Novell (I)

Estos días, en que la noticia era la celebración de la Diada, ha habido otro asunto que le ha quitado un poco el protagonismo. Bien es verdad que no está nada mal lo de que ahora la Gencat exija al ¿Gobierno? central que le ceda el «control absoluto del Aeroport del Prat»… pagado con nuestro dinero. Vergüenza de los hunos por exigir semejante cosa y en esas condiciones y no menos vergüenza de los hotros por sentarse a discutirlo en plan «Parlem-ne» Sigue leyendo «Novell (I)»

Pablo Hasél

Como la entrada que yo iba a escribir de este personaje ya me la han escrito aquí, dejaré que ustedes la lean y se enteren bien de quién es este senyor.

Permítanme, no obstante, comentar unas cosillas. Para empezar, repite el patrón de todo comunista egregio: es de familia bien, de «casa bona», que diríamos en Cataluña. Nada de padre proletario de «facciones duras y rostro ennegrecido por el humo de las fábricas» salido de una novela de Dickens. Más bien padre acomodado, y con unos modestos problemillas civiles con la chica de la venda, la balanza y la espada.

En casa nunca faltó de nada. El niño, por supuesto, no iba a colegio público: ¡puags, qué asco de plebe! Qué va. Fue al Colegio Claver, de los jesuitas de Lleida, donde se educaba a la élite provincial y donde algunos, gracias al esfuerzo de nuestros padres, pudimos asistir también. Dice su biografía «no autorizada» que a los 14 años ya era un bandarra y que hacía novillos para escribir rimas y poemas. Algo así como eso que cantaba hace años El Último de la Fila: «Se hacen parapetos con poemas» («Canta por mí, porque yo estoy en chirona»). No sé si la vida le mintió; pero como es sabido, los hijos superan siempre a sus padres. Y si el padre había tenido problemas civiles, él los iba a tener penales, no faltaba más.

Lo del apodo también tiene su gracia. Cuentan que tomó su apodo de un cuento árabe en el que aparecía un revolucionario que quemaba el palacio del jeque y bla-bla-bla y se llamaba Hasel (sin acento). ¿Puede ser que el Che leyera el mismo cuento muchos años antes? Seguro, porque también era de casa bona y además fue a la Universidad (médico). Que el comunismo le convirtiera en un bestia era cosa previsible, vista la historia. Pero en fin, nuestro Pau Rivadulla no ha dejado de ser un burguesito con ínfulas y no ha llegado a cambiar de país para hacerse jefazo en una república bananera. Supongo que alguien, en algún momento, le avisaría de la similitud fonética del flamante apodo con otro pseudónimo, «Sven Hassel»; de modo que, para no identificarse con «ese tipo», escritor de éxito de novelas con escenarios de la Segunda Guerra Mundial y biografía muy discutida (hay quien dice que incluso fue nazi), cambió su apodo y puso un acento en la é. Porque él es muy de izquierdas; tanto, como su tía Mercé, diputada por IC-V en tiempos.

Para no alargar más el cuento, fíjense si nos ha salido señorito el niño que ha ido a la cárcel y quiere imponer sus condiciones: nada de compartir celda («mi ego no cabe en este espacio tan pequeño») y nada de compartir tareas en la cárcel («yo soy antifascista, no un puto esclavo de los lacayos de los poderosos»).

Finalmente, me quedo con estas dos frases del artículo que les citaba al principio:

«Como hijo de papá que siempre ha sido, transgredió la ley sin pensar que la ley reaccionara» (rasgo común en todos ellos). Bueno, y creyendo que papi, o mami, o la tieta, o los amigos de ellos le iban a sacar las castañas del fuego en caso necesario.

«No va a prisión por ausencia de libertad de expresión. Va por reincidente, violento y, sobre todo, por simple».

Todo el follón que se ha montado por alguien que, en su arte y según los estándares del género, no es cosa mayor, no parece sino el preludio de su vuelta a la marginalidad una vez le hayan extraído toda la utilidad política (¿?) que pueda tener. Todos los números para ser un juguete roto. Aunque no dudo de que acabe con el riñón bien cubierto. El mozo ya tiene sus 32 añazos; pero con sus antecedentes familiares y sus méritos de guerra, ya tendrá quien le coloque. A diferencia de tantos comerciantes que a lo mejor no pueden pagar los destrozos que los amiguetes y adosados (entendiendo por tales los que se apuntan a un bombardeo con tal de armar la gorda) de este bandarra han provocado allí por donde han pasado y que, a lo peor, tendrán que cerrar su negocio.

