#JoseLuisdeValeroLibertad – ¡Viva la Guardia Civil!


Original aquí.

Sigo el blog de Jose Luis de Valero desde hace varios años. Me parece un blog hecho por una persona inteligente, sarcástica, aguda, valiente y, sobre todo, fiel a sus ideas. Escribe sobre política, sobre ficción, historias reales e historias inventadas que no dejan indiferente a quien las lee por su agudeza, por su ironía y por la inteligencia con que trata cada asunto que relata o que emite en sus publicaciones de vídeo. Pero tiene un gran problema José Luis: pertenece al lado oscuro de lo que en este país se considera políticamente correcto. No es socialista, no es comunista, es valiente y no comulga (como hace la inmensa mayoría) con ruedas de molino.

En una de sus publicaciones, en un vídeo, relató un asunto que le había sido denunciado por un compañero bloguero. Una persona había sido denunciada, y condenada, en un juzgado por gritar: “¡Viva la Guardia Civil!” Cuando fue retenido por la policía autonómica catalana. José Luís, tras recibir esa información publicó este vídeo.

Tras este vídeo, José Luis fue denunciado; y sin tener antecedentes penales deberá ingresar en prisión por un periodo de 135 días. Se ve que en este país feudal los señores jueces son como una especie de casta plenipotenciaria a la que no se puede criticar y contra la que no vale la libertad de expresión.

Por otro lado es curioso que, con toda la que está cayendo en España, una persona como José Luis tenga que ingresar en prisión. He visto en redes sociales a pederastas hacer públicos sus deseos de sexo con niños sin que les pase absolutamente nada. Hemos visto a gente que se ha mofado de víctimas del terrorismo, gente que pide la muerte para policías, gente que insulta a España y a los españoles. Otros que insultan a la policía y Guardia Civil. Tenemos ejemplos más delirantes en los que responsables políticos catalanes están incumpliendo la ley un día sí y otro también sin que les pase nada. Los Pujol reconocen sus aberrantes delitos y ninguno de ellos ingresa en prisión. Pablo Iglesias y sus secuaces dicen auténticas barbaridades todos los días y ahí siguen, tan panchos.

Pero a una persona intachable como José Luis se le va a hacer pasar por prisión por un vídeo como ese. El feudalismo en el que vivimos es tan descarado y vergonzoso que la mayoría de la gente que nos rodea tiene incluso una especie de síndrome de Estocolmo. Nos fríen a impuestos, nos fríen a multas, nos fríen a leyes injustas que siempre cumplimos los mismos. Pero mientras, los que hacen más ruido o tienen más poder se van de rositas de todos sus actos delictivos.

Mi voz no servirá para nada, pero ante injusticias de este tipo me parece una vergüenza permanecer callado. Pido la libertad para José Luis de Valero, no sólo porque su ingreso en prisión es completamente injusto. También pido su libertad porque es la muestra evidente de que en este país siempre pagan los mismos con hechos infinitamente menores que otros. Pido la libertad para José Luis porque, aunque nadie me escuche y nadie me lea, detesto quedarme callado ante estas aberraciones. ¿Que para ti es más cómodo estar calladito? Pues que no te toque nunca. A ver si sólo vamos a mover el culo cuando los problemas nos afecten directamente. Recuerda aquello de «cuando las barbas de tu vecino veas pelar…».

#JoseLuisdeValeroLibertad

Un servidor se une a esta campaña por la libertad de José Luis de Valero. No hace falta añadir ni quitar gran cosa a lo que dice JSobrevive. Acaso decir que su ingreso en prisión por apoyar a alguien condenado por dar vivas a la Guardia Civil se corresponde con la estrategia preconcebida del desprestigio de una de las Instituciones que han hecho que España históricamente (o por lo menos desde 1844) sea lo que es. Todo aquello de lo que los españoles podemos sentirnos orgullosos (y no menos la Benemérita), debe ser desprestigiado, destruido, arrastrado por el fango… con el beneplácito de los que mandan.

Pretende esta medida advertir a los blogueros y opinadores heterodoxos —es decir, no controlados ni pagados por el poder—: «¡Cuidadito con lo que decís, que os puede pasar lo mismo que a ése!». Pero lo que le ha pasado a José Luis no solamente apunta a la advertencia, sino que descubre la doble vara de medir de la progresía, pepera o no, cuando hablamos de la “libertad de expresión”. Uno puede ciscarse en los símbolos españoles, puede incluso iniciar un “procés de desconnexió d’Espanya” y no pasa nada. Y en esto no caben medias tintas: o estás con unos, o estás con otros. Y por denunciar esa connivencia entre ladrones sin honor José Luis va a ir a la cárcel 135 días. Y por poner en evidencia la baja calidad de nuestra democracia en términos comprensibles para el respetable (eso es lo que realmente enferma a quienes quieren a José Luis en prisión).

