Giro a… (y III)


Quítate tú pa ponerme yo

Y mientras en una de las pistas de este circo suena esa zalema, en otra de esas pistas está sucediendo también algo raro. Hablábamos en la entrada anterior de Tania Sánchez, concejala de Rivas-Vaciamadrid por IU y first lady de Pablo Iglesias. Parece ser que ha habido primarias y se presentaban tres candidaturas: la suya y dos más. Pues bien: dado que en esas primarias podían votar tanto militantes como simpatizantes, el resultado no se ha hecho esperar: ha ganado la candidatura de Sánchez. Ha sido muy sencillo: dada la regla anterior, ha bastado con hacer pasar como simpatizantes de IU a simpatizantes de Podemos, en número de 8.000 para que Sánchez se alzara con el triunfo.

Todo lo cual, si se repite en más Ayuntamientos, apuntaría a una estrategia de Podemos para dar a IU el abrazo del oso; o dicho técnicamente, en propiciar una fusión por absorción. IU representaría una especie de contradicción: no se puede ser burgués y sostener al mismo tiempo la ortodoxia comunista. Podemos representaría esa ortodoxia vestida con la pátina (hoy ya un poco desdibujada) de la autenticidad. IU como proyecto estaría agotada por aburguesamiento y presuntamente Podemos vendría a salvar ese tarro de las esencias de la izquierda. No es de extrañar que Cayo Lara, no queriéndose sumar a las voces que dentro de su propio partido abogan directamente por pactos o fusión con Podemos, saltara del tren en marcha. Como les decía al principio de este párrafo, si esto ocurre en más Ayuntamientos, IU puede darse por finiquitada.

Queda aún una segunda incógnita. Si Podemos fagocita a IU, ¿es factible que se contente con ser solamente la izquierda auténtica o, por el contrario, aspire a ser la izquierda única? Si la realidad se decanta por la segunda opción, ya pueden Sánchezstein y su patrona poner las barbas a remojar, pues su situación no es precisamente para echar cohetes: un partido carcomido por los escándalos de corrupción, aunque vayan explotando de forma escalonada en el tiempo, no es lo que el electorado entiende como una verdadera opción de gobierno. Ninguno de los dos grandes partidos, afectados ambos por tupidas tramas de corrupción (con todos los matices que se quieran) lo sería. Podemos, en cambio, aún puede dar la sorpresa porque es el partido de los descontentos tanto de la izquierda como de la derecha (y en este caso mucho más que VOX, a pesar de la propaganda genovesa) y porque todavía no se le han descubierto demasiados pufos. Aunque apuntan maneras, eso sí.

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