Dejaremos para otro día el debate de si debe existir un delito de «injurias a la Corona». Lo que yo sé seguro es que, si algún día Cataluña se hace «independent», en un futuro Codi Penal de la Nació Catalana no dejará de existir un «delicte d’injúries al President de la Generalitat»…

Novedades catalanas

Nuevamente hace muchos días que no digo nada, así que hoy toca hablar de lo que toca. De las elecciones catalanas, la verdad, me da mucha pereza, especialmente por lo esperable de los resultados tanto por arriba como por abajo. ¿Acaso no era esperable que ganase esa criatura mítica llamada «independentismo moderado» (que ni es «independentismo», ni mucho menos «moderado»)? Criatura de dos brazos. Por un lado el PSC (tonto el que creía que el PSC era de loz nueztroz). Como yo dije en su momento, se quitaron la careta en 2008 y no hace mucho otros, como Miquel Giménez, han acabado de redondear el perfil. Estar a la orden es lo que tiene. Los pactos es lo de menos: gana el «independentismo» (hablemos claro: separatismo). Que además esto lo financie George Soros o no simplemente porque quiere que España se parta en cuatro cachos… no sé hasta qué punto es relevante si nadie hace nada.

Lo incomprensible del asunto es que a Sánchezstein la jugada le ha salido redonda. Tiene su aquél que Illa, el peor ministro de Sanidad que «vieron los siglos y esperan ver los venideros» (y mira que los hemos tenido malos, ¿eh?), desde que semos una mococracia, haya obtenido un resultado que le permite codearse en pie de igualdad con ERC y juntos, tentar a otro partido para formar otro monstre dels tres caps, como el que unió a Montilla, a Pérez Díez (aka Carod-Rovira) y a Joan Saura, el ecosocialista (comunista) encadellat a una pija mallorquina que, como conseller de Interior, le guardaban la vila los Mossos. Y no solamente eso, sino que mete a Miquel Iceta, un separatista redomado, en la cartera de Política Territorial y Administraciones Públicas. Lo dicho: jugada redonda.

Lo que nos lleva a la parte de abajo. El concepto de «vencedor moral» es un concepto más bien chorras; pero aquí viene bien aplicarlo a VOX, aunque se deba, casi a partes iguales, a méritos propios y a fallos ajenos. El mérito de VOX ha sido presentarse con valentía y presentar un programa que, en líneas generales, todo constitucionalista puede defender. Y hacerlo soportando las presiones y agresiones de los macarras separatistas. Sí, esos macarras, chulos, gamberros y alborotadores separatistas que extienden la vista y, que aunque no lo sepan, con esa mirada cantan esto…

So die braune Heide geht
gehört das alles mir…

El fallo de los otros dos partidos presuntamente constitucionalistas es no haberse presentado con la misma valentía. Han sido víctimas, a mi entender, de una lastimosa dependencia orgánica de Madrit, que ahora mismo no tiene siquiera una sombra de liderazgo. El censo electoral ha castigado, además, el chusco episodio de que la chica que dejaron de retén en Cataluña cuando todos los demás se largaron, Lorena Roldán, se pasara al PP, quedando solamente el fiel escudero Carrizosa para atajar el desastre que él sabía de sobra que se avecinaba (y recibir los tortazos, claro).

En cuanto al PP… bueno, la cosa se pone espesa. García Albiol, que a mí no me parecía mal candidato, fue apartado de un plumazo en cuanto empezó a mostrar un discurso robusto frente al separatismo nacionalista (fallo imputable a Madrit, no a él). Se ha quedado de alcalde de Badalona y seguramente lo hará bien, lo que nos hace pensar qué habría pasado si, coincidiendo las alineaciones planetarias, hubiera acabado como President. En cuanto a Fernández… bueno, es el candidato que quería Madrit. ¿Pero es el que necesitan los constitucionalistas catalanes?

Entiendo que lo que pasa en Madrit tiene culpa en lo que pasa en el PP catalán. Dijimos en su momento que a Pablo Casado le sobra educación y le faltan liderazgo y mala leche bien dirigida. Porque mala leche, desde luego, no le falta: el discursito que se marcó en las Cortes contra Abascal sólo porque le dieran unas migajas del CGPJ entraría en la «historia universal de la infamia». Y sin embargo, esa misma mala leche, que también le sobra para zancadillear a Díaz Ayuso, le falta para llamar a capítulo a Núñez Feijóo y pedirle cuentas acerca de su actuación más nacionalista que la del BNG. Da la impresión de que en el PP manda «alguien», pero que no es Pablo Casado.

