Hispanidad

Por su interés, a pesar de la amplitud del texto, cuelgo estas reflexiones extraídas del canal de Youtube Fortunata y Jacinta. Absténganse trolls e hispanófobos en general.

Buenas tardes a todos:

Como imagino que muchos de vosotros no tenéis Twitter, he pensado que podía ser interesante que os dejara esta información por aquí, por si queréis utilizarla. El caso es que, como respuesta a la intensificación de los ataques perpetrados contra símbolos históricos de tradición hispánica en EEUU y otros lugares del mundo, el pasado sábado 20 de junio publiqué en redes sociales 16 escuetos puntos tratando de explicar por qué España nunca se vio comprometida de modo sistemático ni con la explotación esclava, ni con la exclusión social, ni con la aniquilación deliberada de pueblos enteros por motivos raciales.

1º La prohibición de esclavizar al vencido es establecida por Isabel la Católica y esto supuso tal revolución conceptual que resultó incomprensible para mucha gente de la época. Las Leyes de Burgos (1512) establecen la naturaleza jurídica del indio como hombre libre con todos los derechos de propiedad.

2º No podía ser explotado y podía trabajar a cambio de un salario justo; se establecen horarios laborales, se exime del trabajo a los menores de catorce años, se respeta la situación social de los indios caciques y de sus descendientes, se prohíben los castigos físicos, etc.

3º El derecho de conquista se basaba en tres fuentes: el derecho romano, el medieval y el Pontificio. España cumplía con los tres, pero Carlos I detiene la conquista para determinar si es o no legítima desde el punto de vista moral.

4º En la Controversia de Valladolid se cuestionan estos tres derechos. De ahí sale la figura del “Protector de Indios” y el moderno derecho de gentes. Nunca antes se había preguntado un pueblo vencedor dónde empezaban los derechos propios y dónde empezaban los del vencido.

5º Por primera vez en la historia el poder político se somete a la filosofía moral y son los juristas y teólogos de la Escuela de Salamanca quienes realizan esta labor prefigurando el Derecho internacional y los llamados “derechos humanos”.

6º Una de las primeras consideraciones que reconocieron los teólogos y juristas españoles del siglo XVI fue que las sociedades indígenas no eran amorfas (tal y como sugería el agustinismo político), sino que eran sociedades ya constituidas cuya formación implicaba el desarrollo de una racionalidad técnica, jurídica, artística y política.

7º El racionalismo tomista venció en España al agustinismo político, que fue el seguido por los protestantes. Este racionalismo tomista reconocía la racionalidad del indio y supuso, por eso, el reconocimiento también de sus derechos, entre otros el de ser propietarios de sus tierras.

8º Eso no quiere decir que la acción del Imperio español fuese angelical: hubo abusos individuales igual que los hay en nuestras sociedades actuales a pesar de la ONU, a pesar de la Declaración de Derechos Humanos de 1948 y a pesar de nuestras avanzadas democracias y de nuestros refinados códigos penales. Por eso es tan importante la distinción entre finis operis y finis operantis que, de forma grosera, podría extrapolarse a otros ámbitos. Por ejemplo, ¿la norma objetiva de la policía en EEUU es masacrar negros? De cara a quienes cantan “el Estado opresor es un macho violador”: ¿acaso la norma objetiva, positiva, del Estado español o del chileno es discriminar, violar o alentar el asesinato de mujeres?

9º En la América española se estipuló una educación legalmente interracial y, gracias a ello, muchos indios estudiaron y se dedicaron a las leyes. Tenían cátedras de lenguas indígenas, cuyo conocimiento era obligatorio para todos los religiosos que ejercieran la enseñanza.

10º Se fundaron 25 universidades en toda la América española. Los portugueses no fundaron universidades. La primera en Brasil data de 1913. ¿Qué decir del imperio alemán en África y el holandés en Oceanía? Y la muy culta Bélgica no abrió ni una sola universidad en el Congo.

11º Colegio San Pablo de Lima: biblioteca más importante del continente americano con más de 40.000 volúmenes (frente a los 4.000 de Harvard fundada en 1636), libros no precisamente dedicados a la doctrina católica sino a las matemáticas, la arquitectura, botánica, medicina, etc.

12º Cultura musical barroca en la América española: los pobladores locales ocuparon sus lugares en el coro, como solistas, instrumentistas, copistas, constructores de instrumentos, compositores e incluso maestros de capilla.

13º Al igual que Roma extendía sus instituciones allá donde fuera, con el derecho romano a la cabeza, así España replicaba en América los Cabildos, que eran pequeños parlamentos descentralizados en las ciudades y cumplían una función legislativa. Luego estaban las Reales Audiencias (ejecutivo) y la Legislación de Indias (judicial). El Imperio español es el primer heredero del Imperio romano cuyo objetivo es ponerse al servicio político de todas las partes, orientándose a elevar políticamente a las sociedades consideradas más primarias. Por eso los territorios españoles de ultramar no eran “colonias” (entendidas en el sentido abrasivo del término, más moderno). Eran provincias, “reinos” gobernados por virreyes.

14º Este sistema se había ido construyendo en la Península desde el siglo IX: Cortes donde está representado el pueblo, las primeras con campesinos libres que pueden elegir señor, con municipios de hombres libres y amplia capacidad de decisión.

15º El Imperio se consolida manteniendo algunas de las estructuras políticas preexistentes, como la figura de una nobleza indígena hereditaria, los llamados curacas, siendo ellos quienes ocuparon los cargos principales de estos cabildos.

