¿Traspaso de poder?

Pasan las semanas y volvemos al ruhig fließender Bewegung y a la Lo único que ha parecido agitar un poco el panorama ha sido el acto de Vox en Vistalegre, donde al parecer hubo un llenazo total. No hace tanto que C’s provocaba el mismo efecto, si bien ahora que ya han sido fagocitados por el sistema (no en vano Rosa Díez le llamaba «el niño bonito del Ibex-35») el naranja ha quedado un tanto deslucido. Todos los partidos del sistema han tomado una postura: unos (C’s) «no hablan» y otros (representados por Carmen la egabrense: bendito D. Adolfo Muñoz Alonso, que nos abrió una vía al insulto fino) hablan de «extrema-extrema derecha». Lo malo es que, en realidad, todo son etiquetas para uso de tontos. Porque eso es lo que unos y otros (o hunos y hotros) nos consideran.

Por lo demás, el hecho más relevante que se ha producido en estas últimas semanas es un cierto traspaso de poder: Pablenin ha recibido de manos de un cada vez más menguante Sànches la llave de la caja de los dineros. Vamos, que el primero le ha dicho «Me aprobarás estos presupuestos si quieres comer el turrón este año en Moncloa». Y el otro, que tanto sabe de negros, ha dicho: «Sí, bwana». Es todo un acontecimiento, pues ya vamos camino de la revolución socialista: primero gastas hasta lo que no tienes porque hay mucho. Todo sea por cargarse la gran obra de Franco, que no fue el Valle, sino la clase media. Sí, esa clase media con un sueldo decente, piso en propiedad y vacaciones pagadas. Y luego, como hay poco o casi nada después de lo robado/gastado, hay que racionar lo que quede. El máximo logro de la revolución es, pues… la cartilla de racionamiento. O, dicho de una forma menos amable: «En tiempo de rojos, hambre y piojos». Quizá C’s y PP, dentro de la burbuja política, consigan detener la aprobación de esos presupuestos comunistas, como alguno los ha llamado ya. Y de aquí al Plan Quinquenal, donde todo tenía su precio menos la vida de la gente, un paso, nen. Apriétate el cinturón un poco más, que ya llegamos.

Miren que esto es un baile de máscaras. Parece ser que todo cambia menos una cosa: la ingeniería social. Que la lleva adelante la izquierda y la derecha (recordemos la última frase de Rebelión en la granja), inclinando graciosamente la cabeza. Según veo, eso es lo único que va hacia delante, porque los hunos lo mandan y los hotros lo permiten porque, a fin de cuentas a ellos no les va a afectar. Los abortos se siguen practicando bajo el mando de hunos y hotros, porque son un «derecho», pero sobre todo, un negocio boyante. Y la aprobación de leyes eutanásicas mientras la presunta derecha hace una graciosa reverencia a la izquierda abre también un nicho empresarial (dicho en pedante) y muchos nichos más para los que seguramente ya «sobramos». Todo sea por el negocio.

Y con la mano de Podemos en la caja de los dineros… y una oposición blandengue, que se deja llamar «extrema-extrema-derecha» con una sonrisa estúpida en la cara (piensen en Cuco, personaje de Torrente 2), sigue ese movimiento incesante y la cháchara insulsa. Pero al igual que en el movimiento sinfónico de Mahler, en algún momento llegará el grito de angustia. Para entonces, un servidor espera que las cosas tengan aún remedio.

 

«Spain Weekend Congress»

Ha sido este último fin de semana uno de congresos de partido. El PMR (antes conocido como PP) y hoy más PMR que nunca) ha hecho el suyo y los Pablemos boys también, intentando contraprogramarse. Que lo hayan conseguido o no, no es el debate. Para explicar la conclusión a la que yo he llegado de los congresos, tanto en uno como en otro caso, acudiré a la química y les recordaré que el sodio, en estado puro, explota al contacto del aire. De igual modo, la democracia interna de los partidos sigue en estado estable: es decir, ninguna. Nada de «una persona, un voto». Sigue en el PP el sistema de compromisarios, algo parecido a los superdelegados del sistema americano —que allí tiene algo más de sentido porque su censo electoral es varias veces el nuestro—. Sigue Cospedal con su tradición de cobrar mucho de varios sitios a la vez. «Ya hice losh cambiosh hace un año», dice, campanudo, Rajoy. Pero Rajoy ha conseguido lo que buscaba: revalidar sus tesis a la búlgara —lejos del poder hace mucho frío— y regularizar in extremis la «situación democrática» del Partido convocando el congreso, pues el plazo estatutario para convocarlo reglamentariamente había caducado hacía bastante tiempo.

