Hispanidad

Por su interés, a pesar de la amplitud del texto, cuelgo estas reflexiones extraídas del canal de Youtube Fortunata y Jacinta. Absténganse trolls e hispanófobos en general.

Buenas tardes a todos:

Como imagino que muchos de vosotros no tenéis Twitter, he pensado que podía ser interesante que os dejara esta información por aquí, por si queréis utilizarla. El caso es que, como respuesta a la intensificación de los ataques perpetrados contra símbolos históricos de tradición hispánica en EEUU y otros lugares del mundo, el pasado sábado 20 de junio publiqué en redes sociales 16 escuetos puntos tratando de explicar por qué España nunca se vio comprometida de modo sistemático ni con la explotación esclava, ni con la exclusión social, ni con la aniquilación deliberada de pueblos enteros por motivos raciales.

1º La prohibición de esclavizar al vencido es establecida por Isabel la Católica y esto supuso tal revolución conceptual que resultó incomprensible para mucha gente de la época. Las Leyes de Burgos (1512) establecen la naturaleza jurídica del indio como hombre libre con todos los derechos de propiedad.

2º No podía ser explotado y podía trabajar a cambio de un salario justo; se establecen horarios laborales, se exime del trabajo a los menores de catorce años, se respeta la situación social de los indios caciques y de sus descendientes, se prohíben los castigos físicos, etc.

3º El derecho de conquista se basaba en tres fuentes: el derecho romano, el medieval y el Pontificio. España cumplía con los tres, pero Carlos I detiene la conquista para determinar si es o no legítima desde el punto de vista moral.

4º En la Controversia de Valladolid se cuestionan estos tres derechos. De ahí sale la figura del “Protector de Indios” y el moderno derecho de gentes. Nunca antes se había preguntado un pueblo vencedor dónde empezaban los derechos propios y dónde empezaban los del vencido.

5º Por primera vez en la historia el poder político se somete a la filosofía moral y son los juristas y teólogos de la Escuela de Salamanca quienes realizan esta labor prefigurando el Derecho internacional y los llamados “derechos humanos”.

6º Una de las primeras consideraciones que reconocieron los teólogos y juristas españoles del siglo XVI fue que las sociedades indígenas no eran amorfas (tal y como sugería el agustinismo político), sino que eran sociedades ya constituidas cuya formación implicaba el desarrollo de una racionalidad técnica, jurídica, artística y política.

7º El racionalismo tomista venció en España al agustinismo político, que fue el seguido por los protestantes. Este racionalismo tomista reconocía la racionalidad del indio y supuso, por eso, el reconocimiento también de sus derechos, entre otros el de ser propietarios de sus tierras.

8º Eso no quiere decir que la acción del Imperio español fuese angelical: hubo abusos individuales igual que los hay en nuestras sociedades actuales a pesar de la ONU, a pesar de la Declaración de Derechos Humanos de 1948 y a pesar de nuestras avanzadas democracias y de nuestros refinados códigos penales. Por eso es tan importante la distinción entre finis operis y finis operantis que, de forma grosera, podría extrapolarse a otros ámbitos. Por ejemplo, ¿la norma objetiva de la policía en EEUU es masacrar negros? De cara a quienes cantan “el Estado opresor es un macho violador”: ¿acaso la norma objetiva, positiva, del Estado español o del chileno es discriminar, violar o alentar el asesinato de mujeres?

9º En la América española se estipuló una educación legalmente interracial y, gracias a ello, muchos indios estudiaron y se dedicaron a las leyes. Tenían cátedras de lenguas indígenas, cuyo conocimiento era obligatorio para todos los religiosos que ejercieran la enseñanza.

10º Se fundaron 25 universidades en toda la América española. Los portugueses no fundaron universidades. La primera en Brasil data de 1913. ¿Qué decir del imperio alemán en África y el holandés en Oceanía? Y la muy culta Bélgica no abrió ni una sola universidad en el Congo.

11º Colegio San Pablo de Lima: biblioteca más importante del continente americano con más de 40.000 volúmenes (frente a los 4.000 de Harvard fundada en 1636), libros no precisamente dedicados a la doctrina católica sino a las matemáticas, la arquitectura, botánica, medicina, etc.

12º Cultura musical barroca en la América española: los pobladores locales ocuparon sus lugares en el coro, como solistas, instrumentistas, copistas, constructores de instrumentos, compositores e incluso maestros de capilla.

13º Al igual que Roma extendía sus instituciones allá donde fuera, con el derecho romano a la cabeza, así España replicaba en América los Cabildos, que eran pequeños parlamentos descentralizados en las ciudades y cumplían una función legislativa. Luego estaban las Reales Audiencias (ejecutivo) y la Legislación de Indias (judicial). El Imperio español es el primer heredero del Imperio romano cuyo objetivo es ponerse al servicio político de todas las partes, orientándose a elevar políticamente a las sociedades consideradas más primarias. Por eso los territorios españoles de ultramar no eran “colonias” (entendidas en el sentido abrasivo del término, más moderno). Eran provincias, “reinos” gobernados por virreyes.

14º Este sistema se había ido construyendo en la Península desde el siglo IX: Cortes donde está representado el pueblo, las primeras con campesinos libres que pueden elegir señor, con municipios de hombres libres y amplia capacidad de decisión.

15º El Imperio se consolida manteniendo algunas de las estructuras políticas preexistentes, como la figura de una nobleza indígena hereditaria, los llamados curacas, siendo ellos quienes ocuparon los cargos principales de estos cabildos.

16º Los nativos americanos fueron considerados como súbditos de la Corona, tan españoles como uno de Salamanca, hecho que fue interpretado por la Europa del norte como una transgresión contra la pureza racial y un atropello a la higiene moral. En definitiva, es más fácil alinearse con ciertos zurcidores de la moral biempensante antes que enfrentarse a los hechos. Pero lo cierto es que todo esto lo aporta España objetivamente: no es una interpretación ideológica o interesada, sino una realidad que se ha ocultado a varias generaciones de españoles y de hispanoamericanos.

Hasta aquí el hilo presentado en redes sociales. Dicho hilo se viralizó en Twitter, dando lugar a un nutrido conjunto de objeciones, ampliaciones, precisiones y también insultos, simplificaciones y tergiversaciones de todo tipo. Este es el enlace a mi cuenta de Twitter por si queréis revisar el material que allí se ha generado: https://twitter.com/fortunayjacinta/s…

Es interesante advertir que hasta hace muy pocos años, apenas quince, el Columbus Day era celebrado en EEUU en honor de Italia (de forma extraoficial desde 1792; como fiesta federal a partir de 1934). Como ejemplo, lean estas declaraciones del presidente Truman: “Desde los días en que Colón descubrió América, incalculables miles de seres han venido al Nuevo Mundo desde las costas de Italia para contribuir con su esfuerzo a nuestra cultura y civilización. Ellos han seguido el trabajo de Cristóbal Colón, reviviendo el espíritu que él ejemplarizó y en este aniversario del afortunado final del intrépido viaje yo les saludo por la fiesta que ellos han representado en la historia de esta nación”.