16º Los nativos americanos fueron considerados como súbditos de la Corona, tan españoles como uno de Salamanca, hecho que fue interpretado por la Europa del norte como una transgresión contra la pureza racial y un atropello a la higiene moral. En definitiva, es más fácil alinearse con ciertos zurcidores de la moral biempensante antes que enfrentarse a los hechos. Pero lo cierto es que todo esto lo aporta España objetivamente: no es una interpretación ideológica o interesada, sino una realidad que se ha ocultado a varias generaciones de españoles y de hispanoamericanos.

Hasta aquí el hilo presentado en redes sociales. Dicho hilo se viralizó en Twitter, dando lugar a un nutrido conjunto de objeciones, ampliaciones, precisiones y también insultos, simplificaciones y tergiversaciones de todo tipo. Este es el enlace a mi cuenta de Twitter por si queréis revisar el material que allí se ha generado: https://twitter.com/fortunayjacinta/s…

Es interesante advertir que hasta hace muy pocos años, apenas quince, el Columbus Day era celebrado en EEUU en honor de Italia (de forma extraoficial desde 1792; como fiesta federal a partir de 1934). Como ejemplo, lean estas declaraciones del presidente Truman: “Desde los días en que Colón descubrió América, incalculables miles de seres han venido al Nuevo Mundo desde las costas de Italia para contribuir con su esfuerzo a nuestra cultura y civilización. Ellos han seguido el trabajo de Cristóbal Colón, reviviendo el espíritu que él ejemplarizó y en este aniversario del afortunado final del intrépido viaje yo les saludo por la fiesta que ellos han representado en la historia de esta nación”.

Aquellos que niegan la existencia de la ideología antiespañola, dirigida geopolíticamente contra toda la comunidad hispana, tendrán que explicar por qué el dedo acusatorio que hoy día justifica el derribo de las estatuas de Cristóbal Colón en distintos puntos de EEUU no señala, culpabilizándola, a la nación italiana y a los italianos, sino que se dirige, imperturbable hacia España. Y que conste que Colón, en efecto, cometió excesos en América, razón por la que fue traído a la Península con los grilletes puestos y vilipendiado por las calles de Granada. Traigo, por tanto, el caso de Colón para evidenciar las contradicciones que se viven actualmente en EEUU respecto al juicio moral de determinados hitos de su historia.

Lo que interesa subrayar es que mientras en EEUU esa ideología antiespañola puede servir para reforzarse internamente como nación, en los países hispanoamericanos y en España sirve para dirigir ese odio hacia dentro, creando facturas internas muy graves y un enorme extravío identitario. Y prueba de ello es que quienes con más esfuerzo han atacado el citado hilo han sido españoles, mexicanos, colombianos, peruanos, bolivianos, etc. En este vídeo (incluyo texto del guión: http://www.nodulo.org/forja/forja052.htm) exponía hace pocos meses cómo a principios del XX insignes representantes de las naciones hispanoamericanas sí sabían que se encontraban en abierta confrontación dialéctica contra otras plataformas geopolíticas, sabían que el enemigo no era España y que en la unión podía estar la fuerza (por supuesto, tampoco buscaban una especie de armonicismo tontorrón con España, sino posibles alianzas frente a enemigos comunes).

Por cierto, y para evitar suspicacias, sé bien que el ataque a los símbolos de tradición hispánica (estatuas de Cervantes, Isabel la Católica, Fray Junípero Serra, Oñate, etc.) es sólo uno de los efectos del Black Lives Matter, fenómeno complejo que tiende a ser interpretado en clave dualista (globalismo aureolar versus patriotismo; demócratas contra republicanos; globalistas contra Trump, capitalistas industriales versus capitalistas financieros, etc.), pero que precisará de análisis más precisos.

Salud a todos los hispanohablantes del mundo, a un lado y otro de los océanos.

Informe de situación mayo 2020

Encaramos ya la sexta prórroga del mal llamado «estado de alarma, que sólo puede ser denominado tal por la alarma que ya está causando en los sectores productivos de la nación. Ahora, a los que decíamos que el 10-N España había votado un desastre, ya no nos dicen nada. Cada uno está preocupado hoy con el dinero que no llega del ERTE o con las magras posibilidades que hay de que recupere el trabajo que tenía antes. Eso sí, como ha ocurrido otras veces, la versión oficial se ha caído con todo el equipo. Lo de menos es ya la «salud»: las mascarillas y los guantes son un timo y este gobierno empieza ya a recordar al «Réfor» de Se buscan fulmontis («Soy pintor… un pintor que no pinta nada, ja-ja-ja»). También y como siempre, algo que uno ve en una película puede ser gracioso, pero pierde toda su gracia cuando lo ve las noticias de las 9.

Pero hoy, parafraseando a los recordados Tip y Coll, «no hablaremos del gobierno». ¿Para qué vamos a hablar de un tipejo al que no le importa poner a España en almoneda, simplemente para que le sigan llamando «Presidente»? Una pregunta subsiguiente sería «¿por qué tenemos que aguantarlo una legislatura completa?». Que eso, recordemos, se cumpliría en 2022 como pronto, si tenemos en cuenta que le aguantamos desde 2018 tras la infame moción de censura que se dejó plantear Mariano —recordemos eso también cuando le veamos reírse a carcajada limpia de los españolitos mindundis como un servidor y del confina-miento—.

