Epitafio de Rivera (y III)

Llegados a este punto, resulta que Rivera, privado de su discurso básico y fundamental, ha de encontrar algo. Él y su equipo se ponen a la tarea y llegan a una primera conclusión, como Descartes: «No somos ni de derechas ni de izquierdas; y por eso tomamos un poquito de cada cosa». El caso es que por descarte uno no llega a una definición positiva que digamos: bien está que uno diga lo que no es, pero mejor es que diga lo que sí es. Sin embargo, C’s se enreda siempre en un barullo nominalista para acabar no diciendo nada en concreto. Recuerda un poco a una escena de Una terapia peligrosa. Paul Vitti (Robert de Niro) está K.O., llorando como una magdalena a causa de un anuncio. Su segundo de a bordo, Jelly (Joe Viterelli, genialmente doblado por Pepe Mediavilla), le pide a su psiquiatra, Ben Sobol (Billy Cristal), que le suplante en una reunión muy importante de mafiosos. El diálogo importante es éste:

–Doctor, si tiene que hablar… bien, intente ser impreciso. ¿Podrá hacerlo?
–Soy psiquiatra. Puedo ser muy impreciso.

Esa imprecisión respecto a lo pretendía ser de mayor facilitó a C’s por un lado aspirar a heredar primero a la pesoe (opción más o menos natural porque en aquel tiempo se definían como liberal-progresistas). Pero apareció una formación más o menos radical (Podemos) y le dejó sin agua por ese lado. Luego aspiró a heredar al PP, pero era ya tarde, porque lo nacional se lo quitó una formación nueva simplemente de derechas (VOX). Aparte, el PP-de-Mariano se había vuelto tan progre que era indistinguible de la pesoe. Lo único que les distinguía (y lo sigue haciendo) es el volumen de los robos. Los grandes partidos demostraron a Rivera que no estaban en situación de ser heredados.

No obstante, el momio se vendía. Salió una figura importante, Inés Arrimadas, jerezana de pro que nunca, ni residiendo en Cataluña, renunció a su jerezanía, si me permiten el neologismo. Consiguió un doblete que hoy parece imposible: conseguir que su partido fuera la lista más votada en Cataluña sin ponerse la “i” entre sus apellidos y hacerle la campaña en Andalucía al vicepresidente andaluz Carapalo Marín.

Y aquí es donde viene lo importante. Así como hubo «maniobras orquestales en la oscuridad» para laminar a UPyD del panorama político, es mi opinión que también las hubo para descabalgar a Rivera del machito. Lo primero, esas extrañas defecciones-decepciones del verano, con Toni Roldán, Juan Carlos Girauta y Javier Nart a la cabeza. Éste último dejó el partido pero no el escaño en el Europarlamento (legítimo, pero moralmente cuestionable). Luego, las maniobras de Monsieur le Commissaire (Valls) que al parecer quería su propia corriente en C’s y que al principio había sido saludado por Rivera como apuesta personal.

Y luego, una reunión Bilderberg con –seguramente– Ana Patricia Botín, a la que asistieron Casado, Arrimadas y el propio Rivera. Me malicio que en esa reunión, visto el panorama, el IBEX-35 planteó a Rivera  ─por conducto de Botín pasar el testigo a Inés Arrimadas, toda vez que ella era una figura ascendente y él descendente. Y bueno, Rivera pondría cara de «usted no sabe quién soy yo» y «tengo 57 diputados y estos son mis poderes». Y supongo que Botín no movería un músculo de su cara (las Ice Queens no hacen eso), pero habría tomado ya su decisión.

De ahí el ridículo que hizo en el debate previo a las elecciones (lo del tocho era para plantarse delante de él en plan Chiquito, con esos andares escocíos que gastaba y decir «No puedor»). Y también el hecho de que, aunque no se hubiera hecho público, Malú, su actual pareja, estuviera embarazadísima y que ambos ocuparan más espacio en las páginas del corazón que él solo en las de Nacional. Consecuencias de todo lo anterior: C’s se pegó un hostión de reglamento. Perdió 47 diputados.

Como Tom Cruise en ¡Jo, qué noche!: «¡Pero qué coño!»

La despedida de Rivera fue más francesa que Monsieur Valls, lo cual se nos antoja lógico si tenemos en cuenta que estaba más preocupado por su situación familiar que por la debacle electoral (y además, la política y cambiar pañales, aunque se parezcan, en el fondo no se llevan bien). Otras defecciones notables han sido las de Villegas y de Fran Hervías, conocido en la casa como el Hervidero (hervido ya en su propia cazuela) y prácticamente sin simpatías en la casa. Aunque, naturalmente, «ha puesto su cargo a disposición del Partido», vamos a ver si la nueva directiva le acepta entre sus filas.

La otra consecuencia es que los resultados electorales han pillado a Arrimadas igualmente embarazadísima y además, no saldrá de cuentas hasta junio si todo va normal. Lo que significa que hasta que se produzca el feliz natalicio estará en cuarentena y que quien tendrá que gestionar el marrón será una gestora. Vamos a ver.

Cuentan las malas lenguas que Rivera quiere buscar asilo en la universidad. Si quieren mi opinión, la Universidad debería dar cabida a personas honradas, decentes y con espíritu de servicio a España a través de la educación. No a políticos en horas bajas. Y que quiere escribir un libro. Muy bien. Pues que lo escriba. Y que plante también el árbol, no sea que Greta Zumbada se entere y le eche una bronca por no favorecer el medio ambiente.

Epitafio de Rivera (II)

Les propongo, siguiendo nuestro relato, que demos un salto en el tiempo. Pasamos de 2006 a 2012. En el camino nos hemos dejado a los abajofirmantes (como Boadella o Narcís de Carreras) y a algunos diputados descontentos con la decisión de C’s de unir su suerte a la de Declan Ganley por su adscripción conservadora (Antonio Robles y José Domingo). Atrás quedaron los carteles de la pelota picada. En ese momento Rivera se convertía en el yerno que todas las señoras quisieran para sus hijas. C’s ha logrado la increíble proeza de obtener nueve escaños en un Parlament de Catalunya totalmente monocolor, si exceptuamos la grisura del PPC, acollonado en la calle y despreciado en el Parlament.

«¡Esto no se puede consentir!», tronaban en los despachos. El tándem Rivera-Cañas repartía tortas a cuatro manos, uno con más gracejo y el otro con menos diplomacia y para los separatas era un ridículo continuo. Pero ai las!, en ese tiempo ya se habían colado las fake news en la política. Hay que reconocer que los que chapotean en las cloacas del poder se esforzaron, porque primero intentaron identificarle con un lejíadeextremaderecha y tal y la cosa no salió muy bien. Tuvieron mejor resultado cuando le «inventaron» a Cañas un cuñao y un feo asunto de urbanismo. Ya conocen el problema de las fake news en la política: que no es necesario que sean verdad, sino sólo que parezcan creíbles. Añadan a eso que lo que funciona no es la presunción de inocencia sino la mera sospecha y ahí tienen a Cañas apartado de un manotazo de primera línea. Una persona en mi opinión valiosa, por cierto.

