Europa, Europa… Quo vadis? (y III)

Encuentros en la tercera fase

Para finalizar la anterior entrada y la serie, les decía que the best was yet to come. Lo mejor estaba por llegar, vamos. A los que decíamos que no había que acoger a los refugiados sin más y que había por lo menos que preguntar nos llamaron (en bloque) racistas y xenófobos, que es lo que la ¿izquierda? hace cuando se pone estupenda, con el privilegio o bula que tiene de que lo que dice no tiene que estar conectado necesariamente con la realidad. Prueba de ello es este comentario de cierto señor en su perfil de Facebook, que atiende por Falk Gebhardt, poco antes de Navidad:


A cuenta del racista y xenófobo (en las Batuecas hubiéramos añadido «fascista», cómo no) Donald Trump, Herr Gebhardt se despacha a gusto. Traduzco para quienes no dominan the Empire’s Language:

Donald Trump tiene miedo de unos pocos miles de musulmanes. Aquí en Alemania hemos acogido a un millón este año y no ha ocurrido nada. Nos sentimos orgullosos de haber podido salvar las vidas de más de cien mil niños. Buena suerte, América liberal.

Como ven, es un comentario típico de niñato gilipollas socialdemócrata, que cree (como no pocos gilipollas socialdemócratas en Europa) que tó er mundo é güeno, sobre todo si no es europeo. Todo ese buenismo idiota se derrumbó como un castillo de naipes la noche de Fin de Año. El día 1 de enero, en Colonia y otras ciudades alemanas no sonaba la Radetzky Marsch. Sonaba otra música: la de los lamentos de tantas mujeres agredidas y en no pocos casos robadas por presuntos refugiados. Sorprendentemente, la Policía de Colonia no intervino, no sé si por falta de colions o por otras razones menos confesables. O tal vez porque la chulería de los refugiados les llevó a decir: «Ni me toques un pelo, ¿eh? Que a mí me ha invitado la Merkel».

Las denuncias se acumulan hoy en las comisarías y en los Juzgados. El caso amenazaba con tener consecuencias políticas y el primero (y por ahora único) en pagar ha sido Wolfgang Abers, el jefe de la policía municipal de Colonia. Todo el problema resulta ser que Herr Abers tardó cuatro días en dar noticia de las agresiones. Naturalmente, había que crujirle. ¡No se puede consentir! Pero siendo por un lado malpensados y por otro respetuosos con la ley, aceptemos en principio que ningún responsable policial actúa por libre, sino todo lo contrario: acepta la cadena de mando y está al servicio del político de turno. Sin embargo, no tengo noticia de que en Colonia haya dimitido o hayan cesado a nadie más y mucho menos a nivel político. Por tanto, la pregunta que procede es: ¿Quién (político) ordenó a Herr Abers ocultar esos hechos durante ese tiempo?

Para liarla un poco más, el jefe de policía de Viena ha advertido a las mujeres de que no salgan solas de noche a la calle. No le faltó más que decir: «Es que se visten como putas y los musulmanes, claro, se sienten provocados». Y terminando, hasta la policía sueca ha reconocido que ha ocultado agresiones sexuales por parte de musulmanes (no de otras razas o religiones) a mujeres europeas. Pero para que estas confesiones no se convirtieran en una epidemia y para que los niveles políticos no se vieran afectados más de lo que ya están, se decidió que ya estaba bien. Se echaba el telón (¿de acero?) para no dar más munición a partidos de “corte neofascista” (sambenito “oficial”) como Alternativ für Deutschland y similares.

En las Batuecas, de pronto ha habido cerrojazo informativo. Ha desaparecido por completo de la actualidad, engullido por el circo de tres pistas que tienen montado los políticos batuecos tras el 20-D, del que próximamente hablaremos. Lo cierto es que hoy ya no queda nadie de los que aguantaban la pancartilla Welcome Refugees y probablemente Herr Gebhardt se dedicará a su empresa de servicios de conserjería (con sede en Ratisbona y oficina en Berlín) y tardará algún tiempo en volver a abrir la bocaza.

Mi conclusión: hay miedo entre los políticos, cuando no colaboración por activa o por pasiva. Habría que ver a qué es ese miedo. ¿A que les ataquen personalmente? ¿De otro tipo? Pero, sea como sea, el trabajo tiene que hacerse. La seguridad ciudadana no puede verse comprometida por un buenismo idiota o por una caridad mal entendida. Y esto vale para el tema que tratamos y para otras áreas de la vida. Para estos casos y para el terrorismo etarra. Los ciudadanos debemos poder decir al político de turno: si tienes miedo (o hay intereses bastardos de por medio), no me sirves.

Finalmente (les he dicho que llegaríamos a él), para todos los buenistas y otras gentes pancarteras del Welcome Refugees queda el recordatorio de Martin Niemöller que suena tan raro en estas democracias europeas de baja intensidad

Primero vinieron a buscar a los judíos
y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los comunistas
y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los sindicalistas
y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos
y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces,
ya no quedaba nadie que dijera nada.