Por eso y no sólo porque nos pueda pasar a nosotros, tengamos este hashtag en nuestras cuentas:

#JoseLuisdeValeroLibertad

Viernes negro (I)

Dicen que la historia se repite. Marx decía que primero como tragedia y después como farsa. Pero lo que ocurrió ayer en Múnich no tuvo nada de farsa y sí mucho o todo de tragedia. A un servidor de ustedes lo que ocurrió ayer no sólo recuerda a —y coincide con el aniversario de— los asesinatos del loco de Utøya, el tristemente famoso Anders Breivik, sino también del secuestro y asesinato de once atletas israelíes durante las Olimpiadas de 1972, perpetrado por un grupo terrorista (Septiembre negro) vinculado a la OLP… con ayuda logística de grupos neonazis. Y el hecho de que prácticamente no había seguridad en la ciudad olímpica que hubiera detenido a esos criminales.

La novedad es que, a diferencia de esas dos desgracias, hoy hemos podido seguir en directo la tragedia. Quienes disponen de un Smartphone y cuenta en la red social Twitter han podido constatar, minuto a minuto, el baile de datos sobre muertos y heridos, de informaciones verdaderas y falsas, las peticiones de la policía muniquesa de no publicar fotos o vídeos, las primeras declaraciones de algunos políticos y los mensajes de condolencia que empezaban a llegar por parte de algunos Gobiernos.

Las dos preguntas más importantes que uno se hace ante un hecho de esta envergadura son dos: quién y por qué. Por supuesto en los primeros momentos era imposible responder a esta pregunta. Pero en las actitudes de unos y de otros uno ya podía calibrar cuáles eran sus esperanzas:

  1. La izquierda europea esperaba que el asesino fuera de extrema derecha, para poder tildar a sus enemigos ideológicos de «racistas» y de «xenófobos».
  2. Otros, a su vez, esperaban que fuera la extrema izquierda, opinión sostenida por el hecho de que en Berlín y otras ciudades alemanas ha habido alborotos promovidos por personas de esa ideología.
  3. Finalmente, otros nos temíamos lo que ha ocurrido y que la policía alemana se ha empeñado en tapar lo que ha podido: que efectivamente era un atentado islamista perpetrado por un alemán originario de Irán.

A la vista de los fríos datos, la izquierda europea se ha callado. Bueno, algunos descerebrados siguen abriendo la boca y “lamentando que las víctimas del atentado no fueran todas judías”; o entonando el mea culpa por aquello de “nos lo merecemos por ser europeos”; pero sus jefes dicen desmarcarse de ellos. La extrema derecha tampoco dice gran cosa. En cuanto a las autoridades alemanas, se mueven en el territorio de lo políticamente correcto: el perpetrador no es un “islamista” sino un “joven germano-iraní”, cuyo retrato es el de poco menos que una “oveja descarriada”. Y dentro de eso, el histerismo de las órdenes contradictorias.

Puestas así las cosas, tenemos otra certeza: ese niñato no actuó solo. De la misma manera que en los hechos de Niza descubrimos que tras el camionero asesino había toda una estructura de apoyo, aquí sabemos seguro que no fue ese chaval por sí solo como un lobo solitario. Tuvo que tener apoyo de algún tipo, siquiera fuese porque un chaval no puede conseguir así como así una pistola. Y bien, la policía alemana acabó con el chaval a tiros. También sería interesante saber por qué acabaron con él en vez de dispararle a una zona no vital y conservarlo con vida para que nos explicara quién estaba detrás de él y por qué.

¿De verdad somos seres racionales?

Por su interés, recogemos esta entrada acerca de un payaso que ha querido ensuciar la memoria de un torero. Y de tantas personas que han mostrado su inhumanidad y baja estofa insultando y burlándose de la viuda del torero. Tampoco es la línea habitual de nuestro blog, pero desde el momento en que se toca el tema de la pérdida de los buenos modales en las redes sociales, de unas ¿personas? que se manifiestan con una agresividad impropia de su causa —probablemente, si los animales pudieran hablar, preferirían que no los defendieran así—, el asunto es interesante para este blog mío y de ustedes. Los Pacmans es lo que tienen.

Lo lamentable de este asunto es que la gente, como masa, se mueva por los insultos a un torero y a su viuda —legítimamente—, pero a la hora de exigir una mejor calidad educativa, tanto personal como profesional en los profesores, prácticamente nadie levante las posaderas de la silla. Despotricar es fácil, sobre todo en el bar y si corre la cerveza. Proponer opciones constructivas ya es otro cantar.

No pretendo comenzar un debate “Toros sí/Toros no”, con los mismos argumentos viejos, arcaicos, caducos de siempre por ambas partes.

No es la línea habitual de este blog, pero los sucesos acaecidos en la red tras la muerte del torero Víctor Barrio, me han empujado a desahogarme en unas breves líneas.

