El diablo viste de Prada (II)


Esto, por lo que hace al trasfondo de la historia. Pero es que el señor de Prada no se detiene ahí. No contento con «denunciar las manipulaciones históricas», critica la plasmación dramática (citemos textualmente):

  • Personajes esquemáticos, sin progresión dramática ni matices psicológicos, meras carcasas o testaferros sin alma que los guionistas bosquejan con fines puramente utilitarios, para después arrojarlos en la cuneta, tan pronto como dejan de necesitarlos para sus manejos maniqueos.
  • Personajes despersonalizados que no generan empatía con el espectador, cuyo heroísmo se nos presenta como un producto del miedo o del lavado de cerebro oficiado por el «sistema soviético», nunca como una expresión de la abnegación y el sacrificio que han hecho indestructible el «alma rusa» frente a cualquier enemigo externo.
  • Paradójicamente, estos guionistas sistémicos, incapaces de empatizar con sus personajes, nos brindan en cambio un capitulito grimoso con el que pretenden que el espectador lloriquee porque, para que no propagaran la contaminación atómica…

Como les dije anteriormente, parece que el señor de Prada y yo no vimos la misma serie. A mí, en mi «limitado criterio», sí que me pareció buena la serie. En mi opinión, refleja de manera suficiente el ambiente, el contexto y las acciones de los protagonistas. El cuadro de actores me pareció solvente, en especial Emily Watson (entre otros varios, La ladrona de libros). A los otros no los conozco tanto. Lo que sí podríamos echar en falta es que no se usara a actores ucranianos: no sé si porque les tocaba demasiado de cerca o por otra razón. Sin embargo, esa carencia queda suplida por actores lituanos, pues fue en Lituania donde se filmó la serie y donde se ubica la central de Ignalina, de gran similitud visual con la de Chernóbil.

Quizá, para conseguir esa «progresión dramática», los «matices psicológicos», la «personalización» de los personajes y todo eso que demanda el señor de Prada, la serie hubiera debido durar varias temporadas, no los cinco capítulos que duró. O vaya usted a saber: quizá uno de los capítulos de esa serie se acabaría titulando «Capítulo 1.243: El nieto de Lyudmila Ignatienko se va a la mili». Ahí hubiésemos visto la enjundia, la profundidad psicológica y la progresión dramática de los personajes. Pero me temo que la historia da de sí lo que da (cinco capítulos, no 1.243) y la serie es un buen resumen de los hechos.

Naturalmente, con este «artículo», el señor de Prada consiguió unos cuantos comentarios elogiosos, abracitos y besitos de Pablenin y sus acólitos. La pregunta, como siempre, es por qué.

Gotas que me vais dejando...

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