Para seguir sin detenernos más en detalles, hablaremos el momento Macbeth de Rivera: el momento en que alguien le susurró que en el resto de España había masa crítica suficiente para formar un partido nacional y recoger descontentos de los grandes partidos. Ahí fue donde la cosa empezó a desmadrarse. La ejecutiva de C’s hizo las maletas deprisa y corriendo, no sin antes purgar a sus propios descontentos. La cuestión acuciante era: «Soy joven y quiero tener familia. ¿Voy a llevar a mis hijos a un colegio donde les enseñen a odiarme por sentirme español? ¿Me voy a quedar en un lugar donde unos desconocidos podrían agredirme por militar/presidir un partido contra Catalunya?». Respuesta: Fotem el camp.

Pero esa huida tuvo un efecto perverso: les dejó sin discurso (o relato, como dicen ahora los repipis). «¿Defender en Madrid el uso del castellano al mismo nivel que el catalán? Quite usted, hombre. Aquí en la capital se tratan cosas importantes. Ustedes vienen “de provincias” y aún no se han enterao». Otro alguien les dijo que eso era demasiado regional, que no molaba y que tendrían que ampliar su discurso. De ahí las burlas feroces de un señor llamado Carlos Floriano, el Ricardo Tubbs de la política española (se aceptan sugerencias sobre quién debería ser Sonny Crockett: tal vez Fernández Maíllo, eso sí, un poco más teñidito de castaño) que los llamaba «Chudatán». Aunque él mismo debiera callar, por llevar de suyo el sambenito que le colocó nuestro petit Fouché, hoy ya perdido en el limbo rojomasónico: «Veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices».

Empezaron así un proceso curiosamente inverso: no eran una ideología en busca de un partido, sino un partido en busca de una ideología. Así, dijeron primero: «Somos una izquierda nacional»: el PSOE había dejado de serlo y por tanto, decidieron que había espacio. El planteamiento resultó no ser original, porque ya había otra formación que pretendía encarnarlo: UPyD. Sin embargo, UPyD cometió un error: creer que «esto» que tenemos es una democracia. Y llevados de esa convicción, llevaron a los políticos y directivos de las cajas de ahorros ante los Tribunales. Ése fue uno de los dos clavos en el ataúd político de Rosa Díez. En cuanto al otro, es mi convicción personal que el IBEX-35 se estaba poniendo nervioso ante los avances judiciales («a ver si también nosotros vamos a tener que poner las barbas a remojar») y contactó con un Rivera deseoso de ganar peso político. De esa coyunda nació la sentencia de muerte para UPyD, que ya se estaba convirtiendo en un grano en el gordo trasero de alguien.

Así pues, la negativa de Rosa Díez a firmar un abrazo con Rivera cuando el partido en pleno no lo veía mal, el acoso al diputado Sosa Wagner, catedrático de los de antes, por parte de Gorri e Irene Lozano y la traición de la propia Lozano, que se pasó a la pesoe para ser nombrada jefa de Marcaspaña –y también para ser negra de Sánchez, de su libro Manual de inconsistencia– acabaron con el partido en dos semanas de estío. Todo el montaje huele a desahucio…

Ángeles malos o buenos,
que no sé,
te arrojaron en mi alma…

Estoy seguro de que Rosa Díez en modo alguno considerará a Irene Lozano un «ángel bueno», sino más bien una «buena pieza». Lo cierto es que la arrojaron de su alma y (sobre todo) de su trono en la sede magenta, con todo el dolor de su corazón. Ya saben: Ve y cuéntalo… si puedes.

Epitafio de Rivera (I)

Interrumpo de nuevo la serie –reconozco también que me está costando un poco escribirla– porque un servidor de ustedes ya no puede demorar más el enganche con la vertiginosa realidad a la que nos estamos enfrentando.

Vaya por delante que, para mí, las elecciones del 10-N han sido un mero episodio, del que se pueden destacar cuatro cosas: el lento pero constante descenso de apoyos al Partido Sanchista (de sobra sabemos que ni es “obrero”, ni mucho menos “español”), la tímida recuperación del PP (gracias a Cayetana Álvarez de Toledo y a Beatriz Fanjul y a nadie más: Fontxu, ¿no será que trabajas para Sabin Etxea y crees que no nos hemos enterado?) el increíble ascenso al rutilante firmamento político de VOX y el correlativo e igualmente increíble desplome de C’s. De ahí las prisas de Sánchezstein por cerrar un gobierno Picapiedra: sabe de sobra que si se convocaran elecciones en marzo puede que bajara hasta los 100 diputados, ahora que ha perdido el granero andaluz (se lo están desmontando una gestión razonable por parte del tripartito andaluz y la Justicia… porque es gibt noch Richter in Spanien). Pero vamos por partes, que dijo Jack el Destripador.

No sé si habrá quien comparta mi tesis. En mi caso y como ex-militante de ese partido, tengo la sensación de que C’s se empezó a ir a la eme cuando dio el salto a la política nacional. Me explicaré. Eso que llaman sociedad civil, si no está del todo muerta, tiende a cumplir el proverbio clásico natura abhorruit vacuum. En 2006 y en Cataluña, el vacuum era la defensa de los derechos lingüísticos de los castellanoparlantes. La frase En català, si us plau, sufrió modificaciones orwellianas hasta que llegó a su estado actual: le añadieron un només y le quitaron el si us plau, sustituyéndolo por bon cop de falç o li fotén cop de maó dependiendo de que proviniera de los de la ceba o de los conversos a la fe del poble català.