Tampoco importa mucho quién es el que lleva la batuta. Me da igual decir que «Pablemos es un comunista» o que «Pedro Sánchez es un psicópata». No me importa, a estas alturas, quién es más responsable de los dos de la situación que se ha creado en estos momentos y cuyos efectos tienen visos de perdurar bastante tiempo, aunque haya quien no se lo crea. Todo este teatro de las mascarillas y los guantes, a pesar de que el virus ha afectado a personas que no presentaban ninguna patología previa, ha tenido unas intenciones mucho menos evidentes y que, como algunos nos maliciábamos, tenía menos que ver con la «sanidad» que con la política y la economía: provocar una crisis económica de gran calibre que, a su vez, forzara un cambio de sistema político. ¿Cómo, si no, se entiende que en España se hayan matado mosquitos a cañonazos (declarando un estado de alarma con restricciones de derechos constitucionales propias de uno de excepción) cuando en otras partes de Europa (Alemania, por ejemplo) se ha acudido a legislación ordinaria y exclusivamente restringida al ámbito sanitario?

Pero lo que quería comentar hoy son las posibles respuestas a la pregunta: «¿Hay alguien enfrente?». Por de pronto, el «confina-miento» ha impedido la rápida organización de una oposición frontal a este «golpe de estado» jurídico. Tanto es así que los Juzgados no vuelven a ponerse en marcha hasta el próximo jueves. El Gobierno tendría planteados dos frentes:

a) el estrictamente judicial, que iría por dos caminos:

  • el penal: por las flagrantes negligencias (y está por verse si hubo dolo en algunas decisiones que se tomaron) en la gestión de la crisis «sanitaria», tanto antes de su declaración como durante ésta. Con un resultado que según cálculos puede acercarse peligrosamente a los 50.000 fallecidos.
  • El contencioso-administrativo y el social, que se desdoblaría en dos ramas:
    • los perjudicados por los ERTEs, que también son legión y de los cuales muchos de ellos no cobrarán ya la prestación correspondiente. Y algunos sectores, como el turismo, que si Dios no lo remedia ya puede mandar a tomar viento la temporada.
    • la prevención de riesgos laborales: negligencia en la facilitación de la realización de tests fiables (los confiscaron en muchas empresas) y de material sanitario adecuado (o no lo proporcionaron, o era defectuoso).

b) El constitucional: por lo que hemos mencionado antes de los excesos de los estados de alarma, con restricciones propias de un estado de excepción.

A nadie le preocupa ya que algún tonto vaya diciendo por ahí (se lo habrán dicho al oído Pedro Sánchez, Iván Redondo o alguno de sus paniaguados, seguro) que la culpa de la situación es de «los recortes del PP», como si con una consigna se pudiera borrar la responsabilidad de este Gobierno. Otra cosa es que uno se pregunte qué es lo que tenían en la mollera todos los que el 10-N votaron a Pedro Sánchez. Y si yo hiciera ahora como el ínclito Pedro Castro, diría que «no entiendo cómo hay tanto tonto de los cojones que vota a las izquierdas». Pero digamos que el mal ya está hecho y se trata «sólo» de reparar lo mal hecho.

Desastres (III)

Coronavirus: el origen

Y llegamos al momento estrella de este Gobierno, en el que la mentira y la fatuidad han rayado a gran altura a partes iguales: la gestión (¿eeeeeeeeeeh?) de la «pandemia» del coronavirus. Empecemos por decir que, a pesar de haberse localizado —más o menos— el punto inicial en la localidad china de Wuhan, la propagación del virus ha adquirido proporciones alarmantes. ¿Problema? China, desgraciadamente, no es una democracia, sino una dictadura comunista. Por lo tanto, la transparencia no es una de sus cualidades más conspicuas. Tanto es así que a los primeros que avisaron del desastre se los cargaron y nunca más se ha vuelto a saber de ellos.

Sin embargo, a estas alturas hay datos que plantean preguntas inquietantes. El coronavirus o COVID-19 no es un virus que se encuentre en la naturaleza, sino que es de diseño. Lo cual nos lleva de vuelta a Wuhan y, concretamente, al laboratorio en que se crea. Corre por ahí el rumor-información de que ese laboratorio es propiedad de —o al menos, tiene intereses en él, pues en China, oficialmente, no existe la propiedad privada—… George Soros (György Schwartz para los amigos). Naturalmente, existe ahora una segunda corriente informativa de igual fuerza y en sentido contrario que afirma que «eso es un bulo». Veremos. Como suele decirse, la primera víctima en toda «guerra» es la verdad… aunque cabe la posibilidad de que resucite al cabo de algún tiempo, nunca corto.

Tenemos un segundo dato inquietante: cuando «estalla» desde el punto de vista informativo (es decir, tiempo después de que haya estallado en la realidad y en un momento convieniente… o simplemente cuando ya no se podía ocultar que estaba pasando algo gordo), resulta que un señor como Bill Gates dimite como presidente de Mocosoft. ¿Por qué es interesante a la luz de los hechos actuales su dimisión? Porque este «señor» y su «señora» se distinguieron hace algún tiempo por sus «campañas de vacunación esterilización» en África. Parece ser que los negros folla(ba)n mucho y había que «cortar ese rollo» al modo comunista. ¿Cómo se termina con esos terribles anuncios de niños moribundos, escuálidos por la falta de alimentación y comidos por los mosquitos en el África subsahariana? Impidiendo que nazcan más. Solución: distribuimos esterilizantes vendiéndolos como vacunas y asunto resuelto. Esto, al parecer, lo descubrió un voluntario de la «campaña»; y cuando empezó a hacer preguntas molestas, se lo quitaron de en medio y nunca más se supo.

