Epitafio de Rivera (y III)

Llegados a este punto, resulta que Rivera, privado de su discurso básico y fundamental, ha de encontrar algo. Él y su equipo se ponen a la tarea y llegan a una primera conclusión, como Descartes: «No somos ni de derechas ni de izquierdas; y por eso tomamos un poquito de cada cosa». El caso es que por descarte uno no llega a una definición positiva que digamos: bien está que uno diga lo que no es, pero mejor es que diga lo que sí es. Sin embargo, C’s se enreda siempre en un barullo nominalista para acabar no diciendo nada en concreto. Recuerda un poco a una escena de Una terapia peligrosa. Paul Vitti (Robert de Niro) está K.O., llorando como una magdalena a causa de un anuncio. Su segundo de a bordo, Jelly (Joe Viterelli, genialmente doblado por Pepe Mediavilla), le pide a su psiquiatra, Ben Sobol (Billy Cristal), que le suplante en una reunión muy importante de mafiosos. El diálogo importante es éste:

–Doctor, si tiene que hablar… bien, intente ser impreciso. ¿Podrá hacerlo?
–Soy psiquiatra. Puedo ser muy impreciso.

Esa imprecisión respecto a lo que pretendía ser de mayor facilitó a C’s por un lado aspirar a heredar primero a la pesoe (opción más o menos natural porque en aquel tiempo se definían como liberal-progresistas). Pero apareció una formación más o menos radical (Podemos) y le dejó sin agua por ese lado. Luego aspiró a heredar al PP, algo que parecía posible porque el PP se había vuelto tan progre que era indistinguible de la pesoe. También llegaron tarde a eso, porque lo nacional se lo quitó una formación nueva simplemente de derechas (VOX). Lo único que distinguía al «gran partido de centro-derecha» y al «gran partido de centro-izquierda» (y lo sigue haciendo) es el volumen de los robos. En cualquier caso, las máquinas de poder y las picadoras de carne de ambos partidos estaban bien engrasadas y demostraron a Rivera que no estaban en situación de ser heredados.

No obstante, el momio se vendía. Salió una figura importante, Inés Arrimadas, jerezana de pro que nunca, ni residiendo en Cataluña, renunció a su jerezanía, si me permiten el neologismo. Consiguió un doblete que hoy parece imposible: conseguir que su partido fuera la lista más votada en Cataluña sin ponerse la “i” entre sus apellidos y hacerle la campaña en Andalucía a Carapalo Marín, consiguiendo que éste se sentara en la Hunta nada menos que como vicepresidente.

Y aquí es donde viene lo importante. Así como hubo «maniobras orquestales en la oscuridad» para laminar a UPyD del panorama político, es mi opinión que también las hubo para descabalgar a Rivera del machito. Lo primero, esas extrañas defecciones-decepciones del verano, con Toni Roldán, Juan Carlos Girauta y Javier Nart a la cabeza. Éste último dejó el partido pero no el escaño en el Europarlamento (legítimo, pero moralmente cuestionable). Luego, las maniobras de Monsieur le Commissaire (Valls) que al parecer quería su propia corriente en C’s y que al principio había sido saludado por Rivera como apuesta personal. Resultó que sólo quería segarle la hierba bajo los pies. Su sospechosa obediencia masónica podría ser un hilo del que tirar.

Y luego, una reunión Bilderberg con –seguramente– Ana Patricia Botín, a la que asistieron Casado, Arrimadas y el propio Rivera. Me malicio que en esa reunión, visto el panorama, el IBEX-35 planteó a Rivera  ─por conducto de Botín pasar el testigo a Inés Arrimadas, toda vez que ella era una figura ascendente y él descendente. Y bueno, Rivera pondría cara de «usted no sabe quién soy yo» y «tengo 57 diputados y estos son mis poderes». Y supongo que Botín no movería un músculo de su cara (las Ice Queens no hacen eso), pero habría tomado ya su decisión.

