¿Un “nuevo” PP? (II)

Siguiendo el hilo de la entrada anterior, en la que hablábamos de los enemigos internos de Casado (por ende, también del Partido), hoy toca hablar de los enemigos externos. La izquierda toda, la que se pretende fetén, la pragmática y la mediopensionista, han salido en tromba para criticar al flamante nuevo presidente de ese partido. Le acusan de «anticuado», de «vuelve la derecha» (ni que fuera un anuncio de colonia) y todas esas gilipolleces que suelta la izquierda cuando percibe que ha de enfrentarse a un enemigo que, al parecer, está dispuesto a presentar batalla en vez de someterse mansamente a sus dictados.

Pero vamos por partes: ¿Casado es «anticuado»? Cuando uno piensa que el ideario socialista es del siglo XIX y el comunista de primeros del XX, ¿cómo se atreven a llamar «anticuado» a Casado? Ya dejamos aparte los millones de muertos del comunismo y el fracaso en el reparto general (el censitario ha sido un éxito para los bolsillos de algunos) de la riqueza de la socialdemocracia pálida, que es lo que hemos tenido aquí. Más vale que se calle la Vicepixi , anteriormente menestra de Al-Kurturah (en ambos cargos está rayando a gran altura en cuanto a nivel de estupidez).

Segundo, Casado dice querer proteger la vida, la familia, la religión y la libertad. Así pareció anunciarlo en alguno de sus discursos. Si de verdad eso es lo que quiere hacer, tarea le mando. Debería derogar cuando menos la mitad del corpus legislativo zapaterista:

a) empezando por derogar la ley del aborto, hoy sin plazos. ¿Quizá tendría que recuperar a los diputados represaliados por Rajoy al no aceptar los cambios cosméticos de Gallardón de la ley de 2010? Y en su caso, favoreciendo la posibilidad de la adopción dentro de nuestras fronteras. Sólo unos pocos tienen la pasta necesaria para alimentar ese negocio redondo que son las adopciones internacionales.

b) debería derogar la del matrimonio homosexual y establecer un tratamiento fiscal favorable a la familia tradicional. Si se quiere proteger y promocionar la familia (como estructura básica de la sociedad y del Estado), habrá que dar facilidades, ¿no? Con otra particularidad: que la estructura familiar lleva funcionando desde hace siglos y que todos los demás experimentos han fracasado.

c) debería dejar de atacar la enseñanza de la religión en los colegios concertados. En los públicos, como son de todos, hay que andar con más cuidado. Pero a los concertados habría que dejarlos en paz, pues eso es lo que establece el art. 27 CE, artículo que les fastidia mucho con jota a los totalitarios de la izquierda y a los hermanucos. Lo mismo se diga del adoctrinamiento: tanto LGTBI en las escuelas, como «de género» en los temarios de oposiciones.

d) Y sobre todo, debería promulgar una bajada general de impuestos, forzando a las CC.AA. y a los Ayuntamientos a hacer lo mismo. La Administración no es una covachuela llena de piojos que la van sangrando lentamente y de la que algunos viven. Sin olvidar que bajar los impuestos es dar más libertad al respetable: ¿quién sabe mejor que uno mismo lo que puede o no hacer con su dinero? Estaría muy bien poder dejar de trabajar para los terroristas fiscales de Estado, las CC.AA. y los Ayuntamientos seis meses al año.

Ésa es nuestra opinión. Si Casado habla así porque quiere recuperar el voto del otrora «sector conservador católico» del PP que se ha ido con Abascal, tendrá que trabajárselo mucho. Después de años de engaños marianistas y algún que otro aznarista, los votantes del PP están muy escaldados. Y no quieren un «superman» que llegue al poder y se siente en un sillón de gobernante forrado de kriptonita. De eso los votantes del PP —de hecho, todos los españoles— ya han tenido bastante.

