Fumata blanca en Sevilla (I)

Bueno, pues por fin hay fumata blanca en Sevilla. La victoria del tripartito de la derechona, que diría ese numen cacumen que fue Arfonzo Guerra, va apagando los soplos del vendavá antidemocrático que se decía que iba a soplar. Se apagan las alertas antifascistas y la izquierda zascandil va arriando velas y preparándose para la travesía del desierto, aunque puede que ésta no sea muy larga. Lo único que resultó profético, hasta ahora, es la foto de Susana Díaz en las escaleras de la iglesia de la Parroquia de los Incurables, compuesta y sin novio (fue la lista más votada y la han echado de San Telmo):

Pero en estos cuarenta días tras el 2 de diciembre hay algunas cosas que han quedado claras: una, la poda de la las propuestas más ¿estridentes? de VOX, bien sea porque no son una competencia autonómica (inmigración), bien porque eso (filfa de género) podría asustar y movilizar a la izquierda que se quedó en casa por no gustarle el cartel de la plaza («En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirá…»). Y dos, el papelón de C’s, que no ha hecho más que intentar enredar con la finalidad de echar a VOX del pacto de los tres.

En mi opinión, lo incomprensible es lo segundo. Ya comentamos en varias ocasiones cómo Juanillo Marín, hoy flamante Vicepresidente de la cosa, estuvo tres años de palafrenero de Susana Díaz sin despeinarse. Quizá también habría que añadir que la que debió ser nombrada Vicepresidenta de la Junta es Inés Arrimadas, pues fue ella con su salero y olé, y no Juanillo con su cara de pájaro de mal agüero, quien hizo la campaña de las andaluzas. Arrimadas enseña la patita como persona de valía –para su partido– y Rivera, al parecer, está un pelín nervioso. No es muy difícil imaginarle preguntando al espejo; y cuando éste le respondiese «InésInésInés…», el otro, presa del síndrome de Herodes, chillara descompuesto del todo:

«¡Yo soy la única Superstar!»

Centrándonos en VOX, resulta que ha recibido por parte de los partidos del sistema el mismo trato que recibían los negros en Alabama en los años 50: «Quiero tus votos; pero como eres negro y no tienes derechos, me los vas a dar a cambio de nada». El PP, más experimentado, lo ha hecho con discreción; pero C’s, a quien le están empezando a crecer los enanos dentro y fuera, ha trompeteado su desprecio a quien le ha querido oír. Rivera, mal aconsejado por sus amigotes europeos, trata a Abascal como el nom del porc. Que si le preguntan a Rivera, éste dirá: «¡Le odio, le odio y le odio!». Cosa normal, porque Rivera quería seguir jugando a la indefinición ideológica («un poco de esto y otro poco de aquello»), más o menos como Bosé, y la aparición de VOX le ha cerrado el grifo de los votos despistados de la «derecha»; de modo que ahora se ve obligado a postularse como el sucesor de la ruina en que va quedando la pesoe. De momento ya ha pillado los tics de género, que supongo su electorado no progre no le va a perdonar.

Así, pues, y por ahora, descanse en paz (políticamente) Susana Díaz

 

El nuevo tablao (y III)

Me quedaba pendiente hablar de los efectos de las elecciones andaluzas. De entrada, más que de efectos habría que hablar de onda expansiva. En Andalucía ha caído una bomba atómica que amenaza con reconfigurar el tablao nacional. El triunfo de VOX ha pillado a todos los partidos con el pie cambiado. Las reacciones son de lo más variado, así que pasaremos revista un poco para aclararnos.

El que está en mejores condiciones de sacar tajada del triunfo de VOX en Andalucía y, dadas las previsiones, de su aparición en el panorama nacional, es el PP. A fin de cuentas, VOX está formado en su mayor parte por lo que antes era el sector conservador católico del PP y no sería difícil formar una entente entre ambos partidos –lo de que VOX vuelva a la Casa Grande de la derecha vas a tener que dejarlo para otro rato, Pablo: las bofetadas del gallego y su cuadrilla duelen demasiado–. No obstante, al PP hay que recordarle, aunque no sea culpa de su presidente actual, que si el PP hubiera hecho sus deberes en Cataluña y Vascongadas no le hubieran salido el lamparón naranja primero y el lamparón verde después, ambos ya con vida propia.

