¿Traspaso de poder?

Pasan las semanas y volvemos al ruhig fließender Bewegung y a la Lo único que ha parecido agitar un poco el panorama ha sido el acto de Vox en Vistalegre, donde al parecer hubo un llenazo total. No hace tanto que C’s provocaba el mismo efecto, si bien ahora que ya han sido fagocitados por el sistema (no en vano Rosa Díez le llamaba «el niño bonito del Ibex-35») el naranja ha quedado un tanto deslucido. Todos los partidos del sistema han tomado una postura: unos (C’s) «no hablan» y otros (representados por Carmen la egabrense: bendito D. Adolfo Muñoz Alonso, que nos abrió una vía al insulto fino) hablan de «extrema-extrema derecha». Lo malo es que, en realidad, todo son etiquetas para uso de tontos. Porque eso es lo que unos y otros (o hunos y hotros) nos consideran.

Por lo demás, el hecho más relevante que se ha producido en estas últimas semanas es un cierto traspaso de poder: Pablenin ha recibido de manos de un cada vez más menguante Sànches la llave de la caja de los dineros. Vamos, que el primero le ha dicho «Me aprobarás estos presupuestos si quieres comer el turrón este año en Moncloa». Y el otro, que tanto sabe de negros, ha dicho: «Sí, bwana». Es todo un acontecimiento, pues ya vamos camino de la revolución socialista: primero gastas hasta lo que no tienes porque hay mucho. Todo sea por cargarse la gran obra de Franco, que no fue el Valle, sino la clase media. Sí, esa clase media con un sueldo decente, piso en propiedad y vacaciones pagadas. Y luego, como hay poco o casi nada después de lo robado/gastado, hay que racionar lo que quede. El máximo logro de la revolución es, pues… la cartilla de racionamiento. O, dicho de una forma menos amable: «En tiempo de rojos, hambre y piojos». Quizá C’s y PP, dentro de la burbuja política, consigan detener la aprobación de esos presupuestos comunistas, como alguno los ha llamado ya. Y de aquí al Plan Quinquenal, donde todo tenía su precio menos la vida de la gente, un paso, nen. Apriétate el cinturón un poco más, que ya llegamos.

Miren que esto es un baile de máscaras. Parece ser que todo cambia menos una cosa: la ingeniería social. Que la lleva adelante la izquierda y la derecha (recordemos la última frase de Rebelión en la granja), inclinando graciosamente la cabeza. Según veo, eso es lo único que va hacia delante, porque los hunos lo mandan y los hotros lo permiten porque, a fin de cuentas a ellos no les va a afectar. Los abortos se siguen practicando bajo el mando de hunos y hotros, porque son un «derecho», pero sobre todo, un negocio boyante. Y la aprobación de leyes eutanásicas mientras la presunta derecha hace una graciosa reverencia a la izquierda abre también un nicho empresarial (dicho en pedante) y muchos nichos más para los que seguramente ya «sobramos». Todo sea por el negocio.

Y con la mano de Podemos en la caja de los dineros… y una oposición blandengue, que se deja llamar «extrema-extrema-derecha» con una sonrisa estúpida en la cara (piensen en Cuco, personaje de Torrente 2), sigue ese movimiento incesante y la cháchara insulsa. Pero al igual que en el movimiento sinfónico de Mahler, en algún momento llegará el grito de angustia. Para entonces, un servidor espera que las cosas tengan aún remedio.

