El Papa no tiene quien le escriba (y II)

Bueno, pues no uno, sino dos artículos han sido publicados tergiversando las palabras del Santo Padre. Para empezar, debería dar vergüenza a esas personas tan leídas y escribidas hacer tan flaco servicio a la verdad (y de rondón, a la libertad, «digital» o no).

Como ya hay un artículo que habla de ello, les remito a él y me permitiré ser breve y decir sólo unas cosillas.

La primera, que la Iglesia ha sido siempre contraria al capitalismo, en cuanto «explotación del hombre por el hombre» (homo homini lupus). Una de las condenas más importantes proviene del Papa Pablo VI, que en su Octogesima adveniens decía esto:

Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales y no ya como fin y motivo primario del valor de la organización social.

Más esclarecedor resulta Juan Pablo II, quien simbolizó como pocos la lucha contra el comunismo… lo cual no le hizo en absoluto adepto al capitalismo. De Centessimus Annus extraemos una coletilla que a los «liberales católicos» (sea lo que sea eso) se les olvida mencionar:

Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa».

Y por decir esto a Juan Pablo II nunca le llamaron ni «comunista», ni «montonero», ni ninguna de esas soplapolleces que le llaman al actual Papa quienes van ahítos de odio contra la Iglesia y ayunos de lectura y verdad… o que no soportan en realidad que exista Alguien al que tendrán que rendir cuentas en su último día.

Es decir, el Papa Francisco no ha podido decir nada distinto de lo que dijeron sus predecesores. De ahí, por un lado, los intentos de manipulación de sus palabras y, por otro, la desilusión de los progres: «Es que parece que sí, que va a modernizar la antigualla que es la Iglesia… pero luego, bah, vuelve al discurso tradicional de siempre». Que vale tanto para los LGTB como para esos «católicos libegales desorejaos».

Si me preguntan por qué la Iglesia se sitúa a la misma distancia del capitalismo «liberal» que del comunismo, tengo una respuesta: tanto el capitalismo liberal como el comunismo niegan la trascendencia y arrebatan la esperanza. Todo queda circunscrito a lo que ocurra en este mundo. La diferencia, si es que hay alguna, está en la forma de negarlo: en el comunismo más brutal y en el capitalismo más a lo Huxley (aunque nada impide que se acojan a la fórmula comunista, en caso dado). Ése es un punto que la Iglesia no puede ignorar y tampoco puede dejar de rechazar.

Dejando de lado la disquisición filosófica, lo cierto es que el libegalismo no lo sé, pero el liberalismo sí ha sido condenado por la Iglesia en lo que suponga de explotación del hombre por el hombre. Remarquémoslo: el Papa Francisco no puede, ni en éste ni en otros puntos, decir algo distinto de lo que ya dijeron el Papa León XIII y sus sucesores inmediatos. Y es que, ciertamente, colocar el máximo beneficio (como cualquier otro interés humano) por encima de la ley divina, aparte de «estar mal» (para los católicos auténticos, no para los del «mal menor»), nunca ha traído buenas consecuencias. En esto, la Historia es maestra.

Ideas políticas aparte (el carlismo de D. Javier me pilla lejos), creo que lo que se dice en el artículo que les he recomendado al principio está puesto en razón. Valga decir que esa manipulación, al menos a mí, no me sorprende viniendo de quien viene, que ya no sólo ataca a la «Iglesia española» (que, en verdad, hay ocasiones en que no ha estado a la altura), sino que ya se mete en camisa (teológica) de once varas sin ser católico ni teólogo. Permítanme citarles lo que creo que es el núcleo de su argumentación en un comentario-respuesta a un usuario demasiado «sobrao»:

Por último -y ahí va la denuncia fuerte al sistema de producción capitalista que es lo que en realidad ha despertado las alarmas entre los manipuladores liberales, conservadores y neocon anticomunistas-, dice el Papa que: “la multiplicación de los bienes (no) resuelve los problemas sin una justa distribución”.

El sistema capitalista calcula los datos macroeconómicos, la renta per cápita y hasta el nivel de felicidad de la gente teniendo en cuenta la producción, una fabricación masiva, admirable e ingente de bienes… que suele ser una producción sin sentido, producción de cosas que en gran medida terminan en la basura antes que en manos de una persona que las necesita. ¿Es comunismo denunciar esto? No. Es una denuncia del sistema económico liberal. Es pura y simple Doctrina Social Católica. No es justo interpretar esta denuncia del Papa al modelo hiperproductivo liberal como una bendición del sistema económico socialista, porque el socialismo o comunismo, no lo olvidemos, no rechaza el sistema de producción liberal sino que simplemente lo pone al servicio de un partido.

