El discurso del Rey

Hoy, primer día después de Navidad, todos se hacen lenguas del tema de la semana: el discurso del Rey. Unos hablan a favor, otros en contra, dependiendo de sus personales apreciaciones y sus intereses políticos. Por mi parte, no es un asunto sobre el que tenga costumbre de opinar. Me pasa como con la Lotería: cuando uno sabe lo que es, se reduce bastante el entusiasmo.

Empecemos por el principio: no es un verdadero discurso. En mi opinión, un discurso tiene que salir del puño y letra de uno, no sólo formal sino materialmente. Y debe hacerlo sin censura ninguna. Ésa es la forma en que uno se responsabiliza de sus palabras: debe elegirlas con cuidado, porque de esa elección se derivan efectos para la institución que uno preside. Pero cuando se trata de un acto debido, la cosa cambia. Cuando uno escribe un borrador, que es corregido por el Gobierno para evitar que el Rey se equivoque, ya no estamos hablando de «discurso», sino de otra cosa. Hablamos de un guión: el Rey habla de lo que le permite el Gobierno, lo cual convierte al Rey en una especie de actor radiofónico de tercera. Más aún cuando le trocean el discurso para que lo pueda leer en el teleprompter mientras se crea el efecto de que nos mira a los ojos.

Sigamos. En cuanto al contenido del discurso, no se salió de los cánones de lo políticamente correcto, que en España está en estado de glorificación. Pero los lameculos de la Villa y Corte lo explican bien: «El Rey lo es de todos los españoles. Por tanto, debe modular su discurso —ése que básicamente no es suyo, sino de algún negro del Gabinete de Presidencia— para no ofender a nadie».

¿Y de qué se puede hablar «sin ofender a nadie»? Hay que hablar de la «desgracia del paro» (pero sin mencionar las puertas giratorias de las que tanto se benefician los políticos y empresarios según toque y del nivel de enchufismo a todos los niveles, valga la redundancia), de la «corrupción» (pero sin mencionar a la hermana y mucho menos a los partidos del consexo, pringados todos, para que nadie se sienta «personalmente aludido»), del «terrorismo»… ¿Terrorismo, dice usted? No vamos a hablar de terrorismo, señor, porque «ETA está vencida» (ya no mata, ¿verdad? Ergo está vencida. Pedazo de argumento). Tampoco vamos a hablar de la suelta de etarras por la Audiencia Nacional, una bofetada en la cara de las víctimas por cada etarra liberado. La AVT está missing debido a «algunos problemas internos» y la VcT de Francisco José Alcaraz es cobardemente ninguneada, ¡pero qué importa! No hay que ofender a nadie. Los únicos que se pueden haber sentido contentos son los nacionatas catalanes. Mas brindaría con los suyos y diría: «¡Por fin han reconocido que somos un grano en su culo!». Quico Homs apoyaría calurosamente ese brindis.

El escenario resultó no menos políticamente correcto que el discurso. E igualmente sin duende, que dirían en la vega del Guadalquivir. La bandera española en un rincón, para que ni los nacionatas ni esa izquierda cateta y troglodita que abomina de España y que, por eso mismo, resulta tan española, se pudieran llegar a ofender. Y el «belén» (cuatro figuritas desangeladas en plan minimalista y deconstruido), lo mismo, para que los «laicistas» no empezaran a acusarle de «nacionalcatólico». Que para eso, más vale que los masones que seguramente trabajan en Casa Real coloquen directamente el compás y el péndulo, y así sabremos a qué atenernos.

Finalmente y como broche de oro, la despedida. Bastaba con despedirse en español del respetable, pues es lo que todos entienden. Pero no: para demostrar que estamos en un «Estado plurinacional en el que caben distintas sensibilidades», el Rey se despide además en catalán, en vasco y en gallego. Pues digo yo que los asturianos debían sentirse comparativamente agraviados, en cuanto que ellos dicen «Asturias es España y el resto tierra conquistada». ¡El bable tiene más personalidad histórica que el gallego, el vasco y el catalán juntos, oiga usted! Y si tantas sensibilidades había que «incluir», ¿por qué no felicitar las Navidades en árabe? Son tres millones en España y aumentando. Es decir: tantas personas como habitantes tiene el País Vasco y tantos votantes como tuvo IU en tiempos mejores. De paso, sería un guiño al querido primo marroquí… que ya le ha echado el ojo a Ceuta y Melilla y las Canarias probablemente vayan detrás.

