Apostilla

Estoy muy enfadado con un artículo del señor Oscar Elía en la Gaceta de ayer 22 de febrero. Dice el señor Elía (negrita nuestra):

Cuando un Ejército deja de cumplir su papel de defender a la nación frente a sus enemigos, se dobla sobre sí mismo y participa indignamente, con la ventaja y el privilegio de las armas, en política interior. Es lo que ha ocurrido periódicamente con el Ejército español en los últimos dos siglos. El franquismo fue el episodio más claro y agudo; el 23-F, el último y más tragicómico. De este, el Ejército salió democráticamente deslegitimado y fue a peor, no sin merecerlo: unos socialistas que nunca se han fiado y siempre lo han despreciado.

Créame, señor Elía: el Ejército no se ha merecido el trato que le han dispensado estos últimos 30 años, ni por parte de los políticos, que lo han ido desmantelando poco a poco, ni por parte de alguna prensa, siempre feroz contra un enemigo que no se podía defender porque expresar la opinión era exponerse a una sanción disciplinaria (también porque sus jefes consideraron más oportuno buscar la sombra del árbol político, alargada y con muchas ramas).

Señor Elía, usted no puede decir ni dar a entender que las Fuerzas Armadas «apoyaban» la asonada, porque eso es faltar a la verdad. Por supuesto que había quien la apoyaba; pero eran los cuatro gatos que esperaban sacar ventaja de la situación que se podía llegar a crear. El resto de las Fuerzas Armadas, en bloque, estuvo del lado de la Constitución. De otra forma, si las Fuerzas Armadas hubiesen apoyado el golpe, éste hubiera triunfado.

Señor Elía, sepa usted que quienes han regido los destinos de las Fuerzas Armadas únicamente han pensado en sí mismos y en la casta a la que pertenecen. No les interesan unas FF.AA. bien preparadas para cumplir la misión que la Constitución les encomienda (como tampoco le interesa al Dalai Carod, que ha fijado la fecha de la «independencia catalana» para el 2014, nada menos). Han buscado la adhesión inquebrantable de sus subordinados directos, que ha devenido en una deslealtad hacia la Nación española, pues enemigo de la Nación española es quien desmantela la estructura específicamente destinada a defenderla de cualquier agresión. Y quien obedece al que ordena tal desmantelamiento no puede ser considerado fiel servidor de la Nación española.

No quieren que se repita un 23-F o un 18 de julio. Muy bien. Pero lo han hecho a expensas de las necesidades de protección de la nación. No querían que nadie les pudiese pegar una patada en el culo caso de que las cosas se volviesen a poner como entonces (vamos camino de ello). Pero, señor Elía, no diga que no comprende a los militares cuando ETA mataba a cuatro o cinco militares todos los meses («asesinatos selectivos», según la jerga consagrada) y Suárez únicamente asistía a los entierros al atardecer, casi a escondidas, poniendo cara de palo y pidiendo «serenidad y firmeza». Nadie defendía a los militares entonces; nadie lo hace ahora. E incluso digo más: algunos siguen azuzando la inquina antimilitarista sin percatarse, en su estúpido odio, de que tiran piedras a su propio tejado.

Señor Elía, por favor: no diga que los militares «se merecían» esto. Precisamente por la dignidad de las Fuerzas Armadas.

El “glorioso” Ejército español…

… después de los manejos, enredos y demás de la Chacona y su troupe

Actualización

Prácticamente al día siguiente de publicar este post, la Chacona y su troupe han castigado al otrora glorioso Ejército español con doble ración de Alianza de So-Mamones y de Feminismo aplicado a la disciplina militar. Me hacen gracia estos políticos. Son de los que dicen: “Nada como una guerra para entrar en la Historia”, pero luego no quieren no oír hablar de bajas en combate. Nuestros soldados sabrán hacer la guerra o no; pero seguro que van a ella empolladísimos de cómo hay que hacerse amigo de los moros…

«Estar allí»

Debo decir que me sorprendió desagradablemente que alguien que ocupa el cargo de Portavoz del PP en la Comisión de Defensa del Congreso echara un capote de tal calibre al Gobierno. Después, viendo de quién se trataba, me sorprendí un poco menos. Beatriz Pérez Salmones, alias Betina, ya es conocida de nuestro blog a cuenta de su tenaz defensa del canon de los peliculeros.