 

El retorno de lo idéntico (y II)

El tercer tema es la violencia. Naturalmente, hablamos de la violencia machista, sin más matiz: el hombre es un criminal en potencia (art. 1 de la infame LIVG) y las mujeres no tienen ese gen violento, que dice la idiota alcaldesa de Madrid. Pero como siempre, la mentira tiene las patas cortas: por mucho que las «estadísticas» del CGPJ traten de ocultarlo, la verdad sale a flote. Hay, al igual que una industria de la patera, una industria del maltrato, en la que las únicas que no se benefician son las verdaderas víctimas del maltrato (muertas o ignoradas porque su caso no sirve a la causa). Las demás personas que han hecho del maltrato de las mujeres su modus vivendi ya lo dejaron claro el pasado 8 de marzo: «¡Menos lacito y más dinerito!». A buen entendedor pocas palabras bastan. Las organizaciones feminazis «representan» a las mujeres de la misma manera que los sindicatos lo hacen respecto de los obreros o los comunistas a la «famélica legión»: es decir, en exclusiva a sí mismas y a nadie más. Tranquilos, que esto no saldrá en la TVE controlada por el soviet.

Conectado con lo anterior, el Gobierno pretende arrinconar a los colegios concertados, porque sabe que en ellos hay resistencia —más o menos pasiva— al adoctrinamiento LGTBI—. Cosas de hermanucos… y no precisamente de la Salle. Por supuesto, la asignatura de religión sufrirá el enésimo embate de un Gobierno que pretende sustituirla por «valores cívicos». Algo muy parecido se llevaba a cabo en la URSS de los 50 del siglo pasado, así que parece que no progresamos, sino que caminamos hacia atrás.

c) Impuestos. Sobre esto no hay mucho que comentar, porque es una de las especialidades de la casa. La otra es crear problemas nuevos y agrandar los que ya existían. Es verdad que el listón, gracias a Montoro, ha quedado muy alto. Será muy difícil alcanzar el nivel terrorista de un ministro de la (presunta) derecha, pero no tenemos duda alguna de que este Gobierno se esforzará en llegar. La pregunta que nos hacemos es: ¿hace falta robar tanto al sufrido contribuyente para sostener el edificio de la Administración, cuyos cimientos están dando muestras de padecer de aluminosis? Por no hablar del ISD, que es un robo a mano armada (qué feo eso de robar a los muertos). Salvo el Gobierno de Aznar de 1996, no he conocido ninguno que no se estrenara con una subida de impuestos.

d) Independencia. Lo que nos lleva al último de los apartados. En esta materia, como en el adoctrinamiento LGTBI, no hay diferencias entre los cuatro partidos de la pomada —sí, C’s también, por desgracia: vestir de liberalismo lo que no es otra cosa que progresismo izquierdoso es una jugada que ya está muy vista—. Particularmente en esto, Sànches está teledirigido por los hermanucos a través de la mano visible de Iceta, cuya pertenencia a los hermanucos no es precisamente un secreto. Lo cual explica la concreción de la cuota catalana:: Batet en Administraciones Territoriales, que ya nos ha regalado unas cuantas perlas antológicas y Borrell, exterrorista fiscal, como titular de Exteriores (suponemos que para hablar el mismo idioma cuando los Països Catalans se conviertan en una esplendorosa realidad).

Lo deprimente del asunto es pensar que lo que hace Sànches es lo mismo que hubiera hecho Mariano de haber continuado —improbablemente— en el poder. Claro que como también sobre éste hay sospechas de pertenencia a los hermanucos, tal vez ahora que no está en el cargo se despejen. Ah, dicho sea de paso: estaría bien que Federico, que tanto habla del ganado eclesiástico, al que afirma conocer muy bien «después de 15 años en la COPE», nos contara lo que sabe de los hermanucos. Espero que ése no sea un tema tabú para un señor que se tiene por liberal.

Volviendo a nuestro tema, en mi opinión ninguno de los partidos de la pomada tiene huevos suficientes como para dar el alto a los separatistas en su delirio secesionista. Ni siquiera los de C’s, que desde que los primeros espadas hicieron las maletas y se largaron a Madrid, el partido es una altra cosa. Me gustaría pensar que un PP dirigido por Pablo Casado puede ir en dirección contraria a lo que ha sido la política española sobre ese tema en estos cuarenta años de «mococracia». Pero primero habrá que ver si gana; después, si es posible que depure el aparato para que no le ocurra lo mismo que a Borrell tras ganar a Almunia en las primeras primarias verdaderas que tuvo el PSOE, es decir, tras jubilarse «Dios» políticamente. Y finalmente, esperar a sus hechos para juzgarle. Dada esa situación, los separatistas siguen avanzando en sus reclamaciones al tiempo que imponen la ley de la selva en territorio catalán. Y cuando lo consigan, si es que lo consiguen, más vale que valencianos y baleáricos pongan sus barbas a remojar si no hay nadie más que lo pare.

