Cerrojo

Acabamos de enterarnos de que la Comisión encargada de redactar una nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal se ha reunido por primera vez. Y que se espera que la tengan lista antes de final de año. Ya dijimos en su momento que era necesaria una nueva LECrim, adaptada a los tiempos y a los nuevos medios, poniendo como ejemplo la ZPO alemana de 1987. Pero repetimos aquí que, aun siendo verdaderamente necesaria una ley procesal penal nueva, éste no era el momento. Entonces, si no es el momento (particularmente debido a las turbulencias económicas y sociales creadas a partir de un timo sanitario), cabe preguntarse por qué se ha iniciado el proceso codificador de todos modos.

Mi opinión en particular es que, como de costumbre, la casta se sigue protegiendo a sí misma, igual que en 2015. Incluyo bajo esa rúbrica también a los comunistas de Podemos, mucho más ahora que controlan departamentos ministeriales. Recordemos que en 2015, gobernando el PP y al frente del Ministerio de Justicia el borroso Catalá (reforma de la LECrim por LO 42/2015), entre otras cosas, se dijo que no se podía hablar de «imputados», sino de «investigados». No pudieron eliminar el término «procesado», porque por desgracia para ellos, el art. 384 de la LECrim habla específicamente de auto de procesamiento, que es la decisión judicial por la cual, en el contexto del procedimiento ordinario por delitos graves (para delitos con pena privativa de libertad señalada mayor a 9 años), se acusa formalmente a una persona de la comisión de un delito. Era una reforma para que los «chicos de la prensa» nos pudieran vender que un hecho delictivo no era tan grave si uno era «sólo un investigado» o era muy grave «porque uno estaba siendo investigado», dependiendo del color político del individuo y del «chico de la prensa» que hablara de él (o ella, o elle).

Pero parece que la treta no ha surtido efecto. O simplemente, que aprovechan estos tiempos de desolación para encasquetarnos esa ley nueva. Y lo hacen en un momento en que se pisotean con todo descaro nuestros derechos constitucionales por los comunistas y por una pesoe dirigida por un Chuckie de metro noventa (mucho nos tememos que este Chuckie no sea más que una matrioska diabólica, aunque esto pueda llevar a algunos a decir que «semos unos conspiranoicos»).

Así que el quid de la cuestión está en otra parte. En algunos medios —no en todos y hablaremos de ello en otra entrada— se da cuenta y razón de que la sociedad pretende defenderse de los ataques de su Gobierno por los medios que a su disposición ponen las leyes. Traducido: se espera una catarata de demandas de todo tipo contra el Gobierno. Frente a un «Gobierno que nos miente, que no nos dice nunca la verdad», tenemos todo el derecho a defendernos con medios legales. Faltaría más.

Y ahí es donde viene la jugada. El Gobierno quiere una ley de enjuiciamiento criminal que, entre otras cosas, detenga el tsunami de demandas que, sobre todo en materia penal, caerá sobre este Gobierno si se cumplen las previsiones. De lo que se conoce, ya se sabe que, siguiendo el Anteproyecto Caamaño de 2011 (en realidad es de «Jueces para la Mococracia»; pero como data de la época del masón y a la sazón Ministro de Justicia Francisco Caamaño, lo llamamos así), la instrucción de los procesos penales se entregaría al Ministerio Fiscal. Ya no sería el Juez el que dirigiría las actividades de investigación de las circunstancias del delito, la averiguación del delincuente y el aseguramiento de las pruebas del delito. La segunda capa del pastel es que la independencia del Ministerio público está puesta en cuestión, pues tal y como dice el art. 2 de su Estatuto Orgánico, «…ejerce su misión por medio de órganos propios, conforme a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica…».

Y esto es lo preocupante: que el Ministerio público dependa jerárquicamente de una tipa que no podría ser más inidónea, habiendo pasado del Gobierno a la Fiscalía General del Gobierno sin solución de continuidad, un poco à la Garzón. Esperemos que no consiguiera que la transfirieran a dicho puesto gracias a la información vaginal de la que podría disponer y que le aseguraría el éxito.

El resultado de todo esto: que, si la facultad de iniciar un proceso la tiene el Fiscal en exclusiva (pues a él se remitirán en adelante todas las denuncias y querellas), y recibe una orden de no dar curso a éstas, no podrá no hacerlo so pena de incurrir en delito de desobediencia a su superior, con la correspondiente sanción disciplinaria. Con lo cual, además, se vulneraría directamente el art. 24 de la CE, el derecho a la tutela judicial efectiva. Pero parece que al Gobierno eso ya no le preocupa, pues ha metido al TC en su spa constitucional. De verdad: del Purgatorio al Cielo van las almas más rápidamente de lo que se resuelven los recursos en el TC.

Imagino que si los tiros van por ahí, también intentarán limitar la legitimación en determinados casos: concretamente, los casos políticos. Pongamos, por ejemplo: ante un determinado hecho dañoso provocado por un miembro del Gobierno que, además, tenga relevancia penal, no bastará con que lo denuncie o se querelle una persona sola. Tendrá que ser una colectividad suficientemente numerosa. O mantener la obligación actualmente vigente de prestar fianza en caso de asociaciones que pretendan formular una acción penal (es muy disuasoria en casos de delito ecológico), dejando al arbitrio del juez la determinación de su «suficiencia»; con lo que además se daría un paso adelante en el proceso de vaciamiento de contenido del art. 125 CE (respecto de la “acción popular”). Y así, otras trabas que se puedan poner, que ni se me ocurren pero que seguramente podrían fundar un recurso de inconstitucionalidad en su caso.

Termino con una cita que… bueno, ya sé que es de un videojuego y ya «antiguo», pero que está muy de actualidad:

Como aprendieron de manera tan dolorosa los hombres en el último siglo de la Tierra, el flujo libre de la información es la única salvaguardia contra la tiranía. El pueblo encadenado cuyos líderes pierden por fin el control sobre el flujo de la información florecerá pronto libre y vital. Pero la nación libre que poco a poco coarta el discurso público comienza un rápido descenso hacia el despotismo. Cuídate bien del que te niega el acceso a la información, porque en su corazón tan sólo desea ser tu amo.

(Alpha Centauri, 1999).

