán mucho pero se rascan lo que ustedes se imaginan hasta que un Juez no pilla a alguien del Partido cometiendo una pifia.

El proceso debería ser justamente el contrario. Una Comisión de Derechos y Garantías que se respete debería actuar antes de que lo hiciera la Justicia y no después. Da la impresión de que un mindundi militante de base del partido X ya no tiene confianza en que su propio partido actúe frente a un cacique de éstos. Cabría esperar que el Partido suspendiese cautelarmente al cacique, aun a costa de perder influencia en la zona; y cabría esperar que, tras una investigación interna, el propio Partido se personara como acusación particular en el proceso que se incoe. Pero justamente eso es lo que no espera ese militante de base y por ello acude directamente a los Tribunales. Sin mencionar que es mejor así por el miedo a las represalias (¿«estructura y funcionamiento democráticos»? Venga, que nos da la risa a ustedes y a mí).

En el caso particular del PP valenciano, la pregunta es: ¿cuándo se jodió el PP valenciano? mi impresión es la siguiente: que todo iba «bien» con Zaplana y que el PP de Valencia empezó a joderse con Camps. A éste le apartaron tras un proceso-farsa (creo que no hace mucho ha defendido una tesis doctoral) y colocaron a Alberto Fabra, que no supuso modificación en el estado de las cosas por mucho que tuviera valor para cerrar la ruinosa televisión autonómica. Con él, los negocios municipales continuaron. Han tenido que caer los tres presidentes de las Diputaciones Provinciales (Carlos Fabra hoy en la cárcel) para que se abriera el melón. Y luego un señor, hoy en paradero desconocido (represalias, ya saben), que se dedicó a grabar al presidente de la Diputación de Valencia contando billetes.

Conclusión y pregunta: ¿En el PP valenciano ha habido tres presidentes: uno pringado, otro que no se enteraba o no tuvo valor para hacer más de lo que hizo y otra que, ante la enormidad del escándalo, ha tenido que hacer lo que no hicieron los dos anteriores? Y aún más. ¿Desde cuándo conocía Génova, 13 el desaguisado? Porque da la impresión de que creyeron que descabezando a Camps y a alguno más (Ric Costa, por ejemplo), bastaría y se iban a calmar los ánimos. Han pasado cinco años desde entonces. Si ahora se ha producido una mascletà y, como diríamos en Cataluña, el PP valenciano ha fotut un pet com una gla, o no sabían hasta dónde llegaba el olor de la mierda o es que lo sabían y consintieron. Ha tenido que ser Isabel Bonig (acento prosódico en la segunda sílaba, señores periodistas) quien diera un puñetazo en la mesa y dijera «Ché, s’ha acabat la broma!», para que nadie creyese que también estaba en el ajo.

Caciquismo 2.0 (I)

Saltaba hace tres días la noticia de la disolución del PP valenciano. Es algo terrible y sin precedentes: así como el PSOE ostenta el dudoso honor de haber sido el primer partido condenado por corrupción, el PP ostenta ahora el honor de haber sido el primer partido que tiene que disolver una sucursal autonómica por la misma razón. En el PSOE tenemos el precedente de Estepona, provincia de Málaga, entre otros. Se tuvo que cerrar la Agrupación porque el miembro de la ejecutiva local que no estaba pringado por una cosa, lo estaba por otra. Pero lo de Valencia es algo de mayor fuste y hemos de detenernos un poco más en ello.

A estas alturas de la película, a muchos ya no nos vale el “y tú más/y tú también”. Todos los que han tenido mando en plaza están manchados, con manchas de diverso calibre. Y, como tal fenómeno general, es menester echar una mirada más detenida, como les decía.

Lo primero y principal empieza con la estructura y organización de los partidos implantados a nivel nacional. Léanse el artículo 6 de la muerta y les entrará la risa, si conocen algo el paño de la política municipal. Su base, tal y como está ahora, es el cacique, que suele ser el Alcalde de un municipio. Suelen ser líderes naturales, sí; y por eso también se les escoge: porque son capaces de llevar tras de sí a mucha gente («Hay que conquistar las locomotoras, que son las que tiran de los vagones», principio opusiano pero aplicado largamente en política).

El problema: que el servicio público es muy sacrificado y mal remunerado en relación a ese sacrificio. ¿Qué hace el político? Para no caer en la aplicación de la ley de hierro de los salarios (“El trabajador ajusta su rendimiento al salario que recibe en relación al que debería recibir”), el político local se busca compensaciones. Para evitar que después de los cuatro años de rigor vuelva a la nada, el político siempre encuentra a un empresario dispuesto a hacerle el favor. Eso, cuando no es el político el que directamente fuerza el favor a través de la correspondiente y obligada comisión.

Otras veces es el empresario el que corrompe al munícipe. Total, son unas perrillas, un complemento salarial al magro sueldo de munícipe. El político “práctico” se deja corromper porque: a) cuando se marche nadie le va a agradecer lo que ha hecho por el pueblo o ciudad; y b) la vuelta al anonimato es durísima, sobre todo cuando ya no te llaman, no te invitan a los saraos, no tienes puesto de preferencia en las celebraciones ni una corte de lameculos, aunque sean de los que aspiran a ocupar tu puesto en cuanto te despistes.

En este segundo caso nos podríamos encontrar con lo siguiente: el empresario es un corrupto y tienta al munícipe porque con sus antecesores ya funcionó. Si el munícipe no es corruptible y se niega a hacer negocios con el empresario, éste, seguro de sí, le espetará: «Usted no sabe quién soy yo/Usted no sabe con quién está hablando». Y encontrará en algún nivel superior otro responsable de partido más… este… flexible, que además se encargará de hacer la vida a cuadritos al mindundi de Alcalde que ha frustrado el negocio del pez gordo. Así, hasta que el munícipe decente acabe presentando su dimisión «por motivos personales». Con el agravante de que en España la oposición municipal no está más que para alegrarse con los problemas del partido rival, sin poner por encima de la contienda el interés de los vecinos del municipio.

