A sota d’una pedra

Aprovechando que habíamos dejado nuestro relato hablando del procés (otra vez), me ha parecido interesante incluir un artículo aparecido en el Diari de Girona del pasado 21 de octubre, de una persona, Helena Boadas, que ha perdido la fe del poble català (en Sant Jordi Pujol y en sus deixebles, se entiende). Es muy explícito y, aunque no va a despertar a ninguno de los que debiera (porque, además, el procés sirve a «otros fines»), vale la pena dejar constancia de él, aunque la autora todavía habla de «país» refiriéndose, naturalmente a… bueno, ya saben. Rémoras que quedan. Acompañamos traducción.

No sé si cal que digui que la mesura és irresponsable perquè em sembla de jutjat de guàrdia; tenint en compte que l’han seguit milers de persones segurament sí. El sistema bancari és molt sensible, immensament. I jugar amb això és jugar amb foc. Per altra banda no sé qui es vol perjudicar amb aquesta acció. Perquè de moment, a dia d’avui, els únics perjudicats són les iaies que volien treure diners per anar al mercat i no han pogut perquè el caixer no tenia efectiu. Era aquesta la idea? Si algú s’espanta, quan hi torni a haver efectiu el traurà tot per no tornar-se a trobar en la mateixa situació. Suposo que tots veiem el perill –immens– d’això.

Si em quedava algun gen de la independència amagat en algun racó del cos, els últims mesos s’ha quedat fulminat. Que no hi ha fractura social? No; si quan no ets independentista t’amagues a sota d’una pedra, no n’hi ha.

Mireu, jo escric aquest article perquè estic cansada d’amagar-me. Com molts altres catalans, vinc d’un context molt independentista, molt. És el que he viscut tota la vida. Quan he aconseguit fer-me una mirada pròpia sobre les coses, una mirada crítica, la meva, he hagut de callar. Com tantes altres persones. Els grups de WhatsApp són un infern. TV3 és un pamflet independentista vergonyós. La distorsió de la realitat és important. Si en algun context m’atreveixo a parlar provoco com a mínim decepcions.

Estic cansada d’amagar-me. Aquí ho teniu, soc una botiflera, ja m’ho dic jo mateixa, no patiu. Però aprofiteu per reflexionar-hi una mica, perquè com jo hi ha molta, molta gent, moltíssima, que continua amagada a sota la pedra.

Bajo una piedra

Escribo este artículo ahora que medio país está retirando dinero de los cajeros automáticos para conseguir no sé muy bien qué. Ayer, cuando leí esta consigna que llegaba por tierra, mar y aire (en resumen, sacad dinero todos a la vez), hasta lloré. Hoy ya se me ha pasado: ya no lloro y escribo un artículo, que es más productivo.

No sé si hace falta decir que es una medida irresponsable porque me parece de juzgado de guardia; teniendo en cuenta que la han obedecido miles de personas, seguramente sí. El sistema bancario es muy sensible, inmensamente sensible. Y jugar con esto es jugar con fuego. Por otra parte, no sé a quién se quiere perjudicar con esta acción. Porque, de momento, a día de hoy, las únicas perjudicadas son las yayas que querían sacar dinero para ir al mercado y no han podido porque el cajero no tenía efectivo. ¿Era ésta la idea? Si alguien se ha espantado, cuando vuelva a haber efectivo lo sacará todo para no volverse a encontrar en la misma situación. Supongo que vemos todos el peligro –inmenso– de esto.

Si me quedaba algún gen de la independencia escondido en algún rincón de mi cuerpo, en los últimos meses ha sido fulminado. ¿Que no hay fractura social? No. Si cuando no eres independentista te escondes bajo una piedra, no la hay.

Mirad, escribo este artículo porque estoy cansada de esconderme. Como muchos otros catalanes, provengo de un contexto muy independentista, mucho. Es lo que he vivido toda la vida. Cuando he conseguido construir una mirada propia sobre las cosas, una mirada crítica, la mía, he tenido que callar. Como tantas otras personas. Los grupos de WhatsApp son un infierno. TV3 es un vergonzoso panfleto independentista. La distorsión de la realidad es importante. Si en algún contexto me atrevo a hablar, como mínimo provoco decepciones.

Estoy cansada de esconderme. Aquí lo tenéis: soy una botiflera, ya me lo digo yo, no padezcáis. Pero aprovechad para reflexionar un poco, porque como yo hay mucha gente, muchísima, que continúa escondida bajo una piedra.

 

Concatenación (III)

Disturbios marca CDR

Decíamos en la entrada anterior que una de las patas del plan de Sánchezstein era tener un trato amable con los separatistas, lo que a todos los efectos significaba dejarles hacer. Lo que no sabíamos era que no sólo había que dejarles hacer dentro de las instituciones, sino también fuera de ellas. Había que dejar que los CDR, los cadells del procés, camparan por sus respetos y convirtieran la otrora rica i plena Cataluña en can Seixanta. Es el sueño de «Xauxa» de los de La Trinca… claro que si les tocan els milions, eso… como que ya no.

Pero La Trinca empezó siendo antisistema, ecologista, luego tuvo una fase autogestionaria y luego pasó a ser un asteroide capturado en la órbita del PSC –justo cuando les empezaron a llegar els milions– con conciencia social (por una vez se acercaron a su propia realidad: no de los obreros, sino de los cuadros medios y directivos). Y ahora, talluditos y forraos, se han hecho indepens… para cerrar el círculo: es decir, separatistas pero sin dejar de cobrar. Por si faltara algo, montaron un «show» con la temática «buscant La Trinca». Creo que no la encontraron, porque a fin de cuentas, como decía Presuntos también hace mucho, ya «no hay humor» y La Trinca como fenómeno fue algo irrepetible. Pero seguro que entre medio se embolsaron unos cuantos «milions» a cuenta de la nostalgia y de la producción.

