El Papa no tiene quien le escriba (y II)

Bueno, pues no uno, sino dos artículos han sido publicados tergiversando las palabras del Santo Padre. Para empezar, debería dar vergüenza a esas personas tan leídas y escribidas hacer tan flaco servicio a la verdad (y de rondón, a la libertad, «digital» o no).

Como ya hay un artículo que habla de ello, les remito a él y me permitiré ser breve y decir sólo unas cosillas.

La primera, que la Iglesia ha sido siempre contraria al capitalismo, en cuanto «explotación del hombre por el hombre» (homo homini lupus). Una de las condenas más importantes proviene del Papa Pablo VI, que en su Octogesima adveniens decía esto:

Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social.

Más esclarecedor resulta Juan Pablo II, quien simbolizó como pocos la lucha contra el comunismo… lo cual no le hizo en absoluto adepto al capitalismo. De Centessimus Annus extraemos una coletilla que a los «liberales católicos» (sea lo que sea eso) se les olvida mencionar:

Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa».

Y por decir esto a Juan Pablo II nunca le llamaron ni «comunista», ni «montonero», ni ninguna de esas soplapolleces que le llaman al actual Papa quienes van ahítos de odio contra la Iglesia y ayunos de lectura y verdad… o que no soportan en realidad que exista Alguien al que tendrán que rendir cuentas en su último día.

Es decir, el Papa Francisco no ha podido decir nada distinto de lo que dijeron sus predecesores. De ahí, por un lado, los intentos de manipulación de sus palabras y, por otro, la desilusión de los progres: «Es que parece que sí, que va a modernizar la antigualla que es la Iglesia… pero luego, bah, vuelve al discurso tradicional de siempre». Que vale tanto para los LGTB como para esos «católicos libegales desorejaos».

Si me preguntan por qué la Iglesia se sitúa a la misma distancia del capitalismo «liberal» que del comunismo, tengo una respuesta: tanto el capitalismo liberal como el comunismo niegan la trascendencia y arrebatan la esperanza. Todo queda circunscrito a lo que ocurra en este mundo. La diferencia, si es que hay alguna, está en la forma de negarlo: en el comunismo más brutal y en el capitalismo más a lo Huxley (aunque nada impide que se acojan a la fórmula comunista, en caso dado). Ése es un punto que la Iglesia no puede ignorar y tampoco puede dejar de rechazar.

Dejando de lado la disquisición filosófica, lo cierto es que el libegalismo no lo sé, pero el liberalismo sí ha sido condenado por la Iglesia en lo que suponga de explotación del hombre por el hombre. Remarquémoslo: el Papa Francisco no puede, ni en éste ni en otros puntos, decir algo distinto de lo que ya dijeron el Papa León XIII y sus sucesores inmediatos. Y es que, ciertamente, colocar el máximo beneficio (como cualquier otro interés humano) por encima de la ley divina, aparte de «estar mal» (para los católicos auténticos, no para los del «mal menor»), nunca ha traído buenas consecuencias. En esto, la Historia es maestra.

Ideas políticas aparte (el carlismo de D. Javier me pilla lejos), creo que lo que se dice en el artículo que les he recomendado al principio está puesto en razón. Valga decir que esa manipulación, al menos a mí, no me sorprende viniendo de quien viene, que ya no sólo ataca a la «Iglesia española» (que, en verdad, hay ocasiones en que no ha estado a la altura), sino que ya se mete en camisa (teológica) de once varas sin ser católico ni teólogo. Permítanme citarles lo que creo que es el núcleo de su argumentación en un comentario-respuesta a un usuario demasiado «sobrao»:

Por último -y ahí va la denuncia fuerte al sistema de producción capitalista que es lo que en realidad ha despertado las alarmas entre los manipuladores liberales, conservadores y neocon anticomunistas-, dice el Papa que: “la multiplicación de los bienes (no) resuelve los problemas sin una justa distribución”.

El sistema capitalista calcula los datos macroeconómicos, la renta per cápita y hasta el nivel de felicidad de la gente teniendo en cuenta la producción, una fabricación masiva, admirable e ingente de bienes… que suele ser una producción sin sentido, producción de cosas que en gran medida terminan en la basura antes que en manos de una persona que las necesita. ¿Es comunismo denunciar esto? No. Es una denuncia del sistema económico liberal. Es pura y simple Doctrina Social Católica. No es justo interpretar esta denuncia del Papa al modelo hiperproductivo liberal como una bendición del sistema económico socialista, porque el socialismo o comunismo, no lo olvidemos, no rechaza el sistema de producción liberal sino que simplemente lo pone al servicio de un partido.

Así, pues, los libegales ya van servidos. En cuanto a los neocons (y los avisados sabrán a quienes me refiero), alguien tan prominente como el P. Gabriele Amorth, el mejor exorcista del siglo XX, dijo esto: «Juan Pablo II los quería, pero no los entendía; Benedicto XVI los entendía, pero no los quería; y el Papa Francisco, ni los entiende ni los quiere». En lo demás, como se decía en las películas americanas de antaño, «… con la ayuda de Dios».

P.D.- Por cierto, qué genialidad la de llamar «papólatras» a los que simplemente respe-tamos la autoridad del Papa, sea quien sea y estemos de acuerdo con él o no. Y pensar que el antecesor de éste, según parece, mojaba la ropa interior de algunas pollinas. Pero supongo que dirán que eso no es papolatría, qué va… De él nos ocuparemos en una próxima entrada.