Sin calificativos (I)

Se acaban los calificativos. En este circo de los enanos, en que algunos crecen y otros siguen igual de enanos, andamos en esa espera sin esperanza —nunca mejor dicho—. Ya llevamos tres meses con un gobierno en funciones y sin perspectivas de que se forme uno que funcione. Si no fuera porque estamos hablando de un asunto muy serio, o que debería serlo (nada menos que el gobierno de un país), el guión representado parece el de uno de aquellos culebrones hispanoamericanos: Mariano, amenazado de sucesión por Soraya, quiere entenderse con Pablo. Ambos no tragan a Albert (y éste a Pablo tampoco), que busca apoyo en Pedro, que a su vez está amenazado por Susana por dentro… y también por Pablo, que por fuera le está comiendo la militancia. La última de este culebrón es que Pedro y Albert han parido un pacto con muchos puntos: treinta, nada menos. Como los setenta puntos que le puso C’s al PSOE en Andalucía —y que Susana se habrá pasado por donde ustedes se imaginan—, pero en versión reducida para que no parezca el contrato de los Marx. O sí que lo parece, pero eso se lo dejo a ustedes.

¡Más madera!, podría gritar Groucho. A Mariano se le escapa en una reunión europea hablando con el Premier inglés que «probablemente haya elecciones el 26 de junio», con el consiguiente y monumental cabreo del monarca, que se siente puenteado en el proceso marcado por el art. 99 CE. Todo lo cual añade más presión al pacto entre Albert y Pedro. Pacto que, por otro lado, Pedro ha intentado que su militancia aprobase como un aval de su gestión interna. La militancia, que no es tonta, no se ha dejado tomar el pelo: tan sólo un 51% fue a votarlo y por lo tanto, le da el visto bueno menos de la mitad. Por si faltara algo, se ha conocido el dato de que desde que Pedro se sienta en la Secretaría general el PSOE ha perdido 8.956 militantes, lo que hasta para un partido de implantación nacional es poca broma.

Pero la presión no acaba ahí. En el frente territorial hay lío. Cataluña tiene un president pels pèls: no sólo por la mopa que lleva en la cabeza, sino porque fue designado por Mas 11 minutos antes de que terminara el fatídico plazo de los dos meses que marca el EAC para convocar elecciones si no se ha formado gobierno. Con todo, lo peor no es eso. Lo peor es que está decidido a llevar adelante la desconnexió de l’Estat espanyol, aprovechando el vacío real de poder y el hecho de que a Mariano se le pondrá cara de recurso de inconstitucionalidad y poco más. Nunca trabajaron tanto los abogados del Estado: debían estar agradecidos, oigan. Por si faltara algo, la flamboyante alcaldesa de Barcelona ha conseguido que se largue de la ciudad una de las primeres peles de los hosteleros: el MWC busca un acomodo menos anticapitalista. Más o menos como lo de la yaya roja madrileña y los chinos, que son comunistas como ella, pero no tontos.

En Navarra la cosa no va mejor: gracias a los votos del PSN, un gobierno bilduetarra ha iniciado la euskaldunización de la parte castellanohablante gracias a que ningún Gobierno, ni siquiera el de Aznar, se atrevió a derogar la Transitoria Cuarta de la Constitución. Eso permite margen de maniobra a los nacionalistas del Anschluss vasco, de forma muy parecida a lo que ocurrió en los Sudetes checoslovacos, Konrad Heinlein y su Sudetendeutschenpartei. Tampoco a Mariano parece preocuparle el asunto: más bien está pensando en el que venga detrás, que arree.

¿”Brigadas Internacionales” o la banda de Stalin?

Por su interés, reproducimos este artículo de Teresa Puerto. Original aquí.

Gracias a esa genética embustera, fabricante de MENTIRAS HISTÓRICAS, el socialismo made-in-Spain alcanza siempre el oro del medallero. Por enésima vez el odio guerracivilista de la derrotada izquierda estalinista resucita la milonga de la «rehabilitación de los derrotados de la Guerra inCivil del ´36» y el NADA DEMOCRÁTICO rector José Carrillo de la Universidad Complutense erige un monumento a los «peones estalinistas, malhechores y delincuentes» (brigadista George Orwell dixit) que:

“Ni sois la historia, ni sois la leyenda, ni sois el ejemplo histórico de la solidaridad y tampoco de la universidad de la democracia: sois el ejército de Stalin para imponer en España una DICTADURA COMUNISTA en la ÓRBITA SOVIÉTICA”.