Y así, Alejandro Fernández, que iba a ser esto…

se ha quedado en esto otro…

o sea, má shushurrío que un bisté engordao con clembuteró.

Y ahora, compañeros en la desgracia (los hostiones han sido de reglamento), están planteándose la reunificación PP/Cs. En esto consistía, ya lo vemos, el giro al centro. Es el giro a la progrez insignificante, porque ese estandarte ya lo llevan otros. Es pedir la hora y poner cara de Borjamari: «¿Nos dejáis que seamos fans vuestros? Porfa, porfa, porfaplis, o sea, ¿no?». Lo extraño es que representaría, si Dios no lo remedia, la vuelta a la política de Albert Rivera, al que creíamos trabajando de verdad, cuidándose de su descendencia (noble ocupación que nada tiene que envidiar a vivir de administrar la cosa pública). Albert Rivera volvería al útero político del que salió hace la friolera de 15 años para tomar las riendas de algo que ya entonces molestaba profundamente al nacionalismo separatista catalán. Sabio el merengue que decía «sorpresas te da la vida».

A sota d’una pedra

Aprovechando que habíamos dejado nuestro relato hablando del procés (otra vez), me ha parecido interesante incluir un artículo aparecido en el Diari de Girona del pasado 21 de octubre, de una persona, Helena Boadas, que ha perdido la fe del poble català (en Sant Jordi Pujol y en sus deixebles, se entiende). Es muy explícito y, aunque no va a despertar a ninguno de los que debiera (porque, además, el procés sirve a «otros fines»), vale la pena dejar constancia de él, aunque la autora todavía habla de «país» refiriéndose, naturalmente a… bueno, ya saben. Rémoras que quedan. Acompañamos traducción.

No sé si cal que digui que la mesura és irresponsable perquè em sembla de jutjat de guàrdia; tenint en compte que l’han seguit milers de persones segurament sí. El sistema bancari és molt sensible, immensament. I jugar amb això és jugar amb foc. Per altra banda no sé qui es vol perjudicar amb aquesta acció. Perquè de moment, a dia d’avui, els únics perjudicats són les iaies que volien treure diners per anar al mercat i no han pogut perquè el caixer no tenia efectiu. Era aquesta la idea? Si algú s’espanta, quan hi torni a haver efectiu el traurà tot per no tornar-se a trobar en la mateixa situació. Suposo que tots veiem el perill –immens– d’això.

Si em quedava algun gen de la independència amagat en algun racó del cos, els últims mesos s’ha quedat fulminat. Que no hi ha fractura social? No; si quan no ets independentista t’amagues a sota d’una pedra, no n’hi ha.

Mireu, jo escric aquest article perquè estic cansada d’amagar-me. Com molts altres catalans, vinc d’un context molt independentista, molt. És el que he viscut tota la vida. Quan he aconseguit fer-me una mirada pròpia sobre les coses, una mirada crítica, la meva, he hagut de callar. Com tantes altres persones. Els grups de WhatsApp són un infern. TV3 és un pamflet independentista vergonyós. La distorsió de la realitat és important. Si en algun context m’atreveixo a parlar provoco com a mínim decepcions.

Estic cansada d’amagar-me. Aquí ho teniu, soc una botiflera, ja m’ho dic jo mateixa, no patiu. Però aprofiteu per reflexionar-hi una mica, perquè com jo hi ha molta, molta gent, moltíssima, que continua amagada a sota la pedra.

Bajo una piedra

Escribo este artículo ahora que medio país está retirando dinero de los cajeros automáticos para conseguir no sé muy bien qué. Ayer, cuando leí esta consigna que llegaba por tierra, mar y aire (en resumen, sacad dinero todos a la vez), hasta lloré. Hoy ya se me ha pasado: ya no lloro y escribo un artículo, que es más productivo.