Y ahora, claro: llegan unos tíos que parecen los perros del cerdo Napoleón de Rebelión en la granja y montan la jarana padre y madre. Los de Madrit, como están a quinientos kilómetros, siguen pensando que eso es una especie de «exotismo» y «extravagancia» más que un verdadero problema. La casta madrilenya, después de 40 años, se ha encontrado que la bestiola de los años 80 se ha convertido en una especie de Fafner más grande que el drac de Sant Jordi. Y por lo visto, tampoco quieren que haya un Siegfried que acabe con él. Es una cosa extraña. Después de tanto azuzar, sale alguien que quiere convertir esas locuras en realidad y això ja no mola, nen (la «g» final es un invento de Buenafuente, créanme. Y ése, que se ande con cuidado, que si se proclama la «república catalana» igual le obligan a pasar por el catalanitzador de cognoms y llamarse Bonafont…).

Volviendo a los disturbios, tenemos otra ausencia más que remarcable: la flamante alcaldesa de Barcelona, la Colau. Sí, la del runrún… ese mismo runrún que dice que si mañana hubiera elecciones municipales, tanto ella como su protector y ventrílocuo, Jaume Collboni, se irían a su casa. No hay peor enemigo que el tiempo para esta gente. Aquí tienen la prueba.

Ítem más. La internacionalización del procés ha dado como resultado que participen en él aquellos que se apuntan hasta a un bombardeo. Lo de Marta Dedosrotos fue una niñería comparado con lo que ha venido después. Ha resultado que los cedetarras poseen una organización cuasimilitar (con sus tres niveles de estrategia, información y “acción directa”), que los va acercando a la cabra que los crió, la ETA y un apoyo popular de un nivel parecido. Sus conexiones internacionales incluyen a Moscú: Putin, deseoso de enredar en la UE, ha ayudado en la guerra de la propaganda (las famosas fake news), que ha ganado el CDR porque frente a ellos no había más que dos pandas de memos que se hacen llamar «Gobierno» y «oposición», que no han hecho nada por frenarlos. Sobre todo la primera de ellas, que no ha hecho ni un borrall.

Y tanto es el trato amable de Sánchezstein con los separatas, a través de su «hombre en Ferraz» (Iceta), que incluso va a dejarles que le apoyen en la investidura. Poco importa que los ciudadanos catalanes (sean o no de la ceba) sufran en sus carnes la disbauxa (que no «tsunami») separatista. Con un C’s en coma (hasta que vuelva la embarazadísima Arrimadas, quien sin decir gran cosa se postula como sucesora del huido Rivera) y un PP que ha subido en Cataluña sólo porque alguien de fuera y con un discurso guerrero –y a la contra de lo que exigían desde Madrit– ha sacado de su modorra a Alejandro Fernández, y un VOX que sube, pero no lo bastante, los cedetarras todavía tienen el campo libre. Y si les protegen desde la Generalitat, no digamos.

En un país serio (no multicolor, como el que pretenden Sánchezstein y sobre todo los tiranuelos de aldea que le van a apoyar), el porvenir de Torra estaría entre rejas o en el extranjero. Pero eso es todavía política ficción.

Concatenación (II)

La sentencia del procés

La primera pata del plan de Sánchezstein pasaba –pasa, como veremos más adelante– por dispensar un trato amable a los separatistas catalanes que iban a ser juzgados el pasado 1 de octubre, hace exactamente un mes. Claro que un Gobierno en funciones es lo que tiene: su extrema debilidad le hace extremadamente sensible a todo tipo de presiones, como las inmundas presiones políticas recibidas del separatismo catalán. Qué duda cabe que han conseguido, siquiera sea parcialmente, su objetivo.

Supongo –y pido disculpas por ello– que me precipité al elogiar la actuación hasta ese momento de Manuel Marchena, presidente a la sazón de la Sala II del TS. Como dijo Federico en su momento, «a los jueces hay que juzgarlos por sus sentencias», no tanto por lo que hagan en el acto de juicio. No obstante, lo que al popular radiofonista se le olvidó mencionar y yo debí haber tenido en cuenta por haberlo dicho ya antes, es que política y justicia forman una coyunda inmunda; y que, por tanto, cuando se trata de juzgar a políticos delincuentes (como eran todos los sentados en el banquillo de los acusados), las sentencias vienen escritas de arriba. Inauguró esa nada venerable tradición Felipe González con el asunto de Rumasa y la continuó con el asunto de Banesto (a Neguri no le gustó que un advenedizo se les subiera a la txepa, por muy masonazo que fuera, y se lo hicieron pagar). Para volvernos a encontrar con algo así hay que saltar el intervalo aznarista y llegar hasta ZP con la infame sentencia del 11-M. Bien es verdad que Aznar hizo otra cosa no menos deleznable, que fue incumplir la sentencia del TS relativa al antenicidio: la recibió y la metió en el cajón, quedándose ahí muerta de risa. Pero eso, como diría mi antiguo profesor de Economía Política, Pere Mir, són figues d’un altre paner.