Por lo que hace a los Pablemos boys, después de toda la matraca que nos han dado con Vistalegre II, resulta que su líder sale reforzado, aunque no a la búlgara. Errejón ha sido desarbolado por ahora, pero un servidor no cree ni por un momento que se haya enterrado el hacha de guerra. La defección de Bescansa —esperemos que no producida tras una ingesta masiva del laxante que venden en la digna cadena de farmacias que su familia regenta— ha sido un toque de atención. Quizá al final ha ocurrido lo que alguno ha dicho: que ya tiene bastante con el niño al que paseó en las sesiones constitutivas de la anterior legislatura y que no tiene intención de mediar en peleas de niñatos bien. No queda muy claro el futuro de la formación violeta.

En cuanto al desarrollo de los congresos, un servidor de ustedes tiene la sensación de que ha sido bastante parecida. Sí, la dialéctica es distinta: en un caso (PMR) se trata de «mantener lo conseguido» (el poder) y de «seguir avanzando por la senda socialdemócrata» (traducción: seguir friendo al respetable a impuestos y en hacer el PMR tan indistinguible del PSOE que cueste votar a uno o a otro). Y en el otro, recuperar la argumentación comunista de los años veinte y «cazar al fascista», que entonces era el campesino rico, el sacerdote, el terrateniente… y a los que últimamente han añadido a aquellos que, simplemente, están orgullosos de pertenecer a su país.

Como sea, estoy casi seguro de que el desarrollo de los congresos se ha parecido a esto:


La guinda final, esta vez, pertenece a Rafael Hernando por derecho propio. Es, al mismo tiempo una declaración de grouchomarxismo y de amor a su líder: «Mantener principios inquebrantables te convierte en una opción inútil». Por tanto, por un lado acepta que «si no le gustan mis principios, tengo otros (o acepto los de usted)». Por otro, «el Jefe siempre tiene razón, y si cambia de principios, nosotros debemos cambiar con él».

Para esto ha quedado un partido de gobierno que no quiere enfrentarse a los principales problemas de la Nación..

Giro a… (y III)

Quítate tú pa ponerme yo

Y mientras en una de las pistas de este circo suena esa zalema, en otra de esas pistas está sucediendo también algo raro. Hablábamos en la entrada anterior de Tania Sánchez, concejala de Rivas-Vaciamadrid por IU y first lady de Pablo Iglesias. Parece ser que ha habido primarias y se presentaban tres candidaturas: la suya y dos más. Pues bien: dado que en esas primarias podían votar tanto militantes como simpatizantes, el resultado no se ha hecho esperar: ha ganado la candidatura de Sánchez. Ha sido muy sencillo: dada la regla anterior, ha bastado con hacer pasar como simpatizantes de IU a simpatizantes de Podemos, en número de 8.000 para que Sánchez se alzara con el triunfo.

Todo lo cual, si se repite en más Ayuntamientos, apuntaría a una estrategia de Podemos para dar a IU el abrazo del oso; o dicho técnicamente, en propiciar una fusión por absorción. IU representaría una especie de contradicción: no se puede ser burgués y sostener al mismo tiempo la ortodoxia comunista. Podemos representaría esa ortodoxia vestida con la pátina (hoy ya un poco desdibujada) de la autenticidad. IU como proyecto estaría agotada por aburguesamiento y presuntamente Podemos vendría a salvar ese tarro de las esencias de la izquierda. No es de extrañar que Cayo Lara, no queriéndose sumar a las voces que dentro de su propio partido abogan directamente por pactos o fusión con Podemos, saltara del tren en marcha. Como les decía al principio de este párrafo, si esto ocurre en más Ayuntamientos, IU puede darse por finiquitada.

Queda aún una segunda incógnita. Si Podemos fagocita a IU, ¿es factible que se contente con ser solamente la izquierda auténtica o, por el contrario, aspire a ser la izquierda única? Si la realidad se decanta por la segunda opción, ya pueden Sánchezstein y su patrona poner las barbas a remojar, pues su situación no es precisamente para echar cohetes: un partido carcomido por los escándalos de corrupción, aunque vayan explotando de forma escalonada en el tiempo, no es lo que el electorado entiende como una verdadera opción de gobierno. Ninguno de los dos grandes partidos, afectados ambos por tupidas tramas de corrupción (con todos los matices que se quieran) lo sería. Podemos, en cambio, aún puede dar la sorpresa porque es el partido de los descontentos tanto de la izquierda como de la derecha (y en este caso mucho más que VOX, a pesar de la propaganda genovesa) y porque todavía no se le han descubierto demasiados pufos. Aunque apuntan maneras, eso sí.