La desclasificación de los Archivos (comunistas) de Moscú tras la perestroika, publicados por la Harvard University Press, son antídoto inagotable contra la mentira zapaterina, carrillista ¡y socialista!

Los Archivos de Moscú y los escritos del autor británico (socialista) George Orwell son dos de la mejores fuentes bibliográficas que hay sobre las BRIGADAS INTERNACIONALES porque Orwell vino engañado como BRIGADISTA a luchar en los frentes de Cataluña y Aragón. Su experiencia allí fue funesta y cuando huyó espantado de España, después de contemplar las masacres ordenadas por el genocida Stalin contra los trotskistas del POUM en Cataluña, escribió sus dos novelas corrosivas contra el Socialismo Real : Rebelión en la granja y 1984, advirtiendo a la sociedad británica de la antidemocrática dictadura socialista que amenazaba Europa.

George Orwell escribe su libro Homenaje a Cataluña para describir lo visto y define —literalmente— a estos los BRIGADISTAS como “peones del estalinismo y estalinistas disfrazados enviados desde Moscú para acabar con los trotskistas del POUM e implantar en España una dictadura marxista-estalinista”.

Los residuos comunistas que quedaron posteriormente desperdigados fueron controlados por el Partido Comunista Francés y por Stalin y se establecieron en el norte de España, al norte de Lérida y en los pasos de Huesca y Navarra: y pronto degeneraron en simples bandoleros en cuya desaparición colaboraron todos los aliados desde 1944; en particular el general De Gaulle, que cortó la agresión comunista contra España desde Francia. Y hasta el mismo Stalin en persona les canceló su apoyo desde Moscú al llamar a capitulo a los jerarcas comunistas españoles en 1948.

“Y hasta la misma policía francesa, tras la victoria de los aliados en octubre 1945, inició la busca y captura de los residuos maquis comunistas exiliados en su territorio francés (No nos robarán la historia, Ricardo de la Cierva, p. 160. Editorial Fénix).

Y todo esto coincide con la segunda fuente histórica que son los Archivos de Moscú, publicados tras la perestroika de Gorbachov por las Universidades de Harvard (USA) y la Sorbona (Francia) y recogidos en el famoso documento internacional El Libro Negro del Comunismo.

El capítulo 2 de dicho libro recoge los documento de la NKVD-KGB soviética sobre la Guerra inCivil española; y, al referirse a las Brigadas Internacionales y a estos residuos de maquis, el comunista alemán Alfred Adolph los define —literal— como «una lista de voluntarios indeseables de los que Stalin y sus servicios se aprovecharon cínicamente». Y en el capítulo desfilan toda la panoplia de comunistas (Líster, el Campesino, Marty, Regler, etc…).

El relato es impresionante y acaba diciendo que: «para Stalin el objetivo fundamental era conseguir el control de la II República española, y, para conseguirlo, tan necesaria era la eliminación de la oposición de izquierdas trotskista y socialista como la franquista». Estos documentos, repito, los ha publicado la prestigiosa Universidad de Harvard y de la Sorbona y coinciden con lo que escribió el socialista desencantado británico George Orwell: él nos contó in person lo que ahora Carrillo, Zapatero, y su Multinacional de la Mentira nos quieren cambiar.

“Dignidad” ante la blasfemia (II)

Pero el cuadro más lamentable, naturalmente, no es el del hecho en sí. El cuadro más lamentable es el de las reacciones ante el hecho. Veamos.

La autora dice que “no quería ofender con su poema”. Eso es como si a uno le dan un puñetazo y después, mientras a uno le sangra la nariz, le presentan excusas: “Perdona, no quería hacerte daño”. O aún peor, como hace la izquierda paternalista y condescendiente, “es por tu bien”. Todas las demás explicaciones que da la autora no son más que humo bioideológico feminista y poco más. Lo mollar del asunto es que se permitió con plena conciencia de lo que iba a suponer.

