Anglicanismos y demás despropósitos. Melitón Cardona. Embajador de España — General Dávila

A la vista del bajísimo nivel cultural de la clase política en general y del de la mayoría de los miembros y miembras de este insólito gobierno variopinto, en el que no faltan astronautas de menos luces que un barco de contrabando pero fiscalmente astutos, multimillonarias que ocultan su elevadísimo patrimonio inmobiliario, sancionados por tráfico […]

a través de Anglicanismos y demás despropósitos. Melitón Cardona. Embajador de España — General Dávila

Prueba de liderazgo

Pablo Casado tiene un panorama interesante ante sus ojos. Digamos que, al margen de esa ventana de oportunidad que algunos le conceden, está todavía en situación de decidir si hace las cosas bien o mal. Todo está en cómo va a gestionar la pesadísima herencia que le han dejado Mariano, ya felizmente retirado en Santa Pola, Alicante, y Soraya, que creíamos escondida en Valladolid y resulta que ahora, por servicios prestados (¿a quién?), ha sido designada como consejera en mal Estado, donde la ha recibido con alborozo la Fashioniaria (ya no más Voguemomia, desde que se alisó el careto a costa de nuestros bolsillos). Claro que es natural que no quiera volver a Valladolid: con la de amigos que se ha creado en todas partes cuando era la Vicetodo, lo suyo es que hiciera las maletas permanentemente y se buscara un cargo bien remunerado y, por supuesto, al abrigo del ojo público.

En nuestra opinión, gestionar bien esa herencia significa no aceptarla ni a beneficio de inventario. Le ha tocado a Casado deshacer el camino andado por sus predecesores para que el PP se convirtiera en una mala copia del PCP (Partido Campesino Polaco), al que graciosamente dejaban presentarse a las elecciones comunistas polacas… y que siempre ganaba Wladyslaw Gomulka, ¡faltaría más!


Por de pronto y como ya dijimos en alguna otra entrada, tiene, cual cirujano, que extirpar el osteoscarcoma Soraya-Rajoy del cuerpo del PP y barrer a personajes como éstos de arriba de la foto. Eso estaría bien para empezar.

En segundo lugar, también debería coger la escoba y barrer a la nulidad de Moreno Bonilla, bajo cuyo mando el PP andaluz es una mala copia del «Partido Campesino Polaco». Cómo será el poderío del Palacio de San Telmo que hasta le dicen al PP qué candidato deben poner para que las cosas sigan igual que siempre. Es como ese combate de boxeo amañado entre un boxeador malo contra uno bueno, pero drogado-. O uno que se deje ganar a cambio de unas migajas. Sin duda alguna, los sufridos militantes del PP andaluz merecen algo mejor, más allá de componendas territoriales de las cúpulas de los partidos en Madrid, que siempre queda muy lejos. No es posible que en una región como Andalucía, con ocho provincias, no haya nadie que pueda sustituir al experto en el ars umbelaria et incedaria. Y Andalucía merece que gobierne un partido cuyo lema no sea «qué hay de lo mío». La suerte que ahora ha tenido Moreno Bonilla es que las elecciones son prácticamente dentro de un mes y en ese brevísimo lapso no se puede construir un candidato sólido, máxime cuando se acaba de salir de una renovación en la cúpula. Pero si yo estuviera en el lugar de Casado, daría por despedido al experto en protocolo una vez pasadas esas elecciones.

Y finalmente, lo más importante: Galicia. Casado y su equipo deben entrar a matar a ese miura que es Núñez Feijóo, que cuando va a Madrid es Núñez y cuando está en Santiago es Feijóo. Debería pedirle cuentas de la galleguización a marchas forzadas aplicando la infame Llei de Normalització Lingüística de Pujol de 1983 (la inició incomprensiblemente Fraga, «el de los tirantes nacionales»: «Vou ser mais galego que ninguén», diría el prócer con su ore rotundo). Que ahora ya ni hablamos de «galleguización»: Núñez Feijóo ha dado el paso a la más delirante lusificación. O quizá habría que decir rusificación, habida cuenta de quien da el paso en realidad son las mareas podemitas con las que tanto gusta de pactar Núñez Feijóo. Aljubarrota ampliada y Portugal, pared atlántica de la de Península del uno al otro confín. Por ahora a los portugueses el tema no les hace mucha gracia… pero veremos.