Pues bien. Semejante personaje, después de perpetrada semejante hazaña, sigue en ello. Ayer le publicaron un suelto de opinión en el que a Su Señoría se le ocurrió decir lo siguiente:

«Rotundamente sí. Afganistán es una guerra justa, justificada y necesaria. Nuestros mejores hombres luchan y a veces mueren por la libertad, la seguridad y la paz. La de todos. La de cada uno de nosotros».

Pues mire, Señoría: salvo error u omisión, nosotros no estamos oficialmente en guerra con Afganistán. Lo dijo el propio Gran Timonel que estábamos en misión «de pazzzzzzz», pese a que la soldado Idoia Rodríguez Buján le aguó la fiesta y rompió el ensalmo con el que ZP nos tenía «convencidos» de que aquello era «misión de pazzzzz». Luego ha resultado ser una guerra con todas las letras.

Sin embargo, tenemos un problema si, estando verdaderamente en una guerra, nuestras FF.AA. reciben órdenes de comportarse públicamente como si no lo estuvieran. Eso explicaría por qué nuestras FF.AA., en vez de tomar iniciativa bélica alguna, esperan en sus campamentos a que vayan los talibanes a machacarles la cabeza, justificando desde el punto de vista del Derecho internacional una reacción. Nada de «agresiones preventivas»: eso suena a y está muy pero que muy requetemal. Semos pacifistas y nos hemos de dejar partir la cara antes de podérsela partir nosotros a nadie. Como cuando entran a robar en casa: hay que vigilar y dejarse robar primero, no sea que seamos nosotros a quienes nos juzguen por haber machacado la cabeza al ladrón tras adivinar sus intenciones..

Me parece bien que los USA, que están en guerra con Afganistán, usen de todos los medios a su alcance para combatir a los talibanes. Incluso puedo admitir que presionen y chantajeen a los Estados aliados; pero en lo que a nosotros respecta, si estamos al lado de los USA, lo estamos a todos los efectos. Y si no lo estamos, pues para nada. Sin contar con dos detalles:

a) que nuestra permanencia modo bellico en aquellas inhóspitas tierras causa a día de hoy un efecto contraproducente: es semilla de nuevos terroristas.

b) que hasta los que no son talibanes hoy nos miran mal por querer imponerles la democracia a bombazos. Incluso aunque algo sea bueno para alguien, tiene que salir de ese alguien aceptarlo o no.

Y el problema es que el Gran Timonel nos ha colado ya tantas trolas que resulta muy difícil creerle hasta cuando sólo dice «buenos días».

Sólo echo en falta a los peliculeros del No a la guerra (a ésta también, ¿no?) ¿Dónde están? Hummm… No nos pueden atender: están muy ocupados contando el dinero del canon y de los procesos que ganan o recaudando hasta de los conciertos benéficos (así, así gana el Madrid).

Aquí la ficha de Su Señoría (escarbando en el blog del amigo Cerrajero encontré esta perla):

http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=79242

Se entienden unas cuantas cosas después de leerla.

Querida Milagros

Del blog del amigo Jesús Salamanca me llega al corazón esta estremecedora carta, que aunque ya fue publicada en dos ocasiones en su blog, con motivo del fallecimiento en acto de servicio del soldado John Felipe Romero Meneses él ha considerado conveniente recuperar. La cito aquí en su integridad, porque me ha conmovido mucho:

“Jesús: espero que te llegue este mensaje. Te lo mando desde Afganistán (ni siquiera nos han dicho en qué localidad nos encontramos), donde llevo varias semanas. Estamos aislados y abandonados de España o quizás deba decir dejados de la mano de Dios.