De ahí el ridículo que hizo en el debate previo a las elecciones (lo del tocho era para plantarse delante de él en plan Chiquito, con esos andares escocíos que gastaba y decir «No puedor»). Y también el hecho de que, aunque no se hubiera hecho público, Malú, su actual pareja, estuviera embarazadísima y que ambos ocuparan más espacio en las páginas del corazón que él en las de Nacional. Consecuencias de todo lo anterior: C’s se pegó un hostión de reglamento. Perdió 47 diputados.

Como Tom Cruise en Jo, qué noche (Risky Business): “¡Pero qué coño!”

La despedida de Rivera fue más francesa que Monsieur Valls, lo cual se nos antoja lógico si tenemos en cuenta que estaba más preocupado por su situación familiar que por la debacle electoral (y además, la política y cambiar pañales, aunque se parezcan, en el fondo no se llevan bien). Otras defecciones notables han sido las de Villegas y de Fran Hervías, conocido en la casa como el Hervidero (hervido ya en su propia cazuela) y prácticamente sin simpatías. Aunque, naturalmente, «ha puesto su cargo a disposición del Partido», vamos a ver si la nueva directiva le acepta entre sus filas.

La otra consecuencia es que los resultados electorales han pillado a Arrimadas igualmente embarazadísima y además, no saldrá de cuentas hasta junio si todo va normal. Lo que significa que hasta que se produzca el feliz natalicio estará en cuarentena y que quien tendrá que gestionar el marrón será una gestora. Vamos a ver.

Cuentan las malas lenguas que Rivera quiere buscar asilo en la universidad. Si quieren mi opinión, la Universidad debería dar cabida a personas honradas, decentes y con espíritu de servicio a España a través de la educación. No a políticos en horas bajas. Y que quiere escribir un libro. Muy bien. Pues que lo escriba. Y que plante también el árbol, no sea que Greta Zumbada se entere y le eche una bronca por no favorecer el medio ambiente.

 

Epitafio de Rivera (II)

Les propongo, siguiendo nuestro relato, que demos un salto en el tiempo. Pasamos de 2006 a 2012. En el camino nos hemos dejado a los abajofirmantes (como Boadella o Narcís de Carreras) y a algunos diputados descontentos con la decisión de C’s de unir su suerte a la de Declan Ganley por su adscripción conservadora (Antonio Robles y José Domingo). Atrás quedaron los carteles de la pelota picada. En ese momento Rivera se convertía en el yerno que todas las señoras quisieran para sus hijas. C’s ha logrado la increíble proeza de obtener nueve escaños en un Parlament de Catalunya totalmente monocolor, si exceptuamos la grisura del PPC, acollonado en la calle y despreciado en el Parlament.

«¡Esto no se puede consentir!», tronaban en los despachos. El tándem Rivera-Cañas repartía tortas a cuatro manos, uno con más gracejo y el otro con menos diplomacia y para los separatas era un ridículo continuo. Pero ai las!, en ese tiempo ya se habían colado las fake news en la política. Hay que reconocer que los que chapotean en las cloacas del poder se esforzaron, porque primero intentaron identificar a Cañas con un lejíadeextremaderecha y tal y la cosa no salió muy bien. Tuvieron mejor resultado cuando le «inventaron» a Cañas un cuñao y un feo asunto de urbanismo. Ya conocen el problema de las fake news en la política: que no es necesario que sean verdad, sino sólo que parezcan creíbles. Añadan a eso que lo que funciona no es la presunción de inocencia sino la mera sospecha y ahí tienen a Cañas apartado de un manotazo de primera línea. Una persona en mi opinión valiosa, por cierto.