En mi opinión, esto es lo que ha ocurrido en Valencia, a escala mucho mayor que la municipal, naturalmente. Gente que sólo quiere desalojar a otra gente porque les impiden hacer los negocios que les interesan. Las tramas se extienden a lo largo y ancho de la bella región valenciana. Ha habido para todos: pa-ella y pa-él. Negocios, muchos negocios; y dinero, mucho dinero. Hasta el caso Nóos, que creíamos limitado exclusivamente a Baleares, salpica con su chapapote a Valencia. Quizá pudiera abrir la boca Esteban González Pons, conseller de Vicepresidencia cuando su jefe era Francisco Camps y que, al parecer, echó la firma en varios documentos comprometedores de ese asunto. Hoy el señor González Pons está en Europa, como o pasmo de Palas do Rei, que no ha sido juzgado por el caso de las gasolineras. Ésa es la utilidad del Parlamento de la UE.

Circolegislatura (y III)

Después de la pequeña interrupción que ha supuesto el artículo que les compartí en la entrada anterior, retomamos la marcha. Les decía que quedaba un tema, que ahora se ha puesto en sordina: la sucesión. ¿Dónde? En los dos grandes partidos. Se empezaba a hablar de ello, pero de golpe ya no se habla.

En el PP y como es natural, tras la pérdida de 60 escaños de una sola tacada (más o menos en paralelo a CiU, ahora Democràcia i Llibertat) la capa superior de la militancia empieza a dudar de las capacidades del líder para el liderazgo. En la empresa privada, en general, si un señor hace una pifia le echan. Mucho más si la pifia cuesta mucho dinero. Pero en política española no ocurre así. Un señor candidato pierde 60 escaños y, como controla al órgano que rige los destinos del partido (quis custodiet ipsos custodiet), nadie se atreve a decirle que se vaya.

No me resisto a citar el chiste que corrió no hace mucho, comparando a Rajoy con Stalin (comparación que no valdría sólo para Mariano). Murió el dictador de un ataque de apoplejía, quedando tendido en el suelo de su despacho. Los gerifaltes del Partido, pasadas unas horas, estaban seriamente preocupados y nadie se atrevía a entrar en el despacho del padrecito, por miedo a interrumpirle y que éste los mandara a Kolymá. Al final, quien entró después de veinticuatro horas de angustiosa espera (curiosa paradoja de las dictaduras) fue el valiente camarada Beria, el jefe de la NKVD, la terrorífica policía política de Stalin.

Para la militancia de bajo nivel y la votancia (que para los de la planta noble de Génova, 13, son asimilables), empieza a correr la idea también. Se oyen voces (no, no llamen a Íker Jiménez) de que a lo mejor habría que llevar adelante un Congreso. Pero Mariano se planta y dice que no. Él es el mejor candidato (pese al bofetón electoral) y por tanto nadie dentro del partido le va a discutir su derecho. Der Führer hat immer recht. Por si faltara algo, las ruedas que dicen que se movían para tentar la sucesión se han parado en seco después de aflorar el caso Acuamed, del cual los medios se han encargado de machacar que «afecta al número 3 de Soraya». Oli en un llum y aviso a navegantes. Los nombres de Feijóo y de Cifuentes, de momento, guardados en el cajón.

En Ferraz la cosa no anda mejor. Ya les decía que Pdr Snchz tira por un lado (presidente a todo trance, pactando con quien sea) y los barones por otro (no pactamos con el PP, que es el enemigo, pero tampoco con Podemos, que amenaza con fagocitarnos al igual que a IU). La vieja guardia, les decía también, ha querido dejar de ser un jarrón chino y decir algo. Posiblemente tengan razón; pero ni César Luena ni su jefe están para escuchar la voz de la experiencia, a pesar de haber horadado el suelo de Rubalcaba. Justamente eso les decía en la entrada anterior: qué raro suena que sea la vieja guardia socialista, la de Felipe, la que hoy no pinta gran cosa en el PSOE salvo como consejo de ancianos (en el peor sentido de la palabra), la que advierta de los peligros que acechan al candidato Snchz. Y todo ello poniendo cara de patriota nacional.

La situación es de enroque en ambos partidos. Para meter más presión, se emite un vídeo en televisión de origen desCNIonocido. En ese vídeo se ve a representantes tanto de Pablemos como de la CUP (aparece en él hasta Anna Gabriel, la egipcia) en el avión de Estado de presidencia de Venezuela. No sabemos qué negoci tiene la CUP con Maduro; pero el vídeo se emite con la clara intención de despejar dudas. Barrita el paquidermo venezolano y chillan los de aquí. También despeja dudas el comentario de uno de los periodistas que emite el video, Sandra Golpe: «Nos van a dar pero bien». Despeja dudas sobre el estado de la libertad de expresión cuando no se habla de los líos del mundo del petardeo (o del fúrbo) y se mete uno en lo que los partidos hacen cuando creen que nadie les ve.

En resumidas cuentas, la situación comienza a parecerse a la de Bélgica, que estuvo un año sin Gobierno porque flamencos y valones no se entendieron. Y a falta de otra cosa, las instituciones siguieron funcionando porque el Gobierno puede estar en funciones, pero la Administración no. A Dios gracias, hay unos presupuestos aprobados y eso, al menos, significa que hay acción de gobierno cuando menos, publicada. Mientras tanto y dado que nos obligan, habrá que estar pendientes de este circo, más allá de las apelaciones a la seriedad de algunos.

La desvergüenza de MAFO

Por su interés, reproducimos este artículo de Jesús Cacho en Vozpópuli. Original aquí.