No sé si hace falta decir que es una medida irresponsable porque me parece de juzgado de guardia; teniendo en cuenta que la han obedecido miles de personas, seguramente sí. El sistema bancario es muy sensible, inmensamente sensible. Y jugar con esto es jugar con fuego. Por otra parte, no sé a quién se quiere perjudicar con esta acción. Porque, de momento, a día de hoy, las únicas perjudicadas son las yayas que querían sacar dinero para ir al mercado y no han podido porque el cajero no tenía efectivo. ¿Era ésta la idea? Si alguien se ha espantado, cuando vuelva a haber efectivo lo sacará todo para no volverse a encontrar en la misma situación. Supongo que vemos todos el peligro –inmenso– de esto.

Si me quedaba algún gen de la independencia escondido en algún rincón de mi cuerpo, en los últimos meses ha sido fulminado. ¿Que no hay fractura social? No. Si cuando no eres independentista te escondes bajo una piedra, no la hay.

Mirad, escribo este artículo porque estoy cansada de esconderme. Como muchos otros catalanes, provengo de un contexto muy independentista, mucho. Es lo que he vivido toda la vida. Cuando he conseguido construir una mirada propia sobre las cosas, una mirada crítica, la mía, he tenido que callar. Como tantas otras personas. Los grupos de WhatsApp son un infierno. TV3 es un vergonzoso panfleto independentista. La distorsión de la realidad es importante. Si en algún contexto me atrevo a hablar, como mínimo provoco decepciones.

Estoy cansada de esconderme. Aquí lo tenéis: soy una botiflera, ya me lo digo yo, no padezcáis. Pero aprovechad para reflexionar un poco, porque como yo hay mucha gente, muchísima, que continúa escondida bajo una piedra.

 

Concatenación (III)

Disturbios marca CDR

Decíamos en la entrada anterior que una de las patas del plan de Sánchezstein era tener un trato amable con los separatistas, lo que a todos los efectos significaba dejarles hacer. Lo que no sabíamos era que no sólo había que dejarles hacer dentro de las instituciones, sino también fuera de ellas. Había que dejar que los CDR, los cadells del procés, camparan por sus respetos y convirtieran la otrora rica i plena Cataluña en can Seixanta. Es el sueño de «Xauxa» de los de La Trinca… claro que si les tocan els milions, eso… como que ya no.

Pero La Trinca empezó siendo antisistema, ecologista, luego tuvo una fase autogestionaria y luego pasó a ser un asteroide capturado en la órbita del PSC –justo cuando les empezaron a llegar els milions– con conciencia social (por una vez se acercaron a su propia realidad: no de los obreros, sino de los cuadros medios y directivos). Y ahora, talluditos y forraos, se han hecho indepens… para cerrar el círculo: es decir, separatistas pero sin dejar de cobrar. Por si faltara algo, montaron un «show» con la temática «buscant La Trinca». Creo que no la encontraron, porque a fin de cuentas, como decía Presuntos también hace mucho, ya «no hay humor» y La Trinca como fenómeno fue algo irrepetible. Pero seguro que entre medio se embolsaron unos cuantos «milions» a cuenta de la nostalgia y de la producción.

Y ahora, claro: llegan unos tíos que parecen los perros del cerdo Napoleón de Rebelión en la granja y montan la jarana padre y madre. Los de Madrit, como están a quinientos kilómetros, siguen pensando que eso es una especie de «exotismo» y «extravagancia» más que un verdadero problema. La casta madrilenya, después de 40 años, se ha encontrado que la bestiola de los años 80 se ha convertido en una especie de Fafner más grande que el drac de Sant Jordi. Y por lo visto, tampoco quieren que haya un Siegfried que acabe con él. Es una cosa extraña. Después de tanto azuzar, sale alguien que quiere convertir esas locuras en realidad y això ja no mola, nen (la «g» final es un invento de Buenafuente, créanme. Y ése, que se ande con cuidado, que si se proclama la «república catalana» igual le obligan a pasar por el catalanitzador de cognoms y llamarse Bonafont…).

Volviendo a los disturbios, tenemos otra ausencia más que remarcable: la flamante alcaldesa de Barcelona, la Colau. Sí, la del runrún… ese mismo runrún que dice que si mañana hubiera elecciones municipales, tanto ella como su protector y ventrílocuo, Jaume Collboni, se irían a su casa. No hay peor enemigo que el tiempo para esta gente. Aquí tienen la prueba.