Otra circunstancia que hay que tener en cuenta es que en 2006 ya no gobernaba el aparentemente eterno Pujol. Le había tomado el relevo el PSC primero de Maragall y luego de Montilla, que si en aquellos tres años hizo algo notorio, fue incrementar notablemente las multas lingüísticas y forzar aún más la inmersión lingüística, con el consabido adoctrinamiento político. Luego, dos años más tarde, consumaría la traición a su electorado con ocasión de la ILP de Francisco Caja, que le llevó a emprender el camino por el que ahora discurre con Dosbarajas Iceta, abrazado sin tapujos al separatismo. Bueno, ¿y el PP? Desgraciadamente, esto sigue estando de actualidad, (y mira que hace años ya) aunque haya que cambiar un poco la letra…

De hecho en aquel tiempo, en que era aún el cortijo de los Fernández (que ni eran muy amables ni recogían a domicilio, aunque de alfombras y moquetas entendieran un rato), el PPC estaba en estado comatoso: no existía porque apenas aparecía en los medios hipercontrolados e hipersubvencionados por la Generalitat. Y aparte, presentar una oposición robusta ya en aquellos tiempos les salía caro: la partida de reparación de desperfectos en las sedes no hubiera dejado de crecer y por ello era mejor mantener un perfil bajo. No había tanto dinero, después de todo. Resulta que tanto en Cataluña como en Andalucía, ser jefe de la oposición era un trabajo cómodo y en el que te podías jubilar con trienios y todo.

Así que en ese año de gracia de 2006 un grupo de intelectuales firmó un manifiesto (es cosa sabida que en España el abajofirmante es una categoría de intelectual), del cual, con el tiempo salió un partido, uno de cuyos ejes era la defensa del castellano en Cataluña. En mi modesta opinión ése era el discurso realmente nativo de C’s. Defender el uso normal del castellano junto al catalán, con todo lo que comportaba de resistencia al adoctrinamiento político, que se resume en que Cataluña forma parte de España, por mil razones que no tenemos tiempo de explicar y que además otros han explicado ya mejor que yo (el último, que yo conozca, Cristian Campos).

 

Concatenación (IV)

Mingorrubio, ese lugar

Y llegamos a uno de los puntos fundamentales del plan de Sánchezstein. Antes de que a él se le ocurriera la genial idea, gentuza como el Tardà o el Rufián –dejo a ustedes los correspondientes chistes fáciles– ya habían propuesto algo en ese sentido. Pero ahí quedó la cosa, estado de la cuestión reflejado por esta entrada. El hecho es que da igual lo que quieran proponer: sabemos ya que lo que quieren es dinamitar el Valle, de forma figurada o literal (a los socialistas, más comedidos, les basta con lo figurado; al resto, más salvaje, les va lo literal).

Por de pronto –y es algo que anunciamos–, el primer paso era sacar a Franco del Valle. Tuvo que ser la Sala III de lo Tendencioso-Administrativo del Tribunal Supremo (que dice algún radiofonista y esta vez con razón), sólo porque un simple Juzgado se oponía a ello. Había que sacar la artillería; ¿y para qué están los jueces? Para servir al Gobierno en las cuestiones importantes, faltaría más, pues de él depende que los jueces, a través del hipercontrolado CGPJ, asciendan de categoría o se queden donde están. Lo hemos visto con la sentencia del procés, que es una sentencia «en falso» y, tal vez, si alguien puede y quiere denunciarlo, una prevaricación («chorizada», en castizo). Como la resolución de esa Sala Tercera del Alto Tribunal, otra «chorizada» para agradar al Gobierno. Lo cual nos obliga a distinguir entre verdaderos jueces y «lacayos con puñetas».

Tenemos una segunda «prevaricación», no sé si de relevancia penal, pero sí política. Muy bien, se saca a Franco del Valle. ¿La familia puede decir algo? No. Parece ser que la familia Franco posee una cripta en la Catedral de la Almudena… pero el Gobierno les negó ese derecho, a través de la correspondiente indicación al Alto Tribunal. ¿Esto ocurre en China, en Corea del Norte, en la URSS o en la DDR? No; ocurre en España. Usted, señor, no puede enterrar a su difunto donde usted quiera con independencia de la relevancia histórica de su difunto. Se debe un respeto a los muertos y es mejor que descansen en paz. Principio básico que Sánchezstein se ha pasado por el forro de su enorme entrepierna y tarde o temprano le va a costar caro.

Uno tiene ese dejà vu y piensa en el gilipollas malvado de Largo Caballero, el Lenin español (por cierto: ¿dónde está esa tan cacareada «extrema derecha» que ni derriba ni pintarrajea siquiera la estatua en Nuevos Ministerios de ese personaje siniestro?) cuando dijo aquello de “Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos” (El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936). Y ahí tienes a Sánchezstein diciendo: «Dije que lo sacaría del Valle y, ¡hala!, lo he sacao».

De aquí surgen dos cuestiones. La primera: ¿para quién se montó ese espectáculo de luz y sonido? No para los familiares, a los que hasta requisaron los móviles. No para los «nostálgicos», que son cuatro, están mayores y apenas hacen ruido; y que, por si fuera poco, se montó un cordón policial para que no pudieran estorbar el espectáculo. De aquí sacamos una segunda mentira, la de Carmen la de Cabra: que «no habría publicidad» (se acreditaron unos quinientos medios, entre nacionales e internacionales») y que incluso «el Parlamento europeo se había pronunciado sobre un mausoleo público» (nunca jamás dijo eso el Parlamento europeo). Es mi modesta opinión que ese espectáculo de luz y sonido se montó para que Heinrich Kissinger (no me bese, por favor, que tiene halitosis) y sus adláteres vieran que el Gobierno español (que no el pueblo español) marcha francamente por la senda del NOM. Ese espectáculo sólo podría agradar a alguien que dijo: «España, cuando es importante, es peligrosa». Como ese sujeto ya tiene 91 años, hay que suponer que agradará a la delegación regional española del mismo. Hay que destrozar España; y para ello, nada mejor que empezar por sus mitos.

Y la segunda cuestión era la siguiente: ¿hubo un ritual masónico en el re-sepelio de Franco? Voces autorizadas parecen indicar que sí lo hubo. Por eso no se quisieron cámaras ni móviles ni aparato alguno con el que se pudiera dejar constancia gráfica o auditiva de la profanación. Además, cabría suponer la finalidad de ese ritual sería algo así como la de «encadenar al monstruo», para sortear lo que algunos medios han llamado la maldición de Tut-Frankh-Amón, para que no moleste en los planes que ya llevamos un rato describiendo.

Por último, la elección del lugar de la re-inhumación. Sacado Franco del Valle, ¿a dónde lo llevamos? Hay que alejarlo de cualquier lugar católico. Lejos, por tanto de esa cruz de 120 metros que tanto ofende a los rojelios y masones patrios como a los extranjeros del Bilderberg (denominación genérica para ese grupo de personas que trata de imponer un gobierno mundial, conocido popularmente como NOM y que son de todo menos buenos). Lejos también de la cripta de la Almudena, que además de ser un «lugar católico» está en pleno centro de Madrid: arreciarían las «peregrinaciones» cada 20-N y eso no se puede permitir. Escogieron un lugar llamado Mingorrubio, del que no conocíamos su existencia hasta que el Gobierno decidió que allí se volvería a inhumar a Franco.