Ayer supimos que la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo dio vía libre para que todos aquellos que adquirieron acciones de Bankia con motivo de su salida a Bolsa en julio de 2011 puedan recuperar el dinero invertido en el lance. El tribunal basa su decisión en las “graves inexactitudes” incluidas en el folleto de la OPS emitido por la entidad. Se acordarán, seguro, de la imagen del señorito Rato tan sonriente, tan satisfecho, tan campante, tocando la campanita el día de marras, con el letrero verde de Bankia detrás. Aquella salida a Bolsa había sido aprobada por el Banco de España que entonces gobernaba Miguel Ángel Fernández Ordóñez, alias MAFO, militante del PSOE, el mismo que, con un desparpajo solo concebible en un país cuyas supuestas élites han perdido la vergüenza, acaba de publicar un libro autoexculpatorio titulado Economistas, políticos y otros animales, en el que viene a decir que a mí que me registren, yo no soy el culpable del desastre de las Cajas de Ahorro (más de la mitad del sistema bancario), no me siento responsable del rescate que obligó a España a gastarse cerca de 46.000 millones de euros para evitar la quiebra del sistema financiero español.

Pero lo es. No el único, cierto, porque cuando el pollo llegó al caserón de Cibeles, la economía española venía ya muy recalentada. La burbuja había adquirido proporciones alarmantes sin que Jaime Caruana, puesto en el cargo por el Gobierno de José María Aznar, hubiera tomado ninguna decisión drástica para enfriar ese calentón y evitar el riesgo de estallido. No es el único culpable, cierto, pero sí el más importante. Porque al sujeto, experto en dar conferencias y escribir artículos en El País acusando al Gobierno Aznar de ser poco exigente y muy gastón, poco ortodoxo con los superávits que estaba generando el boom del ladrillo y el aluvión de ingresos fiscales consiguiente, el sillón del Banco de España le supo a poco. Él quería ser ministro, y aquello le parecía oficio de menestral, de modo que desde el banco central se dedicó a seguir escribiendo artículos, ahora sobre la necesidad de una reforma laboral de la que Zapatero no quería saber nada, y a mirar para otro lado sin percatarse de lo que se estaba cociendo. Hay, de hecho, quien sostiene que, como un niño chico —como un chico tonto—, MAFO no se enteró de la misa la media durante los seis años (2006-2012) en los que estuvo al frente del BdE.

Lo cual no le exime en absoluto de culpa. De la culpa in vigilando a que se hace acreedor el responsable de cuidar de la salud del sistema financiero que no cumple con su tarea, el jefe de policía cuya misión consiste en evitar el atraco al banco y cuya laxitud e impericia permite el saqueo. Porque, por encima de otras direcciones generales a su cargo, MAFO tenía en la Dirección General de Supervisión Bancaria un arma letal para evitar cualquiera de los gatuperios que en bancos y cajas, sobre todo en cajas, se cometieron durante el boom; y ello gracias al Cuerpo de Inspectores, auténtica policía del sistema. Esos brillantes y bien preparados Inspectores del Banco de España, obligados a superar una dura oposición y que durante tantos años, tantos mandatos, causaron tanto pavor en los consejos de administración, ataron en corto a presidentes y consejeros delegados impidiendo que nadie se desmandara, que nadie cometiera las tropelías que luego iríamos viendo aparecer.

Con el aplauso de la gran banca

Nada más tomar posesión, julio de 2006, Fernández Ordóñez puso manos a la obra para acabar con las provisiones genéricas que en 1999 Raimundo Poveda, entonces director general de Regulación, había impuesto como nuevo tipo de provisión anticíclica capaz de incrementar las reservas de bancos y cajas en época de vacas gordas, ello al margen de la provisión específica obligada ante cualquier impago. Además, y con el aplauso de la gran banca, se cargó al hombre que las había mantenido contra viento y marea: el exdirector general de Supervisión, Pedro Pablo Villasante. MAFO entregó la porra de la Supervisión a su amigo Francisco Javier Aríztegui -luego subgobernador-, después a Jerónimo Martínez Tello, y él decidió echarse la siesta. Ellos se iban a encargar de desmontar el Servicio de Inspección, ellos limaron los dientes a los inspectores para que no pudieran morder, ellos incluso les quitaron la firma, porque los informes de la inspección empezaron a no llevar la rúbrica del jefe del equipo, es más, a los inspectores que cumplían con su deber se les marginaba, mientras a pelotas y sumisos se les premiaba con ascensos. Ese ha sido el Banco de España de MAFO que permitió el desastre consentido de las Cajas de Ahorro.

De modo que mientras en España se construían autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones, tranvías sin viajeros, museos sin cuadros, pabellones deportivos sin deportistas, edificios singulares para epatar a patanes; mientras los jefazos de las cajas y sus enchufados se concedían créditos en condiciones más que ventajosas para ellos y toda su parentela, y prejubilaciones millonarias e indemnizaciones escandalosas; mientras los presidentes de las Comunidades y sus adláteres obligaban a financiar tal o cual proyecto ruinoso; mientras unos y otros se lo llevaban crudo y engendraban el mayor agujero financiero de la Historia de España, el gobernador Fernández Ordóñez se dedicaba a tocar la lira, ajeno al incendio que se estaba preparando. Como si de una comedia se tratara, más bien una tragicomedia, en noviembre de 2008, después del terremoto Lehman Brothers, Zapatero se fue de viaje a Washington para asistir de convidado de piedra a una cumbre del FMI y vender la maravilla de BdE que teníamos, “el mejor banco central del mundo” en su opinión, “y el sistema financiero más sólido del planeta”.