Por lo que hace a los del ruido y la furia, vamos por partes: PSOE, Podemos y C’s.

Empezando por la pesoe, los que tienen mando en plaza recitan para sus adentros lo de «las barbas de tu vecino». Daba pena Lambán, que al mismo tiempo que pedía a Sánchezstein una «mayor contundencia» contra el separatismo catalán, no se acuerda de promover la derogación de la infame Ley de Lenguas, que convierte al catalán en lengua cooficial de Aragón. Otro tanto le ocurría a García Page, que nunca se acordó de que era español hasta que han llegado los de VOX y al que no le importa hacerse fotos con representantes de regímenes que violan diariamente «los derechos de la mujer» (de paso, de todos los que no son musulmanes; pero en fin, para la progresía que domina los medios de comunicación está claro que ésos no cuentan).

Pero no se acaban ahí los problemas de la pesoe. Si hay justicia, el procés debería pasar factura a Sánchezstein. No es sólo que tenga en su gobierno a una menestra (la Batet) favorable a los presos polítics, qué va. El hecho es que el PSC, en su actual configuración, es un grano en el culo de la Ejecutiva Federal e Iceta, lo más nefasto que le ha caído al PSC encima y que, como sus mentores de la logia, no juega a menos de dos barajas; sin duda, un prodigio de indefinición. Por eso en Cataluña los que antes votaban al PSC ahora votan C’s y los definidos se los ha llevado Ernest Maragall a ERC. Es factible que el PSC, si el sucesor de Sánchezstein es alguien con cara i ulls, acabe subsumido en la pesoe sin más historias y se guarde el discurso de las «nacionalidades y regiones» para mejor ocasión. Bueno, y que lo mismo les pase a Ximo Puig y a Francina Armengol (tal para cual)…

El hecho es que con la zapatiesta que se ha montado (ministros delincuentes y barones acojonados), a Sánchezstein lo único que le preocupa son dos cosas: lo primero, aguantar todo lo que pueda en Moncloa sin convocar elecciones. Y lo segundo, sabiendo que en cuanto convoque elecciones se va, agrandar todo lo posible todos los marrones que heredó de Rajoy, otro personaje que ha entrado en la historia para quedarse en nuestra galería de facinerosos y traidores a España, al lado de don Oppas, Fernando VII o Largo Caballero. A eso se dedica la menestra Celaá (de antepasado maketo, probablemente gallego) con esa ley que dice estar preparando y que esperemos el PP, dirigido por Méndez de Humo en la cosa, no se ponga de perfil. Miedito me dan ambos.

Lo de Pablemos tiene su aquél. Ahora dice que se arrepiente de unas cuantas cosas que dijo en el pasado… en una Comisión parlamentaria que investiga la financiación de los partidos. Me da la risa. Cualquier cosa para que no se hable del pastón que recibió la formación morada de forma directa o por persona interpuesta, que se han puesto ídem. Si el proceso sigue por sus trámites, Podemos perderá el voto del cabreo y quedarán los comunistas de siempre, que con suerte formarán el 10% del total. En cualquier caso, volvamos a las disculpas: no hay más que comparar ese comentario soez de Pablemos con la actitud de Carlos Herrera, exmarido de Mariló Montero. Que yo conozca, nunca ha dicho una palabra más alta que otra de ella y nunca ha hecho de su vida privada carnaza para los medios del ¿corazón? Pues eso. Carlos Herrera me parece un señor y el otro, un payaso con la gracia en los cuartos traseros.

Se me ocurren dos cosas más acerca de Pablemos: la disculpa por referirse al himno nacional como «cutre pachanga fachosa», que esperamos en palmitas. Y la segunda, como premio a la primera. Aunque seguramente Casa Real no está para bromas, digo yo que ya que Pablemos regaló a Su Majestad las cuatro primeras temporadas de Juego de Tronos, él podría corresponder a ese preciado regalo creando un título nobiliario. Yo propongo el título de Baronía de Villatinaja, más que nada porque «barón» lo ha sido mucho: nada menos que dos churrumbeles de una sola tacada a su kamaradoska. Eso es ser muy barón, oigan. Imaginen con qué orgullo colgarían el Real Decreto de concesión en el salón de la mansión. Ahí se acabaría de veras la revolucionaria carrera del tovarishch y de su costilla.