Ahora ya han dicho que quieren sacar también a José Antonio. Falta que salga algún descerebrado y diga que lo que hay que hacer con los restos mortales de ese hombre es tirarlos a una cuneta… que en realidad es lo que hacían los rojos con los que no eran afines suyos: pegarles un tiro y enterrarlos en una cuneta. Supongo que los abuelos de estos rojelios, que mayoritariamente pertenecieron al bando nacional, se revolverán en sus tumbas que nunca nadie va a profanar.

De las consecuencias –terribles– de todo eso hablaremos en una próxima entrada. Lo que esperamos es que, como ni este Gobierno ni el Bilderberg van a durar para siempre, venga alguien que en España vuelva a poner las cosas en su sitio. Y bueno, lo que van a conseguir es que tarde o temprano se vuelva a poner esto de moda:

A sota d’una pedra

Aprovechando que habíamos dejado nuestro relato hablando del procés (otra vez), me ha parecido interesante incluir un artículo aparecido en el Diari de Girona del pasado 21 de octubre, de una persona, Helena Boadas, que ha perdido la fe del poble català (en Sant Jordi Pujol y en sus deixebles, se entiende). Es muy explícito y, aunque no va a despertar a ninguno de los que debiera (porque, además, el procés sirve a «otros fines»), vale la pena dejar constancia de él, aunque la autora todavía habla de «país» refiriéndose, naturalmente a… bueno, ya saben. Rémoras que quedan. Acompañamos traducción.

No sé si cal que digui que la mesura és irresponsable perquè em sembla de jutjat de guàrdia; tenint en compte que l’han seguit milers de persones segurament sí. El sistema bancari és molt sensible, immensament. I jugar amb això és jugar amb foc. Per altra banda no sé qui es vol perjudicar amb aquesta acció. Perquè de moment, a dia d’avui, els únics perjudicats són les iaies que volien treure diners per anar al mercat i no han pogut perquè el caixer no tenia efectiu. Era aquesta la idea? Si algú s’espanta, quan hi torni a haver efectiu el traurà tot per no tornar-se a trobar en la mateixa situació. Suposo que tots veiem el perill –immens– d’això.

Si em quedava algun gen de la independència amagat en algun racó del cos, els últims mesos s’ha quedat fulminat. Que no hi ha fractura social? No; si quan no ets independentista t’amagues a sota d’una pedra, no n’hi ha.

Mireu, jo escric aquest article perquè estic cansada d’amagar-me. Com molts altres catalans, vinc d’un context molt independentista, molt. És el que he viscut tota la vida. Quan he aconseguit fer-me una mirada pròpia sobre les coses, una mirada crítica, la meva, he hagut de callar. Com tantes altres persones. Els grups de WhatsApp són un infern. TV3 és un pamflet independentista vergonyós. La distorsió de la realitat és important. Si en algun context m’atreveixo a parlar provoco com a mínim decepcions.

Estic cansada d’amagar-me. Aquí ho teniu, soc una botiflera, ja m’ho dic jo mateixa, no patiu. Però aprofiteu per reflexionar-hi una mica, perquè com jo hi ha molta, molta gent, moltíssima, que continua amagada a sota la pedra.

Bajo una piedra

Escribo este artículo ahora que medio país está retirando dinero de los cajeros automáticos para conseguir no sé muy bien qué. Ayer, cuando leí esta consigna que llegaba por tierra, mar y aire (en resumen, sacad dinero todos a la vez), hasta lloré. Hoy ya se me ha pasado: ya no lloro y escribo un artículo, que es más productivo.

No sé si hace falta decir que es una medida irresponsable porque me parece de juzgado de guardia; teniendo en cuenta que la han obedecido miles de personas, seguramente sí. El sistema bancario es muy sensible, inmensamente sensible. Y jugar con esto es jugar con fuego. Por otra parte, no sé a quién se quiere perjudicar con esta acción. Porque, de momento, a día de hoy, las únicas perjudicadas son las yayas que querían sacar dinero para ir al mercado y no han podido porque el cajero no tenía efectivo. ¿Era ésta la idea? Si alguien se ha espantado, cuando vuelva a haber efectivo lo sacará todo para no volverse a encontrar en la misma situación. Supongo que vemos todos el peligro –inmenso– de esto.

Si me quedaba algún gen de la independencia escondido en algún rincón de mi cuerpo, en los últimos meses ha sido fulminado. ¿Que no hay fractura social? No. Si cuando no eres independentista te escondes bajo una piedra, no la hay.

Mirad, escribo este artículo porque estoy cansada de esconderme. Como muchos otros catalanes, provengo de un contexto muy independentista, mucho. Es lo que he vivido toda la vida. Cuando he conseguido construir una mirada propia sobre las cosas, una mirada crítica, la mía, he tenido que callar. Como tantas otras personas. Los grupos de WhatsApp son un infierno. TV3 es un vergonzoso panfleto independentista. La distorsión de la realidad es importante. Si en algún contexto me atrevo a hablar, como mínimo provoco decepciones.

Estoy cansada de esconderme. Aquí lo tenéis: soy una botiflera, ya me lo digo yo, no padezcáis. Pero aprovechad para reflexionar un poco, porque como yo hay mucha gente, muchísima, que continúa escondida bajo una piedra.

 

Concatenación (III)

Disturbios marca CDR

Decíamos en la entrada anterior que una de las patas del plan de Sánchezstein era tener un trato amable con los separatistas, lo que a todos los efectos significaba dejarles hacer. Lo que no sabíamos era que no sólo había que dejarles hacer dentro de las instituciones, sino también fuera de ellas. Había que dejar que los CDR, los cadells del procés, camparan por sus respetos y convirtieran la otrora rica i plena Cataluña en can Seixanta. Es el sueño de «Xauxa» de los de La Trinca… claro que si les tocan els milions, eso… como que ya no.

Pero La Trinca empezó siendo antisistema, ecologista, luego tuvo una fase autogestionaria y luego pasó a ser un asteroide capturado en la órbita del PSC –justo cuando les empezaron a llegar els milions– con conciencia social (por una vez se acercaron a su propia realidad: no de los obreros, sino de los cuadros medios y directivos). Y ahora, talluditos y forraos, se han hecho indepens… para cerrar el círculo: es decir, separatistas pero sin dejar de cobrar. Por si faltara algo, montaron un «show» con la temática «buscant La Trinca». Creo que no la encontraron, porque a fin de cuentas, como decía Presuntos también hace mucho, ya «no hay humor» y La Trinca como fenómeno fue algo irrepetible. Pero seguro que entre medio se embolsaron unos cuantos «milions» a cuenta de la nostalgia y de la producción.

