Concatenación (II)

La sentencia del procés

La primera pata del plan de Sánchezstein pasaba –pasa, como veremos más adelante– por dispensar un trato amable a los separatistas catalanes que iban a ser juzgados el pasado 1 de octubre, hace exactamente un mes. Claro que un Gobierno en funciones es lo que tiene: su extrema debilidad le hace extremadamente sensible a todo tipo de presiones, como las inmundas presiones políticas recibidas del separatismo catalán. Qué duda cabe que han conseguido, siquiera sea parcialmente, su objetivo.

Supongo –y pido disculpas por ello– que me precipité al elogiar la actuación hasta ese momento de Manuel Marchena, presidente a la sazón de la Sala II del TS. Como dijo Federico en su momento, «a los jueces hay que juzgarlos por sus sentencias», no tanto por lo que hagan en el acto de juicio. No obstante, lo que al popular radiofonista se le olvidó mencionar y yo debí haber tenido en cuenta por haberlo dicho ya antes, es que política y justicia forman una coyunda inmunda; y que, por tanto, cuando se trata de juzgar a políticos delincuentes (como eran todos los sentados en el banquillo de los acusados), las sentencias vienen escritas de arriba. Inauguró esa nada venerable tradición Felipe González con el asunto de Rumasa y la continuó con el asunto de Banesto (a Neguri no le gustó que un advenedizo se les subiera a la txepa, por muy masonazo que fuera, y se lo hicieron pagar). Para volvernos a encontrar con algo así hay que saltar el intervalo aznarista y llegar hasta ZP con la infame sentencia del 11-M. Bien es verdad que Aznar hizo otra cosa no menos deleznable, que fue incumplir la sentencia del TS relativa al antenicidio: la recibió y la metió en el cajón, quedándose ahí muerta de risa. Pero eso, como diría mi antiguo profesor de Economía Política, Pere Mir, són figues d’un altre paner.

Y ahora esto, pues. Hay que admitir que tiene su mérito convertir a todo un Alto Tribunal en escribas al dictado y en lacayos con puñetas, sometidos –mejor no describo lo que ha sido en realidad– a la superior raison d’État, argumento de peso desde Luis XIV. Claro que como dijo alguien, un muerto no muerde y un vivo al que se le hace un favor –o se le promete hacerlo, al menos–, tampoco. Parece ser que alguien deslizó en los oídos del señor Marchena las palabras «Presidente del Tribunal Supremo» (por tanto, también del CGPJ) y el susodicho se licuó. Tanto, que hoy lo único parece que es suyo en la sentencia del procés es su firma tras el fallo. Dicho fallo tiene dos notas características, entre otras que se puedan citar:

a) Niega la verdad. Rebajó la calificación penal de los hechos de rebelión (lo que fue, en verdad) a sedición, que supone también una interesante rebaja de pena. Este hecho ya se cobró una víctima en la persona de Edmundo Bal, Abogado del Estado encargado de decir lo que quería su jefa, Información Vaginal, por negarse a ello. También esto otro lo hemos visto antes: «¡Es sedición y valeyá!». Es una suerte que no hubieran encargado a Olga Sánchez, hoy ascendida a Fiscala del TS por méritos de diversa consideración, formar parte de la acusación pública.

b) Pone al zorro a cuidar del gallinero. Aquí el zorro es la Generalitat de Catalunya. Las gallinas… bueno, no hay más que recordar a la indecible Carme Forcadell, siéndole tomada declaración ante el TS. Guardaba un parecido asombroso con Rita-me-irrita, la rojelia pija que declaró ante la Justicia por despelotarse en medio de una misa, respondiendo sotto voce y con la cabeza baja, como si lo suyo hubiera sido poco más que fumar en el lavabo y la hubiera pillado la Madre Superiora. La cuestión es que la sentencia entrega a la Generalitat (a Presons, concretamente) la ejecución de la misma. No es difícil imaginar que, con una Generalitat en abierta rebelión contra el Estado, los sediciosos coman tranquilamente el turrón en su casa y entren y salgan de Lledoners cuando les venga en gana. Y luego, cuando se olvide este asunto o a nadie de los importantes le importe mucho, los sacarán por la puerta de atrás.

En resumen: una burla de sentencia, sobre todo si la comparamos con la asonada de Tejero, que eso sí fue considerado como rebelión militar y juzgado y castigado como tal. Es malo para la democracia que el Alto Tribunal nos acostumbre a esta clase de fechorías, como es malo que el respetable en general comprenda que «el Código Penal está para los robaperas (vulgo españolitos de a pie, como ustedes y yo), no para los peces gordos». Lo que nos lleva a tres conclusiones. La primera, a una frase mítica de D. Francisco de Quevedo que él mismo sufrió en sus carnes: «Donde hay poca justicia es peligroso tener razón». La segunda, la de «per la giustizia dobbiamo andare da Don Corleone». Y la tercera, la de «si los Tribunales no me hacen justicia, la justicia me la hago yo (con razón o sin ella)». En cualquiera de los tres casos, ¿para qué necesitaríamos todo el entramado judicial?