La conclusión: tenemos un gobierno carente de las dos legitimidades necesarias. No tiene legitimidad de origen porque no fue elegido en unas elecciones libres, sino a través de una triquiñuela parlamentaria en la que todos menos el perjudicado (C’s en primer lugar y el pueblo español en última instancia) estuvieron de acuerdo. Y tampoco tiene la legitimidad de ejercicio, pues de toda la actividad legislativa que ha desplegado se desprende que sólo va a gobernar para quien le ha puesto ahí, que no son otra cosa que enemigos de España.

Esto es lo que le pasa a un país cuya casta ladrona enredada en telarañas de intereses comunes y nada confesables no permite al pueblo votar a alguien que tal vez les pudiera cerrar la barraca. Y no me refiero necesariamente a C’s. Partido que, para variar, no se ha mostrado especialmente beligerante ni contra el aborto, ni contra la eutanasia. Y que por esas dos razones —y alguna más— no tendrá mi voto mientras mantengan esa postura.

El retorno de lo idéntico (I)

Volviendo nuestra mirada a Ferraz, ¿qué es lo que pasa? What’s up? Pues bastante cosa, a tenor del tiempo que ha pasado desde nuestra última entrada. Tras la salida a escape de Brevis Maximus —y de otro ministro por motivos no muy bien aclarados— nos encontramos con que este Gobierno elegido por los enemigos de España y no por su pueblo —gracias, Mariano— ha centrado su actividad en las cuatro Íes:

a) Inmigración. Aquí se han lucido con ganas. Debe ser que la Vicepixi quiere trocar en Madre Teresa de Europa y Sánchez en… bueno, en una mezcla de Fray Bartolomé de las Casas y de Mandela redivivos. Aunque no tanto como Merkel, que de golpe hizo entrar en Alemania a un millón de refuchis y que ya sabe que eso le ha costado dos cosas: el pacto con los socialcristianos bávaros y luego el poder presentarse a unas próximas elecciones. Aquí no estamos en esa onda: los Gobiernos han querido colaborar con la industria de la patera (vulgo tráfico de personas) bien pagando directamente a los traficantes, bien aceptando pequeños cupos de inmigrantes porque de todos modos la orden viene de Bruselas y hay que cumplirla, aunque sea de a poquitos. Y el resto a tragar y callar. Ah, y que se olviden del «truco informativo» de llamar «extrema derecha» a aquellas formaciones que se oponen al Gobierno en este punto. Está ya muy visto y es contrario a la libertad de opinión que tanto predican (pero sólo para ellos, claro).

b) Ideología. Este apartado debe ser desglosado en varios temas. En primer lugar, hablamos de franquismo: es sintomático que al Gobierno actual le preocupe más el traslado de los restos de un «dictador» que murió hace más de cuarenta años —bien es verdad que el propio interesado no quería ser enterrado allí— que los problemas de la sociedad actual. Mucho más peligrosa es la llamada Comisión de la Verdad que Sánchez ¿quiere? establecer. Es una Comisión orwelliana, en la medida en que no es tanto una Comisión «de la Verdad» como de la imposición de la mentira en sustitución de la verdad (multas y cárcel incluidas para los recalcitrantes, categoría en la que, si todo eso sigue adelante, se incluirá a un servidor de ustedes). Los comunistas bordan este tipo de cosas, así que habrá que preguntar quién quiere esa Comisión de verdad.