Ítem más. La internacionalización del procés ha dado como resultado que participen en él aquellos que se apuntan hasta a un bombardeo. Lo de Marta Dedosrotos fue una niñería comparado con lo que ha venido después. Ha resultado que los cedetarras poseen una organización cuasimilitar (con sus tres niveles de estrategia, información y «acción directa»), que los va acercando a la cabra que los crió, la ETA y un apoyo popular de un nivel parecido. Sus conexiones internacionales incluyen a Moscú: Putin, deseoso de enredar en la UE, ha ayudado en la guerra de la propaganda (las famosas fake news), que ha ganado el CDR porque frente a ellos no había más que dos pandas de memos que se hacen llamar «Gobierno» y «oposición», que no han hecho nada por frenarlos. Sobre todo la primera de ellas, que no ha hecho ni un borrall.

Y tanto es el trato amable de Sánchezstein con los separatas, a través de su «hombre en Ferraz» (Iceta), que incluso va a dejarles que le apoyen en la investidura. Poco importa que los ciudadanos catalanes (sean o no de la ceba) sufran en sus carnes la disbauxa (que no «tsunami») separatista. Con un C’s en coma (hasta que vuelva la embarazadísima Arrimadas, quien sin decir gran cosa se postula como sucesora del huido Rivera) y un PP que ha subido en Cataluña sólo porque alguien de fuera y con un discurso guerrero –y a la contra de lo que exigían desde Madrit– ha sacado de su modorra a Alejandro Fernández, y un VOX que sube, pero no lo bastante, los cedetarras todavía tienen el campo libre. Y si les protegen desde la Generalitat, no digamos.

En un país serio (no multicolor, como el que pretenden Sánchezstein y sobre todo los tiranuelos de aldea que le van a apoyar), el porvenir de Torra estaría entre rejas o en el extranjero. Pero eso es todavía política ficción.

Concatenación (II)

La sentencia del procés

La primera pata del plan de Sánchezstein pasaba –pasa, como veremos más adelante– por dispensar un trato amable a los separatistas catalanes que iban a ser juzgados el pasado 1 de octubre, hace exactamente un mes. Claro que un Gobierno en funciones es lo que tiene: su extrema debilidad le hace extremadamente sensible a todo tipo de presiones, como las inmundas presiones políticas recibidas del separatismo catalán. Qué duda cabe que han conseguido, siquiera sea parcialmente, su objetivo.

Supongo –y pido disculpas por ello– que me precipité al elogiar la actuación hasta ese momento de Manuel Marchena, presidente a la sazón de la Sala II del TS. Como dijo Federico en su momento, «a los jueces hay que juzgarlos por sus sentencias», no tanto por lo que hagan en el acto de juicio. No obstante, lo que al popular radiofonista se le olvidó mencionar y yo debí haber tenido en cuenta por haberlo dicho ya antes, es que política y justicia forman una coyunda inmunda; y que, por tanto, cuando se trata de juzgar a políticos delincuentes (como eran todos los sentados en el banquillo de los acusados), las sentencias vienen escritas de arriba. Inauguró esa nada venerable tradición Felipe González con el asunto de Rumasa y la continuó con el asunto de Banesto (a Neguri no le gustó que un advenedizo se les subiera a la txepa, por muy masonazo que fuera, y se lo hicieron pagar). Para volvernos a encontrar con algo así hay que saltar el intervalo aznarista y llegar hasta ZP con la infame sentencia del 11-M. Bien es verdad que Aznar hizo otra cosa no menos deleznable, que fue incumplir la sentencia del TS relativa al antenicidio: la recibió y la metió en el cajón, quedándose ahí muerta de risa. Pero eso, como diría mi antiguo profesor de Economía Política, Pere Mir, són figues d’un altre paner.

Y ahora esto, pues. Hay que admitir que tiene su mérito convertir a todo un Alto Tribunal en escribas al dictado y en lacayos con puñetas, sometidos –mejor no describo lo que ha sido en realidad– a la superior raison d’État, argumento de peso desde Luis XIV. Claro que como dijo alguien, un muerto no muerde y un vivo al que se le hace un favor –o se le promete hacerlo, al menos–, tampoco. Parece ser que alguien deslizó en los oídos del señor Marchena las palabras «Presidente del Tribunal Supremo» (por tanto, también del CGPJ) y el susodicho se licuó. Tanto, que hoy lo único parece que es suyo en la sentencia del procés es su firma tras el fallo. Dicho fallo tiene dos notas características, entre otras que se puedan citar:

a) Niega la verdad. Rebajó la calificación penal de los hechos de rebelión (lo que fue, en verdad) a sedición, que supone también una interesante rebaja de pena. Este hecho ya se cobró una víctima en la persona de Edmundo Bal, Abogado del Estado encargado de decir lo que quería su jefa, Información Vaginal, por negarse a ello. También esto otro lo hemos visto antes: «¡Es sedición y valeyá!». Es una suerte que no hubieran encargado a Olga Sánchez, hoy ascendida a Fiscala del TS por méritos de diversa consideración, formar parte de la acusación pública.