En primer lugar, mis máximos respetos a la viuda y familia de Víctor, que están pasando los momentos más duros de sus vidas, después de la fatídica cogida que segó la vida del torero sobre la arena de la plaza de toros de Teruel.

Muchos fueron los recuerdos que me vinieron a la mente… desde el primer mensaje que recibo donde me dicen “Alberto, ha muerto Víctor Barrio”, hasta pasar por mi amigo Toñete que andaba disfrutando de las fiestas, o de Alberto García, empresario, apoderado y amigo del torero con el que alguna vez había cruzado alguna conversación.

Sabía que los mensajes agresivos iban a comenzar en breve, que un gran número de gente sin escrúpulos se iba a lanzar al vacío a insultar, menospreciar, hundir, o lo que es peor, ensalzar, alegrar, jalear, celebrar… la muerte de una persona. ¿Pero dónde estamos? ¿Quién somos? ¿Dónde vamos?


¿Qué les sugiere ese mensaje? ¿Te imaginas que mañana, tú que estás leyendo este post mueres, y a tu madre le escriben esto? ¿A tu hermano? ¿A tu esposa? ¿Esto tiene que salir gratis?

Hemos perdido el debate de “Toros Sí/Toros No”. Esto se nos ha ido de las manos. Ya no respetamos las aficiones, ni los compromisos, ni las ideas políticas. El que no piensa como tú, o es un bastardo, o es un hijo de puta. Si no votas el partido que voto yo, no tienes ni puta idea. ¿Y encima te gustan los toros? Eres un asesino, un cabrón… y ojalá te mate un toro en las fiestas de tu pueblo.

Ya disculpará el lenguaje agresivo, pero, esto es así, es la calle, es la realidad.

¿Puede un profesor de educación pública superar esos insultos? ¿Os imagináis que el profesor que enseña a tu hijo Ciencias Naturales piensa eso? ¿Os imagináis que encima celebra la muerte de una persona? ¿Os imagináis que encima… piensa que le gustaría orinar sobre las flores que la triste familia del fallecido colocará sobre su tumba? ¿Os lo podéis imaginar?

Dicho y hecho. No solo lo pensó, sino que lo escribió y lo ratificó, ya que decía ser —o mejor dicho dice ser— un ciudadano muy “educado”. Posiblemente, ese profesor con el que tu hijo no llegó a aprender lo que tú esperabas. O que, al contrario, era encantador en clase. Se definió como un perfecto malnacido de la raza humana al escribir una serie de palabras indignas de alguien con el mínimo raciocinio.

No le deseo nada malo, ni a él ni a su familia. Sólo deseo que se cure, que le den el tratamiento adecuado, pero pagando tras las rejas un buen puñado de días, y mirando a los ojos a Raquel, esa joven sepulvedana que quedó viuda en la tarde del 9 de julio, cuando menos lo esperaba, con toda la vida por delante.

Amigo Vicent Belenguer: yo he sido uno de los muchos que ha firmado en Change.org para que te expulsen automáticamente como miembro del cuerpo docente de la Consejería Valenciana, pero quiero también, tan gallardo y valiente que eres, que te plantes delante de la familia de Víctor, y les digas a la cara lo que piensas, lo que escribes, lo que dices.

A estas alturas, las 22.30 aproximadamente, se acercan a 100.000 las peticiones para que este ¿señor? sea expulsado de su trabajo.


El hombre se viste por los pies. Este Vicente se pensó que la red es un juego, y que aquí todo vale… y eso no es así. Vicente, te han pillado. Y mereces pagar por lo que has hecho, y me consta, que si eres un mínimo inteligente, estarás pasando unos momentos duros. Sin duda, lo mereces.

¿De qué pasta estamos hechos? Éstos han sido sólo dos ejemplos de las innumerables burradas que he leído en la red. Nadie se merece eso: ni un torero, ni un bombero, ni un matarife, ni un carnicero, ni un abogado, ni un futbolista. ¿Qué pasa, que aquí vale todo?

Me sorprende la tranquilidad con la cual he conseguido llevar a cabo este escrito. He hecho bien en esperar 48 horas después de la muerte de Víctor, puesto que si esto lo escribo cuando comencé a leer los primeros comentarios, posiblemente no hubiese podido ser tan cabal y educado.

A todos esos que dicen tantas barbaridades… que se miren al espejo, que se quieran, y que quieran más a sus vecinos. Todo esto, se puede terminar mañana a las 11.36 en la consulta de un médico que te diga: “Es maligno”. Y de nada servirá toda la mierda que has soltado por tu boca.

Descansa en paz, Víctor. Descansa en paz, Torero. Descansa en paz, Persona.