Giro a… (II)

Por si lo anterior no bastara, la última incorporación al staff directivo de Podemos, Juan Torres López, destacado economista conectado anteriormente con IU, ha revisado el antiguo programa económico de la formación y ha impuesto unas más que curiosas correcciones. Uno no puede dejar de acordarse de Animal Farm de Orwell y de la corrección del último mandamiento de los aninales: «Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros». Así, ahora esa famosa «renta básica» ya no es «para todos».

Taqiyya roja

La razón no puede ser otra que el márketing. Resulta que como a la formación la han pillado con el carrito de los helados, Pablemos ya no puede ser el émulo del incorruptible Robespierre. Los españoles, pese a lo que piensan nuestros políticos, no somos tontos ni tenemos unas tragaderas en las que entra de todo (aunque son grandes, sin duda alguna). Y unos cuantos nos hemos empezado a preguntar qué es lo que Pablemos traía en la mochila, más allá del discurso del cabreo. A partir del descubrimiento de la financiación iraní-venezolana (cherchez l’argent) y la constatación de que los regímenes políticos que mandan el dinero son cualquier cosa menos «democráticos», saltan las alarmas.

Para paliar el demoledor efecto de los hechos se han agenciado a un señor que prácticamente lo que les ha venido a recomendar es que moderen su discurso radical porque con él no van a vender ni un chupete. La cuestión es que no lo hacen tanto por convicción cuanto por táctica o estrategia electoral. Eso ya nos suena más a conocido: decir a la gente lo que ésta quiere oír en cada momento o, simplemente lo conveniente para seguir manteniendo el tirón en las encuestas. Se trata, en definitiva, de generar un discurso que al mismo tiempo sea inequívocamente de izquierdas y además vendible para no espantar al grueso de su electorado potencial, que habría comprado en principio ese discurso del cabreo pero no los remedios de la abuela marxista.

Ah, pero tenemos un problema: que en España eso ya está inventado. Se llama socialdemocracia. La misma socialdemocracia que profesan de corazón los grandes partidos. Sí, ésos que hasta hace cuatro días eran «casta», con todos los adjetivos que los simpatizantes de Podemos les han colgado. Así que ahora la pregunta que se plantea es si ese «giro socialdemócrata» es asumido conscientemente o se trata simplemente de una pantalla para evitar que los llamen lo que hasta ahora no han tenido reparo en admitir: a saber, que son comunistas y por tanto, totalitarios. Eso ya «no mola» porque, como hemos dicho antes, no es vendible.

En mi opinión eso les ha llevado a embarcarse en una especie de «operación seducción» o taqiyya. La taqiyya es una práctica musulmana consistente en abjurar de la religión musulmana de labios para afuera cuando se considera que peligra la vida del creyente o de sus familiares en territorio hostil. Aquí la finalidad sería un tanto diferente, aunque el comportamiento es sustancialmente el mismo. Seguro que ustedes ya lo han leído u oído. No, no son comunistas, sino «bolivarianos». No, no van a cerrar los medios de comunicación no afines. Creen en la libertad de expresión. Eso lo dijo su Querido Líder en un calentón y todos cometemos errores, claro está. Y así lo demás. El problema es que es complicado tratar de ponerse la piel de oveja cuando te han visto ya los colmillos.

Giro a…

La vida siempre depara sorpresas, como dice Pedro Navaja. Y en política mucho más. Poco íbamos a imaginar ustedes hace apenas un mes y yo que la estrella antes ascendente de Podemos iba a sufrir unos cuantos frenazos. Esta semana que hoy termina y la anterior pueden ser consideradas por la dirección de ese partido como quincena horribilis. Hagamos un recuento somero.

