¿Un “nuevo” PP? (I)


Después de toda la atención mediática que se ha dispensado a las primarias del PP, parece que ha cumplido las expectativas, aunque no las de todo el mundo, claro está. Estaba muy claro que el PP necesitaba un cambio; y ese cambio no iba a ser liderado por los de siempre. Así lo entendieron los compromisarios en ese sistema democrático de segundo grado (primera vuelta con militantes y segunda con compromisarios, esa especie de sufragio censitario de tres al cuarto); y aunque no con una victoria rotunda (57 a 42), sí suficiente para forzar ese cambio.

Y ahora viene la hora de la verdad. En mi opinión y tomando la idea del párrafo anterior, lo primero que debe hacer el flamante nuevo presidente del PP es soltar lastre, empezando por jubilar a los eternamente jóvenes, como Arenas (con amplia experiencia en derrotas electorales), Villalobos («¡Manolooooooo!») y Oyarzábal, que tildó de «ultras» a VCT, entre otros. Y en segundo lugar, debe quitarse de encima a los sorayos, cuya líder homónima ha mostrado un mal-perder-que-te-cagas, en proporción directa al poder que ostentaba cuando era la Vicetodo. También debería quitarse a los paladines del liberalismo simpático, que no es otra cosa que hacerse perdonar por la izquierda el no ser bastante de izquierdas (signifique lo que signifique hoy «ser de izquierdas»). De los arribistas y chaqueteros es más difícil librarse, pero eso lo da el tiempo. Que se vayan a su casa o a la pesoe. Por cierto: nos preguntamos qué tal le habrá sentado a Lassalle que su ex sea la ministra que él nunca pudo ser… Justicia poética.

Quizá el secreto del éxito de Pablo Casado (entre los suyos) reside a partes iguales en tres cosas:

a) Que intenta «volver a los orígenes» de lo que era el PP en su momento fundacional, es decir, a un partido «liberal-conservador» (igualmente, signifique lo que signifique eso hoy en día. Yo no lo tengo muy claro aún). Quizá vuelvan a caminar por la senda que Aznar transitó durante seis años y que ésa sea la senda del triunfo para ellos. Luego habrá que ver si ese triunfo final de Casado resulta ser bueno para el conjunto de los españoles.

b) Que ha aprovechado bien los errores de su competidora Soraya. Bien decía Lord Acton que «el poder absoluto corrompe absolutamente»; y Soraya, que ya no es «una muchachita de Valladolid», los cometió todos. Empezando por creer que «su» 42% le daba derecho a quedarse proporcionalmente con casi media Ejecutiva. De ahí, para atrás. Aunque al parecer, el primero de todos fue creer que podía jubilar a Mariano con la sola ayuda de sus fieles en todas las televisiones. El segundo, creer que su nefasta gestión en Cataluña no le iba a pasar factura. Quizá García Albiol, al que no dejaron respirar en esa etapa a pesar de ser el jefe en Cataluña del PP, no vuelva a ser otra cosa que alcalde de Badalona; pero respirará aliviado de que cayese quien tanta sombra le hizo, por sí o por persona interpuesta. Otro entre muchos, creer que porque manejaba la picadora de carne no acabaría cayendo ella misma dentro.

c) Aprovecha sobre todo su desenvoltura y su juventud. En su contra, que no tiene aún cuarenta años y tampoco tiene currículum empresarial o laboral, que curte mucho, mucho más que la vida interna en un partido, por muchos cadáveres que vaya dejando por el camino. Bien está que tenga las ideas claras. Vamos a ver si consigue llevar esas ideas a la práctica y transmitir el entusiasmo que dice sentir por ellas más allá de los límites de su partido.

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