Ya no soportamos más el asedio de los talibán. Nos ha metido el Gobierno en un avispero que es una guerra con todas las letras. Una guerra sin sentido. Sé que no vamos a salir vivos de aquí, por eso he aprendido a odiar al Gobierno de Zapatero.

Estuve en misión humanitaria en Irak muy alejado del frente de guerra. Allí acudimos a ayudar a los iraquíes en misión de paz y cooperación y nunca tuvimos la sensación de estar en peligro; pero Afganistán es un infierno al que se une el odio a la política del presidente Zapatero, por defender la guerra, apoyarla y enviar a los soldados ‘al matadero’.

Tengo miedo a morir aquí. Han jurado quemar el campamento con nosotros dentro, salvo que Zapatero saque de aquí las tropas en 48 horas; pero el Gobierno rehúye su responsabilidad y está acobardado y sin ideas. En España no os cuentan la verdad de lo que sucede aquí.

El presidente Zapatero y su indecente ministra de Defensa nos han mandado a la muerte, sin importarles nuestra persona ni nuestras familias. No votes nunca a esta gente que defiende la guerra y el odio, por Dios.

Difícilmente el socialismo podrá hacer más daño a España, una vez que nos ha mandado al infierno, a sabiendas de lo que hacía. Hay una diferencia muy clara entre Irak (misión de paz y cooperación) y Afganistán (guerra sin cuartel).

Por favor, amigo Jesús, no se lo cuentes a mis padres; porque no podrían soportarlo. Aquí no hay control de ningún tipo, nos disparan, nos tienden trampas, nos odian por ser españoles.

Si me matan, enseña este mensaje a mis padres. Quiero que sepan lo mucho que les quiero. Ah, amigo, cultiva siempre su amistad, pues ellos también te aprecian y creen en ti. Te quiero, amigo.

Abrazos. Reza por nosotros. Lo vamos a necesitar”

Yo quisiera añadir un par de cosas, nada más: que se puede no creer a los políticos (dicen lo que les conviene e incluso prometen lo que saben que no podrán cumplir); pero a una persona que está allí mismo… es difícil no creerla. La segunda cosa que quiero añadirle es un fondo musical. Es una canción vieja, de las que a mí me gustan, pero que a cuenta de lo de Afganistán está de rabiosa actualidad

Honor y eterna memoria a los caídos por España. Y mi más sentido pésame a la familia del soldado John Felipe Romero Meneses.

La prueba

Aquí les traigo la prueba de que los mamporreros del ¿Gobierno? socialista y demás rebaño de tontos útiles (sí, los Rubytos también) mienten cuando dicen que “El PP apoyó una guerra ilegal“. El mismo Gobierno socialista reconoce que la guerra tenía cobertura legal en tres resoluciones de la ONU. Más aún: reconoce que no fueron a tirar tiros, sino a reconstruir el país. Lean y fíjense en lo señalado en amarillo (en la memoria sobre todo: ¡toma memoria histórica!).

La guerra imaginaria

Ayer saltaba la noticia: nuestro aguerrido Ejército español, defendiéndose, se ha cargado a trece talibanes. Que no son «delincuentes», como dice la Menestra de turno, sino «insurgentes», lo cual es muy distinto. Luego quiere decirse que no estamos en misión de paz, como incansablemente han repetido los menestros de la cosa desde Bono.

Ya en otro lugar defendimos que la actuación española en Iraq no fue sino la de reconstrucción del país, «nada de tirar tiros». Ni siquiera estábamos en zona de peligro bélico. Distinto era –y es– que nadie se haya molestado en explicar al pueblo español qué hacíamos en Iraq. Incluso Inocencio Arias, poco sospechoso de ser aznarista o cosa parecida, desbarata los embustes sociatas referidos a la guerra de Iraq. Recordemos el soberano ridículo que hizo ZP al sacar precipitadamente las tropas de Iraq e invitar a las demás potencias a que hiciesen otro tanto. Y el ostracismo y adelgazamiento de poder al que se condenó a España desde entonces (lo de no levantarse al paso de la bandera de los USA fue la gota que colmó el vaso, nada más).