Márchese a su casa, señor Marchena. O, si es cierto lo que corre por ahí, a su sillón bienpagao. Pero, por favor, no nos aburra hablándonos de «justicia». No quedaría bien.

 

Concatenación (I)

Como hace muchos días que no damos señales de vida, creo que es llegado el momento de decir alguna cosa personal sobre los acontecimientos de las últimas semanas. Al tomar una cierta distancia, es posible ver una concatenación de hechos. O por lo menos, yo la veo así. Concatenación de hechos cuyo hilo conductor son las famosas encuestas, ya sean las publicadas o esos «trackings internos» de los que los comunicadores hablan como si fueran poco menos que secretos de Estado. Vamos a verlo como lo que realmente ha sido: una gran obra de teatro…

Prólogo: los trackings

Es una pena que la RAE no tenga capacidad de poner multas lingüísticas, como la Generalitat de Cataluña. Y también una suerte: si la RAE pudiera imponer multas a los periodistas y los políticos cada vez que usan una palabra extranjera que tiene correlato español, se pondrían las botas. En una próxima entrada hablaremos de diversas gilipolleces lingüísticas que la RAE se ha comido sin pestañear relativas al «español urgente». Por el momento, detengámonos en la palabra tracking. Lógicamente, en el mundo anglosajón «el conceto es el conceto» y a la lengua inglesa no le viene mal el uso de esa palabra. En las Batuecas, sin embargo, tenemos la palabra sondeo y no necesitamos préstamos de lenguas extranjeras, gracias. Parece ser que el uso de una palabra extranjera convierte a quien lo hace en alguien «menos pueblerino» (los complejos de siempre) y más… ¿inteligente? Hemos de precisar, no obstante, que llamar «sondeo» a lo que hace el Señor Tenazas es una broma de mal gusto, siquiera sea porque a los españolitos nos cuesta un pastón.

Dicho esto, vamos al lío. En Moncloa los sondeos internos son menos favorables que las encuestas publicadas en agosto y septiembre. «¡Hay que hacer algo!», truenan todos. No es que estén preocupados por la situación del país, ni mucho menos: les preocupa que, si las malas perspectivas se cumplen, los «puestos de salir» se reducen y, claro, ellos podrían quedarse fuera. Entonces Sánchezstein, que se cree una especie de «Vickie el vikingo» de dos metros de altura, piensa un momento. Se masca la tensión en el ambiente. De pronto, recibe una revelación, hace chasquear los dedos y dice: «¡Tengo un plan!». Más o menos así:

Los otros no saben si respirar aliviados o echarse a temblar. Al final uno de ellos, como en La muerte de Stalin, se atreve a preguntar, con voz temblorosa: «¿Y… y qué plan es ése?». «Bueno», contesta el interpelado. «Es un plan en varias fases, que considero que activará el voto desengañado de la izquierda y…». Los demás empiezan a pensar: «Ya se pone ampuloso…». «Es bueno, ya lo veréis», les asegura. Ábalos, que ya conoce las genialidades de su jefe, le mira de través como diciendo: «Ya veremos…». Isabel Celaá, la portavoza, suelta a media voz: «Con tal que no salga alguien del ABC, de El Mundo o de Libertad Digital denunciándote por plagio…». «Nah, eso no va a ocurrir. Es totalmente mío», dice el presidente, envalentonado y mirando directamente a Iván Redondo. «Veréis…»

Juantxo (y III)

Decía yo en mi anterior entrada que han fallado un montón de cosas en todo este tiempo. La pregunta, además de la clásica de Zavalita (parafraseando: «¿Cuándo se jodieron las Españas»), es «¿qué hemos hecho los españolitos para merecer esto?».

Tenemos una casta política que desde que subió al poder en 1982 (lo de antes fue «de transición»), no ha hecho otra cosa que bajarse los pantalones ante los enemigos de España (externos e internos pagados por los de fuera). Parece ser que a mucha gente le interesa que España no recupere jamás su peso en el mundo. Y sabemos que uno de los primeros en esa lista de nuestros enemigos es Heinrich Kissinger. Hay periodistas todavía valientes a los que no les han rebanado el cuello que hablan de nuestra «transición democrática» como una concesión graciable por someternos al NOM. A partir de aquí, lo que ustedes quieran.

Consumada la «transición política» (que no fue otra cosa que un «pacto entre nada caballeros» para repartirse una España que Franco, por mucho que les joda a unos y a otros, dejó pacificada y lista para otra nueva etapa en su historia), llegó eso que han llamado algunos juancarlismo (más bien habría que llamarlo «juanitismo»), que se tradujo en la transformación de la estructura estatal en «Estado-negocio». En román paladino: «Haga usted como yo: robe y no se meta en política». Recuerda mucho a lo de Dune: «No me importa lo que hagas allí, siempre que mantengas la cuota de especia». Es decir: «No me importa que destroces el país, siempre que asegures la sumisión al NOM».

