Sic transit


Ha muerto Rita Barberá de repente y nadie sabe cómo ha sido. Pero no se crean que esta entrada vaya a ser un panegírico a su memoria. Eso lo dejo a su familia y a aquellos que la conocieron bien. Lo que me interesa destacar aquí son los hechos, hasta donde uno puede tener conocimiento de ellos; y sobre todo, las reacciones, algunas muy llamativas.

De entrada y como dicen los pedantes que usan un extranjerismo para tapar su nulo dominio del español, hay que poner en valor (fíjense el trecho que va de put in value a considerar) los 24 años que Rita Barberá estuvo al frente del Ayuntamiento de Valencia. La ciudad de Valencia, para bien o para mal, es lo que es hoy gracias a Rita Barberá. Que la izquierda troglodita que hoy gobierna allí no lo quiera reconocer… bueno, es como no reconocer que un señor que estuvo 39 años en el poder no dejó una huella profunda en la nación que dirigió y llamar a su mandato «los llamados años». Igualito que Fernando VII respecto del trienio constitucional-masónico.

Pero nuestra izquierda es así: no le importa darse de puñetazos con la realidad. Y tampoco con la coherencia. De hecho, si tanto tienen que criticar a la difunta, ¿por qué no se largaron de Valencia mientras ella fue alcaldesa? Es el mismo reproche que se les puede hacer a los comunistas cuando empiezan con su discursito —que ya hiede— de «España-mierda–de-país». ¿Por qué no se largan de una vez a Cuba o Venezuela, esos paraísos cuyas alabanzas cantan sin cesar? Los Baldoví, el valencià de Terrassa Joan Ribó, los Ximo Puig… ¿qué hacen que no se fueron de Valencia mientras Rita iba ganando todas las elecciones y todos los candidatos de la oposición se estrellaban contra ella?

No obstante, el ejercicio más impresionante de hipocresía al que hemos asistido en estas últimas horas es el de sus excompañeros de partido. Los que por 50.000 euros blanqueados —en su propio partido hay gentuza que ha robado mucho más— la defenestraron hoy ponían cara de felpudo doliente y decían con voz campanuda «el Partido fue su vida». Y su muerte, podríamos decir. Es de vergüenza. Si por Rita Barberá se ponen así de estupendos, ¿qué no harán por Francisco Granados o Francisco Correa cuando la parca llame a su puerta?

Quizá sea por eso que la familia ha prohibido expresamente la asistencia de políticos al funeral. Y muy especialmente a Mariano Rajoy, que ha visto cómo se le escapaba la ocasión de hacerse la foto, vicio en el que caen los políticos tan a menudo. «¿Cómo? ¿Que no me dejan ashishtir al entierro de Rita? Pero shi le debo todo lo que shoy deshde 2007… Desagradecidosh, deshpuésh de haberla blindado como shenadora…».

El numerito de los de Pablenin boys es para recordar el dicho español de le dijo la sartén al cazo. Se invisten de una impostada superioridad moral y pretenden que nos olvidemos de dónde salen sus dineros y las pifias que han perpetrado algunos, perteneciendo a Podemos o incluso antes de pertenecer a esa formación. Y luego, para que Ana Pastor simplemente los echara del hemiciclo. Pero claro que no: ¿con quién iba a coleguear Mariano si la Presidenta del Congreso echa a sus coleguitas?

Pero lo más «interesante» de este asunto es lo conveniente que ha resultado su muerte. Ateniéndonos al dicho «en política las casualidades no existen» y según el grado de maquiavelismo alcanzado en la política nacional, imagínense ustedes. Cospedal podría pasar de «profeta» a «sospechosa» sólo por haber dicho hace nueve meses que, «con el acoso que está sufriendo, Rita Barberá podría morir de un ataque al corazón». Demos un paso más en nuestra imaginación e imaginemos que Rita Barberá, ante los desplantes, el desprecio y el ninguneo «por orden superior» de sus antiguos compañeros de partido, hubiera tomado la decisión de tirar de la manta, expresión de moda en los Juzgados y Tribunales. No era una persona que le arredrase cualquier cosa y, tal vez, sintiendo que no tenía nada que perder, era el petardo que le quedaba para poder decir: «Yo he hecho cosas feas, pero éstos que voy a decir, mucho más». Y antes de que lo diga, ¡zas! Un muy conveniente ataque al corazón se la lleva por delante. Entre todo lo que puede haber sentido Mariano seguro que no falta el alivio.