Sin embargo, algo ha cambiado. A Morotinos Catavinos le llegó una noche la inspiración y, a la mañana siguiente, corrió presuroso a Moncloa a contársela a su jefe.

–A ver, Curro, cuéntame esa idea tan maravillosa que has tenido –le invitó ZP–.

–Bueno… verás, jefe –empezó él–. Resulta que es verdad que desde hace tiempo que en el mundo mundial no pintamos gran cosa. No fue una buena idea lo de ofender a los americanos, ni con lo de la retirada ni con lo de la bandera. ¿Estás de acuerdo, jefe?

–Mira, Curro… eso me lo pedía el cuerpo. ¡A ver por qué nadie puede toserle a los USA! Pero yo lo hice. ¡Yo! –aquí se dio varios golpes en el pecho con el pulgar–. Además, no te olvides que una parte de nuestra propaganda se basa en nuestro anti-americanismo y eso a ciertos sectores de la izquierda les gustó, ¿o no?

–Sí, Presidente –Moratinos se armó de paciencia viendo que ZP estaba inspirado esa mañana–. Y te ayudó a ganar las elecciones. Pero eso desde entonces no nos ha traído más que problemas fuera de casa. Si hasta a nuestros soldados, cuando los veían los de las otras potencias, les hacían la imitación de la gallina. No deberías consentirlo.

–¿Y qué quieres que haga? –replicó ZP–. Además, no es a mí a quien se lo hacen. Es a ellos. Y a mí el Ejército nunca me ha gustado.

–Claro –remachó Moratinos–. Por eso tu abuelo rojo era capitán y te casaste con la hija de un teniente coronel.

Touché. Lo admito. Pero no me gustan esos tipos de uniforme. Entonces –dijo ZP, en tono más perentorio–, ¿qué es lo que propones?

Moratinos respiró hondo y empezó a explicarse.

–Verás. Mi idea es que tenemos que ganarnos al nuevo presidente Obama, tenerlo un poco más de nuestro lado. Bush era malo malísimo, ya lo sabes, y así lo creen ahora en todo el partido. Pero Obama no es Bush y puede ser que eso a nosotros nos favorezca.

ZP enarcó una ceja. Moratinos prosiguió.

–Obama dijo que no sólo no era inmediato que los USA se fuesen de Afganistán, sino que además incrementaría el contingente de soldados destinados allí. ¿Qué mejor forma de mostrar nuestro apoyo y empezar a ganar puntos que enviar soldados allí y mandarlos a las zonas de mayor peligro?

Para cuando terminó Moratinos su exposición, ZP se había puesto de varios colores y su cara rozaba el púrpura.

–¡Eso es una barbaridad! –vociferó ZP–.Va contra mis principios pacifistas –Moratinos hizo ademán de sorpresa; no sabía que su jefe tuviese principios y menos que peleara por ellos– y sobre todo, contra toda la propaganda que hicimos de Iraq. ¿Qué vamos a decir a las bases del partido?

–Eso es muy sencillo, Presidente. Las bases tragarán con cualquier cosa que tú les digas. Sólo hay que presentarlas bien. Se les dice que Obama es progresista, que es la versión americana del PSOE y que la guerra de Afganistán, al contrario que la de Iraq, es legal. Nuestros propagandistas y mamporreros harán el resto.

ZP meditó un momento.

–¿Y las críticas?

–Eso es fácil de evitar. Todos los diarios que controlamos empezarán a decir que quien critique la decisión es antipatriota y que no está con el Gobierno de España. Y si te refieres a Rajoy, sabes que con dos palabras le tapas. No tiene mayor problema. Los nacionalistas no te criticarán porque como es una guerra de España y ellos «no se sienten españoles»…

A ZP se le oía pensar.

–Todo atado, ¿no? No me acaba de convencer porque siempre hemos sido muy antiamericanos y ahora tú propones comerle la salchicha al negro. Además, se me ocurre que tendremos otro problema: ¿cómo explicamos que mandamos tropas a Afganistán y que al mismo tiempo estamos en la Alianza de So-Mamones?

Al cabo de un momento, a ZP se le iluminó la cara con una sonrisa.