Cuando MAFO quiso darse cuenta del desastre ya era demasiado tarde. La altura de las llamas ya sobrepasaba el antiguo palacio del marqués de Alcañices, el recio caserón que sirve de sede al banco en la plaza de Cibeles, iluminando con su resplandor la larga noche de los ajustes en sanidad, en educación y en tantas otras cosas que fue obligado afrontar por culpa de la pasta que se fue en evitar la quiebra del sistema de pagos. Y cuando por fin estalló, nuestro hombre pareció preocupado sólo por proteger al Gobierno ZP y mitigar en lo posible los daños electorales que la crisis pudiera producir al PSOE. Este es MAFO, el sectario por antonomasia, el desvergonzado que ahora, cuatro años después de dejar el cargo, se atreve a sacar libro lanzando insidias sobre presuntos culpables, siempre otros, mintiendo descaradamente, y diciendo que él no ha tenido nada que ver en el hundimiento del Titanic de nuestras cajas. Es la España de servidores públicos dispuestos a servirse del cargo y a deshonrar las responsabilidades inherentes al mismo, a no cumplir con su deber y a reclamar que ellos, tan sabios, tan listos, tan leídos, merecen más, muchísimo más de los sufridos españoles que silenciosamente les soportan, sin hacer lo que, en el fondo, tendrían que hacer: sentarlos en el banquillo de los acusados y, en su caso, meterlos en la cárcel.

Comentario nuestro. Mira tú por dónde, al cabo de los años, un artículo nos da la razón. Hace mucho que preguntamos dónde estaba MAFO cuando Rato tiraba tan alegremente de la campana. Hoy quiero preguntar, a la vista de este artículo, dónde están ahora aquellos que infestaron las redes sociales con chistes de a cuarto el kilo sobre Bankia y Rato. Personas manipuladas sin saberlo (o manipuladoras a sabiendas de que no decían toda la verdad):

—¡Ehhhh, que hay que dar caña a Rato y al PP por lo de Bankia!

—Oyes, ¿y MAFO? Porque alguna responsabilidad tendrá ése en el fregado, ¿no?

—¿Y ése quién es?

—El director del Banco de España cuando Bankia salió a Bolsa, nombrado por ZP.

—Pero ya no lo es, ¿verdad? ¡Entonces no nos importa! ¡Hay que dar caña a Rato y al PP por lo de Bankia! Venga, canta conmigo: “Al pasar por Bankia / me dijo el bankiero…”.

A este nivel, ni falta que hace preguntar a esta gentecilla por Caixa Catalunya, “dirigida” por Adolf Todó y por el otrora todopoderoso vicepresidente felipista Narcís Serra… Ah, no, que ya no están. Conseguido el objetivo de echar cubos de mierda sobre «Rato y el PP», los mandaron a hibernar (o algo así)…

Circolegislatura (II)

En la entrada anterior hablábamos del espadón de Mojácar. Y vamos a introducir un nuevo enunciado: es una mengua que la estabilidad de un sistema político dependa de que uno de los dos partidos que lo sostiene decida si se echa al monte o no. O que decida que hoy se echa al monte y mañana se desdiga.

Dicho esto, sepan ustedes que lo que preocupa en Ferraz y en Génova, 13, al parecer, es el plazo. Veamos de qué plazo se trata:

Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso (art. 99.5 CE).

Ésta es la razón por la cual tanto O Hamlet das Rias Baixas como el Espadón de Mojácar se retuercen como culebras antes de dar su brazo a torcer: primero el uno, cuyo movimiento ha pillado de sorpresa a todo el mundo: «Puesh ahora no voy al debate de inveshtidura». Dejemos de lado las chorradas que ha dicho César Luena acerca de la obligación moral de Rajoy de afrontar el debate y que suenan a: «No te puedes escapar de que te partamos la cara en ese debate» (en realidad dos). Porque mientras no haya debate de investidura, si nos atenemos a la letra del artículo, el plazo no empieza a correr. Y luego Snchz, pues al no lograr el apoyo de los rastafaris podemitas y menos el de C’s, se arriesgaría otro tanto.

No sé si, como dice Curri Valenzuela en ABC, el objetivo de Mariano son unas elecciones en mayo. Un servidor de ustedes no ve claro que eso sea beneficioso para los dos grandes. No obstante, si ése es el objetivo, caben dos posibilidades:

a) Una, con la que Mariano cuenta: que los votos que se le fueron a C’s y otras formaciones vuelvan, ante el espantajo de Podemos-que-vienen-los-rojos.

b) Dos, que el órdago planteado le salga mal y que, en tal caso, no sólo no recupere los votos perdidos sino que además añada pérdidas. Lo cual, sobre todo, podría ocurrir porque Lagente (ya no somos “pueblo”, al parecer) no olvide sus pifias causadas principalmente por omisión.

En segundo lugar, en la orilla de Snchz el río baja revuelto. Pablemos ha tentado a Snchz como Lady Macbeth… pero a cambio de propuestas inasumibles. Como por ejemplo, que medio futuro gobierno sea de color violado. O, según parece, a cambio de iniciar «el proceso de la Tercera», como si un sistema político (República) se pudiera comparar con un trofeo furbolero. Por alguna oscura razón, que no se refiere sólo a su propio y personal interés, Snchz necesita ser presidente del Gobierno. Y no sólo porque Susana o los barones estén afilando la cuchilla.

El caso es que ahora en Ferraz hay una oleada de miedo escénico. Ya dijimos en su momento que Pablemos quiere ser el partido único de la izquierda en España. Prácticamente se ha comido a IU y el PSOE sabe que Pablemos va a por ellos. García-Page, en particular, sabe que su gobierno depende del pacto que tiene con la formación violeta. Por ello la comisión de notables de Ferraz ha dicho que quiere atar en corto a su secretario general. No fuera a ser que, por quererlo todo a todo trance, acabaran en la panza del cachalote.