Seguramente se pueden citar más datos curiosos. Pero para lo que importa ahora, tenemos lo siguiente: un virus de diseño, unos científicos eliminados por saber demasiado y cierta clase de personas que se aprestan a sacar pingües beneficios de la situación, amén de otras diversas clases de víctimas, de lo que hablaremos en una próxima entrada.

Otra de las preguntas inquietantes que cabe hacerse es: ¿por qué esta crisis del coronavirus, Covid-19 o como se quiera llamar es tan terrible? Ha habido otras crisis a nivel mundial marcadas por diversas epidemias: la de la gripe aviar, la de las vacas locas (de infausta memoria para Celia Villalobos, hoy jubilata forrá, como corresponde a cualquier excomunista repescada de Aznar), ¡la del ébola, que en las Batuecas creó un revuelo considerable al repatriar a dos misioneros enfermos desde África!, la del SARS original… y podríamos remontarnos hasta la del SIDA, en los años 80. ¿Por qué en ninguno de esos casos se echó el cerrojo al mundo como ahora?

Bueno, aunque suene duro, es mi opinión que esta epidemia desatada a nivel mundial es una tapadera. Es decir: los muertos y los contagiados (diagnosticados o no), son una realidad y muy dolorosa a nivel de calle, al de ustedes y mío. Pero a otros niveles no son más que daños colaterales. Aunque suene a conspiranoia, intentemos un ejercicio de política ficción. Imaginemos que el Ejército chino está experimentando con armas biológicas (diabólico: ¿qué mejor manera de ganar una guerra inutilizando a países enteros haciéndolos enfermar?) y que, como China es una dictadura comunista sobre mil quinientos millones de chinos, no importa tomar unos cuantos cientos de miles como cobayas. Si los chinos —y especialmente la población infectada— hubieran sido controlados y tal, quizá la cosa se hubiera quedado en China. Pero a los chinos no se les dijo que no pudieran salir del país. Se mueven y claro: allá donde van exportan el virus. Eso, suponiendo que China sea el único foco de origen de la infección.

Y ya les sigo contando.

Gilipollas (II)

Luego están los gilipollas sociales, que son los que te encuentras en el colegio (grupo éste amplio, que incluye a padres, madres y/o profesores). Entre éstos te encuentras siempre al típico profesor gilipollas, tanto en su variante de primaria como la de secundaria. En el primer caso la cosa puede ir así, más o menos. Tú vas a una tutoría con la educadora de turno. Te ha llamado porque parece haber un problema con el niño o la niña.

–Es que es un niño tímido –dice ella–.

Tú, que aún no sabes por dónde te va a salir, empiezas normalmente:

–Es normal. Además, es tranquilo y me saca buenas notas, así que no tengo queja de él.

Ella insiste:

–Bueno, pero es que debe socializar. No es una isla y el ideario de este colegio es que todos se relacionan con todos y…

Tú empiezas a calentarte.

–¿Cómo que debe socializar? Ya socializa bastante en casa. No me empieces a tocar los ovarios.

La educadora parece como que recula, al verte enseñar las garras.

–Bueno, no te enfades. Para estos casos tenemos un tratamiento psicológico que…

Eso ya ha sido enseñarte un trapo rojo.

–¡Nada de tratamientos! ¡Mi hijo no es un anormal! ¡Sólo necesita que respeten su ritmo natural!

Ahí la educadora saca las garras, como le han enseñado que hay que hacer con los padres recalcitrantes:

–Oye, ¿y a ti quién te ha dado el título de psicología? ¿Quién te crees que eres?

Tú, al límite de la furia:

–¡Pues me lo da el hecho de que –aquí unos cuantos decibelios más– SOY SU MADRE Y LO CONOZCO MEJOR QUE TÚ –aquí palabra mágica–, GILIPOLLAS!

Si no eres muy educada, puedes añadir un portazo que hará vibrar la estructura del colegio y un «¡Y métete el ideario de este colegio por donde puedas, que por donde deberías metértelo no te va a entrar!».

Como queda dicho, también puede ser que te los encuentres en la reunión del AMPA. Están ahí la mitad de los padres de la clase de tu hijo. La tutora de la clase tiene una sonrisa de oreja a oreja. Se aclara la voz y dice con voz tonante y falsamente entusiasta:

–¡Queridos amigos! He tenido una idea estupenda. Para mejorar la calidad educativa del curso, ¡VAMOS A HACER UNA EXCURSIÓN CON LOS DE 9º C A X, que es una ciudad cien por cien cultural! ¡Y la Directora lo ha aprobado! ¿No os parece una idea estupenda?

El entusiasmo de los padres es inversamente proporcional a la estupendez de la idea. Se ven caras de fastidio. Entonces uno de los padres pregunta:

–¿Y cuánto va a durar esa excursión? –pregunta uno, echando un bostezo–.

La tutora se queda como un soufflé aplastado.

–Ehhhh… dos días, como mucho –dice, casi a media voz–.

Otra, con algo más de entusiasmo, sugiere:

–Oye, ¿y si hablamos con la Directora para que la alargue una semana? Es que en el Club de Campo hay un campeonato de bridge y dura precisamente una semana. Mis amigas del Club no me perdonarían que no participase. Es que esto de la excursión es una minucia, o sea, ¿sabes? –dice, con desdén–.