Y luego, lo de siempre: los que ponen cara de felpudo doliente habiendo ordenado su ostracismo, los que montan el numerito… El follón es impresionante y nadie sabe muy bien qué ha ocurrido. Pero como todo el mundo estaba pendiente de Trump-Trump-Trump y aquí, en esta última semana, del primer concierto de la Pantoja después de salir de la trena (otra que por mucho menos que otros ha pringado mucho más), los detalles del asunto pasan desapercibidos. Como lo del extraño robo de información en la Red Floridablanca (mi convicción personal es que fueron los chicos de Soraya, tan eficientes ellos). Total, que al final unas noticias como ésta o ésta no importan a nadie. Mucho menos aún los propósitos del nuevo Gobierno. Ya saben que el Gobierno sólo dice la verdad cuando ha de dar malas noticias. Y como mal rollito ya lo tienen o en el trabajo o en su casa, sólo quieren la diversión y el entretenimiento completo por el que clamaba Beatty, de Fahrenheit 451.

Dejen que ponga una nota final de insolidaridad. Rita Barberá era lesbiana y toda Valencia lo sabía. Nada tendría eso de particular si no fuera porque no tenemos noticia de que ningún colectivo LGTBI (Arcopoli y similares) ha manifestado condolencia alguna por el deceso. Resulta que si no eres «de izquierdas» no eres «de los suyos». Ni siquiera entre ellos son capaces de mostrarse piedad.

En cualquier caso y dado que somos católicos, descanse en paz Rita Barberá i Déu l’hagi perdonada

Actualización

Vean ustedes la prueba del trato que dispensó el PP a su ex-militante. Es como esos anuncios de crecepelo de «antes y después», si bien aquí el protagonista es el Hernando malo (el otro, Antonio, es el «peor»)…

“Dignidad” ante la blasfemia (II)

Pero el cuadro más lamentable, naturalmente, no es el del hecho en sí. El cuadro más lamentable es el de las reacciones ante el hecho. Veamos.

La autora dice que «no quería ofender con su poema». Eso es como si a uno le dan un puñetazo y después, mientras a uno le sangra la nariz, le presentan excusas: «Perdona, no quería hacerte daño». O aún peor, como hace la izquierda paternalista y condescendiente, «es por tu bien». Todas las demás explicaciones que da la autora no son más que humo bioideológico feminista y poco más. Lo mollar del asunto es que se permitió con plena conciencia de lo que iba a suponer.

La flamante (o flamboyante) alcaldesa de Barcelona se agarra al manido argumento de la «libertad de expresión». Pero ya sabemos que la libertad de expresión, en el progrerío, es one-way: dicho pronto y muy mal, ellos pueden ofender impunemente tus sentimientos religiosos, pero tú, en respuesta, no te puedes cagar en ellos y en su puta madre. Por otra parte, como hemos dicho alguna vez en este blog mío y de ustedes y otros usuarios remarcan, el contexto es de ataque únicamente a la religión católica. No atacan a la religión judía (a los judíos sí, no obstante, por lo del «genocidio palestino») y menos aún a los musulmanes, respecto de los que ni siquiera levantaron la voz cuando se masacraban a los cristianos en Siria. Están muy presentes las imágenes de París, de los charlies y claro, «cuando las barbas de tu vecino veas quemar…». ¿Religión de paz? Aprendieron la lección.

Pero la reacción más interesante de todas fue la de Alberto Fernández Díaz. Al parecer, nada más oír los versos, se levantó y se fue. Una reacción valiente, sin duda. También la que se espera de los católicos: es decir, que no hagan nada. Si los católicos hubiéramos actuado como los musulmanes, un cura católico hubiera gritado un anathema sit! (el probable equivalente católico a la fatwa musulmana) y a esa ¿señora? cualquier creyente la hubiera podido matar donde la hubiera encontrado. Claro que una Asociación de Abogados Católicos va a interponer una querella contra ella y a lo mejor contra el Ayuntamiento también; pero es probable que la cosa quede en nada: una multa, que el Ayuntamiento pagará religiosamente y aquí paz y después gloria (la Justicia ya está bien aleccionada sobre ese particular).

