Prueba de liderazgo

Pablo Casado tiene un panorama interesante ante sus ojos. Digamos que, al margen de esa ventana de oportunidad que algunos le conceden, está todavía en situación de decidir si hace las cosas bien o mal. Todo está en cómo va a gestionar la pesadísima herencia que le han dejado Mariano, ya felizmente retirado en Santa Pola, Alicante, y Soraya, que creíamos escondida en Valladolid y resulta que ahora, por servicios prestados (¿a quién?), ha sido designada como consejera en mal Estado, donde la ha recibido con alborozo la Fashioniaria (ya no más Voguemomia, desde que se alisó el careto a costa de nuestros bolsillos). Claro que es natural que no quiera volver a Valladolid: con la de amigos que se ha creado en todas partes cuando era la Vicetodo, lo suyo es que hiciera las maletas permanentemente y se buscara un cargo bien remunerado y, por supuesto, al abrigo del ojo público.

En nuestra opinión, gestionar bien esa herencia significa no aceptarla ni a beneficio de inventario. Le ha tocado a Casado deshacer el camino andado por sus predecesores para que el PP se convirtiera en una mala copia del PCP (Partido Campesino Polaco), al que graciosamente dejaban presentarse a las elecciones comunistas polacas… y que siempre ganaba Wladyslaw Gomulka, ¡faltaría más!


Por de pronto y como ya dijimos en alguna otra entrada, tiene, cual cirujano, que extirpar el osteoscarcoma Soraya-Rajoy del cuerpo del PP y barrer a personajes como éstos de arriba de la foto. Eso estaría bien para empezar.

En segundo lugar, también debería coger la escoba y barrer a la nulidad de Moreno Bonilla, bajo cuyo mando el PP andaluz es una mala copia del «Partido Campesino Polaco». Cómo será el poderío del Palacio de San Telmo que hasta le dicen al PP qué candidato deben poner para que las cosas sigan igual que siempre. Es como ese combate de boxeo amañado entre un boxeador malo contra uno bueno, pero drogado-. O uno que se deje ganar a cambio de unas migajas. Sin duda alguna, los sufridos militantes del PP andaluz merecen algo mejor, más allá de componendas territoriales de las cúpulas de los partidos en Madrid, que siempre queda muy lejos. No es posible que en una región como Andalucía, con ocho provincias, no haya nadie que pueda sustituir al experto en el ars umbelaria et incedaria. Y Andalucía merece que gobierne un partido cuyo lema no sea «qué hay de lo mío». La suerte que ahora ha tenido Moreno Bonilla es que las elecciones son prácticamente dentro de un mes y en ese brevísimo lapso no se puede construir un candidato sólido, máxime cuando se acaba de salir de una renovación en la cúpula. Pero si yo estuviera en el lugar de Casado, daría por despedido al experto en protocolo una vez pasadas esas elecciones.

Y finalmente, lo más importante: Galicia. Casado y su equipo deben entrar a matar a ese miura que es Núñez Feijóo, que cuando va a Madrid es Núñez y cuando está en Santiago es Feijóo. Debería pedirle cuentas de la galleguización a marchas forzadas aplicando la infame Llei de Normalització Lingüística de Pujol de 1983 (la inició incomprensiblemente Fraga, «el de los tirantes nacionales»: «Vou ser mais galego que ninguén», diría el prócer con su ore rotundo). Que ahora ya ni hablamos de «galleguización»: Núñez Feijóo ha dado el paso a la más delirante lusificación. O quizá habría que decir rusificación, habida cuenta de quien da el paso en realidad son las mareas podemitas con las que tanto gusta de pactar Núñez Feijóo. Aljubarrota ampliada y Portugal, pared atlántica de la de Península del uno al otro confín. Por ahora a los portugueses el tema no les hace mucha gracia… pero veremos.

Pues eso: que Casado debería pedirle cuentas a Núñez Feijóo de tantos enredos. Porque sólo de esa manera Casado puede tener alguna auctoritas para pegar un puñetazo en la mesa al hablar de la imposición catalana, que no es solamente lingüística, y decirle a Alejandro Fernández que sea más agrresivo –aunque de vuelta le pintarrajeen o le rompan los cristales de las sedes–. O de la euskaldunización de Navarra o la valencianización del mal llamado País Valencià (acelerada con el PSOE pero iniciada en tiempos del PP, que entonces no le daba importancia). O de la catalanización directa de Baleares, contra la que el PP no movió dedo alguno. Tal vez Bauzá hiciera algo, pero llegaba tarde y era a todas luces insuficiente, debido también a la falta de respaldo del PP ¿nacional? sorayo-rajoyesco. Todo sea porque Casado recupere en esas regiones a un partido capaz de plantar cara a las imposiciones totalitarias de los orcos separatistas.