El rostro de la democracia

Ha llegado a mi conocimiento la situación de Dª Coro Cillán. Corre por ahí una foto que describe exactamente cuál es esa situación. Hela aquí:


La foto muestra a una persona anciana y enferma, dado que la foto está tomada en un hospital. La mirada también dice mucho. Es la de la derrota y el cansancio frente a un sistema que la crujió. Pero hay algo que esta foto no dice. Para quienes no sepan o no recuerden quién fue esta señora, les diré que en su tiempo fue una Juez de Instrucción de algún Juzgado de Madrid. Estaba investida de la potestad de “juzgar y hacer ejecutar lo juzgado”, según reza pomposamente el art. 117.3 de la muerta. Y en uso de esa potestad, pretendió reabrir el caso de terrorismo más grave de nuestra democracia, basándose en el hecho incontrovertible de que toda la versión oficial que consta en la sentencia que oficialmente dio carpetazo al caso se cayó. Fue literalmente desmontada por Luis del Pino y otros cuyo meritorio trabajo dio al traste con lo que desde el poder nos querían hacer creer. Aunque ahora, doce años más tarde, a mucha gente le dé igual.

Como en toda fechoría, institucional o privada, desaparecen todos. Desaparece el médico que no supo ver el tumor en el cerebro de un niño. El médico que trata a la madre de éste de “histérica” y le recomienda tomarse unas pastillas de valeriana “para calmarse”. Los médicos que, cuando ya por fin quieren hacer algo, resulta que es “demasiado tarde”. Desaparecen las enfermeras, que odian a la madre porque lo es de familia numerosa (¡descarada, cómo se atreve!) y ellas, naturalmente, no (“otra vez está aquí la coneja”). Y por supuesto, desaparecen los papeles y los demás responsables.

En el caso presente, ni se sabe dónde está el juez instructor Del Olmo, el que permitió y/o no castigó que la Policía contaminara el escenario del crimen y tratara de construir un escenario falso (algo inaudito en unas FCSE “democráticas”). Tampoco sabemos dónde está el juez Gómez Bermúdez, el que perpetró la sentencia del caso y que nos dejó esta críptica perla: «El pueblo español no está preparado para saber la verdad». Todo muy correcto. Como aquellos correctísimos juicios nacionalsocialistas, en los que el Tribunal miraba de reojo a un personaje, sentado habitualmente en la última fila de la sala. Un esbirro de la Gestapo, con grado de Kriminalrat, que daba el visto bueno a la sentencia.

Lo que, con la perspectiva de los años, nos da la medida de la opinión que el poder tenía y tiene de nosotros. Y los policías y demás funcionarios y políticos que colaboraron en el crimen. Y los pedorros y pedorras que se burlaban de los que pedíamos —aunque fuera por un deber moral— explicaciones, los que queríamos saber la verdad (o “berdad”, como rebuznaba alguno de ellos). ¿Dónde está hoy toda esa gente?

Sin embargo, sí sabemos lo que le ha ocurrido a esta señora. Y aunque sea ponernos un poco en plan Gila, vale la pena recordar. Nada más saberse que iba a reabrir ese caso, Coro Cillán recibió amenazas de alguien. Como pasó por alto esas amenazas, alguien perpetró un conato de incendio en su vivienda habitual. Como tampoco eso hizo efecto —aunque es para pensárselo, ciertamente—, optaron por la vía más retorcida: la trataron de “loca” en su ámbito profesional, le buscaron las vueltas en antiguos casos que ella decidió —sin sacar nada en claro, salvo para la hinchada de los partidos— y acabaron expulsándola a lo bruto de la carrera judicial. Alguien decidió que «entre nosotros, los jueces, no caben los héroes». A sensu contrario, ese alguien dictamina que sólo caben los lameculos. El juez o magistrado que quiera progresar en la carrera ya sabe lo que tiene que hacer cuando le toque un caso político.

Y como había que hacer un escarmiento, por si quedaba alguien duro de oído, a Coro Cillán la han dejado en la indigencia. Presumo, por tanto, que le habrán dejado una pensión miserable. No sin pensión, porque eso sí sería manifiestamente denunciable al haber cotizado ella los años correspondientes; pero sí en unas condiciones que distan de constituir un retiro honorable. Recuerda al caso de aquellos castigos consistentes en limpiar una letrina con un cepillo de dientes y un vaso. Convertirse uno en el grano en el culo de alguien es lo que tiene. Coro Cillán creyó que buscar la verdad la protegería; y Coro Cillán fue apartada de su camino de una patada.