Aquellos que niegan la existencia de la ideología antiespañola, dirigida geopolíticamente contra toda la comunidad hispana, tendrán que explicar por qué el dedo acusatorio que hoy día justifica el derribo de las estatuas de Cristóbal Colón en distintos puntos de EEUU no señala, culpabilizándola, a la nación italiana y a los italianos, sino que se dirige, imperturbable hacia España. Y que conste que Colón, en efecto, cometió excesos en América, razón por la que fue traído a la Península con los grilletes puestos y vilipendiado por las calles de Granada. Traigo, por tanto, el caso de Colón para evidenciar las contradicciones que se viven actualmente en EEUU respecto al juicio moral de determinados hitos de su historia.

Lo que interesa subrayar es que mientras en EEUU esa ideología antiespañola puede servir para reforzarse internamente como nación, en los países hispanoamericanos y en España sirve para dirigir ese odio hacia dentro, creando facturas internas muy graves y un enorme extravío identitario. Y prueba de ello es que quienes con más esfuerzo han atacado el citado hilo han sido españoles, mexicanos, colombianos, peruanos, bolivianos, etc. En este vídeo (incluyo texto del guión: http://www.nodulo.org/forja/forja052.htm) exponía hace pocos meses cómo a principios del XX insignes representantes de las naciones hispanoamericanas sí sabían que se encontraban en abierta confrontación dialéctica contra otras plataformas geopolíticas, sabían que el enemigo no era España y que en la unión podía estar la fuerza (por supuesto, tampoco buscaban una especie de armonicismo tontorrón con España, sino posibles alianzas frente a enemigos comunes).

Por cierto, y para evitar suspicacias, sé bien que el ataque a los símbolos de tradición hispánica (estatuas de Cervantes, Isabel la Católica, Fray Junípero Serra, Oñate, etc.) es sólo uno de los efectos del Black Lives Matter, fenómeno complejo que tiende a ser interpretado en clave dualista (globalismo aureolar versus patriotismo; demócratas contra republicanos; globalistas contra Trump, capitalistas industriales versus capitalistas financieros, etc.), pero que precisará de análisis más precisos.

Salud a todos los hispanohablantes del mundo, a un lado y otro de los océanos.

El lujo de la verdad

No sabía cómo titular esta entrada, pero en función de lo que quiero hablar en ella, el que reza es un título bastante acertado, más en estos tiempos que corren. Vaya por delante que la frase completa sería «la verdad es el lujo de unos pocos», lo que significa, correlativamente, que hay un montón de mindundis, como ustedes y yo, que no tenemos derecho a ella. Casi siempre ha sido así, de hecho; pero la novedad de estos días es que ni siquiera se molestan en ocultarlo. Tenemos derecho, eso sí, a dos versiones de la verdad: una positiva y otra negativa, ambas igualmente falsas. Si hay que creer al ex-financiero (y granuja) alemán convertido hoy en fervoroso católico Florian Homm, de ese privilegio/lujo de la verdad no disfrutan más allá de cincuenta personas en todo el mundo.

En esta entrada quisiera hablar un poco de quienes deberían contar la verdad: es decir, nuevamente de los periodistas. Si algo ha puesto de manifiesto el COVID-19, aparte de las mentiras del Gobierno incluso antes de declararse la crisis (recordemos que este desgobierno se formó entre el 12 y el 13 de enero), es que la profesión periodística se divide en España en tres grandes grupos:

a) Los vendidos: básicamente, los que siguen la línea editorial del Gobierno. Que a lo mejor es la línea editorial del Bilderberg o de cualquiera de esos tipos que, al parecer, mueven un pulgar y mueren 45.000 personas en un país desventurado como el nuestro. Ellos se encargan de decirles a ustedes que «la culpa es de…». Bueno, de «la derecha», de «Díaz Ayuso» (hablaremos de ella en una próxima entrada), «de Trump»… vamos, de cualquiera que esté en la lista negra, pero no de los verdaderos culpables. Y naturalmente, la televisión antes llamada «pública» y a la que se le ha caído la “L”, también conocida como «Televisión Expañola» o «Televisión Espantosa», según quien hable de ella. Y parte del conglomerado de periodismo en papel, ondas hertzianas o digital. Ninguno de ésos les va a decir la verdad; y su lamentable papel se reduce a ser beneficiarios de filtraciones, no pocas veces envenenadas y recocidas que no se compadecen con la verdad ni por error.

b) Los de la nómina. Con esta expresión me refiero a esos periodistas a sueldo de los partidos. Periodistas que, sea por la razón que sea (crematística o de otro tipo) deciden que su lugar al sol se halla bajo las siglas de un partido político. Al decir de D. Francisco Rubiales Moreno (cito de memoria, así que mis palabras son non sic), son los «escuderos que se dedican a justificar las acciones de sus señores feudales, inventando explicaciones plausibles pero no necesariamente ciertas para aquéllos». También son HMV; pero cabe esperar que, si al Partido le conviene, puedan decir de vez en cuando la verdad. Es decir: toda la verdad, pero sólo de vez en cuando.

c) Los hijos de Mayra Gómez Kemp. Vaya por delante que no está en nuestro ánimo burlarnos de la popular presentadora que fue del «Un, dos, tres», ni mucho menos. Bajo este rótulo incluyo a medios que no siguen la línea editorial del Bilderberg, ni están adscritos a la nómina de un partido, pero cuidado: precisamente por eso tienen que medir sus palabras (¿en «democracia» existe la censura previa o la autocensura? En España sí, pero hace mucho que esto no es una democracia). Por eso, estos medios pueden decir la verdad, pero con el latiguillo de la popular presentadora «… y hasta aquí puedo leer». No vaya a ser que por leer la tarjeta completa nos cierren el chiringuito. Por eso uno les escucha referirse incansablemente al pim-pam-pum nacional y nada más que a éste, sin atreverse a tirar por elevación, porque eso «está por demostrarse» y «nosotros no somos conspiranoicos, oiga usted». Es decir: la verdad sí, pero sólo migajas, por si acaso.

El fenómeno curioso es que algún partido está «pescando» entre periodistas de este tercer grupo. Quizá sea casual; pero sabiendo como sabemos que nada en política es casual, me atreveré a reflexionar sobre sus posibles efectos. En primer lugar, un efecto inmediato: pongamos que el periodista «pescado» trabaja en una empresa que tiene problemas económicos y cuyo director empieza a hablar de «sacrificios» y a decir «todos hemos de arrimar el hombro y hemos de bajarnos el sueldo, empezando por mí mismo». Da igual si ese periodista dijo a) «No quiero renunciar a mi nivel de vida» o b) «Tengo que dar de comer a mi familia». El efecto inmediato es «adiós».

Y luego, un segundo efecto más preocupante, con dos derivadas. La primera, que el periodista «pescado» pierde su libertad de expresión a cambio de unos cuantos euros más al mes. Sufren la libertad y la verdad, aunque ya sabemos que la ética no es un punto fuerte en tiempos de crisis. Y el segundo, más de fondo, es la pérdida de capital humano de dicha empresa: si los «mejores» de esa empresa se van, ¿qué es lo que queda? Así, gracias a ese abrazo del oso, ese medio que trata de ser independiente acabará cerrando tarde o temprano si no tiene cantera. Y así, también, la posibilidad incluso parcial de conocer la verdad, se aleja un poco más. Para produtos LOGSE: no es muy diferente al fenómeno del vampirismo futbolístico de los «grandes equipos» respecto de los de Segunda o Tercera División.