Si quiere hacerlo, Casado tiene mucho trabajo por delante. Si no, da lo mismo y seguiremos en lo de siempre: cada vez una mayor desafección ciudadana por los políticos tradicionales, con lo peligroso que es eso. La Historia lo demuestra una y otra vez.

¿Un “nuevo” PP? (I)

Después de toda la atención mediática que se ha dispensado a las primarias del PP, parece que ha cumplido las expectativas, aunque no las de todo el mundo, claro está. Estaba muy claro que el PP necesitaba un cambio; y ese cambio no iba a ser liderado por los de siempre. Así lo entendieron los compromisarios en ese sistema democrático de segundo grado (primera vuelta con militantes y segunda con compromisarios, esa especie de sufragio censitario de tres al cuarto); y aunque no con una victoria rotunda (57 a 42), sí suficiente para forzar ese cambio.

Y ahora viene la hora de la verdad. En mi opinión y tomando la idea del párrafo anterior, lo primero que debe hacer el flamante nuevo presidente del PP es soltar lastre, empezando por jubilar a los eternamente jóvenes, como Arenas (con amplia experiencia en derrotas electorales), Villalobos («¡Manolooooooo!») y Oyarzábal, que tildó de «ultras» a VCT, entre otros. Y en segundo lugar, debe quitarse de encima a los sorayos, cuya líder homónima ha mostrado un mal-perder-que-te-cagas, en proporción directa al poder que ostentaba cuando era la Vicetodo. También debería quitarse a los paladines del liberalismo simpático, que no es otra cosa que hacerse perdonar por la izquierda el no ser bastante de izquierdas (signifique lo que signifique hoy «ser de izquierdas»). De los arribistas y chaqueteros es más difícil librarse, pero eso lo da el tiempo. Que se vayan a su casa o a la pesoe. Por cierto: nos preguntamos qué tal le habrá sentado a Lassalle que su ex sea la ministra que él nunca pudo ser… Justicia poética.

Quizá el secreto del éxito de Pablo Casado (entre los suyos) reside a partes iguales en tres cosas:

a) Que intenta «volver a los orígenes» de lo que era el PP en su momento fundacional, es decir, a un partido «liberal-conservador» (igualmente, signifique lo que signifique eso hoy en día. Yo no lo tengo muy claro aún). Quizá vuelvan a caminar por la senda que Aznar transitó durante seis años y que ésa sea la senda del triunfo para ellos. Luego habrá que ver si ese triunfo final de Casado resulta ser bueno para el conjunto de los españoles.

b) Que ha aprovechado bien los errores de su competidora Soraya. Bien decía Lord Acton que «el poder absoluto corrompe absolutamente»; y Soraya, que ya no es «una muchachita de Valladolid», los cometió todos. Empezando por creer que «su» 42% le daba derecho a quedarse proporcionalmente con casi media Ejecutiva. De ahí, para atrás. Aunque al parecer, el primero de todos fue creer que podía jubilar a Mariano con la sola ayuda de sus fieles en todas las televisiones. El segundo, creer que su nefasta gestión en Cataluña no le iba a pasar factura. Quizá García Albiol, al que no dejaron respirar en esa etapa a pesar de ser el jefe en Cataluña del PP, no vuelva a ser otra cosa que alcalde de Badalona; pero respirará aliviado de que cayese quien tanta sombra le hizo, por sí o por persona interpuesta. Otro entre muchos, creer que porque manejaba la picadora de carne no acabaría cayendo ella misma dentro.

c) Aprovecha sobre todo su desenvoltura y su juventud. En su contra, que no tiene aún cuarenta años y tampoco tiene currículum empresarial o laboral, que curte mucho, mucho más que la vida interna en un partido, por muchos cadáveres que vaya dejando por el camino. Bien está que tenga las ideas claras. Vamos a ver si consigue llevar esas ideas a la práctica y transmitir el entusiasmo que dice sentir por ellas más allá de los límites de su partido.