El segundo punto es el de la ideología LGTBI. A cuenta de profesar esa ideología totalitaria sin pertenecer a ninguna de esas letras (con alguna excepción, como el ministro Marlasca y el ya citado Brevis Maximus), el Gobierno deja desprotegida a esa mayoría social que todavía piensa que la familia, aun con todos sus defectos, sigue siendo la base de la sociedad. Y no me refiero sólo a los católicos. Seguramente, hay personas que sin ser católicas tienen esa misma convicción. Volvemos en este punto a los tiempos zapaterinos, en los que se pretendió vaciar de contenido el art. 27 CE. Claro que cuando el nivel de idiotez ministerial es éste, para qué queremos más. Sin olvidar la proposicon de ley podemita LGTBI (paree que aún no es Ley), de la que Stalin o Mao hubieran estado más que orgullosos. Más éste último, en tanto que Podemos resulta ser, según vamos viendo un eczema de maoísmo extemporáneo.

Macron (y II)

Le socialisme c’est mort

Menuda la lió Manuel Valls al otro lado de los Pirineos al decir que «el socialismo está muerto». Le expulsaron de le Parti (que allí, por lo menos, no tiene la desvergüenza de llamarse «obrero») e intentó asilo político en el partido de Emmanuel Macron, que en cuatro meses fue de la nada al palais de Matignon. Por lo demás, allí son un poco más comedidos que en las Batuecas y por de pronto no le han aceptado en sus filas, con lo que el futuro de Monsieur Valls en la política francesa está complicado.

No obstante, la frase no deja de tener su miga, pues el batacazo que se pegó el socialismo francés en la primera vuelta de las elecciones francesas fue de impresión. Tal y como se dijo entonces, esa primera vuelta había acabado prácticamente con los viejos partidos, o el modelo que se sostenía entre dos pilares: un partido de centro derecha (gaullistas) y otro de centro izquierda (socialistas). Los interlocutores son nuevos y el asunto se resume en dos: socialdemocracia sí en ambos casos y diferencias en cuanto a la inmigración y la pertenencia a Europa. Tampoco sabemos qué habría empezado a hacer Le Pen en otras materias que no estaban en el candelero, de forma muy parecida a lo que ocurrió con Hillary Clinton: venga a criticar a Trump… pero poco se sabe de lo que Billary tenía en mente llevar a cabo realmente.

En cualquier caso, Emmanuel Macron ha ganado las elecciones y todas las novias quieren casarse con él, no sólo Manuel Valls. Es la cobardía del grouchomarxismo: «Tengo mis principios, pero si hay caballo ganador me apunto a los de él». No puedo desear otra cosa que el que Macron sea bueno para los franceses, igual que lo dije en su momento respecto de Trump. También y que ojalá Macron sea bueno para los intereses de España; aunque visto el nivel, lo mejor es desear que nos den las patadas justas en el trasero.

El nivel español

Partamos de la base de que cuando Francia se resfría, aquí estornudamos a más y a mejor. En las Batuecas la cosa pinta castaño oscuro. Después de ZP, el PSOE quedó hecho unos zorros. Dejó de ser la alternativa al PP, sobre todo desde que nos enteramos de que tanto PP como PSOE colocan a los suyos en empresas estratégicas en pago de servicios prestados. La aparición de una formación más a la izquierda de la izquierda que ellos presuntamente representan no ha hecho más que perjudicarles.

De todo el sarao socialista que llevamos con las etapas Sánchez I-Gestora-Sánchez II, la resultante es clara: el socialismo español como tal está muerto. Y ahora mismo, lo que puede decirse es que está emparedado. Cuando tu presunto rival asume tus tesis, que es lo que ha hecho Rajoy convirtiendo al PP en un partido socialdemócrata, es que empuja por el centro-izquierda. Y a su vez, Pablemos empuja por el lado de la extrema izquierda, tratando de convertirse en el referente único de izquierda. Total, que entre los dos le están haciendo el sándwich: uno le vampiriza el espacio ideológico (vean, si no, las cabriolas progres de Cifuentes en Madrid) y el otro, por vía de cabreo, a los militantes.