Así, pues, los libegales ya van servidos. En cuanto a los neocons (y los avisados sabrán a quienes me refiero), alguien tan prominente como el P. Gabriele Amorth, el mejor exorcista del siglo XX, dijo esto: «Juan Pablo II los quería, pero no los entendía; Benedicto XVI los entendía, pero no los quería; y el Papa Francisco, ni los entiende ni los quiere». En lo demás, como se decía en las películas americanas de antaño, «… con la ayuda de Dios».

P.D.- Por cierto, qué genialidad la de llamar «papólatras» a los que simplemente respe-tamos la autoridad del Papa, sea quien sea y estemos de acuerdo con él o no. Y pensar que el antecesor de éste, según parece, mojaba la ropa interior de algunas pollinas. Pero supongo que dirán que eso no es papolatría, qué va… De él nos ocuparemos en una próxima entrada.

El Papa no tiene quien le escriba (I)

Antes de meternos en materia, voy a realizar un ejercicio de imaginación. Voy a imaginarme una conversación telefónica, que podría ir del siguiente tenor. Naturalmente, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…

(Interior noche. Suena el teléfono).

—¿Diga?
—Hola, Federico. Soy Paco Pepe.
—¡Hombre, Paco Pepe! ¿Cómo te va por esas sacristías de Dios?
—Bueno, lo mismo que a ti por los juzgados del demonio, ya sabes, jeje.
—Bueno, bueno. Me pillas cenando. Se me acaba de ocurrir una cosa. ¿Por qué no te vienes a casa y te hago unas migas a la maña y hablamos? Estoy de Rodríguez y eso es lo único que sé hacer bien.
—Quita, quita, que estoy a régimen y lo único que quiero es que el cilicio que llevo me apriete más.
—Ah, Paco Pepe, tú siempre tan cumplidor con la práctica religiosa…
—Claro que sí. (Sentencioso) Ya lo dice el Señor: «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha».
(Federico piensa: «Pues menudo problema vas a tener tú para entrar precisamente por la puerta estrecha», pero se lo calla. Paco Pepe es amigo, no alguna de las indocumentadas que ejercen como menestras del desgobierno socialcomunista).
—Bueno, entonces dime qué querías.
—Verás… Es que alguien me ha dejado caer que hace mucho que no se dice nada del Papacisco —en contra, por supuesto— y que sería bueno decir algo. Que cualquier cosa va bien.
—¿Y por qué no lo haces tú mismo? ¿No tienes un blog donde pegas caña al Papa y a todo su séquito?
—Sí, claro que podría hacerlo. Pero es que… quizá lo que necesito es que el ataque no provenga precisamente de «filas clericales», sino de alguien más… este… imparcial.
—Ajá, ya te entiendo. Como cuando el KGB quiso matar a Juan Pablo II y lo subcontrató a los búlgaros y éstos, a su vez, a un tarado de turco.
—Veo que captas la idea.
—Nada, no te preocupes. Yo me encargo. Ya sabes que el Papacisco me cae como una patada en el vientre.
—Aunque a mí me venga bien, no entiendo que te caiga mal. A mí, que soy católico, me puede caer mal y de hecho es así. Pero tú es que ni siquiera eres católico.
—Bueno… es que yo querría (enfático) ser católico, pero es que este Papa (se sulfura)… este Papa me lo impide. Porque yo creo que se puede ser católico y libegal, ¿sabes? Y este Papa no me deja.
—Claro, claro. Lo dice el Evangelio. «Non potestis Deo servire et mammonae».
—No me seas mamón y deja los latinajos. Tú y yo ya nos conocemos.
—Vale, ¿pero me harás el favor? Tú, como quien no quiere la cosa…
—Sí, tranquilo, sé cómo se hacen estas cosas…
—Bueno, pues quedamos en esto. Me pones a los pies de tu señora.
—Y tú haces lo propio con la tuya.
—Adiós.
—Adiós.

Al día siguiente, Federico llama a uno de sus colaboradores habituales. Ídem de lo anterior.