Quizá el señor Fernández Díaz debería haber montado el escándalo él mismo y haber parado los pies a esa ¿señora? De la misma manera que a él un passerell (extranjero, para más inri) le impidió colocar una bandera española en el balcón de un Ayuntamiento español. Quizá así se vería que los católicos (y dentro de éstos, los del PP) no están muertos, ni acollonados. No hay apelaciones a la dignidad de la huida cuando se insultan no sólo los sentimientos religiosos de buena parte de los barceloneses, sino que a ello se añade la ofensa de pagar el hecho con dinero público (es decir, de todos). Seguramente, Fernández Díaz hubiera tenido que tragarse los apóstrofes habituales de la izquierda cainita («opusiano», «meapilas», y otros del mismo jaez) y deposiciones periodísticas en los digitales habituales. Pero es lo menos que hubiera podido hacer, en vez de despacharse en las redes sociales sobre su presunta «gallardía».

Frente a una agresión ilegítima y completamente gratuita (el formato del Pare Nostre usado también por Martí i Pol no es ofensivo e incluso se puede decir que tiene su gracia, absolutamente incomparable con la ventosidad emitida por la ¿señora? Miquel) creo sinceramente que no hay que esconderse (Benedicto XVI, Jn 16, 33). Por mucho que nuestra casta política (de la que ya forma parte Podemos) quiera primero retirarnos de las calles, después relegarnos a las catacumbas y finalmente perseguirnos, como todavía se sigue haciendo hoy en otras partes del mundo. Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? Debería haber una forma de hacer entender a los rojelios y a los masones que se parapetan tras ellos que esa clase de ofensas no sale gratis. Pero no espero que eso se produzca ni mañana ni pasado mañana.

Finalmente, un recordatorio para la ¿señora? Miquel. Por cosas como ésta acaban haciendo las personas la guerra: contra «els fills de puta que avorten l’amor (cristià)».

“Dignidad” ante la blasfemia (I)

Estos presuntos laicistas no desaprovechan ocasión ninguna para dar la nota. Ya se trate de Rita-me-irrita Maestre, la de «arderéis como en el 36» con las domingas al aire en una capilla católica, la profanación de tumbas, la damnatio memoriae —que intentaron pero luego tuvieron que dar marcha atrás porque lagente se les puso en contra y son cobardes, en el fondo— de ocho novicios asesinados vilmente por los comunistas… siempre hay motivo para que den el cante.

La última vez, anteayer. Una ¿señora? que atiende por Dolors Miquel y que se presenta como «poetisa», pero desconocida en el panteón de les grans lletres catalanes, tenía que leer algo en una entrega de premios. Y el resfriado ingenio de esa ¿señora? no ideó otra cosa más original que leer un poema que parió en 2006. Un Padrenuestro pretendidamente «feminista», pero en realidad blasfemo y ofensivo para muchas personas, católicas o no, pero en este último caso respetuosas con las que sí lo son. No quería hacerlo, porque ya se le da bastante publicidad por ahí, pero simplemente para que ustedes puedan juzgar dejo texto y traducción:

Mare meva, que no ni sé on ets,
de qui només en tinc el nom…

Mare nostra que esteu en el zel
sigui santificat el vostre cony,
l’epidural, la llevadora,
vingui a nosaltres el vostre crit
el vostre amor, la vostra força.
Faci’s la vostra voluntat al nostre úter
sobre la terra.

El nostre dia de cada dia doneu-nos avui.
I no permeteu que els fills de puta
avortin l’amor, facin la guerra,
ans deslliureu-nos d’ells
pels segles dels segles,
Vagina.
Amèn…

Madre mía, que ni sé dónde estás,
De quien sólo tengo el nombre.

Madre nuestra que estás en el celo,
Santificado sea tu coño,
La epidural, la comadrona.
Venga a nosotros tu grito,
Tu amor, tu fuerza
Hágase tu voluntad en nuestro útero
Sobre la tierra.

Danos hoy nuestro día de cada día
Y no permitas que los hijos de puta
Aborten el amor, hagan la guerra,
Y líbranos de ellos
Por los siglos de los siglos,
Vagina.
Amén…

Si lo que esa ¿señora? pretendía era un «canto a la maternidad», podría haberlo redactado en términos menos ofensivos. Pero en realidad es menos original de lo que parece, bien mirado. El escándalo es el recurso de los mediocres (es una «poesía» mediocre y adscrita, en el fondo al «caca-culo-pedo-pis»). Y esta ¿señora? no desaprovechó su escaso minuto de gloria. La ultraizquierda —pero no sólo ella— es muy fan de la frase (que le oí en cierta ocasión al Follonero, hoy reconvertido a reportero serio) «Es mejor pedir perdón que pedir permiso». Los educados lo somos de la contraria, sin más, y la diferencia es notable.