 

LA SOCIEDAD CAUTIVA

Por su interés, cuelgo este artículo de Consuelo Madrigal, Fiscal de Sala del TS y ex-Fiscal General del Estado con el Gobierno Rajoy. Mira que yo critiqué a esta señora cuando ejercía de «Fiscala General del Gobierno» (al parecer no se espera otra cosa de esa figura que sumisión a los dictados del Ejecutivo). Pero este artículo escrito hoy en El Mundo, de algún modo, me reconcilia con ella. Sólo lamento que ejerza esa finura en las distinciones y en la atribución de responsabilidades en estas circunstancias, en las que ya no es necesario «ser valiente». Igual que esos generales que, cuando se jubilan —y no antes—, escriben un articulillo en ABC en tono crítico por la situación del Ejército y exculpatorio de su propia actuación (o más bien de la falta de ella…). Claro: antes no podían hablar. Para muestra y escarmiento de revoltosos potenciales, el caso de Edmundo Bal.

El control de la acumulación de poder es el gran problema de la política. La democracia, único medio para alcanzar ese control, es la forma de gobierno de las sociedades abiertas que trajo la modernidad, en las que los individuos adoptan decisiones propias y participan en el ejercicio del poder, en contraposición a las sociedades arcaicas, tribales o colectivistas. Karl Popper jugó con la hipótesis inconcebible de una sociedad abstracta en la que los hombres no se encontrasen nunca cara a cara, donde los negocios fuesen concertados telemáticamente por individuos aislados. En esa sociedad despersonalizada, la vida transcurriría en el anonimato, el aislamiento y el infortunio. Esa hipótesis inconcebible se ha hecho realidad: muerte, enfermedad, pérdida de seres queridos, temor al contagio propio y ajeno, inaccesibilidad al diagnóstico y al tratamiento, inexistencia de instrumentos de protección A tanta aflicción se han sumado la impotencia del aislamiento y la amargura de la soledad. La tecnología proporciona recursos comunicativos e incluso impone una hiperconectividad, sustitutoria de la satisfacción emocional. Triste sustituto que ha sido —lo sabemos—, manipulado, monitorizado y pervertido desde el poder. Y aun con el alivio adictivo de la conectividad digital, los usuarios de internet, aislados y asustados, somos incapaces de vivir una vida común no monitorizada, incapaces de articular -más allá de la cacerolada- un sujeto liberador, un nosotros que haga valer su existencia y su libertad.

Por el confinamiento, muchos, demasiados, han perdido, tal vez irremediablemente, trabajo, negocios y oportunidades. Algunos aún deben tributar por actividades no realizadas y ganancias no recibidas. Todos nos hemos empobrecido. Y, como siempre, unos pocos han hecho negocio. Pero el más sucio de los negocios es la apropiación ilícita de poder; la que aprovecha el miedo, el cautiverio y la postración de la sociedad.

En primer lugar, padecemos el tardío abordaje de una crisis sanitaria -que no de orden público- mediante la privación de libertad bajo una coerción policial, innecesaria sobre una ciudadanía mayoritariamente responsable; padecemos la exasperación de esas medidas en contra de la propia ley de estado de alarma que, como regla general, impone la libertad y sólo como excepción temporal, su restricción y cuyo artículo 1.2 somete toda intervención a los principios de proporcionalidad y necesidad, que no han sido aplicados a los ciudadanos sanos. Nos preguntamos por qué se carga el peso de los sacrificios sobre los profesionales y los ciudadanos, sin dotarles de los mecanismos de diagnóstico y protección que hubieran minimizado la carga y aliviado el sacrificio. La pregunta es tan pertinente como el debate sobre las confusas y contradictorias respuestas que hasta ahora se han recibido.

Constituye un ejercicio antidemocrático de poder la imposición encubierta, y sin el control interno y europeo, de un verdadero estado de excepción, en el que se restringen severamente los derechos, bajo cobertura de la prórroga del estado de alarma que garantiza al Gobierno el mando único en la fase aguda de la excepcionalidad y en la vuelta a la ya imposible normalidad. Ante una sociedad cautiva, se han dictado sucesivas órdenes ministeriales de inmenso calado económico y fuerte compromiso de derechos, y un sinfín de decretos leyes restrictivos de derechos fundamentales, frecuentemente oportunistas, sobre materias que poca o ninguna relación guardan con las razones sanitarias y de orden público que formalmente demandaron el estado de alarma.

En su cautiverio, la sociedad ha asistido al cierre del portal de transparencia del Gobierno, la imposición de filtros a las preguntas de la prensa, la financiación pública oportunista de medios de comunicación vasallos, la restricción en la difusión de mensajes y la evaluación de la verdad o falsedad de las noticias y los enunciados. En nuestro mundo relativista, la verdad se ciñe a la identidad entre nuestro pensamiento sobre las cosas y la realidad de las mismas cosas. Algo que guarda relación con la investigación y el juicio y que se concreta en la búsqueda de la verdad. A este uso común se añade un rasgo relacionado con la fe. Decir que una proposición, opinión o noticia es un bulo es invocar una norma que rige la fe y el juicio, para afirmar que esa proposición, opinión o noticia es indigna de asentimiento, no debe ser creída. Pero, ¿quién se erige en autoridad normativa de lo falso para separarlo de lo verdadero que-debe-ser-creído? ¿por qué y para qué lo hace? Las respuestas a estas preguntas se han tornado amenazas para quienes hemos asistido al impúdico reconocimiento oficial de la monitorización de redes sociales y escuchado en palabras de su máximo responsable en esta crisis, que la Guardia Civil destina parte de sus esfuerzos a minimizar la crítica al Gobierno, para comprobar después que los contenidos intervenidos son los que guardan alguna relación, siquiera lejana o indirecta, con el cuestionamiento de la gestión y la versión oficial de la crisis.

Y, todo, al tiempo que los medios de comunicación vasallos nos martillean la representación idealizada del heroísmo de los profesionales (esos que son enviados al trabajo sin condiciones ni protección) y los diversos formatos del mensaje, irisado y pueril, de que “resistiendo”, “todo acabará bien”.

Siempre debe frenarse la ilegítima apropiación de poder por parte de los poderes legítimamente constituidos. Algunos creen que esto sólo es necesario cuando lo hace la derecha. Asumen acríticamente que la salud y la seguridad exigen la restricción de nuestras libertades o minimizan su importancia, sin pensar que las amplias facultades ya otorgadas son peligrosas, pueden ser utilizadas equivocadamente y quizá ya lo están siendo. Los poderes del Estado deben gestionar la crisis y su recuperación, sí; pero han de hacerlo bajo estricto control de las instituciones democráticas, apoyadas por una ciudadanía activa, cuya acción crítica, a riesgo de introducir malestar y tensión, contribuya a la construcción de la ética pública. Si descuidamos la vigilancia y si no fortalecemos las instituciones democráticas de control, dándole más poder a quienes ya lo ejercen, no viviremos ya en una sociedad abierta. Habremos perdido nuestra libertad y no será una pérdida temporal.