La nota, sin embargo, es para C’s. Después de haber leído las deposiciones declaraciones de su secretario general, Fran Hervías, conocido en la casa como El Hervidero, la verdad es que dan miedito, mucho más que la alarma antifascista de Pablemos. Sobre todo, porque hasta hace cuatro días los fascistas eran precisamente los de C’s. Recuerda a unas viejísimas sevillanas de La Trinca. El famoso trío estaba entonces en la órbita del PSC, lo que explica lo de las «sevillanas» (valen también para el desfile hacia Madrit de los peces gordos de C’s, acompañada de la correspondiente purga)…

Fa poc temps que  arribat
i ja em sento instal·lat.
Fa poc temps que 
 arribat
i ja em sento instal·lat,
Fa poc temps que
arribat
i jo ja dic “feixistes!”

an els que han vingut més tard.

De las razones que se han apuntado para estos exabruptos, todas bastante razonables, me quedo con dos:

a) La primera, que hasta que apareció VOX C’s tomaba votos tanto del PP como del PSC. Aparece VOX y esa fuente se les ha secado. La buena noticia es que, como VOX es, según la expresión consagrada, de extrema-extrema derecha, no va a coger votos del PSC. Como ya no pueden jugar a la ambigüedad –más o menos como Miguel Bosé, que con el tiempo se ha sabido que era de la acera de enfrente y había jugado a la ambigüedad sexual durante años–, se han definido como lo que algunos ya nos olíamos que eran: progres de izquierdas. En lo personal, nunca jamás les votaré por su postura no contraria al aborto.

b) Y la segunda, los ¿consejos? del belga Guy Verhofstadt –un bilderberg, de paso– a Albert Rivera de que «no se junte con malas compañías» y que en cambio se junte al coro de los que apostrofan a VOX como «anticonstitucional». Que ustedes dirán lo que quieran: pero llamar «anticonstitucional» a un partido que precisamente defiende la Constitución… bueno, es que sus detractores no tienen argumentos, aparte de que se quedan sin silla y sin qué-hay-de-lo-mío. Dejo para otra entrada lo de distinguir «Europa» de la «Unión Europea», que tiene mucho que ver con esto…

Por cierto, ¿se imaginan a Albert Rivera cantándole Nena a Inés Arrimadas? Yo tampoco. ¿Será por eso que, a pesar haberle hecho con éxito la campaña a Juanillo Marín, Rivera tiene confinada a la jerezana en Cataluña? Como siempre, el tiempo trae todas las respuestas, con independencia de los dimes y diretes…

El nuevo tablao (II)

Vista el ala izquierda del espectro parlamentario, echemos un vistazo al ala derecha del mismo. Dividiremos nuestra exposición en dos bloques, en función de la representación parlamentaria o no de la formación.

Respecto de los partidos con representación parlamentaria, la idea con que me quedo es que los verdaderos candidatos a la Junta debieron ser Pablo Casado e Inés Arrimadas. Fueron ellos los que les hicieron la campaña a sus candidatos locales, ante el pobrísimo balance que podían exhibir por sí mismos. Un poco al modo de lo que le ocurre al PSC en Cataluña: cuando va solo no se come un colín y necesita de su big bro nacional para ser alguien. El problema es que Casado y Arrimadas fuerzan una lectura nacional de los problemas andaluces –sólo pueden hablar de lo que conocen bien para que les consideren auténticos y no un bluff–, a pesar de que Arrimadas es jerezana con gracia, salero y olé. Juanillo Marín, según le veo, no tiene gracia, ni salero ni olé. Y los andaluces, después de ejercer él de palafrenero de Susana durante tres años, no le han considerado suficientemente digno para ejercer de líder de la oposición –para presidente de la Junta le falta aún más–. Aun así, ha más que doblado su representación, lo cual es de reconocer.