La piel de la tutora está adquiriendo un color blanquecino. No sabe qué es peor: que una madre le endose de esa manera a su hijo o los recuerdos de una excursión que hizo el curso pasado con esa misma clase. En esa excursión le tocaron el culo, le hicieron beber una noche más de la cuenta, la grabaron y subieron la grabación a Youtube –salvó de milagro su puesto de trabajo a pesar de que se enteró todo el colegio–, le robaron las bragas de la maleta; luego se las devolvieron, pero empapadas de bomba fétida, que le estuvo picando salva sea la parte dos semanas… una pesadilla, vamos. Y ahora esos cabrones quieren que ella pase una semana con sus hijos. ¿Una semana?

–Oye –dice otro, envalentonado–, ¿y no podrían ser dos semanas? Es que me coincide con un cursillo de formación en la empresa y si no voy tendré que esperar a ascender el año que viene… Ya sabes que la Directora, si ponemos nosotros el dinero, no tiene nada que objetar.

El tipo en realidad no tiene curso ni tiene nada. Lo que tiene son unas ganas locas de retozar con su secretaria en algún lugar paradisíaco –a costa de la empresa, naturalmente– esas dos semanas, por la única razón de que a la secretaria la ve el triple de tiempo que a su mujer y la madre de sus hijos –dos, para llenar el cupo: uno tan gilipollas como el padre y el otro tan gilipollas como la madre–.

A estas alturas de la reunión, la tutora ya pone cara de pedir clemencia al César. Pero aún falta lo mejor. En la última fila hay una mujer. Le brillan los ojos del desprecio que siente por todos ellos. Y pregunta, con voz suave, pero sin titubeos:

–¿Y cuánto va a costar esa excursión? ¿Y para qué va a servir, exactamente?

Se oyen bufidos de diverso volumen y extensión. Incluso a la del bridge se le escapa el comentario: «Ya está la pobretona ésa fastidiando…».

–Puessssssss…ehmmmmmmmmm… como unos trescientos cincuenta euros, más o menos, es el promedio, ya sa…

–No sé ni para qué pregunta, si sabe de sobras que su hijo no va a ir –la interrumpe la del bridge–.

–Bueno, no nos pongamos nerviosos –dice, conciliadora, la tutora, que ha recuperado algo de compostura–. Aquí todos tenemos derecho a hablar.

La señora del fondo dice, resueltamente:

–Pues mi hijo no va a ir a esa excursión. No le veo ningún provecho, salvo que el resto se quiere librar de los suyos por un rato. Es una solemne gilipollez –otra vez la palabra mágica–.

La tutora se siente atacada y dice, con tono que quiere aparentar indiferencia:

–Si tu hijo no va, bajaré sus notas y tendrá una mención especial de mala conducta.

La madre le sostiene tranquilamente la mirada y dice:

–Atrévete, GILIPOLLAS.

Y se va.

De esta clase de «encuentros», si uno pretende ser un padre o madre responsables respecto de sus hijos y educarlos bien… pues unos cuantos a lo largo del curso escolar.

Masteritis (y II)

Les sigo contando que la masteritis, como se ha señalado por algún medio de comunicación, significa que no eres nadie en la vida si no tienes un máster. Es decir, un currículum en el que únicamente consta una carrera universitaria es una filfa de currículum. Por tanto, son obligados los adornos y los perifollos.

Todo esto viene de los tiempos de mi generación (los 80, que en frase de Ana Diosdado, «eran nuestros»), en que se generalizó el acceso a la Universidad. De la poca economía que yo aprendí en mis tiempos es que «lo que abunda en exceso pierde rápidamente su valor». Llegó un momento en que se dijo que en Barcelona había tantos abogados como en toda Francia. Ahí fue donde empezaron a florecer los másteres: de esto, de lo otro y de lo de más allá. Mejor cuanto más exótico fuera el título. Y ahí fue, también, donde algunas universidades empezaron a hacer caja.

Pero la cuestión ya no es la podrida situación de la Universidad (entre todos la han podrido y ella sola se gangrenó). Para una exposición más ampliada les remito a este blog, que lo explicará mejor que yo. Para un servidor la cuestión se reduce a estas cuestiones:

  1. ¿Va a suponer el embrollo de la tesis de Sànches que éste dimita?
  2. ¿Va a arreglarse el pifostio universitario?

La respuesta a ambas es no. Vamos, que no es no. Sànches no es más que un payaso ambicioso de ambición cumplida, pues él sólo quería llegar a ser Presidente del Gobierno («Dejadme ser Presi y a cambio yo os dejaré hacer lo que os dé la gana»)… o tal vez eso sólo lo quería la enchufada de su mujer. Está claro que no vale para el cargo; pero tal vez por eso le han elegido los separatas, los comunistas y los de la Logia y no le van a dejar caer, a menos que la inepcia del interfecto empiece a salpicarles. La indigencia intelectual de los ministros que han puesto al lado de Sànches (dudo hasta de que los haya elegido él) es tan notoria en algunos casos que tendría gracia que al investigarlos nos encontráramos con esto…