Al margen de las cifras manipuladas, la magnitud del desastre se mide ya en términos de derrumbe social, moral y económico. En la falta de credibilidad de un sistema que sí dejó atrás a muchos, a todos los mayores de 80 años a quienes, en residencias y domicilios, se negó la hospitalización, el tratamiento y las pruebas diagnósticas, sin discernir situaciones concretas; que envió y mantiene en primera línea sin protección, a los profesionales de la salud y el orden público, cuyo heroico esfuerzo es en sí mismo el más elocuente reproche; que sigue sin ofrecer tests a los profesionales, a los enfermos y a la población confinada y sin reconocer las espeluznantes cifras de fallecimientos de las que dan cuenta los datos comparados del Registro Civil.

La recuperación es un apremio moral fundado en los apremios del dolor y el sufrimiento. Muchos creemos que la solidaridad guarda relación con la evolución humana y que vale la pena ejercerla a la hora de encarar —en el sentido genuino de visión de la cara de otro— el futuro deliberando juntos, sin exclusión alguna, sobre los hechos y el alcance de los deberes respectivos. Nuestra sociedad, pese a la estupefaciente industria del entretenimiento y la propaganda oficial, es capaz de elevar el punto de mira y repensar los grandes temas de la justicia social, la libertad personal y de empresa, capaz recuperar la actividad económica que pueda acabar con el paro y la pobreza. Los ciudadanos seguimos siendo la gran esperanza de la política; pero ahora, más que nunca, hemos de luchar por el Derecho y por los derechos, amenazados por la enfermedad, la parálisis económica, la revolución tecnológica, la manipulación digital y los abusos del poder. Hemos dado muestras de compromiso y responsabilidad y estamos dispuestos pero los responsables públicos no deben engañarse.

Ningún sacrificio más podrá exigirse, nada será posible, sin un reconocimiento público de la magnitud de la tragedia, sin el duelo, la memoria y la honra de sus víctimas, sin un análisis serio de todas sus causas, de las acciones y omisiones concurrentes en cada caso, sin la investigación y evaluación de la imprevisión y las dejaciones, de las probables imprudencias y los posibles fraudes, sin la exigencia de las responsabilidades que en su caso resulten, sin la pronta rectificación de los errores, la reparación de los daños y la compensación del sufrimiento. Es lo mínimo que debe ofrecerse a ciudadanos libres dispuestos a asumir esfuerzos.

Desastres IV/3

El problema ahora ya no es el frente sanitario: el Gobierno ha renunciado de facto a controlar nada. Hoy ya nos queda claro que las CC.AA., que en su mayor parte tienen la Sanidad transferida desde 1986 (gràcies, ministre Lluch), cuando han tomado medidas, lo han hecho contra el parecer del Gobierno… que, por no parecer, no parece ni Gobierno al no tener ningún parecer, salvo el de «jostidiar a las comunidades del PP» (particularmente Madrid, que es la que les cae más cerca). Ciñéndonos a los hechos, recojo aquí una serie de cuestiones gracias a este blog:

  • El Portal de Transparencia suspende sus actividades durante el estado de alarma. En este blog le dedicamos mucho tiempo a la Ley de Transparencia y Buen Gobierno en su día, aprobada con retraso y muchas limitaciones durante el mandato de Rajoy; pero el tiempo ha demostrado que no se buscaba ni transparencia ni buen gobierno. La suspensión implica, por ejemplo, que no se pueda saber qué empresas han intervenido en las gestiones de muchas de las compras fallidas de las últimas semanas.

Comentario: Aunque es verdad que la «transparencia» y el buen gobierno» brillan por su ausencia en el gobierno Sánchezstein, tampoco nos queda claro si dicho portal funcionó de verdad en la etapa de los antecesores que lo crearon. Nos inclinamos a pensar que tampoco, a pesar del bombo y platillo que se le dio. Es un organismo orwelliano (o bradbruyano, si ustedes quieren), creado para una función totalmente contraria a la presunta.

  • El 15 de abril se presenta el anteproyecto para reformar la Ley de Enjuiciamiento Criminal. El nuevo sistema “liberará a los jueces y magistrados de la investigación de los delitos para que puedan centrarse en el ejercicio de su jurisdicción”. Pregunto con mi desconocimiento de la materia: ¿esto significa que la instrucción quedará en manos de la Fiscalía, dependiente de Dolores Delgado? Anterior Ministra de Justicia con el PSOE y actual Fiscal General del Estado. ¿Y por tanto supone la supresión de la figura de los Jueces Instructores Independientes? ¿Este es el momento?

Respuesta: Sí a la primera, no a la segunda. Corre por el Ministerio un Anteproyecto de LECrim que ya apuntaba en este sentido, el de quitar la instrucción de las causas penales a los Jueces y Magistrados para entregársela sin más a los Fiscales. Se podría argumentar que el Ministerio Fiscal, salvo en los procesos de la Ley del Menor, no tiene una incidencia intensa en el proceso penal: de acuerdo con la LECrim actual sus competencias apenas son de informe, de recepción de denuncias y realización de actividad instructora (siempre subordinada a la que lleve el Juez o Magistrado competente) y de formulación de escritos de acusación, con lo que puede tomar postura por la apertura de juicio oral o sobreseimiento en su caso.

Pero lo cierto es que, como bien se dice en la pregunta, al ser el Ministerio Fiscal que obedece a los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica (art. 2 EOMF), se deja en manos del Ministerio Fiscal toda posibilidad de incoar un proceso penal. Si añadimos que la actual titular de la Fiscalía General del Estado es, de hecho, persona totalmente inidónea para ocupar ese cargo por su demostrado sectarismo y su sumisión perruna (que no “dependencia”) a los dictados políticos, el cuadro que se presenta no es muy halagador.

En cuanto a la segunda de las cuestiones, es verdad que en nuestro blog hemos criticado la pervivencia de una ley cuyo armazón básico data nada menos que de 1882 y que, al decir de Cervantes describiendo el rocín de don Quijote, tiene «más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela». Pero sin duda este momento, en que vivimos una situación totalmente extraordinaria y de dudosa constitucionalidad en ciertos extremos, no es el momento de iniciar los trabajos de redacción de una Ley que incide tan directamente en los derechos de las personas cual es la Ley por la cual se decide su responsabilidad ante la producción de hechos de relevancia penal.

