Archivos Mensuales: junio 2016

Resaca electoral (I)

 


Como siempre, actualidad manda y, aunque tengo en mente terminar lo que empecé acerca del famoso Brexit, se han cruzado en el camino y algo hay que decir, aunque no sea totalmente original.

No tengo mucho que añadir a lo que ya dije en mi post de diciembre, mutatis mutandis. Sí quisiera que fijaran ustedes la atención en dos hechos.

Lo primero de todo, que lo que se dice «ganar», no ha ganado nadie. Por más que las terminales mediáticas —como 13TV, por ejemplo— nos traten de imbéciles —o peor, de niños de teta—, una cosa es «ser la lista más votada» y otra muy distinta «formar gobierno». Y que la LOREG dice claramente que para formar gobierno se necesita una mayoría de escaños, que no de votos, Supongo que esto repateará a los trolls y palmeros pro bono de Génova. Y que por repetir eso me van a llover las críticas y demás. Pero me da igual. Los 137 escaños obtenidos por el PP-de-Rajoy quedan muy lejos de los 176 escaños que son la mayoría absoluta. Y por mucho que hayan machacado lo de “hemos ganado las elecciones”, una mentira mil veces repetida no se convertirá en una verdad. Cuando se modifique la LOREG —no hay huevos para eso—, veremos. Pero mientras tanto, ni hablar.

Y el segundo hecho que quiero hacerles notar, igual que en diciembre, es la elevada abstención para lo que es una consulta de fuste como unas elecciones generales: un 30%, nada menos. Que una persona de cada tres haya decidido que ir a votar no merece la pena debería hacer reflexionar a nuestros ¿líderes? políticos. Tiene su trampa, no obstante: en nuestro sistema, la abstención favorece al partido que está en el poder. Así que, aunque no han votado, le han hecho el favor a Mariano.

Teniendo estos dos hechos en cuenta ya pueden ustedes poner en perspectiva los resultados electorales y compararlos con el esfuerzo que han hecho los candidatos. Cosa que haremos en el siguiente post.

Reflexiones sobre el “Brexit” (I)

A la vista del resultado ya confirmado del famoso Brexit, quisiera expresar mi humilde opinión como simple ciudadano europeo.

Para plantear la cuestión pienso que hay que responder a dos preguntas: la primera es por qué irse y sus consecuencias. Y la segunda es por qué quedarse y sus consecuencias. Intentaré pensar en voz alta para que ustedes mismos puedan sacar sus propias conclusiones.

Lo primero que se me ocurre, para empezar, es que los británicos son europeos, les guste o no. Pese a su prurito insular y tal, sólo hace falta recordarles que el limes Hadriani llega hasta Escocia, superando ampliamente las márgenes del Támesis. Ni hace falta recordar la contribución inglesa a la universitas christiana medieval, representada entre muchos otros por Anselmo de Canterbury, Duns Scoto o Thomas More. La historia inglesa, por mucho que les fastidie a algunos, está conectada en muchos puntos de su recorrido con la europea. Siquiera sea porque la actual dinastía reinante, los Windsor, eran en origen los Hannover, —es decir, alemanes—, aunque se cambiaran después la denominación de origen «por patriotismo».

Sentada su pertenencia a la comunidad espiritual europea, podemos poner más hechos sobre la mesa. A mi modo de ver, el problema está en que las razones para irse tienen que ver con cuestiones de tipo político y espiritual, mientras que las razones para quedarse tienen más que ver con cuestiones socioeconómicas y de bolsillo.

Lo fácil, creo yo, es decir: «Menudos egoístas. Sólo han estado en la UE para lo bueno, nunca para lo malo. Anda y que les den». Pero hay que ir mucho más allá, sin duda. Pongamos un hecho sobre la mesa: la machada de Cameron de convocar a referéndum al respetable, que ya tuvo que pronunciarse sobre la permanencia de Escocia o no dentro del «Reino Unido». Recordemos aquello. Recordemos cómo Cameron empezó con la cresta muy alta los debates y acabó poco menos que pidiendo de rodillas y arrasado en lágrimas a los escoceses que no se fueran. Eso debió haberle avisado del carácter peligroso de la experiencia. Pero no aprendió y ahora está haciendo las maletas de Downing Street, 10.