Por cierto, aviso para Casado, a quien a partir de ahora habría que llamar Pablo Cansado: el hecho de que la Fiscalía le echara un cable exculpatorio no significa que no siga teniendo problemas. Quizá el mayor ahora mismo sea de imagen, pero no tanto por lo del máster, como sugieren algunos, sino por el hecho de que los discursos «vibrantes y que electrizan a la concurrencia» se han terminado al llegar a la presidencia del partido. Desde entonces se ha debatido entre vegetar e ir a remolque de los acontecimientos. Sin olvidar un detalle: Soraya le ha dejado un campo de minas sorayas y una buena cantidad de emboscados, empezando por la actual presidenta del Congreso, que debería plantearse su ingreso en el PSOE, y acabando por Maroto, el de la moto. A todo esto, ¿nos puede explicar Casado qué puñetas hace como presidente de la Comisión de Educación en el Congreso (antesala del nombramiento como Ministro de un político de la oposición cuando ésta forma Gobierno) el mismo tío al que no se le caía de la boca la palabra «normalidad» hablando de la situación educativa en Cataluña cuando era Ministro de la cosa, y que prácticamente siguió dejando hacer de las suyas a los golpistas en ese área?

Casado ya debería saber que los ciudadanos —que son menos tontos de lo que cree la casta de mandarines a la que él ya pertenece—, cambian de canal de televisión cuando lo que ven no les gusta —de hecho, muchos empiezan a cerrarla y a volver a los libros— y de partido cuando la letra no concuerda con la música, cuando se dan cuenta de que es un playback o cuando, directamente, no les gustan ni la letra ni la música. Debería tomar nota de ello.

Masteritis (I)

Parece mentira que llevemos una quincena entera —va a convertirse en el tema del año, pues esto ya empezó con la crujida Cifuentes y aquello parece ya una eternidad— con la masteritis, que ya empieza a recordar a una competición de cuando éramos adolescentes, la de «a ver quién la tiene más larga» o «a ver quién mea más lejos». La cuestión que, seguramente, muchos de ustedes se plantearán es la siguiente: ¿es importante esto? ¿Y para qué lo es?

Para empezar, digamos que lo que antes era «información política» hoy no es otra cosa que politainment, si se me permite el neologismo inglés. A falta de una verdadera gestión que vaya en interés de España (imposible, con un presidente títere sostenido por separatistas y comunistas) y de los españoles (imposible también, en la medida en que todos forman un mandarinato encerrado en su burbuja), la prensa se ha convertido en el cuervo que describe Orwell en Rebelión en la granja: su misión es convencer a los españoles de que los mensajes que llegan desde el poder es lo que les interesa oír.

Como dijimos en otra entrada, todo esto es una tramoya, un montaje para tenernos distraídos. No obstante, aun siendo así, los hechos ridículos plantean un debate más de fondo, que podría hacer correr ríos de tinta si la prensa fuera tal y no formara, salvo honrosas excepciones, parte de la mamporrería del poder. Planteemos estas dos cuestiones:

  • ¿Qué es lo que hace que un político sea idóneo para acceder a un puesto desde el cual gestionar los intereses del país, o de la Comunidad Autónoma, o, dentro de la Administración Local, la Diputación o el Ayuntamiento?
  • ¿Cuál es la relación entre Universidad y política?

La respuesta a la primera pregunta puede ser incluso legal, desde 2015. Conforme al artículo 2 de la Ley 3/2015, de 30 de marzo, seguramente inspirada por el sorayismo, se puede resumir en los siguientes puntos:

  • Que los criterios de elección de los altos cargos son tres: honorabilidad, formación y experiencia, debiéndose cumplir los tres.
  • Que, en relación a la honorabilidad, se enumeran determinadas circunstancias que califican al aspirante como no honorable.
  • Y que en lo relativo a los otros dos requisitos, he aquí lo que dice la citada Ley: «En la valoración de la formación se tendrán en cuenta los conocimientos académicos adquiridos y en la valoración de la experiencia se prestará especial atención a la naturaleza, complejidad y nivel de responsabilidad de los puestos desempeñados, que guarden relación con el contenido y funciones del puesto para el que se le nombra».

En conclusión, el único criterio que Sànches cumple es el de la honorabilidad. Pero el problema es que esto se exige para ser alto cargo, no para Presidente de la Nación. Para esto último se exige, dependiendo de cómo esté el patio, tener buena planta y pico de oro. Nada más. Da igual que uno esté o no a merced de los separatistas antiespañoles y de los comunistas (los nuestros, antiespañoles por definición) y que las riendas del ¿gobierno? las lleven en realidad otros, de ésos que nunca se presentan a unas elecciones pero que mecen la cuna del Estado. Recuerden, si no, lo rápido de la defenestración de Campechano I: su imagen estaba tan tocada que ya no servía de pantalla. En poco menos de un mes, a Rey defenestrado, Rey coronado. El hecho es estar sentado en el trono, aunque sea de hierro al rojo vivo como el de Grichka Otrepeiev.

Luego, como todo se sabe, también nos hemos ido enterando de la misérrima historia de su «tesis»: que como el culturista de Parla, Tomás Gómez, le condenó al ostracismo en ciertos comicios, algo había que hacer con él. Que ésa es la prueba de que era —es— un niño bien, como la mayoría de los dirigentes de izquierdas: «¡Al hijo de mi padre nadie le deja sin un sillón!». A alguien se le ocurrió una idea:

–Bueno, pues nada, lo metemos en una Universidad de las nuestras a dar clases (hay mucho donde elegir) y que espere a mejores tiempos mientras tanto.

–Espera un momento. ¿Para eso no hay que ser doctor o así? –replicaría alguno, prudentemente–.