—¿Diga?
—Hola, Santi. Soy Federico.
—Ah, hola, Federico. ¿Qué quieres? Por cierto, ¿no estabas de vacaciones?
—Sí, bueno… Pero es que me han pedido un favor.
—Claro, hombre, lo que sea.
—Verás. Quiero que me escribas un artículo criticando al Papacisco, pero no desde el punto de vista religioso, que ni tú ni yo llevamos sotana y nos puede caer la del pulpo. Quisiera que lo enfocaras desde un punto de vista… bueno, doctrinal o filosófico o lo que sea… Seguro que tú ya sabes por dónde voy.
—Pero a ver: esto, ¿a cuenta de qué viene?
—Pues que me ha pedido un favor alguien que no quiere que se sepa de dónde ha venido el ataque…
—Claro, creo que ya te capto. Sólo hay un problema…
—¿Cuál?
—Que la firma que irá en el artículo será la mía. ¿Y si los palos me llueven a mí?
—No te preocupes. Escribes para mí, así que los palos me los llevaré yo y lo tuyo no será más que una anécdota. Ya sabes: yo te apoyo porque te dejo escribir en mi digital. Además, el Papacisco ni siquiera se defiende y los obispos de aquí, con alguna excepción, no le tragan y están vendidos al poder. Así que tranquilo. No va a pasar nada.
—Ah, bueno. O sea, que me apoyas en versión «silente», como hiciste con Rosana cuando lo de su «exabrupto antinegacionista», ¿no?
—Sí, eso es.
—Pues ya me quedo más tranquilo, oye.
—¿Estamos, entonces?
—Estamos. El artículo dalo por hecho.
—Estupendo. Ya lo leeré cuando lo publiques.
—Me pongo de inmediato a ello. Hasta luego.
—Hasta luego.

Hay que ver lo poco que cuesta que dos personas se unan para jostidiar a alguien que por sus palabras (o su ejemplo), les molesta.

Últimos tiempos (y II)

Ignorancia, incompetencia y sostenella

Y volviendo al ruedo nacional, lo que a mí y a ustedes nos faltaba por ver: resulta que al frente de la «gestión de la pandemia» (o sea, a la «vigilancia de la plaga») ponen a un tipo que en realidad ni siquiera es especialista en la materia. Y, para blindarlo de las acusaciones de ignorancia y/o incompetencia, lo nombran por la vía de la libre designación (es decir, que no tiene obligación de demostrar nada, tan sólo el cariño del ministro del ramo). Luego uno tiene que escuchar sandeces como ésta: «Da igual que no tenga la formación y/o experiencia necesarias. A uno lo nombran y ya está, ¿no? A nadie le amarga un dulce. Es un cargo “político” (como si eso lo tapara todo). ¿Tiene que demostrar que posee la formación necesaria? No. ¿Tiene experiencia? Sí. Pues eso».

Al hilo de esa sandez, yo les hago una pregunta: ¿ustedes se subirían a un coche con un señor al volante que dicen de él que «tiene mucha experiencia», pero que no tiene el carnet de conducir? No, ¿verdad? Porque saben muy bien que:

  1. Le pueden meter una multa de mil pares de narices si le pillan.
  2. La multa se la pueden meter también a ustedes.
  3. En el peor de los casos puede ocurrir que uno de los dos (o los dos) ingrese cadáver en un hospital.

Y ya si nos ponemos leguleyos, nos preguntamos lo siguiente: ¿es «alto cargo» Fernando Simón? Responderemos a esta pregunta en dos tiempos. En primer lugar acudiremos al BOE, concretamente a la Orden SSI/298/2013, de 13 de febrero, por la que se resuelve la convocatoria de libre designación, efectuada por Orden SSI/5/2013, de 2 de enero. En ésta se nos informa de lo siguiente:

Puesto de procedencia

Puesto adjudicado

Ministerio, Centro Directivo,

Provincia: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación. Madrid.

Nivel: 29.

Complemento específico: 19.626,88 euros.

N.º de orden: 1.

Código puesto: 4979276.

Puesto de trabajo: Director. Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias.

Nivel: 29.

Sorprende un poco que Simón fuera nombrado como «Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias»… por el PP (siendo menestra de la cosa nada menos que Ana Mato). Pero si vamos a los hechos, tenemos lo siguiente. Si es «alto cargo», entraría en alguna de las muchísimas categorías que establece el art. 1.2 de la Ley 3/2015, lo que le obligaría a cumplir los requisitos del art. 2 de la citada ley: «honorabilidad, formación y experiencia», además de una declaración jurada al estilo de L’Oréal, «porque yo lo valgo, o sea».

Si, por otro lado, no es alto cargo, resulta que le afecta el contenido de la Orden SSI/5/2013, de 2 de enero, por la que se convoca la provisión de puesto de trabajo por el sistema de libre designación. En su base tercera leemos lo siguiente:

Además de los datos personales, número de Registro de Personal y destino actual, los aspirantes deberán acompañar a su escrito un currículum vítae en el que harán constar:

a) Títulos académicos.

b) Puestos de trabajo desempeñados, tanto en la Administración Pública, como en la Empresa Privada, en su caso.

c) Estudios y cursos realizados, conocimiento de idiomas y cuantas otras circunstancias estime el aspirante oportuno poner de manifiesto.

A la citada solicitud podrán los aspirantes acompañar, en todo caso, aquellas publicaciones, informes o cualquier otra documentación que permita apreciar las especificaciones del puesto.