Rectificaciones

Pues he aquí que estábamos equivocados y es justo reconocerlo. Resulta que Génova, 13 no era la House of Blue Leaves ni iba a sonar la música de Hotei Tomoyasu. La pelea a cara de perro —aunque públicamente «están abiertos al diálogo»— tendrá lugar entre Soraya, la chica de los recados del Bilderberg, y Pablo, el Renovaó. Cospedal, contrariamente a lo que creíamos, se ha quedado para vestir al santo (o santa, en su caso): con los votos de sus compromisarios puede, al parecer, inclinar la balanza. Quizá por eso Soraya —pues no me imagino que pudiera ser otra persona, con la cantidad de información que manejaba y maneja—, habiéndole salido bien la jugada con Cifuentes (y con Floridablanca, aunque eso no se mencione), intentara otro ataque preventivo contra quien preveía iba a ser su futuro rival, Pablo Casado. Sólo que esta vez no parece haberle salido tan bien.

Dejando de lado el interés real del asunto (inversamente proporcional al interés mediático que despierta), lo cierto es que el PP es un partido muerto, por más que traten de vestirlo para la ocasión. La prueba de ello es que la presunta renovación tras el incendio marianista la quieren dirigir gentes que deberían estar en una Unidad de Quemados. Soraya es la principal culpable —junto con el capitán Pescanova, ya huido hacia Santa Pola— de una política que ningún votante medio del PP aceptaría: la del fracaso catalán, que llegó hasta el punto de no ayudar a Inés Arrimadas a ser presidenta de Cataluña por el peligro que eso suponía para SSS en Madrid. Lo de C’s merece una entrada aparte.

Volviendo a Génova, 13, la verdad es que no me interesa personalmente ninguno de los candidatos. Ni Soraya, por ser la candidata del establishment (que además controla en una gran parte porque a muchos de sus miembros los ha nombrado ella o partidarios de ella), ni los otros dos, que han demostrado pensar en términos de poder y no de España, por mucho que se desgañiten. Como están en campaña (¡de primarias!), no parecen estar obligados a nada y prometen la Luna y lo que haga falta para llegar donde quieren llegar. Luego, al modo del viejo profesor, tiempo habrá de desdecirse de las promesas que se hicieron al calor de los mítines. Son guerritas internas de partido, de consumo interno, como su propio nombre indica. A los demás, que nunca pinchamos ni cortamos nada (ni nos dejaron hacerlo), nos importan poco.

Lo peor para el PP ahora mismo son dos cosas: que el respetable se ha enterado de que es un partido ful de Estambul (que diría el Jonan de Baraka), pues de «800.000 militantes» nada de nada: 60.000 y gracias, que son los que estaban realmente al corriente de pago. Pareciera que la primera de las cifras está gafada desde que la usó Felipe González para prometer los puestos de trabajo que iba a crear si le votaban en 1982.

Y lo segundo es que los muertos pretenden liderar la renovación de los todavía vivos. No es de extrañar que, cuando empezó a sonar el nombre de Feijóo como posible delfín de Rajoy, el hombre bajó a los Madriles cachazudamente… vio brevemente el panorama… habló un ratito en castellano para que le entendieran… y se volvió corriendo a Santiago de Compostela, mucho más fresquito. Puedo imaginar lo que pensaba Feijóo de vuelta a Galicia (y mira que es difícil saber qué piensa un gallego en ejercicio como él es): «Os mortos falan polos vivos! Mesmo parescía a Santa Compaña!»

Liquidación y cierre (IV)

Dejemos por un momento las cosas en casa PSOE y volvamos a Génova, 13. La debacle es total y el sentimiento de que el marianismo se ha cargado al PP, una plaga. No hace falta que nadie le diga a Mariano la de Boabdil, porque Mariano nunca tuvo intención de defender nada que no fuera su propio culo. Sus amos, se trate de quienes se trate, han de estar muy contentos: la destrucción del centro derecha español es un hecho. Sobre todo, del sector conservador católico, que era el que más resistencia opondría a las reformas mundiales y europeas sobre el aborto y la eutanasia, que ahora el partido en el Gobierno quiere impulsar a través de un proyecto de ley presentado antes de la moción de censura.