–No te preocupes por eso. Le nombramos la directora de tesis, le dejamos material de algún un Ministerio para que lo copie y le ponemos un negro para que se la redacte en condiciones. La directora ya se encargará de nombrarle el tribunal ante el cual defenderá el truño. Naturalmente, lo aprobará cum laude.

–Jo, macho, eres una máquina. Lo tienes todo calculado.

–Hay que saber mover los peones, jeje.

Impresiones a la vuelta

Decía Sir Winston Churchill, en una de sus frases lapidarias, que «un político es el que piensa en las próximas elecciones; un estadista, el que piensa en las próximas geeneraciones». Aparte de la desgracia que nos ha caído en España de una casta política que sólo piensa en las «próximas generaciones» para jostidiarlas (y de paso al país, que parece que tengan órdenes de hacerlo), no sé qué pensaría el gran prócer británico de alguien que «sólo piensa en los próximos presupuestos». Pueden incluir todos los apóstrofes que se les ocurran.

En alguna otra entrada hemos hablado de lo que le gusta al sector izquierdo de la casta cada vez que llega al poder, que básicamente son dos cosas: seguir con la ingeniería social que el sector derecho de la casta deja en barbecho o permite, con disimulo, que siga adelante pero en movimiento inercial; lo segundo, subir impuestos. Que es cierto que, salvo a Aznar, les ha gustado a todos los demás. Parecía difícil superar el techo de Rompetechos Montoro; pero ya se están planteando en Moncloa castigar a los ahorradores (supongo que a los que cobran un sueldo de mierda que les permite malvivir, según está ahora el patio, y que eufemísticamente se les llama mileuristas ya no se les puede exprimir más). En el socialismo verdadero nadie puede guardarse nada: todo es para el Estado, faltaría plus.

Remedando cierto verso de una canción llamada Heckerlied (que tiene también su versión nazi):

Lumpenblut sollt spritzen…

Traducción: hay que azotar al pueblo (con impuestos) «hasta que sangre», ¿se acuerdan? Eso hace que este Gobierno dos veces ilegítimo no sea mejor que la Bestia Rabban en materia recaudatoria. Que además eso lo proponga un señor que se ha distinguido por defraudar a la Seguridad Social, también tiene su aquél.

Otra impresión. Me imagino que a alguno mis excolegas de la Red AntiZP —¡qué tiempos aquellos en que «todos estábamos unidos» y «teníamos un objetivo común»— esto que voy a decir no le va a sentar muy bien. Pero ahí va: a veces uno siente una punzada de nostalgia cuando recuerda los tiempos de la Voguemomia. Es verdad que era una especie de Gorgona: la mirabas de frente y te quedabas petrificado del horror. Pero tenía su «estilo», qué quieres, y era difícil pillarla en un renuncio. Al igual que los hermanos Malasombra, «era mala de verdad». Comparado con lo que ha venido después (Soraya era una pipiola cuando entró, pero aprendió a la velocidad del rayo y, más o menos, cuando ya se convirtió en un arácnido plenamente desarrollado, aún tenía algo de nivel), la cosa ha degenerado muchísimo.

Así, pues, Carmen Calvo es la gloria de los gacetilleros y plumillas de todo tamaño y pelaje, porque cada vez que abre la boca da un titular. Eso sí, da titulares de vergüenza ajena para una señora que dice ser «catedrática». La última frase memorable de la señora ha apuntado a que sabe si a los españoles nos convienen o no elecciones generales. Lo malo es que se le ha visto el plumero y ahora sabemos a quién no le convienen: a saber, ni a ella, ni a su jefe, ni a los que han puesto a su jefe donde está. Entre ella y el lastre que se ha colgado Sànches de portavoza de la pesoe en el Congreso, los periodistas tienen la mitad del trabajo hecho.

Y, de verdad, no sé por qué a Pedro Sànches insisten en llamarlo Falconetti, con lo majo que es (bueno, William Smith, el actor que lo interpretó. Su personaje era un mal bicho). A mí es que nuestro presidente dos veces ilegítimo, accedido al poder por un tecnicismo leguleyo, me recuerda más a éste otro…


(… se corren apuestas sobre quién podría ser Patán…)

¿Un “nuevo” PP? (II)

Siguiendo el hilo de la entrada anterior, en la que hablábamos de los enemigos internos de Casado (por ende, también del Partido), hoy toca hablar de los enemigos externos. La izquierda toda, la que se pretende fetén, la pragmática y la mediopensionista, han salido en tromba para criticar al flamante nuevo presidente de ese partido. Le acusan de «anticuado», de «vuelve la derecha» (ni que fuera un anuncio de colonia) y todas esas gilipolleces que suelta la izquierda cuando percibe que ha de enfrentarse a un enemigo que, al parecer, está dispuesto a presentar batalla en vez de someterse mansamente a sus dictados.

Pero vamos por partes: ¿Casado es «anticuado»? Cuando uno piensa que el ideario socialista es del siglo XIX y el comunista de primeros del XX, ¿cómo se atreven a llamar «anticuado» a Casado? Ya dejamos aparte los millones de muertos del comunismo y el fracaso en el reparto general (el censitario ha sido un éxito para los bolsillos de algunos) de la riqueza de la socialdemocracia pálida, que es lo que hemos tenido aquí. Más vale que se calle la Vicepixi , anteriormente menestra de Al-Kurturah (en ambos cargos está rayando a gran altura en cuanto a nivel de estupidez).