Para seguir sin detenernos más en detalles, hablaremos el momento Macbeth de Rivera: el momento en que alguien le susurró que en el resto de España había masa crítica suficiente para formar un partido nacional y recoger descontentos de los grandes partidos. Ahí fue donde la cosa empezó a desmadrarse. La ejecutiva de C’s hizo las maletas deprisa y corriendo, no sin antes purgar a sus propios descontentos. La cuestión acuciante era: «Soy joven y quiero tener familia. ¿Voy a llevar a mis hijos a un colegio donde les enseñen a odiarme por sentirme español? ¿Me voy a quedar en un lugar donde unos desconocidos podrían agredirme por militar/presidir un partido contra Catalunya?». Respuesta: Fotem el camp.

Pero esa huida tuvo un efecto perverso: les dejó sin discurso (o relato, como dicen ahora los repipis). «¿Defender en Madrid el uso del castellano al mismo nivel que el catalán? Quite usted, hombre. Aquí en la capital se tratan cosas importantes. Ustedes vienen “de provincias” y aún no se han enterao». Vamos, que eso era demasiado regional, que no molaba y que tendrían que ampliar su discurso. Recuerda un poco a uno de los momentos cumbre de El sendero de Warren Sánchez, de Les Luthiers…

(Carlos Núñez se levanta de nuevo, coge su micrófono y con una risa diabólica se dirige al escenario otra vez):
Carlos Núñez Cortés: ¡Yo era un infeliz!
(Marcos le interrumpe preocupado, en voz baja)
Marcos Mundstock: No, no, hermano, no… ¡El otro, el otro!
(Carlos le mira dándose cuenta de su error y continúa)
Carlos Núñez Cortés: ¡Yo era otro infeliz!

De ahí las burlas feroces de un señor llamado Carlos Floriano, el Ricardo Tubbs de la política española (se aceptan sugerencias sobre quién debería ser Sonny Crockett: tal vez Fernández Maíllo, eso sí, un poco más teñidito de castaño) que los llamaba «Chudatán». Aunque él mismo debiera callar, por llevar de suyo el sambenito que le colocó nuestro petit Fouché, hoy ya perdido en el limbo rojomasónico: «Veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices».

Empezaron así un proceso curiosamente inverso: no eran una ideología en busca de un partido, sino un partido en busca de una ideología. Así, dijeron primero: «Somos una izquierda nacional»: el PSOE había dejado de serlo y por tanto, decidieron que había espacio. El planteamiento resultó no ser original, porque ya había otra formación que pretendía encarnarlo: UPyD. Sin embargo, UPyD cometió un error: creer que «esto» que tenemos es una democracia. Y llevados de esa convicción, llevaron a los políticos y directivos de las cajas de ahorros ante los Tribunales. Ése fue uno de los dos clavos en el ataúd político de Rosa Díez. En cuanto al otro, es mi convicción personal que el IBEX-35 se estaba poniendo nervioso ante los avances judiciales («a ver si también nosotros vamos a tener que poner las barbas a remojar») y contactó con un Rivera deseoso de ganar peso político. De esa coyunda nació la sentencia de muerte para UPyD, que ya se estaba convirtiendo en un grano en el gordo trasero de alguien.

Así pues, la negativa de Rosa Díez a firmar un abrazo con Rivera cuando el partido en pleno no lo veía mal, el acoso al diputado Sosa Wagner, catedrático de los de antes, por parte de Gorri e Irene Lozano y la traición de la propia Lozano, que se pasó a la pesoe para ser nombrada jefa de Marcaspaña –y también para ser negra de Sánchez, de su libro Manual de inconsistencia– acabaron con el partido en dos semanas de estío. Todo el montaje huele a desahucio…

Ángeles malos o buenos,
que no sé,
te arrojaron en mi alma…

Estoy seguro de que Rosa Díez en modo alguno considerará a Irene Lozano un «ángel bueno», sino más bien una «buena pieza». Lo cierto es que la arrojaron de su alma y (sobre todo) de su trono en la sede magenta, con todo el dolor de su corazón. Ya saben: Ve y cuéntalo… si puedes.

Epitafio de Rivera (I)

Interrumpo de nuevo la serie –reconozco también que me está costando un poco escribirla– porque un servidor de ustedes ya no puede demorar más el enganche con la vertiginosa realidad a la que nos estamos enfrentando.