Como consecuencia, ha crecido a los pechos del Estado una casta política que sabe mucho de intrigar y robar, ya sea para sí o para el partido, y poco de gobernar. Les importa un carajo que exista un divorcio absoluto entre los intereses generales y los suyos propios. Todo sea por no traspasar esa línea roja que les impide ocuparse de esos intereses generales en beneficio de la Nación, porque hay «otros intereses superiores en juego» (¿cuáles y de quién?).

Como consecuencia, asuntos tan importantes para el futuro de la Nación como la educación, la cultura y la comunicación en España han estado dejados de la mano de Dios… y puestos en manos de inútiles, advenedizos o simplemente malvados. Últimamente los titulares de la cosa han pertenecido a la primera categoría, pero es que el monstruo ha crecido tanto que ya no se le puede dominar con «diálogo» y «talante». ¿Quieren una demostración? Las palabras de un señor que –lo siento– me cae gordísimo. Un quídam llamado Andoni Ortúzar.

Imaginen –ya sé que es mucha imaginación, pero les ruego hagan el esfuerzo– que VOX llega a Moncloa sin haberse corrompido en el camino y conservando intactos su idea fundacional y sus principios. E imaginen ahora que ante la desoladora situación en esos tres terrenos, decide recuperar para el Estado las competencias correspondientes. No tengo ninguna duda de que todos los barones y caciques territoriales se cuadrarían y le dirían a Santi Abascal: «Cada uno de nosotros vale tanto como vos; y todos juntos, más que vos». Queda la duda de si Abascal sería capaz, en dado caso, de imitar a Ramiro II, El Monje, y formar una nueva campana de Huesca con todos aquellos que se le opus-ieran. Está bien, no obstante, que Abascal no se achante cada vez que un cenutrio de la izquierda le llama «¡fascista!», como les pasa a los dirigentes del PP, cuyo lema ahora mismo debería ser «Semos tontos, pero honraos». Quizá se lo quiten el día que abandonen la postración en que les dejó Mariano, el Registrador y Soraya, la niña asheshina; pero de momento, como diría don Juan, largo me lo fiáis.

Debería llegar alguien que tuviera claro que para que España recupere su tamaño natural hay que desherbar desapasionadamente, empezando por recuperar esas tres competencias (Interior, Educación y Cultura) en vez de dejarlas como hasta ahora, en manos de ignorantes, sectarios y malvados (o las tres cosas a la vez). Y empezar una tarea de verdadera reconstrucción. Pero quizá sueño demasiado.

En cualquier caso, Navarra está en manos del PNV y sus amigotes del trabajo sucio (gracias, Sánchezstein). Quizá Juantxo se haya preocupado de aprender euskera, ahora que lo impondrán en todo el territorio navarro, vascohablante o no. Y en todo caso, espero que siga siendo buena persona, como a mí me pareció que era cuando le conocí.

Juantxo (II)

En esta entrada, hace ya nada menos que doce años, hablaba yo con alguien acerca del problema terrorista. Permítanme la larga autocita:

El caso es que comentando con él acerca del tema de la ETA, me dijo unas palabras que no recuerdo en su exactitud, pero sí se me quedó grabada la idea: “Como no os andéis con cuidado, en 30 años tendréis el mismo problema que nosotros”. Yo, confiado de mí, le repliqué que eso no podía ser porque Pujol había cortado de raíz el conato de “crecimiento” de Terra Lliure (movimiento terrorista catalán de corto vuelo), que estaban cerca las Olimpiadas y que la lluvia de millones que iba cayendo en Barcelona no se iba a cortar por las bombas de cuatro descerebrados. Le vine a decir, en suma, que atendiendo a la situación política y económica del momento, no era imaginable que se diese alas a un grupo terrorista independentista. Juantxo insistió en sus palabras y yo, aunque finalmente le di la razón, pensé: “Largo me lo fiáis…”.

Decía yo en mi entrada que «estas palabras resultaron proféticas». Han pasado ya 27 años, si contamos desde 1992; y hoy, quizá, son «proféticas» con más motivo que entonces. Entonces se trataba apenas de unas pintadas en el domicilio de un diputado de C’s. Hoy ya hablamos de huevos de serpiente. No existe el pujolismo, ni el «normal» ni el «sector negocis» (buena parte de él criando malvas o en prisión); pero ha dejado una herencia terrible, que sus sucesores de todos los colores permitidos en tierras catalanas se han encargado de cuidar y proteger.