b) Pone al zorro a cuidar del gallinero. Aquí el zorro es la Generalitat de Catalunya. Las gallinas… bueno, no hay más que recordar a la indecible Carme Forcadell, siéndole tomada declaración ante el TS. Guardaba un parecido asombroso con Rita-me-irrita, la rojelia pija que declaró ante la Justicia por despelotarse en medio de una misa, respondiendo sotto voce y con la cabeza baja, como si lo suyo hubiera sido poco más que fumar en el lavabo y la hubiera pillado la Madre Superiora. La cuestión es que la sentencia entrega a la Generalitat (a Presons, concretamente) la ejecución de la misma. No es difícil imaginar que, con una Generalitat en abierta rebelión contra el Estado, los sediciosos coman tranquilamente el turrón en su casa y entren y salgan de Lledoners cuando les venga en gana. Y luego, cuando se olvide este asunto o a nadie de los importantes le importe mucho, los sacarán por la puerta de atrás.

En resumen: una burla de sentencia, sobre todo si la comparamos con la asonada de Tejero, que eso sí fue considerado como rebelión militar y juzgado y castigado como tal. Es malo para la democracia que el Alto Tribunal nos acostumbre a esta clase de fechorías, como es malo que el respetable en general comprenda que «el Código Penal está para los robaperas (vulgo españolitos de a pie, como ustedes y yo), no para los peces gordos». Lo que nos lleva a tres conclusiones. La primera, a una frase mítica de D. Francisco de Quevedo que él mismo sufrió en sus carnes: «Donde hay poca justicia es peligroso tener razón». La segunda, la de «per la giustizia dobbiamo andare da Don Corleone». Y la tercera, la de «si los Tribunales no me hacen justicia, la justicia me la hago yo (con razón o sin ella)». En cualquiera de los tres casos, ¿para qué necesitaríamos todo el entramado judicial?

Márchese a su casa, señor Marchena. O, si es cierto lo que corre por ahí, a su sillón bienpagao. Pero, por favor, no nos aburra hablándonos de «justicia». No quedaría bien.

 

Juantxo (y III)

Decía yo en mi anterior entrada que han fallado un montón de cosas en todo este tiempo. La pregunta, además de la clásica de Zavalita (parafraseando: «¿Cuándo se jodieron las Españas»), es «¿qué hemos hecho los españolitos para merecer esto?».

Tenemos una casta política que desde que subió al poder en 1982 (lo de antes fue «de transición»), no ha hecho otra cosa que bajarse los pantalones ante los enemigos de España (externos e internos pagados por los de fuera). Parece ser que a mucha gente le interesa que España no recupere jamás su peso en el mundo. Y sabemos que uno de los primeros en esa lista de nuestros enemigos es Heinrich Kissinger. Hay periodistas todavía valientes a los que no les han rebanado el cuello que hablan de nuestra «transición democrática» como una concesión graciable por someternos al NOM. A partir de aquí, lo que ustedes quieran.

Consumada la «transición política» (que no fue otra cosa que un «pacto entre nada caballeros» para repartirse una España que Franco, por mucho que les joda a unos y a otros, dejó pacificada y lista para otra nueva etapa en su historia), llegó eso que han llamado algunos juancarlismo (más bien habría que llamarlo «juanitismo»), que se tradujo en la transformación de la estructura estatal en «Estado-negocio». En román paladino: «Haga usted como yo: robe y no se meta en política». Recuerda mucho a lo de Dune: «No me importa lo que hagas allí, siempre que mantengas la cuota de especia». Es decir: «No me importa que destroces el país, siempre que asegures la sumisión al NOM».

Como consecuencia, ha crecido a los pechos del Estado una casta política que sabe mucho de intrigar y robar, ya sea para sí o para el partido, y poco de gobernar. Les importa un carajo que exista un divorcio absoluto entre los intereses generales y los suyos propios. Todo sea por no traspasar esa línea roja que les impide ocuparse de esos intereses generales en beneficio de la Nación, porque hay «otros intereses superiores en juego» (¿cuáles y de quién?).