Y ahora esto, pues. Hay que admitir que tiene su mérito convertir a todo un Alto Tribunal en escribas al dictado y en lacayos con puñetas, sometidos –mejor no describo lo que ha sido en realidad– a la superior raison d’État, argumento de peso desde Luis XIV. Claro que como dijo alguien, un muerto no muerde y un vivo al que se le hace un favor –o se le promete hacerlo, al menos–, tampoco. Parece ser que alguien deslizó en los oídos del señor Marchena las palabras «Presidente del Tribunal Supremo» (por tanto, también del CGPJ) y el susodicho se licuó. Tanto, que hoy lo único parece que es suyo en la sentencia del procés es su firma tras el fallo. Dicho fallo tiene dos notas características, entre otras que se puedan citar:

a) Niega la verdad. Rebajó la calificación penal de los hechos de rebelión (lo que fue, en verdad) a sedición, que supone también una interesante rebaja de pena. Este hecho ya se cobró una víctima en la persona de Edmundo Bal, Abogado del Estado encargado de decir lo que quería su jefa, Información Vaginal, por negarse a ello. También esto otro lo hemos visto antes: «¡Es sedición y valeyá!». Es una suerte que no hubieran encargado a Olga Sánchez, hoy ascendida a Fiscala del TS por méritos de diversa consideración, formar parte de la acusación pública.

b) Pone al zorro a cuidar del gallinero. Aquí el zorro es la Generalitat de Catalunya. Las gallinas… bueno, no hay más que recordar a la indecible Carme Forcadell, siéndole tomada declaración ante el TS. Guardaba un parecido asombroso con Rita-me-irrita, la rojelia pija que declaró ante la Justicia por despelotarse en medio de una misa, respondiendo sotto voce y con la cabeza baja, como si lo suyo hubiera sido poco más que fumar en el lavabo y la hubiera pillado la Madre Superiora. La cuestión es que la sentencia entrega a la Generalitat (a Presons, concretamente) la ejecución de la misma. No es difícil imaginar que, con una Generalitat en abierta rebelión contra el Estado, los sediciosos coman tranquilamente el turrón en su casa y entren y salgan de Lledoners cuando les venga en gana. Y luego, cuando se olvide este asunto o a nadie de los importantes le importe mucho, los sacarán por la puerta de atrás.

En resumen: una burla de sentencia, sobre todo si la comparamos con la asonada de Tejero, que eso sí fue considerado como rebelión militar y juzgado y castigado como tal. Es malo para la democracia que el Alto Tribunal nos acostumbre a esta clase de fechorías, como es malo que el respetable en general comprenda que «el Código Penal está para los robaperas (vulgo españolitos de a pie, como ustedes y yo), no para los peces gordos». Lo que nos lleva a tres conclusiones. La primera, a una frase mítica de D. Francisco de Quevedo que él mismo sufrió en sus carnes: «Donde hay poca justicia es peligroso tener razón». La segunda, la de «per la giustizia dobbiamo andare da Don Corleone». Y la tercera, la de «si los Tribunales no me hacen justicia, la justicia me la hago yo (con razón o sin ella)». En cualquiera de los tres casos, ¿para qué necesitaríamos todo el entramado judicial?

Márchese a su casa, señor Marchena. O, si es cierto lo que corre por ahí, a su sillón bienpagao. Pero, por favor, no nos aburra hablándonos de «justicia». No quedaría bien.

 

Juantxo (y III)

Decía yo en mi anterior entrada que han fallado un montón de cosas en todo este tiempo. La pregunta, además de la clásica de Zavalita (parafraseando: «¿Cuándo se jodieron las Españas»), es «¿qué hemos hecho los españolitos para merecer esto?».

Tenemos una casta política que desde que subió al poder en 1982 (lo de antes fue «de transición»), no ha hecho otra cosa que bajarse los pantalones ante los enemigos de España (externos e internos pagados por los de fuera). Parece ser que a mucha gente le interesa que España no recupere jamás su peso en el mundo. Y sabemos que uno de los primeros en esa lista de nuestros enemigos es Heinrich Kissinger. Hay periodistas todavía valientes a los que no les han rebanado el cuello que hablan de nuestra «transición democrática» como una concesión graciable por someternos al NOM. A partir de aquí, lo que ustedes quieran.

Consumada la «transición política» (que no fue otra cosa que un «pacto entre nada caballeros» para repartirse una España que Franco, por mucho que les joda a unos y a otros, dejó pacificada y lista para otra nueva etapa en su historia), llegó eso que han llamado algunos juancarlismo (más bien habría que llamarlo «juanitismo»), que se tradujo en la transformación de la estructura estatal en «Estado-negocio». En román paladino: «Haga usted como yo: robe y no se meta en política». Recuerda mucho a lo de Dune: «No me importa lo que hagas allí, siempre que mantengas la cuota de especia». Es decir: «No me importa que destroces el país, siempre que asegures la sumisión al NOM».

Como consecuencia, ha crecido a los pechos del Estado una casta política que sabe mucho de intrigar y robar, ya sea para sí o para el partido, y poco de gobernar. Les importa un carajo que exista un divorcio absoluto entre los intereses generales y los suyos propios. Todo sea por no traspasar esa línea roja que les impide ocuparse de esos intereses generales en beneficio de la Nación, porque hay «otros intereses superiores en juego» (¿cuáles y de quién?).

Como consecuencia, asuntos tan importantes para el futuro de la Nación como la educación, la cultura y la comunicación en España han estado dejados de la mano de Dios… y puestos en manos de inútiles, advenedizos o simplemente malvados. Últimamente los titulares de la cosa han pertenecido a la primera categoría, pero es que el monstruo ha crecido tanto que ya no se le puede dominar con «diálogo» y «talante». ¿Quieren una demostración? Las palabras de un señor que –lo siento– me cae gordísimo. Un quídam llamado Andoni Ortúzar.

