Ruido de sables (y III)

Termino este muy largo discurso mencionando especialmente un par de detalles. Hoy por hoy, el militar español se mueve dentro del más estricto respeto a la Constitución y las leyes. El hecho de que el Ejército sea «profesional» y no de leva ha aumentado el contento de muchos y disminuido los efectivos de ese Ejército.

Quizá exagere un poco con la pregunta, pero ahí va: ¿está nuestro Ejército preparado para las contingencias que puedan presentarse? Al margen de que lo patriótico sea una respuesta afirmativa, y teniendo en cuenta que el Ejército es lo que hacen de él los políticos (son los políticos los que dicen lo que los militares pueden o no pueden hacer, los que dan dinero para las necesidades de la Defensa nacional, etc.), es una duda razonable. Los famosos «hechos de la verja», en los que se mandó al Ejército, pero sin armas para repeler esa «invasión de inmigrantes» me hacen dudar de que el Ejército esté preparado. El hecho de que la Marina no pueda usar sus efectivos para repeler la invasión de las pateras, cayucos y demás embarcaciones llenas de inmigrantes me hace dudar de que el Ejército (o los políticos que lo dirigen) esté preparado. Aclaro que cuando digo repeler, no me refiero a «ametrallar dichas embarcaciones», sino simplemente obligarlas a que diesen media vuelta y no apareciesen por Canarias (hablaré de eso en otro post).

Y termino ya. Para última muestra, un botón. Admitimos que la televisión, poco o mucho, es ventana de lo que ocurre en la sociedad. Me fijo en el detalle siguiente: en Estados Unidos, a pesar de que hay oposición a la guerra de Iraq, se emiten series apoyadas por el Pentágono en las cuales el ejército puede ser materia opinable, pero respetable siempre. ¿Y en España? La versión televisiva de Historias de la puta mili. Sin comentarios.

Ruido de sables (II)

Indudablemente, la etapa de Serra el Malo (1982-1991) fue la etapa de trasladar a la realidad lo que difusamente sentía el pueblo español después de tanta propaganda antimilitarista: una mezcla de desprecio, risión y conmiseración hacia todo lo militar. Así, al militar se le ha ido rebajando la edad psicológica hasta niveles pre-adolescentes e incluso infantiles:
  • El militar no tiene opinión, pues para eso la tiene el ministro. Es más: el hecho de que un militar opine, aunque sea para citar la Constitución y sin más intencionalidad que la de clarificar su postura, puede ser objeto de sanción disciplinaria.

  • El militar padece otros recortes en sus derechos constitucionales: ¡qué sería de nosotros si, por ejemplo, los militares se pudiesen asociar! De hecho, en Francia o en Alemania pueden hacerlo y no se cae el mundo por eso. Aquí, en cambio, ni siquiera los que no están en activo pueden. Pero eso no es más que la aplicación de la regla divide et impera. Es más fácil cometer una injusticia (y que ésta perdure) con los militares cuando éstos no están unidos en un solo bloque.

  • Añadamos a este hecho que el ascenso al generalato es, en última instancia, una decisión política. Ello introduce un elemento de control por parte del poder político (injerencia, en realidad) en las Fuerzas Armadas, con la consiguiente distorsión. No sería la primera vez que ese mecanismo se utiliza para asegurar la lealtad de los mandos superiores del Ejército, teniendo en cuenta que la cadena de mando es muy estricta.

Y así, podríamos contar algunas más. A todo esto, la consideración general del Ejército como «nido de fachas» y no sé cuántas maldades más no decrece y, al parecer, nadie se preocupa de eliminar ese sambenito. Mucho menos los propios militares, que en estos momentos aceptan de forma «ordenada, eficiente y militar» todo lo que les cae de arriba y lo que les viene por los lados.

Del resto de ministros, decir que la mayoría pasó sin pena ni gloria. Sus nombres han quedado únicamente para la cita y la hemeroteca, con la excepción de Gutiérrez Mellado, que fue el primero (y único) militar de la lista. Algún otro, como Suárez Pertierra, ha quedado en un honroso segundo puesto detrás de Serra el Malo en el palmarés nefasto de los militares.

A mencionar también y especialmente, Serra El Peor (Eduardo). De administrar cañones pasó a administrar cuadros (fue director del Museo del Prado), lo que abona la teoría expuesta en el post anterior: que no es necesario haber adquirido ciencia y conocimiento de lo militar para ser ministro de Defensa. Sorprende ello mucho más cuando se sabe que su carrera en el Ministerio data de los años de Alberto Oliart (1981-1982); pero es que también estuvo de secretario con Serra El Malo. Durante su mandato se suprimió el servicio militar obligatorio, con gran contento de objetores, pacifistas de vía estrecha y juventud en general.

