… Y Canarias

Por su interés, a pesar de su extensión (el artículo lo merece) y a cuenta de lo que dejamos colgado en la última entrada, incluimos este artículo a nuestro entender clarividente de D. Jesús Flores Thies, fallecido en 2017. A la luz de las «maniobras orquestales en la oscuridad» marroquíes y la correlativa (y absoluta) falta de pegada de nuestro ¿Gobierno?, que es a un tiempo agresivo con quien no debe y sumiso con quien no nos conviene como Nación, este artículo puede arrojar luz sobre la cuestión. Mi opinión personal es que «al más alto nivel político» se ha aceptado, desde que estamos en esto que algunos todavía llaman «democracia», que Ceuta, Melilla y Canarias acabarán bajo dominio marroquí. Vamos, que ya está todo el pescado repartido y que sólo falta encontrar la fecha para tratar de venderlo al indefenso y engañado pueblo español.

CEUTA Y MELILLA, DOS MOLESTOS INCORDIOS

Las hemerotecas son odiadas por aquellos que pretenden escribir la Historia a la carta (a su carta). Cuando alguien se mete en ellas encuentra retazos de esa Historia que deja con las posaderas al aire a tanto desmemoriado histórico. Vamos a hacer un fugaz repaso de las hemerotecas para que veamos lo que el Partido Comunista, además de otros denominados de la izquierda, pontificaban sobre lo que se debería hacer con Ceuta y Melilla.

Hay que distinguir dos etapas: una, la de dejar que Ceuta y Melilla se las apañasen solas fuera de la comunidad andaluza, maniobra cuya responsabilidad corresponde a toda la clase política; y otra, el deseo de ciertos partidos políticos de que Ceuta y Melilla dejen de ser españolas.

El día 28 de agosto de 1977, en el diario SUR podíamos leer esto: “Diputados y senadores del PSOE, UCD, PCE, y Grupo Parlamentario Independiente, reunidos con un objeto común: el Estatuto de Autonomía. Tema secundario, relegado por una discusión temida: la integración o no de Ceuta y Melilla en la Asamblea”. Este mismo diario SUR comenta que los parlamentarios de las ocho provincias andaluzas oyeron a los parlamentarios de Ceuta y Melilla, quienes afirmaron su convicción del carácter inequívocamente andaluz de ambas poblaciones y el deseo de sus habitantes de cooperar al desarrollo integral de la región. Los parlamentarios andaluces toman nota de dicha declaración y se comprometen a estudiarla en profundidad.

Pero todo estaba ya decidido. Poco antes, en la prensa nacional se podía leer que “los parlamentarios andaluces cuestionan la presencia de Ceuta y Melilla” (y que) los diputados andaluces del PSOE, PCE y Grupo independiente no aceptan la presencia de representantes de aquellas plazas“. Poco después se dice claramente que “se rechaza la presencia de los representantes de Ceuta y Melilla”. Esta expulsión la ratifica la asamblea en Sevilla.

Los representantes de Ceuta y Melilla, sin saber con quién se jugaban las castañas, dicen que “conscientes de la responsabilidad que los votos populares les han conferido, han decidido exigir de las Cortes Española el reconocimiento constitucional de su derecho a la regionalidad andaluza“.

No es necesario decir que las Cortes ni tan siquiera respondieron a las ingenuas exigencias. Ni el Gobierno, ni las Cortes ni los grupos políticos respondieron a este requerimiento,

Y ahora viene la segunda parte, la de los “generosos” abandonistas.

El PCE se distingue por su interés, casi compulsivo, en echar de España a Ceuta y Melilla. Este deseo les viene de lejos, pues ya en el año 1924 el Partido Comunista “se proclama opuesto a la presencia española en África y declara que Ceuta y melilla son “colonias” de España y proclama la devolución de estas ciudades a Marruecos“. Años más tarde, desde el exilio (1961) el PC reitera la entrega a Marruecos de estas dos ciudades.

Ya en tiempos “democráticos” el diputado comunista por Sevilla, Fernando Soto, dice el 31 de agosto de 1977 que “demasiadas calamidades tiene ya encima Andalucía como para que le carguen el “muerto” de Ceuta y Melilla”. ¿A que es simpático este Soto? Pues en casa del ahorcado (el Faro de Ceuta) declaraba esta maravilla política que “Ceuta y Melilla hay que devolverlas a Marruecos porque así lo acordó y sentenció el VIII Congreso del Partido Comunista“.

En un informe del Ministerio de la Gobernación, el 23 de febrero de 1977 se decía que “el Partido Comunista propugna la independencia para Cataluña, Galicia y País Vasco y la entrega a Marruecos de las plazas de soberanía españolas en el norte de África“. Y en un libro editado por “Cambio 16” se escribía que entre los objetivos del PCE estaban estas “devoluciones” a Marruecos. Y Madariaga escribía: “que el movimiento en pro de la independencia de Canarias, la ayuda a ETA, la autodeterminación para Ceuta y Melilla ha sido siempre comunista”. Y es que la “autodeterminación” es otro de los trucos-trampa que se emplea como paso previo al abandonismo.