Tierra quemada (y II)

Con esta cara comparecía ayer Esperanza Aguirre a la rueda de prensa que dio para anunciar su dimisión. La cara es en sí misma un poema y refleja un montón de sentimientos. Pero yo resaltaría lo siguiente:

a) La pena. Que se podría resumir en esta frase: «¿Entre qué gentes me he metido?». No sólo a aquellos sobre los que recae la culpa in eligendo, sino también quienes estaban por encima de ella. De ésos que la han tratado como «verso suelto» por no ceñirse al Führerprinzip y a la habitual devoción perruna que está tan en boga hoy en los partidos. El muro de Berlín habrá caído, pero las costumbres soviéticas han contagiado los partidos, incluso aquellos que hablan muy alto acerca de su honradez.

b) La decepción. Un servidor cree que ella no esperaba acabar tan abruptamente su cursus honorum dentro del Partido. Es verdad que la estaban esperando desde hace años. Eso de ser liberal en un partido que desde 2008 tenía vocación socialdemócrata a no pocos debía sentar como una patada. Pero que te eche la corrupción de otros en todos los sentidos (arriba, abajo y a los lados) ha de ser deprimente.

Sin pretender dar una lectura por connotación, quisiera traer a colación dos momentos de la gran película El Padrino III. El primero es aquel en que Michael Corleone habla con su hija Mary —creo— y le dice esto:

 «Toda mi vida he intentado subir en la escala social. Quería llegar al lugar en el que todo sería legal y honrado; pero cuanto más alto subo, más podrido está el ambiente. ¿Dónde demonios acaba todo?»

Y el segundo momento, que yo creo más revelador aún, es el momento en que, tras haber instruido a su sobrino Vincent Mancini, le pasa el testigo como nuevo Don de la familia. En ese momento se retira de la escena, acompañado por su hermana Connie. La mirada que le echa antes de cerrar la puerta tras de sí es antológica, como diciendo «No sabes lo que te espera, chaval». O tal vez despreciándole porque en él la pulsión del poder es mucho más fuerte que la del amor.

El resumen de todo es que el PP-de-Mariano parece estar descomponiéndose al mismo tiempo que va arrumbando con todo lo que de bueno tenía. Si nos atenemos a la regla política española, ningún partido se ha regenerado desde el poder. Tal cosa ha ocurrido siempre en la oposición. Que es probablemente lo que le espere al PP, con o sin Mariano y tanto si se convocan nuevas elecciones como si por fin Pdr Snchz consigue formar gobierno con Pablemos. Gracias, Mariano, por haber echado a tus votantes a los pies de los leones de la izquierda española, la más cateta y troglodita de aquí a Kolymá. Has demostrado no tener proyecto político alguno: sólo la «economía», que se ha reducido (y no del todo) a alejarnos de la cuchilla.

Yo hablé de ello aquí, aquí y aquí, por citar algunos posts de este blog mío y de ustedes. Al PP de Madrid —como al de Valencia— le queda ya la gestora… que puede que lo que gestione sea la travesía del desierto. El problema, que a ellos les importa lo que ustedes se imaginan, es cómo vamos a quedar los que les votamos en 2011.

Mariano va a dejar tierra quemada en lo que antes se conocía como «centro-derecha». Enhorabuena. Seguramente en la logia estarán contentos.

Tierra quemada (I)

Digámoslo claramente: la cosa está que arde en Génova, 13. Con la dimisión de Esperanza Aguirre como presidenta del PP de Madrid se termina —creemos— un capítulo en la historia del PP. Es la mujer que pudo reinar del PP… y que en Valencia unas orchestral manoeuvres in the dark la apartaron sin contemplaciones, con la inestimable ayuda de Francisco Camps (desactivado para la política desde 2010), Rita Barberá (hoy imputada, aunque senadora y miembro de la Comisión Permanente del Senado: es decir, doblemente blindada) y Javier Arenas (escondido como oscuro diputado autonómico por Almería) para que Mariano fuera designado por aclamación, en loor de multitudes peperas y bajo palio aznarista nuevo presidente del partido de la gaviota.