¿Y los dos últimos? De Trillo lo mejor que puede decirse es que procedía del Cuerpo Jurídico de la Armada. Tuvo mala suerte cuando «le sobrevino» lo del Yakovlev. Ya no me queda muy claro quién fue el responsable subjetivo de ese hecho, que costó 62 víctimas; pero la impresión que tengo ahora es que no se enteró del asunto hasta que lo tuvo encima (creo que es la interpretación más benevolente) y en cualquier caso, el responsable objetivo sí fue él. A pesar de todo, los socialistas se ensañaron con él más de lo debido.

En cuanto a Bono, pues… Habiendo sido rival de ZP en el congreso del que salió candidato y manteniendo siempre una «cierta independencia» respecto de la posición oficial del partido, parece que ZP lo castigó doblemente: primero, teniéndolo cerca, como se dice que tenía Franco a la gente que no le gustaba; y segundo, aprovechando su fervor patriótico-español tan poco de moda, le obligó a bailar con la más fea. Ha sido el ministro del «Volved a casa»… pero sin deshacer las maletas, para volver a irse, esta vez a Kabul (todo un ejercicio de hipocresía por parte del PSOE).

Y va ser verdad lo que se dice de Bono y su parecido con el áloe vera. Parece que en el caso Cougar mintió como un bellaco (marca de la casa), de forma que los familiares de una de las víctimas han pedido un careo. Él, que tanto se ensañó con Trillo, podría probar su propia medicina. Estaremos al tanto.

Ruido de sables (I)

Hace 28 años que estamos en democracia. Se habla de la recuperación de las instituciones, del protagonismo (?) de la mal llamada (a mi entender) sociedad civil y llama la atención el descrédito de una institución que, dentro de unos parámetros democráticos y constitucionales, merece uno de los máximos respetos por parte de la nación. Me refiero al Ejército. Ya sé que quien me lea desde Argentina o Chile puede rechinar los dientes y es muy natural. En esos países, bajo las respectivas dictaduras militares, se cometieron verdaderas barbaridades.

Pero ciertamente no partimos de esa situación en España. Aquí, como comenzaba diciendo, estamos más o menos consolidando una democracia (con todos los defectos que pueda tener) y sin embargo, es llamativo que la institución militar sea objeto de una difusa burla, befa y mofa, que devienen en una baja consideración pública. Sólo después de 28 años de progresiva degradación de la consideración pública del Ejército se entiende un artículo como el del señor Iu Forn. Este señor se descolgó con un fruto de su resfriado ingenio en un diario que no existiría si no fuera por las subvenciones que recibe (y que por tanto pagamos todos, no sólo los lectores de ese diario).

Sin duda, el comienzo de ese declive se puede situar con la entrada, en 1983, en el Ministerio de Defensa de Narcís Serra, cuyo conocimiento de los temas militares en aquel momento se reducía probablemente al tiempo de su servicio militar (si es que lo hizo). Pero ésa es una rémora que el Ejército ha padecido desde que estamos en democracia. Todos entienden como lógico y normal que al frente del Ministerio de Agricultura haya un ingeniero agrónomo, o un médico al frente del de Sanidad o un maestro en el de Educación. ¿Y en el de Defensa? Para ser ministro de Defensa, según parece, se puede ser cualquier cosa menos militar. No es necesario entender de temas militares: basta con hinchar pecho, lanzar vivas a la Nación (los pocos que lo han hecho) y dar de vez en cuando algún puñetazo en una mesa para que los subordinados se cuadren y cierren la boca, porque el único que tiene derecho a hablar es el Ministro, faltaría más.

Aún reciente, pues, el tejerazo (sobre el que hay que decir que sólo una verdadera minoría lo apoyaba dentro del Ejército), Serra se dedicó a deconstruir el Ejército como castigo a su «veleidad antidemocrática»; y en su furor deconstructor, se llevó por delante a tirios y a troyanos. Serra consiguió que el Ejército (y particularmente la capa superior del estamento militar) obedeciese hasta sus más mínimas órdenes, empequeñeciéndose así cada vez más.

El zorro y el gallinero

El zorro, naturalmente, es Rubalcaba. Y el gallinero es el Ministerio del Interior, donde al parecer había demasiado ruido mediático, ése que él conoce tan bien. Parece que al ministro Alonso le salían goteras por todas partes y, claro, esos asquerosos «periódicos de la derecha» andaban publicando todos los días detalles muy molestos que fuera mejor que no se supiesen. Por eso, nuestro bienamado ZP ha nombrado ministro a su liante número uno para que dé el cerrojazo a tanta gotera.