Imaginen –ya sé que es mucha imaginación, pero les ruego hagan el esfuerzo– que VOX llega a Moncloa sin haberse corrompido en el camino y conservando intactos su idea fundacional y sus principios. E imaginen ahora que ante la desoladora situación en esos tres terrenos, decide recuperar para el Estado las competencias correspondientes. No tengo ninguna duda de que todos los barones y caciques territoriales se cuadrarían y le dirían a Santi Abascal: «Cada uno de nosotros vale tanto como vos; y todos juntos, más que vos». Queda la duda de si Abascal sería capaz, en dado caso, de imitar a Ramiro II, El Monje, y formar una nueva campana de Huesca con todos aquellos que se le opus-ieran. Está bien, no obstante, que Abascal no se achante cada vez que un cenutrio de la izquierda le llama «¡fascista!», como les pasa a los dirigentes del PP, cuyo lema ahora mismo debería ser «Semos tontos, pero honraos». Quizá se lo quiten el día que abandonen la postración en que les dejó Mariano, el Registrador y Soraya, la niña asheshina; pero de momento, como diría don Juan, largo me lo fiáis.

Debería llegar alguien que tuviera claro que para que España recupere su tamaño natural hay que desherbar desapasionadamente, empezando por recuperar esas tres competencias (Interior, Educación y Cultura) en vez de dejarlas como hasta ahora, en manos de ignorantes, sectarios y malvados (o las tres cosas a la vez). Y empezar una tarea de verdadera reconstrucción. Pero quizá sueño demasiado.

En cualquier caso, Navarra está en manos del PNV y sus amigotes del trabajo sucio (gracias, Sánchezstein). Quizá Juantxo se haya preocupado de aprender euskera, ahora que lo impondrán en todo el territorio navarro, vascohablante o no. Y en todo caso, espero que siga siendo buena persona, como a mí me pareció que era cuando le conocí.

Juantxo (II)

En esta entrada, hace ya nada menos que doce años, hablaba yo con alguien acerca del problema terrorista. Permítanme la larga autocita:

El caso es que comentando con él acerca del tema de la ETA, me dijo unas palabras que no recuerdo en su exactitud, pero sí se me quedó grabada la idea: “Como no os andéis con cuidado, en 30 años tendréis el mismo problema que nosotros”. Yo, confiado de mí, le repliqué que eso no podía ser porque Pujol había cortado de raíz el conato de “crecimiento” de Terra Lliure (movimiento terrorista catalán de corto vuelo), que estaban cerca las Olimpiadas y que la lluvia de millones que iba cayendo en Barcelona no se iba a cortar por las bombas de cuatro descerebrados. Le vine a decir, en suma, que atendiendo a la situación política y económica del momento, no era imaginable que se diese alas a un grupo terrorista independentista. Juantxo insistió en sus palabras y yo, aunque finalmente le di la razón, pensé: “Largo me lo fiáis…”.

Decía yo en mi entrada que «estas palabras resultaron proféticas». Han pasado ya 27 años, si contamos desde 1992; y hoy, quizá, son «proféticas» con más motivo que entonces. Entonces se trataba apenas de unas pintadas en el domicilio de un diputado de C’s. Hoy ya hablamos de huevos de serpiente. No existe el pujolismo, ni el «normal» ni el «sector negocis» (buena parte de él criando malvas o en prisión); pero ha dejado una herencia terrible, que sus sucesores de todos los colores permitidos en tierras catalanas se han encargado de cuidar y proteger.

Hasta que, en estos últimos días, hemos comprobado que ha dado un esplendoroso fruto: siete Mossos vinculados con los CDR han sido enviados a prisión incondicional por el juez García Castellón por presunto delito de terrorismo. Lo chusco del caso es que la Guardia Civil tuvo que operar engañando a los Mossos y sin comunicarse la operación al ministro Marlasca, que montó en cólera porque a su vez Sánchezstein desde Nueva York le abroncó al ser preguntado por un periodista y dejarle sin palabras. Era obvio que la Benemérita no quería que se repitiera la historia del Faisán.

Recuerdo muy bien cómo en la Facultad de Derecho nos machacaban el carácter de ultima ratio del Derecho Penal en un Estado democrático. Lo cual supone ya un problema: si verdaderamente es ultima ratio, la intervención de García Castellón significa que en este asunto ha fallado todo lo demás. O, más exactamente, que no se ha aplicado todo lo demás en absoluto. Es decir, todo lo que no dependía de la justicia. De hecho, desde que llegó Pujol a la poltrona, en 1980, consiguió una especie de carta blanca para moldear Cataluña a su antojo tras echar a patadas a Tarradellas.

¿Y qué ha fallado? Básicamente tres cosas, que justamente son aquellas en que la izquierda domina prácticamente en su totalidad y que de hecho conforman el futuro de un país: la educación, la cultura y la comunicación. Baste señalar, para terminar esta parte de la entrada, que fue Aznar, al entregar a la Generalitat la competencia de Educación, el que con ese gesto dio el visto bueno a todo lo que hasta ese momento era ilegal en las escuelas catalanas. De lo demás hablaremos en la segunda parte.

Circo judicial (II)

Como les decía en la entrada anterior, las preguntas se agolpan, pues el proceso puede cerrar fácilmente en falso la cuestión.