Sin embargo, en estos tiempos revueltos que corren hemos visto cosas rarísimas en la margen izquierda del río. El bellotari, Rodríguez Ibarra, ¡escribiendo una Tercera de ABC a cuenta del mercadeo de escaños (y opinando en contrario)! Para no creerlo. Si esto se lo hubieran dicho a un servidor cuando el susodicho estaba en activo, jamás lo hubiera creído. Unglaublich!, que hubiera dicho mi costilla. No menos curioso es el caso de José Luis Corcuera, el ministro de la LOSC de 1992, la «ley de la patada en la puerta», ¡metiéndole zascas en toda la boca al comunista Alberto Sotillos! Noch unglaublicher! Y sobre todo, Susana hablando de la «unidad de España» con más unción que cuando miraba a Francisco Rivera

El principio general, no obstante, se sigue cumpliendo: no se habla casi nada de lo que España necesita, salvo lo de «lo que España necesita es que gobernemos nosotros», que es lo que dicen los dos tenores. La soprano (Pablemos) está en la región de coloratura y la contralto (C’s) va dando unas pocas notas. Al bajo, que es el que aguanta el edificio sonoro, nadie lo espera. Pero aún nos queda un tema más por tratar en este punto de la actualidad.

Circolegislatura

Con la mayor de las perezas me dispongo a abordar el asunto del circo que se ha montado en el panorama político nacional tras el 20-D y la rentrée en la vida política tras el período vacacional, que nuestros políticos todavía no se han atrevido a rebautizar como «vacaciones de invierno». Para más inri, es doblemente vacacional, porque los períodos de sesiones de las Cámaras son dos: de septiembre a diciembre y de febrero a junio. Luego sus señorías estarían aún de vacaciones cuando el resto del país ya hace rato que funciona.

Es un tiempo apasionante para los tertulianos: pueden decir cualquier barbaridad sin consecuencias acerca de lo que va a ocurrir en España en los próximos meses: «porque si el partido A pacta con el B, puede pasar esto. Y si el partido C pacta con el B y hace un arreglo con el A, pasará esto otro. Yo creo que…». Y venga a marear la perdiz. He perdido toda afición a las tertulias desde el momento en que supe que los tertulianos se imponían y se vetaban en la cadena X o Z, dependiendo del color político de la misma (viva la objetividad periodística y el artículo 20 de la muerta).

Pero partamos de donde hemos de partir: los resultados electorales. Vistos los cuales, no nos queda sino repetir algo fundamental, pero que a los trolls y los palmeros pro PP les sienta como a un vampiro el agua bendita: «Gana quien forma gobierno, no la lista más votada». Si al menos se leyesen la LOREG (Ley Orgánica 5/1985, de Régimen Electoral General)… Vamos, que les reto a que encuentren un artículo de la LOREG en que se especifique que es la lista más votada la que gana. Pero no: la LOREG exige que, para ganar, uno haya obtenido la mayoría absoluta (es decir, al menos el 51% de los escaños, que no de votos). Y es extremadamente generosa respecto a la formación de pactos para llegar a esa mayoría, pero nada más.

A partir de esos resultados electorales, que demuestran de sobra que no ha ganado nadie, se mueven las maquinarias de los partidos alrededor del artículo 99 de la Constitución. Transcribo el primer párrafo del precepto porque ésa es la fase en la que estamos ahora:

Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno.

Antes de eso, no obstante, quiero referirme a un momento anterior: el de la constitución de las Cámaras. Esa fase previa nos ha deparado dos de los espectáculos más lamentables de la nueva legislatura (por ahora): la falta de respeto de los neocomunistas hacia la Cámara y el mercadeo de escaños entre formaciones políticas (que en algún caso ha fracasado y en otros no).

Es hasta cierto punto lógico que esos neocomunistas, que hablan del capitalismo como su mayor enemigo pero que no se descuelgan de su iPad 3 y su iPhone 6S («o sea, ¿saes cómo te digo, tía?»), no le tengan respeto alguno a la Cámara cuando aspiran a cerrar la barraca. Lo que les gustaría es que su Líder Brillante tomara el poder por medios legales e hiciera lo que hizo Hitler el 30 de marzo de 1933. Pero por ahora y gracias a Dios, no tienen aún el peso ni la masa crítica necesarios para llevar a cabo semejante proyecto. Para ser suficientemente progres y modernos, dejemos a un lado las cuestiones indumentarias y pediculares:


Éstos son los que se enfadan cuando uno les llama simplemente guarros y no «señorías» (uno se acostumbra rápidamente a lo bueno). Pero es lo de siempre: si al hemiciclo uno acude con rastas, un jersey, unos vaqueros y unas deportivas, no se le puede tomar por «señoría». Siendo benevolentes, habrá que tomarle por turista o así. Y sí, es una falta de respeto al recinto. Poco importa que fuera Celia Villacandycrush la que se lo afease, con lo mucho que tiene que callar. Cuestión de formas: antes los delincuentes iban de traje y ahora no se molestan en disimular. Nueva política, ya saben.

Igual falta de respeto mostraron en la jura del cargo. No podían limitarse a jurar defender la Constitución. Qué va. Tenían que dar el mítin:

—¿Jura o promete usted ejercer fielmente las obligaciones de su cargo, con lealtad a la Constitución y al Rey?

—Juro que… esteee… voy a trabajar para reformar y derogar la Constitución como expresión de la lucha de clases y de la dominación de la Iglesia, el Ejército y la burguesía sobre las empobrecidas clases trabajadoras por el capitalismo opresor de los mercados. (Pausa. Lo ha dicho prácticamente sin respirar). Ah… y otra cosa: ¡viva la Tercera República!

—Bueno, ¿pero jura o no?

—Eeeeeh…, sí, juro, juro.

«Ni de coña me pierdo el áipad, el áifon y la conexión gratis a Internet», piensa el imberbe y flamante padre de la patria.

En cuanto al mercadeo de escaños, ha ocurrido en la Cámara Alta. El PSOE ha cedido cuatro escaños para que los secesionistas, enemigos de España en tanto en cuanto quieren reventarla, puedan formar grupo parlamentario propio en vez de ser relegados al Tártaro del Grupo Mixto. Se ha levantado alguna vocecilla en contra, pero parece ser que el espadón de Mojácar ha hablado y ha sido como la Blasa: tós pa casa. Pero de eso hablaremos en la entrada siguiente.

