Lampedusa (y II): El futuro próximo del PP


Pues nada. Ya tenemos a Feijóo de presidente del PP. La pregunta incómoda, por supuesto, la ha formulado uno de los lares, manes o penates del PP, José María Aznar (tal vez con razón en este caso): «Oigo decir que hay que ganar para que llegue no sé quién a La Moncloa, pero la pregunta es para hacer qué». Aunque la pregunta se hace en el contexto del PP, vale para cualquier partido, especialmente si tiene posibilidades de llegar.

Digamos que esa pregunta tiene fácil respuesta en la izquierda: destrozar España hasta en sus símbolos (no digamos su historia y su esperanza). La siguiente pregunta podría ser ésta: ¿lo hacen motu proprio o porque se lo han ordenado? ¿Acaso George Soros tiene comprados a todos los cargos clave en todos los partidos (y especialmente en los «dos mayores»)? ¿O es cosa de la Logia, de la que ni siquiera los presuntamente más «valientes» (mode ironic on) se atreven a hablar?

En el PP la respuesta es más complicada, pero quisiera recordar la advertencia del obispo Reig Pla. Es de 2014, pero probablemente siga estando de actualidad:

Ha llegado el momento de decir, con voz sosegada pero clara, que el Partido Popular es liberal, informado ideológicamente por el feminismo radical y la ideología de género, e «infectado», como el resto de los partidos políticos y sindicatos mayoritarios, por el lobby LGBTQ; siervos todos, a su vez, de instituciones internacionales (públicas y privadas) para la promoción de la llamada «gobernanza global» al servicio del imperialismo transnacional neocapitalista, que ha presionado fuerte para que España no sea ejemplo para Iberoamérica y para Europa de lo que ellos consideran un «retroceso» inadmisible en materia abortista.

Hoy difícilmente encontraremos una voz en el seno del PP que se oponga frontalmente a esta dirección de sus actuaciones. Tal vez en privado haya alguien, pero ya se sabe: «yo te lo cuento, pero tú ni me menciones». Aún es posible recordar cómo Rajoy, de luctuosa memoria para ese partido, expulsó (en puridad, les eliminó de los puestos de salir en las listas electorales de 2015) sin despeinarse a cinco diputados provida por romper la disciplina de voto en una reforma cosmética de la ley del aborto.

Dicho lo anterior, sigue en pie la pregunta: ¿para qué quiere llegar Feijóo a la Moncloa: para mandar o para gobernar?

Los antecedentes no son muy buenos, la verdad. Antes de ser líder nacional del PP, tenemos a Feijóo presidiendo a Xunta de Galicia en una especie de marcha triunfal, encadenando mayoría absoluta tras mayoría absoluta. Al igual que ocurría en Valencia en la época de Rita Barberá, los candidatos de los demás partidos eran los elegidos para estrellarse contra el del PP, ya se tratara de Fernández Albor, Fraga o quien nos ocupa (con los intervalos de González Laxe y Pérez Touriño y su bipartito).

Aquí hemos de matizar un poco. Antes de dar el visto bueno a Feijóo, hemos de recordar una cosa: este señor es un nacionalista pujolista. Trayendo causa de la política que impuso Fraga en materia lingüística, copiada hasta en las comas de la Llei de Normalització Lingüística catalana de 1983 (y todo porque el «clan de Valladolid» le retiró a Perbes forzosamente, para que no pudiera ejercer «ni tutelas ni tu-tías»: el rencor en política es cosa grande), Feijóo se aplicó a la tarea al modo Pujol: en Santiago falamos galego porque somos da terra e patria galega. Y en Madrid hablamos castellano «para que nos entiendan».

Esto tiene su por qué. Entregada la educación a los nacionalistas gallegos (los del BNG o bloqueiros, como se les conoce allí), la fabricación de votantes nacionalistas ha crecido como la espuma. Si quieren más referencias y más exactas, podrán encontrarlas en el blog de Elentir, que ha denunciado la mayoría (si no todas) las cacicadas de los gobiernos de Feijóo no tanto en favor de la lengua gallega cuanto en contra de la castellana.