Pues eso: que Casado debería pedirle cuentas a Núñez Feijóo de tantos enredos. Porque sólo de esa manera Casado puede tener alguna auctoritas para pegar un puñetazo en la mesa al hablar de la imposición catalana, que no es solamente lingüística, y decirle a Alejandro Fernández que sea más agrresivo –aunque de vuelta le pintarrajeen o le rompan los cristales de las sedes–. O de la euskaldunización de Navarra o la valencianización del mal llamado País Valencià (acelerada con el PSOE pero iniciada en tiempos del PP, que entonces no le daba importancia). O de la catalanización directa de Baleares, contra la que el PP no movió dedo alguno. Tal vez Bauzá hiciera algo, pero llegaba tarde y era a todas luces insuficiente, debido también a la falta de respaldo del PP ¿nacional? sorayo-rajoyesco. Todo sea porque Casado recupere en esas regiones a un partido capaz de plantar cara a las imposiciones totalitarias de los orcos separatistas.

Si quiere hacerlo, Casado tiene mucho trabajo por delante. Si no, da lo mismo y seguiremos en lo de siempre: cada vez una mayor desafección ciudadana por los políticos tradicionales, con lo peligroso que es eso. La Historia lo demuestra una y otra vez.

Sobre Andalucía, de nuevo

Parece ser que el 2 de diciembre habrá elecciones autonómicas en Andalucía. Los pronósticos, por ahora, dicen que tras los comicios todo va a seguir más o menos igual. A Susana le da igual con quién tenga que pactar siempre que le dejen hacer su política —y mantener el chiringuito que tienen montado los suyos de tejas abajo—, aunque ciertamente Podemos no sea la IU ancilar de la que disfrutaron sus predecesores Chaves y Griñán.

El interés de estas elecciones está más bien por la parte baja: es decir, si VOX podrá horadar el espeso muro en torno al Parlamento andaluz y penetrar en él o no, al margen de las etiquetas estúpidas de «extrema-extrema derecha» y «ultras» que los partidos y los medios del sistema les pegan a todas horas (más o menos como hacen con AfD en Alemania todos los que tienen miedo de perder su mamandurria). Por su historia anterior no es para mí una opción muy simpática; pero la verdad, viendo el patio y cómo la opción que podría ser el PP andaluz está siendo ¿dirigida? por una nulidad como Juanma en vez de serlo por el alcalde de Tomares, que hubiera sido el candidato natural conforme a su exitosa gestión, uno sopesa más las cosas. Por cierto: qué pena que a Juanma, que tanto se afana —por encargo— en no molestar al PSOE, no le mandaran a Madrid, como experto en protocolo que es, a decirle a Sànches que no estorbara en el besamanos del Rey. Y bueno, que si en Andalucía no se puede decir que la reina está desnuda cuando lo cierto es que lo está (aunque no valga ni para portada de revista ligera), apaga y vámonos.

Pero hoy dejaré que otro hable por mí. La entrada que yo podría haber escrito hoy de Andalucía en estos últimos tiempos me la ha dicho, palabra por palabra, D. Luis del Pino el pasado domingo. Escuchen los 12 primeros minutos de este audio y verán lo que quiero decir.