¿Un “nuevo” PP? (I)

Después de toda la atención mediática que se ha dispensado a las primarias del PP, parece que ha cumplido las expectativas, aunque no las de todo el mundo, claro está. Estaba muy claro que el PP necesitaba un cambio; y ese cambio no iba a ser liderado por los de siempre. Así lo entendieron los compromisarios en ese sistema democrático de segundo grado (primera vuelta con militantes y segunda con compromisarios, esa especie de sufragio censitario de tres al cuarto); y aunque no con una victoria rotunda (57 a 42), sí suficiente para forzar ese cambio.

Y ahora viene la hora de la verdad. En mi opinión y tomando la idea del párrafo anterior, lo primero que debe hacer el flamante nuevo presidente del PP es soltar lastre, empezando por jubilar a los eternamente jóvenes, como Arenas (con amplia experiencia en derrotas electorales), Villalobos («¡Manolooooooo!») y Oyarzábal, que tildó de «ultras» a VCT, entre otros. Y en segundo lugar, debe quitarse de encima a los sorayos, cuya líder homónima ha mostrado un mal-perder-que-te-cagas, en proporción directa al poder que ostentaba cuando era la Vicetodo. También debería quitarse a los paladines del liberalismo simpático, que no es otra cosa que hacerse perdonar por la izquierda el no ser bastante de izquierdas (signifique lo que signifique hoy «ser de izquierdas»). De los arribistas y chaqueteros es más difícil librarse, pero eso lo da el tiempo. Que se vayan a su casa o a la pesoe. Por cierto: nos preguntamos qué tal le habrá sentado a Lassalle que su ex sea la ministra que él nunca pudo ser… Justicia poética.

Quizá el secreto del éxito de Pablo Casado (entre los suyos) reside a partes iguales en tres cosas:

a) Que intenta «volver a los orígenes» de lo que era el PP en su momento fundacional, es decir, a un partido «liberal-conservador» (igualmente, signifique lo que signifique eso hoy en día. Yo no lo tengo muy claro aún). Quizá vuelvan a caminar por la senda que Aznar transitó durante seis años y que ésa sea la senda del triunfo para ellos. Luego habrá que ver si ese triunfo final de Casado resulta ser bueno para el conjunto de los españoles.

b) Que ha aprovechado bien los errores de su competidora Soraya. Bien decía Lord Acton que «el poder absoluto corrompe absolutamente»; y Soraya, que ya no es «una muchachita de Valladolid», los cometió todos. Empezando por creer que «su» 42% le daba derecho a quedarse proporcionalmente con casi media Ejecutiva. De ahí, para atrás. Aunque al parecer, el primero de todos fue creer que podía jubilar a Mariano con la sola ayuda de sus fieles en todas las televisiones. El segundo, creer que su nefasta gestión en Cataluña no le iba a pasar factura. Quizá García Albiol, al que no dejaron respirar en esa etapa a pesar de ser el jefe en Cataluña del PP, no vuelva a ser otra cosa que alcalde de Badalona; pero respirará aliviado de que cayese quien tanta sombra le hizo, por sí o por persona interpuesta. Otro entre muchos, creer que porque manejaba la picadora de carne no acabaría cayendo ella misma dentro.

c) Aprovecha sobre todo su desenvoltura y su juventud. En su contra, que no tiene aún cuarenta años y tampoco tiene currículum empresarial o laboral, que curte mucho, mucho más que la vida interna en un partido, por muchos cadáveres que vaya dejando por el camino. Bien está que tenga las ideas claras. Vamos a ver si consigue llevar esas ideas a la práctica y transmitir el entusiasmo que dice sentir por ellas más allá de los límites de su partido.

El retorno de lo idéntico (y II)

El tercer tema es la violencia. Naturalmente, hablamos de la violencia machista, sin más matiz: el hombre es un criminal en potencia (art. 1 de la infame LIVG) y las mujeres no tienen ese gen violento, que dice la idiota alcaldesa de Madrid. Pero como siempre, la mentira tiene las patas cortas: por mucho que las «estadísticas» del CGPJ traten de ocultarlo, la verdad sale a flote. Hay, al igual que una industria de la patera, una industria del maltrato, en la que las únicas que no se benefician son las verdaderas víctimas del maltrato (muertas o ignoradas porque su caso no sirve a la causa). Las demás personas que han hecho del maltrato de las mujeres su modus vivendi ya lo dejaron claro el pasado 8 de marzo: «¡Menos lacito y más dinerito!». A buen entendedor pocas palabras bastan. Las organizaciones feminazis «representan» a las mujeres de la misma manera que los sindicatos lo hacen respecto de los obreros o los comunistas a la «famélica legión»: es decir, en exclusiva a sí mismas y a nadie más. Tranquilos, que esto no saldrá en la TVE controlada por el soviet.