Vean ustedes el siguiente cuadro:


El referéndum ha sido reñido (52% por el Brexit sobre 48% por el Bremain) y, a la vista de cómo se ha planteado, podría decirse que han votado viejos contra jóvenes. Los jóvenes, sabiendo que las cosas pintan color hormiga, votaron Bremain porque estar dentro de la UE —aunque no dentro de la UEM, porque no quisieron perder soberanía sobre su moneda— les reporta la ventaja de la movilidad geográfica, ya sea para estudiar o para trabajar. Si no encuentran trabajo en Liverpool, pueden intentar encontrarlo en Poznan, Bremen, Nantes o Milán. Y si tienen posibilidad de ir a estudiar a Heidelberg, quizá lo prefieran a quedarse en Leeds. Lo mismo se diga de los hoy “extranjeros”: si en Gijón o en Barcelona no hay trabajo, es posible dentro de la UE encontrarlo en Cardiff o Birmingham.

Los viejos lo han visto de otra manera. No van a quedarse en una Unión Europea que no les escucha, que al socaire del interés general europeo (¿existe eso? ¿Qué es? ¿Quién lo determina?) les impone obligaciones que no quieren cumplir. Eso es lo que ha aprovechado Nigel Farage y le ha salido “bien”. Nacionalismo frente a europeísmo. ¿”Suena” eso? Por supuesto, en el inconsciente está la apelación al pasado glorioso de una Gran Bretaña “independiente”: el British Empire y el Rule, Britannia!…

Rule, Britannia! Britannia, rule the waves:

Britons never, never, never will be slaves.

Pensarían los viejos: «Tenemos tras de nosotros a la Commonwealth y a los USA. Nosotros no necesitamos para nada a la UE, cuyos mandatarios abren la boca sólo para fastidiarnos». Habría que comprobar la veracidad de esa afirmación solemne. Pero no sólo eso: Farage contó la trola a su país de que «con el Brexit quedarían garantizadas las pensiones» (¿les suena?), reconociendo después el error. Solamente por eso quedaría invalidado el referéndum. En clave interna, eso sí, hay puntos en que ya no hay marcha atrás, como la dimisión de Cameron. Por si faltara algo, los escoceses y los norirlandeses se han apuntado al bombardeo diciendo que si Gran Bretaña se va de verdad de la UE, que ellos se irían de Gran Bretaña y negociarían de forma independiente su permanencia en ella. Cameron ha abierto la caja de los truenos y el cacao está servido, señores.

Respuesta de unos “ancianos padres” a su hija

Tomado de aquí.

Lamento decirte que tus padres te verán siempre como una niña querida, Esperanza; pero no te conviertas en la niña de Pablemos.

Lo de la generación más preparada de la historia de España sólo es un cuento que os han vendido a los pobres que habéis estudiado con la LOGSE.

Echar de menos a tus seres queridos es lo normal. También si no emigras. Papá ha vivido mucho tiempo solo, fuera de mi casa o en mi casa y mis padres fuera, y no me he muerto. Lo normal es buscar trabajo donde lo hay y te pagan en condiciones.

Por favor, hija: no extrañes tanto a Papá y Mamá, que ya tienes treinta tacos. No me hagas llorar de tanto reírme…

No es tan difícil aprender cosas nuevas. En fin. Es gratificante estar estudiando toda la vida, aunque sea para aprender Skype y redes sociales; por eso no te preocupes. Por cierto, ni que tus padres tuvieran 90 años…

Lo siento, querida, pero hay mucha gente que no trabaja en lo que estudió. No porque no encuentren trabajo, o porque el mercado esté saturado, que también, sino porque no fueron los mejores en sus notas por ejemplo, o por mala suerte, o por lo que sea. El mundo nunca ha sido justo ni lo será.

Debes estar contenta porque tienes un trabajo, probablemente ganando tres veces más que aquí. Ya podrás pagar un viajecito a tus Papis, ¿no?

Lamento informarte de que empezar a volver el 26 de Junio puede ser la peor idea que hayas tenido en muchos años. Yo animaría a los demás a marcharse antes, jatetú…


Eso está bien. Ser agradecido es de bien nacido y nos gusta que no renuncies a tus principios de creer en la Democracia y en la Libertad. A tus padres les costó mucho llegar a ellos.