Otra cacicada más

La otra pifia de la que les quería hablar y que los plumillas y loros radiofónicos parecen ignorar (en esto, extrañamente, algunos se han vuelto radio-afónicos) es la que se ha plasmado en el Real Decreto Ley 9/2018, de «medidas urgentes» contra la violencia de género. Dejando aparte la quincalla ideológica feminazi que luce esplendorosa en su Exposición de Motivos, ¿subyace una «extraordinaria y urgente necesidad», como exige el art. 86 CE? Desde luego. Pero no para el pueblo, precisamente. La prisa, en realidad, es la de los ingenieros sociales, que quieren cabrear aún más el ambiente. Todo ayuda a aumentar la presión en la olla y a disminuir lo que Pío Moa denomina en alguno de sus libros «índice de salud social», o quizá menos formalmente, diríamos «paz social», que es lo suyo en el comunismo. En el comunismo todo el mundo está en guerra con todo el mundo; y es a eso a lo que se quiere llegar para evitar que el pueblo, hoy degradado a «la gente», se una contra los que manejan el cotarro y cortan el bacalao.

Pero «vamos al dato» interesante. De la lectura del Art. Único 2.2 de esa norma se desprende que, a partir de ahora, la acreditación de situaciones de violencia de género no lo será únicamente por sentencia judicial y, excepcionalmente, por informe del Ministerio Fiscal, como rezaba antes el art. 25 LIVG. Hoy tenemos lo siguiente:

una sentencia condenatoria por un delito de violencia de género, una orden de protección o cualquier otra resolución judicial que acuerde una medida cautelar a favor de la víctima,

o bien por el informe del Ministerio Fiscal que indique la existencia de indicios de que la demandante es víctima de violencia de género.

Primer problema: ¿cualquier resolución judicial? ¿Un Juez puede, por providencia o auto, determinar que existe situación de violencia de género y retirar la patria potestad, con las consecuencias que ello acarrea en materia de relaciones paterno-filiales? Pero sigamos, que la cacicada es mayor aún:

También podrán acreditarse las situaciones de violencia de género:

mediante informe de los servicios sociales, de los servicios especializados, o de los servicios de acogida destinados a víctimas de violencia de género de la Administración Pública competente;

o por cualquier otro título, siempre que ello esté previsto en las disposiciones normativas de carácter sectorial que regulen el acceso a cada uno de los derechos y recursos.

Dicho de otro modo: bajo el paraguas de esta norma, ahora hasta un funcionario (o funcionaria, no vayan a cabrearse las feminazis) del Ministerio de Agricultura –supongo que acogiéndose al axioma general de «todos los hombres son unos cerdos machistas»– podría acreditar una situación de «violencia de género». El segundo inciso aleja dicha decisión por completo del control judicial, que no es menos grave en tanto que significa que a un hombre –nunca a una mujer: detalle– se le puede privar de patria potestad sin el más mínimo control judicial de forma inmediata, con independencia de que de esa situación acreditada se derive un proceso judicial posterior o no.

Añadamos a esto dos detalles más. El primero, la fecha del RDL: 9 de agosto, que es el mes en que los malos gobiernos aprovechan para cometer sus fechorías legislativas. Tradición canalla iniciada en nuestra democracia –o lo que sea– por Felipe González y sus Gobiernos. Y luego, la convalidación del RDL prácticamente sin oposición política –¿dónde estaban Casado y Rivera? ¿En Valencia y Tossa de Mar, respectivamente, tostándose al sol?– y poco o casi nada de ruido en los medios. Quizá es que aquellos que podrían haber dicho algo han creído que «a ellos no les iba a afectar», ya se trate de políticos o de plumillas.

Y para que tengan ustedes el cuadro completo, añadamos la peripecia de una mujer en lucha contra los servicios «asociales», concretamente los de Protecció de Menors de la Generalitat catalana. Imagínense lo que puede resultar de la coyunda inmunda entre el incremento de atribuciones a los servicios «asociales» y el caos reinante en éstos: es decir, imposible poner orden e imposible evitar que actúen. Algo así como un cáncer en plena metástasis. Allende nuestras fronteras la cosa no está mejor: una de las palabras que a los padres y madres alemanas normales (sí, aún quedan) pone los pelos de punta es Jugendamt, organismo todopoderoso y cuasicomunista. Basta una mera denuncia para que se metan en la vida de los otros y en sus cuentas –a cuál peor de las dos cosas–. Ni siquiera hace falta que pongan micros en las casas, como hacía la vieja Stasi bajo el mando de Erich Mielke. Los propios alemanes se denuncian entre ellos. Pregunten y verán.