Luego, más: el PP se ha ocupado con sin par diligencia de no crezca nada a su derecha, para poder vender el cuento de que son los únicos que representan a la derecha. Ni VOX (en parte por vicios propios), ni iniciativas como el Grupo Floridablanca (desactivado por los Soraya’s Boys), han tenido ocasión de desarrollarse y transmitir un verdadero discurso de derechas, (si es que se puede llamar así) toda vez que la distinción entre «izquierda» y «derecha» es cada vez más borrosa si es que no ha saltado por los aires.

¿Y qué le queda a Pdr Snchz? Pues declararse plurinacional, que ha sido la tesis de siempre del PSC. Parece que es la go-gó del Baix Llobregat la que lleva de la manita al Secretario General y no a la inversa. De un modo parecido a Ilich Ramírez (alias Carlos), el temido terrorista de izquierdas convertido al Islam, pues caído el comunismo, tenía que buscar una ideología/religión que justificara su resentimiento y que le permitiera hacer lo que sabe hacer sin cargo de conciencia. A muchos socialistas de bien que aún creen en la unidad de la nación española les habrá sentado esa declaración como una patada en el vientre; pero Pdr Snchz berrea: «¡Es la supervivencia, estúpidos!». La opción era:

a) o integrarse en Podemos, con lo que Snchz quedaría al nivel de maletilla de Pablemos, como Alberto Garzón (de izquierdas pero sin independencia ninguna) y remedando lo que ocurrió con Carrillo y sus Juventudes Socialistas Unificadas. Serían fagocitados por el radicalismo comunista de siempre y, de facto, supondría la recuperación del marxismo como ideología inspiradora, del que Felipe González abjuró en Suresnes y otros lugares.

b) o bien buscar un discurso diferenciado, que es lo que han hecho. Tienen independencia como partido de izquierdas. Pero ese giro ideológico no lleva a otra cosa que a romper España, sueño de la burguesía catalana desde los tiempos de la gauche divine; algo a lo que muchos socialistas no van a acceder y entre ellos Susana Díaz, aunque ésta tenga el deber de limpiar de mierda su corrala antes de abrir la boca. Distinto es que al PSOE nunca le haya sentado bien hacerse nacionalista: y en Cataluña lo sabemos bien, después de 8 años de Tripartit.

En consecuencia: renovarse o morir. ¿Pero para qué? «Para llegar a la Moncloa» o «para ganar a la derecha». El resto del programa ya nos lo sabemos. Y la maldita Ley de Memoria Histórica, sin derogar. Luego nadie se extrañe que repitamos la historia.

P.S. (e IV)

Tercera cuestión: ¿quién podría beneficiarse del batacazo socialista? Muy factiblemente, Pablenin y sus boys, dado que el podemismo —si es que se le puede llamar así a eso de «salir a cazar fachas»— es hijo espiritual o mutación genética del zapaterismo. Menos probablemente C’s, que ante unas elecciones puede que se moviera uno o dos escaños hacia arriba o hacia abajo, con lo que se quedaría más o menos igual. Mucho tendría que cambiar el panorama para que C’s saltara como un cohete a una situación de verdadera influencia.

Por de pronto C’s tiene dos problemas: primero, la complacencia de Juanillo Marín, que ejerce de agradaó ofisiá de Susana Díaz; segundo, el flamante matrimonio de Inés Arrimadas, la guapa oficial de la política catalana y parte del extranjero (entendida «España» como parte del extranjero, tal y como están las cosas allí ahora). Por lo visto, llega a la cima tantas noches y tantas veces que cuando se levanta por las mañanas debe pensar: «Uffff… es que ni fuerzas tengo para oponerme a la immersió lingüística». Eso podría no tener importancia, si no fuera porque se trata de una de las razones fundacionales del partido naranja. Pregunten a Albert Boadella y a Narcís de Carreras (entre otros) qué firmaron en 2006 y para qué.