Y ahora, claro: llegan unos tíos que parecen los perros del cerdo Napoleón de Rebelión en la granja y montan la jarana padre y madre. Los de Madrit, como están a quinientos kilómetros, siguen pensando que eso es una especie de «exotismo» y «extravagancia» más que un verdadero problema. La casta madrilenya, después de 40 años, se ha encontrado que la bestiola de los años 80 se ha convertido en una especie de Fafner más grande que el drac de Sant Jordi. Y por lo visto, tampoco quieren que haya un Siegfried que acabe con él. Es una cosa extraña. Después de tanto azuzar, sale alguien que quiere convertir esas locuras en realidad y això ja no mola, nen (la «g» final es un invento de Buenafuente, créanme. Y ése, que se ande con cuidado, que si se proclama la «república catalana» igual le obligan a pasar por el catalanitzador de cognoms y llamarse Bonafont…).

Volviendo a los disturbios, tenemos otra ausencia más que remarcable: la flamante alcaldesa de Barcelona, la Colau. Sí, la del runrún… ese mismo runrún que dice que si mañana hubiera elecciones municipales, tanto ella como su protector y ventrílocuo, Jaume Collboni, se irían a su casa. No hay peor enemigo que el tiempo para esta gente. Aquí tienen la prueba.

Ítem más. La internacionalización del procés ha dado como resultado que participen en él aquellos que se apuntan hasta a un bombardeo. Lo de Marta Dedosrotos fue una niñería comparado con lo que ha venido después. Ha resultado que los cedetarras poseen una organización cuasimilitar (con sus tres niveles de estrategia, información y “acción directa”), que los va acercando a la cabra que los crió, la ETA y un apoyo popular de un nivel parecido. Sus conexiones internacionales incluyen a Moscú: Putin, deseoso de enredar en la UE, ha ayudado en la guerra de la propaganda (las famosas fake news), que ha ganado el CDR porque frente a ellos no había más que dos pandas de memos que se hacen llamar «Gobierno» y «oposición», que no han hecho nada por frenarlos. Sobre todo la primera de ellas, que no ha hecho ni un borrall.

Y tanto es el trato amable de Sánchezstein con los separatas, a través de su «hombre en Ferraz» (Iceta), que incluso va a dejarles que le apoyen en la investidura. Poco importa que los ciudadanos catalanes (sean o no de la ceba) sufran en sus carnes la disbauxa (que no «tsunami») separatista. Con un C’s en coma (hasta que vuelva la embarazadísima Arrimadas, quien sin decir gran cosa se postula como sucesora del huido Rivera) y un PP que ha subido en Cataluña sólo porque alguien de fuera y con un discurso guerrero –y a la contra de lo que exigían desde Madrit– ha sacado de su modorra a Alejandro Fernández, y un VOX que sube, pero no lo bastante, los cedetarras todavía tienen el campo libre. Y si les protegen desde la Generalitat, no digamos.

En un país serio (no multicolor, como el que pretenden Sánchezstein y sobre todo los tiranuelos de aldea que le van a apoyar), el porvenir de Torra estaría entre rejas o en el extranjero. Pero eso es todavía política ficción.

Concatenación (II)

La sentencia del procés

La primera pata del plan de Sánchezstein pasaba –pasa, como veremos más adelante– por dispensar un trato amable a los separatistas catalanes que iban a ser juzgados el pasado 1 de octubre, hace exactamente un mes. Claro que un Gobierno en funciones es lo que tiene: su extrema debilidad le hace extremadamente sensible a todo tipo de presiones, como las inmundas presiones políticas recibidas del separatismo catalán. Qué duda cabe que han conseguido, siquiera sea parcialmente, su objetivo.

Supongo –y pido disculpas por ello– que me precipité al elogiar la actuación hasta ese momento de Manuel Marchena, presidente a la sazón de la Sala II del TS. Como dijo Federico en su momento, «a los jueces hay que juzgarlos por sus sentencias», no tanto por lo que hagan en el acto de juicio. No obstante, lo que al popular radiofonista se le olvidó mencionar y yo debí haber tenido en cuenta por haberlo dicho ya antes, es que política y justicia forman una coyunda inmunda; y que, por tanto, cuando se trata de juzgar a políticos delincuentes (como eran todos los sentados en el banquillo de los acusados), las sentencias vienen escritas de arriba. Inauguró esa nada venerable tradición Felipe González con el asunto de Rumasa y la continuó con el asunto de Banesto (a Neguri no le gustó que un advenedizo se les subiera a la txepa, por muy masonazo que fuera, y se lo hicieron pagar). Para volvernos a encontrar con algo así hay que saltar el intervalo aznarista y llegar hasta ZP con la infame sentencia del 11-M. Bien es verdad que Aznar hizo otra cosa no menos deleznable, que fue incumplir la sentencia del TS relativa al antenicidio: la recibió y la metió en el cajón, quedándose ahí muerta de risa. Pero eso, como diría mi antiguo profesor de Economía Política, Pere Mir, són figues d’un altre paner.

Y ahora esto, pues. Hay que admitir que tiene su mérito convertir a todo un Alto Tribunal en escribas al dictado y en lacayos con puñetas, sometidos –mejor no describo lo que ha sido en realidad– a la superior raison d’État, argumento de peso desde Luis XIV. Claro que como dijo alguien, un muerto no muerde y un vivo al que se le hace un favor –o se le promete hacerlo, al menos–, tampoco. Parece ser que alguien deslizó en los oídos del señor Marchena las palabras «Presidente del Tribunal Supremo» (por tanto, también del CGPJ) y el susodicho se licuó. Tanto, que hoy lo único parece que es suyo en la sentencia del procés es su firma tras el fallo. Dicho fallo tiene dos notas características, entre otras que se puedan citar:

a) Niega la verdad. Rebajó la calificación penal de los hechos de rebelión (lo que fue, en verdad) a sedición, que supone también una interesante rebaja de pena. Este hecho ya se cobró una víctima en la persona de Edmundo Bal, Abogado del Estado encargado de decir lo que quería su jefa, Información Vaginal, por negarse a ello. También esto otro lo hemos visto antes: «¡Es sedición y valeyá!». Es una suerte que no hubieran encargado a Olga Sánchez, hoy ascendida a Fiscala del TS por méritos de diversa consideración, formar parte de la acusación pública.

b) Pone al zorro a cuidar del gallinero. Aquí el zorro es la Generalitat de Catalunya. Las gallinas… bueno, no hay más que recordar a la indecible Carme Forcadell, siéndole tomada declaración ante el TS. Guardaba un parecido asombroso con Rita-me-irrita, la rojelia pija que declaró ante la Justicia por despelotarse en medio de una misa, respondiendo sotto voce y con la cabeza baja, como si lo suyo hubiera sido poco más que fumar en el lavabo y la hubiera pillado la Madre Superiora. La cuestión es que la sentencia entrega a la Generalitat (a Presons, concretamente) la ejecución de la misma. No es difícil imaginar que, con una Generalitat en abierta rebelión contra el Estado, los sediciosos coman tranquilamente el turrón en su casa y entren y salgan de Lledoners cuando les venga en gana. Y luego, cuando se olvide este asunto o a nadie de los importantes le importe mucho, los sacarán por la puerta de atrás.