Como consecuencia, asuntos tan importantes para el futuro de la Nación como la educación, la cultura y la comunicación en España han estado dejados de la mano de Dios… y puestos en manos de inútiles, advenedizos o simplemente malvados. Últimamente los titulares de la cosa han pertenecido a la primera categoría, pero es que el monstruo ha crecido tanto que ya no se le puede dominar con «diálogo» y «talante». ¿Quieren una demostración? Las palabras de un señor que –lo siento– me cae gordísimo. Un quídam llamado Andoni Ortúzar.

Imaginen –ya sé que es mucha imaginación, pero les ruego hagan el esfuerzo– que VOX llega a Moncloa sin haberse corrompido en el camino y conservando intactos su idea fundacional y sus principios. E imaginen ahora que ante la desoladora situación en esos tres terrenos, decide recuperar para el Estado las competencias correspondientes. No tengo ninguna duda de que todos los barones y caciques territoriales se cuadrarían y le dirían a Santi Abascal: «Cada uno de nosotros vale tanto como vos; y todos juntos, más que vos». Queda la duda de si Abascal sería capaz, en dado caso, de imitar a Ramiro II, El Monje, y formar una nueva campana de Huesca con todos aquellos que se le opus-ieran. Está bien, no obstante, que Abascal no se achante cada vez que un cenutrio de la izquierda le llama «¡fascista!», como les pasa a los dirigentes del PP, cuyo lema ahora mismo debería ser «Semos tontos, pero honraos». Quizá se lo quiten el día que abandonen la postración en que les dejó Mariano, el Registrador y Soraya, la niña asheshina; pero de momento, como diría don Juan, largo me lo fiáis.

Debería llegar alguien que tuviera claro que para que España recupere su tamaño natural hay que desherbar desapasionadamente, empezando por recuperar esas tres competencias (Interior, Educación y Cultura) en vez de dejarlas como hasta ahora, en manos de ignorantes, sectarios y malvados (o las tres cosas a la vez). Y empezar una tarea de verdadera reconstrucción. Pero quizá sueño demasiado.

En cualquier caso, Navarra está en manos del PNV y sus amigotes del trabajo sucio (gracias, Sánchezstein). Quizá Juantxo se haya preocupado de aprender euskera, ahora que lo impondrán en todo el territorio navarro, vascohablante o no. Y en todo caso, espero que siga siendo buena persona, como a mí me pareció que era cuando le conocí.

Juantxo (II)

En esta entrada, hace ya nada menos que doce años, hablaba yo con alguien acerca del problema terrorista. Permítanme la larga autocita:

El caso es que comentando con él acerca del tema de la ETA, me dijo unas palabras que no recuerdo en su exactitud, pero sí se me quedó grabada la idea: «Como no os andéis con cuidado, en 30 años tendréis el mismo problema que nosotros». Yo, confiado de mí, le repliqué que eso no podía ser porque Pujol había cortado de raíz el conato de «crecimiento» de Terra Lliure (movimiento terrorista catalán de corto vuelo), que estaban cerca las Olimpiadas y que la lluvia de millones que iba cayendo en Barcelona no se iba a cortar por las bombas de cuatro descerebrados. Le vine a decir, en suma, que atendiendo a la situación política y económica del momento, no era imaginable que se diese alas a un grupo terrorista independentista. Juantxo insistió en sus palabras y yo, aunque finalmente le di la razón, pensé: «Largo me lo fiáis…».

Decía yo en mi entrada que «estas palabras resultaron proféticas». Han pasado ya 27 años, si contamos desde 1992; y hoy, quizá, son «proféticas» con más motivo que entonces. Entonces se trataba apenas de unas pintadas en el domicilio de un diputado de C’s. Hoy ya hablamos de huevos de serpiente. No existe el pujolismo, ni el «normal» ni el «sector negocis» (buena parte de él criando malvas o en prisión); pero ha dejado una herencia terrible, que sus sucesores de todos los colores permitidos en tierras catalanas se han encargado de cuidar y proteger.