La flamante (o flamboyante) alcaldesa de Barcelona se agarra al manido argumento de la «libertad de expresión». Pero ya sabemos que la libertad de expresión, en el progrerío, es one-way: dicho pronto y muy mal, ellos pueden ofender impunemente tus sentimientos religiosos, pero tú, en respuesta, no te puedes cagar en ellos y en su puta madre. Por otra parte, como hemos dicho alguna vez en este blog mío y de ustedes y otros usuarios remarcan, el contexto es de ataque únicamente a la religión católica. No atacan a la religión judía (a los judíos sí, no obstante, por lo del “genocidio palestino”) y menos aún a los musulmanes, respecto de los que ni siquiera levantaron la voz cuando se masacraban a los cristianos en Siria. Están muy presentes las imágenes de París, de los charlies y claro, «cuando las barbas de tu vecino veas quemar…». ¿Religión de paz? Aprendieron la lección.

Pero la reacción más interesante de todas fue la de Alberto Fernández Díaz. Al parecer, nada más oír los versos, se levantó y se fue. Una reacción valiente, sin duda. También la que se espera de los católicos: es decir, que no hagan nada. Si los católicos hubiéramos actuado como los musulmanes, un cura católico hubiera gritado un anathema sit! (el probable equivalente católico a la fatwa musulmana) y a esa ¿señora? cualquier creyente la hubiera podido matar donde la hubiera encontrado. Claro que una Asociación de Abogados Católicos va a interponer una querella contra ella y a lo mejor contra el Ayuntamiento también; pero es probable que la cosa quede en nada: una multa, que el Ayuntamiento pagará religiosamente y aquí paz y después gloria (la Justicia ya está bien aleccionada sobre ese particular).

Quizá el señor Fernández Díaz debería haber montado el escándalo él mismo y haber parado los pies a esa ¿señora? De la misma manera que a él un passerell (extranjero, para más inri) le impidió colocar una bandera española en el balcón de un Ayuntamiento español. Quizá así se vería que los católicos (y dentro de éstos, los del PP) no están muertos, ni acollonados. No hay apelaciones a la dignidad de la huida cuando se insultan no sólo los sentimientos religiosos de buena parte de los barceloneses, sino que a ello se añade la ofensa de pagar el hecho con dinero público (es decir, de todos). Seguramente, Fernández Díaz hubiera tenido que tragarse los apóstrofes habituales de la izquierda cainita («opusiano», «meapilas», y otros del mismo jaez) y deposiciones periodísticas en los digitales habituales. Pero es lo menos que hubiera podido hacer, en vez de despacharse en las redes sociales sobre su presunta «gallardía».

Frente a una agresión ilegítima y completamente gratuita (el formato del Pare Nostre usado también por Martí i Pol no es ofensivo e incluso se puede decir que tiene su gracia, absolutamente incomparable con la ventosidad emitida por la ¿señora? Miquel) creo sinceramente que no hay que esconderse (Benedicto XVI, Jn 16, 33). Por mucho que nuestra casta política (de la que ya forma parte Podemos) quiera primero retirarnos de las calles, después relegarnos a las catacumbas y finalmente perseguirnos, como todavía se sigue haciendo hoy en otras partes del mundo. Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? Debería haber una forma de hacer entender a los rojelios y a los masones que se parapetan tras ellos que esa clase de ofensas no sale gratis. Pero no espero que eso se produzca ni mañana ni pasado mañana.

Finalmente, un recordatorio para la ¿señora? Miquel. Por cosas como ésta acaban haciendo las personas la guerra: contra «els fills de puta que avorten l’amor (cristià)».

“Dignidad” ante la blasfemia (I)

Estos presuntos laicistas no desaprovechan ocasión ninguna para dar la nota. Ya se trate de Rita-me-irrita Maestre, la de “arderéis como en el 36” con las domingas al aire en una capilla católica, la profanación de tumbas, la damnatio memoriae —que intentaron pero luego tuvieron que dar marcha atrás porque lagente se les puso en contra y son cobardes, en el fondo— de ocho novicios asesinados vilmente por los comunistas… siempre hay motivo para que den el cante.