–¡Ya lo tengo! Hablaré con Carme, a ver si puede mandar unos cuantos lejías con un CETME de extranjis. Desde luego, aquí no diremos que estamos en guerra. No sería bueno para la moral del partido. Y no vamos a dar muchas explicaciones de lo que pase. No queremos a toda la jauría encima.

–¿Y los muertos?

–Ningún problema, Curro. Los traeremos de madrugada y nadie se va a enterar en el momento. Es lo mismo que hacían cuando la UCD enterraba a los muertos de la ETA, ¿no? Pues nosotros podemos hacer igual. Y si hay que ponerles una medallita, les pondremos cualquiera que no indique que estamos en guerra. Los padres estarán contentos igual.

–Vaya comparación, Presidente…

–Bueno, pues lo haremos así –dijo ZP, en un tono concluyente–. ¡Por Jakin y por Boaz! Creía que no llegaríamos a encontrar una solución al problema. Te mereces un descanso, Curro. Llamaré a Cebrián para que te escriba un panegírico en El País y a los chicos de Público para que te hagan un reportaje a todo color destacando lo buen político que eres.

–Gracias, Presidente. No merezco tanto honor…

–¡Que sí, hombre! –y al decir esto, ZP le dio una palmada en la espalda–. Venga, hoy tienes el día libre.

–Gracias, Presidente. Te mereces el premio Nobel de la Paz –repuso Moratinos, todo emocionado–.

–Bueno, venga… Vete, que me espera una jornada muy apretada hoy.

–Adiós, Presidente.

Y así nos va, desde entonces.

Gekados

Con esta abreviatura se designaba el muy alto grado de confidencialidad de un asunto en la Alemania nazi. De hecho, la abreviatura lo es de las palabras Geheime Kommandosache, que significa «asunto secreto reservado al mando». Se trataba de asuntos que sólo concernían a éste y que para cualquier otra persona era mejor no conocer. Se complementaba esta calificación con la llamada Orden nº 1 del propio Hitler, de 23 de agosto de 1939, «dirigida a todas las autoridades civiles y militares del país». Dicha Orden estaba redactada en los siguientes términos:

«1. Nadie podrá tener conocimiento de los asuntos secretos que no sean de su propia incumbencia.

»2. Cualquier autoridad o funcionario habrá de saber tan sólo aquello que resulte estrictamente necesario para el buen cumplimiento de su misión.

»3. Nadie habrá de tener conocimiento de las obligaciones que le incumban antes de que sea necesario.

»4. Las órdenes indispensables que a cualquier nivel se deban transmitir a los servicios subordinados habrán de contener el mínimo de información necesaria para el cumplimiento de una tarea concreta y nunca serán enviadas antes de que sea preciso.»

Con estos antecedentes, necesarios para nuestra exposición, podemos enfrentarnos a la que ha sido la primera decisión de la ministra Chacón: perseguir a aquellos militares que vierten sus opiniones sobre cuestiones militares en foros o en blogs. Y ello más allá del golpe de efecto que ha supuesto la visita relámpago de la ministra a Afganistán (donde, recordemos, hay guerra, se tiran tiros, muere gente y no hay petróleo).

Añadamos ahora —y perdóneseme la profusión de referencias normativas— un segundo elemento. Se trata del artículo 178 de la Ley 85/1978 de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas. Éste es su tenor literal:

«El militar tiene derecho a la libertad de expresión, pero necesitará autorización previa para su ejercicio cuando trate cuestiones que pudieran perjudicar a la debida protección de la seguridad nacional o utilice datos que sólo pueda conocer por razón de su destino o cargo en las Fuerzas Armadas

Dicho artículo se complementa con el artículo 191 de las citadas Ordenanzas:

«Cuando estuviere destacado en cursos, comisiones o unidades con mando orgánico no español, así como en maniobras combinadas en territorio nacional o extranjero, todo militar observará en su trato con los miembros de otros Ejércitos las mismas reglas de comportamiento que rigen en las Fuerzas Armadas nacionales