No son sólo los del PCE los abandonistas, los de la patada a Ceuta y Melilla. Otros les imitan, como la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), que propugnan la “devolución” a Marruecos sin tan siquiera contemplar los deseos de melillenses y ceutíes. ¿Para qué? Un ukase es un ukase.

Y ¡cómo no!, los socialistas también se apuntan al abandonismo. “Ceuta y Melilla deben entregarse a Marruecos”, se decide en la mesa del XXVII Congreso del PSOE. Los socialistas catalanes, demostrando su espíritu desintegrador de España, por la boca de Jordi Sierra defienden esa entrega a Marruecos. Naturalmente, los parlamentarios del PSOE melillenses y ceutíes habían sido excluidos de la asamblea de parlamentarios andaluces. Los expulsados dicen: “los parlamentarios de izquierdas, y en especial el PSOE, no nos aceptan”

Recordemos (hemerotecas…) que Alfonso Guerra y Pablo Castellanos defienden la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos. Y recordemos también que, con un espíritu patriótico envidiable, el incombustible Peces Barba decía ante el Consejo de Europa el 24 de enero de 1978 que en este Consejo “la política de bloques y partidos está por encima de la política nacional”, frase que se entiende mejor cuando Felipe González “el Estadista” nos convence de que “la actuación de algunos países en los temas de Canarias y Norte de África no constituye intromisión en los asuntos internos de España“. Es decir, que ellos pueden entrometerse en nuestros asuntos por decisión graciosa de nuestros patrióticos izquierdistas. Teniendo en cuenta el apoyo “europeo” en la ONU durante las discusiones sobre Gibraltar, podremos adelantar cuál sería la opinión de nuestros “amigos” en este otro tema africano.

El PSA lo tiene bien claro y dicen (no es broma): «Propugnamos la incorporación de Ceuta y Melilla a Marruecos a cambio de la independencia del Sahara» Y ya en una especie de paroxismo nos aseguran que ellos consideran “que las poblaciones de Ceuta y Melilla sí son pueblo andaluz, pero no territorio andaluz, y creemos que el Gobierno de Andalucía tiene que arbitrar el retorno de esos habitantes al igual que el de los emigrantes“. Esto declaraba, sin que se le cayera la cara de vergüenza, el Secretario del PSA a ABC el 21 de septiembre de 1977.

Pero he aquí que el señor Fraga Iribarne suelta esta perla en un Libro Blanco para la Reforma Democrática (editado por GODOSA): “Creemos que a España no le queda más opción, a la larga, que negociar con Marruecos respecto a Ceuta y Melilla…” Luego, Fraga, asustado por sus palabras, rectifica en febrero de 1979. Pero su primera frase ahí queda. Hemerotecas…

Y para acabar con este triste muestrario de delenda est Hispania, habrá que recordar la falaz dedicación de gran parte de la prensa «nacional» a exponer las tesis marroquíes, maniobra a la que se prestaron con raro entusiasmo, con un entusiasmo conmovedor “El País”. “Cambio 16” y “Triunfo”, como vanguardia de las tesis alauitas, aunque otros periódicos como “La Vanguardia” o el “Ya” no les iban a la zaga.

Pasados los años, este siniestro pasado sectario se pretende ignorar, pero está ahí, en la “Memoria Histórica”, para que sepamos que cuando vuelvan las tarascadas anexionistas de nuestros vecinos marroquíes, qué Judas, Minuros y Perpenas tenemos a nuestras espaldas.

Gran parte de lo que aquí se dice está tomado del libro de Antonio Troncoso de Castro “Ceuta y Melilla – 20 siglos de España”.

Jesús Flores Thies

Coronel de Artillería (R)

Y como les decía yo ayer, quien debiera defendernos de esto que amenaza en el horizonte, durmiendo. Y no, no me refiero al Gobierno. Ése ya está vendido.

Concatenación final

Como ha pasado mucho tiempo desde que escribimos la última entrada, vamos al lío una vez más. Lo dejamos en las consecuencias del 10-N y desde ahí lo vamos a retomar.

Incomprensiblemente, en mi opinión, las elecciones volvieron a arrojar un resultado positivo para la izquierda… o eso que hoy todavía se llama izquierda a efectos «didácticos». Está comprobado que el votante de izquierdas tiene unas tragaderas enormes. No sólo el votante nuevo, al que ya han educado para no votar a la derechanacionalcatolicafranquistafachaburguesa, sino al votante de izquierdas «de siempre», es decir al socialista que sigue identificando las siglas PSOE («cuatro siglas, cuatro mentiras», que dice algún radiofonista) con Felipe González, Tigrekán II de Mongolia (me pregunto quién sería el primero).

