Amigo Magallón

Leo con tristeza que vas a cerrar tu blog. La noticia me produce sentimientos encontrados porque, por un lado, creo no tener derecho a la «nostalgia» cuando hace tan poco que te sigo; pero por otro entiendo que, aunque se trate de tu enfoque personal, el abanico de temas que has tratado es lo suficientemente interesante para justificar su continuidad.

Querría precisarte un par de cosas a pesar de que ya habrás echado el cierre. En particular y para empezar, yo escribo en mi blog no porque me sigan o me lean cien personas o cien mil. Escribo porque tengo necesidad de razonar en voz alta las cosas que se me ocurren o que leo por ahí –entre otros sitios, tu blog–. Fíjate que yo «tenía» unos 400 seguidores. Al cabo de un tiempo, me quedé en 109: resultó que los 300 que se fueron eran «bots» o gente que me leía bajo otra identidad. Por tanto, tener cien o cien mil seguidores es algo que no me preocupa en absoluto. Naturalmente, si has «monetizado» el blog, este razonamiento mío no tiene ningún sentido: entonces sí necesitas que te lea mucha gente para sacar algún provecho económico.

Y no es en absoluto que yo me crea «investido de una misión». Ni mucho menos. La blogosfera nunca, ni en sus mejores tiempos, fue capaz de hacer caer a un gobierno. En esta dictadura de verdad que mantiene todavía las «apariencias democráticas» (Huxley), aún se puede levantar la voz, aunque el ruido esté en otra parte (léase Greta Zumbada y otros artilugios desinformativos). Lo sabemos: es muy difícil luchar contra el control de agenda (lo que los poderosos han decidido que es «noticia» y de lo que todo el mundo ¿debe? hablar). Ya no basta con atiborrar al respetable de «fúrbo» (le hemos visto las vergüenzas) o de «programas del hígado» (ídem). Y ya las series y las películas empiezan a ser insuficientes para tener tranquilo al rebaño. La gente todavía recuerda un tiempo en que había más libertad que ahora y menos crisis que ahora y más felicidad que ahora. Por mucho que se empeñen en hablar de «dictadura y fascismo» (lo que viene no sólo no es mejor, sino que va a ser mucho peor). Como dijera Lincoln, «Se puede engañar a todos durante un tiempo; se puede engañar a algunos todo el tiempo. Pero no se puede engañar a todos todo el tiempo».

Es legítimo no querer resignarse a ser un susurro en medio del griterío del rebaño estúpido que aclama a los «falsos profetas». Entiendo que quieras recuperar la lectura y una vida interior. Incluso, que quieras escribir un libro –si lo escribes, igual te lo compro–. Pero tal vez, si tú te callas, no habrá quien recoja tu testigo, bien porque no tenga un nivel de conocimiento igual al tuyo; o bien porque, teniéndolo, se ha pasado al enemigo y se ha convertido en su escudero, ayudándole a vender la versión de la realidad, el «forraje» que interesa que comamos todos.

Lo dicho, amigo Magallón: una pena que desaparezcas de la blogosfera, si es que es para siempre. Espero que, tardes mucho o poco, vuelvas por estos lares. Y, en cualquier caso, hasta siempre. Seguiremos aquí mientras nos dejen.