Si, como dicen algunos medios, este señor ni siquiera ha hecho el MIR de su especialidad (virología o epidemiología: corríjanme si me equivoco), no es más que un médico de «medicina general» y, todo lo más, podrá recetar aspirinas y poner alguna que otra inyección. Es decir, no tiene la formación específica necesaria para ocupar ese puesto. Cabe decir aún más: que miente y les engaña como un bellaco el que diga que para el cargo que ocupa Simón «no es necesario demostrar formación ninguna, porque es un cargo de “libre designación”» y que «vale con la experiencia (¿eeeeeeh?)»

Y ahora este señor se ha encastillado en que no dimite y reta a los que no le quieren a que pidan su cese. Dado que es un cargo de «libre designación», o sea, «de confianza», habrá que entender que caerá cuando se den dos circunstancias:

  1. Cuando su posición en el cargo resulte insostenible dada su gestión y, por tanto, caiga en desgracia ante el Ministro del que dependa como tal cargo de confianza.
  2. Que el Ministro del que dependa caiga en desgracia ante el Presidente del Gobierno, con lo que el cese o dimisión del Ministro acarrearía la de sus «cargos de confianza». No se nos ocurre en qué pifia podría incurrir el ministro Illa que le acarreara la caída en desgracia ante Sánchezstein (¿acabar en los Tribunales, tal vez?); pero teniendo en cuenta lo que sabemos de este último, es algo que podría ocurrir y de la noche a la mañana. Claro que también es verdad que cayó la menestra que le nombró y él no cayó con ella.

Siguiendo con el símil automovilístico, la situación en que nos coloca Simón con su encastillamiento sería la de ir montado en un automóvil con ese señor que va al volante sin carnet, incrementa su velocidad hasta 200 km/h y se niega a aminorarla. Lo mejor que les puede pasar a ustedes es que le pillen y le impongan una multa. La reacción de la casta va más o menos por estos carriles:

«¡Olé tú! ¡Así se hace! ¡Pisa, moreno, pisa con garbo…! (pero esperemos que la dicha dure y no se la pegue antes de tiempo)».

«Bueno, es que a nosotros que conduzca ese señor no nos va ni nos viene. Nos preocupa más la meteorología y el estado de la carretera. Pero apoyamos, ¿eh?, apoyamos para que no nos llamen «antipatriotas»…

«A ver, a nosotros nos preocupa que ese automóvil sea de gasolina de 96 octanos. Nosotros preferiríamos que usara uno diésel, que es más ecológico y económico…».

«A nosotros nos da igual todo. Si se la pega, miel sobre hojuelas. Y si no, también porque va por el mal camino que a nosotros nos interesa…».

Luego hay unos, pero que van por el carril bici y nadie les hace caso.

Y mientras discutimos si son «galgos» o «podencos», nos la van metiendo doblada con una Ley de hedukazion que va a condenar a nuestros hijos, si Dios no lo remedia, al infantilismo y la ignorancia, con lo cual el futuro del país quedará comprometido. Y lo más lamentable es que, después del miserable discurso de Pablo Cansado dirigido contra Santiago Abascal, un servidor de ustedes ve al PP votando a favor de la propuesta socialcomunista, entre otras, de que los maestros puedan meter mano (en todos los sentidos) a nuestros hijos, sin que nadie diga ni mú. Resistiéndose un poco, claro, pero sólo para la galería («Nosotros no somos como ésos de VOX»). Y después votando sin remordimiento de conciencia.

Esto es España, señores. ¡Viva Estepaís!

Hispanidad

Por su interés, a pesar de la amplitud del texto, cuelgo estas reflexiones extraídas del canal de Youtube Fortunata y Jacinta. Absténganse trolls e hispanófobos en general.

Buenas tardes a todos:

Como imagino que muchos de vosotros no tenéis Twitter, he pensado que podía ser interesante que os dejara esta información por aquí, por si queréis utilizarla. El caso es que, como respuesta a la intensificación de los ataques perpetrados contra símbolos históricos de tradición hispánica en EEUU y otros lugares del mundo, el pasado sábado 20 de junio publiqué en redes sociales 16 escuetos puntos tratando de explicar por qué España nunca se vio comprometida de modo sistemático ni con la explotación esclava, ni con la exclusión social, ni con la aniquilación deliberada de pueblos enteros por motivos raciales.
Sigue leyendo “Hispanidad”

Desastres (III)

Coronavirus: el origen

Y llegamos al momento estrella de este Gobierno, en el que la mentira y la fatuidad han rayado a gran altura a partes iguales: la gestión (¿eeeeeeeeeeh?) de la «pandemia» del coronavirus. Empecemos por decir que, a pesar de haberse localizado —más o menos— el punto inicial en la localidad china de Wuhan, la propagación del virus ha adquirido proporciones alarmantes. ¿Problema? China, desgraciadamente, no es una democracia, sino una dictadura comunista. Por lo tanto, la transparencia no es una de sus cualidades más conspicuas. Tanto es así que a los primeros que avisaron del desastre se los cargaron y nunca más se ha vuelto a saber de ellos.