Segundo, Casado dice querer proteger la vida, la familia, la religión y la libertad. Así pareció anunciarlo en alguno de sus discursos. Si de verdad eso es lo que quiere hacer, tarea le mando. Debería derogar cuando menos la mitad del corpus legislativo zapaterista:

a) empezando por derogar la ley del aborto, hoy sin plazos. ¿Quizá tendría que recuperar a los diputados represaliados por Rajoy al no aceptar los cambios cosméticos de Gallardón de la ley de 2010? Y en su caso, favoreciendo la posibilidad de la adopción dentro de nuestras fronteras. Sólo unos pocos tienen la pasta necesaria para alimentar ese negocio redondo que son las adopciones internacionales.

b) debería derogar la del matrimonio homosexual y establecer un tratamiento fiscal favorable a la familia tradicional. Si se quiere proteger y promocionar la familia (como estructura básica de la sociedad y del Estado), habrá que dar facilidades, ¿no? Con otra particularidad: que la estructura familiar lleva funcionando desde hace siglos y que todos los demás experimentos han fracasado.

c) debería dejar de atacar la enseñanza de la religión en los colegios concertados. En los públicos, como son de todos, hay que andar con más cuidado. Pero a los concertados habría que dejarlos en paz, pues eso es lo que establece el art. 27 CE, artículo que les fastidia mucho con jota a los totalitarios de la izquierda y a los hermanucos. Lo mismo se diga del adoctrinamiento: tanto LGTBI en las escuelas, como «de género» en los temarios de oposiciones.

d) Y sobre todo, debería promulgar una bajada general de impuestos, forzando a las CC.AA. y a los Ayuntamientos a hacer lo mismo. La Administración no es una covachuela llena de piojos que la van sangrando lentamente y de la que algunos viven. Sin olvidar que bajar los impuestos es dar más libertad al respetable: ¿quién sabe mejor que uno mismo lo que puede o no hacer con su dinero? Estaría muy bien poder dejar de trabajar para los terroristas fiscales de Estado, las CC.AA. y los Ayuntamientos seis meses al año.

Ésa es nuestra opinión. Si Casado habla así porque quiere recuperar el voto del otrora «sector conservador católico» del PP que se ha ido con Abascal, tendrá que trabajárselo mucho. Después de años de engaños marianistas y algún que otro aznarista, los votantes del PP están muy escaldados. Y no quieren un «superman» que llegue al poder y se siente en un sillón de gobernante forrado de kriptonita. De eso los votantes del PP —de hecho, todos los españoles— ya han tenido bastante.

Liquidación por cierre (I)

Contra lo que algunos pudieran pensar, no, no es este blog el que se cierra. Lo que parece que sí se está cerrando es España. Y se preguntarán ustedes: «¿Pero qué dice este hombre?». Asumo también las críticas por conspiranoico, como también las asumí en su momento cuando los trolls gilipollas de ZP se reían de uno por sumarse al grupo de los que entonces decíamos «España se rompe».

Hoy, después de cuatro legislaturas zapateras en el Gobierno (las dos de ZP y las dos de Rajoy), cada vez es más claro que España va por el derrotero malo. En mi opinión, bastaba simplemente con no hacer nada. Bastaba con dejar intacto el corpus zapatericus (las leyes degeneradas, la de la desmemoria histérica…). Cosa que, de hecho, advirtió la Voguemomia —hoy más restaurada que un cuadro de Van Eyck—: «Ustedes no van a cambiar nada» respondió, acre, cuando algún diputado del PP le dijo —no recuerdo si antes o después de 2008— lo que harían al llegar al Gobierno.

Pero tanto Rajoy como sus ministros se apuntan a la regla del Jefe: si Mariano oficia como «el hombre que nunca estuvo allí», sus ministros lo mismo, si es que quieren seguir siendo ministros. ¿Que el PP está que lo tira con sus ministros de rompe-y-rasga? Da igual. Si al Gobierno le quedaban amigos en el Poder Judicial, los acaba de perder todos gracias a las declaraciones del «borroso Catalá» relativas al magistrado ponente de la sentencia de La Manada. ¿Que hasta una Secretaria de Estado como Carmen-por-favor se cisca en los jubilados? Da igual. Se pide disculpas y listos (no me hagan reír con eso de «pedimos su dimisión»: en España lo habitual es el cese). Tampoco importa que esas declaraciones se hayan cargado el vergonzoso proceso de compra de votos entre los jubilados. ¿Qué Méndez de Vigo, presunto ministro de Des-educación no hace absolutamente nada en Cataiuña? Da igual. Lo que él quiere es tener contentos a los de su logia de eurócratas y poco más. Los españoles le importamos poco.

¿Que la desidia criminal de este Gobierno, juntamente con el cumplimiento punto por punto de los designios zapateros, van por el camino de partir España en cuatro cachos? Da igual. Mariano piensa que «a mí me queda un año y medio y deshpuésh, a vivir de los 80.000 eurosh que me quedarán de penshión». Lo siento por los carboneritos que aún le quedan a Génova, 13. Bastará hacerles esta reflexión: ¿por qué iban a hacer por España con un gobierno con respiración asistida lo que pudieron hacer y no hicieron entre 2011 y 2015, cuando tenían mayoría absoluta?

Remedando a Carmen-por-favor, «¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: “¡Pues os jodéis!”». Vale la pena decir que cuando no se tienen principios, o éstos se dejaron por el camino cambiándolos por otros, se corre más rápido hacia el final.