Hasta que, en estos últimos días, hemos comprobado que ha dado un esplendoroso fruto: siete Mossos vinculados con los CDR han sido enviados a prisión incondicional por el juez García Castellón por presunto delito de terrorismo. Lo chusco del caso es que la Guardia Civil tuvo que operar engañando a los Mossos y sin comunicarse la operación al ministro Marlasca, que montó en cólera porque a su vez Sánchezstein desde Nueva York le abroncó al ser preguntado por un periodista y dejarle sin palabras. Era obvio que la Benemérita no quería que se repitiera la historia del Faisán.

Recuerdo muy bien cómo en la Facultad de Derecho nos machacaban el carácter de ultima ratio del Derecho Penal en un Estado democrático. Lo cual supone ya un problema: si verdaderamente es ultima ratio, la intervención de García Castellón significa que en este asunto ha fallado todo lo demás. O, más exactamente, que no se ha aplicado todo lo demás en absoluto. Es decir, todo lo que no dependía de la justicia. De hecho, desde que llegó Pujol a la poltrona, en 1980, consiguió una especie de carta blanca para moldear Cataluña a su antojo tras echar a patadas a Tarradellas.

¿Y qué ha fallado? Básicamente tres cosas, que justamente son aquellas en que la izquierda domina prácticamente en su totalidad y que de hecho conforman el futuro de un país: la educación, la cultura y la comunicación. Baste señalar, para terminar esta parte de la entrada, que fue Aznar, al entregar a la Generalitat la competencia de Educación, el que con ese gesto dio el visto bueno a todo lo que hasta ese momento era ilegal en las escuelas catalanas. De lo demás hablaremos en la segunda parte.

Juicio al símbolo

Pues nada. Que ahora, para distraer al personal, el Gobierno se ha inventado la treta de desempolvar el caso de la Púnica, que creíamos que la cosa había acabado con Paquito Granados y sus conexiones diversas.

De pronto, resulta que no. Resulta que hay elecciones –pese a los dimes y diretes de unos y otros– el 10 de noviembre y el Gobierno de la pesoe, siempre presto al juego sucio (éste, además, a varias bandas), ha sacado a pasear el tema de la Púnica, que dormía desde hace varios años en los cajones de la Audiencia Nacional. Hay que perjudicar «al PP», ya sea por medios legales o leguleyos. Poco importa que después a los imputados les absuelvan de sus cargos. Lo importante en realidad es la impresión que queda tras el circo mediático: «PP, ¡qué corruptos! ¿Pues sabes qué? No les voto». Ése es el resultado que se busca con esa jugada sucia.

¿Y qué mejor manera que resucitar un caso en los Tribunales? Parece ser que en estos casos hay siempre una toga dispuesta a hacer el favor. Estaría bien saber por qué un juez que pasaba por serio, como Manuel García Castellón (el instructor del caso Banesto, por recordar uno de los casos famosos de la AN), se ha prestado a hacer el favor. Quizá lo que chirría no es tanto el hecho (las imputaciones) como el momento. La pregunta es: ¿qué le prometieron o con qué le amenazaron? ¿Una silla en el TS o en el TC? De amenazas prefiero no suponer nada, porque, como todo el mundo sabe, «la Justicia es independiente, inamovible, responsable y sometida únicamente al imperio de la Ley» (1 LOPJ). En  cualquier caso, sabremos qué pasará si Sánchezstein gana las elecciones.

«¿Y a quién vamos a pringar? A Díaz Ayuso no, que se defendió como una leona, dejando a Errejoncito como un soufflé aplastado y como un cerdo machista. Venga, va: vamos a sacar muertos del armario». Y de esta manera sacan a pasear a Esperanza Aguirre –por enésima vez– y a Cifuentes, a ver si pueden echarles un poquito más de mierda encima. Con Aznar, pese a que es su bête noire, no se atreven; porque, al igual que Díaz Ayuso, les puede dejar en ridículo. Como he dicho antes, poco importa que después la absuelvan: para la izquierda abyecta que tenemos, basta que se ¿demuestre? que Aguirre conoció y consintió en la trama corrupta de su segundo para que los sectarios fanáticos de Er Paí y otras hierbas empiecen con la matraca de «PP-corrupto».

En segundo lugar, a estas alturas todo el mundo sabe que se van a dar simultáneamente dos juicios: el jurídico, que suponemos de poco recorrido, y el que interesa a la izquierda, que es el mediático. ¿Por qué les interesa el mediático? Porque salvo dos o tres, el resto de medios es de la izquierda y el proceso que en los medios le pueden montar no desentonaría nada en Moscú, 1936. En los medios la izquierda es hoy parte, juez y verdugo, todo a la vez –gracias, Mariano y Soraya: vosotros lo propiciasteis y vuestros amigos del Bilderberg quedarían la mar de contentos–.