Para la memoria histórica: así es como acabaron con Intereconomía TV, medio rampantemente crítico en tiempos. Ese grupo de comunicación fue el que ─lo quieran reconocer o no─ ayudó a Rajoy a sentarse en Moncloa. Pero ai las! El mismo Rajoy les asestó el hachazo, bien sea porque le molestaban como compañía o bien porque recibió órdenes («Yo no soy más que un mandao»). El abrazo del oso se lo hizo 13TV, teledirigida desde Génova, 13, a lo que se unieron unas cuantas decisiones erróneas estratégicas y de otro tipo. La «justicia poética», si es que se puede hablar de tal cosa en este caso, es que ahora 13TV languidece (ni las misas que emite tienen poder de convocatoria, ni mucho menos los westerns de todo a cien). Es una manera muy democrática de terminar con un medio crítico, e incluso más refinada que la utilizada en tiempos para acabar con Diario 16.

Queda un último grupo, el de los periodistas sin adscripción, que son en mi opinión los verdaderamente independientes, cuya distancia del poder es más o menos la misma que hay desde el Sol hasta la llamada Nube de Oort. Vamos, en las cercanías del muro de los hielos galácticos. Hacen un trabajo meritorio, son censurados y «ninguneados» por el «mainstream» un día sí e outro tamén, han mandado a tomar viento la posibilidad de tener una vida privada y a veces pagan ese sacrificio con su propia vida. ¿Vale la pena pagar con la vida o la hacienda el hecho de que la verdad brille y produzca plenos efectos? Eso es lo que muchos deberían preguntarse.

Falta por decir una cosa más: cuando controlas los medios de comunicación, el que los controla, al modo de Octave Parango (magníficamente interpretado por Jean Dujardin), puede decirte a la cara: «Te voy a decir de qué vas a hablar dentro de un mes y ahora mismo hablarás de lo que a mí me dé la gana».

I can’t breathe – Black Lives Matter

Original aquí. Edición y traducción nuestra.


No voy entrar en detalles de cómo por y qué murió George Floyd, el negro muerto en USA que ha desatado toda esta violencia primero en USA y después en Europa, ni tan siquiera en la proporción mayor de asesinatos entre negros en USA.

Numerosas ciudades estadounidenses se han visto sacudidas por una fuerte ola anti-Trump después de que el republicano ganase las elecciones presidenciales el pasado 8 de noviembre. Según Zero Hedge, las manifestaciones han sido inspiradas por el portal MoveOn.org, George Soros. O como también detrás está ANTIFA, vinculados a Obama e Hillary

Así lo veo yo: Biden y los demócratas americanos, por más que los medios se empeñen en decir lo contrario, perderán las elecciones y aún es posible que Donald Trump siente en el banquillo “por fin” a ObamaHillary, algo que el Deep State no puede permitir. Trump gustará más o menos a la gente; pero lo cierto es que Trump va a su aire y es el único presidente de los USA que se está enfrentando al Deep State, a los Rothschild y Rockefeller, puesto que en definitiva Soros es un títere de estos.

Las revueltas en USA por la muerte de George Floyd han sido el detonante de las izquierdas contra las derechas: las élites financieras mundiales están preocupadas por su pérdida de influencia. De ahí la pretensión de liquidar los Estados-nación; pero no es nada nuevo: todo ello ya viene planificado desde el 1923 con el malhadado Plan Kalergi.

El Plan Kalergi, elaborado en 1923, tenía como objetivo el genocidio de la raza blanca, especialmente en Europa, al incentivar el mestizaje para conformar una población «inferior, pasiva, predecible y manipulable». Establecía que, al incentivar una región multicultural y mestiza, era posible generar una raza superior: la élite aristocrática judía. ¿Acaso no es esto lo que ya se lleva haciendo años?

Inundar occidente de negros, liquidar el cristianismo, fomentar el aborto, la destrucción de la familia tradicional, las distintas corrientes de gays y lesbianas, leyes de género, favorecer la trata de personas y la inmigración, etc.

Según el plan, esta élite tendría las capacidades y habilidades para construir un continente unido y poderoso. Esta premisa postulada por el conde y político austríaco-japonés Richard Nikolaus Coudenhove-Kalergi está expresada en 28 tesis; resalta la importancia de plantear un racismo utópico en donde los judíos dominen Europa y después, el mundo.

Ya el 04/10/2019 escribí “Genocidio blanco por diseño: la destrucción de los blancos de Europa y USA”, y a lo largo de estos años hemos visto como la ONU y otros organismos nos han ido “preparando” por decirlo de alguna manera, enfrentado a la derecha e izquierda, cuando son los mismos quienes manejan los hilos.

Aquí un párrafo particularmente revelador del artículo: disolver los estados hacia arriba (hacia organismos supranacionales) y hacia abajo (hacia regiones autónomas). ¿Les suena?


Strobe Talbot, antiguo subsecretario de Estado, que escribió —cuando era editor de la revista Time a primeros de los noventa— que se sentía optimista de que al acabar el siglo XXI “la nacionalidad, tal y como la conocemos, habrá quedado obsoleta: todos los Estados reconocerán una única autoridad global… Todos los países nacen básicamente de pactos sociales, de la acomodación a circunstancias cambiantes. No importa lo permanentes e incluso sagradas que puedan parecer en un momento determinado; de hecho, son todas temporales y artificiales”. Considera la devolución de la soberanía nacional «hacia arriba», subsumida en cuerpos supranacionales y «hacia abajo», dividida en unidades autónomas, como “fenómeno básicamente positivo”.

Todo plan debe adaptarse a los tiempos y más cuando estos son a largo plazo y las sociedades cambian y no se ajustan al plan inicial (ver bibliografía).

Para adaptar todo ello a las revueltas se crea,—el 3 de julio de 2009 se cumplieron diecinueve años de la fundación de una organización política denominada el Foro de São Paulo (FSP), que agrupa a casi todas las izquierdas de Iberoamérica, incluyendo a los movimientos guerrilleros armados. Les invito lo lean para un mayor conocimiento a lo que está sucediendo o se va cumpliendo. Lo mismo que el informe de la agenda 2030.

Y más recientemente la famosa Agenda 2030. Desde su creación en el año 2015, la Agenda 2030 ha proporcionado un modelo para una prosperidad compartida en un mundo sostenible: un mundo en el que todas las personas puedan llevar una vida productiva, vibrante y pacífica en un planeta sano. Faltan tan sólo diez años para el año 2030 y debemos preguntarnos si las medidas que estamos adoptando hoy logran asentar el cimiento adecuado para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2019.

Quien no ha leído la famosa frase de Christine Madeleine Odette Lagarde y su famosa esperpéntica frase “vivimos mucho” u otras similares de otros políticos, pues ahora esta otra.

Christiana Figueres secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ha declarado en una entrevista, que la Tierra está sobrecargada de gente y que debemos pensar en despoblar el planeta. “Realmente, debemos hacer todo lo posible para cambiar porque ya estamos, hoy en día, excediendo la capacidad de carga del planeta”, afirmó. Figueres también declaró abiertamente a principios de este año que el verdadero propósito del calentamiento global es acabar con el capitalismo. Ahora, incluso después de esta aseveración, sigue diciendo que tenemos que deshacernos de un gran porcentaje de la población mundial debido al cambio climático¿Pandemias y vacunas?, o como se van a cargar la población.

Por eso las categorías tradicionales (derecha, izquierda) no sirven de nada. Aquí lo que nos jugamos es otra cosa mucho más importante: nos jugamos la propia democracia. Miren los organismos “transnacionales” existentes y pregúntense: ¿qué control tenemos los ciudadanos sobre ellos?