Y ahora, señoras y señores palmeros —algunos de ellos con carnet de ¿periodista?— y hooligans de partido que berrean en las redes sociales, sigan hablando. Hablen de la sacrosanta (nada santa, en realidad) Transición. Hablen de los cuarenta años de paz y ciencia que nos dejó Campechano I, en los que se fue formando la tela de araña que hoy pesa como una losa sobre la Nación española. Hablen de todas esas gilipolleces. Y de la “imparcialidad, inamovilidad, independencia y sometimiento a la ley” de los jueces. Eso les va a dar muchos puntos: los mismos que a San Antonio de Padua predicar a los peces. Sepulten la verdad bajo toneladas de “material no combustible”, que hubiera dicho Ray Bradbury. Sigan bostezando ante el coñazo que es que las víctimas del terrorismo se manifiesten. «¿Para qué lo hacen si no van a sacar nada?».

Cambiamos la dictadura de un solo hombre por la de los partidos. Y estamos pagando las consecuencias: una democracia de mierda. Suave en las formas mientras uno “no se pase de ciertos límites”. Pero totalitaria cuando uno trata de mirar de frente al horror y de sacar a la luz las bastardas “razones de Estado” (de Partido o incluso personales, en realidad) que informan determinadas actuaciones de quienes controlan esa maquinaria.

En España tener razón nunca valió una mierda frente al poder. Shostakovich en la política. «¡Circo, más circo!». Vergüenza.

Reflexiones de urgencia sobre el Brexit (II)

Continuamos la relación. Las cosas siguen de color hormiga y en Inglaterra la cosa se ha animado. Siquiera sea porque el fúrbo, ese deporte «que inventaron ellos y que gana siempre Alemania» (con permiso del mejor Del Bosque y sus boys, hoy en horas bajas) se ha terminado este año para ellos por culpa del buen hacer de un dentista islandés a tiempo parcial.

Pero ahora es cuando la cosa se pone fea de verdad. Tras el referéndum en que sale el Brexit, los británicos se han dado cuenta de dos cosas: primera, que Nigel Farage y el resto de outers les engañaron vilmente. Y segunda, que la abstención juvenil fue decisiva para que saliese la opción out. Bruselas, apoyándose en el descontento por las habituales posiciones británicas en asuntos variados y cansada de que Londres pretenda una situación de privilegio respecto de los demás socios (en Londres no quieren enterarse de que la UE no es el Consejo de Seguridad de la ONU), ha dicho: «A enemigo que huye, puente de plata».

En esto, los británicos en conjunto se han dado cuenta del error que supone la salida de la UE. Prácticamente nada más saberse que se iban a iniciar las negociaciones para la escisión, en Gran Bretaña se inició una campaña de recogida de firmas para promover un segundo referéndum. Curiosamente, en Bruselas no quieren ni oír hablar de eso. Se agarran a que es un lío interno y que ellos no se van a meter. Y en verdad que hay lío, porque lo único cierto es que Cameron se ha ido. Lo demás está en discusión: los partidos tradicionales (tories o conservadores y whigs o laboristas) se han partido por la mitad y llueven las puñaladas. La primera víctima ha sido Boris Johnson, traicionado por su ex-amigo del alma —¿existe eso en política?– Michael Gove. No se descarta que hasta después del verano, en que habrá que elegir el sucesor de veras, haya más víctimas políticas.

Perjudicados todos

Así las cosas, resulta que el Brexit no beneficia a nadie. Perjudica, como dejábamos claro en el anterior post, a los jóvenes ingleses que quieren trabajar o estudiar en Europa, así como a los extranjeros que quisieran hacerlo en el Reino Unido. Pero a un nivel más general nos perjudica a todos. Resulta también que, después de Alemania, el Reino Unido es el mayor contribuyente a las arcas de la UE. Eso significa que debemos preguntarnos en cuánto se incrementaría la necesaria contribución a esas arcas si el Brexit se verifica. Otro tanto se diga de las relaciones comerciales entre Gran Bretaña y la UE. Tan es así que, en caso de verificarse el Brexit ya hay varias ciudades que optan a ser arrendadoras de la City londinense. Entre ellas y con serias opciones, Frankfurt. Hay otras, como Madrid; pero pensar que la sede de la Bolsa europea va a establecerse en una ciudad gobernada por una comunista trasnochada y su alegre grupito es ser del género tonto.

No obstante, hay que señalar que la más perjudicada por la trifulca política ha sido Jo Cox, que ha pagado con su vida la defensa del Bremain. No tiene buena pinta porque, a pesar de que los medios se esfuerzan en señalar al asesino como un demente y poco más, apunta a otra cosa en mi opinión. Es de esa clase de hechos cuya producción busca provocar un determinado efecto en la opinión pública. La historia reciente nos muestra ejemplos: así, por ejemplo, el incendio del Reichstag en febrero de 1933, que propició el putsch definitivo de Hitler para la consecución del poder absoluto. O, más cercanamente, el 11-M nuestro, que propició el cambio de Gobierno con unas encuestas que cantaban la victoria de Mariano Rajoy, además de sus dañinos efectos secundarios.

¿Por qué irse/quedarse?