Pero hay algo más importante aún que el hecho de «enjuiciar» a esas dos personas. De Cifuentes no se puede predicar, debido a esos tics progres que le costaron tan caro. Pero de Esperanza sí, porque estuvo mucho tiempo en el poder, para desesperación de los socialistas. En su tiempo, Esperanza era la roca contra la que todos los candidatos socialistas iban a estrellarse, al igual que ocurría con Rita Barberá en Valencia (hasta que Rajoy la apuñaló por la espalda y se acabó). Y hay otro detalle: para la mayoría de los madrileños –salvo para la izquierda troglodita y fanática–, Esperanza representó una especie de edad de oro en cuanto a dinamismo empresarial y buen hábitat económico. Tanto, que los sucesivos gobiernos después de Aznar intentaron hundirla y sólo el juego sucio de su propio partido la acabó apartando («Eshtoy hashta la polla de eshta mujer dando ejemplo», que dijera Rajoy en cierta ocasión).

Por todo lo anterior quieren arrastrar por el fango a Esperanza. Pero no por ella misma, sino por la prosperidad que atrajo durante su mandato, que en sí misma es un símbolo. Quieren llevar a juicio al símbolo, porque eso es lo que en Madrid impide que la propaganda socialcomunista tenga efecto. Sin estar de acuerdo con todo lo que hizo (por ejemplo, está el hecho de que el número de abortos se mantuvo constante durante ese mandato), lo cierto es que los madrileños contaban con más dinero en sus bolsillos. Y la idea de rebelarse fiscalmente contra el ISD, bonificándolo al 99%, contra el criterio del murciégalo Montoro, Madrid fue la primera en ponerla en práctica, bajo el mandato de Esperanza.

En resumen, hunos y hotros tienen motivos para odiarla y para intentar ejercer una especie de damnatio memoriae política contra ella. Pero no es más que un sucio artilugio electoral, con independencia de lo que ocurra en estrados. Lo cual dice mucho de la catadura moral de ciertos políticos y de ciertos medios que se han sumado con fervor acrisolado y adhesión inquebrantable a hacer leña del adversario político, que ya no es tal, sino que se ha convertido en enemigo. Peligroso camino llevamos por ahí, aunque a algunos irresponsables con poder les dé igual.

 

Verano blues (y III)

¿Y a qué nos lleva todo lo anterior? En mi caso, a una indefinible sensación blue: se ha perdido otro año y seguimos atascados en la misma rutina «en funciones». Oiga usted: que llevamos en ello desde 2014. Los números empiezan a no cuadrar, al parecer; las pensiones de los babyboomers están en peligro y el okupa de Moncloa sólo piensa en una cosa: «¡Nos iremos al infierno, pero yo iré en cabeza!». No tengo duda de que Satanás estaría encantado de recibirle.

Muchos hablan de que a lo mejor el 10 de noviembre habrá elecciones. Es posible que las haya; pero eso, como el temita de la «guerracivil», sólo preocupa a unos cuantos: básicamente, a los que viven directa o indirectamente de la política. Al resto le importa más hacer algo para asegurar el futuro (siempre que estos políticos nos dejen un futuro que asegurar) y llegar a fin de mes en el presente.

Como de la «izquierda» ya hemos hablado, hablemos de la «derecha». Lo pongo entre comillas porque ambos bloques están de acuerdo en unos cuantos puntos fundamentales, entre los que no se halla «el interés general de los españoles». De manera importante, Casado está intentando convencer a sus «socios» de que se sumen a la iniciativa «España suma», que a lo mejor y con suerte se le ha ocurrido a él, pero que, como sea, los otros no aceptan porque lo ven como el abrazo del oso y todos quedarían diluidos en ese magma. Más o menos como esa «cosa» que pretende reunir todas las religiones del mundo en una sola, que ya sabemos es un invento masónico.

Pero es que, antes de eso, yo quisiera repetir una pregunta que ya he formulado en otras entradas. Por ejemplo, ante el incendio lingüístico que recorre España de parte a parte, ¿qué va a hacer Casado? Si atendemos a la tendencia histórica del PP, ya podemos darnos por jodidos. Ahora resulta que las Comunidades Autónomas (futuras nacioncitas en el conglomerado nacional) tienen lengua propia distinta de la común. ¡Pero coño! ¡Si hasta Extremadura quiere convertir el castúo en llengua pròpia i nacional! El PP, allí donde se ha producido un relevo a su favor, nunca ha desmantelado esas estructuras ni ha aplicado la correspondiente purga. Con estos presupuestos, ¿cómo va a poder agarrar a Torra, a Ximo Puig y a los otros de las «lenguas propias» de las solapas si ni siquiera es capaz de cuadrar a Núñez Feijóo, presunto correligionario suyo y que va por libre en realidad?