Ahora las espadas están en alto. Feijóo se ha retirado a Galicia, mucho más fresca que las calientes arenas madrileñas. Aparece Casado, al que quisieron tumbar (fuego amigo, que no sé por qué lo llaman “amigo” cuando proviene de tus propios compañeros de partido) por un quítame allá ese máster; pero la pelea de verdad está entre las niñas asesinas, con un regusto muy Kill Bill (volumen 1, naturalmente). Cospedal sería La Novia y Soraya, O-Ren Ishii. Estarán de acuerdo conmigo en que el fondo musical de esta película sería Battle Without Honor or Humanity. Quizá los 88 locos podrían ser el ejército que tiene Soraya dentro del Partido y de las cadenas de televisión que controlaba cuando era la Vicetodo y, que a pesar de lo que diga Federico, no se han pasado totalmente al enemigo; algunos fieles le quedarán aún.


No obstante, parece que Casado va ganando puntos. Cospedal no tiene gran cosa —no hay tras ella una gran gestión ni de partido ni de ministerio— aparte de palmito y ganas de dirigir el Partido. Y en cuanto a Soraya, todo lo más que tiene son dossieres de todos aquellos a los que dio cargo, que se llevó de Moncloa tan pronto supo que los iban a echar a todos. El problema es que Soraya puso en funcionamiento la máquina de picar carne demasiado tarde, por lo que «sólo» pudo llevarse por delante a Cifuentes. Casado ha resultado ser más correoso y por ahora resiste el embate de los másteres. Con eso, al parecer, Soraya no contaba. Y es que el juego sucio, incluso dentro de los partidos, tiene su límite.

Permítanme un aparte respecto de la expresidenta. Tiene su aquél llevarse por delante a toda una Presidenta de Comunidad Autónoma por un quítame allá ese máster y un vídeo guardado como oro en paño durante siete años para que salga a la luz en el momento apropiado en el que Cifuentes sale actuando de una forma cuestionable. En cualquier caso, lo que entonces no se planteó ni se va a plantear ahora es la reforma de la financiación de las Universidades a través de másteres y otras filfas destinadas a políticos en ciernes al efecto de ganárselos para la causa. Tampoco creo que nuestro hombre en la Luna, Pedro Duque, consiga hacer nada. Creo también que si intentara hacer algo en la buena dirección se lo cargarían. No tomaron en su momento la Universidad al asalto para que venga ahora un pipiolo y les diga lo que pueden gastar y cómo, ¡no faltaba más!

El caso es que, los unos por los otros, .la casa sin barrer. Y a nadie —de la casta, se entiende— le importa. Volveremos sobre ese particular en la próxima entrada.

Liquidación y cierre (II)

Querría haber empezado por otra cosa, pero hoy sí que no hay más tema que éste: la sorprendente marcha de Zidane del Real Madrid. Bueno, en realidad no. Como esta semana no habíamos de ganar para sorpresas, no sólo el francés un poco más y se despide a la francesa, sino que en 24 horas hemos cambiado de presidente del Gobierno. Supongo que todas las cabeceras subrayarán que «es la primera moción de censura que sale bien», pero les diría que no es lo importante.

Importante de esta moción de censura que «ha salido bien» son otros detalles. Lo primero de todo, que se han juntado todos para echar a Rajoy. ¿Hay algo que une a esos «todos», aparte de su aversión al capitán Pescanova? Pues sí. Resulta que todos son enemigos de la Nación española. Todos se frotan las manos: se les ve contentos y no aspiran más que a colonizar la Administración y vivir del cuento ocho años (como está estipulado en el pacto no escrito del régimen del 78).

¡Esh que me eshtoy haciendo mishtosh…!

En Génova, caras largas. Sale María Dolores de Cospedal, que se ha librado de salir en el desplegable central de Interviú porque esa revista, testigo de la Transición, ha desaparecido y porque convocándose elecciones, ni ese desplegable central hubiera podido salvar a su partido de la débacle. Pone Cospedal cara de palo y dice: «Lo sentimos por España». Pero vamos a ver, Mariloli: ¿puedes decirme qué puñetas habéis hecho por España? Apenas arreglar el forraje —«lo importante esh la economía», ¿te acuerdas?— para seguir tirando. En lo demás, lo único que os ha preocupado es salvar vuestro culo de la quilla judicial —que no— y no arreglar el problema del encaje de los separatistas vascos y catalanes. En esto último ya deberíais saber que el único sitio donde encajan de verdad es la cárcel.