Supongo que ahora se apuntarán muchos a hacer leña del árbol caído. Nuestra ¿política? es así de cainita: está más interesada en hacer caer al enemigo, antes adversario, que en procurar por aquellos a los que presuntamente representa. Todas las cosas miserables que se dijeron de ella en las ocasiones correspondientes, todo volverá a salir a la superficie. Gentuza a la que no le interesa el razonamiento e incapaz ella misma de razonar, propalará las especies por las redes sociales. Menudearán los chistes de a cuarto el kilo y, en fin, el tema dará para una semana.

Sin embargo, señores, habrá que reconocer que Aguirre era de lo más limpio que había en el PP, sin serlo tal vez del todo. ¿Qué es lo que ha podido pasar? Ante todo, Mariano y Esperanza no se llevaban nada bien. El gallego no soportaba la chulería madrileña de Aguirre («Estoy hasta la polla de esa señora», dicen que llegó a decir), que le impedía genéticamente hacerle el randevú. No soportaba el gallego que Aguirre mirara más por los madrileños que por el Partido o por el Jefe, como hace él. La cuestión es que hoy existen dos maneras de hundir a un político díscolo: o bien por el vicio de haber metido la mano en el cesto, o bien por el vicio de meter la mano en el cesto aquellos a quienes nombró ese político. Es decir, la famosa culpa in vigilando.

Ésta segunda es la interpretación más benevolente, pero aun así es demoledora. Quiere decirse que Esperanza no se enteraba de lo que hacían aquellos a quienes nombró, en particular Granados, el niño púnico. Parece ser que el señorito disfrutaba de la entera confianza de Aguirre. Y aquí está el otro pecado de Aguirre, de difícil remedio en política: creer que porque uno es honrao (si no a carta cabal, sí lo bastante como para exigir cuentas a los demás) lo son también todos los que a uno lo rodean. Aguirre debió vigilar los (malos) pasos de su segundo, sin duda ninguna. Y conociéndola como la conocemos, no le hubiera temblado la mano en rebanarle el pescuezo.

Pero es que aquí surge otro problema. Cabe la posibilidad de que alguien (empresario o militante del partido, o ambas a la vez) avisara a Aguirre de las pifias que estaba cometiendo su segundo con el amigote Marjaliza. Si la reacción de Aguirre fue ignorarlas porque estaba «convencida de la probidad de Granados», sin duda eso es mucho peor. Como les decía en otra entrada, la estructura de los partidos no da para más; pero caramba… no vigilar en absoluto ese detalle es procurarse tarde o temprano una salida deshonrosa.

Y es una pena, les digo. Una persona cuyo gobierno fue capaz de enfrentarse a Montoro en materia fiscal y decirle que no se iba a subir el ISD y que llevó a Madrid, con sus luces y sombras, al más alto nivel en el conjunto de las regiones españolas… y la van a recordar por la última pifia, en la que no tuvo intervención alguna (que por ahora se sepa).

Caciquismo 2.0 (II)

Responsabilidades

Sentado todo lo anterior y dejando aparte las correspondientes responsabilidades penales, que corresponde a los Tribunales determinar, está clarísimo que existe una culpa in vigilando. Culpa que deriva de un axioma no escrito pero muy vigente en el PP: «Puedes hacer lo que te dé la gana; pero si te pillan, nadie te va a conocer». Claro que hay «Comisiones de Derechos y Garantías» en todos los partidos, y en el PP también. Pero el axioma citado es el que determina que esos organismos no hagan su aparición hasta que lo hace la Justicia. Es la Justicia la que hace el trabajo de esos organismos, cuyos miembros cobrarán mucho pero se rascan lo que ustedes se imaginan hasta que un Juez no pilla a alguien del Partido cometiendo una pifia.

El proceso debería ser justamente el contrario. Una Comisión de Derechos y Garantías que se respete debería actuar antes de que lo hiciera la Justicia y no después. Da la impresión de que un mindundi militante de base del partido X ya no tiene confianza en que su propio partido actúe frente a un cacique de éstos. Cabría esperar que el Partido suspendiese cautelarmente al cacique, aun a costa de perder influencia en la zona; y cabría esperar que, tras una investigación interna, el propio Partido se personara como acusación particular en el proceso que se incoe. Pero justamente eso es lo que no espera ese militante de base y por ello acude directamente a los Tribunales. Sin mencionar que es mejor así por el miedo a las represalias (¿«estructura y funcionamiento democráticos»? Venga, que nos da la risa a ustedes y a mí).

