Anti-Trump (it sucks…)

Ya decíamos en su momento que era incomprensible todo el desarrollo del proceso electoral useño. No entendemos esas manifestaciones anti-Trump, ni los disturbios anti-Trump. Siempre habíamos puesto a los USA como ejemplo de democracia madura y bien asentada, capaz de aceptar sin chistar los resultados de unas elecciones en buena lid; y sin embargo, bien parece hoy que han vuelto a la edad infantil.

Supongo que habrá sesudos analistas que expondrán circunstanciadamente sus razones. En cuanto a mí, que no me considero en absoluto un sesudo analista, ni intelectual orgánico ni nada parecido, expondré algo que a lo mejor ustedes no han leído en estos últimos tiempos en todas partes, pero que puede darnos alguna clave de por qué pasa lo que pasa.

Primera afirmación: Obama fue un socialista europeo. Es decir, importó a la política useña los modos y modales que imperan a su otro lado del charco —es decir, el nuestro—. En consecuencia, se ha dedicado a subvencionar todo lo subvencionable. El Obamacare es un reflejo de los sistemas de Seguridad Social vigentes en Europa, pero sin ninguna tradición en the States. La idea no es que el Estado te ayude, sino que tú seas capaz de manejarte por ti mismo. Para el tradicional individualismo useño, el Estado te proporciona una muleta y luego te obliga a amar la muleta, por lo cual lo han rechazado siempre. Un servidor de ustedes siempre dijo que, en este aspecto, Obama era el doble negro de ZP; pero ahora se van enterando.

Segunda afirmación: entre esos modos y maneras importados de Europa está la famosa superioridad moral de la izquierda. No hay más que ver a los peliculeros de Jolibús, con la sonada excepción de Clint Eastwood, agitarse como groupies por el candidato demócrata de turno. Que es la réplica de lo que en las Batuecas hicieron algunos rascavoltios y cómicos de la legua con la zeja. Y todos, a ambos lados del charco, están convencidos de que su opción es la buena y no hay ninguna otra. Menos aún la de los hotros. Todo eso queda para la galería. En el fondo sabemos que en todos los sistemas hay vasos comunicantes entre las formaciones políticas que detentan el poder y el resto es propaganda para el populacho —así les consideran ellos, aunque no se lo digan—.

El caso es que, elegido Trump, una parte del pueblo useño no se comportó con la madurez y disciplina que se espera de una democracia asentada. Vieron que peligraban sus subvenciones y fondos. Y al final, todo se resume en eso: defender el cacho de pan y la clientela fácil que pende de la subvención (otra novedad importada de Europa, o más concretamente, de España). De ahí las asonadas, los disturbios y las manifestaciones. No muy diferentes a las que se produjeron en Francia tras la elección de Sarko —¿casualidad que se produjeran contra otro conservador?—.

Pero lo que ya me da la risa es esa Women’s March. A esa marcha se apuntaron todos (y todas y todes) los progres. Incluso dos de ellas —Madonna y Scarlett Johansson— se despacharon a gusto. Sin embargo, nos hemos enterado de que una de sus organizadoras, Linda Sarsour, profesa la religión islámica, que, como es sabido, tiene un largo historial de defensa de los derechos de la mujer. Dejemos aparte otros rumores que corren sobre esa señora…


Otra que también me da la risa. Trump dijo en campaña que iba a construir un muro entre México y los USA, y que lo iban a costear los mexicanos. Eso sentó muy mal en el DF, y de hecho Peña Nieto ya salió en la televisión afirmando que no iban a pagar un centavo de ese muro. Toda la prensa useña e internacional se echó contra Trump: «Hay que ver… este tío es un fascista… etc etc» (como si los hotros no supieran nada de muros). Bueno, ¿dónde estaban esos que truenan contra Trump cuando Bill Clinton hacía lo mismo? Y lo que tampoco cuentan: que México ya ha ordenado levantar su propio muro frente a Guatemala. Esto los progres no lo cuentan porque «no saben/no contestan» (traducción: «es propaganda perjudicial para la empresa»).

Sea como sea, la rabieta de los perdedores es monumental y no se han cortado un pelo en demostrarlo. Nada de «aceptación tranquila de resultados» ni leches. Nueva prueba de que Hillary era (más) candidata del establishment que Trump: lo único que ha hecho hasta ahora la prensa mundial ha sido demonizar sin matices a Trump, sin hablar de lo que Hillary pretendía. Algo así como un «Estos son mis poderes, Donald. Te vas a enterar». Por supuesto, todas las organizaciones y personas a las que Obama regó generosamente están ahora como perros rabiosos porque se les acaba la manduca. Y todo así. Quizá hayamos entrado calendariamente en el siglo XXI… pero en muchos otros aspectos seguimos en el XX.