Malleus Corrutorum


Era su figura airosa (bueno, tal vez no tan airosa, sino un tanto rolliza) un amasijo vociferante de anatemas contra la corrupción. ¿La suya? No, claro que no. De la de los demás, porque ya saben ustedes que para el socialismo todo lo malo es para los demás y además, de todo lo malo tiene la culpa el PP, como se enseña en las escuelas de hoy en día (y si no, la tienen el concordato, Aznar, la derechona, Franco y hasta Felipe II, que naturalmente era un redomado facha imperialista).

Le hemos oído hablar en términos miserables de sus oponentes políticos: entre otros han recibido sus puñaladas miserables Esperanza Aguirre, que según nuestro Malleus Corrutorum debió haber perecido en el atentado de Bombay (gracias a Dios salió ilesa, cosa que no arredró a nuestro personaje para clavarle el puñal). Después le hemos oído exigir a voz en cuello dimisiones de todo lo que se mueve (del PP, claro). Todo el mundo que es del PP debe dimitir por corruto y por ineto, según este personaje. Y sin presunción de inocencia, faltaría más: los corrutos y los inetos no tienen derecho a ella.

Sin embargo y a cuenta de ciertos tratos, es muy posible que Pepiño tenga que probar de su propia medicina. La cuestión es muy cinematográfica. Pero aquí el director, como ustedes se imaginarán, no es George Cukor o Billy Wilder (creo que nunca dejaré de reírme con One, two, three, esa obra maestra de la comedia política). No. Aquí el diretor, que diría nuestro interfecto, sería más bien Quentin Tarantino en una versión más o menos casposa de Pulp Fiction o Jackie Brown.

Que el asunto haya saltado a cuenta de ciertos negocios de personajes oscuros (aunque no tanto como Ordell Robbie, interpretado por Samuel L. Jackson) es casi lo de menos. A lo mejor me equivoco, pero todo esto tiene que ver con asuntos de más altos vuelos. Que la privatización («venta») de AENA no se haya producido en el momento y en las condiciones previstas puede haber tenido que ver para que al Malleus Corrutorum le prepararan una encerrona. Qué casualidad que fuese en una gasolinera, donde por motivos habituales suele haber
videovigilancia. Digamos que si son negocios más o menos legales se acude a un restaurante de alto copete (Visa Oro y cargo a PGE mediante, por supuesto) y mientras se devora el marisco se habla de los detalles del negocio.

Cuando, por el contrario, son negocios de otra naturaleza, ellos mismos buscan un cuchitril con poca luz para la transacción, trato, pacto o acuerdo. Pero para poca luz la del ministro. ¿Creyó acaso que citándose en una gasolinera con los otros personajes de esta película tarantina eludiría a los rubalcaboys? Pues salió de la sartén para caer en las brasas. Pillado el ministro, alguien filtra el asunto a un medio «enemigo» (El Mundo, en la pluma de Casimiro
García Abadillo). Y a partir de aquí comienzan el escándalo y la pena de telediario en los medios «enemigos». Pero vean ustedes cómo se desarrolla el drama Pasión e morte do pasmo de Palas do Rei:

Acto I.- Pepiño es pillado por las cámaras de una gasolinera. El Mundo se entera y lo cuenta, provocando un gran escándalo en medios políticos y mediáticos (entretenidos como estábamos con la boda de la duquesa, sólo faltaba que Pepiño nos fastidiara la diversión). El empresario Jorge Dorribo se confiesa a la juez Estela San José, y nada más saberse que se ha abierto el correspondiente sumario, los dos diputados del PP y BNG presuntamente implicados en el drama dimiten de todos sus cargos etc., etc. Pepiño insiste en no dimitir, lo cual es muy llamativo.

Acto II, Escena I.- Acto seguido, Pepiño niega las acusaciones y dice que «va a defender su honor». La prensa afín jalea la afirmación y los compañeros le apoyan calurosamente, pese a que los términos «alto cargo socialista» y «honor» son un emparejamiento «discutido y discutible». A nivel de un servidor de ustedes, los trolls blogosféricos a sueldo de Ferraz repiten la consigna: «Pepiño inocente – montaje del PP», además de los espumarajos ya habituales en esa canalla. Lo malo es que como hay cámaras ocultas, Pepiño no puede negar que estuvo allí, lo cual hace harto complicado explicar para qué había acudido.

Acto II, Escena II.- La juez San José, que ve que el caso es tela de grande, mantiene todas las imputaciones y además decreta el secreto del sumario. Pepiño dice que se va a querellar; sin embargo, mientras no se levante el secreto de sumario, a lo sumo podrá querellarse contra A Santa Compaña. ¿O es que alguien le ha chivado datos suficientes del sumario como para presentar la querella? También dice, con un sospechoso parecido a las declaraciones de Felipe González cuando el GAL: «No hay caso, ni lo habrá». Lo cual puede significar, aplicando la misma regla de tres, que el caso se sostiene. Y el abogado del empresario añade más leña al fuego afirmando que tiene pruebas que sostienen el caso y que las presentará en el correspondiente momento procesal.

También es inquietante que aparezca la noticia de que los rubalcaboys podrían estar siguiendo a la juez San José. Lo que puede significar que el SITEL echa humo y que ciertos miembros (o miembras) del CNI de la absoluta confianza de Rubalcaba (todos sabemos que Camacho no es más que un hollow man) han estado husmeando los rastros que haya podido ir dejando la juez para ver por dónde iban los tiros en el mejor de los casos o para ver por dónde se podría desactivar al caso o a la juez (o a ambos).

Y aunque no se ha escrito aún el final de esta truculenta tragicomedia, ¿saben a qué huele el caso, en mi modesta opinión? A que Rubalcaba se está haciendo el amo del Partido y está gestionando ya el futuro en la oposición del PSOE. Se ha desembarazado de ZP, al que manda a León con un buen subsidio (para sí lo quisiera cualquiera de los 5 millones de parados que deja este Gobierno) y una buena canonjía, pero echa de la política (eso es lo peor: les he advertido más de una vez que «el poder es una droga dura»). Y ahora le toca el turno a Pepiño, que controla el aparato del Partido. RbCb quiere dejar atado y bien atado el futuro, puesto que no se ve con 89 años paseándose por las convenciones del Partido, como Fraga). Lo demás, cortina de humo ante la próxima cita electoral. Ya verán.

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