Ciñéndonos a lo que sabemos, resulta cada vez más claro que el delito que se impone por importancia es el de rebelión, no el de sedición o malversación como intentó forzar la menestra de Justicia a la Abogacía del Estado a decir. Por los espeluznantes detalles que van contando los miembros de las FCSE destacados en Cataluña en las fechas de autos, sabemos que aquello no fue un ensayo general de Els Pastorets, sino la llamada a la comisión del delito tipificado en el art. 472 CP («alzarse pública y tumultuariamente») con la finalidad expresada por el ordinal («Declarar la independencia de una parte del territorio nacional»). Frente a esta acusación, el presunto delito de sedición cae por su propio peso y el de malversación es totalmente lateral, pues si fuera por eso, la malversación ya venía produciéndose… desde los tiempos de Pujol.

En cuanto a las penas por la comisión de este delito son como aquellos versos de la famosa jura de Santa Gadea… Quizá por ello los subalternos y otros testigos han cantado La Traviata, La Favorita y lo que les hayan pedido.

Las juras eran tan fuertes
Que a todos ponen espanto,
Sobre un cerrojo de hierro
Y una ballesta de palo…

Vamos al lío. Primero tenemos el tipo general, que se desdobla en tres:

  1. Quienes induzcan a los rebeldes, hayan promovido o sostengan la rebelión y los jefes principales de ésta: a éstos les caen 15 a 25 años e inhabilitación absoluta por el mismo período.
  2. Los que ejerzan un mando subalterno: 10 a 15 años y mismo período de inhabilitación absoluta.
  3. Los meros participantes: 5 a 10 años e inhabilitación especial para empleo o cargo público de 6 a 10 años.

No está mal, ¿eh? Bueno, pues veamos el tipo agravado, que se desdobla en varias conductas también:

  1. Si se han esgrimido armas.
  2. o si ha habido combate entre la fuerza de su mando y los sectores leales a la autoridad legítima.
  3. o la rebelión hubiese:
    1. causado estragos en propiedades de titularidad pública o privada,
    2. cortado las comunicaciones telegráficas, telefónicas, por ondas, ferroviarias o de otra clase.
    3. ejercido violencias graves contra las personas.
    4. exigido contribuciones.
    5. distraído los caudales públicos de su legítima inversión.

Conforme a su grado de participación, las penas se agravan en lo siguiente:

  1. Para los inductores, promotores o sostenedores de la rebelión: de 25 a 30 años.
  2. Para los mandos subalternos, 15 a 25 años.
  3. Para los meros participantes: 10 a 15 años.

Éste es el cuadro general dibujado por el «Código Penal de la democracia», el del biministro Belloch. En mi opinión, que puede no ser la del Alto Tribunal, en todas las categorías hay alguien. Sin embargo, en este cuadro falta algo en mi opinión, que les contaré en la entrada siguiente.

Turu-rull (I)

Da una pereza grandísima escribir sobre algo parecido a un bucle melancólico como ése en el que está atascado Cataluña desde hace meses. Hoy, no obstante, me apetecía decir algo al respecto, pues llevaba muchos días sin aparecer por el blog y aquí va. Como católico que intenta mantenerse en la línea, cada vez soy más apolítico, pues a mí ninguno de los cuatro grandes «me representa», que se dice ahora. Pero si quisiera ejercer mi derecho al voto, por el que «tantos murieron» (y otros tantos tiran a la basura cada cuatro años), encontraría al menos dos razones para no votar a Rajoy, cuyo partido sólo Dios sabe en qué se ha convertido hoy (me dan pena los que mantienen la fe del carbonerito en el gallego barbudo y que sólo pueden justificarlo como mal menor):

a) Primero, obligar a todos los españolitos de a pie a tragarnos el culebrot que todos los días tiene lugar en Barcelona debido a la aplicación de un 155 CE emasculado. Culebrot que tiene visos de durar tanto como «El secreto de Puente Viejo» o «Amar es para siempre» (secuela de «Amor en los tiempos revueltos», que ya llevaba sus mil y pico capítulos cuando sufrió esa mutación genética).

b) Segundo, permitir que Montoro nos meta la mano en el bolsillo para que el culebrot se siga emitiendo, en vez de dejar caer a la indigna casta catalana, que ya nació podrida pero que durante el pujolismo alcanzó niveles increíbles de indignidad y de podredumbre. Y de paso, dejar que aumente la deuda de ese Govern con el resto de España, que los optimistas cifran por ahora en más de 50.000 millones de euros.

A estas alturas ya se entiende que hay pacto entre el Gobierno y los sepa-ratas. Sólo así se entiende la inacción del Gobierno central, aunque no se entienda muy bien para qué. Quizá todo el meollo de la cuestión se halle en que, como dijo alguno hace algún tiempo, se trata de meter con calzador al respetable la idea de que «España se gobierna mejor de forma confederal». Poco les importa que nuestra primera experiencia confederal (1873) fuera un desastre y terminara con el caballo del general Pavía entrando en el Congreso. Esa insistencia en seguir procedimientos fracasados sólo tiene una causa y una consecuencia: destruir España como nación, tanto política como espiritualmente. No tengo duda de ello.