Yo no sé si Sánchezstein es mejor táctico que estratega. Para mí ese debate, en el que algunos podrían enzarzarse, me parece completamente inútil. España arde por los cuatro costados. Que lo decimos en sentido figurado, pero también literal; y la pena es que en este último caso la Benemérita no haya cogido a ninguno de esos pirómanos hijos de puta (tengo esperanzas en que sí). En éstas, el Nerón que provisionalmente ocupa la Moncloa contempla la escena con expresión beatífica y estúpida, mientras piensa: «¡Cómo brilla! Mientras tenga a los españolitos entretenidos peleándose por cómo se dicen las cosas, yo podré estar aquí mucho tiempo». Y añade: «Mis amos estarán contentos del desbarajuste que estoy provocando».

Lo que sí tengo claro es que a los hunos podré culparlos por hacer y a los hotros por no hacer. Eso sí: al mismo tiempo que rezo fervorosamente y me ocupo de tener un futuro al que poder llegar, ya que los políticos que presuntamente me «representan» se han arreglado el suyo y el de nadie más.

 

Verano blues (II)

El segundo pico informativo ha sido la investidura de Isabel Díaz Ayuso como flamante nueva presidenta de la Comunidad de Madrid. Con ello se puede decir que se ha cerrado un círculo: el PP ha retenido la presidencia de la comunidad y ha recuperado la alcaldía, aunque esto último haya sido «en compañía de otros» (Cs y VOX, que menudo sainete nos regalaron a cuenta de «yo voy a ser la alcaldesa/porque yo lo valgo»).

Díaz Ayuso responde, al parecer, al prototipo de política de derechas que no se arruga en el debate contra la “izquierda” (de nada sirve diferenciar entre “izquierda” y “derecha” si ambas hacen la misma política en determinados puntos esenciales), muy en la línea de Esperanza Aguirre. Lo que significa que ha cabreado a mucha gente, dentro y fuera de Madrid.

Entre la de fuera, mayormente las CC.AA. socialistas y separatistas (lo siento: no son «nacionalistas»): el anuncio de la «rebaja histórica de impuestos» ha puesto histéricas a esas CC.AA., porque si esa rebaja se hace efectiva, prevén –y no se equivocarán– una fuga de empresas, es decir, de sujetos pasivos exprimibles al por mayor (el tres per cent o més). Igual que ha ocurrido con Moreno Bonilla, que dijo «tener contactos con empresas para deslocalizarse de su lugar y establecerse en Andalucía» (por cierto, ya nunca más supimos de ese tema). Sólo quedarán para exprimir los ciudadanos de a pie, ante los que casi siempre hay que dar la cara y tienen el voto. Hasta los propios políticos con una gota de ética (¿queda alguno?) saben que es feo pedirte el voto con una mano y robarte con la otra. Ante eso, lo único que queda es acollonar con los CDRs a los recalcitrantes hasta que se dobleguen… o se vayan, si es que pueden.

Entre los «de dentro», bueno… Ha sido infame la campaña que le ha montado Er Paí tratando de sembrar la duda en las actividades privadas y no tan privadas de Ayuso. Los ciudadanos tenemos derecho a recibir información veraz, no la bazofia que sueltan algunos periodicuchos «dependiendo de la mañana». No contenta con eso, la izquierda ha tratado de jugar la carta del género. No del todo, porque como Ayuso es mujer, no podría soltar el argumentario feminazi relativo a los «machirulos». Bueno, por lo menos Errejoncito lo ha intentado y ha salido trasquilado. Ha quedado como el gilipollas que es porque Ayuso se defendió con fiereza; y si lo que Errejoncito le espetó a Ayuso es lo que piensa en el fondo de todas las mujeres, apañados van en su partidito. Fray Gabilondo, que fue fraile antes que político, evitó meterse en ese jardín, aunque estaba en la misma dinámica que su jefe: ser Presidente con los votos gratis de sus afines. No podía funcionar.

Así, pues, hay que alabar la falta de complejos de Ayuso al enfrentarse dialécticamente a esa izquierda que cree que España le pertenece por derecho a ella y a nadie más. En su contra… el hecho de que no mencionó para nada la protección de los niños frente al adoctrinamiento LGTB, algo que se sabía que había pedido VOX. Pero Ayuso pasó de puntillas sobre ese tema –dicho suavemente–. Alguien tendría que recordarle a Ayuso que el dinero viene y va… pero que la educación permanece por mucho tiempo; y que por eso mismo debió haberla mencionado y haberse posicionado al respecto, con independencia del chaparrón que le cayese. Quizá también a Casado, que tiene hijos en edad escolar –y que a lo mejor los lleva a un colegio privado donde se han librado del adoctrinamiento LGTB–. Pero claro: el PP es hoy un partido «normal» (acepta la porquería ideológica LGTB, que es el estándar). Y todos tienen que pensar y actuar en consecuencia.