Lamento informarte de que tienes una visión de la vida muy, pero que muy inocente. Aquí el que no defrauda en el IVA, o trata de no pagar o se lleva cosas de la empresa en que trabaja. Es raro; pero si hablas de millones de sinvergüenzas, también los hay donde vives, y a cientos. Para eso está la Ley y el Estado de Derecho: para castigar. Siempre, claro está, que se tenga una ley adecuada y los jueces no estén nombrados por el Parlamento. Pero desengáñate: seguirán estando nombrados por él y una mayor cantidad.

El pueblo, ¿colaboró en aquel cambio? Creo que más bien fueron los políticos del momento, que eran verdaderos políticos con visión de Estado y de futuro los que lo hicieron. Los demás nos limitamos a decir que sí. Que no fue poco, pero debes repasar tu historia de España.

En el siguiente punto y aparte, repites lo del Skype. Perdona, ya lo hemos entendido; no somos tontos tus papás. Perdona que te diga que si tus padres no hubieran querido la LIBERTAD habrían votado no a la Constitución y a favor del régimen franquista. ¿Quieres volver a algo parecido? ¿Qué te han enseñado en ESO y Bachillerato?

Hija, recuerda que no hay investigación sin créditos bancarios, porque el Estado siempre ha sido un nefasto administrador de recursos. Repasa los sistemas estatalistas. Y sí quieres volver a un país con gente preparada, cambia la educación y fomenta la lectura —sí no, difícil lo tienes—. Las energías renovables son las culpables del encarecimiento de la energía: estamos pagando unas malas decisiones de gobiernos anteriores del PSOE. Los salarios generalmente son acordes a lo que se puede pagar, teniendo en cuenta lo que se paga a la Seguridad Social. Pero no te diré que no hay empresarios que no lo son, y solo juntan dinero. Eso no depende del Gobierno, depende de las personas. Con que digas “investigadores” ya basta. Es lo que se llama economía del lenguaje: en este término está incluida la totalidad.

Tus hijos estarán orgullosos de ti por tener las agallas que hacen falta para emigrar, prosperar y probablemente casarte con un extranjero y no volver. Porque en el siglo XXI se impone ir siendo —cada vez más—, ciudadano del mundo.

Esto último me parece lo mejor que nos has dicho: cada uno tiene que ir donde puede desarrollar el trabajo que desea. Bien por ti. No sabes cuánta gente a lo largo de la historia de la humanidad hizo lo que se le pidió y por bastante menos de lo que ahora te da esta sociedad en la que tienes la suerte de vivir. Pregunta a Lenin, a Stalin, a Hitler a Bokassa, a Fidel, a Pinochet, Pol Pot, Kim-Jong-Un… Un etcétera demasiado largo. Eso sin remontarnos mucho en la historia.

Dices que tienes casi 31 años y eres licenciada en biología molecular. Pero lamento decirte que eres demasiado inocente todavía. Te queda mucho por aprender. Hazme caso: quédate en Inglaterra y aprende de sus mayores, no de los violentos “hooligans”. Te irá muy bien y se te curará la inocencia.

Un abrazo muy grande de tus padres que te han aconsejado siempre bien. Y no olvides que lo seguiremos haciendo por encima de todo.


Solas


Así de solas fueron al —o salieron del— Juzgado las señoritas a los que unos salvajes agredieron por haber montado una carpa en la ciudad. Su única compañía fueron los reporteros que cubrieron la noticia. ¿Ocurre esto en Minsk, o en Caracas, o en Pekín? No. Esto es Barcelona, nen. I què passa a Barcelona, nen? Pues pasa lo que pasa desde hace años sin que importe demasiado el color del Govern. Que a aquellos que tienen la osadía de sentirse orgullosos de pertenecer a la puta Espanya los machacan de todas las formas posibles. En el caso presente no fue necesario que todo un pueblo se echara encima de ellas, como ocurrió con una familia que pretendió escolarizar a su hijo en español (concretamente, en Molerussa, territorio tradicionalmente CiU). Bastó con que cinco brètols pegaran una patada a la paradeta —que hubiera dicho el recordado Josep Maria Bachs— y atizaran a las señoritas dejándolas com un sant Crist.