En el caso particular del PP valenciano, la pregunta es: ¿cuándo se jodió el PP valenciano? mi impresión es la siguiente: que todo iba «bien» con Zaplana y que el PP de Valencia empezó a joderse con Camps. A éste le apartaron tras un proceso-farsa (creo que no hace mucho ha defendido una tesis doctoral) y colocaron a Alberto Fabra, que no supuso modificación en el estado de las cosas por mucho que tuviera valor para cerrar la ruinosa televisión autonómica. Con él, los negocios municipales continuaron. Han tenido que caer los tres presidentes de las Diputaciones Provinciales (Carlos Fabra hoy en la cárcel) para que se abriera el melón. Y luego un señor, hoy en paradero desconocido (represalias, ya saben), que se dedicó a grabar al presidente de la Diputación de Valencia contando billetes.

Conclusión y pregunta: ¿En el PP valenciano ha habido tres presidentes: uno pringado, otro que no se enteraba o no tuvo valor para hacer más de lo que hizo y otra que, ante la enormidad del escándalo, ha tenido que hacer lo que no hicieron los dos anteriores? Y aún más. ¿Desde cuándo conocía Génova, 13 el desaguisado? Porque da la impresión de que creyeron que descabezando a Camps y a alguno más (Ric Costa, por ejemplo), bastaría y se iban a calmar los ánimos. Han pasado cinco años desde entonces. Si ahora se ha producido una mascletà y, como diríamos en Cataluña, el PP valenciano ha fotut un pet com una gla, o no sabían hasta dónde llegaba el olor de la mierda o es que lo sabían y consintieron. Ha tenido que ser Isabel Bonig (acento prosódico en la segunda sílaba, señores periodistas) quien diera un puñetazo en la mesa y dijera «Ché, s’ha acabat la broma!», para que nadie creyese que también estaba en el ajo.

Caciquismo 2.0 (I)

Saltaba hace tres días la noticia de la disolución del PP valenciano. Es algo terrible y sin precedentes: así como el PSOE ostenta el dudoso honor de haber sido el primer partido condenado por corrupción, el PP ostenta ahora el honor de haber sido el primer partido que tiene que disolver una sucursal autonómica por la misma razón. En el PSOE tenemos el precedente de Estepona, provincia de Málaga, entre otros. Se tuvo que cerrar la Agrupación porque el miembro de la ejecutiva local que no estaba pringado por una cosa, lo estaba por otra. Pero lo de Valencia es algo de mayor fuste y hemos de detenernos un poco más en ello.

A estas alturas de la película, a muchos ya no nos vale el «y tú más/y tú también». Todos los que han tenido mando en plaza están manchados, con manchas de diverso calibre. Y, como tal fenómeno general, es menester echar una mirada más detenida, como les decía.

Lo primero y principal empieza con la estructura y organización de los partidos implantados a nivel nacional. Léanse el artículo 6 de la muerta y les entrará la risa, si conocen algo el paño de la política municipal. Su base, tal y como está ahora, es el cacique, que suele ser el Alcalde de un municipio. Suelen ser líderes naturales, sí; y por eso también se les escoge: porque son capaces de llevar tras de sí a mucha gente («Hay que conquistar las locomotoras, que son las que tiran de los vagones», principio opusiano pero aplicado largamente en política).

El problema: que el servicio público es muy sacrificado y mal remunerado en relación a ese sacrificio. ¿Qué hace el político? Para no caer en la aplicación de la ley de hierro de los salarios («El trabajador ajusta su rendimiento al salario que recibe en relación al que debería recibir»), el político local se busca compensaciones. Para evitar que después de los cuatro años de rigor vuelva a la nada, el político siempre encuentra a un empresario dispuesto a hacerle el favor. Eso, cuando no es el político el que directamente fuerza el favor a través de la correspondiente y obligada comisión.

Otras veces es el empresario el que corrompe al munícipe. Total, son unas perrillas, un complemento salarial al magro sueldo de munícipe. El político «práctico» se deja corromper porque: a) cuando se marche nadie le va a agradecer lo que ha hecho por el pueblo o ciudad; y b) la vuelta al anonimato es durísima, sobre todo cuando ya no te llaman, no te invitan a los saraos, no tienes puesto de preferencia en las celebraciones ni una corte de lameculos, aunque sean de los que aspiran a ocupar tu puesto en cuanto te despistes.