 

Verano blues (I)

Se acaba la parte más calurosa del verano y viene el «inicio del curso político», que las cotorras profesionales con derecho a micro ya anuncian como «muy calentito». Recapitulando un poco la cosa, el verano nos ha dejado dos picos informativos, si es que se pueden llamar así.

El primero hay que situarlo en Navarra. Supongo que estarían furiosos en Barcelona, porque a los separatas nada les gusta más que aparecer en titulares en los diarios de Madrit y esta vez no lo consiguieron. Pero a lo que íbamos: lo que se ha producido en Navarra es una indignidad, tanto por sus causas como por sus consecuencias. Mira que un servidor pensaba que ZP era indigno hasta de la pensión vitalicia que le pagamos los españolitos por habernos abierto el agujero trasero; pero al final se ha visto superado por el dúo de la Africana, Soraya-Mariano y éste, a su vez, por el poste de telégrafos que descansa, siempre provisionalmente, en la Moncloa. Y que parece mentira que le llamemos provisional, pues va para un año largo que está en la poltrona y no tiene intención de moverse de allí. Pues bien: ha superado con creces a sus antecesores.

La situación de bloqueo político a nivel es total: los partidos se han ido polarizando en bloques, que no en ideas (en ese campo todos se parecen bastante). Y la desgracia es que ninguno suma suficientes escaños como para revertir esta situación. Al bloque de ¿izquierdas? le produce sarpullidos la expresión «interés general de los españoles» y al de derechas le da miedito decirla porque cree necesitar el permiso de los hotros hasta para mear. Y al que quiere romper ese ensalmo, le dicen: «Usted no sabe de qué va la política».

La indignidad navarra, no obstante, no se hubiera producido si tuviéramos un Presidente del Gobierno de España, en vez de un okupa al que no le importa vender su patria por unas horas más en la poltrona de Moncloa. Porque eso es lo que ha hecho Sánchezstein: vender la patria a sus enemigos interiores, de los que sin duda se ha convertido en cómplice. En este caso, los proetarras. Porque además de entregar a los proetarras la política lingüística, les ha dado por la cara ya los ayuntamientos de dos pueblos. Pueblos donde a partir de ahora se va a venerar a Urtzi-Thor y Akher-Beltz en vez de a Jaungoikoa, se celebrará a la parte viva del santoral proetarra y se pondrán velas a los proetarras muertos por acción policial «por la tierra y la patria vasca». Y seguramente, en Sabin Etxea comerán chistorra del valle de Baztán, que les sabrá mejor que el embutido maketo de Cantimpalos (¡puags!).

Y él es cómplice de todo esto a través de la pelele de María Chivite. Dudo que en las neuronas de esta ¿señora? haya un gramo de personalidad o dignidad: por querer chupar un poco de poder la han puesto de rodillas a chupar otra cosa… y le han dicho a su jefe: «Si quieres continuar en lo tuyo a ésta nos la dejas poner de rodillas». E indigna la Ejecutiva socialista, silente en su 90% y asquerosa en el 10% al que permiten hablar (Ábalos, Celaá y Carmen la de Cabra, mayormente), negando con toda desfachatez las negociaciones entre los suyos y los herederos de los asesinos (me pregunto qué pensarán, al otro lado, Froilán Elespe, José Luis López de Lacalle, Fernando Buesa, Fernando Múgica y otros asesinados por ETA del lado socialista).

En esta bazofia han convertido la pesoe. Y me temo que no hay un solo militante socialista que levante la voz y diga que su partido es una bazofia, sólo por «no facilitar munición a la derecha». Nadie chista a Pedro Sánchezstein. El problema es que de advenedizos vamos sobrados y el patio ya no está para bromas de ningún tipo.

Circo judicial (II)

Como les decía en la entrada anterior, las preguntas se agolpan, pues el proceso puede cerrar fácilmente en falso la cuestión.

Ciñéndonos a lo que sabemos, resulta cada vez más claro que el delito que se impone por importancia es el de rebelión, no el de sedición o malversación como intentó forzar la menestra de Justicia a la Abogacía del Estado a decir. Por los espeluznantes detalles que van contando los miembros de las FCSE destacados en Cataluña en las fechas de autos, sabemos que aquello no fue un ensayo general de Els Pastorets, sino la llamada a la comisión del delito tipificado en el art. 472 CP («alzarse pública y tumultuariamente») con la finalidad expresada por el ordinal («Declarar la independencia de una parte del territorio nacional»). Frente a esta acusación, el presunto delito de sedición cae por su propio peso y el de malversación es totalmente lateral, pues si fuera por eso, la malversación ya venía produciéndose… desde los tiempos de Pujol.

En cuanto a las penas por la comisión de este delito son como aquellos versos de la famosa jura de Santa Gadea… Quizá por ello los subalternos y otros testigos han cantado La Traviata, La Favorita y lo que les hayan pedido.