La respuesta es: ninguno. Pues imaginen ahora un futuro donde los estados nación fueran barridos, un futuro en el que los poderes financieros, a través de élites políticas corruptas, impusieran su ley a través de esos organismos transnacionales carentes de control democrático.

Bibliografía

El Vaticano con Dios o contra Dios

El poder de Rothschild y Rockefeller

La UE se carga de un plumazo la libertad de expresión

El síndrome de Estocolmo en los medios de comunicación

ONU el pacto por la inmigración Marrakech

TDHE una sentencia incomprensible y peligrosa

¿Qué sabes del sionismo?

El “Cerebro del mundo”

Revuelta populista mundial

Comentario nuestro.- Es curioso que todos ésos que dicen que “somos muchos”, “vivimos mucho” y que “sobra gente”… no piensen que los primeros que “sobran” son ellos. Eso sí, sigan “votando” en esta farsa de democracia y “disfruten de lo que han votado”. Tal vez algún día las ovejas despierten. Abrigo esa esperanza, aunque no creo que sea pronto.

 

Cerrojo

Acabamos de enterarnos de que la Comisión encargada de redactar una nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal se ha reunido por primera vez. Y que se espera que la tengan lista antes de final de año. Ya dijimos en su momento que era necesaria una nueva LECrim, adaptada a los tiempos y a los nuevos medios, poniendo como ejemplo la ZPO alemana de 1987. Pero repetimos aquí que, aun siendo verdaderamente necesaria una ley procesal penal nueva, éste no era el momento. Entonces, si no es el momento (particularmente debido a las turbulencias económicas y sociales creadas a partir de un timo sanitario), cabe preguntarse por qué se ha iniciado el proceso codificador de todos modos.

Mi opinión en particular es que, como de costumbre, la casta se sigue protegiendo a sí misma, igual que en 2015. Incluyo bajo esa rúbrica también a los comunistas de Podemos, mucho más ahora que controlan departamentos ministeriales. Recordemos que en 2015, gobernando el PP y al frente del Ministerio de Justicia el borroso Catalá (reforma de la LECrim por LO 42/2015), entre otras cosas, se dijo que no se podía hablar de «imputados», sino de «investigados». No pudieron eliminar el término «procesado», porque por desgracia para ellos, el art. 384 de la LECrim habla específicamente de auto de procesamiento, que es la decisión judicial por la cual, en el contexto del procedimiento ordinario por delitos graves (para delitos con pena privativa de libertad señalada mayor a 9 años), se acusa formalmente a una persona de la comisión de un delito. Era una reforma para que los «chicos de la prensa» nos pudieran vender que un hecho delictivo no era tan grave si uno era «sólo un investigado» o era muy grave «porque uno estaba siendo investigado», dependiendo del color político del individuo y del «chico de la prensa» que hablara de él (o ella, o elle).

Pero parece que la treta no ha surtido efecto. O simplemente, que aprovechan estos tiempos de desolación para encasquetarnos esa ley nueva. Y lo hacen en un momento en que se pisotean con todo descaro nuestros derechos constitucionales por los comunistas y por una pesoe dirigida por un Chuckie de metro noventa (mucho nos tememos que este Chuckie no sea más que una matrioska diabólica, aunque esto pueda llevar a algunos a decir que «semos unos conspiranoicos»).

Así que el quid de la cuestión está en otra parte. En algunos medios —no en todos y hablaremos de ello en otra entrada— se da cuenta y razón de que la sociedad pretende defenderse de los ataques de su Gobierno por los medios que a su disposición ponen las leyes. Traducido: se espera una catarata de demandas de todo tipo contra el Gobierno. Frente a un «Gobierno que nos miente, que no nos dice nunca la verdad», tenemos todo el derecho a defendernos con medios legales. Faltaría más.

Y ahí es donde viene la jugada. El Gobierno quiere una ley de enjuiciamiento criminal que, entre otras cosas, detenga el tsunami de demandas que, sobre todo en materia penal, caerá sobre este Gobierno si se cumplen las previsiones. De lo que se conoce, ya se sabe que, siguiendo el Anteproyecto Caamaño de 2011 (en realidad es de «Jueces para la Mococracia»; pero como data de la época del masón y a la sazón Ministro de Justicia Francisco Caamaño, lo llamamos así), la instrucción de los procesos penales se entregaría al Ministerio Fiscal. Ya no sería el Juez el que dirigiría las actividades de investigación de las circunstancias del delito, la averiguación del delincuente y el aseguramiento de las pruebas del delito. La segunda capa del pastel es que la independencia del Ministerio público está puesta en cuestión, pues tal y como dice el art. 2 de su Estatuto Orgánico, «…ejerce su misión por medio de órganos propios, conforme a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica…».

Y esto es lo preocupante: que el Ministerio público dependa jerárquicamente de una tipa que no podría ser más inidónea, habiendo pasado del Gobierno a la Fiscalía General del Gobierno sin solución de continuidad, un poco à la Garzón. Esperemos que no consiguiera que la transfirieran a dicho puesto gracias a la información vaginal de la que podría disponer y que le aseguraría el éxito.

El resultado de todo esto: que, si la facultad de iniciar un proceso la tiene el Fiscal en exclusiva (pues a él se remitirán en adelante todas las denuncias y querellas), y recibe una orden de no dar curso a éstas, no podrá no hacerlo so pena de incurrir en delito de desobediencia a su superior, con la correspondiente sanción disciplinaria. Con lo cual, además, se vulneraría directamente el art. 24 de la CE, el derecho a la tutela judicial efectiva. Pero parece que al Gobierno eso ya no le preocupa, pues ha metido al TC en su spa constitucional. De verdad: del Purgatorio al Cielo van las almas más rápidamente de lo que se resuelven los recursos en el TC.

Imagino que si los tiros van por ahí, también intentarán limitar la legitimación en determinados casos: concretamente, los casos políticos. Pongamos, por ejemplo: ante un determinado hecho dañoso provocado por un miembro del Gobierno que, además, tenga relevancia penal, no bastará con que lo denuncie o se querelle una persona sola. Tendrá que ser una colectividad suficientemente numerosa. O mantener la obligación actualmente vigente de prestar fianza en caso de asociaciones que pretendan formular una acción penal (es muy disuasoria en casos de delito ecológico), dejando al arbitrio del juez la determinación de su «suficiencia»; con lo que además se daría un paso adelante en el proceso de vaciamiento de contenido del art. 125 CE (respecto de la “acción popular”). Y así, otras trabas que se puedan poner, que ni se me ocurren pero que seguramente podrían fundar un recurso de inconstitucionalidad en su caso.

Termino con una cita que… bueno, ya sé que es de un videojuego y ya «antiguo», pero que está muy de actualidad:

Como aprendieron de manera tan dolorosa los hombres en el último siglo de la Tierra, el flujo libre de la información es la única salvaguardia contra la tiranía. El pueblo encadenado cuyos líderes pierden por fin el control sobre el flujo de la información florecerá pronto libre y vital. Pero la nación libre que poco a poco coarta el discurso público comienza un rápido descenso hacia el despotismo. Cuídate bien del que te niega el acceso a la información, porque en su corazón tan sólo desea ser tu amo.

(Alpha Centauri, 1999).