Resumiendo muchísimo, se podría decir que lo que hemos visto en estos últimos días ha sido un paripé. Como diría Frank Herbert, «fintas dentro de fintas dentro de fintas». Mi conclusión: con la moción de censura el régimen del 78 se ha defendido contra su único y verdadero enemigo, que no es otro que Ciudadanos. Podemos no es enemigo, sino que servía a los intereses de Rajoy sólo para que éste pudiera dar una «imagen de mal menor». Y al resto, empezando por Tardà, siguiendo con Rufián y acabando por Esteban, ya los conocemos de sobra. El PPSOE sabía que si ahora se convocaban elecciones anticipadas, C’s no solamente las hubiera ganado, sino que además hubiera formado gobierno en solitario, pues las encuestas les iban viento en popa. Curiosamente, una situación muy parecida a la de los meses anteriores al 11-M. Era preciso evitarlo.

Y lo era porque aunque nadie tiene la seguridad, era posible que C’s arreglara el pifostio vasco-catalán (también han apedreado y pintarrajeado sus sedes) y tal vez se acabaran las prebendas que tanto PP como PSOE han concedido durante cuarenta años a los separatistas mientras éstos se dejaban llamar «garantes de la gobernabilidad», que tiene narices. El harakiri de Mariano nos sale carísimo a los españoles (si alguien cree que Mariano no ha sido sacrificado por la pervivencia del régimen del 78, pues…). O simplemente, se trata de que C’s no estaba en la pomada del régimen, que a lo que parece funciona así: turno de partidos entre PP y PSOE, con dobles legislaturas, sobre la base del apoyo alternativo de otros partidos. Pero oigan, que hasta Cánovas y Sagasta lo hicieron mejor: no necesitaron nunca el apoyo de partidos enemigos de España. Enemigos de España que además hacen caja con la debilidad de hunoshotros con cargo a nuestros bolsillos

Por otro lado, lo que ha ocurrido está en el abanico de posibilidades lógicas. Las dos legislaturas marianas se han marcado por la desidia criminal respecto de los problemas de España. Mariano es un presidente que no ha querido gobernar y que ha intentado (o ha dejado) que los demás le hicieran el trabajo (los jueces, el TC…). No ha arreglado lo que tenía que arreglar, pues para eso le votamos en masa en 2011; y ahora, al irse por la puerta de atrás, deja un zafarrancho mayor que el que se encontró. Cuando él llego, sólo Cataluña y Vascongadas estaban «en llamas»: hoy, que ya sabemos que hubiera vendido a su madre, lo están Valencia, Baleares y Navarra, además de las citadas.

No creo que Sánchez, siendo hijo político de ZP, vaya a arreglar las cosas. Seguirá avanzando en la idea de la nación de naciones porque son las órdenes que tiene nuestra casta política: deshacer España. El divorcio con el pueblo —hoy «gente»— es total. Y si el Monstruo de Sánchezstein va a ser igual —sólo digo igual, aunque admito que puede llegar a ser peor— de malo que ZP, que Dios nos coja confesados.

 

20 de abril (I)

Las casualidades las carga el diablo; y en política, que no existen, mucho más. Ha querido, pues, la casualidad, que el PP de Madrid estallara un 20 de abril. La referencia a Celtas Cortos es inevitable…

Ya no queda casi nadie de los de antes

y los que hay han cambiado…

Un servidor quitaría el «casi» porque Esperanza Aguirre acaba de dimitir como concejal. El cerco sobre ella empezó a cerrarse el 17 de septiembre de 2012, cuando dimitió (o fue cesada y lo hicieron pasar como dimisión) de la presidencia de la CAM y colocaron a su brillante segundo, el hoy recluso Ignacio González, que viene a engrosar la nómina de altos cargos del PP madrileño a la sombra, junto a Paquito Granados y otros. Y otros que han sido pero que al lograr «un pacto con el Fiscal» se van de rositas.

Al margen de otras consideraciones que puedan hacerse, hay una que para mí es evidente: ha saltado por los aires la doctrina en boga en el PP de que «Todo el mundo quiere vivir muy bien. Y en política uno puede hacer de todo siempre que no le pillen. Eso sí, si te pillan nadie te va a conocer». El problema en Madrid es que la hipótesis más benevolente deja a Esperanza Aguirre como una idiota que no se enteraba de lo que pasaba a su alrededor. Por ello, un servidor piensa: una persona como Aguirre, de su edad y experiencia, sabiendo que la política es —desgraciadamente— oficio de tiburones, ¿cómo pudo estar rodeada de tantos pringados sin enterarse?