Otro detalle que llama la atención y que también explicaría unas cuantas cosas son unas declaraciones que hizo en 2011: «Yo soy un mandao; hago lo que me dicen». Quizá alguno se enfade (me da igual) y diga que «son declaraciones sacadas de contexto» (también me da igual). Pero la pregunta hoy y en relación a este asunto, cobra cada vez mayor relevancia: «¿Quién le dice a usted lo que tiene que hacer en esta materia?». Si jugáramos a las conspiraciones, podríamos enunciar enfáticamente lo siguiente: «España es un país plenamente comprometido con el Nuevo Orden Mundial; y Soraya Sáenz de Santamaría oficia como chica de los recados entre el grupo Bilderberg, conectado con ese NOM y Rajoy». Un servidor no es quizá tan conspiranoico, sino que se ajusta más a Mt 7, 16: «Por sus frutos los conoceréis». Y dichos frutos no dan para tirar cohetes, ni mucho menos.

Y no pasa nada

Tras unos asuntillos que me han retenido, vuelvo otra vez a escribir en mi blog. El asunto, como siempre, es el del procés, al que ahora se ha dado una vuelta de tuerca más con unas elecciones legítimas, por cuanto autorizadas por el Gobierno esta vez. No, por tanto, como la astracanada del refotèndum, dentro de la astracanada general del procès.

Contemplando los acontecimientos ocurridos desde el 17 de agosto, bien parece que poco a poco se va construyendo el ataúd del régimen que ha gobernado España durante los últimos 39 años. Un régimen que los aduladores varios que ha tenido la jefatura del Estado saludaban poco menos que como «lo mejor que le había ocurrido a España en todo el siglo XX». Un régimen basado en un turno de partidos más o menos evidente —repitiendo el esquema Cánovas-Sagasta— y que ahora ha saltado por los aires porque uno de los partidos se ha echado al monte con quienes odian a España y el otro no ha hecho nada por proteger a quienes por ello se han quedado desprotegidos.

Coincido con Federico Jiménez Losantos en que esas elecciones que se celebraron un 21 de diciembre —día laborable, por lo demás—, nunca debieron haberse celebrado. Uno tiene la sensación de que en Génova, además de a los brujos visitadores, consultan a algún astrólogo o así que les diga cuál es la mejor fecha… para dispararse en el pie. Porque ese astrólogo debe ser separatista, pues los resultados no han podido acompañar menos al partido en el Gobierno. Es decir: las elecciones sí podrían haberse celebrado, pero no antes de barrer la basura en la educación, la cultura y la comunicación catalanas. Ai las! El problema catalán se ha dejado pudrir prácticamente desde que estamos en «democracia» y ahora, a ver quién es el guapo que vuelve a meter a la fiera en la jaula. La aplicación del famoso 155 debió haber servido para eso, para fer dissabte; pero oigan: ni sábado, ni Lunes de Pascua. Los separatistas y quienes les dan apoyo siguen controlando esas tres áreas. ¿Han de sorprender los resultados? Lo único que ha detenido a alguno de ésos que dan su apoyo vergonzante es que le han dicho que «peligraba su grandeza de España».

Total: un sainete que nunca debió haber permitido el Gobierno. Permitir ese sainete le ha costado muy caro a García Albiol, alcalde de la única ciudad grande que le quedaba al PP en Cataluña, Badalona. Lo han quemado (a pesar de que a mí no me disgustaba como candidato) y posiblemente irá a Génova a poner la cabeza para que se la corten, con el beneplácito de… bueno, ¿quién quería su silla o a quién estorbaba? El PP está próximo a desaparecer en Cataluña si en Génova no hacen nada (y me temo que con la actual dirección no va a pasar nada). Un partido constitucionalista menos allí.

En cuanto al bailongo del Baix Llobregat, la yenka que pretendió bailar con los dos bandos le ha salido también cara. Quiso bailar con los dos bandos, el constitucionalista y el separatista, y los votantes constitucionalistas le han abandonado sin que por ello haya podido rebañar votos separatistas. Si Javier Fernández dirigiese el PSOE, quizá la sensatez que demostró en la gestora hubiera recompuesto un poco las cosas; pero lo dirige el monstruo de Sánchezstein, que ha dado en llamarse podemita sin serlo y está dispuesto a ser tragado por las fauces de la formación violácea, que se ha merendado sin pestañear a IU. Así, pues, Iceta seguirá donde está gracias a sus hermanos de logia y el PSOE (y antes de éste el PSC) se irá a la eme cantando alegremente la Internacional.

Finalmente, tenemos a los vencedores morales de esas elecciones, casi contra todo pronóstico: Ciudadanos. La formación naranja ha sido la lista más votada, pero… gracias a las martingalas que permite la LOREG, resulta que esa victoria no le sirve para gobernar. Resulta que los pactos postelectorales acaban con la alegría en la casa del pobre. En mi opinión, los pactos deberían ser pre-electorales, para que los votantes supiéramos a qué atenernos. Pero la Ley está como está y resulta que se unen dos partidos separatistas después de resultados y le roban a Inés Arrimadas la posibilidad de ser la primera presidenta de la Generalitat. Es legal, sí; pero es un robo. Con otra circunstancia: quienes están contra España siempre han encontrado espacio para unirse, mientras que a quienes defienden España lo único que les vale es la mayoría absoluta porque deben ganar en solitario.

Se puede calificar de misión imposible, realmente. Si Iceta no hubiera hecho el gilipollas con sus bailoteos y a García Albiol se le hubiera permitido elevar el perfil —estatura tiene para ello—, quizá se hubiera dado la posibilidad de un Tripartito constitucionalista. Pero, nuevamente, las cosas han ido como han ido y a Sorayavirreina de Cataluña— le ha importado más que Arrimadas no llegase al Palau de la Generalitat, aunque fuera a costa de joder a su propio candidato. Claro que con el desamparo que sufren los cuadros directivos del PP por parte de la directiva ¿nacional?, eso tampoco podría extrañar.