Imagino que éste es el artículo que invocarán los jurídicos militares a la hora de cercenar la libertad de expresión de los militares. Interesa especialmente la segunda de las circunstancias: uso de datos que sólo se puedan conocer por razón del cargo o destino en las Fuerzas Armadas. Se pretende, pues, que el militar no dé información alguna que permita deducir las condiciones en que está prestando servicio, ya sea en territorio nacional o allende sus fronteras. Pero, al mismo tiempo, cabe deducir que si esta normativa hubiera sido de aplicación, difícilmente nos hubiésemos enterado de que los BMR que se destinaron al Líbano iban derechitos a la muerte por falta de inhibidores de frecuencia. Con el feo agravante del desmentido a Toño cuando dijo que nadie llevaba inhibidores en sus vehículos. O los intentos de escamotear información en la muerte de la soldado Idoia Rodríguez Buján, a la que por narices hubo que conceder la cruz con distintivo rojo (implícita admisión de que la misión «de paz» era en realidad misión «de guerra» para congraciarse con Bush).

Pues bien. La ministra Chacón va a echar el cerrojo respecto de esas informaciones informales que, aun cuando no pongan en peligro la seguridad nacional, sí se conocen exclusivamente por razón de cargo o destino, además con criterio de extraterritorialidad. La misma función tuvo Rubalcaba en Interior, precedido igualmente por Toño. Las goteras eran tan notorias que ZP hubo de poner a alguien capaz de cerrar el grifo y ése, en esos momentos, no era otro que el insumergible Rubalcaba.

¿A qué nos lleva todo esto? A que en materia de Defensa, como ya decíamos en otras entradas de este blog, las cosas no han cambiado en absoluto desde hace treinta años. El militar sigue siendo ciudadano de segunda (lo de «ciudadanos de uniforme» ha quedado en el más profundo de los olvidos y suena a burla, befa y mofa en las circunstancias actuales), con independencia del color del gobierno. En este sentido no está de más recordar el inicuo art. 181 del texto legal citado:

«Los miembros de las Fuerzas Armadas, por cuyos intereses vela el Estado, no podrán participar en sindicatos y asociaciones con finalidad reivindicativa. Tampoco podrán condicionar, en ningún caso, el cumplimiento de sus cometidos a una mejor satisfacción de sus intereses personales o profesionales ni recurrir a ninguna de las formas directas o indirectas de huelga.»

Ahora bien: ¿qué ocurre si el Estado, como hemos visto, no vela por los intereses de los miembros de las Fuerzas Armadas? Legalmente sólo tienen el recurso de aguantarse; pero eso sí: «con espíritu de sacrificio, disciplina militar y acendrado amor a la Patria». O dicho de otro modo: se pretende que el militar deje de usar su cerebro y que sean otros los que en todo momento le digan lo que tiene que hacer, pensar, sentir o decir. La felicidad pasa —y esto vale para todos, militares y civiles— por dejar de usar el cerebro.

Así, pues, la ministra Chacón ha decidido matar mosquitos a cañonazos y utiliza a los efectivos de la Unidad de Delitos Informáticos de la Guardia Civil para rastrear a los opinantes-traidores, en vez de dejar que se ocupen de una tarea más importante, cual es la de perseguir a los ciberdelincuentes, las redes de pederastia, a los terroristas que usan Internet para comunicarse entre ellos… Vamos, como si no tuvieran trabajo ya. Un escalón más en la degradación de los derechos de los militares, pero usando esta vez el espíritu de la Orden nº 1 y el criterio de la invisibilidad, tan caro a la izquierda («lo que no se sabe, no existe»).

Un ministro (o ministra, ya que estamos) de Defensa en condiciones haría lo posible por dignificar la función militar a los ojos del pueblo. Dignificación que no consiste en convertir el Ejército en una «ONG especializada de personas con derecho a portar armas para defender la paz mundial». Un servidor se conformaría con que nuestras Fuerzas Armadas fuesen capaces al 100% de cumplir con las misiones que le encomienda la Constitución (art. 8):

«1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional

Con eso bastaría. De verdad. Lástima que con esta ministra podemos esperar sentados. Pero no se lo digan a nadie: es gekados.