 

Informe de situación mayo 2020

Encaramos ya la sexta prórroga del mal llamado «estado de alarma, que sólo puede ser denominado tal por la alarma que ya está causando en los sectores productivos de la nación. Ahora, a los que decíamos que el 10-N España había votado un desastre, ya no nos dicen nada. Cada uno está preocupado hoy con el dinero que no llega del ERTE o con las magras posibilidades que hay de que recupere el trabajo que tenía antes. Eso sí, como ha ocurrido otras veces, la versión oficial se ha caído con todo el equipo. Lo de menos es ya la «salud»: las mascarillas y los guantes son un timo y este gobierno empieza ya a recordar al «Réfor» de Se buscan fulmontis («Soy pintor… un pintor que no pinta nada, ja-ja-ja»). También y como siempre, algo que uno ve en una película puede ser gracioso, pero pierde toda su gracia cuando lo ve las noticias de las 9.

Pero hoy, parafraseando a los recordados Tip y Coll, «no hablaremos del gobierno». ¿Para qué vamos a hablar de un tipejo al que no le importa poner a España en almoneda, simplemente para que le sigan llamando «Presidente»? Una pregunta subsiguiente sería «¿por qué tenemos que aguantarlo una legislatura completa?». Que eso, recordemos, se cumpliría en 2022 como pronto, si tenemos en cuenta que le aguantamos desde 2018 tras la infame moción de censura que se dejó plantear Mariano —recordemos eso también cuando le veamos reírse a carcajada limpia de los españolitos mindundis como un servidor y del confina-miento—.

Tampoco importa mucho quién es el que lleva la batuta. Me da igual decir que «Pablemos es un comunista» o que «Pedro Sánchez es un psicópata». No me importa, a estas alturas, quién es más responsable de los dos de la situación que se ha creado en estos momentos y cuyos efectos tienen visos de perdurar bastante tiempo, aunque haya quien no se lo crea. Todo este teatro de las mascarillas y los guantes, a pesar de que el virus ha afectado a personas que no presentaban ninguna patología previa, ha tenido unas intenciones mucho menos evidentes y que, como algunos nos maliciábamos, tenía menos que ver con la «sanidad» que con la política y la economía: provocar una crisis económica de gran calibre que, a su vez, forzara un cambio de sistema político. ¿Cómo, si no, se entiende que en España se hayan matado mosquitos a cañonazos (declarando un estado de alarma con restricciones de derechos constitucionales propias de uno de excepción) cuando en otras partes de Europa (Alemania, por ejemplo) se ha acudido a legislación ordinaria y exclusivamente restringida al ámbito sanitario?

Pero lo que quería comentar hoy son las posibles respuestas a la pregunta: «¿Hay alguien enfrente?». Por de pronto, el «confina-miento» ha impedido la rápida organización de una oposición frontal a este «golpe de estado» jurídico. Tanto es así que los Juzgados no vuelven a ponerse en marcha hasta el próximo jueves. El Gobierno tendría planteados dos frentes:

a) el estrictamente judicial, que iría por dos caminos:

  • el penal: por las flagrantes negligencias (y está por verse si hubo dolo en algunas decisiones que se tomaron) en la gestión de la crisis «sanitaria», tanto antes de su declaración como durante ésta. Con un resultado que según cálculos puede acercarse peligrosamente a los 50.000 fallecidos.
  • El contencioso-administrativo y el social, que se desdoblaría en dos ramas:
    • los perjudicados por los ERTEs, que también son legión y de los cuales muchos de ellos no cobrarán ya la prestación correspondiente. Y algunos sectores, como el turismo, que si Dios no lo remedia ya puede mandar a tomar viento la temporada.
    • la prevención de riesgos laborales: negligencia en la facilitación de la realización de tests fiables (los confiscaron en muchas empresas) y de material sanitario adecuado (o no lo proporcionaron, o era defectuoso).

b) El constitucional: por lo que hemos mencionado antes de los excesos de los estados de alarma, con restricciones propias de un estado de excepción.

A nadie le preocupa ya que algún tonto vaya diciendo por ahí (se lo habrán dicho al oído Pedro Sánchez, Iván Redondo o alguno de sus paniaguados, seguro) que la culpa de la situación es de «los recortes del PP», como si con una consigna se pudiera borrar la responsabilidad de este Gobierno. Otra cosa es que uno se pregunte qué es lo que tenían en la mollera todos los que el 10-N votaron a Pedro Sánchez. Y si yo hiciera ahora como el ínclito Pedro Castro, diría que «no entiendo cómo hay tanto tonto de los cojones que vota a las izquierdas». Pero digamos que el mal ya está hecho y se trata «sólo» de reparar lo mal hecho.

Desastres (V)

¿Y toda la exposición anterior de desastres a dónde lleva? Al final no queda más remedio que plantear las cosas así.

Primero: las cifras de muertos del COVID-19 no las conoceremos hasta que pase el vendaval. El baile de cifras en el que unos mienten y otros se manejan honradamente, pero con datos esencialmente falsos no es más que una distracción. En mi modesta opinión, el COVID-19 es una tapadera que sirve para otras cosas. Para poner un ejemplo: en circunstancias «normales» nadie admitiría ser el «paciente cero» de la «pandemia» (de pandemia nada: «caos controlado y muy bien organizado», más bien). Pero bajo tortura o presión psicológica, a un señor se le puede hacer admitir que es culpable del asesinato de César, del incendio de Roma y de la última erupción del Krakatoa, todo a la vez. Más claro aún:


Esta ilustración, tomada del libro de Pedro Baños «El dominio mundial», que les recomiendo si gracias al confina-miento están hartos de tragar televisión y películas por un tubo, resume mejor que mil páginas lo que está ocurriendo ahora; pues, como dice alguien por ahí, todas estas estrategias están funcionando a pleno rendimiento en la mayoría (si no en todos) los medios de desinformación comunicación social de todo el mundo.

Sabiendo que es una tapadera y que se ha caído con todo el equipo (aunque los muertos sean de verdad y ya nos vamos enterando de que a cierto porcentaje de ellos se les dejó morir simplemente negándoles la asistencia que necesitaban), ¿para qué sirve la «pandemia»?

Para empezar, sirve como experimento. La élite mundial (me da igual qué etiqueta le pongan: sus miembros están en todos los nombres que le quieran poner) se ha vuelto contra el pueblo. Ya han probado provocando crisis económicas más o menos «controladas», algo así como las demoliciones controladas de edificios. El sistema, aun con grandes heridas, resistió. Había que intentar algo más «serio» (como si la crisis de 2008, que se llevó por delante a tantas empresas y personas, no hubiera sido algo «serio»). Es la afirmación de Calígula: «Me gustaría que el pueblo romano tuviera una sola cabeza, para poder cortársela». Y eso es lo que hacen, al actuar de manera unificada en todo el mundo. Todos percibimos que esa élite enloquecida ha puesto la directa.

¿Experimento de qué? En nuestra modesta opinión, de la implantación de la tiranía a nivel mundial. Cuando éramos niños nos reíamos/disfrutábamos de las películas y los tebeos que presentaban a un científico loco que decía: «¡Con esto voy a dominar el mundo!», creando el caos a su paso. Luego llegaba el héroe americano (naturalmente: no iba a ser de Calasparra o de Orihuela del Tremedal) y «salvaba al mundo», con el consiguiente pie de página: «¡Así se libra la Humanidad, bajo la guía de (los Estados Unidos de) América, de las asechanzas del mal!». Ahora ya no hacen tanta gracia… porque los malos son de verdad, no un tebeo. Y no hay nadie, por ahora, que encabece una oposición a dicho proyecto. E incluso podríamos encontrar a alguno de ellos en «(los Estados Unidos de) América».

