Silencio, se vota (y II)

¿Y qué nos queda? Pues, por descarte dos opciones: VOX o quedarse en casa. En alguna entrada de este blog se han criticado cosas de ese partido. Ahora se presenta como «VOX, nueva época». Y la verdad es que ha sido una especie de revulsivo: la presunta izquierda andaluza y nacional ha tratado de demonizarlos como «extrema derecha». Que, permítanme que les diga: con esa expresión ocurre un fenómeno extraño. La «extrema derecha» existe sólo en los medios, pero no en la realidad. Por el contrario, la «extrema izquierda» está muy viva, pero en la prensa del Movimiento (rojo) es difícil que aparezca, incluso cuando hay follones en la calle, que es su hábitat natural.

El mérito de «VOX, 2ª época» ha sido galvanizar al electorado y conseguir que resto de los re-partidos (todos los que participan del reparto) se pongan nerviosos. Particularmente Susana Díaz, que está histérica porque sabe que está sentada sobre una roca en un magma de lava. Los otros dos algo menos, pero también preocupados por la lectura nacional que pueda hacerse de su gestión. VOX, que por ahora no tiene nada que perder, ha dado muy duro y ha ido marcando la campaña, entre acusaciones de «financiación ilegal» (PP, C’s) y de «no respetar los derechos de la mujer» (PSOE). Y banderas. Recordar que tenemos una bandera común y que nos representa a todos es importante. Al PP ya no le vale ese recurso porque llega tarde. C’s, como quiere quedar bien con todo el mundo, no la va a sacar. Y la presunta izquierda simplemente detesta esa bandera.

Respecto de VOX, la cuestión es si es resistente al paso del tiempo o cronodegradable, como los demás. Y en este segundo caso, la segunda cuestión es cuánto tiempo tardará en derretirse o en convertirse en polvo. Es decir, que el votante andaluz medio tiene hoy que elegir entre cuatro certezas y un misterio. Habrá ocasión de comprobarlo si VOX entra en el Parlamento andaluz.

Pero lo más ridículo de todo el asunto es la cobertura que algunos han dado a la campaña. Se ponen sesudos y dicen: «Esta campaña se ha puesto muy interesante» y venga a citar encuestas. Como un periodista deportivo que se ponga en plan sesudo y diga: «Esta Liga se ha puesto muy interesante». A algunos comentaristas políticos sólo les falta hablar de los «fichajes» y del «mercado de invierno».

¿Y quedarse en casa? Bueno. Al margen de que si uno se queda en casa (es decir, vota al partido de la abstención) no puede quejarse después de lo que salga, le es de aplicación cierta frase del historiador Arnold J. Toynbee: «El mayor castigo para quienes no se interesan por la política… es que serán gobernados por personas que sí se interesan». Para quienes decidan ir a votar, sepan que deben haber meditado lo que van a votar, pues si la opción por la que voten resulta ganadora, ese voto les convierte en cómplices de lo que ocurra, para bien… o ─más corrientemente─ para mal.

Silencio, se vota

En Andalucía hoy se vota. Pero, como dice el dicho «los vientos que corren ya no son los que corrían». Hoy los andaluces deciden si quieren más Andalucía de los Morancos (dicho con todo el respeto para esos cómicos que comen de TeleSusana) u otra cosa, cualquiera que sea esa «otra cosa». Se enfrentan la Andalucía de la paguita y del PER frente a la Andalucía que se levanta por las mañanas para ganarse el pan honradamente y «con el sudor de su frente».

Hoy yo me planteo qué haría yo si viviera, un suponer, en Almería, de donde soy oriundo. Almería y, en general, todo lo que se denomina Andalucía oriental, es la expresión gráfica de lo que podría ser Andalucía: una verdadera tierra de las oportunidades. Baste decir que esa zona de la región Comunidad Autónoma ha crecido a pesar de los esfuerzos de la Junta por chuparles la sangre. Tan es así que los almerienses, oliéndose la tostada en 1980, quisieron formar Comunidad Autónoma con los murcianos, con quienes les unen más lazos geográficos y comerciales que con la casta corrupta que vegeta en el palacio de San Telmo. Pero geografía y política mandan; y así, aunque se dice que votaron hasta los muertos, Almería permaneció en Andalucía.