La última vez, anteayer. Una ¿señora? que atiende por Dolors Miquel y que se presenta como «poetisa», pero desconocida en el panteón de les grans lletres catalanes, tenía que leer algo en una entrega de premios. Y el resfriado ingenio de esa ¿señora? no ideó otra cosa más original que leer un poema que parió en 2006. Un Padrenuestro pretendidamente «feminista», pero en realidad blasfemo y ofensivo para muchas personas, católicas o no, pero en este último caso respetuosas con las que sí lo son. No quería hacerlo, porque ya se le da bastante publicidad por ahí, pero simplemente para que ustedes puedan juzgar dejo texto y traducción:

Mare meva, que no ni sé on ets,
de qui només en tinc el nom…

Mare nostra que esteu en el zel
sigui santificat el vostre cony,
l’epidural, la llevadora,
vingui a nosaltres el vostre crit
el vostre amor, la vostra força.
Faci’s la vostra voluntat al nostre úter
sobre la terra.

El nostre dia de cada dia doneu-nos avui.
I no permeteu que els fills de puta
avortin l’amor, facin la guerra,
ans deslliureu-nos d’ells
pels segles dels segles,
Vagina.
Amèn…

Madre mía, que ni sé dónde estás,
De quien sólo tengo el nombre.

Madre nuestra que estás en el celo,
Santificado sea tu coño,
La epidural, la comadrona.
Venga a nosotros tu grito,
Tu amor, tu fuerza
Hágase tu voluntad en nuestro útero
Sobre la tierra.

Danos hoy nuestro día de cada día
Y no permitas que los hijos de puta
Aborten el amor, hagan la guerra,
Y líbranos de ellos
Por los siglos de los siglos,
Vagina.
Amén…

Si lo que esa ¿señora? pretendía era un «canto a la maternidad», podría haberlo redactado en términos menos ofensivos. Pero en realidad es menos original de lo que parece, bien mirado. El escándalo es el recurso de los mediocres (es una “poesía” mediocre y adscrita, en el fondo al “caca-culo-pedo-pis”). Y esta ¿señora? no desaprovechó su escaso minuto de gloria. La ultraizquierda —pero no sólo ella— es muy fan de la frase (que le oí en cierta ocasión al Follonero, hoy reconvertido a reportero serio) «Es mejor pedir perdón que pedir permiso». Los educados lo somos de la contraria, sin más, y la diferencia es notable.

Tierra quemada (y II)

Con esta cara comparecía ayer Esperanza Aguirre a la rueda de prensa que dio para anunciar su dimisión. La cara es en sí misma un poema y refleja un montón de sentimientos. Pero yo resaltaría lo siguiente:

a) La pena. Que se podría resumir en esta frase: «¿Entre qué gentes me he metido?». No sólo a aquellos sobre los que recae la culpa in eligendo, sino también quienes estaban por encima de ella. De ésos que la han tratado como «verso suelto» por no ceñirse al Führerprinzip y a la habitual devoción perruna que está tan en boga hoy en los partidos. El muro de Berlín habrá caído, pero las costumbres soviéticas han contagiado los partidos, incluso aquellos que hablan muy alto acerca de su honradez.

b) La decepción. Un servidor cree que ella no esperaba acabar tan abruptamente su cursus honorum dentro del Partido. Es verdad que la estaban esperando desde hace años. Eso de ser liberal en un partido que desde 2008 tenía vocación socialdemócrata a no pocos debía sentar como una patada. Pero que te eche la corrupción de otros en todos los sentidos (arriba, abajo y a los lados) ha de ser deprimente.

Sin pretender dar una lectura por connotación, quisiera traer a colación dos momentos de la gran película El Padrino III. El primero es aquel en que Michael Corleone habla con su hija Mary —creo— y le dice esto:

 “Toda mi vida he intentado subir en la escala social. Quería llegar al lugar en el que todo sería legal y honrado; pero cuanto más alto subo, más podrido está el ambiente. ¿Dónde demonios acaba todo?”

Y el segundo momento, que yo creo más revelador aún, es el momento en que, tras haber instruido a su sobrino Vincent Mancini, le pasa el testigo como nuevo Don de la familia. En ese momento se retira de la escena, acompañado por su hermana Connie. La mirada que le echa antes de cerrar la puerta tras de sí es antológica, como diciendo «No sabes lo que te espera, chaval». O tal vez despreciándole porque en él la pulsión del poder es mucho más fuerte que la del amor.