Parte de lo que hemos dicho se aplica también a Juanma Moreno Bonilla. La cuestión, para el elector andaluz no adscrito era: ¿cómo se come un candidato sorayo con un presidente que no lo es? El dilema se resolvió el domingo: el PP perdió siete escaños. Los andaluces no han perdonado a Moreno Bonilla que, al igual que su predecesor Javier Arenas, se instalara en la oposición cómoda –y supongo que también con el aditamento del reparto de algunas prebendillas para tenerlos contentitos y calladitos–. Con esa clase de oposición, la pesoe hubiera durado cuarenta años más. Lo dijimos en otro momento: el PP andaluz no es un mal boxeador, pero pelea drogado en un combate amañado. Así es imposible ganar. Ha tenido que salir Pablo Casado, que ni es sorayo ni marianista, al ring a pelear por él. Ha logrado salvar los muebles. Pero eso también tiene una lectura en clave nacional, que veremos luego.

El triunfador de la jornada, naturalmente, fue VOX. La irrupción de esa formación (aunque ya advertimos que habría que decir «VOX, segunda época») ha puesto nerviosos a todos. Es muy gracioso cómo hasta un periodista de ABC trata a ese partido como de «extrema derecha» (¿siguiendo tal vez los dictados de Génova, 13?). Todos quieren dar la impresión de que «sé d’ehtrema deresha é mu malo», pero ninguno de ellos da una definición muy exacta de lo que es eso. Reclamar el «orgullo y la satisfacción», que diría Campechano I, de ser y sentirse español es «facha», otro vocablo vaciado de significado…

–Papá, ¿qué es un facha?

–Pues… no lo sé muy bien, hijo. Pero teniendo en cuenta quién te lo llama y el odio con que lo hace, «facha» es todo aquel que no piense como él.

Volviendo al tema, Santiago Abascal los ha puesto nerviosos a todos. A la pesoe, porque ha iniciado ya el camino de la pérdida del poder, que puede seguir con las municipales y terminar en las nacionales. Y porque sacar el espantajo de «que vienen los fachas» ya no funciona. Es más: ésa es una señal de que a uno lo toman por imbécil. Y hasta ahí podíamos llegar. Este mismo argumento vale para los comunistas de Podemos, que, si Dios quiere y la CEE no lo estorba, dejarán de ser una amenaza para la Nación.

Al PP le pone nervioso simplemente porque VOX es, en lo ideológico, una escisión. Lo hemos comentado alguna vez: el sector conservador católico, que formaba la base electoral del PP hasta los tiempos de Aznar, se hartó de las bofetadas que un día sí e outro tamén recibía del gallego y su cuadrilla. Y se ha ido quedando en casa, de forma que el PP ha desaparecido prácticamente en Vascongadas y Navarra y es minoritario en Cataluña (vamos a ver si a Alejandro Fernández, a diferencia de García Albiol, le dejan hacer). Y en Galicia sólo sigue en la poltrona porque se ha plegado a no pocos postulados separatistas y porque la red clientelar formada desde los tiempos de O Abuelo aún goza de buena salud.

¿Y qué puede tener VOX que pueda poner nervioso a Rivera en Andalucía? A mi modo de ver, la novedad y la frescura, rasgos que se notan mucho más en Andalucía. Juanillo Marín es del partido de Juanillo Marín, que circunstancialmente se ha prestado a colaborar con C’s. Ya no dice el espejo que Rivera es la más bella del reino. Y claro: poco puede hablar de novedad y frescura un partido que se prestó a sostener a la corruta e ineta presidenta de la pesoe como presidenta de la Junta durante tres años. Lo del corazón con tres ventrículos (el autonómico, el español y el europeo) se ha quedado obsoleto: lo del terruño está más o menos bien, pero lo que iguala a un señor de Bilbao con otro de Alcalá de Guadaira es la bandera española. O a un extremeño o murciano con un señor de L’Hospitalet del Llobregat –lazos familiares aparte: si no, que se lo digan al señor Rufián, cuyo apellido es un compendio de su persona–. Y lo de identificarse con la UE… qué quieren que les diga: para mí, una cosa es Europa y otra la UE. Hablaremos de ello en una próxima entrada.

El nuevo tablao (I)

Bueno, pues esto es lo que dijeron los andaluces que fueron a votar. Sería interesante, no obstante, que los gráficos incluyeran el porcentaje de abstención, lo cual nos podría dar una idea de la desafección del respetable andaluz respecto del sistema político. Aunque, vistos los resultados, ese porcentaje podría haber descendido en los tres años que median entre unas y otras elecciones. Significaría eso que los andaluces han desandado el camino que lleva a la abstención vía resignación fatalista y, yendo en sentido contrario, quieren cambio vía cabreo.