En resumen: una burla de sentencia, sobre todo si la comparamos con la asonada de Tejero, que eso sí fue considerado como rebelión militar y juzgado y castigado como tal. Es malo para la democracia que el Alto Tribunal nos acostumbre a esta clase de fechorías, como es malo que el respetable en general comprenda que «el Código Penal está para los robaperas (vulgo españolitos de a pie, como ustedes y yo), no para los peces gordos». Lo que nos lleva a tres conclusiones. La primera, a una frase mítica de D. Francisco de Quevedo que él mismo sufrió en sus carnes: «Donde hay poca justicia es peligroso tener razón». La segunda, la de «per la giustizia dobbiamo andare da Don Corleone». Y la tercera, la de «si los Tribunales no me hacen justicia, la justicia me la hago yo (con razón o sin ella)». En cualquiera de los tres casos, ¿para qué necesitaríamos todo el entramado judicial?

Márchese a su casa, señor Marchena. O, si es cierto lo que corre por ahí, a su sillón bienpagao. Pero, por favor, no nos aburra hablándonos de «justicia». No quedaría bien.

 

Concatenación (I)

Como hace muchos días que no damos señales de vida, creo que es llegado el momento de decir alguna cosa personal sobre los acontecimientos de las últimas semanas. Al tomar una cierta distancia, es posible ver una concatenación de hechos. O por lo menos, yo la veo así. Concatenación de hechos cuyo hilo conductor son las famosas encuestas, ya sean las publicadas o esos «trackings internos» de los que los comunicadores hablan como si fueran poco menos que secretos de Estado. Vamos a verlo como lo que realmente ha sido: una gran obra de teatro…

Prólogo: los trackings

Es una pena que la RAE no tenga capacidad de poner multas lingüísticas, como la Generalitat de Cataluña. Y también una suerte: si la RAE pudiera imponer multas a los periodistas y los políticos cada vez que usan una palabra extranjera que tiene correlato español, se pondrían las botas. En una próxima entrada hablaremos de diversas gilipolleces lingüísticas que la RAE se ha comido sin pestañear relativas al «español urgente». Por el momento, detengámonos en la palabra tracking. Lógicamente, en el mundo anglosajón «el conceto es el conceto» y a la lengua inglesa no le viene mal el uso de esa palabra. En las Batuecas, sin embargo, tenemos la palabra sondeo y no necesitamos préstamos de lenguas extranjeras, gracias. Parece ser que el uso de una palabra extranjera convierte a quien lo hace en alguien «menos pueblerino» (los complejos de siempre) y más… ¿inteligente? Hemos de precisar, no obstante, que llamar «sondeo» a lo que hace el Señor Tenazas es una broma de mal gusto, siquiera sea porque a los españolitos nos cuesta un pastón.

Dicho esto, vamos al lío. En Moncloa los sondeos internos son menos favorables que las encuestas publicadas en agosto y septiembre. «¡Hay que hacer algo!», truenan todos. No es que estén preocupados por la situación del país, ni mucho menos: les preocupa que, si las malas perspectivas se cumplen, los «puestos de salir» se reducen y, claro, ellos podrían quedarse fuera. Entonces Sánchezstein, que se cree una especie de «Vickie el vikingo» de dos metros de altura, piensa un momento. Se masca la tensión en el ambiente. De pronto, recibe una revelación, hace chasquear los dedos y dice: «¡Tengo un plan!». Más o menos así:

Los otros no saben si respirar aliviados o echarse a temblar. Al final uno de ellos, como en La muerte de Stalin, se atreve a preguntar, con voz temblorosa: «¿Y… y qué plan es ése?». «Bueno», contesta el interpelado. «Es un plan en varias fases, que considero que activará el voto desengañado de la izquierda y…». Los demás empiezan a pensar: «Ya se pone ampuloso…». «Es bueno, ya lo veréis», les asegura. Ábalos, que ya conoce las genialidades de su jefe, le mira de través como diciendo: «Ya veremos…». Isabel Celaá, la portavoza, suelta a media voz: «Con tal que no salga alguien del ABC, de El Mundo o de Libertad Digital denunciándote por plagio…». «Nah, eso no va a ocurrir. Es totalmente mío», dice el presidente, envalentonado y mirando directamente a Iván Redondo. «Veréis…»

¿Por qué mienten?

Por su interés y dados los últimos acontecimientos dignos de mención acaecidos en España en los últimos tiempos, insertamos este artículo que D. Julián Marías escribió para una Tercera de ABC el 16 de enero de 1997. 22 años ya: y si a D. Julián, caso de vivir, o su hijo Javier, se les ocurriera emprender la tarea de glosarlo adaptándolo a las circunstancias actuales, andarían de susto en muerte, dando saltos en un campo minado. Ya no se trata de que la mentira «sea un arma revolucionaria», como predicaba Lenin en los viejos buenos tiempos; es que la mentira se ha convertido hoy día en instrumento de poder: no utilizada sólo para llegar al poder, sino para permanecer en él.

Reconozco que tengo una aguda sensibilidad para la mentira. La verdad me importa hasta tal grado, que la mentira me deprime y entristece. Por desgracia, su frecuencia es inquietante, y en personas individuales o grupos ha adquirido un carácter que se podría llamar «profesional»: se puede contar con la mentira con la seguridad de que no falte.

La historia es objeto preferente de esa operación, lo que resulta fatigoso y encierra quizá los peligros más graves que nos amenazan. Todo lo que se haga para establecer –o restablecer– la verdad histórica me parece tan precioso como necesario. Pero, aunque existen, se cuentan con los dedos los que se entregan a fondo a tan urgente tarea.

La voluntad de mentir se concentra especialmente en la presentación del pasado cercano y del presente, sobre todo en sus dimensiones intelectuales, culturales en general. Casi todo el mundo considera necesario decir que España –o más– ha sido un desierto, y se ha acuñado la expresión «páramo cultural».