El resumen de todo es que el PP-de-Mariano parece estar descomponiéndose al mismo tiempo que va arrumbando con todo lo que de bueno tenía. Si nos atenemos a la regla política española, ningún partido se ha regenerado desde el poder. Tal cosa ha ocurrido siempre en la oposición. Que es probablemente lo que le espere al PP, con o sin Mariano y tanto si se convocan nuevas elecciones como si por fin Pdr Snchz consigue formar gobierno con Pablemos. Gracias, Mariano, por haber echado a tus votantes a los pies de los leones de la izquierda española, la más cateta y troglodita de aquí a Kolymá. Has demostrado no tener proyecto político alguno: sólo la «economía», que se ha reducido (y no del todo) a alejarnos de la cuchilla.

Yo hablé de ello aquí, aquí y aquí, por citar algunos posts de este blog mío y de ustedes. Al PP de Madrid —como al de Valencia— le queda ya la gestora… que puede que lo que gestione sea la travesía del desierto. El problema, que a ellos les importa lo que ustedes se imaginan, es cómo vamos a quedar los que les votamos en 2011.

Mariano va a dejar tierra quemada en lo que antes se conocía como «centro-derecha». Enhorabuena. Seguramente en la logia estarán contentos.

Tierra quemada (I)

Digámoslo claramente: la cosa está que arde en Génova, 13. Con la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta del PP de Madrid se termina —creemos— un capítulo en la historia del PP. Es la mujer que pudo reinar del PP… y que en Valencia unas orchestral manoeuvres in the dark la apartaron sin contemplaciones, con la inestimable ayuda de Francisco Camps (desactivado para la política desde 2010), Rita Barberá (hoy imputada, aunque senadora y miembro de la Comisión Permanente del Senado: es decir, doblemente blindada) y Javier Arenas (escondido como oscuro diputado autonómico por Almería) para que Mariano fuera designado por aclamación, en loor de multitudes peperas y bajo palio aznarista nuevo presidente del partido de la gaviota.

Supongo que ahora se apuntarán muchos a hacer leña del árbol caído. Nuestra ¿política? es así de cainita: está más interesada en hacer caer al enemigo, antes adversario, que en procurar por aquellos a los que presuntamente representa. Todas las cosas miserables que se dijeron de ella en las ocasiones correspondientes, todo volverá a salir a la superficie. Gentuza a la que no le interesa el razonamiento e incapaz ella misma de razonar, propalará las especies por las redes sociales. Menudearán los chistes de a cuarto el kilo y, en fin, el tema dará para una semana.

Sin embargo, señores, habrá que reconocer que Aguirre era de lo más limpio que había en el PP, sin serlo tal vez del todo. ¿Qué es lo que ha podido pasar? Ante todo, Mariano y Esperanza no se llevaban nada bien. El gallego no soportaba la chulería madrileña de Aguirre («Estoy hasta la polla de esa señora», dicen que llegó a decir), que le impedía genéticamente hacerle el randevú. No soportaba el gallego que Aguirre mirara más por los madrileños que por el Partido o por el Jefe, como hace él. La cuestión es que hoy existen dos maneras de hundir a un político díscolo: o bien por el vicio de haber metido la mano en el cesto, o bien por el vicio de meter la mano en el cesto aquellos a quienes nombró ese político. Es decir, la famosa culpa in vigilando.

Ésta segunda es la interpretación más benevolente, pero aun así es demoledora. Quiere decirse que Esperanza no se enteraba de lo que hacían aquellos a quienes nombró, en particular Granados, el niño púnico. Parece ser que el señorito disfrutaba de la entera confianza de Aguirre. Y aquí está el otro pecado de Aguirre, de difícil remedio en política: creer que porque uno es honrao (si no a carta cabal, sí lo bastante como para exigir cuentas a los demás) lo son también todos los que a uno lo rodean. Aguirre debió vigilar los (malos) pasos de su segundo, sin duda ninguna. Y conociéndola como la conocemos, no le hubiera temblado la mano en rebanarle el pescuezo.