Respecto a la influencia en estos resultados de la política nacional, supongo que hay opiniones divididas: unos que sí y otros que no. En mi opinión y objetivamente hablando, lo cierto es que la problemática andaluza, por sí sola, ya da para pensar en un cambio después de cuarenta años –ya más que Tut-Frankh-Amón– de Régimen, al margen de que pueda hacerse una lectura nacional.

Naturalmente, la mayor damnificada ha sido Susana Díaz, cuyo batacazo ha sido morrocotudo. En Ferraz están decidiendo si la mantienen como encargada de la tienda o no; y en Sevilla han decidido apretar las filas en torno a su lideresa. Ha habido declaraciones en ambos sentidos, lo que significa marear la perdiz mientras se piensa con calma –más o menos– y se toma una decisión. Y eso que a Carmen la de Cabra le encantaría pegarle el hachazo, pero probablemente tenga que esperar. No en vano la andaluza es la más numerosa de las federaciones socialistas y su granero tradicional de votos; por lo que todo lo que afecte a esa federación debe considerarse con cuidado.

El problema de Susana es que la tienda de la que todavía es encargada es una tienda venezolana: no hay género o éste se ha vuelto rancio. Y claro, con eso no vas a unas elecciones. La gente te tiene tomada la medida y te aguanta mientras no pueda votar otra cosa. Pero a la que se ha presentado una opción vistosa, con cara i ulls, como dicen en Cataluña, muchos andaluces que vivían de la paguita han recordado que tienen una diznidá y han votado otra cosa. Y ninguna cantidad de gracias de Los Morancos en TeleSusana les iba a hacer cambiar de opinión.

Lo de Podemos también tié guasa, como dirían más abajo de Despeñaperros. Resulta que Adelante Andalucía, la confluencia dirigida por Teresita la Maestra, ha obtenido menos votos que Podemos y resto de la confluencia por separado en 2015. Se les han ido trescientos mil votos, nada menos, a la abstención o a otras formaciones. Y dado que es una confluencia, habría que conocer el desglose de votos para saber cuál es el peso real de la formación podemita, tanto dentro de la confluencia como en el conjunto andaluz. Es decir, un verdadero desastre. Quizá el acierto de la candidata fue mantener a su jefe de filas nacional a una distancia respetable: acercándolo, el daño hubiera podido ser aún mayor. En cualquier caso, a los comunistas andaluces les ha pasado lo que a Pepiño en Palas do Rei, su villa natal: que no le votan porque ya le conocen.

Silencio, se vota (y II)

¿Y qué nos queda? Pues, por descarte dos opciones: VOX o quedarse en casa. En alguna entrada de este blog se han criticado cosas de ese partido. Ahora se presenta como «VOX, nueva época». Y la verdad es que ha sido una especie de revulsivo: la presunta izquierda andaluza y nacional ha tratado de demonizarlos como «extrema derecha». Que, permítanme que les diga: con esa expresión ocurre un fenómeno extraño. La «extrema derecha» existe sólo en los medios, pero no en la realidad. Por el contrario, la «extrema izquierda» está muy viva, pero en la prensa del Movimiento (rojo) es difícil que aparezca, incluso cuando hay follones en la calle, que es su hábitat natural.

El mérito de «VOX, 2ª época» ha sido galvanizar al electorado y conseguir que resto de los re-partidos (todos los que participan del reparto) se pongan nerviosos. Particularmente Susana Díaz, que está histérica porque sabe que está sentada sobre una roca en un magma de lava. Los otros dos algo menos, pero también preocupados por la lectura nacional que pueda hacerse de su gestión. VOX, que por ahora no tiene nada que perder, ha dado muy duro y ha ido marcando la campaña, entre acusaciones de «financiación ilegal» (PP, C’s) y de «no respetar los derechos de la mujer» (PSOE). Y banderas. Recordar que tenemos una bandera común y que nos representa a todos es importante. Al PP ya no le vale ese recurso porque llega tarde. C’s, como quiere quedar bien con todo el mundo, no la va a sacar. Y la presunta izquierda simplemente detesta esa bandera.