Qué duda cabe que para «no mentir», como él exigió en la noche del 12-M, hay dos opciones: o se cuenta la verdad, o el silencio. Y sin duda, Rubalcaba y ZP han optado por lo segundo. Ya apostillábamos en otro post que Alonso, pese a todo, es juez antes que socialista y eso le compromete más con la verdad y la justicia. Rubalcaba, por el contrario, no tiene esa rémora y si tiene lisa y llanamente que mentir, lo hace sin ningún rubor. La cuestión es que cuando alguien en su posición calla no dice verdad, pero tampoco miente. Rubalcaba es químico y sabe que la información de su ministerio, como el sodio, explota al contacto con el aire. Así que ha decidido cerrar herméticamente el matraz que es su ministerio. Y aquí paz y después gloria.

Presuponemos que ocurrirá algo parecido a lo del Carmel, en Barcelona, si bien con el INRI de que quien propició el llamado entonces apagón informativo había sido profesor de la Facultad de Ciencias de la Información en la UPF y pocos días antes de ser nombrado Secretario de Comunicación, pronunció una conferencia sobre periodismo y libertad de la información… O sea, cocinero antes que fraile. Pues eso: que los españoles (y los catalanes, los andaluces, los vascos…) seguimos esperando «un Gobierno que no nos mienta».

P.D.- Recuerdo que a los primeros días de la «investigación» judicial, alguien dijo que en algún momento de aquel trágico fin de semana, Rubalcaba se reunió con algunos compadres en un restaurante y brindaron por el triunfo del PSOE. Esa información no se ha vuelto a mencionar, ni siquiera en los periódicos.

Corrección política

Analizando lo que veo (como casi siempre hago), me he dado cuenta de un detalle. Un detalle ciertamente enojoso. En esta España (todavía) de la «libertad» y el «socialismo», resulta que uno puede reírse a más y a mejor de la Iglesia. Los curas, ya se sabe… La Inquisición… la dictadura franquista (Franco bajo palio, of course)… la curia vaticana… En fin, es el argumentario de todos los días, machacado una y otra vez. Y en España somos muy cainitas aún y nos gusta hacer leña del árbol caído o del reo en la picota. De otra forma no se explicaría el éxito que tienen ciertos programas en la televisión o ciertos columnistas cuyo discurso izquierdista-anticlerical ya aburre de tan gastado que está.

¿Y por qué viene a cuento la observación? Pues verán. Fíjense en la reacción de una buena parte de los musulmanes al publicar un diario danés unas viñetas humorísticas relativas al Islam. Observando las reacciones de cada protagonista, podemos deducir lo siguiente:

a) Los musulmanes se enfadan, pero no los que viven en Dinamarca. La comunidad musulmana de Dinamarca prefiere no tener problemas en su país de acogida y cierra filas con los daneses.

b) Los musulmanes que están cabreados es obvio que no viven en Dinamarca. Pero además, consideran esas viñetas una grave ofensa a Alá, a Mahoma y al Corán, con lo cual los mullahs y demás exaltados se preparan a emitir una fatwa contra Dinamarca.

c) Dinamarca, temerosa de que una fatwa desencadene una oleada de disturbios, incidentes o atentados, se apresura a censurar las viñetas.

d) ¿Y la actitud del gobierno de España? Naturalmente, «es un abuso de la libertad de expresión y una falta de respeto por las creencias religiosas». Por supuesto, si lo censuraron está bien censurado.

Bien se ve que los progres del PRISOE y aledaños saben bien a quién atacan. Saben que la Iglesia católica no lanzará ningún anatema contra los burladores. Y por supuesto, saben perfectamente bien que ningún comando de locos religiosos católicos imbuidos de ética sacrificial colocaría una bomba en las dependencias de esos medios. Por eso, leña al mono… que es de misa.