Naturalmente, han ido al juzgado a presentar la correspondiente denuncia. Pero no las ha acompañado nadie. Estaban todos muy ocupats preparando el inicio de la campaña electoral. Ahí está  García Albiol, que uno no sabe si es que no le dejan decir lo que le gustaría decir o es que tiene otras preocupaciones: alt com un Sant Pau, ni está, ni se le espera. No fuera a ser que los brètols de siempre volviesen a pintarrajear y a apedrear las sedes del PP. Muts i a la gàbia. Y no quiero hacer más sangre con un partido que lleva años de gangrena catalana.

Lo de Ciudadanos tiene más delito. Siendo uno de sus puntos estrella en Cataluña la lucha contra la imposición nacionalista, ¿dónde coño estaba Inés Arrimadas, jefa de la oposición en el Parlament? ¿Preparándose para lucir palmito en la debata? En esto hay que reconocer que Dolores Agenjo, de quien ya hablamos en este blog, ha tenido igual suerte, aun siendo de C’s, que tiene fama de “cuidar de los suyos” en las lides separatistas. La soledad de estas señoritas es mayor, no obstante. No me consta que estas señoritas ostenten militancia alguna en alguno de los dos partidos citados, que son los únicos que defienden —sobre el papel— la españolidad de Cataluña. Por lo cual y dado que no eran de los suyos, C’s no ha considerado conveniente mostrarles su apoyo. Quizá cuando sólo estaban implantados en Cataluña podría haber habido algo de apoyo. Pero parece que ahora que son un partido nacional tienen otras miras.

De los hotros, ni qué decir tiene: el silencio será la norma. La go-gó del Baix Llobregat habrá pensado que ya tiene bastante con haberse entregado con armas y bagajes al prusés —lo que, incomprensiblemente, no ha movido a Pdr Snchz a ponerle firmes—. Se conoce que la enorme bandera española que mostró en cierto discurso no fue más que una boutade destinada a tranquilizar a la vieja guardia (y evitar que el voto socialista se escapara a C’s) que otra cosa. Perder aceite es lo que tiene. Sólo falta que salga Montilla a decir lo de «son casos aislados, chiquilladas que no merecen mayor atención».

Curiosamente, las feminazis tampoco han salido en defensa de estas señoritas. Debe ser que, como son fachas, está muy bien que les enseñen que no pueden ir por la calle con la bandera española y orgullosas de ello. Lo de siempre: si no eres de ellos, no eres mujer “de verdad” o gay “de verdad”. No tienes derechos, eres una “no-persona” y te pueden partir la cara en la calle sin más.

No tengo idea de cómo irán las cosas en el juzgado. Desearía que detuviesen a los cinco brètols y se les aplicara el Código Penal cual corresponde en estos casos. Lamentablemente, la iniquidad empieza en el hecho de que para los Mossos los hechos sólo constituyeron un delito leve de lesiones. O sea, poco más que un tortazo. Luego falta que un juez bien aleccionado no los condene porque es la primera vez y no tienen antecedentes.

Pero el silencio más atronador es el de la Selección. Sí, ésa Selección a causa de la cual a esas señoritas les han partido la cara. Parece ser que el Marquès Del Bosc no ha considerado oportuno pronunciarse. Y que algunos jugadores tienen problemas más importantes que ése, explicados aquí y aquí.

Resulta una ironía sangrienta que al mismo tiempo que ocurren estos hechos, salga Sergio Ramos con esta gilipollez:

Hubiera sido preferible que Ramos hubiera mostrado como mínimo solidaridad con esas señoritas, ya que clamorosamente ha faltado la de los políticos, la de plumillas deportivos de medio pelo bienpagaos y poco dispuestos a meterse en líos. Y, por supuesto, la de muchos patrioteros de golpecitos de pecho y puñetazo en la barra del bar. Aparte de que si Ramos se muere, ya no podrá seguir cobrando el sueldazo que le pagan por dar patadas a un balón en nombre de España. Así está el patio.

Reitero mi solidaridad con estas señoritas y mi deseo de que los brètols que las agredieron sean convenientemente castigados. Aunque no doy por sentado que vaya a ocurrir así, quiero confiar en que, como decía Kant, es gibt noch Ritter in Spanien.

¿Sin Juan Carlos I vivimos mejor?

Por su interés reproducimos este artículo de Jesús Cacho, en plan de revisión general de lo que han sido los «39 años de paz y ciencia» del reinado del anterior Jefe del Estado. Y nos tememos que hay mucho más de lo que dice. Original aquí.