Conectado con lo anterior, el Gobierno pretende arrinconar a los colegios concertados, porque sabe que en ellos hay resistencia —más o menos pasiva— al adoctrinamiento LGTBI—. Cosas de hermanucos… y no precisamente de la Salle. Por supuesto, la asignatura de religión sufrirá el enésimo embate de un Gobierno que pretende sustituirla por «valores cívicos». Algo muy parecido se llevaba a cabo en la URSS de los 50 del siglo pasado, así que parece que no progresamos, sino que caminamos hacia atrás.

c) Impuestos. Sobre esto no hay mucho que comentar, porque es una de las especialidades de la casa. La otra es crear problemas nuevos y agrandar los que ya existían. Es verdad que el listón, gracias a Montoro, ha quedado muy alto. Será muy difícil alcanzar el nivel terrorista de un ministro de la (presunta) derecha, pero no tenemos duda alguna de que este Gobierno se esforzará en llegar. La pregunta que nos hacemos es: ¿hace falta robar tanto al sufrido contribuyente para sostener el edificio de la Administración, cuyos cimientos están dando muestras de padecer de aluminosis? Por no hablar del ISD, que es un robo a mano armada (qué feo eso de robar a los muertos). Salvo el Gobierno de Aznar de 1996, no he conocido ninguno que no se estrenara con una subida de impuestos.

d) Independencia. Lo que nos lleva al último de los apartados. En esta materia, como en el adoctrinamiento LGTBI, no hay diferencias entre los cuatro partidos de la pomada —sí, C’s también, por desgracia: vestir de liberalismo lo que no es otra cosa que progresismo izquierdoso es una jugada que ya está muy vista—. Particularmente en esto, Sànches está teledirigido por los hermanucos a través de la mano visible de Iceta, cuya pertenencia a los hermanucos no es precisamente un secreto. Lo cual explica la concreción de la cuota catalana:: Batet en Administraciones Territoriales, que ya nos ha regalado unas cuantas perlas antológicas y Borrell, exterrorista fiscal, como titular de Exteriores (suponemos que para hablar el mismo idioma cuando los Països Catalans se conviertan en una esplendorosa realidad).

Lo deprimente del asunto es pensar que lo que hace Sànches es lo mismo que hubiera hecho Mariano de haber continuado —improbablemente— en el poder. Claro que como también sobre éste hay sospechas de pertenencia a los hermanucos, tal vez ahora que no está en el cargo se despejen. Ah, dicho sea de paso: estaría bien que Federico, que tanto habla del ganado eclesiástico, al que afirma conocer muy bien «después de 15 años en la COPE», nos contara lo que sabe de los hermanucos. Espero que ése no sea un tema tabú para un señor que se tiene por liberal.

Volviendo a nuestro tema, en mi opinión ninguno de los partidos de la pomada tiene huevos suficientes como para dar el alto a los separatistas en su delirio secesionista. Ni siquiera los de C’s, que desde que los primeros espadas hicieron las maletas y se largaron a Madrid, el partido es una altra cosa. Me gustaría pensar que un PP dirigido por Pablo Casado puede ir en dirección contraria a lo que ha sido la política española sobre ese tema en estos cuarenta años de «mococracia». Pero primero habrá que ver si gana; después, si es posible que depure el aparato para que no le ocurra lo mismo que a Borrell tras ganar a Almunia en las primeras primarias verdaderas que tuvo el PSOE, es decir, tras jubilarse «Dios» políticamente. Y finalmente, esperar a sus hechos para juzgarle. Dada esa situación, los separatistas siguen avanzando en sus reclamaciones al tiempo que imponen la ley de la selva en territorio catalán. Y cuando lo consigan, si es que lo consiguen, más vale que valencianos y baleáricos pongan sus barbas a remojar si no hay nadie más que lo pare.