Sin embargo, a estas alturas hay datos que plantean preguntas inquietantes. El coronavirus o COVID-19 no es un virus que se encuentre en la naturaleza, sino que es de diseño. Lo cual nos lleva de vuelta a Wuhan y, concretamente, al laboratorio en que se crea. Corre por ahí el rumor-información de que ese laboratorio es propiedad de —o al menos, tiene intereses en él, pues en China, oficialmente, no existe la propiedad privada—… George Soros (György Schwartz para los amigos). Naturalmente, existe ahora una segunda corriente informativa de igual fuerza y en sentido contrario que afirma que «eso es un bulo». Veremos. Como suele decirse, la primera víctima en toda «guerra» es la verdad… aunque cabe la posibilidad de que resucite al cabo de algún tiempo, nunca corto.

Tenemos un segundo dato inquietante: cuando «estalla» desde el punto de vista informativo (es decir, tiempo después de que haya estallado en la realidad y en un momento convieniente… o simplemente cuando ya no se podía ocultar que estaba pasando algo gordo), resulta que un señor como Bill Gates dimite como presidente de Mocosoft. ¿Por qué es interesante a la luz de los hechos actuales su dimisión? Porque este «señor» y su «señora» se distinguieron hace algún tiempo por sus «campañas de vacunación esterilización» en África. Parece ser que los negros folla(ba)n mucho y había que «cortar ese rollo» al modo comunista. ¿Cómo se termina con esos terribles anuncios de niños moribundos, escuálidos por la falta de alimentación y comidos por los mosquitos en el África subsahariana? Impidiendo que nazcan más. Solución: distribuimos esterilizantes vendiéndolos como vacunas y asunto resuelto. Esto, al parecer, lo descubrió un voluntario de la «campaña»; y cuando empezó a hacer preguntas molestas, se lo quitaron de en medio y nunca más se supo.

Seguramente se pueden citar más datos curiosos. Pero para lo que importa ahora, tenemos lo siguiente: un virus de diseño, unos científicos eliminados por saber demasiado y cierta clase de personas que se aprestan a sacar pingües beneficios de la situación, amén de otras diversas clases de víctimas, de lo que hablaremos en una próxima entrada.

Otra de las preguntas inquietantes que cabe hacerse es: ¿por qué esta crisis del coronavirus, Covid-19 o como se quiera llamar es tan terrible? Ha habido otras crisis a nivel mundial marcadas por diversas epidemias: la de la gripe aviar, la de las vacas locas (de infausta memoria para Celia Villalobos, hoy jubilata forrá, como corresponde a cualquier excomunista repescada de Aznar), ¡la del ébola, que en las Batuecas creó un revuelo considerable al repatriar a dos misioneros enfermos desde África!, la del SARS original… y podríamos remontarnos hasta la del SIDA, en los años 80. ¿Por qué en ninguno de esos casos se echó el cerrojo al mundo como ahora?

Bueno, aunque suene duro, es mi opinión que esta epidemia desatada a nivel mundial es una tapadera. Es decir: los muertos y los contagiados (diagnosticados o no), son una realidad y muy dolorosa a nivel de calle, al de ustedes y mío. Pero a otros niveles no son más que daños colaterales. Aunque suene a conspiranoia, intentemos un ejercicio de política ficción. Imaginemos que el Ejército chino está experimentando con armas biológicas (diabólico: ¿qué mejor manera de ganar una guerra inutilizando a países enteros haciéndolos enfermar?) y que, como China es una dictadura comunista sobre mil quinientos millones de chinos, no importa tomar unos cuantos cientos de miles como cobayas. Si los chinos —y especialmente la población infectada— hubieran sido controlados y tal, quizá la cosa se hubiera quedado en China. Pero a los chinos no se les dijo que no pudieran salir del país. Se mueven y claro: allá donde van exportan el virus. Eso, suponiendo que China sea el único foco de origen de la infección.

Y ya les sigo contando.

Gilipollas (II)

Luego están los gilipollas sociales, que son los que te encuentras en el colegio (grupo éste amplio, que incluye a padres, madres y/o profesores). Entre éstos te encuentras siempre al típico profesor gilipollas, tanto en su variante de primaria como la de secundaria. En el primer caso la cosa puede ir así, más o menos. Tú vas a una tutoría con la educadora de turno. Te ha llamado porque parece haber un problema con el niño o la niña.

