El retorno de lo idéntico (y II)


El tercer tema es la violencia. Naturalmente, hablamos de la violencia machista, sin más matiz: el hombre es un criminal en potencia (art. 1 de la infame LIVG) y las mujeres no tienen ese gen violento, que dice la idiota alcaldesa de Madrid. Pero como siempre, la mentira tiene las patas cortas: por mucho que las «estadísticas» del CGPJ traten de ocultarlo, la verdad sale a flote. Hay, al igual que una industria de la patera, una industria del maltrato, en la que las únicas que no se benefician son las verdaderas víctimas del maltrato (muertas o ignoradas porque su caso no sirve a la causa). Las demás personas que han hecho del maltrato de las mujeres su modus vivendi ya lo dejaron claro el pasado 8 de marzo: «¡Menos lacito y más dinerito!». A buen entendedor pocas palabras bastan. Las organizaciones feminazis «representan» a las mujeres de la misma manera que los sindicatos lo hacen respecto de los obreros o los comunistas a la «famélica legión»: es decir, en exclusiva a sí mismas y a nadie más. Tranquilos, que esto no saldrá en la TVE controlada por el soviet.

Conectado con lo anterior, el Gobierno pretende arrinconar a los colegios concertados, porque sabe que en ellos hay resistencia —más o menos pasiva— al adoctrinamiento LGTBI—. Cosas de hermanucos… y no precisamente de la Salle. Por supuesto, la asignatura de religión sufrirá el enésimo embate de un Gobierno que pretende sustituirla por «valores cívicos». Algo muy parecido se llevaba a cabo en la URSS de los 50 del siglo pasado, así que parece que no progresamos, sino que caminamos hacia atrás.

c) Impuestos. Sobre esto no hay mucho que comentar, porque es una de las especialidades de la casa. La otra es crear problemas nuevos y agrandar los que ya existían. Es verdad que el listón, gracias a Montoro, ha quedado muy alto. Será muy difícil alcanzar el nivel terrorista de un ministro de la (presunta) derecha, pero no tenemos duda alguna de que este Gobierno se esforzará en llegar. La pregunta que nos hacemos es: ¿hace falta robar tanto al sufrido contribuyente para sostener el edificio de la Administración, cuyos cimientos están dando muestras de padecer de aluminosis? Por no hablar del ISD, que es un robo a mano armada (qué feo eso de robar a los muertos). Salvo el Gobierno de Aznar de 1996, no he conocido ninguno que no se estrenara con una subida de impuestos.

d) Independencia. Lo que nos lleva al último de los apartados. En esta materia, como en el adoctrinamiento LGTBI, no hay diferencias entre los cuatro partidos de la pomada —sí, C’s también, por desgracia: vestir de liberalismo lo que no es otra cosa que progresismo izquierdoso es una jugada que ya está muy vista—. Particularmente en esto, Sànches está teledirigido por los hermanucos a través de la mano visible de Iceta, cuya pertenencia a los hermanucos no es precisamente un secreto. Lo cual explica la concreción de la cuota catalana:: Batet en Administraciones Territoriales, que ya nos ha regalado unas cuantas perlas antológicas y Borrell, exterrorista fiscal, como titular de Exteriores (suponemos que para hablar el mismo idioma cuando los Països Catalans se conviertan en una esplendorosa realidad).

Lo deprimente del asunto es pensar que lo que hace Sànches es lo mismo que hubiera hecho Mariano de haber continuado —improbablemente— en el poder. Claro que como también sobre éste hay sospechas de pertenencia a los hermanucos, tal vez ahora que no está en el cargo se despejen. Ah, dicho sea de paso: estaría bien que Federico, que tanto habla del ganado eclesiástico, al que afirma conocer muy bien «después de 15 años en la COPE», nos contara lo que sabe de los hermanucos. Espero que ése no sea un tema tabú para un señor que se tiene por liberal.

Volviendo a nuestro tema, en mi opinión ninguno de los partidos de la pomada tiene huevos suficientes como para dar el alto a los separatistas en su delirio secesionista. Ni siquiera los de C’s, que desde que los primeros espadas hicieron las maletas y se largaron a Madrid, el partido es una altra cosa. Me gustaría pensar que un PP dirigido por Pablo Casado puede ir en dirección contraria a lo que ha sido la política española sobre ese tema en estos cuarenta años de «mococracia». Pero primero habrá que ver si gana; después, si es posible que depure el aparato para que no le ocurra lo mismo que a Borrell tras ganar a Almunia en las primeras primarias verdaderas que tuvo el PSOE, es decir, tras jubilarse «Dios» políticamente. Y finalmente, esperar a sus hechos para juzgarle. Dada esa situación, los separatistas siguen avanzando en sus reclamaciones al tiempo que imponen la ley de la selva en territorio catalán. Y cuando lo consigan, si es que lo consiguen, más vale que valencianos y baleáricos pongan sus barbas a remojar si no hay nadie más que lo pare.

La conclusión: tenemos un gobierno carente de las dos legitimidades necesarias. No tiene legitimidad de origen porque no fue elegido en unas elecciones libres, sino a través de una triquiñuela parlamentaria en la que todos menos el perjudicado (C’s en primer lugar y el pueblo español en última instancia) estuvieron de acuerdo. Y tampoco tiene la legitimidad de ejercicio, pues de toda la actividad legislativa que ha desplegado se desprende que sólo va a gobernar para quien le ha puesto ahí, que no son otra cosa que enemigos de España.

Esto es lo que le pasa a un país cuya casta ladrona enredada en telarañas de intereses comunes y nada confesables no permite al pueblo votar a alguien que tal vez les pudiera cerrar la barraca. Y no me refiero necesariamente a C’s. Partido que, para variar, no se ha mostrado especialmente beligerante ni contra el aborto, ni contra la eutanasia. Y que por esas dos razones —y alguna más— no tendrá mi voto mientras mantengan esa postura.

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