Respecto de VOX, la cuestión es si es resistente al paso del tiempo o cronodegradable, como los demás. Y en este segundo caso, la segunda cuestión es cuánto tiempo tardará en derretirse o en convertirse en polvo. Es decir, que el votante andaluz medio tiene hoy que elegir entre cuatro certezas y un misterio. Habrá ocasión de comprobarlo si VOX entra en el Parlamento andaluz.

Pero lo más ridículo de todo el asunto es la cobertura que algunos han dado a la campaña. Se ponen sesudos y dicen: «Esta campaña se ha puesto muy interesante» y venga a citar encuestas. Como un periodista deportivo que se ponga en plan sesudo y diga: «Esta Liga se ha puesto muy interesante». A algunos comentaristas políticos sólo les falta hablar de los «fichajes» y del «mercado de invierno».

¿Y quedarse en casa? Bueno. Al margen de que si uno se queda en casa (es decir, vota al partido de la abstención) no puede quejarse después de lo que salga, le es de aplicación cierta frase del historiador Arnold J. Toynbee: «El mayor castigo para quienes no se interesan por la política… es que serán gobernados por personas que sí se interesan». Para quienes decidan ir a votar, sepan que deben haber meditado lo que van a votar, pues si la opción por la que voten resulta ganadora, ese voto les convierte en cómplices de lo que ocurra, para bien… o ─más corrientemente─ para mal.

Silencio, se vota

En Andalucía hoy se vota. Pero, como dice el dicho «los vientos que corren ya no son los que corrían». Hoy los andaluces deciden si quieren más Andalucía de los Morancos (dicho con todo el respeto para esos cómicos que comen de TeleSusana) u otra cosa, cualquiera que sea esa «otra cosa». Se enfrentan la Andalucía de la paguita y del PER frente a la Andalucía que se levanta por las mañanas para ganarse el pan honradamente y «con el sudor de su frente».

Hoy yo me planteo qué haría yo si viviera, un suponer, en Almería, de donde soy oriundo. Almería y, en general, todo lo que se denomina Andalucía oriental, es la expresión gráfica de lo que podría ser Andalucía: una verdadera tierra de las oportunidades. Baste decir que esa zona de la región Comunidad Autónoma ha crecido a pesar de los esfuerzos de la Junta por chuparles la sangre. Tan es así que los almerienses, oliéndose la tostada en 1980, quisieron formar Comunidad Autónoma con los murcianos, con quienes les unen más lazos geográficos y comerciales que con la casta corrupta que vegeta en el palacio de San Telmo. Pero geografía y política mandan; y así, aunque se dice que votaron hasta los muertos, Almería permaneció en Andalucía.

Por lo tanto, ya tengo un primer descarte. No votaría a Susana Díaz, que pretende ahora varias cosas: envolverse en la bandera andaluza (tras las declaraciones de García Tejerina, que no son otra cosa que la puritita verdá dicha en castellano de Valladolid), llamarse andana respecto de la corrupción que su partido lleva administrando desde hace 40 años (ya más que Franco, al que han querido convertir en el espantajo de niños y no lo han conseguido) y fingir que no conoce de ná ni a Chaves ni a Griñán. Y por último –y en eso, siguiendo la consigna nacional–, escandalizarse ante el ascenso de la extrema derecha. Tramoya y nada más: está acojonada porque podría ser que hoy dejara de dirigir/administrar el chiringuito de la pesoe; lo que a su vez, podría provocar que la Justicia andaluza despertara de su sopor y la pusiera también a ella caminito de Jeré.