–Es que es un niño tímido –dice ella–.

Tú, que aún no sabes por dónde te va a salir, empiezas normalmente:

–Es normal. Además, es tranquilo y me saca buenas notas, así que no tengo queja de él.

Ella insiste:

–Bueno, pero es que debe socializar. No es una isla y el ideario de este colegio es que todos se relacionan con todos y…

Tú empiezas a calentarte.

–¿Cómo que debe socializar? Ya socializa bastante en casa. No me empieces a tocar los ovarios.

La educadora parece como que recula, al verte enseñar las garras.

–Bueno, no te enfades. Para estos casos tenemos un tratamiento psicológico que…

Eso ya ha sido enseñarte un trapo rojo.

–¡Nada de tratamientos! ¡Mi hijo no es un anormal! ¡Sólo necesita que respeten su ritmo natural!

Ahí la educadora saca las garras, como le han enseñado que hay que hacer con los padres recalcitrantes:

–Oye, ¿y a ti quién te ha dado el título de psicología? ¿Quién te crees que eres?

Tú, al límite de la furia:

–¡Pues me lo da el hecho de que –aquí unos cuantos decibelios más– SOY SU MADRE Y LO CONOZCO MEJOR QUE TÚ –aquí palabra mágica–, GILIPOLLAS!

Si no eres muy educada, puedes añadir un portazo que hará vibrar la estructura del colegio y un «¡Y métete el ideario de este colegio por donde puedas, que por donde deberías metértelo no te va a entrar!».

Como queda dicho, también puede ser que te los encuentres en la reunión del AMPA. Están ahí la mitad de los padres de la clase de tu hijo. La tutora de la clase tiene una sonrisa de oreja a oreja. Se aclara la voz y dice con voz tonante y falsamente entusiasta:

–¡Queridos amigos! He tenido una idea estupenda. Para mejorar la calidad educativa del curso, ¡VAMOS A HACER UNA EXCURSIÓN CON LOS DE 9º C A X, que es una ciudad cien por cien cultural! ¡Y la Directora lo ha aprobado! ¿No os parece una idea estupenda?

El entusiasmo de los padres es inversamente proporcional a la estupendez de la idea. Se ven caras de fastidio. Entonces uno de los padres pregunta:

–¿Y cuánto va a durar esa excursión? –pregunta uno, echando un bostezo–.

La tutora se queda como un soufflé aplastado.

–Ehhhh… dos días, como mucho –dice, casi a media voz–.

Otra, con algo más de entusiasmo, sugiere:

–Oye, ¿y si hablamos con la Directora para que la alargue una semana? Es que en el Club de Campo hay un campeonato de bridge y dura precisamente una semana. Mis amigas del Club no me perdonarían que no participase. Es que esto de la excursión es una minucia, o sea, ¿sabes? –dice, con desdén–.

La piel de la tutora está adquiriendo un color blanquecino. No sabe qué es peor: que una madre le endose de esa manera a su hijo o los recuerdos de una excursión que hizo el curso pasado con esa misma clase. En esa excursión le tocaron el culo, le hicieron beber una noche más de la cuenta, la grabaron y subieron la grabación a Youtube –salvó de milagro su puesto de trabajo a pesar de que se enteró todo el colegio–, le robaron las bragas de la maleta; luego se las devolvieron, pero empapadas de bomba fétida, que le estuvo picando salva sea la parte dos semanas… una pesadilla, vamos. Y ahora esos cabrones quieren que ella pase una semana con sus hijos. ¿Una semana?

–Oye –dice otro, envalentonado–, ¿y no podrían ser dos semanas? Es que me coincide con un cursillo de formación en la empresa y si no voy tendré que esperar a ascender el año que viene… Ya sabes que la Directora, si ponemos nosotros el dinero, no tiene nada que objetar.

El tipo en realidad no tiene curso ni tiene nada. Lo que tiene son unas ganas locas de retozar con su secretaria en algún lugar paradisíaco –a costa de la empresa, naturalmente– esas dos semanas, por la única razón de que a la secretaria la ve el triple de tiempo que a su mujer y la madre de sus hijos –dos, para llenar el cupo: uno tan gilipollas como el padre y el otro tan gilipollas como la madre–.

A estas alturas de la reunión, la tutora ya pone cara de pedir clemencia al César. Pero aún falta lo mejor. En la última fila hay una mujer. Le brillan los ojos del desprecio que siente por todos ellos. Y pregunta, con voz suave, pero sin titubeos:

–¿Y cuánto va a costar esa excursión? ¿Y para qué va a servir, exactamente?