Dentro del NOM cada país elegirá su forma de tiranía, indiferente de qué se trate: «comunista» (que es a lo que vamos aquí) o «capitalista», pero siempre deudora de esa élite, que ha decidido ya que hemos disfrutado de demasiada libertad y que eso es una amenaza. Amenaza para ellos, claro. Más o menos como esa «iglesia» china, que no responde ante Roma… sino ante Pekín y que acabará diciendo que Mao es la reencarnación de Cristo para no enemistarse con los gerifaltes del Partido.

Y mientras tanto, ¿qué nos queda a los demás? Si es esto… estamos jodidos.

LA SOCIEDAD CAUTIVA

Por su interés, cuelgo este artículo de Consuelo Madrigal, Fiscal de Sala del TS y ex-Fiscal General del Estado con el Gobierno Rajoy. Mira que yo critiqué a esta señora cuando ejercía de «Fiscala General del Gobierno» (al parecer no se espera otra cosa de esa figura que sumisión a los dictados del Ejecutivo). Pero este artículo escrito hoy en El Mundo, de algún modo, me reconcilia con ella. Sólo lamento que ejerza esa finura en las distinciones y en la atribución de responsabilidades en estas circunstancias, en las que ya no es necesario «ser valiente». Igual que esos generales que, cuando se jubilan —y no antes—, escriben un articulillo en ABC en tono crítico por la situación del Ejército y exculpatorio de su propia actuación (o más bien de la falta de ella…). Claro: antes no podían hablar. Para muestra y escarmiento de revoltosos potenciales, el caso de Edmundo Bal.

El control de la acumulación de poder es el gran problema de la política. La democracia, único medio para alcanzar ese control, es la forma de gobierno de las sociedades abiertas que trajo la modernidad, en las que los individuos adoptan decisiones propias y participan en el ejercicio del poder, en contraposición a las sociedades arcaicas, tribales o colectivistas. Karl Popper jugó con la hipótesis inconcebible de una sociedad abstracta en la que los hombres no se encontrasen nunca cara a cara, donde los negocios fuesen concertados telemáticamente por individuos aislados. En esa sociedad despersonalizada, la vida transcurriría en el anonimato, el aislamiento y el infortunio. Esa hipótesis inconcebible se ha hecho realidad: muerte, enfermedad, pérdida de seres queridos, temor al contagio propio y ajeno, inaccesibilidad al diagnóstico y al tratamiento, inexistencia de instrumentos de protección A tanta aflicción se han sumado la impotencia del aislamiento y la amargura de la soledad. La tecnología proporciona recursos comunicativos e incluso impone una hiperconectividad, sustitutoria de la satisfacción emocional. Triste sustituto que ha sido —lo sabemos—, manipulado, monitorizado y pervertido desde el poder. Y aun con el alivio adictivo de la conectividad digital, los usuarios de internet, aislados y asustados, somos incapaces de vivir una vida común no monitorizada, incapaces de articular -más allá de la cacerolada- un sujeto liberador, un nosotros que haga valer su existencia y su libertad.

Por el confinamiento, muchos, demasiados, han perdido, tal vez irremediablemente, trabajo, negocios y oportunidades. Algunos aún deben tributar por actividades no realizadas y ganancias no recibidas. Todos nos hemos empobrecido. Y, como siempre, unos pocos han hecho negocio. Pero el más sucio de los negocios es la apropiación ilícita de poder; la que aprovecha el miedo, el cautiverio y la postración de la sociedad.

En primer lugar, padecemos el tardío abordaje de una crisis sanitaria -que no de orden público- mediante la privación de libertad bajo una coerción policial, innecesaria sobre una ciudadanía mayoritariamente responsable; padecemos la exasperación de esas medidas en contra de la propia ley de estado de alarma que, como regla general, impone la libertad y sólo como excepción temporal, su restricción y cuyo artículo 1.2 somete toda intervención a los principios de proporcionalidad y necesidad, que no han sido aplicados a los ciudadanos sanos. Nos preguntamos por qué se carga el peso de los sacrificios sobre los profesionales y los ciudadanos, sin dotarles de los mecanismos de diagnóstico y protección que hubieran minimizado la carga y aliviado el sacrificio. La pregunta es tan pertinente como el debate sobre las confusas y contradictorias respuestas que hasta ahora se han recibido.

Constituye un ejercicio antidemocrático de poder la imposición encubierta, y sin el control interno y europeo, de un verdadero estado de excepción, en el que se restringen severamente los derechos, bajo cobertura de la prórroga del estado de alarma que garantiza al Gobierno el mando único en la fase aguda de la excepcionalidad y en la vuelta a la ya imposible normalidad. Ante una sociedad cautiva, se han dictado sucesivas órdenes ministeriales de inmenso calado económico y fuerte compromiso de derechos, y un sinfín de decretos leyes restrictivos de derechos fundamentales, frecuentemente oportunistas, sobre materias que poca o ninguna relación guardan con las razones sanitarias y de orden público que formalmente demandaron el estado de alarma.

En su cautiverio, la sociedad ha asistido al cierre del portal de transparencia del Gobierno, la imposición de filtros a las preguntas de la prensa, la financiación pública oportunista de medios de comunicación vasallos, la restricción en la difusión de mensajes y la evaluación de la verdad o falsedad de las noticias y los enunciados. En nuestro mundo relativista, la verdad se ciñe a la identidad entre nuestro pensamiento sobre las cosas y la realidad de las mismas cosas. Algo que guarda relación con la investigación y el juicio y que se concreta en la búsqueda de la verdad. A este uso común se añade un rasgo relacionado con la fe. Decir que una proposición, opinión o noticia es un bulo es invocar una norma que rige la fe y el juicio, para afirmar que esa proposición, opinión o noticia es indigna de asentimiento, no debe ser creída. Pero, ¿quién se erige en autoridad normativa de lo falso para separarlo de lo verdadero que-debe-ser-creído? ¿por qué y para qué lo hace? Las respuestas a estas preguntas se han tornado amenazas para quienes hemos asistido al impúdico reconocimiento oficial de la monitorización de redes sociales y escuchado en palabras de su máximo responsable en esta crisis, que la Guardia Civil destina parte de sus esfuerzos a minimizar la crítica al Gobierno, para comprobar después que los contenidos intervenidos son los que guardan alguna relación, siquiera lejana o indirecta, con el cuestionamiento de la gestión y la versión oficial de la crisis.

Y, todo, al tiempo que los medios de comunicación vasallos nos martillean la representación idealizada del heroísmo de los profesionales (esos que son enviados al trabajo sin condiciones ni protección) y los diversos formatos del mensaje, irisado y pueril, de que “resistiendo”, “todo acabará bien”.

