Sin calificativos (I)

Se acaban los calificativos. En este circo de los enanos, en que algunos crecen y otros siguen igual de enanos, andamos en esa espera sin esperanza —nunca mejor dicho—. Ya llevamos tres meses con un gobierno en funciones y sin perspectivas de que se forme uno que funcione. Si no fuera porque estamos hablando de un asunto muy serio, o que debería serlo (nada menos que el gobierno de un país), el guión representado parece el de uno de aquellos culebrones hispanoamericanos: Mariano, amenazado de sucesión por Soraya, quiere entenderse con Pablo. Ambos no tragan a Albert (y éste a Pablo tampoco), que busca apoyo en Pedro, que a su vez está amenazado por Susana por dentro… y también por Pablo, que por fuera le está comiendo la militancia. La última de este culebrón es que Pedro y Albert han parido un pacto con muchos puntos: treinta, nada menos. Como los setenta puntos que le puso C’s al PSOE en Andalucía —y que Susana se habrá pasado por donde ustedes se imaginan—, pero en versión reducida para que no parezca el contrato de los Marx. O sí que lo parece, pero eso se lo dejo a ustedes.

¡Más madera!, podría gritar Groucho. A Mariano se le escapa en una reunión europea hablando con el Premier inglés que «probablemente haya elecciones el 26 de junio», con el consiguiente y monumental cabreo del monarca, que se siente puenteado en el proceso marcado por el art. 99 CE. Todo lo cual añade más presión al pacto entre Albert y Pedro. Pacto que, por otro lado, Pedro ha intentado que su militancia aprobase como un aval de su gestión interna. La militancia, que no es tonta, no se ha dejado tomar el pelo: tan sólo un 51% fue a votarlo y por lo tanto, le da el visto bueno menos de la mitad. Por si faltara algo, se ha conocido el dato de que desde que Pedro se sienta en la Secretaría general el PSOE ha perdido 8.956 militantes, lo que hasta para un partido de implantación nacional es poca broma.

Pero la presión no acaba ahí. En el frente territorial hay lío. Cataluña tiene un president pels pèls: no sólo por la mopa que lleva en la cabeza, sino porque fue designado por Mas 11 minutos antes de que terminara el fatídico plazo de los dos meses que marca el EAC para convocar elecciones si no se ha formado gobierno. Con todo, lo peor no es eso. Lo peor es que está decidido a llevar adelante la desconnexió de l’Estat espanyol, aprovechando el vacío real de poder y el hecho de que a Mariano se le pondrá cara de recurso de inconstitucionalidad y poco más. Nunca trabajaron tanto los abogados del Estado: debían estar agradecidos, oigan. Por si faltara algo, la flamboyante alcaldesa de Barcelona ha conseguido que se largue de la ciudad una de las primeres peles de los hosteleros: el MWC busca un acomodo menos anticapitalista. Más o menos como lo de la yaya roja madrileña y los chinos, que son comunistas como ella, pero no tontos.

En Navarra la cosa no va mejor: gracias a los votos del PSN, un gobierno bilduetarra ha iniciado la euskaldunización de la parte castellanohablante gracias a que ningún Gobierno, ni siquiera el de Aznar, se atrevió a derogar la Transitoria Cuarta de la Constitución. Eso permite margen de maniobra a los nacionalistas del Anschluss vasco, de forma muy parecida a lo que ocurrió en los Sudetes checoslovacos, Konrad Heinlein y su Sudetendeutschenpartei. Tampoco a Mariano parece preocuparle el asunto: más bien está pensando en el que venga detrás, que arree.