Comentario: Esto no tiene nada de particular, en realidad. Echado el año a perder por el confinavirus, tal vez hubiera habido que arbitrar otra solución para salvar la calidad de la enseñanza recibida en el presente curso escolar. Pero este Gobierno, empeñado en que el respetable no perciba su ineptitud, se quita problemas de encima diciendo «Hala, todos aprobados». Ni qué decir tiene que el mismo propósito luce en la mayoría de Comunidades Autónomas, con las competencias transferidas y habiendo renunciado totalmente el Estado a la «alta inspección» que debería desde luego ejercer. Sobre todo, en aquellas en que ya está en marcha una dinámica separatista. De cualquier manera, el sistema escolar actual es un fracaso, con las debidas excepciones; cabe esperar que los niños salgan de él «igual de burrros» (o sea, con el detector de fascistas incorporado) que siempre, cosa probable si se siguen las directrices de la titular, que nunca vio una «ezkuela puvlica de kalida» ni por el forro. Ni ella, ni los anteriores (no nos olvidemos del funesto Méndez de Humo).

Comentario: Espero que esto no se apruebe. Significa condenar a la miseria a buena parte de la población y, en especial, aquella que ha tenido que irse a su casa como consecuencia de un ERTE (figura a la que, tras el confinavirus, se le podría caer la T en muchos casos). Es, además, otro ladrillo en la frente de la antigua clase media, hoy ya no «en peligro», sino en proceso de extinción.

Sobre esta cuestión, de constitucionalidad discutida, hablaremos en una próxima entrada.

Para finalizar, sólo me queda decir una cosa a aquellos que el 10 de noviembre pasado votaron izquierda sin saber demasiado bien qué votaban o simplemente «por no votar a la derecha» (o si son militantes o palmeros pro bono de esos partidos) y no les gusta el actual estado de las cosas: disfruten de lo que han votado.

Desastres (IV/2)

Dónde estamos

A estas alturas ya es palmaria la absoluta inepcia de este ¿Gobierno? Ni pueden, ni saben (y a lo mejor tampoco quieren) gestionar la crisis. Esto nos devuelve a la distinción que mencionamos en este blog con alguna regularidad: la distinción entre “mandar” y “gobernar”. En estos últimos meses, particularmente desde el 12-13 de enero, hemos sido testigos de una esplendorosa demostración de lo primero. A este ¿Gobierno? lo único que le ha importado es aparecer en el BOE: me refiero a que aparezca el nombre del ministro que se trate en el real decreto que se firme. Del resto que implica esa aparición, no saben o no quieren saber nada.

Sabemos de dónde venimos. Recordemos que es gracias a Mariano, que hoy no es más que un señorito de provincias, de los de purito y partida en el Casino, el mismo que se echó unas risas con Felipe tras salir de Moncloa, el que nos encaró a la situación en la que estamos: un presidente que sólo quiere figurar y al que no le importa echarse en brazos de los enemigos de España (básicamente los mismos que en 1936: separatistas y comunistas) para poder seguir haciéndolo. Y todavía le da más igual si debido a ello la casta política está podomizando al país. Si Mariano hubiera dimitido los españoles hubiéramos ido a elecciones y hubiéramos podido decidir que no queríamos a Sánchezstein. Pero sin duda, a alguien no le convenía que los españoles pudiésemos decidir. Por eso se montó el artilugio de la «moción de censura»; y la casta política, a la que un servidor cada vez más considera HMV,

cambió un presidente plasmático por otro sencillamente plasta y malvado. Tampoco cabe olvidar la responsabilidad (irresponsabilidad, cabría decir) de la vicetodo, ese arácnido completamente desarrollado, la que llamaba a los programas para poner y quitar tertulianos. Fueron sus actos los que permitieron el control total por parte de la izquierda del espacio mediático, cuando menos el televisivo. La cosa tiene su gravedad si consideramos que Soraya acabó convirtiéndose en la chica de los recados del Bilderberg. Pero de ello ya hemos hablado, así que lo dejaremos aquí.

Desastres (IV/1)

De dónde venimos

Llevamos oficialmente con la crisis «del coronavirus» casi un mes, que parece mentira. Entre los que no se acuerdan y los que no se quieren acordar, poca gente recordará esta fecha si no la mira por ahí: 14 de marzo de 2020. Pero ésa, a estas alturas, no es más que una fecha más, aunque los que tenemos un poco más de memoria recordamos todavía que ese mismo día, hace 16 años, hubo unas elecciones tras un atentado, el más luctuoso de nuestra historia reciente, que cambió el sentido de la marcha. Y desde entonces España funciona, por así decir, con un grupo electrógeno, no con la corriente continua o alterna normal. Lo que a su vez nos hace recordar las ominosas palabras de Heinrich Kissinger: «España, cuando es importante, es peligrosa».

Retrocedamos un poco en el tiempo, no obstante. Conviene hacerlo porque ello pone mucho más en perspectiva la incompetencia e incapacidad de este desgobierno. Para mí son particularmente interesantes los días 12-13 de enero: rebuscando un poco, resulta que fue en esos días en que se «constituyó», por decirlo de alguna manera, la banda de ignorantes y sectarios que hoy nos desgobierna. Y digo bien: ignorantes, porque desconocen la realidad que han de administrar; y sectarios, porque no van a dejar que esa realidad desconocida, por sí misma o a través de los «fachas del PP o de VOX», les estropee sus planes. Aunque a estas alturas yo me pregunto de quién son esos planes, porque sé seguro que de ellos no son. Que sea «casualidad» o no, dependerá de lo que opine cada cual. En lo que a mí se refiere, no lo creo en absoluto una «casualidad».

El hecho es que ya por entonces la OMS empezaba a lanzar sus advertencias sobre el coronavirus (el nombrecito se las trae, desde luego). La «gripilla», no obstante, ya había estado dando coletazos antes, en las vacaciones de Navidad. Familias hubo que lo pasaron sin enterarse —a Dios gracias—: en aquel momento nadie decía nada y todo quedó en un «catarro un poco fuerte», con vómitos, fiebre y poco más. Nada digno de reseñar. Pero a partir de la fecha citada, algunos países empezaron a tomar medidas muy duras y restrictivas: son los países que se han visto más o menos libres de la plaga: en Europa, Austria, Hungría, Polonia… y los escandinavos, que curiosamente salen poco o nada en las noticias. Del otro lado, los países latinos: Italia, Francia… y nosotros, claro. Aquí no se tomaron medidas cuando se debieron haber tomado. Lo que enlaza con el hecho de que hasta el 12-13 de enero no se formó el Gobierno (dos meses tardaron en repartirse el pastel). Y luego, lo que es la primera receta del desastre: no dejar que la realidad estropee tus planes, aunque sean ideas de bombero.