Siempre debe frenarse la ilegítima apropiación de poder por parte de los poderes legítimamente constituidos. Algunos creen que esto sólo es necesario cuando lo hace la derecha. Asumen acríticamente que la salud y la seguridad exigen la restricción de nuestras libertades o minimizan su importancia, sin pensar que las amplias facultades ya otorgadas son peligrosas, pueden ser utilizadas equivocadamente y quizá ya lo están siendo. Los poderes del Estado deben gestionar la crisis y su recuperación, sí; pero han de hacerlo bajo estricto control de las instituciones democráticas, apoyadas por una ciudadanía activa, cuya acción crítica, a riesgo de introducir malestar y tensión, contribuya a la construcción de la ética pública. Si descuidamos la vigilancia y si no fortalecemos las instituciones democráticas de control, dándole más poder a quienes ya lo ejercen, no viviremos ya en una sociedad abierta. Habremos perdido nuestra libertad y no será una pérdida temporal.

Al margen de las cifras manipuladas, la magnitud del desastre se mide ya en términos de derrumbe social, moral y económico. En la falta de credibilidad de un sistema que sí dejó atrás a muchos, a todos los mayores de 80 años a quienes, en residencias y domicilios, se negó la hospitalización, el tratamiento y las pruebas diagnósticas, sin discernir situaciones concretas; que envió y mantiene en primera línea sin protección, a los profesionales de la salud y el orden público, cuyo heroico esfuerzo es en sí mismo el más elocuente reproche; que sigue sin ofrecer tests a los profesionales, a los enfermos y a la población confinada y sin reconocer las espeluznantes cifras de fallecimientos de las que dan cuenta los datos comparados del Registro Civil.

La recuperación es un apremio moral fundado en los apremios del dolor y el sufrimiento. Muchos creemos que la solidaridad guarda relación con la evolución humana y que vale la pena ejercerla a la hora de encarar —en el sentido genuino de visión de la cara de otro— el futuro deliberando juntos, sin exclusión alguna, sobre los hechos y el alcance de los deberes respectivos. Nuestra sociedad, pese a la estupefaciente industria del entretenimiento y la propaganda oficial, es capaz de elevar el punto de mira y repensar los grandes temas de la justicia social, la libertad personal y de empresa, capaz recuperar la actividad económica que pueda acabar con el paro y la pobreza. Los ciudadanos seguimos siendo la gran esperanza de la política; pero ahora, más que nunca, hemos de luchar por el Derecho y por los derechos, amenazados por la enfermedad, la parálisis económica, la revolución tecnológica, la manipulación digital y los abusos del poder. Hemos dado muestras de compromiso y responsabilidad y estamos dispuestos pero los responsables públicos no deben engañarse.

Ningún sacrificio más podrá exigirse, nada será posible, sin un reconocimiento público de la magnitud de la tragedia, sin el duelo, la memoria y la honra de sus víctimas, sin un análisis serio de todas sus causas, de las acciones y omisiones concurrentes en cada caso, sin la investigación y evaluación de la imprevisión y las dejaciones, de las probables imprudencias y los posibles fraudes, sin la exigencia de las responsabilidades que en su caso resulten, sin la pronta rectificación de los errores, la reparación de los daños y la compensación del sufrimiento. Es lo mínimo que debe ofrecerse a ciudadanos libres dispuestos a asumir esfuerzos.

Desastres IV/3

El problema ahora ya no es el frente sanitario: el Gobierno ha renunciado de facto a controlar nada. Hoy ya nos queda claro que las CC.AA., que en su mayor parte tienen la Sanidad transferida desde 1986 (gràcies, ministre Lluch), cuando han tomado medidas, lo han hecho contra el parecer del Gobierno… que, por no parecer, no parece ni Gobierno al no tener ningún parecer, salvo el de «jostidiar a las comunidades del PP» (particularmente Madrid, que es la que les cae más cerca). Ciñéndonos a los hechos, recojo aquí una serie de cuestiones gracias a este blog:

  • El Portal de Transparencia suspende sus actividades durante el estado de alarma. En este blog le dedicamos mucho tiempo a la Ley de Transparencia y Buen Gobierno en su día, aprobada con retraso y muchas limitaciones durante el mandato de Rajoy; pero el tiempo ha demostrado que no se buscaba ni transparencia ni buen gobierno. La suspensión implica, por ejemplo, que no se pueda saber qué empresas han intervenido en las gestiones de muchas de las compras fallidas de las últimas semanas.

Comentario: Aunque es verdad que la «transparencia» y el buen gobierno» brillan por su ausencia en el gobierno Sánchezstein, tampoco nos queda claro si dicho portal funcionó de verdad en la etapa de los antecesores que lo crearon. Nos inclinamos a pensar que tampoco, a pesar del bombo y platillo que se le dio. Es un organismo orwelliano (o bradbruyano, si ustedes quieren), creado para una función totalmente contraria a la presunta.

  • El 15 de abril se presenta el anteproyecto para reformar la Ley de Enjuiciamiento Criminal. El nuevo sistema “liberará a los jueces y magistrados de la investigación de los delitos para que puedan centrarse en el ejercicio de su jurisdicción”. Pregunto con mi desconocimiento de la materia: ¿esto significa que la instrucción quedará en manos de la Fiscalía, dependiente de Dolores Delgado? Anterior Ministra de Justicia con el PSOE y actual Fiscal General del Estado. ¿Y por tanto supone la supresión de la figura de los Jueces Instructores Independientes? ¿Este es el momento?

Respuesta: Sí a la primera, no a la segunda. Corre por el Ministerio un Anteproyecto de LECrim que ya apuntaba en este sentido, el de quitar la instrucción de las causas penales a los Jueces y Magistrados para entregársela sin más a los Fiscales. Se podría argumentar que el Ministerio Fiscal, salvo en los procesos de la Ley del Menor, no tiene una incidencia intensa en el proceso penal: de acuerdo con la LECrim actual sus competencias apenas son de informe, de recepción de denuncias y realización de actividad instructora (siempre subordinada a la que lleve el Juez o Magistrado competente) y de formulación de escritos de acusación, con lo que puede tomar postura por la apertura de juicio oral o sobreseimiento en su caso.

Pero lo cierto es que, como bien se dice en la pregunta, al ser el Ministerio Fiscal que obedece a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica (art. 2 EOMF), se deja en manos del Ministerio Fiscal toda posibilidad de incoar un proceso penal. Si añadimos que la actual titular de la Fiscalía General del Estado es, de hecho, persona totalmente inidónea para ocupar ese cargo por su demostrado sectarismo y su sumisión perruna (que no “dependencia”) a los dictados políticos, el cuadro que se presenta no es muy halagador.

En cuanto a la segunda de las cuestiones, es verdad que en nuestro blog hemos criticado la pervivencia de una ley cuyo armazón básico data nada menos que de 1882 y que, al decir de Cervantes describiendo el rocín de don Quijote, tiene «más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela». Pero sin duda este momento, en que vivimos una situación totalmente extraordinaria y de dudosa constitucionalidad en ciertos extremos, no es el momento de iniciar los trabajos de redacción de una Ley que incide tan directamente en los derechos de las personas cual es la Ley por la cual se decide su responsabilidad ante la producción de hechos de relevancia penal.