Se cumplen dos años de la abdicación de Juan Carlos I y este querido país llamado España sigue en la estacada. Tal podría ser el resumen de un bienio desaprovechado por mor de muchas cosas, entre ellas y quizá la más importante, de la existencia de una clase política que se aferra a sus posiciones de privilegio como una lapa y que tendría que haberse jubilado al mismo tiempo que el Monarca, porque su tiempo ya ha pasado. Un bienio en el que este querido país llamado España ha desaprovechado el influjo reformador y de cambio, siquiera indirecto, que la llegada al trono de un rey como Felipe VI, aparentemente no contaminado por la corrupción, pudiera haber supuesto en la tarea de abordar esas reformas de fondo que tantos españoles están demandando y que se resumen en la necesidad imperiosa de mejorar radicalmente la calidad de nuestra democracia y acabar con la corrupción. Tiempo perdido.

La de Juan Carlos I fue una monarquía cuasi patrimonial acostumbrada, sobre todo después del 23-F, a hacer su real voluntad por culpa del comportamiento de los sucesivos Gobiernos

Es evidente que la de Juan Carlos I fue una monarquía cuasi patrimonial acostumbrada, sobre todo después del 23-F, a hacer su real voluntad por culpa del comportamiento de los sucesivos Gobiernos y sus Parlamentos, que optaron por rehuir su responsabilidad en el control de las actividades del titular de la Corona, al permitir en la práctica su funcionamiento como un poder autónomo, alejado del control democrático y envuelto en un velo de espesa opacidad. Los sucesivos presidentes del Gobierno –en particular Felipe González y José María Aznar, porque los que vinieron después no eran sino simples piezas de un engranaje que no controlaban- se comportaron como auténticos alcahuetes dispuestos a mirar hacia otro lado, como si los españoles que han venido votando a lo largo de estas décadas a los partidos que representan, los partidos del turno, estuvieran condenados a asistir en silencio a las tropelías del titular de la Corona, agradecidos todos como teníamos que estar por el hecho de que hubiera decidido traicionar un día los Principios Fundamentales del Movimiento que juró defender ante Franco, y eso le otorgara patente de corso para hacer de su capa un sayo.

Uno de los mayores éxitos del juancarlismo, si no el que más, consistió en mantener los escándalos de la Corona encerrados bajo siete llaves, lejos de la opinión pública, gracias a ese pacto no escrito con los medios de comunicación que hasta el accidente de Botswana funcionó como una ley de hierro, según el cual lo que ocurría en la casa real era, y en parte sigue siendo, tema tabú, un asunto del que no había que hablar. La cortina de silencio, con todo, se hubiera rasgado más pronto que tarde de no ser por los efectos anestésicos que el crecimiento económico experimentado por el país en estas décadas surtió sobre el inconsciente colectivo. Al españolito de a pie no le importaba demasiado que el Rey se estuviera enriqueciendo de manera nada ortodoxa siempre y cuando él y los suyos pudieran participar del creciente bienestar colectivo proporcionado por el desarrollo, la sanidad universal, la educación gratuita, el consumo, las vacaciones para todos… Todo se vino abajo con el mencionado accidente de caza (“Lo siento, me he equivocado. No volverá a ocurrir”) junto a lady Corinna, y con la crisis económica que de forma abrupta ha obligado a tantos españolitos que un día se creyeron ricos a echar pie a tierra de una realidad mucho más dura de la que nunca imaginaron.

Una Institución Monárquica muy dañada

Hace dos años, Felipe VI ocupó la cabecera de una Institución Monárquica muy dañada, muy desprestigiada fuera de los ambientes de la derecha tradicional, particularmente entre las generaciones jóvenes, y en medio de una crisis política e institucional de caballo, aderezado todo ello por su correlato de crisis económica, la mayor que España haya conocido en muchas décadas. Siempre hemos sostenido aquí que, situado en el vértice de la pirámide institucional, la responsabilidad de Juan Carlos I en ese Estado de Corrupción en que parece haber devenido nuestro sistema político es inmensa, porque a él competía por encima de todo y de todos el haber sido ejemplo de honradez y probidad no ya en los temas de equilibrio familiar, en los escándalos de faldas, más bien de bragas, que han jalonado su reinado, sino sobre todo en los casos de corrupción que le han convertido en una de la grandes fortunas españolas. Manga el rey, manguemos todos.