Por todo eso no vi el día 24 el «discurso del Rey» y lo he visto hoy para poder escribir estas líneas. Me quedo con la película de Colin Firth y Peter O’Toole. También es teatro; pero al menos lo es de primera calidad.

Tránsito 2: Que reine, pero que no joda

Ahí estamos. El tránsito del viejo al nuevo rey se ha oficializado con normalidad batueca. Ya tenemos nuevo Rey. Los batuecos podemos volver a nuestro diario que hacer, que la máquina institucional sigue funcionando con normalidad, dejando aparte las algaraditas de algunos. No obstante, hay puntos en su reinado apenas empezado que comienzan a chirriar y eso ya es más preocupante.
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Tránsito 1: El juancarlismo ha muerto

Ya saben ustedes que un servidor es monárquico malgré lui, es decir, porque las opciones reales a la solución monárquica son bastante peores –o por lo menos de probada ineficacia–. En estas circunstancias el fervor monárquico que manifestó el pueblo madrileño ayer y cuantos guiris acertaron a estar ayer en la Villa y Corte debe ser atemperado. Por cierto y nuevamente, lo siento por los de la chapa. Sigue leyendo

A rey muerto, rey puesto

Vaya por delante que éstas son reflexiones de urgencia ante un hecho que hace pocas acaba de producirse: la abdicación del Rey, en un momento en que nadie se la esperaba. Más allá de la opinión del professor Perich de que ésta «es una frase decididamente monárquica», a lo que estamos asistiendo es al relevo generacional en la Jefatura del Estado. Tal y como opinaba Carlos Cuesta, ahí debería quedar la cosa en una democracia madura y bien asentada. Y un servidor de ustedes cree también que para muchos españoles de bien es así.
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Faena y paseíllo

Comencemos por la faena. Menudo está el patio, señores. ¡En qué berenjenal ha metido el todavía (incomprensiblemente) Duque empalmado a su familia política, no sólo a su mujer! El circo ha crecido de tal manera que hoy es un totum revolutum en el que todo el mundo se cree con derecho a decir lo que crea conveniente: desde personas que intentan poner un poco de orden y sensatez en el asunto, hasta los «revolucionarios de horca y cuchillo» (eso sí, en la barra del bar), que pretenden que la real fauna acabe como la familia del zar Nicolás II, con diversas tonalidades de gris. Eso sí: entre las segundas, todas creyendo que «la República es la panacea de todos los males de España».
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14

No quiero insistir en ello, Dave, pero yo soy incapaz de cometer un error.

Arthur C. Clarke, 2001, una odisea del espacio

Los españoles dormimos una cierta cantidad de horas. Muchas o pocas, pero las dormimos. No soñamos con ovejas eléctricas (tal vez algún freak de la computación sí lo haga, pero estamos hablando del español medio, oigan). La cuestión es que Rita no duerme, ni sueña con ovejas eléctricas. Se pasa la vida viendo ceros y unos. Y transformando esos ceros y unos en información comprensible para esos homínidos poco evolucionados (puags) que la miran con tanta atención, como si fuera una chica de calendario.

Pero Rita es el nombre que tiene el terror del españolito medio: para unos, una vez al año, para otros cada tres meses. Es ni más ni menos el ordenador central del Ministerio de Hacienda, ese lóbrego y oscuro lugar donde Montoro y todos los demás ministros de Hacienda que han sido tejen sus telas de araña para atrapar a las incautas moscas (los ciudadanos que son requeridos de pago) que se acercan por sus dominios.

En estos últimos días ha saltado una polémica con real cola. Parece ser que Rita, que nunca duerme, ha descubierto un desfase patrimonial en la Infanta Cristina. Un desfase patrimonial de nada menos 1,4 millones de euros. Teniendo en cuenta que a muchos ciudadanos, aunque el desfase haya sido de un euro, les han levantado una paralela y a toda velocidad, no está nada mal. Han saltado las alarmas y se ha puesto todo un mecanismo en marcha, ideado al alimón por Casa Real y algún cerebrito del Ministerio. Han esparcido la especie de que nada menos que trece Registros de la Propiedad e igual número de Notarías han cometido un error, basado en el DNI de la Infanta. Perteneciendo ésta como pertenece a la Real Familia, consta únicamente de dos dígitos, lo que según dicen los presuntos expertos, es lo que ha podido causar el error. Naturalmente y con razón, los Notarios y Registradores han montado en cólera al ver que se les intentaba cargar el muerto con semejante justificación.