El hecho es que el desgaste amenazaba a un partido con tantos años de gobierno. Por eso Feijóo (bueno, por eso y para que no le salpicara la marcha al infierno del PP nacional, que ahora dirige) alzó su mirada al cielo y clamó: «¡Eu son máis nacionalista que ninguén!», adelantando a los bloqueiros por la izquierda. Y se dedicó a profundizar en la política lingüística nacionalista. No invita a queimada, ni a polbo a feira, ni pronuncia conxuros, que eso es caro (ríanse de los rácanos de los catalanes). Pero sí promulga días en galego, de la misma manera que en otras partes se promulgan «días sin humo». Aclaremos el matiz: «días en galego» quiere decir «días sin castellano».

Lo cual ha cogido un cierto vuelo, pues no hace muchos días Elías Bendodo, a la sazón consejero de Presidencia, AA.PP. e Interior de la Hunta d’Andalucía, ha definido a España como un «Estado plurinacional». Supongo que el alma progre del PP, la que está dispuesta siempre a rendirse a la pesoe, habrá aplaudido con las orejas. La votancia del PP se habrá quedado sorprendida y la militancia, probablemente en no pocos casos, avergonzada.

Repetimos la pregunta a Feijóo, pero esta vez con el estribillo de Burning: «¿Qué hace un chico como tú en un cargo como éste?». Si va a seguir la política de sus predecesores de pactar y repartir con la pesoe, que a su vez pacta y reparte con los enemigos jurados, bien subvencionados, confesos (y en algunos casos condenados judicialmente) de España, mejor olvidarle y seguir esperando a alguien que «she ocupe de lo que de verdad interesha a losh eshpañolesh» (sí, Mariano: nos acordamos de lo mucho que prometiste «bajar impuestos» en campaña y luego, una de las primeras cosas que hiciste al llegar a Moncloa fue subirlos, con las aclaraciones de Soraya Simpson). Lo mismo se diga de las políticas con las que, de acuerdo con la pesoe o motu proprio, trate de debilitar los lazos entre los distintos territorios de España.

Porque si es para eso, el título de esta doble entrada está plenamente justificado: «cambiar todo para que nada cambie». Y, de verdad: dicho en castellano viejo, Alberto, «para este viaje no hacían falta alforjas».

* * *

Ayuso, por fin, ha celebrado su congreso en que ha sido elegida presidenta del PP madrileño por aclamación y no ha tardado en pasar el bieldo: parece que se ha cargado al 80% del organigrama anterior (a unos por tibios, indiferentes o enemigos emboscados y a otros por francamente enemigos) y ha rellenado los puestos vacantes con caras nuevas. Vamos a ver en qué para esa renovación casi total y no mero lavado de cara.

* * *

Quizá dediquemos una entrada al affaire Olona, pero déjenme adelantar una cosa. La impresión que a mí me da en este asunto es que a Macarena Olona le han hecho un promoveatur ut amoveatur. Me explico. Parece ser que Macarena estaba cogiendo gravedad y peso específico en Madrid: sale en los medios, éstos se pelean con ella, ella se faja contra todos sin arrugarse un mohín porque no es una acomplejada… y, parafraseando a Santiago Abascal, «se le estaba poniendo cara de Vicepresidenta… del Gobierno». Pueden encontrarle ustedes todo el parecido que quieran con Soraya Sáenz de Santamaría, también mujer y Abogada del Estado. En suma: se estaba convirtiendo en un árbol frondoso cuya sombra tapaba a otros árboles más pequeños.

Así que en VOX alguien ha decido «promoverla para apartarla» (que es lo que significa el latinajo que citamos al principio de este «trozo»), costumbre en la Iglesia cuando alguien molesta o hay que apartarle con suavidad. O se le da la patada… pero hacia arriba. La cuestión era conseguir que fuera Vicepresidenta… pero no en Moncloa, porque al parecer hay personas que aspiran a ocupar ese cargo, con lo que el arreón de Olona perjudicaría sus «aspiraciones». Por no hablar de los nervios que Olona provocaba en el sector rojo (y dentro de él, el subsector feminazi) dada su falta de complejos y capacidad de contraataque. Así que entre todos han decidido mandarla más abajo de Despeñaperros, para que moleste un poquito menos y deje de poner en evidencia la inanidad (y/o enanidad) de sus detractores y enemigos (dentro y fuera de su partido). El tiempo dirá si un servidor de ustedes tiene razón o no.

Gotas que me vais dejando...

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