Volviendo al asunto, el COVID-19 ha arramblado con todo: con el procés (parece que han arriado las cubanas y están encerraditos y estelats), con las feminazis pijas y sus palmeros y mamporreros, que el 8 de marzo salieron a manifestarse al grito de «¡El machismo mata más que el coronavirus!» y con los derechos de reunión y manifestación del artículo 21 de nuestra Constitución. Ahora, claro, ya no dicen eso, pues se ha demostrado sobradamente que las entre 50 o 60 muertes promedio al año «provocadas por el machismo» no tienen punto de comparación con los entre 15.000 o 20.000 muertos reconocidos oficialmente que en un mes ha provocado el COVID-19, llevándose por delante a personas tan dispares (entre los de presencia pública) como Gabriel Moris o Luis Eduardo Aute (ayer mismo, Enrique Múgica, exministro con Felipe). ¿Dónde están ahora las pedorras y pedorros que berreaban esa consigna? ¿Dónde estás, Anabel Alonso? ¿Has conseguido más papeles y bolos por hacerle ese favor al Gobierno? Supongo que ahora estará tan encerradita en su casa como un servidor.

Desastres (II)

Pues nada, ya tenemos Gobierno. O más bien debería decir «desgobierno», habida cuenta de cómo hasta ahora se han manejado los asuntos de la res publica (aviso para produtos LOGSE y otras hierbas: en latín no existen los acentos). Todo parece una reedición de la guerra civil, pero en la política: los unos contra los otros y todos contra el «enemigo común». Parafraseando a Leon Uris (El peregrino, 1984):

“Antes de cumplir los nueve años, ya había aprendido la doctrina básica de la vida árabe comunista: era yo contra mi hermano; yo y mi hermano contra nuestro padre; mi familia contra mis primos y el clan; el clan contra la tribu el Partido; el Partido contra el mundo, y todos juntos contra los infieles la derecha”.

De todo lo cual no resulta otra cosa que una acción de gobierno totalmente desorganizada. Claro: ¿qué se puede esperar de un Herr Doktor Betrug, cuya habilidad máxima es engolar la voz para decir: «Ana: no voy a poder dormir teniendo a Pablo Iglesias en el Gobierno»? Tampoco es que últimamente se le vea muy pálido y ojeroso, pero en fin. Veníamos a decir en la anterior entrada que este ¿Gobierno? se ha conformado con pedazos (cuotas) de distinta procedencia. Un gobierno patchwork, desde luego. El expediente de agrandar Direccioncillas Generales hasta convertirlas en Ministerios ha resultado muy «rentable». Otra cosa es, además, que a su frente hay personas que no tienen ni idea de la cosa y cuyo «programa» se basa en las cuatro consignas sectarias con las que llegaron a este Gobierno.

Pero si por algo se ha distinguido este Gobierno es por el generoso uso de la mentira, que es una de las señas de la identidad de eso que aún hoy se llama «izquierda» y que fue consagrada por Lenin: «La mentira es un arma revolucionaria». Uno no puede por menos de recordar a Rubalcaba, hoy perdido allá en el limbo rojomasónico…

… y ver cómo destaca, cual estrella rutilante en el oscuro firmamento gubernamental, el flamante Ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, que deberían llevarlo a balos a Meco. Su nombre es «Ábalos, José Luis Ábalos». Claro que, si en España no existe el perjurio como delito, ¿cómo no va a poder mentir un Ministro? El problema es que nos partiríamos la caja de risa si esto hubiera ocurrido en cualquier república bananera; pero como nos ha ocurrido a nosotros ya no tiene tanta gracia. O sí. Vayan ustedes a saber si a Delcy le dijo, nada más verla con el maletín de los lingotes: «Tus ojos son como dos sartenes: cuando los veo se me fríen los huevos».

A no mucha distancia le sigue la actual administradora de la tienda Presupuehtoh Shiki (antes conocida como «Ministerio de Hacienda») que atiende por Marisú, trianera y olé. ¿Y qué hace una señora de formación básicamente médica en Presupuehtoh Shiki? Probablemente, lo mismo que hubiera hecho su antecesor, catedrático de Hacienda Pública e ilustre desaparecido político en el de Sanidad: jeringar. Pero eso de jeringar resulta que a ella le ha ido de ida y vuelta. Porque la señora se ha puesto primero a jugar al trile: «La bolita, la bolita… ¿dónde está la bolita?». La bolita son los diversos dineros que se adeudan a algunas Comunidades Autónomas, particularmente a Castilla-La Mancha (Emiliano, que ésa es de los tuyos. A ver qué haces…). Y ahí están las Comunidades Autónomas y Marisú al dame-dame y al ara-te-doy-ara-te-kito. Que, total, para dárselo a los de la ceba, «no hace falta tanto rollo, so capullo», como diría el matón que se enfrentó a Tom Highway.

Y la vuelta es que ha dicho, aunque no con estas palabras: «Jemo d’armonisá loh ingresoh públicoh. Por consiguiente, hay que subí loh impuehtoh» (particularmente el ISD, que es la espina que le quedó clavada al criptosocialista Montoro). Y ahí ha saltado como una leona Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y le ha dicho: «¡Que no! ¡Por aquí se va a Madrid!», con la chulería de Gran Vía de Nati Mistral. Y Marisú, muy a su pesar, ha tenido que envainársela. Mientras tanto, rumia su rencor por lo bajo y le sale la matasanos que lleva dentro: «Ea, que no te preocupeh, prenda. Er día que te pille te ví a meté un jeringazo que te van a salí ronshah verdeh por tol cuerpo». Más o menos como Mandatela, que quería ver a Esperanza Aguirre corgá d’una catenaria.

Desastres (I)

Como hace muchas lunas que no hemos escrito nada en el blog, es hora de dar señales de vida. Y lo vamos a hacer a partir de lo que un servidor considera desastres de los últimos tiempos.

El primer desastre ha sido el electoral. Ningún partido obtuvo la mayoría absoluta, así que nadie pudo formar gobierno nada más terminar los comicios. Pero lo que quedó claro es que lo que podríamos llamar «bloque de izquierdas» superaba en votos al llamado «bloque de derechas». La cuestión estaba, entonces, en cómo se podrían poner de acuerdo los del «bloque de izquierdas» para sentar al espadón de Mojácar en Moncloa.

Parecía más complicado que un sudoku nivel killer. Pero llegaron a un acuerdo, vaya que sí. La ambición del espadón era tan enorme que arrasaba con todo, cumpliéndose así el famoso dicho del padre fundador: «Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones». No le ha importado bajarse los pantalones para conseguir lo que quería, ni tampoco usar de rehenes al resto de los españoles.