La llave, pues, está en manos del PSOE. En Moncloa se frotan las manos porque el sarao socialista, bien atizado por las televisiones afines, ha evitado que se hable del follón organizado en Génova, 13 a cuenta de la Gürtel. Uno se teme que todo quede en pena de telediario y algunas condenas para satisfacer a la masa carroñera (masa no demasiado enfurecida, por cierto). Y para que algunos, campanudamente, digan: «¿Veis? La Justicia funciona». Sobre todo cuando sabemos que los pringados de alto nivel van a ser muchos más que los condenados. Lo mejor: que se habrán asegurado de que entre los juzgadores no haya ningún émulo de Mercedes Alaya. También, que no se hable del Congreso que estatutariamente debía haberse celebrado hace año y medio, por lo que Rajoy estaría, como presidente de su partido, en situación de irregularidad. Pero quiá: eso son menudencias. Y luego: los que han querido decir algo han acabado cogiendo el portante y marchándose (la última, Cayetana Álvarez de Toledo). ¿Quién teme a… (bueno, ya se imaginan)?

P.S. (II)

Decíamos en la entrada anterior que el palmarés electoral de Sánchez es de todo menos bonito. Desde que Rubalcaba soltó las riendas de ese caballo desbocado cuesta abajo en que se convirtió el PSOE tras ZP, las cosas han ido de mal en peor. Sobre todo porque hoy en día han aparecido dos actores políticos más, que al decir de los tertulianos «han venido para quedarse»: C’s y Podemos. En mi opinión, la andadura del PSOE tiene varios problemas:

1.- Vacuidad ideológica. Metiéndonos en el puro mundo de la teoría, ¿quién puede definir hoy qué es ser socialista? No creo que haya mucha gente que sea capaz de definirlo salvo en relación a otros términos. Hoy el “socialismo” patrio sólo se define en relación a lo que no es.

Pero el PSOE, junto con toda la izquierda, tiene un problema de fondo: ha perdido su patria ideológica, que se fue a tomar viento en 1989 con la caída del Muro. Se apuntaron a regañadientes a la fórmula socialdemócrata (la de Bad Godesberg de 1959), en teoría; pero su práctica ha demostrado que en realidad la ideología les ha importado un carajo. A fecha de hoy no hay un solo organismo importante en el que hayan estado los socialistas y no se lo hayan llevado calentito (alguno de ellos, por lo menos).

2.- Tensiones territoriales. No sé si Felipe se habrá arrepentido mucho, pero entregar la Federació Catalana del PSOE a los niños pijos de la gauche divine de los 70 fue un error mayúsculo. Los Serra, Maragall, Obiols y demás patulea eran, ante todo, nacionalistas y, en los primeros tiempos, perfectamente intercambiables con los seguidores de Pujol. Iceta no deja de ser heredero de esa tradición tan socialista catalana de el cor a l’esquerra i la butxaca a la dreta. Y es un grano en salva sea la parte de Ferraz. Quizá si solucionaran eso empezarían a ser mirados con un poco más de respeto, en vez de caminar hacia la irrelevancia o la disolución en el magma nacionalista del que provienen sus dirigentes.

3.- Dificultades de diferenciación del producto.- Aunque es terminología comercial o económica, sirve perfectamente para ilustrar una de las grandes dificultades del PSOE a la hora de presentarse ante Lagente. Hoy a los votantes nos cuesta distinguir al PSOE de los demás partidos. Primero, porque a la que tienen algún poder empiezan a mirar con deseo el patrimonio de todos que no es de nadie (que dijo Carmencita Calvo).