Nostálgico

«El señor Guerra está triste, / ¿qué tendrá el señor Guerra?». Bueno, lo que tiene es una diarrea monumental. Decir que lo que está ocurriendo en España es «parecido» a la disolución de la URSS tiene muchas narices. ¿Acaso quisiera el látigo de la derecha que España se pareciese en algo a la extinta URSS? Recordemos que la URSS quebró en pedazos en 1991, y que antes, en 1986, cuando nosotros entrábamos a la vez en la CEE y en la OTAN (¿se acuerdan de lo de de entrada, no?), un melancólico Gorbachov notariaba el acta de defunción del «paraíso de los trabajadores». Por no decir que desde noviembre de 1989 los izquierdistas (?) del mundo entero se quedaron sin patria.
Ya quisieran los soviéticos de 1986 haberse parecido a los españoles de ahora, de 2006. Gorbachov hizo bien: liquidó un régimen podrido hasta la médula. Lo malo que después, probablemente debido a ese nivel de corrupción galopante, no supo o no pudo o no le dejaron liderar el país hacia un cambio democrático lo suficientemente estable para dar de comer a sus conciudadanos. Y ahí están que muchos viven por debajo del umbral de pobreza y, al menos desde fuera, la imagen que se da es la de un país carcomido por las mafias.
Pero claro, el señor Guerra es como el señor Ford de Un mundo feliz: para él y para otros y otras (seamos políticamente correctos) como él, la historia es una paparrucha. Por eso mismo pasan esos detalles por alto y esperan que todo el mundo haga lo mismo, mientras idean una reescritura de la Historia favorable a sus intereses. Pues mire usted, el de las «frases brillantes», sobre todo ésas de «cuando nos vayamos, a España no la va a reconocer ni la madre que la parió» y «el que se mueva, no sale en la foto». Resulta que es usted quien está colaborando en la demolición del Estado que tantos muertos costó levantar. Y resulta que es usted quien está dando codazos en todas partes para hacerse la foto con los nacionalistas.
Supongo que en 1977 no derramó una lágrima cuando tuvo que eliminar del programa y del ideario del PSOE toda referencia al marxismo («el fin justifica los medios»), al efecto de que su partido encajara en la ley de asociaciones vigente. Así que no parece haber motivo para que mencione la extinta URSS para nada. Sinceramente, creo que le traicionaron a una el corazón y el inconsciente. ¡Qué gran Comisario de las Nacionalidades hubiera sido usted!

P.(1/2)E.

El título de este artículo parece una ecuación, casi se podría decir que einsteniana, aunque desde luego mucho menos comparable a la incomparable E=mc2. Pero si de algo no trata este artículo es de física cuántica, aunque la materia de la que hablaremos sea opinable y muy, muy, muy relativa.

De acuerdo con el término académico consagrado, hablaremos aquí de una «de-construcción». Y el objeto de nuestro pequeño estudio será un partido político, antes conocido como «Partido Socialista Obrero Español». Si nos fijamos bien, de las siglas que formarían el acrónimo de ese partido se han «caído» dos letras: la S y la O. Esto, básicamente, significa dos cosas: primero, que ese partido no es socialista. Y no lo es, entre otras razones, porque en su primera etapa la Banca obtuvo los mayores beneficios de su historia hasta ese momento. Naturalmente, que la banca tenga agarrada por las pelotas a todos los partidos de algún fuste o representatividad es un hecho relativamente irrelevante. Igualmente es «relativamente irrelevante» que los miembros más representativos de ese partido no den ejemplo y acomoden su azaroso vivir a esos míseros 30 metros cuadrados a los que la menestra Trujillo quería condenar a los primeros adquirentes de una vivienda (jóvenes e inmigrantes).

Hay un hecho en contra de esta primera apreciación: el modelo económico socialista, al menos en teoría, es sumamente intervencionista. Controla precios y producción, así como el dinero que circula en la economía. Obviamente, por consiguiente, el Estado es quien debe llevar el peso de esa intervención. Y el Estado no es nadie sin servidores públicos. Por consiguiente, pues, los gobiernos socialistas que en España han sido han inflado el aparato administrativo hasta 2 millones de servidores públicos, a los que hay que sumar los de las autonomías. No entraremos en la cría y engorde de ese animal llamado «Administración» porque nos alargaríamos más de la cuenta y tendríamos que meternos en mucha harina, además.

De lo anterior se sigue que ese partido que estamos «de-construyendo» no es obrero. No lo es porque no defiende los intereses de los obreros. Eso sí, en tiempo de elecciones es factible ver a Manolito Chaves enfundado en cazadora y pantalones de pana y casi como diciendo «Zomoh de loh vueztroh». Claro que se mantiene a suficiente distancia de su enfervorizado público, porque de acercarse, éste olería la naftalina que tan bien conserva la ropa de la etapa electoral y que sólo es menester lucir en esos momentos (gran sacrificio por una excelente y noble causa). En contra, igualmente, dos puntos: las reconversiones salvajes del sector naval de los años 80, que tienen su correlato actual en las deslocalizaciones empresariales y la nueva crisis del textil (bien es verdad que a los chinos ahora mismo no hay quien los pare y que es más barato fabricar camisas en Marrakech que en Mataró; pero aun así…)