Hace veinte años escribí un largo artículo titulado «La vegetación del páramo» (recogido luego en mi libro «La devolución de España», 1977). En él consideraba la actividad cultural de España entre 1941, fecha en que se reanudó tras la Guerra Civil, y 1955, año en que murió Ortega. Era un recuento fragmentario, sin rebuscas ni propósito exhaustivo, de lo que se había hecho, en medio de grandes dificultades, en esos quince años. Resultaba una larguísima lista, impresionante, de «libros libres», fruto de vocaciones admirables; se veía la continuidad, no interrumpida, de los autores existentes antes del feroz corte de la guerra, y la aparición de promociones nuevas, de sorprendente fecundidad, y en la mayoría de los casos, capaces de innovación e independencia. La vegetación del páramo, concluía yo, es bastante frondosa.

Baroja decía con humor que los españoles discuten sobre cuestiones de hecho. Muchos hacen ahora algo mejor: ni siquiera discuten, sino que hacen caso omiso de los hechos. Al cabo de tantos años, casi nadie ha leído el artículo, ni siquiera el libro, agotado hace mucho tiempo. Y el hecho es que, con raras excepciones, cada vez que se habla de lo que ha sido la realidad cultural de España después de la Guerra Civil, se acumulan las mentiras más evidentes, más contrarias a la irrefragable realidad.

Lo más curioso es que a veces las cometen los que dieron frondosidad a la vegetación del páramo, los que con su propia obra desmienten lo que dicen. Hay gran número de autores que surgieron precisamente en aquel tiempo, que florecieron y alcanzaron fama, que contribuyeron a que, a pesar de tantos pesares, España fuese habitable, esperanzadora, interesante, en muy alta proporción creadora.

¿Por qué lo hacen? Tengo una irrefrenable propensión a intentar entender. Hay que distinguir de edades o generaciones. Los jóvenes –y en esta categoría, para estos efectos, son los que no han llegado a los cincuenta años– mienten, diríamos, en nombre de otros. Su motivo principal es la ignorancia: no saben nada, aceptan pasivamente lo que les han dicho y lo repiten como cosa propia.

Hay un curioso grupo, formado por los que empezaron a actuar hacia 1956 –fecha muy significativa–. Tuvieron, ya desde entonces, la voluntad de dar por nulo todo lo que se había hecho antes –es decir, todo lo que se enumeraba en el artículo de que hablo–, para dar la impresión de que con ellos, y sólo con ellos, se iniciaba una resistencia a las presiones oficiales y un intento de independencia.

Finalmente, los decididamente mayores, los que vivieron y escribieron en ese ya lejano período, se pliegan a las presiones dominantes, temen ser acusados de complacencia con ellas si afirman y valoran lo que muchos hicieron precisamente para no aceptarlas, pagando por ello el precio necesario. Algunos tuvieron en efecto esa complacencia para buscar una vida más fácil, lo que al fin y al cabo es humano; otros no. Todos contribuyeron a que no se rompiera la continuidad de una cultura que data ya de un siglo largo –y me refiero a la que es «actual», no a la dilatadísma que constituye el patrimonio milenario de todos los que hablan español a ambos lados del Atlántico–.

En España, desde hace veinte años, han sucedido muchas cosas, buenas y malas, con evidente predominio de las buenas. Sobre todo, el incremento de la libertad, cuyos retrocesos no han sido tan profundos que hayan impedido su posible recuperación. Lo que sigue faltando, y me preocupa extraordinariamente, es el triunfo de la veracidad. La verdad fue, como en todas las guerras, la primera víctima en 1936. Una crisis previa de la veracidad fue la causa últimamente decisiva de la discordia que llevó a la Guerra Civil: se buscan las causas de su origen, y rarísima vez se piensa en esta.

La verdad fue evitada, perseguida durante los decenios siguientes, por el partidismo, la obsesiva politización de los que mantenían su versión interesada de las cosas y los que aspiraban a sustituirla por otra opuesta pero igualmente tendenciosa y deformadora.

Esto es comprensible, pero ¿lo es la perduración de tales actitudes cuando se ha cancelado lo que de siniestro ha tenido una larga época, cuando se puede decir la verdad? Es gravísimo que no se haga, que no se quiera usar la libertad para lo que debe ser su finalidad primaria.

No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad, la exclusión de la mentira. Esto, claro es, en todos los órdenes; me estoy refiriendo particularmente a la vida intelectual, porque es lo que conozco mejor y porque es algo «notorio», controlable, que consta y en buena medida queda.

Creo que mentir descalifica al que lo hace, y debe tener la consecuencia inmediata de su desprestigio. Cuando alguien lo hace, los que lo saben deben tomar nota y obrar en consecuencia. Hay que tener en claro a quién estimar, en quién se puede confiar. No es infrecuente el caso de quienes, en cierto momento de su vida, han cedido a las tentaciones dominantes y han renunciado a decir la verdad; ese día han perdido su condición de intelectuales y se han convertido en «militantes» de lo que sea. La proporción es variable según las edades y las regiones españolas, pero el peligro es muy amplio.

Con diversos pretextos, hay gentes dedicadas a lo que llamo la «calumnia de España». Ningún pretexto me parece aceptable para ello; no sólo en nombre de España, sino, todavía antes, en nombre de la verdad.

El fin de la América blanca está asegurado

Original aquí.

Este artículo es continuación de Genocidio blanco por diseño: la destrucción de los blancos de Europa y USA. Una serie de tres artículos estando el tercero aún por publicar; Europa y el futuro de la migración.

El fin de la América del Norte ahora está asegurada. La falta de respuesta de los estadounidenses blancos a su demonización a medida que disminuyen el porcentaje. Parecería que el Occidente blanco está muerto en todos sus sentidos.

El Estado de Derecho está muerto en todo Occidente. La democracia es una estafa. Hay un gobierno oligárquico. Todo se hace para grupos de interés organizados. Nada se hace por la gente. Putin acaba de declarar: “El papel principal de Occidente está terminando“. Qué razón tiene.

Por primera vez, los residentes blancos no hispanos ahora representan menos de la mitad (49.9%) de la población de menores de 15 años de la nación, según estimaciones recientemente publicadas por la Oficina del Censo de los EE. UU., de 2018. Los nuevos datos destacan la creciente diversidad racial de la población general de la nación, para la cual los blancos no hispanos ahora comprenden solo un poco más de las tres quintas partes (60.4%) de todos los residentes. Pero el hecho de que los niños blancos menores de 15 años ya se hayan convertido en una minoría en su grupo de edad pone un signo de exclamación sobre el hecho de que la diversidad de la nación se está filtrando de abajo hacia arriba a medida que la población blanca envejece. Este fenómeno, que se prevé continúe, enfatiza la necesidad de instituciones que se centren en los niños y las familias jóvenes para acomodar de manera proactiva los intereses de las poblaciones con mayor diversidad racial, ya que estos últimos serán actores clave en el futuro demográfico y económico del país.