En este segundo caso nos podríamos encontrar con lo siguiente: el empresario es un corrupto y tienta al munícipe porque con sus antecesores ya funcionó. Si el munícipe no es corruptible y se niega a hacer negocios con el empresario, éste, seguro de sí, le espetará: «Usted no sabe quién soy yo/Usted no sabe con quién está hablando». Y encontrará en algún nivel superior otro responsable de partido más… este… flexible, que además se encargará de hacer la vida a cuadritos al mindundi de Alcalde que ha frustrado el negocio del pez gordo. Así, hasta que el munícipe decente acabe presentando su dimisión «por motivos personales». Con el agravante de que en España la oposición municipal no está más que para alegrarse con los problemas del partido rival, sin poner por encima de la contienda el interés de los vecinos del municipio.

En mi opinión, esto es lo que ha ocurrido en Valencia, a escala mucho mayor que la municipal, naturalmente. Gente que sólo quiere desalojar a otra gente porque les impiden hacer los negocios que les interesan. Las tramas se extienden a lo largo y ancho de la bella región valenciana. Ha habido para todos: pa-ella y pa-él. Negocios, muchos negocios; y dinero, mucho dinero. Hasta el caso Nóos, que creíamos limitado exclusivamente a Baleares, salpica con su chapapote a Valencia. Quizá pudiera abrir la boca Esteban González Pons, conseller de Vicepresidencia cuando su jefe era Francisco Camps y que, al parecer, echó la firma en varios documentos comprometedores de ese asunto. Hoy el señor González Pons está en Europa, como o pasmo de Palas do Rei, que no ha sido juzgado por el caso de las gasolineras. Ésa es la utilidad del Parlamento de la UE.

¿Por qué el Partido Popular no responde ante los ataques marxistas?

Por José L. Román. Tomado de Neurona Liberal. Original aquí.

Sé que muchos ciudadanos se hacen esta pregunta, y algunos incluso van mucho más allá, ¿por qué la izquierda toma la calle con sus activistas cada vez que lo considera oportuno, y el Partido Popular no hace lo mismo ante los ataques de la extrema izquierda? Pues sencillamente, porque el Partido Popular no tiene poder de movilización social; no tiene jóvenes dispuestos a luchar por unos ideales que marquen claramente su posicionamiento político por encima del ánimo de lucro. Esos jóvenes que en teoría ya deberían estar en la calle para frenar los ataques indiscriminados del marxismo, no tienen un líder capaz ni un claro referente político, ni unas ideas que defender por diversas razones:

1.- Porque el Partido Popular ha querido ocupar un centro político que no existe, para así ser más «demócrata» que nadie y no ser tachado de franquista. El centro político no es ninguna ideología sino simplemente una postura. Para ser de centro debe existir una izquierda y una derecha, y hoy en España, por decisión de ciertos asesores del PP, con la satisfacción y el cariño del Partido Socialista, y la complicidad de casi todos los medios de comunicación, esa derecha no existe en nuestro pueblo. A no ser que bajo la sombra del PP se encuentre una derecha descafeinada, centralista y central.

2.- Porque nadie puede confiar en la cúpula de un partido como la del Partido Popular, que por miedo, temor y complejo, con todo el poder en sus manos, con el apoyo mayoritario del pueblo en las urnas, con una mayoría absoluta en el Parlamento, y gobernando la mayor parte de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, no ha tenido el valor, el coraje ni la gallardía suficientes, para voltear los planes de una izquierda que nos han llevado a la ruina económica, moral, espiritual, social y nacional. Y…

3.- Porque siguiendo los dictados de Bruselas para dirigir la economía tal y como les marca el NOM, podrá anunciar el PP todo tipo de cifras más o menos tranquilizadoras, pero eso no basta. Hay problemas que no se resuelven con medidas económicas. Hace falta algo más: hace falta un referente, una ideología. Porque sin ideología, sin firmeza, sin coraje, y sin valor, no se puede instruir ni ganar la confianza de una juventud sana, dispuesta a responder con gallardía a los ataques de los que, no solo quieren destruir definitivamente nuestra economía, sino también la unidad de la Patria.