La conclusión: tenemos un gobierno carente de las dos legitimidades necesarias. No tiene legitimidad de origen porque no fue elegido en unas elecciones libres, sino a través de una triquiñuela parlamentaria en la que todos menos el perjudicado (C’s en primer lugar y el pueblo español en última instancia) estuvieron de acuerdo. Y tampoco tiene la legitimidad de ejercicio, pues de toda la actividad legislativa que ha desplegado se desprende que sólo va a gobernar para quien le ha puesto ahí, que no son otra cosa que enemigos de España.

Esto es lo que le pasa a un país cuya casta ladrona enredada en telarañas de intereses comunes y nada confesables no permite al pueblo votar a alguien que tal vez les pudiera cerrar la barraca. Y no me refiero necesariamente a C’s. Partido que, para variar, no se ha mostrado especialmente beligerante ni contra el aborto, ni contra la eutanasia. Y que por esas dos razones —y alguna más— no tendrá mi voto mientras mantengan esa postura.

El retorno de lo idéntico (I)

Volviendo nuestra mirada a Ferraz, ¿qué es lo que pasa? What’s up? Pues bastante cosa, a tenor del tiempo que ha pasado desde nuestra última entrada. Tras la salida a escape de Brevis Maximus —y de otro ministro por motivos no muy bien aclarados— nos encontramos con que este Gobierno elegido por los enemigos de España y no por su pueblo —gracias, Mariano— ha centrado su actividad en las cuatro Íes:

a) Inmigración. Aquí se han lucido con ganas. Debe ser que la Vicepixi quiere trocar en Madre Teresa de Europa y Sánchez en… bueno, en una mezcla de Fray Bartolomé de las Casas y de Mandela redivivos. Aunque no tanto como Merkel, que de golpe hizo entrar en Alemania a un millón de refuchis y que ya sabe que eso le ha costado dos cosas: el pacto con los socialcristianos bávaros y luego el poder presentarse a unas próximas elecciones. Aquí no estamos en esa onda: los Gobiernos han querido colaborar con la industria de la patera (vulgo tráfico de personas) bien pagando directamente a los traficantes, bien aceptando pequeños cupos de inmigrantes porque de todos modos la orden viene de Bruselas y hay que cumplirla, aunque sea de a poquitos. Y el resto a tragar y callar. Ah, y que se olviden del «truco informativo» de llamar «extrema derecha» a aquellas formaciones que se oponen al Gobierno en este punto. Está ya muy visto y es contrario a la libertad de opinión que tanto predican (pero sólo para ellos, claro).

b) Ideología. Este apartado debe ser desglosado en varios temas. En primer lugar, hablamos de franquismo: es sintomático que al Gobierno actual le preocupe más el traslado de los restos de un «dictador» que murió hace más de cuarenta años —bien es verdad que el propio interesado no quería ser enterrado allí— que los problemas de la sociedad actual. Mucho más peligrosa es la llamada Comisión de la Verdad que Sánchez ¿quiere? establecer. Es una Comisión orwelliana, en la medida en que no es tanto una Comisión «de la Verdad» como de la imposición de la mentira en sustitución de la verdad (multas y cárcel incluidas para los recalcitrantes, categoría en la que, si todo eso sigue adelante, se incluirá a un servidor de ustedes). Los comunistas bordan este tipo de cosas, así que habrá que preguntar quién quiere esa Comisión de verdad.