Por lo tanto, ya tengo un primer descarte. No votaría a Susana Díaz, que pretende ahora varias cosas: envolverse en la bandera andaluza (tras las declaraciones de García Tejerina, que no son otra cosa que la puritita verdá dicha en castellano de Valladolid), llamarse andana respecto de la corrupción que su partido lleva administrando desde hace 40 años (ya más que Franco, al que han querido convertir en el espantajo de niños y no lo han conseguido) y fingir que no conoce de ná ni a Chaves ni a Griñán. Y por último –y en eso, siguiendo la consigna nacional–, escandalizarse ante el ascenso de la extrema derecha. Tramoya y nada más: está acojonada porque podría ser que hoy dejara de dirigir/administrar el chiringuito de la pesoe; lo que a su vez, podría provocar que la Justicia andaluza despertara de su sopor y la pusiera también a ella caminito de Jeré.

El PP también es un descarte. No tanto por sus bases, en las que seguro que milita gente decente, trabajadora y capaz. Me refiero a su cúpula directiva. Visto el panorama, que Susana Díaz les acuse de «extrema derecha» da risa y sólo se la creen los fanáticos y los tontos que tragan con todo. No he visto una cosa más perruna en un partido que debía haber gestionado una oposición sólida a un proyecto de miserización (si se me permite el vocablo) de tanta duración como el de la pesoe. En eso sigue la estela de Arenas Movedizas. Pero no es menos cierto que a Juanma lo puso el dedazo de Soraya, en vez de la elección más natural que hubiera sido el alcalde de Tomares. El PP andaluz es así víctima del sudoku autonómico –léase cambalaches territoriales entre los mandarines de los partidos: si tú me tocas las narices en X yo te las tocaré en Y; y como todos tenemos cosas que tapar, ¿verdad?–. Por eso ha tenido que ir a Sevilla Pablo Casado: para intentar que la gente interprete las elecciones en clave nacional y así de paso, desviar el foco de la pobrísima gestión de Juanma. Lo cual crea otro problema: ¿qué va a hacer Pablo Casado en Madrid, con un partido que todavía no es suyo, sino de Soraya?

El tercer descarte es Juanillo Marín. Personalmente no le votaría ni jarto de mal vino. Tié cohone que él preconice el cambio cuando ha estado sosteniendo al susanismo, que es lo de siempre, durante tres años. No cabe duda de que a él el «cambio» le ha sentado estupendamente: de AP al PA (Partido Andalucista), de ahí a Ciudadanos Independientes de Sanlúcar y de ahí a C’s: todo un carrerón, oiga. Y ya en C’s, de palafrenero de Susana. Y que tengan la cara de decir que «somos lo bastante flexibles como para apoyar al PP en Madrid y al PSOE en Andalucía» sólo es una muestra más de su grouchomarxismo. De verdad, cuando C’s estaba sólo en Cataluña era una altra cosa.

Y el cuarto y sin discusión es Teresita Rodríguez, la comunista. Podemos ya no es lo que era y por eso el marqués de Villatinaja ha sido mantenido a prudente distancia, no fuera a ser que el olor de su bien peinada melena a champú del caro y su estudiada pose proletaria espantaran a los proletarios de verdad, que se supone son su nicho electoral. Resulta enternecedor oír hablar a un comunista de «derechos sociales» (como los que tenían los trabajadores en la URSS) y a Teresita Rodríguez de los «derechos de la mujer» (¿nadie le ha contado a esa maestrilla los «derechos» que tenían las mujeres en la RDA?). Quizá haya convencido al Kichi de compartir la cama; pero a los demás no nos va a convencer de que no va a pactar con Susana si se le presenta la ocasión, a pesar de la muy publicitada mala relación entre ambas. Presuntas izquierdas, pendientes siempre del reparto…