Hasta que, en estos últimos días, hemos comprobado que ha dado un esplendoroso fruto: siete Mossos vinculados con los CDR han sido enviados a prisión incondicional por el juez García Castellón por presunto delito de terrorismo. Lo chusco del caso es que la Guardia Civil tuvo que operar engañando a los Mossos y sin comunicarse la operación al ministro Marlasca, que montó en cólera porque a su vez Sánchezstein desde Nueva York le abroncó al ser preguntado por un periodista y dejarle sin palabras. Era obvio que la Benemérita no quería que se repitiera la historia del Faisán.

Recuerdo muy bien cómo en la Facultad de Derecho nos machacaban el carácter de ultima ratio del Derecho Penal en un Estado democrático. Lo cual supone ya un problema: si verdaderamente es ultima ratio, la intervención de García Castellón significa que en este asunto ha fallado todo lo demás. O, más exactamente, que no se ha aplicado todo lo demás en absoluto. Es decir, todo lo que no dependía de la justicia. De hecho, desde que llegó Pujol a la poltrona, en 1980, consiguió una especie de carta blanca para moldear Cataluña a su antojo tras echar a patadas a Tarradellas.

¿Y qué ha fallado? Básicamente tres cosas, que justamente son aquellas en que la izquierda domina prácticamente en su totalidad y que de hecho conforman el futuro de un país: la educación, la cultura y la comunicación. Baste señalar, para terminar esta parte de la entrada, que fue Aznar, al entregar a la Generalitat la competencia de Educación, el que con ese gesto dio el visto bueno a todo lo que hasta ese momento era ilegal en las escuelas catalanas. De lo demás hablaremos en la segunda parte.

Circo judicial (II)

Como les decía en la entrada anterior, las preguntas se agolpan, pues el proceso puede cerrar fácilmente en falso la cuestión.

Ciñéndonos a lo que sabemos, resulta cada vez más claro que el delito que se impone por importancia es el de rebelión, no el de sedición o malversación como intentó forzar la menestra de Justicia a la Abogacía del Estado a decir. Por los espeluznantes detalles que van contando los miembros de las FCSE destacados en Cataluña en las fechas de autos, sabemos que aquello no fue un ensayo general de Els Pastorets, sino la llamada a la comisión del delito tipificado en el art. 472 CP («alzarse pública y tumultuariamente») con la finalidad expresada por el ordinal («Declarar la independencia de una parte del territorio nacional»). Frente a esta acusación, el presunto delito de sedición cae por su propio peso y el de malversación es totalmente lateral, pues si fuera por eso, la malversación ya venía produciéndose… desde los tiempos de Pujol.

En cuanto a las penas por la comisión de este delito son como aquellos versos de la famosa jura de Santa Gadea… Quizá por ello los subalternos y otros testigos han cantado La Traviata, La Favorita y lo que les hayan pedido.

Las juras eran tan fuertes
Que a todos ponen espanto,
Sobre un cerrojo de hierro
Y una ballesta de palo…

Vamos al lío. Primero tenemos el tipo general, que se desdobla en tres:

  1. Quienes induzcan a los rebeldes, hayan promovido o sostengan la rebelión y los jefes principales de ésta: a éstos les caen 15 a 25 años e inhabilitación absoluta por el mismo período.
  2. Los que ejerzan un mando subalterno: 10 a 15 años y mismo período de inhabilitación absoluta.
  3. Los meros participantes: 5 a 10 años e inhabilitación especial para empleo o cargo público de 6 a 10 años.

No está mal, ¿eh? Bueno, pues veamos el tipo agravado, que se desdobla en varias conductas también:

  1. Si se han esgrimido armas.
  2. o si ha habido combate entre la fuerza de su mando y los sectores leales a la autoridad legítima.
  3. o la rebelión hubiese:
    1. causado estragos en propiedades de titularidad pública o privada,
    2. cortado las comunicaciones telegráficas, telefónicas, por ondas, ferroviarias o de otra clase.
    3. ejercido violencias graves contra las personas.
    4. exigido contribuciones.
    5. distraído los caudales públicos de su legítima inversión.

Conforme a su grado de participación, las penas se agravan en lo siguiente:

  1. Para los inductores, promotores o sostenedores de la rebelión: de 25 a 30 años.
  2. Para los mandos subalternos, 15 a 25 años.
  3. Para los meros participantes: 10 a 15 años.

Éste es el cuadro general dibujado por el «Código Penal de la democracia», el del biministro Belloch. En mi opinión, que puede no ser la del Alto Tribunal, en todas las categorías hay alguien. Sin embargo, en este cuadro falta algo en mi opinión, que les contaré en la entrada siguiente.