Aparte, en Génova 13 hacen también una lectura nacional de estos resultados. Ven cómo la estrella de Albert Rivera va ascendiendo con seguridad y sin prisas, mientras que la del PP se apaga, a rebufo de la de Rajoy y Soraya. Claro que lo de Albert Rivera no es flor de un día, sino que llevan ya 11 años: aparecieron en 2006 en el panorama político y se hicieron sitio en la política catalana porque Rivera se atrevió a salir en pelota picada en un cartel electoral. Y ahora en Génova she hacen todosh mishtosh ante la posibilidad de tener que pactar con Rivera, que no tiene hipotecas ni corruptos que se le puedan echar en cara. Con el PSOE ya estaba bien, porque cada uno tenía sus esqueletos en el armario y ninguno iba a abrir el armario del otro, entendiéndose entre ellos muy bien.

Señores, esto es (hoy) España: pasen y vean.


El problema catalán (VIII)

Al final todo ha sido una tramoya. No cuela —por ahora— la famosa «reforma prostitucional» que iba a colarnos nuestra casta política y la jugada ha quedado, poco más o menos, en salvar los muebles ante la opinión pública. Rajoy declara un «155 limitado» y todos contentos. Los únicos que pueden estar furiosos son las bases de la CUP, que ya se veían apatrullando Cataluña a la caza del facha español tras la DUI. DUI que al final no fue ni declaración, ni unilateral ni de independencia. Puigdemont no tiene los huevos que tuvo el masón Companys de salir al balcón y proclamar la república catalana. Ni siquiera proclamó la republiqueta catalana, no fuera a ser que le empapelaran por rebelión.

De hecho, los empapelables no son de mucho nivel: Trapero y unos cuantos más. Cuando las cosas se ponen feas y la manada que antes protegía se disuelve, quedan los cabezas de turco. Y es bueno para los políticos malos tener uno al menos. El de Puigdemont es el major de los Mossos. Y los demás (Forcadell y cía) ya veremos qué excusa se sacarán. O irán como los cátaros a la hoguera (hoy un poco de prisión y poco más): cantando himnos de alabanza y sabiéndose mártires por la causa. Mártires que serán citados en la intimidad familiar, al modo como lo cuenta Jon Juaristi en su ensayo sobre el nacionalismo vasco y que serán, con el tiempo, semilla de nuevos tarados separatistas porque el Gobierno no hizo en su momento los deberes.

Y luego, por fin, el art. 155, precedido de unas infectas declaraciones del menistro-portacoz coincidiendo con los agitadores de cuarta del procés: que la situación de la educación en Cataluña es como una bassa d’oli y que las denuncias por acoso lingüístico y tal «son casos aislados». O este ministro es tonto, o nos toma por tontos a los demás y se ríe en nuestras barbas. Seguramente en su logia estarán contentos; pero un ministro que ante los casos que se han dado en su ramo no quiere trabajar tiene derecho a ser expulsado del Gobierno. Pero, claro, como el jefe tampoco quiere que perturben su cómoda siesta, es del mismo parecer y aquí no pasa nada.

Lo que queda claro, tras la «aplicación del 155», es lo siguiente: que el Gobierno de Mariano no se ha querido arremangar los brazos y trabajar en el nivel más básico de la política. Igual que en Madrid ha dejado la educación, la cultura y la comunicación en manos rojo-masónicas, ha hecho lo mismo en Cataluña, dejándolas en manos de los separatistas (que alguno de ésos estará también en la logia seguro). No es así como se desmonta la hegemonía del programa separatista.

Sepan ustedes que cuando los useños se apoderaron, tras el breve conflicto con España, de las Filipinas, una de las primeras cosas que hicieron fue mandar al archipiélago filipino nada menos que 10.000 (diez mil) profesores de lengua inglesa para enseñar a la nueva colonia de los USA the Empire’s Language. Lo que, con el tiempo, se ha convertido en la razón por la cual la población filipina tiene nombre español y, sin embargo, habla en inglés (y tagalo). Sin embargo, de tan «democrático» que quiere parecer nuestro Gobierno, parece tonto. Estoy seguro de que en Francia o en Alemania habría una purga de profesores y directores de colegios comprometidos con la independencia de Bretaña o Baviera, respectivamente. Y a nadie le parecería «antidemocrática» la medida. Pero aquí, donde el lenguaje separatista y proterrorista ha ganado la batalla, ocurriría distinto. Teniendo un ministro de ¿Cultura? que gusta de que le rompan la cara en las galas de los titiriteros, ¿cómo vamos a pensar que hará algo por recuperar las competencias educativas que Aznar cedió graciosamente (hoy ya no tiene gracia) a las CC.AA. y defender de paso el derecho de las familias a educar en la lengua oficial del país en todo su territorio?

La otra parte de la opereta montada es la de las elecciones. Primero, elecciones a cambio de la DUI: «Si no declaras la independencia y aceptas elecciones, no te aplicaré el 155». Como Puigdemont no dijo ni una cosa ni otra, la aplicación del susodicho artículo ha conllevado la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones en dos meses. Y qué manía la de Rajoy de convocarlas en diciembre, justo antes de Navidad. Tendrá sus razones, desde luego. Solamente espero que la Cataluña no separatista no se vaya de vacaciones, como suele hacer, y piense que no se juega nada con esas elecciones. Elecciones, como decimos, en una Cataluña en que los separatistas controlan la educación, la cultura y la comunicación.