En estos últimos dos años, en estos primeros meses de 2016, España y los españoles vivimos nadando asqueados en un mar de corrupción que no parece tener fin

En estos últimos dos años, en estos primeros meses de 2016, España y los españoles vivimos nadando asqueados en un mar de corrupción que no parece tener fin. Es verdad que todos, o casi, son casos viejos, y que la Justicia, mal que bien, parece ir ajustando cuentas con los trapaceros, pero la pura y dura realidad es que la corrupción se ha instalado firmemente entre nosotros, ha echado raíces muy profundas en nuestra sociedad, hasta el punto de que hoy parece muy difícil imaginar una sola operación del sector público donde no se hayan trajinado comisiones, donde no se haya vulnerado la ley, donde el político de turno no se haya enriquecido ilícitamente. Y la corrupción, además de ser una ofensa moral a los millones de españoles capaces de hacer honradamente su trabajo, es un robo al patrimonio colectivo en tanto en cuanto limita el crecimiento económico, resta oportunidades a la libre competencia y esquilma los impuestos que pagamos todos.

En contra de lo que afirmaba algún palanganero disfrazado de predicador de aldea, partidario de que “un rey tenía que morir en la cama” porque lo decía él, aquí nos manifestamos desde la fundación de este diario a favor de la abdicación de Juan Carlos I porque nos parecía decisión lógica y llena de sentido común, conditio sine qua non para, a partir de esa piedra miliar, intentar restañar la moral pública y abordar la recuperación del prestigio perdido de las instituciones. El ciclo político que se inició con la muerte de Franco ha durado casi 43 años y ha venido a morir un mes de junio de 2014 con la abdicación de su principal protagonista. Es obvio que España y los españoles están obligados a intentar diseñar otro nuevo ciclo capaz de transportar en paz y en prosperidad a las nuevas generaciones durante otros 40 años, más o menos hasta el 2050, lo cual significa seguramente abrir la Constitución y, sin la menor duda, arreglar los desperfectos de todo orden que se han ido adhiriendo a las ruedas del sistema, regenerarlo, mejorarlo, limpiarlo de mierda, ennoblecerlo y hacerlo digno de un proyecto capaz de embarcar en su seno a todos los españoles de buena voluntad.

¿Hasta cuándo abusaréis de nuestra paciencia?

Pero esa cuestión no está hoy en el frontispicio de las preocupaciones de nuestra clase política. A poco más de cuatro semanas de unas nuevas elecciones que se adivinan trascendentales, ningún político responde a la pregunta clave de ¿Qué demonios quiere usted hacer con España? ¿Cómo le gustaría a usted que fuera España en el año 2050? ¿Qué decisiones adoptaría usted para hacer de esta España arruinada por una panda de corruptos un país más libre (más liberal), más justo, más respetado, más competitivo, más rico, un país digno de ser vivido, un país del que uno pudiera sentirse razonada, apacible y democráticamente orgulloso? No hay proyecto ninguno de los discursos inanes, en las declaraciones estúpidas, que escuchamos a diario. No hay ideología. No hay deseo de cambio serio alguno. Porque nuestra clase política no quiere cambiar, porque sólo aspira a exprimir las ubres de la vaca hasta que el pobre animal no pueda más, y/o, a lo sumo, a un lampedusiano lavado de fachada que salvaguarde el dorado statu quo.

Mariano Rajoy ya ha anunciado que si es elegido presidente del Gobierno hará exactamente lo mismo que ha venido haciendo desde Noviembre de 2011, es decir, nada o casi nada. Rajoy y este Partido Popular anquilosado, apolillado, podrido, se han convertido en un riesgo serio que amenaza la prosperidad de los españoles; un líder y un partido que tienen como rehenes a 7/8 millones de ciudadanos obligados a votarles asustados ante la atroz alternativa de las ofertas bolivarianas que ven en frente. Y otro tanto ocurre en un PSOE desnortado, que dirige un galán aventurero a quien se le llena la boca reclamando un “cambio” que no significa otra cosa que el viejo “quítate tú para ponerme yo”. Dos años perdidos por culpa de una clase política inane. Dos años con España estancada, sin proyecto de futuro, convertida en un erial donde reina la corrupción y no deja de crecer la amargura y el resentimiento de las oportunidades perdidas. ¿Hasta cuándo seguiréis abusando de nuestra paciencia?