El segundo punto es el de la ideología LGTBI. A cuenta de profesar esa ideología totalitaria sin pertenecer a ninguna de esas letras (con alguna excepción, como el ministro Marlasca y el ya citado Brevis Maximus), el Gobierno deja desprotegida a esa mayoría social que todavía piensa que la familia, aun con todos sus defectos, sigue siendo la base de la sociedad. Y no me refiero sólo a los católicos. Seguramente, hay personas que sin ser católicas tienen esa misma convicción. Volvemos en este punto a los tiempos zapaterinos, en los que se pretendió vaciar de contenido el art. 27 CE. Claro que cuando el nivel de idiotez ministerial es éste, para qué queremos más. Sin olvidar la proposicon de ley podemita LGTBI (paree que aún no es Ley), de la que Stalin o Mao hubieran estado más que orgullosos. Más éste último, en tanto que Podemos resulta ser, según vamos viendo un eczema de maoísmo extemporáneo.

Rectificaciones

Pues he aquí que estábamos equivocados y es justo reconocerlo. Resulta que Génova, 13 no era la House of Blue Leaves ni iba a sonar la música de Hotei Tomoyasu. La pelea a cara de perro —aunque públicamente «están abiertos al diálogo»— tendrá lugar entre Soraya, la chica de los recados del Bilderberg, y Pablo, el Renovaó. Cospedal, contrariamente a lo que creíamos, se ha quedado para vestir al santo (o santa, en su caso): con los votos de sus compromisarios puede, al parecer, inclinar la balanza. Quizá por eso Soraya —pues no me imagino que pudiera ser otra persona, con la cantidad de información que manejaba y maneja—, habiéndole salido bien la jugada con Cifuentes (y con Floridablanca, aunque eso no se mencione), intentara otro ataque preventivo contra quien preveía iba a ser su futuro rival, Pablo Casado. Sólo que esta vez no parece haberle salido tan bien.

Dejando de lado el interés real del asunto (inversamente proporcional al interés mediático que despierta), lo cierto es que el PP es un partido muerto, por más que traten de vestirlo para la ocasión. La prueba de ello es que la presunta renovación tras el incendio marianista la quieren dirigir gentes que deberían estar en una Unidad de Quemados. Soraya es la principal culpable —junto con el capitán Pescanova, ya huido hacia Santa Pola— de una política que ningún votante medio del PP aceptaría: la del fracaso catalán, que llegó hasta el punto de no ayudar a Inés Arrimadas a ser presidenta de Cataluña por el peligro que eso suponía para SSS en Madrid. Lo de C’s merece una entrada aparte.

Volviendo a Génova, 13, la verdad es que no me interesa personalmente ninguno de los candidatos. Ni Soraya, por ser la candidata del establishment (que además controla en una gran parte porque a muchos de sus miembros los ha nombrado ella o partidarios de ella), ni los otros dos, que han demostrado pensar en términos de poder y no de España, por mucho que se desgañiten. Como están en campaña (¡de primarias!), no parecen estar obligados a nada y prometen la Luna y lo que haga falta para llegar donde quieren llegar. Luego, al modo del viejo profesor, tiempo habrá de desdecirse de las promesas que se hicieron al calor de los mítines. Son guerritas internas de partido, de consumo interno, como su propio nombre indica. A los demás, que nunca pinchamos ni cortamos nada (ni nos dejaron hacerlo), nos importan poco.

Lo peor para el PP ahora mismo son dos cosas: que el respetable se ha enterado de que es un partido ful de Estambul (que diría el Jonan de Baraka), pues de «800.000 militantes» nada de nada: 60.000 y gracias, que son los que estaban realmente al corriente de pago. Pareciera que la primera de las cifras está gafada desde que la usó Felipe González para prometer los puestos de trabajo que iba a crear si le votaban en 1982.

Y lo segundo es que los muertos pretenden liderar la renovación de los todavía vivos. No es de extrañar que, cuando empezó a sonar el nombre de Feijóo como posible delfín de Rajoy, el hombre bajó a los Madriles cachazudamente… vio brevemente el panorama… habló un ratito en castellano para que le entendieran… y se volvió corriendo a Santiago de Compostela, mucho más fresquito. Puedo imaginar lo que pensaba Feijóo de vuelta a Galicia (y mira que es difícil saber qué piensa un gallego en ejercicio como él es): «Os mortos falan polos vivos! Mesmo parescía a Santa Compaña!»