Bueno, quedarse tiene inconvenientes varios. El primero de todos es que nadie con mando en plaza se ha atrevido a definir qué significa «ser europeo» más allá de las habituales definiciones mercantilistas. La primera vez que se intentó (2004), bajo la égida del masón Giscard d’Estaing, resultó una identidad europea tan inodora, incolora e insípida que nadie la votó y el texto prácticamente nació muerto. Se atrevió a ignorar o a borrar de un plumazo todo aquello que hace que los europeos seamos como somos: la filosofía griega, el derecho romano y, sobre todo, la religión cristiana en sus variadas formas (católica, ortodoxa, protestante…). Esto no invita a quedarse, desde luego.

Después, el famoso déficit democrático en la UE. Eurócratas que no escuchan, que trazan planes y planes en sus despachos sin conexión con la realidad y luego se topan con el rechazo de los destinatarios de los mismos. Y sobre todo, burocracia, burocracia y burocracia. El poder no está exactamente en el Parlamento Europeo, a pesar de las reformas que se han llevado a cabo para darle mayor poder. Sigue estando en la Comisión, cuyos miembros son nombrados por los Estados y por tanto, a cuyos intereses sirven.

Y tercero, una causa dinámica, que ha salido a la palestra poniendo en evidencia las dos anteriores: la crisis de los refugiados. Pone en evidencia que no existen unas Fuerzas Armadas europeas y una policía europea. Los Estados son muy celosos de su territorio… y de sus cloacas. Todo esto sale a la palestra cuando Bruselas dice alegremente que «cada país se ocupará de defender sus fronteras marítimas». Ya no sólo para que no entren inmigrantes de forma ilegal, sino para que entre ellos no se cuelen los terroristas islámicos. Después de los acontecimientos de Dover, Calais, Zaventem… queda clara esa debilidad de la Unión Europea como superestado. O superestado masónico, como algunos pretenden.

Y sin embargo, la forma de que este panorama cambie no es pegar el portazo y decir: «Hala, que os den». De entrada, porque eso ha creado problemas en la propia Inglaterra. Menos mal que a Nicola Sturgeon le han dado con la puerta en las narices; de otro modo, Escocia podría haber negociado de gratis su entrada-permanencia en la UE. Y con el efecto rebote de que aquí el senyor Puigdecony y su troupe de carísimos cómicos de la legua se sentirían reivindicados. La forma de cambiar las cosas es desde dentro, con todos los inconvenientes que eso pueda conllevar. Lo demás son rabietas de niño malcriado al que se le ha tenido demasiada paciencia y se le ha consentido demasiado.

Resaca electoral (e IV)

Dejo lo mejor para el final: el fracaso de Podemos. Al final sus resultados se han parecido a esto:


Lo más llamativo, con todo, no son los resultados. Han mejorado en dos escaños, lo cual contrasta con las reacciones excesivas que han provocado. Lo cierto es que deberían estar contentos. La confluencia con IU (comunistas línea Moscú) no ha dado todos los buenos resultados que ellos esperaban. Uno supone que esperarían dar el sorpasso (odio esa palabra cuando podemos decir «adelantar») al PSOE y… bueno, se han quedado en 71 escaños. Por eso, a pesar de haber aumentado en dos escaños, la noche electoral y el día siguiente traían una cara de funeral. O más bien, como se ha dicho, de tortasso.

Naturalmente, autocrítica cero. «El fracaso no se debe negar, claro… pero no se debe a que no hubo real confluencia entre IU y Podemos». Se debe a que Pablemos no se arregló esa mañana la perilla. Ajá. Tampoco habrán tenido que ver sus “problemas de financiación” (a otro Montoro le hubiera crujido; pero Pablemos es Pablemos. Viva la igualdad de trato fiscal), que han causado una requisitoria del Parlamento venezolano para dar explicaciones. Por supuesto, Pablemos dará explicaciones en Caracas… cuando le vaya bien.

Ni tampoco habrá tenido que ver que en unos cuantos sitios ya los conocen, como rezaba el chiste que contaban años ha sobre Pepiño, blindado ahora en Bruselas. Los conocen y mucho en Madrid, en Barcelona, en Zaragoza, en Cádiz y en todos aquellos sitios en que gobiernan gracias a que la pesoe les puso en la mano la vara de mando. Es que ustedes a un español le tocan las gambas y la servesita, y el cabreo es monumental. Todo lo que no es perceptible de inmediato para Juan Español se puede tocar o se puede no arreglar. Hasta los impuestos indirectos o la impresión general de la Justicia. Total, que los podemitas en los Ayuntamientos no habrán gobernado mucho —mayormente porque no saben—; pero cabrear al respetable sí lo han hecho, y mucho. Ya se trate de los cambios en el callejero, los morreos blasfemos entre advocaciones marianas o la interactuación entre los vecinos de Gràcia y los okupas vikingos, la especialidad de los alcaldes podemitas ha sido montar el número para que los ciudadanos no les controlaran mientras afrontaban el caos.