También se puede ver desde otro punto de vista. Digamos que, en realidad, no se podría encontrar una neurona en el cerebro de nuestro inefable presidente ni con un sónar flotando en el océano de fatuidad que discurre entre sus orejas. En tal caso, él no sería más que un peón en un plan de más amplio calado, cuya última finalidad es la demolición de España, no sólo política, sino cultural y espiritualmente. «España» es un estorbo en los planes de algunos para llegar a un dominio absoluto del planeta (sí, ya sé que me pongo «conspiranoico», pero me da igual). Han acabado casi con toda resistencia a esos planes.

El tema que me preocupa es que al votante socialista todo eso le da igual. Es lo de siempre: «que ganen los míos y que le den a los otros. Hagan lo que hagan los míos está bien». Los otros son «fascistas, nacionalcatólicos, nostálgicos del franquismo» y bla-bla-bla. Es la guerra; y al estilo musulmán, al «fascista» se le puede dar muerte allí donde se le encuentre. La educación, la cultura y la comunicación, conquistadas por la izquierda mamporrera y bien aleccionadas, cumplen la función de apagar las voces disidentes. Por tanto, los votantes fanáticos no tienen nada que criticar… y los que sí piensan, entienden que más vale mantener la boca cerrada.

Por consiguiente, a buena parte de ese electorado «de izquierdas» le da igual que aquellos con los que Sánchez quería hacer negocio busquen montarse su chiringuito sobre las humeantes ruinas de España… con lo cual les harían un favor a los enemigos exteriores de España —que también tenemos, por desgracia, aunque eso poco importe a la parte cenutria de la votancia izquierdista—. Por eso no les ha importado el denigrante espectáculo de ver cómo los presuntos «aliados» ponían el cazo en perjuicio de España. ¿Quieres Prisiones? Toma Prisiones. Moltes gràcies! Y tú, ¿quieres la Seguridad Social? Nada, toma la Seguridad Social. Ezkerrik asko! (de verdad, son ellos los que dan asko).

Pues nada, aunque les importe muy poco, señores votantes de izquierda, gran rebaño fácil de conducir… disfruten de lo que han votado.

… Y Canarias

Por su interés, a pesar de su extensión (el artículo lo merece) y a cuenta de lo que dejamos colgado en la última entrada, incluimos este artículo a nuestro entender clarividente de D. Jesús Flores Thies, fallecido en 2017. A la luz de las «maniobras orquestales en la oscuridad» marroquíes y la correlativa (y absoluta) falta de pegada de nuestro ¿Gobierno?, que es a un tiempo agresivo con quien no debe y sumiso con quien no nos conviene como Nación, este artículo puede arrojar luz sobre la cuestión. Mi opinión personal es que «al más alto nivel político» se ha aceptado, desde que estamos en esto que algunos todavía llaman «democracia», que Ceuta, Melilla y Canarias acabarán bajo dominio marroquí. Vamos, que ya está todo el pescado repartido y que sólo falta encontrar la fecha para tratar de venderlo al indefenso y engañado pueblo español.

CEUTA Y MELILLA, DOS MOLESTOS INCORDIOS

Las hemerotecas son odiadas por aquellos que pretenden escribir la Historia a la carta (a su carta). Cuando alguien se mete en ellas encuentra retazos de esa Historia que deja con las posaderas al aire a tanto desmemoriado histórico. Vamos a hacer un fugaz repaso de las hemerotecas para que veamos lo que el Partido Comunista, además de otros denominados de la izquierda, pontificaban sobre lo que se debería hacer con Ceuta y Melilla.

Hay que distinguir dos etapas: una, la de dejar que Ceuta y Melilla se las apañasen solas fuera de la comunidad andaluza, maniobra cuya responsabilidad corresponde a toda la clase política; y otra, el deseo de ciertos partidos políticos de que Ceuta y Melilla dejen de ser españolas.

El día 28 de agosto de 1977, en el diario SUR podíamos leer esto: “Diputados y senadores del PSOE, UCD, PCE, y Grupo Parlamentario Independiente, reunidos con un objeto común: el Estatuto de Autonomía. Tema secundario, relegado por una discusión temida: la integración o no de Ceuta y Melilla en la Asamblea”. Este mismo diario SUR comenta que los parlamentarios de las ocho provincias andaluzas oyeron a los parlamentarios de Ceuta y Melilla, quienes afirmaron su convicción del carácter inequívocamente andaluz de ambas poblaciones y el deseo de sus habitantes de cooperar al desarrollo integral de la región. Los parlamentarios andaluces toman nota de dicha declaración y se comprometen a estudiarla en profundidad.

Pero todo estaba ya decidido. Poco antes, en la prensa nacional se podía leer que “los parlamentarios andaluces cuestionan la presencia de Ceuta y Melilla” (y que) los diputados andaluces del PSOE, PCE y Grupo independiente no aceptan la presencia de representantes de aquellas plazas“. Poco después se dice claramente que “se rechaza la presencia de los representantes de Ceuta y Melilla”. Esta expulsión la ratifica la asamblea en Sevilla.

Los representantes de Ceuta y Melilla, sin saber con quién se jugaban las castañas, dicen que “conscientes de la responsabilidad que los votos populares les han conferido, han decidido exigir de las Cortes Española el reconocimiento constitucional de su derecho a la regionalidad andaluza“.

No es necesario decir que las Cortes ni tan siquiera respondieron a las ingenuas exigencias. Ni el Gobierno, ni las Cortes ni los grupos políticos respondieron a este requerimiento,

Y ahora viene la segunda parte, la de los “generosos” abandonistas.

El PCE se distingue por su interés, casi compulsivo, en echar de España a Ceuta y Melilla. Este deseo les viene de lejos, pues ya en el año 1924 el Partido Comunista “se proclama opuesto a la presencia española en África y declara que Ceuta y melilla son “colonias” de España y proclama la devolución de estas ciudades a Marruecos“. Años más tarde, desde el exilio (1961) el PC reitera la entrega a Marruecos de estas dos ciudades.

Ya en tiempos “democráticos” el diputado comunista por Sevilla, Fernando Soto, dice el 31 de agosto de 1977 que “demasiadas calamidades tiene ya encima Andalucía como para que le carguen el “muerto” de Ceuta y Melilla”. ¿A que es simpático este Soto? Pues en casa del ahorcado (el Faro de Ceuta) declaraba esta maravilla política que “Ceuta y Melilla hay que devolverlas a Marruecos porque así lo acordó y sentenció el VIII Congreso del Partido Comunista“.