Las juras eran tan fuertes
Que a todos ponen espanto,
Sobre un cerrojo de hierro
Y una ballesta de palo…

Vamos al lío. Primero tenemos el tipo general, que se desdobla en tres:

  1. Quienes induzcan a los rebeldes, hayan promovido o sostengan la rebelión y los jefes principales de ésta: a éstos les caen 15 a 25 años e inhabilitación absoluta por el mismo período.
  2. Los que ejerzan un mando subalterno: 10 a 15 años y mismo período de inhabilitación absoluta.
  3. Los meros participantes: 5 a 10 años e inhabilitación especial para empleo o cargo público de 6 a 10 años.

No está mal, ¿eh? Bueno, pues veamos el tipo agravado, que se desdobla en varias conductas también:

  1. Si se han esgrimido armas.
  2. o si ha habido combate entre la fuerza de su mando y los sectores leales a la autoridad legítima.
  3. o la rebelión hubiese:
    1. causado estragos en propiedades de titularidad pública o privada,
    2. cortado las comunicaciones telegráficas, telefónicas, por ondas, ferroviarias o de otra clase.
    3. ejercido violencias graves contra las personas.
    4. exigido contribuciones.
    5. distraído los caudales públicos de su legítima inversión.

Conforme a su grado de participación, las penas se agravan en lo siguiente:

  1. Para los inductores, promotores o sostenedores de la rebelión: de 25 a 30 años.
  2. Para los mandos subalternos, 15 a 25 años.
  3. Para los meros participantes: 10 a 15 años.

Éste es el cuadro general dibujado por el «Código Penal de la democracia», el del biministro Belloch. En mi opinión, que puede no ser la del Alto Tribunal, en todas las categorías hay alguien. Sin embargo, en este cuadro falta algo en mi opinión, que les contaré en la entrada siguiente.

Fumata blanca en Sevilla (I)

Bueno, pues por fin hay fumata blanca en Sevilla. La victoria del tripartito de la derechona, que diría ese numen cacumen que fue Arfonzo Guerra, va apagando los soplos del vendavá antidemocrático que se decía que iba a soplar. Se apagan las alertas antifascistas y la izquierda zascandil va arriando velas y preparándose para la travesía del desierto, aunque puede que ésta no sea muy larga. Lo único que resultó profético, hasta ahora, es la foto de Susana Díaz en las escaleras de la iglesia de la Parroquia de los Incurables, compuesta y sin novio (fue la lista más votada y la han echado de San Telmo):

Pero en estos cuarenta días tras el 2 de diciembre hay algunas cosas que han quedado claras: una, la poda de la las propuestas más ¿estridentes? de VOX, bien sea porque no son una competencia autonómica (inmigración), bien porque eso (filfa de género) podría asustar y movilizar a la izquierda que se quedó en casa por no gustarle el cartel de la plaza («En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirá…»). Y dos, el papelón de C’s, que no ha hecho más que intentar enredar con la finalidad de echar a VOX del pacto de los tres.

En mi opinión, lo incomprensible es lo segundo. Ya comentamos en varias ocasiones cómo Juanillo Marín, hoy flamante Vicepresidente de la cosa, estuvo tres años de palafrenero de Susana Díaz sin despeinarse. Quizá también habría que añadir que la que debió ser nombrada Vicepresidenta de la Junta es Inés Arrimadas, pues fue ella con su salero y olé, y no Juanillo con su cara de pájaro de mal agüero, quien hizo la campaña de las andaluzas. Arrimadas enseña la patita como persona de valía –para su partido– y Rivera, al parecer, está un pelín nervioso. No es muy difícil imaginarle preguntando al espejo; y cuando éste le respondiese «InésInésInés…», el otro, presa del síndrome de Herodes, chillara descompuesto del todo:

«¡Yo soy la única Superstar!»

Centrándonos en VOX, resulta que ha recibido por parte de los partidos del sistema el mismo trato que recibían los negros en Alabama en los años 50: «Quiero tus votos; pero como eres negro y no tienes derechos, me los vas a dar a cambio de nada». El PP, más experimentado, lo ha hecho con discreción; pero C’s, a quien le están empezando a crecer los enanos dentro y fuera, ha trompeteado su desprecio a quien le ha querido oír. Rivera, mal aconsejado por sus amigotes europeos, trata a Abascal como el nom del porc. Que si le preguntan a Rivera, éste dirá: «¡Le odio, le odio y le odio!». Cosa normal, porque Rivera quería seguir jugando a la indefinición ideológica («un poco de esto y otro poco de aquello»), más o menos como Bosé, y la aparición de VOX le ha cerrado el grifo de los votos despistados de la «derecha»; de modo que ahora se ve obligado a postularse como el sucesor de la ruina en que va quedando la pesoe. De momento ya ha pillado los tics de género, que supongo su electorado no progre no le va a perdonar.

Así, pues, y por ahora, descanse en paz (políticamente) Susana Díaz