A su vez, la no consecución de los objetivos ha provocado que salgan a relucir los cuchillos largos. Hasta tal punto, que el argentino Echenique ha hablado como si la sede del Ministerio del Amor fuera la Lubianka. Hasta aquí nada anormal. Las purgas son el pan nuestro de cada día en la izquierda y raro es el partido de esa orientación que no lleva a cabo al menos una al año. Hasta han acudido al socorrido expediente del pucherazo, que es la versión antigua-moderna de la «conspiración contra el Partido» o del «vendaval antidemocrático», un clásico de Alfonso Guerra. Probablemente VOX tuviera más motivos para sospechar de un pucherazo. Pero claro: como VOX no ha salido, nadie le echa cuenta.

Lo más sorprendente de todo, no obstante, ha sido la catarata de insultos que desde Podemos se ha lanzado a quienes no les han votado. No se sabe si serán bots o personas; pero lo cierto es que para los ancianos poco menos que han pedido una Endesolution. Procedimiento que, como es sabido, no es una originalidad nazi, sino comunista. Matar de hambre a pueblos enteros, o deportarlos a la Siberia central es un invento típico de la época estalinista. Hay que eliminarlos, porque son muchos «y votan al PP». Bajo la falsa pátina del «leninismo amable» sigue estando el comunismo de toda la vida. Evidentemente en ese grupo no están ni Julito el Rojo (un jóveno  de 68, que no del 68: más años que el mono Amedio) ni Rosa María Artal, la nueva Rosa de España (otra jóvena con 66 tacos). «Somos el cambio y el progreso. ¿Cómo habéis tenido la cara de no votarnos?». Las alusiones a la ética de Julio Rodríguez todavía son más chuscas.

La conclusión de toda esta larguísima diatriba queda clara: nos hemos librado del peligro rojo a ritmo sabrosón —del ritmo sabrosón no, porque el PP ha sacado una versión merengue de su himno—. Pero eso no significa que hayamos mejorado. Seguimos igual y probablemente continuaremos con la IV Legislatura de ZP. La economía mejorará o no; pero la ingeniería social sigue adelante. Algún día alguien le dirá que están interrelacionadas: el país que más tira adelante es aquél al que le han enseñado a creer en sí mismo y no al contrario. Todo dependerá de las instrucciones que Mariano reciba; pues, como él mismo dijo y aquí hemos puesto de relieve, «esh un mandao».

Resaca electoral (III)

Nos queda hablar de los otros tres partidos, así que vamos a ello.

Del PSOE poco se puede decir. Hicieron una campaña lamentable al repetir el mantra de «¡Vamos a ganar a la derecha!», con sus variaciones «PP» o «Mariano Rajoy» o «recortes». Como si se tratara del entrenador de un equipo de fúrbo de Tercera preferente. Dice una de las reglas de propaganda atribuidas a Goebbels que «uno tiene que adaptar su mensaje de forma que hasta el más tonto del lugar lo entienda». Podríamos añadir: «Y sin que los menos tontos se sientan tratados como tales tontos». Pero cuando lo que importa no es la ideología —caídas todas— sino la marca o el logo —algo fomentado por nuestra cultura audiovisual—, da lo mismo lo que uno diga. Da lo mismo incluso la realidad (hasta los suecos se han bajado del tren sociademócrata… y hace años de eso). Los becerros militantes aceptarán cualquier cosa siempre que quien lo diga lleve la marca.

El otro problema de fondo del PSOE es que tiene que decidir qué quiere ser de mayor. No puede decir que quiere gobernar en España cuando en la región catalana se echa en brazos del prusés y en la valenciana y la balear se echa en brazos de unos tíos que han abrazado la causa de los Països Catalans. Un partido que dice querer gobernar en España pero que hace en Andalucía que los andaluces soporten tres Administraciones (la oficial y dos paralelas). Un servidor de ustedes se huele que con Pdr Snchz el PSOE no llegará jamás a la pubertad. Máxime si, según el mantra que repiten todos, se deja trabajar a la Justicia: se quedarían en cuadro. Aparte, Pdr Snchz, tan capaz de dar un mandoblazo en Madrid a Tomás Gómez, es incapaz de hacer lo propio con Miquel Iceta. ¿Serán los efectos de la kriptonita? De sus pactos con Podemos ya dijimos que tienen su origen en la cena en casa de Bono, con éste, ZP, Pablemos y Errejón de comensales.