En un informe del Ministerio de la Gobernación, el 23 de febrero de 1977 se decía que “el Partido Comunista propugna la independencia para Cataluña, Galicia y País Vasco y la entrega a Marruecos de las plazas de soberanía españolas en el norte de África“. Y en un libro editado por “Cambio 16” se escribía que entre los objetivos del PCE estaban estas “devoluciones” a Marruecos. Y Madariaga escribía: “que el movimiento en pro de la independencia de Canarias, la ayuda a ETA, la autodeterminación para Ceuta y Melilla ha sido siempre comunista”. Y es que la “autodeterminación” es otro de los trucos-trampa que se emplea como paso previo al abandonismo.

No son sólo los del PCE los abandonistas, los de la patada a Ceuta y Melilla. Otros les imitan, como la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), que propugnan la “devolución” a Marruecos sin tan siquiera contemplar los deseos de melillenses y ceutíes. ¿Para qué? Un ukase es un ukase.

Y ¡cómo no!, los socialistas también se apuntan al abandonismo. “Ceuta y Melilla deben entregarse a Marruecos”, se decide en la mesa del XXVII Congreso del PSOE. Los socialistas catalanes, demostrando su espíritu desintegrador de España, por la boca de Jordi Sierra defienden esa entrega a Marruecos. Naturalmente, los parlamentarios del PSOE melillenses y ceutíes habían sido excluidos de la asamblea de parlamentarios andaluces. Los expulsados dicen: “los parlamentarios de izquierdas, y en especial el PSOE, no nos aceptan”

Recordemos (hemerotecas…) que Alfonso Guerra y Pablo Castellanos defienden la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos. Y recordemos también que, con un espíritu patriótico envidiable, el incombustible Peces Barba decía ante el Consejo de Europa el 24 de enero de 1978 que en este Consejo “la política de bloques y partidos está por encima de la política nacional”, frase que se entiende mejor cuando Felipe González “el Estadista” nos convence de que “la actuación de algunos países en los temas de Canarias y Norte de África no constituye intromisión en los asuntos internos de España“. Es decir, que ellos pueden entrometerse en nuestros asuntos por decisión graciosa de nuestros patrióticos izquierdistas. Teniendo en cuenta el apoyo “europeo” en la ONU durante las discusiones sobre Gibraltar, podremos adelantar cuál sería la opinión de nuestros “amigos” en este otro tema africano.

El PSA lo tiene bien claro y dicen (no es broma): «Propugnamos la incorporación de Ceuta y Melilla a Marruecos a cambio de la independencia del Sahara» Y ya en una especie de paroxismo nos aseguran que ellos consideran “que las poblaciones de Ceuta y Melilla sí son pueblo andaluz, pero no territorio andaluz, y creemos que el Gobierno de Andalucía tiene que arbitrar el retorno de esos habitantes al igual que el de los emigrantes“. Esto declaraba, sin que se le cayera la cara de vergüenza, el Secretario del PSA a ABC el 21 de septiembre de 1977.

Pero he aquí que el señor Fraga Iribarne suelta esta perla en un Libro Blanco para la Reforma Democrática (editado por GODOSA): “Creemos que a España no le queda más opción, a la larga, que negociar con Marruecos respecto a Ceuta y Melilla…” Luego, Fraga, asustado por sus palabras, rectifica en febrero de 1979. Pero su primera frase ahí queda. Hemerotecas…

Y para acabar con este triste muestrario de delenda est Hispania, habrá que recordar la falaz dedicación de gran parte de la prensa «nacional» a exponer las tesis marroquíes, maniobra a la que se prestaron con raro entusiasmo, con un entusiasmo conmovedor “El País”. “Cambio 16” y “Triunfo”, como vanguardia de las tesis alauitas, aunque otros periódicos como “La Vanguardia” o el “Ya” no les iban a la zaga.

Pasados los años, este siniestro pasado sectario se pretende ignorar, pero está ahí, en la “Memoria Histórica”, para que sepamos que cuando vuelvan las tarascadas anexionistas de nuestros vecinos marroquíes, qué Judas, Minuros y Perpenas tenemos a nuestras espaldas.

Gran parte de lo que aquí se dice está tomado del libro de Antonio Troncoso de Castro “Ceuta y Melilla – 20 siglos de España”.

Jesús Flores Thies

Coronel de Artillería (R)

Y como les decía yo ayer, quien debiera defendernos de esto que amenaza en el horizonte, durmiendo. Y no, no me refiero al Gobierno. Ése ya está vendido.

A sota d’una pedra

Aprovechando que habíamos dejado nuestro relato hablando del procés (otra vez), me ha parecido interesante incluir un artículo aparecido en el Diari de Girona del pasado 21 de octubre, de una persona, Helena Boadas, que ha perdido la fe del poble català (en Sant Jordi Pujol y en sus deixebles, se entiende). Es muy explícito y, aunque no va a despertar a ninguno de los que debiera (porque, además, el procés sirve a «otros fines»), vale la pena dejar constancia de él, aunque la autora todavía habla de «país» refiriéndose, naturalmente a… bueno, ya saben. Rémoras que quedan. Acompañamos traducción.

No sé si cal que digui que la mesura és irresponsable perquè em sembla de jutjat de guàrdia; tenint en compte que l’han seguit milers de persones segurament sí. El sistema bancari és molt sensible, immensament. I jugar amb això és jugar amb foc. Per altra banda no sé qui es vol perjudicar amb aquesta acció. Perquè de moment, a dia d’avui, els únics perjudicats són les iaies que volien treure diners per anar al mercat i no han pogut perquè el caixer no tenia efectiu. Era aquesta la idea? Si algú s’espanta, quan hi torni a haver efectiu el traurà tot per no tornar-se a trobar en la mateixa situació. Suposo que tots veiem el perill –immens– d’això.

Si em quedava algun gen de la independència amagat en algun racó del cos, els últims mesos s’ha quedat fulminat. Que no hi ha fractura social? No; si quan no ets independentista t’amagues a sota d’una pedra, no n’hi ha.

Mireu, jo escric aquest article perquè estic cansada d’amagar-me. Com molts altres catalans, vinc d’un context molt independentista, molt. És el que he viscut tota la vida. Quan he aconseguit fer-me una mirada pròpia sobre les coses, una mirada crítica, la meva, he hagut de callar. Com tantes altres persones. Els grups de WhatsApp són un infern. TV3 és un pamflet independentista vergonyós. La distorsió de la realitat és important. Si en algun context m’atreveixo a parlar provoco com a mínim decepcions.

Estic cansada d’amagar-me. Aquí ho teniu, soc una botiflera, ja m’ho dic jo mateixa, no patiu. Però aprofiteu per reflexionar-hi una mica, perquè com jo hi ha molta, molta gent, moltíssima, que continua amagada a sota la pedra.