Al final, como siempre, se ha sabido la verdad. Cabe razonablemente suponer que, tras el descubrimiento del desfase por Rita, ha habido un cruce de comunicaciones entre Zarzuela y Hacienda. Se pusieron manos a la obra para corregir el error. ¿Y cómo? Sencillo: intentando borrar las huellas de las transacciones que constan en los registros públicos (para ciertas personas es una faena que puedas enterarte lo que ellos hacen y deshacen con su patrimonio). De ahí que se intentara que trece Notarios y Registradores pagaran el pato.

¿Y todo para qué? Para evitar que tanto a nivel judicial como mediático, la Infanta volviera a ser imputada. Ya sabemos el estigma que conlleva la imputación judicial (384 LECr aparte, desde luego). Que por eso la señora Tejeiro, esposa de Diego Torres, vino a decir, en lenguaje llanísimo, que «si ella no es puta, yo tampoco». Hay que librar a la Infanta del proceso judicial, limpiarla de toda mácula aunque sea con salfumán y el vestido quede hecho una birria.

Así, pues, y nuevamente por vía indirecta, la Monarquía está convirtiéndose en nuestro Humpty-Dumpty nacional. No solamente por los tortazos físicos que se pega el Rey (que también), sino porque últimamente parece que no hay un miembro de la Casa Real, por acción o por omisión que esté sano…

Humpty Dumpty sat on a wall,
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king’s horses and all the king’s men
Couldn’t put Humpty together again.

Vamos, que ni uniendo los esfuerzos de Ussía y de Luis María se podría recomponer la cosa. Por otro lado, es una diabólica coincidencia que el DNI de la Infanta sea el núm. 14. Que a mí (y a muchos de ustedes también, seguro), les ha recordado de inmediato este texto:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Por no hablar de las palabras de Papi en las Navidades pasadas:

La Justicia debe ser igual para todos.

Y lo dejo aquí, que ya me da la risa (floja)…

Cariño, han imputado a la niña

Creíamos que no llegaría. Después de oír sandeces como que «no había que imputarla para no estigmatizarla», resulta que ya por fin parece que el juez Pedro Castro ha encontrado los «indicios racionales de criminalidad» en el comportamiento de la Infanta respecto de los trapicheos de su marido. A muchos de ustedes y a mí nos chocaba que, siendo nada menos que la secretaria de Urdangarín, no estuviera al tanto de las idas y venidas de éste ni de los papeles que firmaba. Lo peor: que consintió en que su marido usara el nombre de la Casa Real para llevar a cabo (pingües) negocios. El dejar caer el nombre de la Casa Real era un talismán infalible para que tirios, troyanos y mediopensionistas (hasta los de ERC, que ya es decir) se avinieran a tratar con ese hombre, todavía Duque de Palma (¿por qué no le han despojado del título aún, si éste no depende de la peripecia judicial?).

En este caso, como en tantos otros, bien se puede decir aquello de que «lo que mal empieza…». Repasando brevemente la historia, Urdangarín había sido un atleta de élite: jugador brillante de la sección de balonmano del Barça y digno representante en la Selección absoluta, todo hubiera quedado ahí si la Infanta Cristina, la lista, no se hubiera encaprichado de él. Tenía sus cosas, su carrera de Empresariales, su novia… nada fuera de lo normal. Pero la niña se encaprichó del chico y éste, que vio el cielo abierto, se dejó querer. A partir de ahí esa «corta vida feliz» se fue a hacer puñetas. Vendió un restaurante que tenía a medias con otro socio, la carrera quedó sin terminar y plantó a la novia, que no se enteró de que la plantaban hasta que vio cómo el novio se casaba por la tele con otra.