Segundo, porque el PP, que antes era «derecha-derecha», hoy es «derecha socialdemócrata», como lo demuestran el aviso de 2008 de Rajoy en Elche y hoy la progre Cifuentes, con lo que quita espacio al PSOE por el lado “moderado”. De ese lado también hay que sumar a C’s, que es izquierda “moderada”. El problema es que desde el lado “radical” aprieta Podemos, al que se percibía como caballo ganador de la izquierda, sin más patrimonio intelectual que su «odio al PP y a la derecha». Podemos ha engullido a IU, para disgusto de alguno de los militantes de ésta (y alivio de sus dirigentes, porque les ha pagado las deudas, como hizo Pujol con el PI de Àngel Colom). Y va a por el PSOE.

Todo eso hace que en estos momentos sea sumamente complicado, para un votante medio de izquierdas, decidirse a votar al PSOE. Por si faltara algo, en los medios se habla de la podemización del PSOE desde que entró en escena Podemos. Los votantes más rebecos se habrían asqueado de la filfa-corrupción en que está metido el PSOE y abrazan sin complejos a los nuevos. Eso habría asustado a la dirigencia del PSOE, sobre todo a la que tiene cargo público. Se han movido los hilos y a pesar del grito de Pedro Sánchez («¡Aquí caerá Pedrón y cuantos con él son!»), solamente ha caído él. Bueno, y César Luena, que parece un híbrido de Gremlin, Smithers y el Txori, repitiendo todo el rato a la oreja de Sánchez: «¡Eres el puto amo!».

P.S. (I)

Después de ciertos menesteres que me han tenido apartado de este blog mío y de ustedes, vuelvo a comentar un poco todo lo que ha ocurrido en política nacional. Lo más importante, naturalmente, ha sido la defenestración de Pedrito guapo (y nada más), así como el sarao concomitante.

La verdad es que cuando lo eligieron parecía otra cosa. Alt com un Sant Pau, que diríamos en Cataluña y compitiendo en estatura con García Albiol, es lo cierto que el hombre ha ido menguando de tal manera que, de no ser por su apellido compuesto y su familia pudiente, tendría suerte si lo contrataran de utilero del Estudiantes. Pero no: parece ser que no va a poner su escaño a disposición del Partido (por la mitad) y hará, por ejemplo, como Jordi Sevilla, que de su Ministerio de Administraciones Públicas saltó a una consultora privada (puerta giratoria mediante). Él seguirá atornillado a su escaño, «luchando naturalmente por la libertad de expresión de las bases del Partido Socialista».

Que oye o lee uno esa afirmación enfática y campanuda y le entra la risa. ¿Cuándo se ha dado verdadera voz a los militantes en las sectas políticas que tenemos hoy? Pues cuando la cosa pinta de color hormiga. Cuando las cosas han ido bien, a ninguna Ejecutiva de ningún partido grande o mediano se le ha ocurrido consultar a la militancia acerca de la decisión a tomar en un asunto concreto. Volvamos nuevamente a recordar el art. 6 de la CE y echémonos unas risas a cuenta de ese precioso —e incumplido— artículo de la muerta.

Pero empecemos por el final (o no). La dimisión de Pedro Sánchez del cargo de secretario general de su partido era algo bastante anunciado. No tan rápido como hubiesen querido diarios como ABC, que desde hacía un mes le ahorcaban en efigie todos los días. Nunca faltaba un editorial o un artículo de opinión que aseverara que Pedro «tenía que irse para así facilitar la abstención y dar paso a un Gobierno de Mariano Rajoy». Espero que Mariano les pague generosamente la campaña que le han hecho (aunque viendo cómo se la pagaron a Intereconomía, más vale que pongan sus barbas a remojar). Claro que cuando, siendo socialista, ya pierdes hasta el apoyo de El País, digamos que el asunto se pone muy feo.