Pero es que aquí surge otro problema. Cabe la posibilidad de que alguien (empresario o militante del partido, o ambas a la vez) avisara a Aguirre de las pifias que estaba cometiendo su segundo con el amigote Marjaliza. Si la reacción de Aguirre fue ignorarlas porque estaba «convencida de la probidad de Granados», sin duda eso es mucho peor. Como les decía en otra entrada, la estructura de los partidos no da para más; pero caramba… no vigilar en absoluto ese detalle es procurarse tarde o temprano una salida deshonrosa.

Y es una pena, les digo. Una persona cuyo gobierno fue capaz de enfrentarse a Montoro en materia fiscal y decirle que no se iba a subir el ISD y que llevó a Madrid, con sus luces y sombras, al más alto nivel en el conjunto de las regiones españolas… y la van a recordar por la última pifia, en la que no tuvo intervención alguna (que por ahora se sepa).

La izquierda de los papanatas

Por su interés, reproducimos el artículo escrito por Andrés Calamaro en el ABC de hoy. Es agradable saber que no todos los artistas y los que se dicen artistas padecen de hemiplejia moral. Queda alguno sano, como este señor.

NO soy optimista con la izquierda de los papanatas, los resentidos, los antisistema, los antisemitas, animalistas y marginales culturales. No soy optimista con la izquierda de los narcisistas, charlatanes, inquisidores, puritanos y moralistas. No soy optimista con la izquierda de la prepotencia, con los pactos que no responden ni reflejan a las mayores voluntades, ni con las prohibiciones seriales o la promesa de una brecha en donde con suerte quedamos algunos de un lado y enfrente amigos, familia y conocidos separados por esa falla (eso si no caemos en el abismo de la brecha misma).

No entiendo un sistema donde la voluntad de los más no representa nada en el sistema democrático, ni entiendo una democracia que desoye las minorías con la excusa de referéndum para todo. No entiendo un sistema donde se considera normal que aquellos que recibieron más votos, sea para sostenerse o para corregirse, no tengan opciones porque deciden los pactos y no las gentes.

Hay una minoría que tiene beneficios hinchados por campañas sostenidas en cadenas de televisión cautivas o cautivadas por el negocio redondo. Una minoría con derecho a llevarse los derechos por delante, empoderados por la inexperiencia de la aldea digital: una ciudad sin esquinas donde curtirse el cuero, el terreno de los bobalicones llenos de razones, la cancha de las contradicciones en una entrecomillada superioridad moral que llega desde la orilla izquierda de un río que huele a podrido.

Se allana el territorio de las libertades todas. Las tradiciones no son buenas razones por el sencillo hecho de que sin abrir siquiera un libro cualquiera puede compararlas arbitrariamente con otras tradiciones, que sirven para ofrecer el concierto de falacias incompetentes, que tanto gustan en el patio de colegio de la ciénaga digital y la opinión serial sectaria. El concierto cultural, temeroso o equivocado, parece vivir una segunda adolescencia y responde a lo más encharcado de los tópicos populistas y progresistas entre comillas.

Aturde el silencio de los músicos más que un ciento de amplificadores a volumen once. Abochorna la blanda reacción de los actores de la cultura, otrora profesionales del pasotismo y la próxima cerveza, ahora reconvertidos en mercenarios chic de la indignación por el IVA cultural más alto de Europa. Cierto es que indigna.

El acoso y derribo de las libertades individuales (que nos disgustó cuando se estrenó la ley de mordazas) parece ir a más en el desdichado concierto de prohibicionismos de tonalidad populista: la persecución de la garrapiñada calórica, el acorralamiento de los nombres de las calles como maquillaje de solución a los problemas que importan realmente, el desenfocado enfoque en una corrupción que todos sospechamos o supimos en tanto hayamos leído los periódicos en algún momento de los últimos veinte años (conflicto improcedente pero bien solventado por un poder judicial que funciona, al punto de sentar en el banquillo a miembros de la Familia Real y la real aristocracia balompédica). Se desprecia la voluntad y la alegría de nosotros, la gente. Entre la gente me incluyo: mi tribuna no son los premios al cine y mi gremio es el más castigado por la indiferencia, las vueltas de la vida, la acción tributaria, las complicidades del sistema, el fluido digital que invita a vivir concentrado en una pantalla que nos hace esclavos de una realidad virtual en forma de embudo.