Se oyen bufidos de diverso volumen y extensión. Incluso a la del bridge se le escapa el comentario: «Ya está la pobretona ésa fastidiando…».

–Puessssssss…ehmmmmmmmmm… como unos trescientos cincuenta euros, más o menos, es el promedio, ya sa…

–No sé ni para qué pregunta, si sabe de sobras que su hijo no va a ir –la interrumpe la del bridge–.

–Bueno, no nos pongamos nerviosos –dice, conciliadora, la tutora, que ha recuperado algo de compostura–. Aquí todos tenemos derecho a hablar.

La señora del fondo dice, resueltamente:

–Pues mi hijo no va a ir a esa excursión. No le veo ningún provecho, salvo que el resto se quiere librar de los suyos por un rato. Es una solemne gilipollez –otra vez la palabra mágica–.

La tutora se siente atacada y dice, con tono que quiere aparentar indiferencia:

–Si tu hijo no va, bajaré sus notas y tendrá una mención especial de mala conducta.

La madre le sostiene tranquilamente la mirada y dice:

–Atrévete, GILIPOLLAS.

Y se va.

De esta clase de «encuentros», si uno pretende ser un padre o madre responsables respecto de sus hijos y educarlos bien… pues unos cuantos a lo largo del curso escolar.

Masteritis (y II)

Les sigo contando que la masteritis, como se ha señalado por algún medio de comunicación, significa que no eres nadie en la vida si no tienes un máster. Es decir, un currículum en el que únicamente consta una carrera universitaria es una filfa de currículum. Por tanto, son obligados los adornos y los perifollos.

Todo esto viene de los tiempos de mi generación (los 80, que en frase de Ana Diosdado, «eran nuestros»), en que se generalizó el acceso a la Universidad. De la poca economía que yo aprendí en mis tiempos es que «lo que abunda en exceso pierde rápidamente su valor». Llegó un momento en que se dijo que en Barcelona había tantos abogados como en toda Francia. Ahí fue donde empezaron a florecer los másteres: de esto, de lo otro y de lo de más allá. Mejor cuanto más exótico fuera el título. Y ahí fue, también, donde algunas universidades empezaron a hacer caja.

Pero la cuestión ya no es la podrida situación de la Universidad (entre todos la han podrido y ella sola se gangrenó). Para una exposición más ampliada les remito a este blog, que lo explicará mejor que yo. Para un servidor la cuestión se reduce a estas cuestiones:

  1. ¿Va a suponer el embrollo de la tesis de Sànches que éste dimita?
  2. ¿Va a arreglarse el pifostio universitario?

La respuesta a ambas es no. Vamos, que no es no. Sànches no es más que un payaso ambicioso de ambición cumplida, pues él sólo quería llegar a ser Presidente del Gobierno («Dejadme ser Presi y a cambio yo os dejaré hacer lo que os dé la gana»)… o tal vez eso sólo lo quería la enchufada de su mujer. Está claro que no vale para el cargo; pero tal vez por eso le han elegido los separatas, los comunistas y los de la Logia y no le van a dejar caer, a menos que la inepcia del interfecto empiece a salpicarles. La indigencia intelectual de los ministros que han puesto al lado de Sànches (dudo hasta de que los haya elegido él) es tan notoria en algunos casos que tendría gracia que al investigarlos nos encontráramos con esto…


Por cierto, aviso para Casado, a quien a partir de ahora habría que llamar Pablo Cansado: el hecho de que la Fiscalía le echara un cable exculpatorio no significa que no siga teniendo problemas. Quizá el mayor ahora mismo sea de imagen, pero no tanto por lo del máster, como sugieren algunos, sino por el hecho de que los discursos «vibrantes y que electrizan a la concurrencia» se han terminado al llegar a la presidencia del partido. Desde entonces se ha debatido entre vegetar e ir a remolque de los acontecimientos. Sin olvidar un detalle: Soraya le ha dejado un campo de minas sorayas y una buena cantidad de emboscados, empezando por la actual presidenta del Congreso, que debería plantearse su ingreso en el PSOE, y acabando por Maroto, el de la moto. A todo esto, ¿nos puede explicar Casado qué puñetas hace como presidente de la Comisión de Educación en el Congreso (antesala del nombramiento como Ministro de un político de la oposición cuando ésta forma Gobierno) el mismo tío al que no se le caía de la boca la palabra «normalidad» hablando de la situación educativa en Cataluña cuando era Ministro de la cosa, y que prácticamente siguió dejando hacer de las suyas a los golpistas en ese área?

Casado ya debería saber que los ciudadanos —que son menos tontos de lo que cree la casta de mandarines a la que él ya pertenece—, cambian de canal de televisión cuando lo que ven no les gusta —de hecho, muchos empiezan a cerrarla y a volver a los libros— y de partido cuando la letra no concuerda con la música, cuando se dan cuenta de que es un playback o cuando, directamente, no les gustan ni la letra ni la música. Debería tomar nota de ello.