Sólo pondré un ejemplo que quiero también que sirva de homenaje de admiración y de respeto: Miguel Ángel Blanco Garrido. Un joven valiente y español de primera fila, que fue vilmente asesinado por los terroristas vascos de la ETA, y que su muerte logró congregar una gran manifestación antiterrorista. Lo que no sabía este joven español es, que su partido y el partido socialista, convocaron aquella manifestación para protestar por su asesinato, pero no para acabar de raíz con el nacionalismo antiespañol y con los terroristas. Por eso se limitaron únicamente a invitar a los asistentes a que se pintarán las manos de blanco, se colgaran lazos negros en el pecho y guardaran minutos de silencio. Al día siguiente, siguieron pactando y negociando con los asesinos.

Miguel Ángel Blanco creyó siempre que luchaba por unos ideales; creyó que su partido defendía la españolidad allí donde el odio a todo lo español por parte de los que también se denominan demócratas como los nacionalistas y los terroristas, sometían y someten a los disidentes. Creyó que si caía víctima de los terroristas antiespañoles, el ejemplo de su vida y de su muerte levantaría el estilo y a lo mejor de las juventudes de España, y sin embargo, hoy estará viendo desde el cielo -como lo ven sus amigos y familiares desde la Tierra-, que tras su cobarde y vil asesinato, su partido se ha ciscado en su sangre y en la de todos los que como él dieron su vida –no por defender la unidad de los demócratas como acostumbran a decir para confundir a la opinión-, sino por defender la unidad de España.

A partir de aquí, el Partido Popular no puede tener poder de movilización. Este partido, y todos aquellos informadores que desde los medios lo defienden, exhiben una falsa bandera. No defienden ninguna ideología ni ninguna doctrina como lo hace la izquierda. Desde una pesada y falsa verborrea, y desde toda posición de privilegio, los líderes del PP se han unido a esa ingeniería social que ha matado nuestra capacidad de reacción, no permitiendo que las nuevas generaciones al margen de su partido, hayan tomado el testigo de nuestra identidad, la fe cristiana y el patriotismo, y así poder enfrentarse al marxismo y a sus cachorros que hoy conforman la emergente extrema izquierda anticristiana y antiespañola.

Tras las últimas elecciones, piden la cabeza de Rajoy para diferentes pactos y poder conformar un Gobierno estable, pero eso no es totalmente cierto. El problema del PP es otro: es el equipo completo. Ese equipo inseparable del que insistentemente habla Soraya Sáenz de Santamaría, que también tendría que abandonar la política y el PP si lo hace su líder Mariano Rajoy. Eso es lo que quiere la izquierda, a sabiendas de que no existe partido fuerte que sustituya al PP, porque ya se han encargado todos ellos de que no lo haya.

A los jóvenes que han querido durante más de tres décadas tomar el testigo de defender unos ideales por encima de los partidos, el Partido Popular y sus medios afines los han denigrado, injuriado y calumniado, tachándolos de franquistas, fascistas y de una extrema derecha desestabilizadora. Resultado: hoy no existe una juventud preparada y dispuesta para frenar al marxismo que viene. Las juventudes del PP no creen en la cúpula ni tienen un referente. Sólo persiguen lo que han visto y aprendido de sus maestros: subirse al carro del pesebrismo político y enriquecerse, procurando no mancharse en el curso doloroso de la contienda.

¿Cuántas manifestaciones convoca el PP en la calle para protestar ante los ataques marxistas? Ninguna. La derecha acomplejada no tiene poder de movilización social porque no tiene jóvenes dispuestos a defender unos ideales, y menos, después de ver el comportamiento de sus dirigentes con los jóvenes y menos jóvenes asesinados por el marxismo separatista y antiespañol, dejando en libertad a los terroristas, criminales y violadores.

La izquierda por el contrario no ha perdido el tiempo. Sin ambigüedades, sin complejos, y esgrimiendo sin esconderse su odio y su revanchismo, ha procurado, bajo el paraguas del sistema constitucional, desde las escuelas, institutos, universidades y a nivel nacional, incluso con el PP en el gobierno, ir conformando un «ejército» de jóvenes voluntarios perfectamente instruidos en el marxismo y kale borroka, para que siguiendo las consignas de sus instructores –como estamos viendo allá donde gobiernan-, acabar definitivamente con España.