Comentario: Esto no tiene nada de particular, en realidad. Echado el año a perder por el confinavirus, tal vez hubiera habido que arbitrar otra solución para salvar la calidad de la enseñanza recibida en el presente curso escolar. Pero este Gobierno, empeñado en que el respetable no perciba su ineptitud, se quita problemas de encima diciendo «Hala, todos aprobados». Ni qué decir tiene que el mismo propósito luce en la mayoría de Comunidades Autónomas, con las competencias transferidas y habiendo renunciado totalmente el Estado a la «alta inspección» que debería desde luego ejercer. Sobre todo, en aquellas en que ya está en marcha una dinámica separatista. De cualquier manera, el sistema escolar actual es un fracaso, con las debidas excepciones; cabe esperar que los niños salgan de él «igual de burrros» (o sea, con el detector de fascistas incorporado) que siempre, cosa probable si se siguen las directrices de la titular, que nunca vio una «ezkuela puvlica de kalida» ni por el forro. Ni ella, ni los anteriores (no nos olvidemos del funesto Méndez de Humo).

Comentario: Espero que esto no se apruebe. Significa condenar a la miseria a buena parte de la población y, en especial, aquella que ha tenido que irse a su casa como consecuencia de un ERTE (figura a la que, tras el confinavirus, se le podría caer la T en muchos casos). Es, además, otro ladrillo en la frente de la antigua clase media, hoy ya no «en peligro», sino en proceso de extinción.

Sobre esta cuestión, de constitucionalidad discutida, hablaremos en una próxima entrada.

Para finalizar, sólo me queda decir una cosa a aquellos que el 10 de noviembre pasado votaron izquierda sin saber demasiado bien qué votaban o simplemente «por no votar a la derecha» (o si son militantes o palmeros pro bono de esos partidos) y no les gusta el actual estado de las cosas: disfruten de lo que han votado.

Desastres (IV/2)

Dónde estamos

A estas alturas ya es palmaria la absoluta inepcia de este ¿Gobierno? Ni pueden, ni saben (y a lo mejor tampoco quieren) gestionar la crisis. Esto nos devuelve a la distinción que mencionamos en este blog con alguna regularidad: la distinción entre “mandar” y “gobernar”. En estos últimos meses, particularmente desde el 12-13 de enero, hemos sido testigos de una esplendorosa demostración de lo primero. A este ¿Gobierno? lo único que le ha importado es aparecer en el BOE: me refiero a que aparezca el nombre del ministro que se trate en el real decreto que se firme. Del resto que implica esa aparición, no saben o no quieren saber nada.

Sabemos de dónde venimos. Recordemos que es gracias a Mariano, que hoy no es más que un señorito de provincias, de los de purito y partida en el Casino, el mismo que se echó unas risas con Felipe tras salir de Moncloa, el que nos encaró a la situación en la que estamos: un presidente que sólo quiere figurar y al que no le importa echarse en brazos de los enemigos de España (básicamente los mismos que en 1936: separatistas y comunistas) para poder seguir haciéndolo. Y todavía le da más igual si debido a ello la casta política está podomizando al país. Si Mariano hubiera dimitido los españoles hubiéramos ido a elecciones y hubiéramos podido decidir que no queríamos a Sánchezstein. Pero sin duda, a alguien no le convenía que los españoles pudiésemos decidir. Por eso se montó el artilugio de la «moción de censura»; y la casta política, a la que un servidor cada vez más considera HMV,

cambió un presidente plasmático por otro sencillamente plasta y malvado. Tampoco cabe olvidar la responsabilidad (irresponsabilidad, cabría decir) de la vicetodo, ese arácnido completamente desarrollado, la que llamaba a los programas para poner y quitar tertulianos. Fueron sus actos los que permitieron el control total por parte de la izquierda del espacio mediático, cuando menos el televisivo. La cosa tiene su gravedad si consideramos que Soraya acabó convirtiéndose en la chica de los recados del Bilderberg. Pero de ello ya hemos hablado, así que lo dejaremos aquí.

Desastres (IV/1)

De dónde venimos

Llevamos oficialmente con la crisis «del coronavirus» casi un mes, que parece mentira. Entre los que no se acuerdan y los que no se quieren acordar, poca gente recordará esta fecha si no la mira por ahí: 14 de marzo de 2020. Pero ésa, a estas alturas, no es más que una fecha más, aunque los que tenemos un poco más de memoria recordamos todavía que ese mismo día, hace 16 años, hubo unas elecciones tras un atentado, el más luctuoso de nuestra historia reciente, que cambió el sentido de la marcha. Y desde entonces España funciona, por así decir, con un grupo electrógeno, no con la corriente continua o alterna normal. Lo que a su vez nos hace recordar las ominosas palabras de Heinrich Kissinger: «España, cuando es importante, es peligrosa».

Retrocedamos un poco en el tiempo, no obstante. Conviene hacerlo porque ello pone mucho más en perspectiva la incompetencia e incapacidad de este desgobierno. Para mí son particularmente interesantes los días 12-13 de enero: rebuscando un poco, resulta que fue en esos días en que se «constituyó», por decirlo de alguna manera, la banda de ignorantes y sectarios que hoy nos desgobierna. Y digo bien: ignorantes, porque desconocen la realidad que han de administrar; y sectarios, porque no van a dejar que esa realidad desconocida, por sí misma o a través de los «fachas del PP o de VOX», les estropee sus planes. Aunque a estas alturas yo me pregunto de quién son esos planes, porque sé seguro que de ellos no son. Que sea «casualidad» o no, dependerá de lo que opine cada cual. En lo que a mí se refiere, no lo creo en absoluto una «casualidad».

El hecho es que ya por entonces la OMS empezaba a lanzar sus advertencias sobre el coronavirus (el nombrecito se las trae, desde luego). La «gripilla», no obstante, ya había estado dando coletazos antes, en las vacaciones de Navidad. Familias hubo que lo pasaron sin enterarse —a Dios gracias—: en aquel momento nadie decía nada y todo quedó en un «catarro un poco fuerte», con vómitos, fiebre y poco más. Nada digno de reseñar. Pero a partir de la fecha citada, algunos países empezaron a tomar medidas muy duras y restrictivas: son los países que se han visto más o menos libres de la plaga: en Europa, Austria, Hungría, Polonia… y los escandinavos, que curiosamente salen poco o nada en las noticias. Del otro lado, los países latinos: Italia, Francia… y nosotros, claro. Aquí no se tomaron medidas cuando se debieron haber tomado. Lo que enlaza con el hecho de que hasta el 12-13 de enero no se formó el Gobierno (dos meses tardaron en repartirse el pastel). Y luego, lo que es la primera receta del desastre: no dejar que la realidad estropee tus planes, aunque sean ideas de bombero.

Volviendo al asunto, el COVID-19 ha arramblado con todo: con el procés (parece que han arriado las cubanas y están encerraditos y estelats), con las feminazis pijas y sus palmeros y mamporreros, que el 8 de marzo salieron a manifestarse al grito de «¡El machismo mata más que el coronavirus!» y con los derechos de reunión y manifestación del artículo 21 de nuestra Constitución. Ahora, claro, ya no dicen eso, pues se ha demostrado sobradamente que las entre 50 o 60 muertes promedio al año «provocadas por el machismo» no tienen punto de comparación con los entre 15.000 o 20.000 muertos reconocidos oficialmente que en un mes ha provocado el COVID-19, llevándose por delante a personas tan dispares (entre los de presencia pública) como Gabriel Moris o Luis Eduardo Aute (ayer mismo, Enrique Múgica, exministro con Felipe). ¿Dónde están ahora las pedorras y pedorros que berreaban esa consigna? ¿Dónde estás, Anabel Alonso? ¿Has conseguido más papeles y bolos por hacerle ese favor al Gobierno? Supongo que ahora estará tan encerradita en su casa como un servidor.