Y así, le asaltan a uno las dudas: ¿no sería que ella también conoció y consintió, aunque no metiera la mano en el cesto? Las lágrimas que dejó caer hace un par de días, así como las que dejó caer cuando la dimitieron de presidencia del PP parecen cada vez más de cocodrilo. Mucho más significativa es la frase de Ignacio González: «Este marrón no me lo voy a comer yo solo». Veremos si tira de la manta y a cuántos se va a llevar por delante al hacerlo. Mientras tanto, Aguirre y él, cada uno por su lado, pueden ponerse a recordar «aquella noche en la cabaña del Turmo (pongan ustedes cualquier chalet en la Moraleja o restaurante 5T)» y «las risas que nos echábamos todos juntos»…


Hoy exhala Génova, 13 un perfume cadavérico. El PP parece una de esas salas multicines. En una de ellas se está proyectando Der Untergang. En la otra, Kill Bill y Sé lo que hicisteis el último verano a días alternos…

«Spain Weekend Congress»

Ha sido este último fin de semana uno de congresos de partido. El PMR (antes conocido como PP) y hoy más PMR que nunca) ha hecho el suyo y los Pablemos boys también, intentando contraprogramarse. Que lo hayan conseguido o no, no es el debate. Para explicar la conclusión a la que yo he llegado de los congresos, tanto en uno como en otro caso, acudiré a la química y les recordaré que el sodio, en estado puro, explota al contacto del aire. De igual modo, la democracia interna de los partidos sigue en estado estable: es decir, ninguna. Nada de «una persona, un voto». Sigue en el PP el sistema de compromisarios, algo parecido a los superdelegados del sistema americano —que allí tiene algo más de sentido porque su censo electoral es varias veces el nuestro—. Sigue Cospedal con su tradición de cobrar mucho de varios sitios a la vez. «Ya hice losh cambiosh hace un año», dice, campanudo, Rajoy. Pero Rajoy ha conseguido lo que buscaba: revalidar sus tesis a la búlgara —lejos del poder hace mucho frío— y regularizar in extremis la «situación democrática» del Partido convocando el congreso, pues el plazo estatutario para convocarlo reglamentariamente había caducado hacía bastante tiempo.

Por lo que hace a los Pablemos boys, después de toda la matraca que nos han dado con Vistalegre II, resulta que su líder sale reforzado, aunque no a la búlgara. Errejón ha sido desarbolado por ahora, pero un servidor no cree ni por un momento que se haya enterrado el hacha de guerra. La defección de Bescansa —esperemos que no producida tras una ingesta masiva del laxante que venden en la digna cadena de farmacias que su familia regenta— ha sido un toque de atención. Quizá al final ha ocurrido lo que alguno ha dicho: que ya tiene bastante con el niño al que paseó en las sesiones constitutivas de la anterior legislatura y que no tiene intención de mediar en peleas de niñatos bien. No queda muy claro el futuro de la formación violeta.

En cuanto al desarrollo de los congresos, un servidor de ustedes tiene la sensación de que ha sido bastante parecida. Sí, la dialéctica es distinta: en un caso (PMR) se trata de «mantener lo conseguido» (el poder) y de «seguir avanzando por la senda socialdemócrata» (traducción: seguir friendo al respetable a impuestos y en hacer el PMR tan indistinguible del PSOE que cueste votar a uno o a otro). Y en el otro, recuperar la argumentación comunista de los años veinte y «cazar al fascista», que entonces era el campesino rico, el sacerdote, el terrateniente… y a los que últimamente han añadido a aquellos que, simplemente, están orgullosos de pertenecer a su país.

Como sea, estoy casi seguro de que el desarrollo de los congresos se ha parecido a esto:


La guinda final, esta vez, pertenece a Rafael Hernando por derecho propio. Es, al mismo tiempo una declaración de grouchomarxismo y de amor a su líder: «Mantener principios inquebrantables te convierte en una opción inútil». Por tanto, por un lado acepta que «si no le gustan mis principios, tengo otros (o acepto los de usted)». Por otro, «el Jefe siempre tiene razón, y si cambia de principios, nosotros debemos cambiar con él».

Para esto ha quedado un partido de gobierno que no quiere enfrentarse a los principales problemas de la Nación..