A partir de aquí, Urdangarín asciende rápido. Tanto, que, de jugar al balonmano pasa a jugar al sobreenmano (deporte en que Bárcenas ha demostrado sobradamente su pericia). Y empieza a sufrir mal de altura: síntoma de ello son las malas compañías de las que se rodea. Eso suele ser el principio del fin. No era mal consejo el que daba Inés a Gabriel de Araceli en La corte de Carlos IV:

Pero, señor duquillo -contestó ella jovialmente-, si esa personita le sube a Vd. será como si un águila o buitre cogiera por su concha a la tortuga para llevársela por los aires. Sí, te levantará: pero cuando estés arriba, el pájaro que no va a estarse toda la vida con tanto peso en las patas, te dirá: «Ahora, niño mío, mantente solo». Tú moverás las patucas, pero como no tienes alas, pataplús, caerás en el suelo haciéndote mil pedazos.

Presupondremos acertadamente que Urdangarín no se entretuvo ni un minuto en leer esa famosa Primera serie de los Episodios Nacionales de D. Benito –tal vez otro gallo le hubiera cantado de haberla leído y entendido–. Creería él, y no se equivocaba, que formaría parte de ellos; sólo que no en la forma en que él imaginaba. En cuanto a la nena, todo un carácter, resulta que sí estaba enterada de todo. Los e-mails de Diego Torres la dejan a los pies de los caballos; y no siendo protegida por la ley, su persona no es inviolable. Por otro lado, si la justicia ha de ser «igual para todos» y la nena ha cometido una pifia, nada, ni siquiera el pudor de tocar a la Casa Real, debe impedir que sea imputada.

Déjenme apuntar, para profanos en la cosa, que el hecho de que esté imputada (o «imputeada», como dirían Los Clones) no significa necesariamente que sea culpable de aquello que se le acusa. La culpabilidad no viene determinada por la imputación, sino por la sentencia, por mucho que a ciertos especímenes de pedrada y terronazo fácil les fastidie. Recordemos, además, que el juez Castro no será quien pronuncie esa sentencia: a él le cumple solamente instruir la causa. La sentencia, en todo caso, será dictada por el órgano judicial colegiado que corresponda (Audiencia Provincial de Palma, si no voy equivocado).

Las implicaciones de la imputación son diversas y ninguna buena. El impacto de la misma en la reputación de la Real Casa y Familia es brutal, sobre todo por la «ultraactividad» de este annus horribilis (en puridad, casi 2 años y medio, 27 meses desde que se inició el culebrón). La honorabilidad de la Casa Real está en entredicho, y por ende la del Jefe del Estado. Más aún cuando, adyacente al «escándalo Nóos» nos enteramos de ciertas correrías de éste en Sudáfrica y con «amigas entrañables» y tal y tal… a pesar de que se ha intentado contrarrestar con noticias favorables (lo del AVE de la Meca… que al final resultó ser gracias a una mediación corina).

En otro orden de cosas, el cirio que se ha montado sirve para que los de siempre vuelvan a enredar con la «matraca de la República». Que si la Monarquía es una institución obsoleta, que hay que «modernizarse»… En el fondo creen, como creíamos antes muchos de nosotros durante el franquismo, que con la democracia se arreglarían todos nuestros problemas y que ataríamos los perros con longaniza. Si a esto le añaden que la «república» en la que están pensando no pocos de ellos es la de 1931, ese régimen asesino, ya me dirán ustedes si es mejor «quedarnos como estamos» o «cambiar a peor».

Así, pues, las tornas han cambiado. La que decíamos que era la tonta ha resultado ser la más lista, porque se ha desembarazado del marichalao y lo tiene a raya (o mejor dicho, sin rayas) con un par y ha conseguido mantenerse alejada de los focos de la prensa. La lista resulta que se ha pasado de rosca y ahora está en caída libre. Y el Príncipe, con un pie en el trono y el otro colgando, esperando la abdicación de su señor padre. Abdicación que podría llegar, según dicen las malas lenguas, este mismo junio. Que visto cómo está el patio, tal vez debiera de plantearse seriamente. Tal vez deberíamos dejar de considerar la Monarquía como el preciado juguete de mírame-y-no-me-toques de sus monárquicos y/o juancarlistas seguidores como Ansón o Ussía entre otros.