Los cambios en la composición racial/étnica de la nación para todos los residentes, así como para los niños menores de 15 años, se muestran en la tabla adjunta. Ambas poblaciones muestran proporciones más pequeñas de blancos desde 1980, cuando los afroamericanos eran el grupo no blanco más dominante. Desde entonces, fueron creciendo especialmente grandes en la población hispana, y luego en la población asiática.


Esta población menor de 15 años es parte de la población de la Generación Z, de 21 años o menos en 2018, y ayuda a hacer que esta generación (que es 50.9% blanca) sea más diversa racialmente que los millennials (55.1% blanca) y gen xers (59.7% blanca). La generación Z también es bastante distinta, en términos de su perfil étnico racial, de los babyboomers y las generaciones anteriores, que superan el 70% de blancos. Además de estas disparidades en sus proporciones de población blanca, las generaciones también difieren en su representación de otros grupos no blancos. Mientras que los hispanos son el grupo no blanco dominante para los millennials y gen zers, los negros aún superan en número a los grupos no blancos entre los babyboomers y sus mayores.


Entre los 3.141 condados del país, 672 son minorías blancas de la población menor de 15 años y, en 321 más, otros grupos raciales y étnicos comprenden al menos el 40%. Como se muestra en el siguiente mapa, estos condados prevalecen en grandes partes del sur, suroeste y oeste, ambas costas, y en partes urbanas del interior de la nación. La diversidad juvenil también se está dispersando hacia adentro. Entre las 381 áreas metropolitanas de todos los tamaños, 376 mostraron una disminución desde 2010 en la proporción de blancos en sus poblaciones menores de 15 años, como fue el caso de 2.838 condados.

Hace unos días, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS) anunció la asignación de este año: 10 millones de dólares a docenas de organizaciones que preparan a los residentes para la naturalización y “promueven la asimilación de los posibles ciudadanos en la vida cívica estadounidense”. Eso aporta la financiación total para los distintos programas a 92 millones de dólares, según cifras del gobierno. El dinero se ha destinado a “organizaciones que sirven a inmigrantes” en 39 estados y el Distrito de Columbia. La mayoría de los 41 beneficiarios de la subvención de este año recibieron 250.000 dólares, aunque algunos obtuvieron varios miles de dólares menos. Los grupos se extienden por todo el país e incluyen organizaciones sin fines de lucro como Progreso Latino en Central Falls, Rhode Island (subvención de 250.000 dólares), Instituto del Progreso Latino (225.000 dólares) en Chicago, Illinois y Mujeres para mujeres afganas (250.000 dólares) en Fresh Meadows, Nueva York. “Nuestro país da la bienvenida a los inmigrantes legales de todo el mundo que vienen a los Estados Unidos, contribuyen positivamente a nuestra sociedad y participan en la vida cívica estadounidense”, dijo el director de USCIS, Ken Cuccinelli, en un comunicado de la agencia. “Los inmigrantes que se adaptan, adoptan nuestra Constitución, entienden nuestra historia y acatan nuestras leyes aumentan la vitalidad y la fuerza de esta gran nación. A través de este programa de subvenciones, el USCIS continúa apoyando los esfuerzos para preparar a los inmigrantes para convertirse en ciudadanos estadounidenses totalmente concienciados”.

Pero esta disminución en la juventud blanca refleja menores tasas de natalidad blanca. Pero lo más importante a largo plazo, refleja un envejecimiento de la población blanca es que menos mujeres se han reproducido en sus años fértiles. Las proyecciones del censo muestran pérdidas de niños blancos en las próximas décadas, con más jóvenes blancos mayores de 15 años que nacidos o emigrando a los EE. UU.

Es interesante observar cómo el Lobby de Israel puede gestionar y contener los comentarios de grupos en Estados Unidos que normalmente podrían ser críticos de las políticas israelíes con respecto a los Estados Unidos. Un artículo reciente del profesor Andrew Bacevich titulado “Presidente Trump, por favor, ponga fin a la era estadounidense en el Medio Oriente” es un buen ejemplo de cómo funciona la autocensura de los autores.

Y los colegios y universidades no han sido inmunes a la presión para ajustarse a la narrativa pro-Israel. La Casa Blanca, que actúa a través del Departamento de Educación, funciona como una Policía del Pensamiento en nombre del Estado judío. Actualmente está planeando retener algunos fondos federales de la Universidad de Carolina del Norte y Duke porque su programa conjunto de estudios del Medio Oriente no cumple con los supuestos estándares del Gobierno.

En Virginia, por ejemplo, un grupo en la sombra llamado Institute for Curriculum Services (ICS), que en realidad es un “grupo partidista con el respaldo de las organizaciones estatales y locales de defensa de Israel”, está buscando cambiar la información transmitida por la historia y los estudios sociales.

Estas tendencias demográficas dejan en claro que, a medida que las generaciones jóvenes racialmente diversas se vuelvan parte de la fuerza laboral, la base impositiva y la base de consumidores, la nación necesitará equilibrar los distintos intereses y necesidades de estos grupos en áreas como educación, servicios familiares y asequibles, vivienda con los requisitos de salud y apoyo social de una población mayor grande y de rápido crecimiento que entrará en sus años posteriores a la jubilación. De hecho, debe tenerse debidamente en cuenta el punto de inflexión juvenil “blanco minoritario” que se muestra en las nuevas estadísticas del censo. Tiene implicaciones importantes para el futuro de Estados Unidos.

Todas las sociedades y civilizaciones decaen al sucumbir el sustrato biológico que asegura su existencia. Una sociedad puede sobrevivir a una guerra, una hambruna, una peste, una sequía o una catástrofe natural, pero no puede sobrevivir a la modificación de su código genético, a la proliferación de los tipos humanos menos valiosos o a la molicie inducida por un confort demasiado prolongado. Si un sistema económico entra en crisis, si una catástrofe destruye una ciudad o si cae un régimen político, todo eso se puede solucionar. Lo que no tiene solución es la disolución de un pueblo, su mentalidad, su espíritu, su carácter, su identidad y su sangre. En otras palabras, los pueblos no sobreviven a la deformación de sus rasgos originarios o al agotamiento de su pozo genético.

Décadas de flujos masivos ininterrumpidos de inmigrantes del tercer mundo han destruido el crisol y producido en su lugar una Torre de Babel . Las poblaciones multiculturales carecen de un interés común. Son la antítesis de una nación. En todas partes del mundo occidental las naciones están expirando. A Europa no le va mejor, como expondré en el próximo artículo. Y tampoco podemos obviar la influencia israelí.