Lo que a algunos se les olvida decir es que con esta cacicada –y van…– los hombres quedamos un poco más desprotegidos. Algún día se escribirá la historia de cómo se pretendió acabar con el hombre como enemigo de la humanidad, como lo fueron los nazis para los judíos y los burgueses para los comunistas.

¿Traspaso de poder?

Pasan las semanas y volvemos al ruhig fließender Bewegung y a la Lo único que ha parecido agitar un poco el panorama ha sido el acto de Vox en Vistalegre, donde al parecer hubo un llenazo total. No hace tanto que C’s provocaba el mismo efecto, si bien ahora que ya han sido fagocitados por el sistema (no en vano Rosa Díez le llamaba «el niño bonito del Ibex-35») el naranja ha quedado un tanto deslucido. Todos los partidos del sistema han tomado una postura: unos (C’s) «no hablan» y otros (representados por Carmen la egabrense: bendito D. Adolfo Muñoz Alonso, que nos abrió una vía al insulto fino) hablan de «extrema-extrema derecha». Lo malo es que, en realidad, todo son etiquetas para uso de tontos. Porque eso es lo que unos y otros (o hunos y hotros) nos consideran.

Por lo demás, el hecho más relevante que se ha producido en estas últimas semanas es un cierto traspaso de poder: Pablenin ha recibido de manos de un cada vez más menguante Sànches la llave de la caja de los dineros. Vamos, que el primero le ha dicho «Me aprobarás estos presupuestos si quieres comer el turrón este año en Moncloa». Y el otro, que tanto sabe de negros, ha dicho: «Sí, bwana». Es todo un acontecimiento, pues ya vamos camino de la revolución socialista: primero gastas hasta lo que no tienes porque hay mucho. Todo sea por cargarse la gran obra de Franco, que no fue el Valle, sino la clase media. Sí, esa clase media con un sueldo decente, piso en propiedad y vacaciones pagadas. Y luego, como hay poco o casi nada después de lo robado/gastado, hay que racionar lo que quede. El máximo logro de la revolución es, pues… la cartilla de racionamiento. O, dicho de una forma menos amable: «En tiempo de rojos, hambre y piojos». Quizá C’s y PP, dentro de la burbuja política, consigan detener la aprobación de esos presupuestos comunistas, como alguno los ha llamado ya. Y de aquí al Plan Quinquenal, donde todo tenía su precio menos la vida de la gente, un paso, nen. Apriétate el cinturón un poco más, que ya llegamos.

Miren que esto es un baile de máscaras. Parece ser que todo cambia menos una cosa: la ingeniería social. Que la lleva adelante la izquierda y la derecha (recordemos la última frase de Rebelión en la granja), inclinando graciosamente la cabeza. Según veo, eso es lo único que va hacia delante, porque los hunos lo mandan y los hotros lo permiten porque, a fin de cuentas a ellos no les va a afectar. Los abortos se siguen practicando bajo el mando de hunos y hotros, porque son un «derecho», pero sobre todo, un negocio boyante. Y la aprobación de leyes eutanásicas mientras la presunta derecha hace una graciosa reverencia a la izquierda abre también un nicho empresarial (dicho en pedante) y muchos nichos más para los que seguramente ya «sobramos». Todo sea por el negocio.

Y con la mano de Podemos en la caja de los dineros… y una oposición blandengue, que se deja llamar «extrema-extrema-derecha» con una sonrisa estúpida en la cara (piensen en Cuco, personaje de Torrente 2), sigue ese movimiento incesante y la cháchara insulsa. Pero al igual que en el movimiento sinfónico de Mahler, en algún momento llegará el grito de angustia. Para entonces, un servidor espera que las cosas tengan aún remedio.