Los 62 de Pablemos

El primer acontecimiento importante al que hay que referirse es a la elección de la cúpula dirigente. Elegida al parecer en olor de multitud proletaria, se presentaron varias candidaturas, pero la que salió adelante fue la de los 62 de Pablemos. Incluso fue bendecida por la presencia del mandamás de Syriza, Alexis Tsipras, quien no me cabe la menor duda de que cuando tenga que convocar elecciones internas en su partido tomará de ejemplo el modelo español. En realidad todo el proceso recuerda a cierta frase de Stalin: «Basta con que el pueblo sepa que hubo una elección. Los que emiten los votos no deciden nada; los que cuentan los votos lo deciden todo».

La beca

Sigamos. Todo parecía sonreír al líder de Podemos. Incluso sus trolos estaban más crecidos que nunca en las redes sociales. Y vino la primera en la frente: nos enteramos al poco de ser elegida tan democráticamente la directiva de Podemos que uno de sus miembros, Íñigo Errejón, ha sido pillado de marrón. Este muchacho está cursando un doctorado por la Universidad de Málaga, para el cual ha recibido una beca. Hasta aquí, todo normal. Sin embargo, no lo es tanto cuando se toman en consideración los siguientes aspectos:

  1. el doctorado versa sobre «la situación de la vivienda en Andalucía». Uno se pregunta si eso tiene alguna utilidad práctica; y en caso de que la tenga, cuál es. De otro modo recordará y mucho a esos informes que el Tripartit encargaba sobre «l’origen de la sardana» o el «seguimiento de las rutas oceánicas de la sardina brillante», de dudosa utilidad pero muy bien pagados.
  2. la cuantía de la beca: nada menos que 1.800 euros al mes. Ya quisieran algunos investigadores en proyectos infinitamente más serios disfrutar de una beca de ese calibre en vez del mileurismo raspado al que se ven abocados por los famosos «recortes universitarios».
  3. La concesión de la beca: de la información que se dispone hasta el momento, parece que la beca se ha creado ad hoc. Es decir a medida del concesionario de la misma y prácticamente sin publicidad, de manera que no era posible otorgarla a nadie más. La única manera de no obtenerla hubiera sido no aceptarla.
  4. El carácter de la beca: para ser abonada, el trabajo debía ser realizado no online, sino de forma presencial. Obligación que al parecer Errejón no cumplió, por mucho que se desgañite su director de tesis en afirmar lo contrario. Debía estar en Málaga y no en Madrid. Dicho en plata: Errejón cobraba la beca sin siquiera tener la decencia de presentarse en Málaga a firmar por lo menos que había estado allí.
  5. Si no fuéramos malpensados, diríamos que el hecho de que su director de tesis pertenezca también a Podemos no ha tenido nada que ver en ninguno de los cuatro anteriores apartados.
  6. Por último y no menos importante, la percepción de la beca es incompatible con la realización de otros trabajos remunerados, que Errejón sí realizó para su partido. Negocio redondo, pues. El Niño se lo ha montado de lujo.

Negocios familiares

Ésta es la parte más reciente del tema que tratamos. También nos hemos enterado de que en Rivas-Vaciamadrid pasan cosas pero que muy raras. Ayuntamiento gobernado por IU en un pueblo reconstruido desde la primera piedra hasta la última por Franco tras la guerra (la historia presenta estas incongruencias). Cierta concejala de dicho Ayuntamiento, Tania Sánchez Melero, que oficia además de first lady de Pablemos, ha sido también pillada de marrón a cuenta de unos dinerillos que ganó a cuenta de la venta de un piso de protección oficial que le ¿otorgaron? El beneficio de la venta asciende a 50.000 euros, a reserva de lo que diga Montoro sobre ese particular. Para entendernos: el doble de lo que cobra un proletario mileurista al año.

Habrá que ver cómo termina la madeja, pero la defensa en ambos casos ha sido la misma que podría haber empleado Rajoy: «Inshidiash». «¡Esto es una conspiración y una campaña contra mi persona y mi partido!», truenan. Incluso el propio Pablemos, perdiendo reflejos y algo más, acusó de «machismo» a una periodista por preguntarle ─haciendo su trabajo─ acerca de esas molestas complicaciones. Vamos, que un poco más y acusan de sus desgracias al «contubernio judeomasónico internacional».

Dijérase que a Pablemos se le ha acabado no sólo salir a hombros de la plaza televisiva, sino entrar en ella de la misma manera. El diestro no quiere salir a torear si no le afeitan el morlaco (o sea, con preguntas pactadas). El presentador de La Tuerka ve, incómodo, cómo se le observa con lupa y en función de ello, cómo le van apretando las tuerkas.