Yo siempre les digo que no sé para quién trabaja nuestro Gobierno; pero desde luego, no es para nosotros. Me da igual el color del Gobierno. Corran apuestas: puede que trabaje para Bruselas, que odia los Estados-Nación y busca crear un superestado neutro en que todos sus habitantes compartan un sustrato común sin desviaciones regionales o locales. Por eso odia a países como Hungría o Polonia, que hacen valer su tradición católica frente al laicismo de los eurócratas y se niegan a aceptar las decisiones de Bruselas contrarias a esa tradición.

O puede ser que esté trabajando por la implantación definitiva del Nuevo Orden Mundial, cuyo fin es la transformación de las sociedades cristianas en «relativistas, naturalistas y laicistas (o sea, masonizadas e incluso masónicas)» (P. Manuel Guerra). Ya llevamos un trecho en ese camino, impulsados desde Bruselas en lo cercano. Cataluña ha sido y es banco de pruebas. En mi opinión, no ha de llevar a nada bueno. En cinco años lo veremos casi seguro.

El problema catalán (VII)

Menuda ceremonia de la confusión que ha habido en las dos últimas semanas. Ceremonia que, según parece, terminó ayer con la declaración refinitiva del famoso artículo 155 CE. Los acontecimientos se han sucedido, a ras de suelo, como una confusa catarata de declaraciones y contradeclaraciones, en las que prácticamente todos se han retratado. Pero vamos por partes, que diría Jack el Destripador.

Dejábamos nuestro relato en el punto del sorprendente discurso del Rey, que en nuestra opinión no fue escrito por ningún fontanero de lo políticamente correcto. Dicho discurso provocó una reacción inesperada para quienes conducen el vehículo de la presunta reforma constitucional: ese fin de semana Madrid y después Barcelona se llenaron de banderas españolas. Prescindamos de los nombres propios que los manifestantes querían llevar a prisión. Al pueblo, ése que nuestros (presuntos) representantes desprecian en el fondo, le daba igual si reforma sí o sí no: hartos de toda la tramoya, pedían el regreso a la normalidad de la situación política y la aplicación de la Ley y la actuación de la Justicia y las fuerzas del orden en todo el territorio español.

Lo cual hizo que los sesudos conductores se detuvieran un tanto. Ante tal marea de banderas, se dijeron: «Con tanta banderita será imposible que traguen con una reforma constitucional que encima les dé más poder». Y entonces, gentuza como Pablo Iglesias pareció ver la luz: un tío que afirmaba no poder decir «España» y que el himno nacional le parecía una «cutre pachanga fachosa» ahora «amaba España». Pero es sabido que para Pablemos y su troupe no hay límite: tanto la verdad como la mentira son armas revolucionarias. El hecho cierto es que reculan todos, menos Cs que sí había pedido la aplicación del citado artículo.

Requiéreme otra vez

Así las cosas, el art. 155 CE exige un requerimiento a la comunidad incumplidora para que cese en su incumplimiento. La escena es digna de un Berlanga, aunque me temo que hoy en el cine español no hay nadie que le chiste al Gobierno, salvo para pedirle más dinero e insultar al ministro del ramo que no es de su cuerda. Podría ser algo como esto:

—Carlesh, te requiero para que no proclamesh la independencia.

—No la voy a proclamarla del todo, sólo un poquito.

—Bueno, pues yo te aplicaré el 155 sólo un poquito.

Home, cómo te pones. Estamos entre amics, ¿no?

Amiguiños sí, pero a vaquiña polo que vale, ¿eh? —Rajoy hasta se sorprende: tamén fala galego na intimidade—.

Hay que imaginarse la jugada: en Barcelona y en Madrid hay sendos camarotes de los hermanos Marx. En Madrid, el monstruo de Sánchezstein y Pablemos; en Barcelona, el PSC, que es casi autónomo de su centro madrileño. «Hay que dialogar, como no puede ser de otra manera. ¿Cómo se atreve Rajoy a no dialogar?», a ambos extremos de la línea. En Barcelona, además, los de la CUP. Están nerviosos porque Puigdemont parece que se arruga un poco ante la posibilidad de que el pagano del sarao sea él y unos pocos más de los suyos. Le empujan, seguros del poder que empiezan a tener en la calle a través de los CDR (Comités de Defensa del Referéndum, una transposición de sus homólogos cubanos): «¡Como no declares la independencia vamos a por ti!». Como ya hemos hablado del diálogo no vamos a volver sobre ello.

Total, que entre unos y otros la escena se convierte en el clásico de la despedida telefónica de enamorados:

—Empieza tú por no declarar la independencia…

—No, tú a no aplicar el 155…

—No, tú…

—No, no, tú…

Y así, ad nauseam. Tres veces, no una, requirió Rajoy a Puigdemont. Tres veces citó al toro y tres se negó a salir, aunque luego al final declarara la independencia del pobre.

Aunque lo que nos tiene con las dichosas náuseas es que esto se pudo haber acabado en 2014. Pero fue tan brutal el ejercicio de la negación de la realidad en aquel entonces que ha habido que esperar tres años después. Y encima, a la aplicación de un 155 limitado. Tanto, que no sabemos si en realidad es un 15,5 o un 1,55. Lo fundamental es que a partir de las manifestaciones en Madrid y Barcelona tanto hunos y hotros no han hecho otra cosa que recular, aunque las calles catalanas, tomadas por la CUP hayan parecido decir otra cosa.