Europa, Europa… Quo vadis? (y III)

Encuentros en la tercera fase

Para finalizar la anterior entrada y la serie, les decía que the best was yet to come. Lo mejor estaba por llegar, vamos. A los que decíamos que no había que acoger a los refugiados sin más y que había por lo menos que preguntar nos llamaron (en bloque) racistas y xenófobos, que es lo que la ¿izquierda? hace cuando se pone estupenda, con el privilegio o bula que tiene de que lo que dice no tiene que estar conectado necesariamente con la realidad. Prueba de ello es este comentario de cierto señor en su perfil de Facebook, que atiende por Falk Gebhardt, poco antes de Navidad:


A cuenta del racista y xenófobo (en las Batuecas hubiéramos añadido «fascista», cómo no) Donald Trump, Herr Gebhardt se despacha a gusto. Traduzco para quienes no dominan the Empire’s Language:

Donald Trump tiene miedo de unos pocos miles de musulmanes. Aquí en Alemania hemos acogido a un millón este año y no ha ocurrido nada. Nos sentimos orgullosos de haber podido salvar las vidas de más de cien mil niños. Buena suerte, América liberal.

Como ven, es un comentario típico de niñato gilipollas socialdemócrata, que cree (como no pocos gilipollas socialdemócratas en Europa) que tó er mundo é güeno, sobre todo si no es europeo. Todo ese buenismo idiota se derrumbó como un castillo de naipes la noche de Fin de Año. El día 1 de enero, en Colonia y otras ciudades alemanas no sonaba la Radetzky Marsch. Sonaba otra música: la de los lamentos de tantas mujeres agredidas y en no pocos casos robadas por presuntos refugiados. Sorprendentemente, la Policía de Colonia no intervino, no sé si por falta de colions o por otras razones menos confesables. O tal vez porque la chulería de los refugiados les llevó a decir: «Ni me toques un pelo, ¿eh? Que a mí me ha invitado la Merkel».

Las denuncias se acumulan hoy en las comisarías y en los Juzgados. El caso amenazaba con tener consecuencias políticas y el primero (y por ahora único) en pagar ha sido Wolfgang Abers, el jefe de la policía municipal de Colonia. Todo el problema resulta ser que Herr Abers tardó cuatro días en dar noticia de las agresiones. Naturalmente, había que crujirle. ¡No se puede consentir! Pero siendo por un lado malpensados y por otro respetuosos con la ley, aceptemos en principio que ningún responsable policial actúa por libre, sino todo lo contrario: acepta la cadena de mando y está al servicio del político de turno. Sin embargo, no tengo noticia de que en Colonia haya dimitido o hayan cesado a nadie más y mucho menos a nivel político. Por tanto, la pregunta que procede es: ¿Quién (político) ordenó a Herr Abers ocultar esos hechos durante ese tiempo?

Para liarla un poco más, el jefe de policía de Viena ha advertido a las mujeres de que no salgan solas de noche a la calle. No le faltó más que decir: «Es que se visten como putas y los musulmanes, claro, se sienten provocados». Y terminando, hasta la policía sueca ha reconocido que ha ocultado agresiones sexuales por parte de musulmanes (no de otras razas o religiones) a mujeres europeas. Pero para que estas confesiones no se convirtieran en una epidemia y para que los niveles políticos no se vieran afectados más de lo que ya están, se decidió que ya estaba bien. Se echaba el telón (¿de acero?) para no dar más munición a partidos de “corte neofascista” (sambenito “oficial”) como Alternativ für Deutschland y similares.

En las Batuecas, de pronto ha habido cerrojazo informativo. Ha desaparecido por completo de la actualidad, engullido por el circo de tres pistas que tienen montado los políticos batuecos tras el 20-D, del que próximamente hablaremos. Lo cierto es que hoy ya no queda nadie de los que aguantaban la pancartilla Welcome Refugees y probablemente Herr Gebhardt se dedicará a su empresa de servicios de conserjería (con sede en Ratisbona y oficina en Berlín) y tardará algún tiempo en volver a abrir la bocaza.

Mi conclusión: hay miedo entre los políticos, cuando no colaboración por activa o por pasiva. Habría que ver a qué es ese miedo. ¿A que les ataquen personalmente? ¿De otro tipo? Pero, sea como sea, el trabajo tiene que hacerse. La seguridad ciudadana no puede verse comprometida por un buenismo idiota o por una caridad mal entendida. Y esto vale para el tema que tratamos y para otras áreas de la vida. Para estos casos y para el terrorismo etarra. Los ciudadanos debemos poder decir al político de turno: si tienes miedo (o hay intereses bastardos de por medio), no me sirves.

Finalmente (les he dicho que llegaríamos a él), para todos los buenistas y otras gentes pancarteras del Welcome Refugees queda el recordatorio de Martin Niemöller que suena tan raro en estas democracias europeas de baja intensidad

Primero vinieron a buscar a los judíos
y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los comunistas
y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los sindicalistas
y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos
y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces,
ya no quedaba nadie que dijera nada.

Europa, Europa… quo vadis? (II)

Segunda fase

En una segunda fase había que organizar el éxodo. Lógico: para que una catástrofe sea humanitaria a «la gente» no le basta verlo por la tele, porque mientras se ve en la tele parece un videojuego. Tiene que ser visible. ¿Y qué mayor prueba de visibilidad que traerlos a casa? Para el transporte, nadie mejor que los traficantes de esclavos (sí, eso todavía existe en el mundo musulmán, aunque nadie proteste porque «es su cultura») conoce las rutas y seguro que con eso hicieron muchos la primera peseta. Toda la dificultad que supuso tomar en Bruselas una decisión frente al genocidio cristiano desapareció como por ensalmo cuando se trató de abrir las puertas a los «refugiados sirios».

A partir de aquí empezaron los problemas. Bruselas estableció las cuotas de acogida y Merkel se lanzó con entusiasmo digno de mejor causa a abogar por el acogimiento de refugiados (de hecho, a vender a sus paisanos la cuota que le asignó Bruselas). Los alemanes, gente seria que sólo se entusiasma cuando la Männschaft gana el Mundial, no se entusiasmaron mucho cuando supieron que tendrían que acoger nada menos que a un millón de refugiados.