Vaya por delante que, para mí, las elecciones del 10-N han sido un mero episodio, del que se pueden destacar cuatro cosas: el lento pero constante descenso de apoyos al Partido Sanchista (de sobra sabemos que ni es “obrero”, ni mucho menos “español”), la tímida recuperación del PP (gracias a Cayetana Álvarez de Toledo y a Beatriz Fanjul y a nadie más: Fontxu, ¿no será que trabajas para Sabin Etxea y crees que no nos hemos enterado?) el increíble ascenso al rutilante firmamento político de VOX y el correlativo e igualmente increíble desplome de C’s. De ahí las prisas de Sánchezstein por cerrar un gobierno Picapiedra: sabe de sobra que si se convocaran elecciones en marzo puede que bajara hasta los 100 diputados, ahora que ha perdido el granero andaluz (se lo están desmontando una gestión razonable por parte del tripartito andaluz y la Justicia… porque es gibt noch Richter in Spanien). Pero vamos por partes, que dijo Jack el Destripador.

No sé si habrá quien comparta mi tesis. En mi caso y como ex-militante de ese partido, tengo la sensación de que C’s se empezó a ir a la eme cuando dio el salto a la política nacional. Me explicaré. Eso que llaman sociedad civil, si no está del todo muerta, tiende a cumplir el proverbio clásico natura abhorruit vacuum. En 2006 y en Cataluña, el vacuum era la defensa de los derechos lingüísticos de los castellanoparlantes. La frase En català, si us plau, sufrió modificaciones orwellianas hasta que llegó a su estado actual: le añadieron un només y le quitaron el si us plau, sustituyéndolo por bon cop de falç o li fotén cop de maó dependiendo de que proviniera de los de la ceba o de los conversos a la fe del poble català.

Otra circunstancia que hay que tener en cuenta es que en 2006 ya no gobernaba el aparentemente eterno Pujol. Le había tomado el relevo el PSC primero de Maragall y luego de Montilla, que si en aquellos tres años hizo algo notorio, fue incrementar notablemente las multas lingüísticas y forzar aún más la inmersión lingüística, con el consabido adoctrinamiento político. Luego, dos años más tarde, consumaría la traición a su electorado con ocasión de la ILP de Francisco Caja, que le llevó a emprender el camino por el que ahora discurre con Dosbarajas Iceta, abrazado sin tapujos al separatismo. Bueno, ¿y el PP? Desgraciadamente, esto sigue estando de actualidad, (y mira que hace años ya) aunque haya que cambiar un poco la letra…

De hecho en aquel tiempo, en que era aún el cortijo de los Fernández (que ni eran muy amables ni recogían a domicilio, aunque de alfombras y moquetas entendieran un rato), el PPC estaba en estado comatoso: no existía porque apenas aparecía en los medios hipercontrolados e hipersubvencionados por la Generalitat. Y aparte, presentar una oposición robusta ya en aquellos tiempos les salía caro: la partida de reparación de desperfectos en las sedes no hubiera dejado de crecer y por ello era mejor mantener un perfil bajo. No había tanto dinero, después de todo. Resulta que tanto en Cataluña como en Andalucía, ser jefe de la oposición era un trabajo cómodo y en el que te podías jubilar con trienios y todo.

Así que en ese año de gracia de 2006 un grupo de intelectuales firmó un manifiesto (es cosa sabida que en España el abajofirmante es una categoría de intelectual), del cual, con el tiempo salió un partido, uno de cuyos ejes era la defensa del castellano en Cataluña. En mi modesta opinión ése era el discurso realmente nativo de C’s. Defender el uso normal del castellano junto al catalán, con todo lo que comportaba de resistencia al adoctrinamiento político, que se resume en que Cataluña forma parte de España, por mil razones que no tenemos tiempo de explicar y que además otros han explicado ya mejor que yo (el último, que yo conozca, Cristian Campos).