Masteritis (I)

Parece mentira que llevemos una quincena entera —va a convertirse en el tema del año, pues esto ya empezó con la crujida Cifuentes y aquello parece ya una eternidad— con la masteritis, que ya empieza a recordar a una competición de cuando éramos adolescentes, la de «a ver quién la tiene más larga» o «a ver quién mea más lejos». La cuestión que, seguramente, muchos de ustedes se plantearán es la siguiente: ¿es importante esto? ¿Y para qué lo es?

Para empezar, digamos que lo que antes era «información política» hoy no es otra cosa que politainment, si se me permite el neologismo inglés. A falta de una verdadera gestión que vaya en interés de España (imposible, con un presidente títere sostenido por separatistas y comunistas) y de los españoles (imposible también, en la medida en que todos forman un mandarinato encerrado en su burbuja), la prensa se ha convertido en el cuervo que describe Orwell en Rebelión en la granja: su misión es convencer a los españoles de que los mensajes que llegan desde el poder es lo que les interesa oír.

Como dijimos en otra entrada, todo esto es una tramoya, un montaje para tenernos distraídos. No obstante, aun siendo así, los hechos ridículos plantean un debate más de fondo, que podría hacer correr ríos de tinta si la prensa fuera tal y no formara, salvo honrosas excepciones, parte de la mamporrería del poder. Planteemos estas dos cuestiones:

  • ¿Qué es lo que hace que un político sea idóneo para acceder a un puesto desde el cual gestionar los intereses del país, o de la Comunidad Autónoma, o, dentro de la Administración Local, la Diputación o el Ayuntamiento?
  • ¿Cuál es la relación entre Universidad y política?

La respuesta a la primera pregunta puede ser incluso legal, desde 2015. Conforme al artículo 2 de la Ley 3/2015, de 30 de marzo, seguramente inspirada por el sorayismo, se puede resumir en los siguientes puntos:

  • Que los criterios de elección de los altos cargos son tres: honorabilidad, formación y experiencia, debiéndose cumplir los tres.
  • Que, en relación a la honorabilidad, se enumeran determinadas circunstancias que califican al aspirante como no honorable.
  • Y que en lo relativo a los otros dos requisitos, he aquí lo que dice la citada Ley: «En la valoración de la formación se tendrán en cuenta los conocimientos académicos adquiridos y en la valoración de la experiencia se prestará especial atención a la naturaleza, complejidad y nivel de responsabilidad de los puestos desempeñados, que guarden relación con el contenido y funciones del puesto para el que se le nombra».

En conclusión, el único criterio que Sànches cumple es el de la honorabilidad. Pero el problema es que esto se exige para ser alto cargo, no para Presidente de la Nación. Para esto último se exige, dependiendo de cómo esté el patio, tener buena planta y pico de oro. Nada más. Da igual que uno esté o no a merced de los separatistas antiespañoles y de los comunistas (los nuestros, antiespañoles por definición) y que las riendas del ¿gobierno? las lleven en realidad otros, de ésos que nunca se presentan a unas elecciones pero que mecen la cuna del Estado. Recuerden, si no, lo rápido de la defenestración de Campechano I: su imagen estaba tan tocada que ya no servía de pantalla. En poco menos de un mes, a Rey defenestrado, Rey coronado. El hecho es estar sentado en el trono, aunque sea de hierro al rojo vivo como el de Grichka Otrepeiev.

Luego, como todo se sabe, también nos hemos ido enterando de la misérrima historia de su «tesis»: que como el culturista de Parla, Tomás Gómez, le condenó al ostracismo en ciertos comicios, algo había que hacer con él. Que ésa es la prueba de que era —es— un niño bien, como la mayoría de los dirigentes de izquierdas: «¡Al hijo de mi padre nadie le deja sin un sillón!». A alguien se le ocurrió una idea:

–Bueno, pues nada, lo metemos en una Universidad de las nuestras a dar clases (hay mucho donde elegir) y que espere a mejores tiempos mientras tanto.

–Espera un momento. ¿Para eso no hay que ser doctor o así? –replicaría alguno, prudentemente–.

–No te preocupes por eso. Le nombramos la directora de tesis, le dejamos material de algún un Ministerio para que lo copie y le ponemos un negro para que se la redacte en condiciones. La directora ya se encargará de nombrarle el tribunal ante el cual defenderá el truño. Naturalmente, lo aprobará cum laude.

–Jo, macho, eres una máquina. Lo tienes todo calculado.

–Hay que saber mover los peones, jeje.