Quizá más comprensiblemente, teniendo en cuenta la caída de la «E» de las siglas del «Partido de Sánchez», es que haya recabado el apoyo de todos los enemigos de la idea y de la esencia de España. Y que éstos le han ofrecido encantados… a cambio de una enorme factura, que Sánchezstein no tiene inconveniente alguno en pasársela al pueblo español. Todos los enemigos de España se han puesto a la cola de los pedigüeños, de manera que Sánchezstein no sólo hipoteca nuestro presente, sino también nuestro futuro. Incluso uno que se hace llamar Teruelexiste, que tan convencido está de su autenticidad turolense… que vive y cobra de la Che-neralitat Valenciana.

Sin embargo, erraríamos si creyéramos que Sánchez es algo más que un humanoide de un metro noventa inflado de gas desde la cabeza a los pies. En mi opinión, los que tienen verdadero peligro son los especímenes que le rodean. Y sobre todo, los otros especímenes de los que esa patrulla llamada Gobierno recibe las órdenes. El mantra «España, cuando es importante, es peligrosa» sigue vigente. Por eso en lo alto del tótem tenemos a una patrulla con la misión específica de deshacer España. Parafraseando a Calvo Sotelo, cuyo asesinato marcó prácticamente el inicio de la guerra civil, «progresamos adecuadamente hacia una España rota y roja».

¿Y en qué está parando todo este show? En gritos y lamentos. Que oigan: parecía casi imposible, pero la pesoe lo está logrando de veras: ha conseguido fomentar el separatismo leonés, especie desconocida hasta hace cuatro días; y consiguientemente, el rechazo castellano («Castilla, sin León, mucho mejor»). De Tudanca no voy a decir más que sigue jugando a la petanca mientras esto pasa en su feudo, que le parecerá de perlas; porque si digo lo que me apetecería decir de ese «señor», seguramente acabara yo en los Tribunales, reo de los delitos de injuria y calumnia. Ése es uno de los gritos. Ya puestos, falta que Andalucía se parta también en dos «naciones»: la «Bética» y la «Penibética» (ya sé que estoy dando ideas a los descerebrados, pero en fin). Y todo así.

Los lamentos a los que está dando lugar este desgobierno son de dos tipos: uno, el lamento boliviano de los comunistas desorejados de Podemos. Lenin les daría dos besos por haber abrazado la porquería del género como antesala a la instauración del régimen totalitario de todos conocido. Quizá por eso y muy convenientemente ha saltado el «escándalo» de los vínculos de Podemos con el régimen dictatorial de Evo Morales, gracias a una auditoría externa —los auditores hicieron tan bien su trabajo que los echaron—. Del lado socialista también tenemos dos lamentos: uno boliviano, a cuenta del extraño episodio del allanamiento de la embajada boliviana en España, en el que al parecer los mexicanos tienen también algo que decir. Y luego, el venezolano, a cuenta de los vínculos de un tal Morodo con el régimen bolivariano de Maduro y de la visita de una tal Delcy Rodriguez, a la sazón vicepresidenta de la narcodictadura venezolana.

Finalmente, quisiera referirme a la crisis silenciosa de… Canarias. Todavía es España, pero Marruecos no oculta las ganas que le tiene a ese territorio. Están en medio los chalados del MPAIAC, que creen que las Islas podrán algún día constituir una «nación independiente». Seguramente no prevén que podrían quedar en la misma situación que los saharauis; pero claro, «largo me lo fiáis», deben pensar. Hay un dato descorazonador y una pregunta al respecto: la izquierda (el PCE, en concreto) tiene el proyecto de «devolver» Ceuta, y Melilla desde fecha tan temprana como 1924. Hoy habría que añadir Canarias, dada la inexplicable maurofilia de los podemitas. La pregunta, a la que hoy domingo se ha referido Luis del Pino con circunloquios y sobreentendidos —habiendo sentado plaza de «dialogante» no es bueno mentar la bicha, al parecer—, es la siguiente: ¿tenemos un Ejército suficientemente preparado para defender nuestras fronteras en caso necesario? Porque si después de no estar a buenas con los «cochinos imperialistas americanos» esperamos que éstos nos defiendan en caso de una hipotética invasión marroquí, lo llevamos claro.

Pero tranquilos, porque como dice la vieja canción de La Trinca…

I ara aquest país, que consti, que consti,
si no va millor, anirà pitjor
perquè ja tenim govern progressista,
perquè a fer punyetes ens n’anem tots.

Le hemos cambiado un poco la letra porque, a fin de cuentas, este gobierno progresista pretende un cambio de régimen y los ciudadanos de a pie —los de siempre, no ellos precisamente— nos vamos a ir a hacer puñetas cuando nos dejen sin Constitución ni leyes a las que aferrarnos para defender nuestros derechos. Ah, ¿pero ustedes creen que tendríamos derechos en ese presunto nuevo régimen? Pues eso, que dijo Sánchez. Y quienes presuntamente deberían defendernos, durmiendo. Pocos recuerdan ya lo que le ocurrió a Gil Robles.