El PP también es un descarte. No tanto por sus bases, en las que seguro que milita gente decente, trabajadora y capaz. Me refiero a su cúpula directiva. Visto el panorama, que Susana Díaz les acuse de «extrema derecha» da risa y sólo se la creen los fanáticos y los tontos que tragan con todo. No he visto una cosa más perruna en un partido que debía haber gestionado una oposición sólida a un proyecto de miserización (si se me permite el vocablo) de tanta duración como el de la pesoe. En eso sigue la estela de Arenas Movedizas. Pero no es menos cierto que a Juanma lo puso el dedazo de Soraya, en vez de la elección más natural que hubiera sido el alcalde de Tomares. El PP andaluz es así víctima del sudoku autonómico –léase cambalaches territoriales entre los mandarines de los partidos: si tú me tocas las narices en X yo te las tocaré en Y; y como todos tenemos cosas que tapar, ¿verdad?–. Por eso ha tenido que ir a Sevilla Pablo Casado: para intentar que la gente interprete las elecciones en clave nacional y así de paso, desviar el foco de la pobrísima gestión de Juanma. Lo cual crea otro problema: ¿qué va a hacer Pablo Casado en Madrid, con un partido que todavía no es suyo, sino de Soraya?

El tercer descarte es Juanillo Marín. Personalmente no le votaría ni jarto de mal vino. Tié cohone que él preconice el cambio cuando ha estado sosteniendo al susanismo, que es lo de siempre, durante tres años. No cabe duda de que a él el «cambio» le ha sentado estupendamente: de AP al PA (Partido Andalucista), de ahí a Ciudadanos Independientes de Sanlúcar y de ahí a C’s: todo un carrerón, oiga. Y ya en C’s, de palafrenero de Susana. Y que tengan la cara de decir que «somos lo bastante flexibles como para apoyar al PP en Madrid y al PSOE en Andalucía» sólo es una muestra más de su grouchomarxismo. De verdad, cuando C’s estaba sólo en Cataluña era una altra cosa.

Y el cuarto y sin discusión es Teresita Rodríguez, la comunista. Podemos ya no es lo que era y por eso el marqués de Villatinaja ha sido mantenido a prudente distancia, no fuera a ser que el olor de su bien peinada melena a champú del caro y su estudiada pose proletaria espantaran a los proletarios de verdad, que se supone son su nicho electoral. Resulta enternecedor oír hablar a un comunista de «derechos sociales» (como los que tenían los trabajadores en la URSS) y a Teresita Rodríguez de los «derechos de la mujer» (¿nadie le ha contado a esa maestrilla los «derechos» que tenían las mujeres en la RDA?). Quizá haya convencido al Kichi de compartir la cama; pero a los demás no nos va a convencer de que no va a pactar con Susana si se le presenta la ocasión, a pesar de la muy publicitada mala relación entre ambas. Presuntas izquierdas, pendientes siempre del reparto…

Sobre Andalucía, de nuevo

Parece ser que el 2 de diciembre habrá elecciones autonómicas en Andalucía. Los pronósticos, por ahora, dicen que tras los comicios todo va a seguir más o menos igual. A Susana le da igual con quién tenga que pactar siempre que le dejen hacer su política —y mantener el chiringuito que tienen montado los suyos de tejas abajo—, aunque ciertamente Podemos no sea la IU ancilar de la que disfrutaron sus predecesores Chaves y Griñán.

El interés de estas elecciones está más bien por la parte baja: es decir, si VOX podrá horadar el espeso muro en torno al Parlamento andaluz y penetrar en él o no, al margen de las etiquetas estúpidas de «extrema-extrema derecha» y «ultras» que los partidos y los medios del sistema les pegan a todas horas (más o menos como hacen con AfD en Alemania todos los que tienen miedo de perder su mamandurria). Por su historia anterior no es para mí una opción muy simpática; pero la verdad, viendo el patio y cómo la opción que podría ser el PP andaluz está siendo ¿dirigida? por una nulidad como Juanma en vez de serlo por el alcalde de Tomares, que hubiera sido el candidato natural conforme a su exitosa gestión, uno sopesa más las cosas. Por cierto: qué pena que a Juanma, que tanto se afana —por encargo— en no molestar al PSOE, no le mandaran a Madrid, como experto en protocolo que es, a decirle a Sànches que no estorbara en el besamanos del Rey. Y bueno, que si en Andalucía no se puede decir que la reina está desnuda cuando lo cierto es que lo está (aunque no valga ni para portada de revista ligera), apaga y vámonos.

Pero hoy dejaré que otro hable por mí. La entrada que yo podría haber escrito hoy de Andalucía en estos últimos tiempos me la ha dicho, palabra por palabra, D. Luis del Pino el pasado domingo. Escuchen los 12 primeros minutos de este audio y verán lo que quiero decir.