QUERIDA EXPLOTACIÓN LABORAL: TE DEJO, NO CUENTES YA CONMIGO.

De cómo un sistema médico corrupto y unos señoritos Cortijeros de bata blanca pueden hacer que uno renuncie a una vocación que persiguió con empeño y perseverancia, sólo porque los sindicatos médicos únicamente defienden sus prebendas y uno se vez indefenso ante esos señoritos…

MEDICOACUADROS

Estoy en la calle.

He renunciado a mi contrato de guardias.

He renunciado a la explotación laboral  sangrante y despiadada.

He renunciado a la esclavitud de un sistema sanitario absurdo que trata a sus profesionales como basura.

He renunciado al pisoteo de un jefe que, como tantos otros en la medicina española, maneja su servicio como si fuera su cortijo. Un jefe que no lidera,  tiraniza.

He renunciado a trabajar en un sistema con médicos de primera que viven a costa de médicos de segunda.

He renunciado a turnos de 24h sin derecho a descanso durante el turno, que ponen en peligro mi salud y sobre todo, la seguridad de mis pacientes.

He renunciado a la inseguridad laboral.

He renunciado a trabajar con excelentes profesionales que, como tantos y tantos miles en el SNS,  han ido olvidando lo que fue su orgullo personal y profesional y lo que fue su…

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Políticos pragmáticos

Ha escrito hoy un artículo Isabel San Sebastián acerca del pragmatismo en política. Y me ha dejado con una sensación indefinible, sin saber muy bien a qué carta quedarme. No sé muy bien si prefiere al político pragmático o al idealista. Lo que sí tengo claras son dos cosas: una, necesitamos a alguien que una en su persona la proporción justa de idealismo y de pragmatismo; dos, que ninguno de los cuatro grandes que aparecenen los papeles parece poseer esa combinación.

Un segundo problema es que en España las personas que han mostrado esa combinación que les menciono hace mucho que crían malvas, o bien no es políticamente correcto mencionarlas. Por el contrario, lo que tenemos hoy pasa por lo bastante mediocre y corresponde a versiones tronadas del pragmatismo y/o del idealismo. Tenemos por un lado al político tan «pragmático» que no cuestiona el sistema, que se adapta a él y que, cuando le preguntan, deja apenas entrever que la corrupción forma parte del mismo. La condena enérgicamente en los demás partidos y se resigna sin más a que exista en el suyo. Naturalmente, sus opiniones varían al mismo compás que las del jefe. Y tiene como lema «lo que es bueno para el Partido, es bueno para mi», que suena mucho a Die Partei hat immer recht.

El político idealista español tampoco es mejor, sobre todo porque donde abunda es en la izquierda. El problema está, naturalmente, en la idea que tienen de España. Quieren una España más deconstruida que una tortilla de patatas de El Bulli. Y quieren imponer esa idea tanto si a los demás nos gusta como si no, sin conexión con la realidad. No les importa que a los demás nos guste estar orgullosos de nuestra historia, nuestras costumbres (y, donde corresponda, nuestra religión católica). Quieren convertirnos en bueyes y aceleran el proceso dejando entrar a personas extrañas e incluso contrarias a nuestra cultura. También éstos dicen Die Partei hat immer recht, aún más que los otros.

Así que no me quedo con ninguno, francamente. Son malos tiempos para la lírica, pero también para la política consciente de lo que nos jugamos todos en cada decisión. Mientras los grajos rebuznan y los burros aúllan, lo que nos queda a los demás parece ser rezar para que el patrón de las Españas nos haga pasar este período a pie lo más enjuto posible.

¡Quiá!

Los calores estivales es lo que tienen. Ralentizan la actividad de tal manera que hasta moverse un milímetro es un gran avance. Y da muchísima pereza hablar de tantas y tantas cosas que están sucediendo, aunque sólo se trate de milímetros. Del culebrón nacional, como imaginarán, me da pereza hablar. Los que mejor están en esta situación de «en funciones» son los tertulianos —siempre— y los diputados electos hasta tanto no haya un Gobierno listo para funcionar. Mientras tanto, es una bicoca: como no hay Gobierno en pleno funcionamiento, no tienen que votar proyectos de Ley (la iniciativa legislativa, hoy por hoy, la ejerce generosa y únicamente el Gobierno) y, por tanto, se pueden tirar a la bartola (o al bartolo, si son gays) cobrando el sueldo base íntegro. Si no lo cobraran o cobraran sólo el 50% España tendría ya hace días un Gobierno. Pero quiá: en España el verano es la época en que se cometen las fechorías políticas (en invierno también, pero menos). Y así nos va.

Dentro de todos los grupos interesados en la situación política hay uno que me provoca especial pena y conmiseración: el de los palmeros (simpatizantes) y trolls (militantes) de partido. Siempre a las órdenes de alguien que les dice lo que tienen que vomitar (literalmente, en algunos casos) en las redes sociales. Y cuando no están a las órdenes, actúan como si ellos llevaran la marca, comiéndose entera la caja de galletas del partido correspondiente y tratando con desprecio y como traidores a quienes tenemos la desgracia de pensar distinto. Algunos confunden “su” partido con un equipo de fúrbo y lo “defienden” con la misma furia de un hooligan. Otros dan aún más pena por cuanto usan carnet periodístico, lo que en principio les obligaría a pensar por cuenta propia; pero nuevamente, quiá. Y a los jefes de la tribu (el Partido) les encanta, porque no piden otra cosa que devoción. En esto ha devenido lo que denunciaba Lolo Rico en su muy recomendable libro TV, fábrica de mentiras: la tribalización de la infancia.

Dentro de ese grupo, los más tristes son los del PP: primero, machacando el falso mantra “el PP ha ganado las elecciones”; luego, machacando “lo irresponsable que es C’s” (por no plegarse a los deseos de Mariano de que se le regale la legislatura); y ahora, teniendo que borrar todo lo que dijeron porque “parece que entran por el aro”. Todo un ejemplo de “domesticación de la opinión pública (o publicada)”. Los de Podemos también lo son: pero con las cataratas de insultos que echan a quienes no piensan como ellos (véase la campañita de “las 13 rosas” en Twitter), demuestran sobradamente que además de carencia de argumentos, carecen de vida propia y de “mundo interior”.

Llevamos con este culebrón más de 200 días. Y lo que más me fastidia es que el tiempo se nos escapa entre fintas cortesanas, agotamiento de mecanismos y demás «complots dentro de complots dentro de complots», que podría haber dicho Frank Herbert. Y pasándose la pelota unos a otros: «¡La culpa es de Fulano, que no deja formar gobierno!». «¡La culpa es de Mengano, que pone unas condiciones imposibles!». «¡La culpa es de… quien sea!». Tal y como dijo Otto Ludwig Piffl, «la situación es desesperada, pero no grave». En cuanto a los demás, lo único que se me ocurre decir es, como mucha gente: «Egal was es war. Ich war das nicht!». Los problemas siguen ahí, pero la casta —de la que ya son miembros de pleno derecho los nuevos— sigue jugando al voleibol. Seguro que a alguien, tras las bambalinas, le divierte mucho.