La marcha de Pedro Sánchez —que podría acabar en el Grupo Mixto si se ponen a olvidarlo— deja al partido muy malparado y, sobre todo, partido en dos. Quizá la Gestora que han organizado consiga acercar («coser» es el verbo que más se conjuga en estos días en Casa Ferraz) las posiciones de cada facción y puedan presentar para el 18-D (salvo milagros de última hora, en mi opinión es posible que tengamos que ir a votar con abrigo y mitones) un candidato al que le puedan partir la cara con alguna dignidad. Porque ése es el primer problema del PSOE en la etapa de Sánchez: el palmarés electoral. Pedro Sánchez ha conseguido superar… por abajo… a Rubalcaba, nada menos. Y en cada cita electoral ha ido perdiendo sufragios. Lo cual, naturalmente, pone muy nerviosos a los gerifaltes. Y las perspectivas no son nada halagüeñas para diciembre.

El cambio era esto (I)

Una breve mirada al circo nacional me ha llevado a darme cuenta de que en todo este paripé con el que llevamos tres meses y dos días (por hoy) a dos de sus payasos hay dos palabras que no se les caen de la boca: el “cambio” y el “progreso”, con sus variantes. Bueno, eso y que los dos quieren finiquitar con un “gobierno de cambio y de progreso el gobierno de Mariano Rajoy“.

En alguna entrada anterior hemos hablado de que lo que tiene Pdr Snchz no es exactamente “ambición”, sino necesidad de ser Presidente. Recuerda a cierto gag en un programa que presentaba en tiempos —fíjense si hace de ello— Silvia Tortosa. En ese gag intervenían la citada presentadora y Bigote (hoy «Edmundo») Arrocet. Si no recuerdo mal, el humorista hacía su entrada en tromba en escena. Silvia le preguntaba: «¿Pero dónde vas tan deprisa, Bigote?»:

—Huy, Silvita, mira lo que me han hecho (y aquí contaba una retahíla de desgracias que unos malos le habían causado).

—¿Y te vengaste?

—¡Cómo! Es que si no me vengo, me matan.

Pues ése es el punto de Pdr Snchz. Susana Díaz sigue afilando la cuchilla noche tras noche. El consejo que parecen haberle dado es “paciencia y barajar”. A pesar del apoyo de C’s, sabe que está sentada sobre el polvorín de los EREs, aunque la juez asignada al caso le está echando bolaños en desbrozarle el camino, sin duda. Si fuera Alaya, Susana podría echarse a temblar. ¿Pero qué es un juez molesto por cumplidor de su deber, que es aplicar la ley le toque a quien le toque, inmune a los insultos y amenazas de los matones del sindicato? Para el español medio, un milagro; y para el CGPJ, al que desde 2012 y gracias a Gallardón nombran los políticos en su totalidad, una cagada de mosca en una ventana. No ha costado nada que ella misma pidiera el traslado a la Audiencia Provincial… porque es que ya estaba jodiendo mucho.

Por si faltara algo, la vieja guardia no está a favor de Pdr Snchz. Pero llegan tarde. Lo mejor que pueden hacer es mutis por el foro, como Alfonso Guerra. El mismo que, después de tronar durante años contra la derechona, se fue en silencio porque los jóvenes ya no le escuchaban. Y porque gracias a la educación que promovieron, sus jóvenes son ahora más radicales, tanto en el trinque como en la revolución. Y tan radicales son que algunos se han ido a Podemos porque lo del PSOE ya les sonaría a “carcundia” y “hay que renovarse, chaval”. Choca bastante ver a Rodríguez Ibarra, en tiempos el bellotari, escribir una Tercera en ABC, igual que choca ver a Corcuera meterle zascas y con razón al burguesito de Alberto Garzón. Pero el tiempo es lo que tiene: que no perdona a nadie y que nos quita la tontería de encima.


 

Sainete en Ferraz

Bien, pues ya ha terminado el sainete de Ferraz, subtitulado «Il bello, il brutto, il cattivo» (o si quieren, «el guapo, el feo y el malo»). Ha habido en Ferraz un proceso, que han llamado de «primarias», al que se han presentado tres candidatos nada menos. Cuesta creer que con lo maltrecho que anda ese partido a nivel general haya tres personas que quieran dirigir el cotarro socialista. Sigue leyendo