Pero ya antes de llegar a Berlín los famosos refugiados habían causado problemas. En Croacia, en Hungría, en Eslovaquia, en Austria… ¿Es casualidad que esos refugiados causaran problemas precisamente en países católicos o que tradicionalmente lo habían sido? Como por ejemplo, rechazar alimentos de la Cruz Roja precisamente por la cruz (no si eran de la Media Luna Roja, a la que sí reconocían de los suyos). Bofetada añadida por Bruselas, que tiene a Viktor Orbán por el nom del porc y trata de fastidiarle todo lo que puede.

La pregunta del millón y que entonces no se hizo mucha gente es: ¿quiénes son estos refugiados? ¿Lo son, realmente? Hoy sabemos la respuesta: la gran mayoría no son refugiados. No huyen porque sean perseguidos en su propio país. Los cristianos masacrados sí lo hubieran sido, desde luego, dado que los persiguieron a causa de su religión. Pero estos no. Son inmigrantes y, por lo tanto, con un discutible derecho de asilo. Máxime cuando en las largas colas uno veía a muchachos en edad suficientemente militar. Pero es lógico: es más cómodo huir y vivir del cuento en otro país que no luchar por poder vivir en el tuyo. La guinda del pastel fueron los pasaportes falsos que se encontraron en poder de algunas de estas personas.

Las protestas contra Merkel arreciaron y se intentó el habitual y vulgar «racista» y «xenófobo» a quienes no aceptaban comerse sin más ese marrón. Se habló de «ultraderecha», se habló de PEGIDA… y así quedaron las cosas. Curiosamente aquí «no hubo preguntas, no hubo curiosos, nadie salió». Llegó un señor que dijo ser refugiado y apareció en la tele como que le habían dado trabajo en una población de Madrid. ¡Semos cojonudos! Luego parece que ese señor tuvo algún tipo de contacto con el ISIS. Y aunque él lo negó vehementemente, de pronto ya no estaba bien que saliese ese señor en la tele como prueba de lo cojonudos que semos.

Pero, como dice el dicho, the best was yet to come

Europa, Europa… quo vadis? (I)

Prometo que esta vez seré breve, porque me han avisado de que mis entradas son “largas diatribas”, viniendo a decir que eso “no hay nadie que aguante leyendo tanto rato”. Yo respondería con el argumento de que cada vez somos menos capaces de procesar textos largos, pero cuando quien habla así es un periodista de talla, es posible que haya que revisar el material y…

Así, pues, no seré breve. Y empezaré por el principio. Este problema comenzó cuando saltó al mundo la noticia de que el Daesh (ISIS, Estado Islámico) masacraba a los cristianos sirios (los llaman maronitas o «yazidíes»). Aquello causó una ola tal de horror que los Gobiernos, especialmente en Europa, decidieron que eso debía dejar de estar en la actualidad para no tener que enfrentar la eventualidad de “la gente” les exigiera actuar. Es fácil trompetear que uno es el «campeón de la civilización por la historia y bla-bla-bla». Otra cosa muy distinta es aplicar los principios que llevaron a Europa a ser la «campeona de todo eso».

¿Y qué hicieron esos Gobiernos (y otras organizaciones a las que éstos se deben), con la inestimable colaboración de los medios de comunicación que controlan? Una operación de sustitución. Sustituyeron a los cristianos muertos. Tiene su lógica: si ya estás muerto, no eres “noticia” y se te puede eliminar también de la actualidad por refugiados vivos (se llama control de agenda). Poco importa que los mataran porque tu Gobierno no hizo nada: son cristianos y están a 3.000 kilómetros. ¡Bah! ¿Qué me importa a mí? Mucha gente ni siquiera sabe que existió un señor llamado Martin Niemöller. Pero ya llegaremos a él.

Eliminado el elemento religioso (silenciado para que “la gente” en Europa no empezara a atar cabos y encontrar similitudes entre la persecución abierta de los islamistas y la persecución solapada que se produce en Europa), el catálogo de los horrores de la guerra siria avanzaba. Putin incluso entró en la guerra a favor de Bashir el-Assad. Y entre las barbaridades que cometieron todos (Putin, el-Assad y el Daesh), había que construir otro mecanismo para animar a la solidaridad. De ahí que se inventaran a los refugiados.

Mostrar imágenes de campos de refugiados (¿a quién le importa si son de cristianos o no, imágenes reales o de archivo?), e incluso de un niño muerto en la playa (me pregunto cuántos «Aylan» ha habido que no han tenido derecho a salir en la televisión porque eran cristianos) a todas horas, para doblegar la sensibilidad del respetable ha sido una buena estrategia. Eso hay que reconocerlo.

Cabalgatas marca NOM

Estamos en 1983. El flamante nuevo ministro de Educación, José María Maravall, suelta esa frase lapidaria que desde entonces lleva marcando la educación —tomaron al asalto la Educación batueca y aún no se han bajado de ese cielo—: «Hay que secuestrar el alma de los niños». Desde la LODE parida por Rubalcaba y Marchesi hay que decir que han conseguido ampliamente su objetivo. Vino una LOGSE e incluso, en 2006, aún vino una LOE zapatera. Hoy España es educacionalmente de izquierdas. Han conseguido que incluso los votantes del PP —salvo cuando eran mayoría social— se sientan raros votando a su propio partido, porque esa educación les ha robado esa total independencia emocional.

¿Y en qué se ha traducido esa hegemonía educativa, cultural y educacional? Bien, como era de esperar, tanta hegemonía ha devenido en corrupción, en «vieja política», en «casta». La izquierda y la derecha han borrado sus límites de tal modo que, como diría Orwell,

Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.