Rechazado por la clase política

Artículo de Jesús Salamanca Alonso en Minuto Digital, de 5 de abril de 2008

Pintan bastos para la política exterior española. Se suele decir que «quien siembra vientos, recoge tempestades». Ahí está la imagen solitaria y abandonada del presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero; aunque su amigo José Antonio Alonso y su vicepresidenta en funciones pretendan justificar lo injustificable. El presidente en funciones, Rodríguez Zapatero, ni es querido ni es respetado, más bien es ignorado, sencillamente no es aceptado como miembro de grupo en la Cumbre de la OTAN.

Desde la cobarde retirada de las tropas españolas de Irak, Rodríguez solo cosecha desprecios, desplantes y negativas. Y si alguien quiere saber cómo se refleja en el ejército español aquella retirada, no tiene más que preguntar a quien lo sabe; pero podemos responder desde aquí: allí donde acuden las tropas españolas son recibidas con el gesto del aleteo de las gallinas y el sonido de éstas. Es una forma, como otra cualquiera, de llamar cobardes a quienes dejaron tirados a millones de iraquíes, cuando más se necesitaba la contribución del ejército español.

Nunca un presidente del Gobierno español había llevado a tanto ridículo y vergüenza al ínclito ejército español. De pena, señores. De vergüenza también. Y, sin embargo, las tropas de Afganistán nunca debieron acudir allí; pero allí están, expuestas a unos peligros que nuestras tropas en Irak tenían a más de ochocientos kilómetros.

Y digo que no debieron acudir a Afganistán por dos motivos: porque no son necesarias, además de no pintar allí nada, y porque nadie quiere cerca a las tropas españolas tras la espantada de Irak. Aquella rácana decisión de Rodríguez ha hecho que nadie se fíe de nuestras tropas y hasta en la OTAN las rehúyan los ejércitos de otros países, conscientes de que en cualquier momento les pueden «dejar con el culo al aire». Casi todos los medios de comunicación españoles han publicado la fotografía de Rodríguez solo, aburrido, abandonado, adormilado y rechazado. Lo siento como lo digo — por aquello de que es el presidente de mi país; aunque me pese –, pero recoge lo que sembró. Pero ahí no va a acabar la cosa. No olviden lo que acabo de decir, porque presenciaremos peores humillaciones.

La mofa hacia Rodríguez no se ha hecho esperar. Su reunión con George Bush se anunció inútilmente desde Moncloa, aunque siempre fue negada por la Casa Blanca. Había que llegar a esta foto que veis para que muchos ‘caigan del burro’. Hasta la propia vicepresidenta en funciones no sabía que decir el jueves, ni adónde meterse. La vicepresidencia debería saber, como decía Billy Cosby que “no todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven”. Aplíquese a Rodríguez y explíquese a ‘Maritere’.

Desde el respeto a la opinión del adversario, y convencido de que el atentado de ETA se llevó a cabo para ayudar al PSOE a ganar las elecciones, no quiero acabar esta breve reflexión sin una pregunta que me ronda la cabeza desde hace días: ¿sabrán once millones de españoles que han votado a un mostrenco? Seguramente no habrá respuesta. Y es que nuestros padres nos han enseñado a hablar, como dice el refranero, y el mundo a callar.

Comentario nuestro. El artículo del amigo Jesús Salamanca, aunque no contiene ideas «nuevas», sirve muy bien para remarcar lo que venimos diciendo desde hace tiempo en materia de Defensa. Los militares no tienen quién les defienda ni quien respete sus derechos más allá de la esfera militar; y gracias a las genialidades de Zapatero, somos el hazmerreír del mundo entero. En cuanto a la pregunta que lanza, la de los once millones, yo se la puedo contestar: sea o no sea un mostrenco, votaron para que no ganara «el otro» y, de algún modo, han dado carta blanca a éste. Y ya hemos visto lo rápido que se ha aplicado a hacer de España la primera potencia africana