Respecto de C’s, yo diría que a la vista de los resultados son los “perdedores”: han pasado de 40 a 32 escaños. Y lo más curioso es que los han perdido en Cataluña, de donde proceden. No creo que haya sido un asunto de bisoñez política. Empecemos porque la transformación en Superguerrers de l’Espai (explicación del paso de la política regional a la nacional con conceptos Bola de Drac para productos LOGSE-LEC) no salió demasiado bien. El que pretendía ser Super-Saiyan se ha quemado un poco. En Dolça Catalunya dan un buen grapat de raons por las cuales se la han pegado. Yo destacaría una por encima de las demás: según parece, ahora que son un partido nacional, la lucha contra la inmersión lingüística ha pasado a un segundo plano, mientras que lo importante ha pasado a ser “promocionar en Madrit“. Al catalán no nacionalista no le ha gustado el viraje y se lo ha pagado convenientemente.

Luego está la propia política de C’s. Nos seguimos preguntado qué hace Juanillo Marín apoyando al régimen autonómico más corrupto de toda la democracia con permiso de los Pujoles. En segundo lugar, ponen la condición de que para pactar con el PP se tienen que ir Mariano y su grupo. Han olvidado en C’s que las renovaciones, purgas y demás tienen lugar cuando los partidos pierden el poder o cuando no lo alcanzan; no cuando unas elecciones, a pesar de seguir dejándoles en minoría, hacen que mejoren sus resultados. Otra cosa es que uno pueda vender que «gana porque los hotros son peores». En tercer lugar, el “pacto” con el PSOE, ese pacto de los ¿70 puntos? Un monumento a la inanidad que seguro que a C’s le habrá costado unos cuantos votos también.

Resaca electoral (II)

Tal y como les prometí, sigue la continuación con unas gotas de análisis acerca de lo ocurrido el pasado 26 de junio.

Como ya les comenté en otra ocasión, ahora estamos en la fase que los pedantes furboleros llaman el tercer tiempo. Más exactamente diríamos la de los pactos; la de «tú me das esto y yo a cambio no te voy a tocar las narices en esto otro». Poco que ver con la «fiesta de la democracia» y mucho que ver con el chalaneo las negociaciones entre tratantes de ganado. Pero vamos por partes, que diría Jack el Destripador.

Lo primero de todo, reconocer que el PP ha aumentado sus sufragios respecto de diciembre pasado. La estrategia del “yo me siento con una bolsa de palomitas a ver cómo los demás se dan de mamporros” ha funcionado. Y la verdad es que los demás han dado un espectáculo lamentable. Eso no quita que, de algún modo, el PP también haya participado: pero no para poner paz entre ellos, sino para atizar a C’s, que es el único socio con el que podría gobernar de haber sacado más votos/escaños.

Si tuviera que enunciar una hipótesis, diría que los cálculos de Mariano fueron éstos: «A Podemos no hace falta ayudarlo, porque se cava la tumba solito; más aún si le ayuda la endeudadísma IU. El PSOE, con el carajal interno que tiene montado, no es enemigo y en última instancia ya nos conocemos. Por tanto, el enemigo a batir es C’s, que quita votos al PSOE por la parte moderada y a nosotros por la parte española».

En mi opinión, no es la «estrategia del miedo» lo que ha funcionado. Hay un grupo importante de españolitos que creen que «la cosa no tiene remedio» y que, mal por mal, prefieren un partido que «les siga dejando despotricar». La culpa de «todo» la tiene siempre el Gobierno y valeyá. Queremos poder seguir echándole la culpa al Gobierno, al boogie, a Del Bosque (al menos nos eliminó una selección con un palmarés, no como a Inglaterra)… Queremos… «¡Coño! ¡Manolo, pon otra de gambas y una servesita y deja de joder con la política!» En resumen: queremos nuestro derecho a “otra de gambas”. Derecho que no está garantizado con ninguno de los otros: PSOE-Andalucía, Podemos-Venezuela… ¿Y C’s? Lo dicen en Valencia: «Català i home de bé, no pot ser». Para ellos la prueba es el mismísimo alcalde de Valencia, valencià de Terrassa.

Triunfa el mal menor, pues. Por citar un asunto, citemos éste. A muchos españolitos que han votado a Mariano en realidad no les importa que la immersió lingüística (junto con el correspondiente adoctrinamiento) avance como un sarampión en Valencia (antes PP), Baleares (antes PP), Galicia (actualmente PP), Asturias y está bien establecido, con el beneplácito del PP de Madrit en Vascongadas y Cataluña. Algunos están enredando para que en Aragón el catalán sea también cooficial. Y no cabe olvidar que en Andalucía ya se propuso que el árabe fuera cooficial. Sólo falta que al sarao se unan los extremeños imponiendo el castúo en las dos provincias. ¿El problema? “A mí no me afecta personalmente“. Y para el resto, el PP, como er Beti. Haga bien o haga mal, Beti p’alante. El derecho a «otra de gambas» ha quedado plenamente asegurado. Lo que se va a discutir ahora son las condiciones.