La famosa nueva política no es mejor. Tal y como dice el autor de la entrada anterior, las juventudes de los partidos no aspiran a otra cosa que a suceder a sus mentores en el reparto del pastelazo. No han aprendido a gobernar, ni a poner los intereses «del pueblo» o de «la gente» por delante de los suyos propios o los de su partido. Ah, el Partido. Die Partei hat immer recht. No se discute el Fuhrerprinzip, ya se trate de un partido socialdemócrata (PP) o comunista (Podemos).

Esta ciudadanía obediente que ha intentado crear la vieja política es la que la nueva política saca a la calle para moverla como marionetas conforme a sus intereses. Así, ahora nos encontramos indefensos. Claro que puede usted protestar en las redes sociales: puede ciscarse en el político de turno (cada vez hay más insultadores y menos razonadores en las RRSS) y probablemente, una vez haya usted manifestado su desacuerdo con Fulano o con Mengano, ahí quedará todo.

La nueva política consiste en mantener a ustedes en el redil social. A los políticos nuevos les da igual que protesten ustedes en redes sociales. Al contrario: les encanta, porque así les tienen más controlados. Lo que les preocuparía es que saliesen a la calle, como han demostrado las feminazis contra unas mujeres de VOX. A Carmena y a su troupe anticatólica les preocuparía y mucho que «la gente» organizara una manifestación contra el Ayuntamiento, aunque fuese por la suciedad que en la Villa y Corte campa por sus respetos…


Todo lo anterior explica muchas cosas. La primera, que la famosa Kabalkutre madrileña (pero también de Barcelona, Valencia o Sevilla), no es para nada un hecho inocente. Si fueran «laicistas» como dicen, es posible que no hubiera habido cabalgata; pero manteniéndose en el respeto constitucional a todas las creencias religiosas, tal vez hubieran permitido que se hubiera podido organizar de forma privada. Sin embargo, son anticatólicos porque usando dinero de todos, lo que han hecho es ofender las creencias religiosas de muchos madrileños, barceloneses, valencianos o sevillanos. Entérense, podemitas descerebrados: la cabalgata no es un acto «municipal», sino religioso católico. Y como tal, no se puede obviar su simbología y su relación con Jesucristo. Es, sencillamente, la conmemoración de la adoración del niño Jesús por tres magos, que la tradición piadosa ha convertido en “reyes”.

Lo que han hecho Doña Rojelia y sus conmilitones allí donde corresponda es sencillamente burlarse de los católicos. Pero no sólo eso. Han insertado un recuerdo horrible en la memoria de los niños. Les han arrebatado su infancia travistiendo a los «Reyes Magos» en cómicos de la legua y tristes payasos, alguno de los cuales ha dicho incluso «odiar a los Reyes Magos». Es verdad que toda esta mierda (y perdonen el exabrupto) comenzó con las cabalgatas acomplejadas de Gallardón, mal aconsejado probablemente por alguien de la Logia. Primaba el aggiornamento municipal. Pero está claro ahora que estamos sufriendo una escalada de ataques contra la religión… católica. A los demás, especialmente a los moros, no hay que cabrearlos. Y los podemitas no van a cejar.

Ubi sunt?

Preguntaría por los políticos de la oposición municipal, pero es que no he oído crítica alguna a este hecho atroz por parte del estamento político. A los políticos de la hoy oposición sólo les preocupa su trasero, gordo o fino. «No se meten» en materia de religión para no verse llamados «meapilas», «nacionalcatólicos» u otras sandeces semejantes que profieren los anticatólicos a falta de argumento alguno. Hasta los liberales están desaparecidos: se escudan en que «hay libertad» (pero es con ira, señora) y ahí queda todo. Hay más miedo al escrache anticatólico (llamemos a las cosas por su nombre) que a proclamar la verdad.

Preguntaría a la Iglesia dónde estaba. Pero me imagino el plan. Después de la caña que le dieron al obispo Reig Pla por decir unas cuantas verdades —iluso: creería que la libertad de expresión va en ambos sentidos, como creería cualquier persona normal— sobre el colectivo LGTB que a éste no le gustaron, imagino al purpurado de turno:

—Hijo mío, son tiempos difíciles. Hay que rezar mucho y no desesperar. Hemos de practicar la virtud de la misericordia, que para eso el Papa ha declarado este año como de la…

—Entonces, Ilustrísima, ¿no van a protestar ni a ejercer algún tipo de acción legal? —pregunta uno, ya amostazado—.

—No, hijo. Todos buscamos a Dios, aunque sea por caminos extraviados. Hay que comprender a esas pobres ovejas descarriadas. Aparte, estaríamos entrando y saliendo de los Tribunales todos los días, y gastando un dinero que no tenemos y…

Pero uno ya no escucha más. La sensación de desamparo es total. Porque luego resulta que esos purpurados y demás próceres eclesiásticos son los que sacan el hacha contra los divorciados y vueltos a casar. «¡No tienen derecho a comulgar!», declaran enfáticamente, llenos de virtuosa indignación. O a lo mejor sí, como en Alemania; pero sólo si uno paga el correspondiente impuesto religioso. O que luego son tan comprensivos con la homosexualidad dentro de la Iglesia, por motivos no demasiado confesables.

Es verdad que algunos comunicadores y «líderes de opinión» sí han manifestado una opinión contraria a estos ataques: Carlos Herrera, Hermann Tertsch, Federico Jiménez Losantos… Sí hay ciudadanos de a pie que manifiestan su enfado; pero eso a Doña Rojelia y a sus mariachis se la trae al pairo. Saben que no recibirán contestación alguna desde instancias políticas y/o religiosas, que sería lo preocupante. Y es precisamente esa ausencia de reacción lo que «les anima a seguir trabajando en la misma línea con denodado ardor».

No abrigo muchas esperanzas. Sólo espero que alguna vez dejemos de ser «la gente» o «el pueblo», y nos convirtamos en ciudadanos. Pero de los de verdad. No de ésos que te dicen que si eres provida no entras en el club, por feo.