Bajo una piedra

Escribo este artículo ahora que medio país está retirando dinero de los cajeros automáticos para conseguir no sé muy bien qué. Ayer, cuando leí esta consigna que llegaba por tierra, mar y aire (en resumen, sacad dinero todos a la vez), hasta lloré. Hoy ya se me ha pasado: ya no lloro y escribo un artículo, que es más productivo.

No sé si hace falta decir que es una medida irresponsable porque me parece de juzgado de guardia; teniendo en cuenta que la han obedecido miles de personas, seguramente sí. El sistema bancario es muy sensible, inmensamente sensible. Y jugar con esto es jugar con fuego. Por otra parte, no sé a quién se quiere perjudicar con esta acción. Porque, de momento, a día de hoy, las únicas perjudicadas son las yayas que querían sacar dinero para ir al mercado y no han podido porque el cajero no tenía efectivo. ¿Era ésta la idea? Si alguien se ha espantado, cuando vuelva a haber efectivo lo sacará todo para no volverse a encontrar en la misma situación. Supongo que vemos todos el peligro –inmenso– de esto.

Si me quedaba algún gen de la independencia escondido en algún rincón de mi cuerpo, en los últimos meses ha sido fulminado. ¿Que no hay fractura social? No. Si cuando no eres independentista te escondes bajo una piedra, no la hay.

Mirad, escribo este artículo porque estoy cansada de esconderme. Como muchos otros catalanes, provengo de un contexto muy independentista, mucho. Es lo que he vivido toda la vida. Cuando he conseguido construir una mirada propia sobre las cosas, una mirada crítica, la mía, he tenido que callar. Como tantas otras personas. Los grupos de WhatsApp son un infierno. TV3 es un vergonzoso panfleto independentista. La distorsión de la realidad es importante. Si en algún contexto me atrevo a hablar, como mínimo provoco decepciones.

Estoy cansada de esconderme. Aquí lo tenéis: soy una botiflera, ya me lo digo yo, no padezcáis. Pero aprovechad para reflexionar un poco, porque como yo hay mucha gente, muchísima, que continúa escondida bajo una piedra.

 

Concatenación (III)

Disturbios marca CDR

Decíamos en la entrada anterior que una de las patas del plan de Sánchezstein era tener un trato amable con los separatistas, lo que a todos los efectos significaba dejarles hacer. Lo que no sabíamos era que no sólo había que dejarles hacer dentro de las instituciones, sino también fuera de ellas. Había que dejar que los CDR, los cadells del procés, camparan por sus respetos y convirtieran la otrora rica i plena Cataluña en can Seixanta. Es el sueño de «Xauxa» de los de La Trinca… claro que si les tocan els milions, eso… como que ya no.

Pero La Trinca empezó siendo antisistema, ecologista, luego tuvo una fase autogestionaria y luego pasó a ser un asteroide capturado en la órbita del PSC –justo cuando les empezaron a llegar els milions– con conciencia social (por una vez se acercaron a su propia realidad: no de los obreros, sino de los cuadros medios y directivos). Y ahora, talluditos y forraos, se han hecho indepens… para cerrar el círculo: es decir, separatistas pero sin dejar de cobrar. Por si faltara algo, montaron un «show» con la temática «buscant La Trinca». Creo que no la encontraron, porque a fin de cuentas, como decía Presuntos también hace mucho, ya «no hay humor» y La Trinca como fenómeno fue algo irrepetible. Pero seguro que entre medio se embolsaron unos cuantos «milions» a cuenta de la nostalgia y de la producción.

Y ahora, claro: llegan unos tíos que parecen los perros del cerdo Napoleón de Rebelión en la granja y montan la jarana padre y madre. Los de Madrit, como están a quinientos kilómetros, siguen pensando que eso es una especie de «exotismo» y «extravagancia» más que un verdadero problema. La casta madrilenya, después de 40 años, se ha encontrado que la bestiola de los años 80 se ha convertido en una especie de Fafner más grande que el drac de Sant Jordi. Y por lo visto, tampoco quieren que haya un Siegfried que acabe con él. Es una cosa extraña. Después de tanto azuzar, sale alguien que quiere convertir esas locuras en realidad y això ja no mola, nen (la «g» final es un invento de Buenafuente, créanme. Y ése, que se ande con cuidado, que si se proclama la «república catalana» igual le obligan a pasar por el catalanitzador de cognoms y llamarse Bonafont…).

Volviendo a los disturbios, tenemos otra ausencia más que remarcable: la flamante alcaldesa de Barcelona, la Colau. Sí, la del runrún… ese mismo runrún que dice que si mañana hubiera elecciones municipales, tanto ella como su protector y ventrílocuo, Jaume Collboni, se irían a su casa. No hay peor enemigo que el tiempo para esta gente. Aquí tienen la prueba.

Ítem más. La internacionalización del procés ha dado como resultado que participen en él aquellos que se apuntan hasta a un bombardeo. Lo de Marta Dedosrotos fue una niñería comparado con lo que ha venido después. Ha resultado que los cedetarras poseen una organización cuasimilitar (con sus tres niveles de estrategia, información y “acción directa”), que los va acercando a la cabra que los crió, la ETA y un apoyo popular de un nivel parecido. Sus conexiones internacionales incluyen a Moscú: Putin, deseoso de enredar en la UE, ha ayudado en la guerra de la propaganda (las famosas fake news), que ha ganado el CDR porque frente a ellos no había más que dos pandas de memos que se hacen llamar «Gobierno» y «oposición», que no han hecho nada por frenarlos. Sobre todo la primera de ellas, que no ha hecho ni un borrall.

Y tanto es el trato amable de Sánchezstein con los separatas, a través de su «hombre en Ferraz» (Iceta), que incluso va a dejarles que le apoyen en la investidura. Poco importa que los ciudadanos catalanes (sean o no de la ceba) sufran en sus carnes la disbauxa (que no «tsunami») separatista. Con un C’s en coma (hasta que vuelva la embarazadísima Arrimadas, quien sin decir gran cosa se postula como sucesora del huido Rivera) y un PP que ha subido en Cataluña sólo porque alguien de fuera y con un discurso guerrero –y a la contra de lo que exigían desde Madrit– ha sacado de su modorra a Alejandro Fernández, y un VOX que sube, pero no lo bastante, los cedetarras todavía tienen el campo libre. Y si les protegen desde la Generalitat, no digamos.

En un país serio (no multicolor, como el que pretenden Sánchezstein y sobre todo los tiranuelos de aldea que le van a apoyar), el porvenir de Torra estaría entre rejas o en el extranjero. Pero eso es todavía política ficción.