No soy optimista con la nueva realidad porque es virtualmente una bomba de tiempo para el individualismo y la variedad cultural.

No creo que sea tan importante vivir conectados a una incógnita y con una potencial cámara de fotos siempre lista para perpetuar un instante sin lecturas ni buenos discos. La pregunta que me hago con frecuencia tiene relación con el conjunto de debilidades que permite semejante concierto de desconciertos. Una opinión transgénica donde no importa la voluntad de la mayoría ni se respeta la libertad de las minorías, salvo si estas minorías son tres mosqueteros complutenses dispuestos a cualquier chicana para encontrar al pobre socialismo con los pantalones bajos y dispuestos a agachadas ya demostradas en las elecciones municipales. Los previstos resultados de un pacto que es una burla a un sistema democrático, y por tanto republicano, permiten atentados contra la libertad de los trabajadores, como la pinza de minorías intolerantes que acorralan todo lo litúrgico, folclórico, poético, bonito, libre y soberano, caso de la voluntad tauromáquica del pueblo balear.

Servidor coqueteaba con la izquierda revolucionaria hace cuarenta años, hasta que cierto nihilismo en clave de cine americano y cultura rock me reconvirtió en un actor dudoso para la superioridad moral de la izquierda de los papanatas.

Hace treinta años, que son años, me encontraba en actitud lisérgica y en mi trinchera contracultural, en un mundo donde la crisis social y económica es una maldición constante y sonante.

Hace veinte años, desde mi atalaya del barrio de Malasaña, era yo un francotirador oposicional, un confeso votante de una izquierda que se presentaba unida –aquella izquierda– como actor progresista incapaz de prohibir costumbres populares, porque costumbre es cultura y eso está fuera de discusión. Me enfrentaba con normalidad a puritanos, moralistas y reaccionarios, por el sencillo hecho de ser yo mismo y a mi manera.

Hace diez años celebraba mi regreso de los infiernos de la experiencia tóxica, una herramienta para apoderarse del tiempo y escribir cien canciones por semana o por día (según las palabras dichas por el eterno David Bowie en el año dos de la era milenaria), volvía con gloria a los escenarios de España y me dejaba conquistar por América. Nada me hacía suponer que los años digitales devendrían en inquisitoriales leches y Reich animalista respondiendo a estrategias de propaganda mercenaria desde una cadena de televisión acostumbrada a los billetes iraníes de a 500 ya una ideología poliédrica, en plena construcción de una realidad virtual que puede con todo, siempre que encuentre al resto con los pantalones por las rodillas.

¡Libertad, divino tesoro!

Oraciones fúnebres

El diario ABC nos tiene acostumbrados a que, de cuando en cuando, algún personaje de campanillas dé una opinión sobre algún tema interesante y de actualidad. Ayer le tocó el turno a Lorenzo Martín-Retortillo Baquer, Catedrático emérito de Derecho Administrativo. Dedicó su Tercera a loar las maravillas que nos ha procurado la muerta en este primer período de 39 años «democráticos», de tal modo que parece el panegírico que se les hace a los difuntos en las películas americanas. Quisiera comentar algunas de las afirmaciones que hace este señor en su artículo.

La primera de todas:

De destacar, ante todo, el clima general de libertades, afianzado por aquella que ha penetrado en la sociedad española, y que ha permitido que las más diversas alternativas y propuestas pudieran ser ofrecidas con toda naturalidad en la campaña.

Sin duda esto entra dentro de la “mitología del 78”. Desgraciadamente, tengo que discrepar con D. Lorenzo. No somos ahora más libres que entonces. Y diría que bastante menos. Sin ir más lejos, una de las libertades fundamentales que «garantiza» la Constitución, a saber, la de información, sigue siendo cercenada sin piedad. No sólo —que también— porque no todas las opiniones se pueden verter en todos los sitios. Ejemplos hay: sin ir más lejos, la imposición y/o veto de tertulianos en esas dizque tertulias televisivas y la sumisión perruna de los medios al poder que les da de comer o les permite respirar. Del sombreado y de la infame campaña que se ha sometido a C’s desde la derecha socialdemócrata en el poder en favor de Pablemos mejor ni hablamos.