Justificadas las pérdidas anteriores, analizamos lo que nos queda. Nos queda la P de «partido», que viene a indicar un conjunto o facción de personas que comparten las mismas ideas. Y que las comparten de tal modo que el que un día se mueva un milímetro de ese profundo y total compartir deja de salir en la foto (olé el Guerra de las frases lapidarias); y, además, quien deja de salir en la foto no sólo es un contraopinante (algo saludable en cualquier democracia, interna o externa), sino que se convierte en traidor y en apestado, adquiriendo a un tiempo ambas condiciones. Y si no, que se lo pregunten a los dos Redondos, tanto el padre como el hijo: al primero, por un quítame allá esas huelgas; al segundo, por no supeditar su solidaridad a unos superiores intereses de partido. Se puede objetar que esto es así en la mayoría de partidos; pero no se ha de negar que en los partidos supuestamente «de izquierdas» es un rasgo que queda como muy feo, porque cada vez que les oye uno hablar, se les llena la boca con la palabra libertad (aunque sólo sea en sentido centrípeto).

A estas alturas del artículo (y me he alargado realmente mucho), más de un lector habrá cogido lo del «1/2E». Quiere decirse que es medio español (al menos, hasta ahora). ZP, forzado por la erótica del pacto o compinchado con sus colegas de la izquierda radical (pues no otro calificativo merecen los señores de ERC y BNG) y por otro lado, del nacionalismo cavernícola y de sacristía del PNV (ellos no rezan a Dios, sino a Jaungoikoa, que por lo que veo les permite mirar a otro lado sin peligro de su alma cuando un maketo es insultado, agredido, secuestrado o asesinado), han puesto en escena la de-construcción de España. Lo cual viene siendo lógico, porque un partido de-construido sólo puede ejecutar de-construcciones (algo que está en su naturaleza-en-sí).

De todos modos, todo es muy relativo, incluso el contenido de este artículo. Así, pues, sería conveniente empezar a llamar las cosas por su nombre, para que la «relatividad» no nos fagocite el vocabulario.

(originalmente insertado en 2:31 AM – 2/9/2005)

"Accidente aéreo"

El Gobierno se permite tildar de «accidente aéreo» lo que a todas luces parece una acción de guerra. Por lo poco que yo sé, si el helicóptero se hubiera accidentado realmente, cabría la posibilidad de que existieran supervivientes, aunque no hubiera habido más que uno, que lo hubiese podido contar. Sin embargo, el hecho de que todavía se estén recogiendo trozos de carne de los ocupantes del aparato hace pensar que fue derribado.
El Gobierno pretende que ignoremos que en Afganistán (un país que desconocíamos por completo a no ser porque sale el primero en las listas de países de los formularios) hay como unos 100.000 talibanes a quienes no les gustamos nada porque de algún modo hemos invadido su país. Poco importa que fuera por una buena causa, visto desde allí; el hecho es que somos intrusos y por eso mismo debemos ser combatidos. Por otro lado, si es verdad que fue derribado ese helicóptero, cabría preguntarse qué misión estaba realizando. Pero es muy probable que se amparen en el «secreto de Estado» o en la «seguridad nacional», que siempre se invocan para operaciones militares que son y/o que deben permanecer secretas.
Resalta otro dato curioso, que haría reír si no fuera por lo sangrante: en los merecidos funerales a los militares ocupantes de ese helicóptero no he visto a ninguno de los peliculeros, a ninguno de los sabinas ni a ninguno de los bardemes. A ninguno de todos ésos que, en su momento, llevaban puesta la pegatina del no-a-la-guerra. A ninguno de ésos que formaba en las vociferantes multitudes que se levantaron contra el Gobierno de Aznar. ¿Dónde estarían? Tal vez, comiendo con Fidel Castro, como esa concejala comunista cordobesa que tiene la cabeza a pájaros aún y que supongo cree en la «revolución» y en el «comandante» como un niño cree en los Reyes Magos. En cuanto a los otros, estaba claro que ni se fletaba el autobús, ni te daban bocata ni había subvención alguna que rascar. Lo que va de ayer a hoy.
Propongo enviar a ZP a parlamentar con los talibanes ésos, y de paso que les explique esa memez de la «Alianza de Civilizaciones», a ver si los convence. Con lo gafe que es, igual mientras parlamentan les caen chuzos de punta y se rinden. Pero me temo que lo que ocurra es que lo convenzan a él de que España adopte el Islam como religión oficial… Mejor no meneallo.

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