Pero prosigamos:

Hay que anotar especialmente el masivo interesamiento por la política de parte muy destacada de la juventud, desde el interés de apostar por sus propias ideas, que se ha incorporado así al sistema constitucional, un sistema con evidente vocación de futuro, abierto por tanto al ingreso de las nuevas generaciones.

Siento desilusionar a D. Lorenzo, pero ese «masivo interesamiento» no lo es tanto porque exista un verdadero interés (con las debidas excepciones) por la política en cuanto noble arte de gobierno, sino porque el rechazo tradicional de los jóvenes a la política ha sido capitalizado por un partido de corte comunista con perifollos caribeños y 2.0, dirigido por un flautista de Hamelin con coleta. Y no tengo ninguna duda de que si ese partido llega alguna vez al gran poder (de momento ha llegado a algunos ayuntamientos y la palabra que por ahora define su gestión es «desastre»), nos va a dar más de un disgusto a quienes no comulgamos con las ruedas de molino comunistas.

Aún más:

Otro logro, la presencia de nuevas fuerzas que antes no hablan tenido oportunidad de saltar a la palestra, donde sobresale la amplia capacidad de convocatoria lograda por los penenes de Políticas, con su Podemos (y hablo de Políticas y no de la Complutense. pues como se sabe la Facultad de Políticas tiene unas características muy especiales que no se dan en los demás centros de la Universidad madrileña), así como el triunfo del patriotismo y del buen hacer que han sabido imbuir los de Ciudadanos.

Habrá que recordar a D. Lorenzo que las «nuevas fuerzas» surgen de la mal llamada sociedad civil, que algunos quisieran estabulada y poco más. Y lo más importante: Ciudadanos recogió el descontento en Cataluña por una situación de abandono y/o traición de los castellanohablantes por parte de los partidos presuntamente «constitucionalistas» (PSC y PP), mientras que Podemos recogió el descontento y la rabia ante una casta política que vive de espaldas a aquellos a los cuales presuntamente gobierna y cuyo abandono de responsabilidades hizo que capeáramos mucho peor la crisis que afectó a toda Europa. Esas fuerzas políticas no hubieran tenido ocasión de surgir si todos se hubieran mantenido en su sitio y hubieran cumplido con su obligación. Es decir: de haber cumplido y hecho cumplir la Constitución.

D. Lorenzo y otros como él pretenden aún que «Camelot sigue vivo». Un poco más y nos recuerdan los «25 años de paz y ciencia» que pomposa pero justificadamente celebró el régimen franquista en 1965. Este primer ciclo de 39 años (1975-2014) nos recuerda que durante el reinado de Juan Carlos I pasamos del Estado del Bienestar al Estado negocio (Alejandro Nieto García) y al 5% de comisión. Que ahora tengamos un Jefe del Estado bastante más decente que el emérito significa que efectivamente puede haber un cambio de ciclo.

A nadie se le oculta que los ladrones, antes o después, tendrán que rendir cuentas ante el juez, como establece el sistema constitucional.

Ésta es otra que me da la risa. Si fuera así, las cárceles estarían llenas de delincuentes de cuello blanco, como dicen en los USA. Sin embargo, vemos cómo esos procesos se alargan de forma interminable no tanto por el funcionamiento de la máquina judicial (¿para cuándo una nueva LECrim? Hartos de parcheo, oigan, y de una ley cuya base data de 1882. Sin ir más lejos, su homónima alemana es de 1987), cuanto por presiones políticas, que hacen que las pruebas se demoren (o literalmente desaparezcan de los Juzgados), las listas de imputados no sean todo lo completas que debieran o a determinados imputados ni siquiera se les señala medida cautelar alguna, por ser Vos quien sois.

En lo único en que podemos estar de acuerdo D. Lorenzo y yo es que, más que reformar la Constitución (que sólo son ganas de tocar lo que ustedes se imaginan), lo necesario es cumplirla y hacerla cumplir, reforzando sus mecanismos de cumplimiento. Para ello no necesitamos a un gobernante pusilánime, sino a alguien que esté dispuesto a hacer lo necesario y emplear todos los medios para que se cumpla. De otro modo se seguirán dando puñaladas al cadáver cada 6 de diciembre. Un espectáculo poco edificante para los que tenemos alguna idea sobre este primer ciclo… este… «democrático».