Juicio al símbolo

Pues nada. Que ahora, para distraer al personal, el Gobierno se ha inventado la treta de desempolvar el caso de la Púnica, que creíamos que la cosa había acabado con Paquito Granados y sus conexiones diversas.

De pronto, resulta que no. Resulta que hay elecciones –pese a los dimes y diretes de unos y otros– el 10 de noviembre y el Gobierno de la pesoe, siempre presto al juego sucio (éste, además, a varias bandas), ha sacado a pasear el tema de la Púnica, que dormía desde hace varios años en los cajones de la Audiencia Nacional. Hay que perjudicar «al PP», ya sea por medios legales o leguleyos. Poco importa que después a los imputados les absuelvan de sus cargos. Lo importante en realidad es la impresión que queda tras el circo mediático: «PP, ¡qué corruptos! ¿Pues sabes qué? No les voto». Ése es el resultado que se busca con esa jugada sucia.

¿Y qué mejor manera que resucitar un caso en los Tribunales? Parece ser que en estos casos hay siempre una toga dispuesta a hacer el favor. Estaría bien saber por qué un juez que pasaba por serio, como Manuel García Castellón (el instructor del caso Banesto, por recordar uno de los casos famosos de la AN), se ha prestado a hacer el favor. Quizá lo que chirría no es tanto el hecho (las imputaciones) como el momento. La pregunta es: ¿qué le prometieron o con qué le amenazaron? ¿Una silla en el TS o en el TC? De amenazas prefiero no suponer nada, porque, como todo el mundo sabe, «la Justicia es independiente, inamovible, responsable y sometida únicamente al imperio de la Ley» (1 LOPJ). En  cualquier caso, sabremos qué pasará si Sánchezstein gana las elecciones.

«¿Y a quién vamos a pringar? A Díaz Ayuso no, que se defendió como una leona, dejando a Errejoncito como un soufflé aplastado y como un cerdo machista. Venga, va: vamos a sacar muertos del armario». Y de esta manera sacan a pasear a Esperanza Aguirre –por enésima vez– y a Cifuentes, a ver si pueden echarles un poquito más de mierda encima. Con Aznar, pese a que es su bête noire, no se atreven; porque, al igual que Díaz Ayuso, les puede dejar en ridículo. Como he dicho antes, poco importa que después la absuelvan: para la izquierda abyecta que tenemos, basta que se ¿demuestre? que Aguirre conoció y consintió en la trama corrupta de su segundo para que los sectarios fanáticos de Er Paí y otras hierbas empiecen con la matraca de «PP-corrupto».

En segundo lugar, a estas alturas todo el mundo sabe que se van a dar simultáneamente dos juicios: el jurídico, que suponemos de poco recorrido, y el que interesa a la izquierda, que es el mediático. ¿Por qué les interesa el mediático? Porque salvo dos o tres, el resto de medios es de la izquierda y el proceso que en los medios le pueden montar no desentonaría nada en Moscú, 1936. En los medios la izquierda es hoy parte, juez y verdugo, todo a la vez –gracias, Mariano y Soraya: vosotros lo propiciasteis y vuestros amigos del Bilderberg quedarían la mar de contentos–.

Pero hay algo más importante aún que el hecho de «enjuiciar» a esas dos personas. De Cifuentes no se puede predicar, debido a esos tics progres que le costaron tan caro. Pero de Esperanza sí, porque estuvo mucho tiempo en el poder, para desesperación de los socialistas. En su tiempo, Esperanza era la roca contra la que todos los candidatos socialistas iban a estrellarse, al igual que ocurría con Rita Barberá en Valencia (hasta que Rajoy la apuñaló por la espalda y se acabó). Y hay otro detalle: para la mayoría de los madrileños –salvo para la izquierda troglodita y fanática–, Esperanza representó una especie de edad de oro en cuanto a dinamismo empresarial y buen hábitat económico. Tanto, que los sucesivos gobiernos después de Aznar intentaron hundirla y sólo el juego sucio de su propio partido la acabó apartando («Eshtoy hashta la polla de eshta mujer dando ejemplo», que dijera Rajoy en cierta ocasión).

Por todo lo anterior quieren arrastrar por el fango a Esperanza. Pero no por ella misma, sino por la prosperidad que atrajo durante su mandato, que en sí misma es un símbolo. Quieren llevar a juicio al símbolo, porque eso es lo que en Madrid impide que la propaganda socialcomunista tenga efecto. Sin estar de acuerdo con todo lo que hizo (por ejemplo, está el hecho de que el número de abortos se mantuvo constante durante ese mandato), lo cierto es que los madrileños contaban con más dinero en sus bolsillos. Y la idea de rebelarse fiscalmente contra el ISD, bonificándolo al 99%, contra el criterio del murciégalo Montoro, Madrid fue la primera en ponerla en práctica, bajo el mandato de Esperanza.

En resumen, hunos y hotros tienen motivos para odiarla y para intentar ejercer una especie de damnatio memoriae política contra ella. Pero no es más que un sucio artilugio electoral, con independencia de lo que ocurra en estrados. Lo cual dice mucho de la catadura moral de ciertos políticos y de ciertos medios que se han sumado con fervor acrisolado y adhesión inquebrantable a hacer leña del adversario político, que ya no es tal, sino que se ha convertido en enemigo. Peligroso camino llevamos por ahí, aunque a algunos irresponsables con poder les dé igual.

 

Verano blues (II)

El segundo pico informativo ha sido la investidura de Isabel Díaz Ayuso como flamante nueva presidenta de la Comunidad de Madrid. Con ello se puede decir que se ha cerrado un círculo: el PP ha retenido la presidencia de la comunidad y ha recuperado la alcaldía, aunque esto último haya sido «en compañía de otros» (Cs y VOX, que menudo sainete nos regalaron a cuenta de «yo voy a ser la alcaldesa/porque yo lo valgo»).

Díaz Ayuso responde, al parecer, al prototipo de política de derechas que no se arruga en el debate contra la “izquierda” (de nada sirve diferenciar entre “izquierda” y “derecha” si ambas hacen la misma política en determinados puntos esenciales), muy en la línea de Esperanza Aguirre. Lo que significa que ha cabreado a mucha gente, dentro y fuera de Madrid.

Entre la de fuera, mayormente las CC.AA. socialistas y separatistas (lo siento: no son «nacionalistas»): el anuncio de la «rebaja histórica de impuestos» ha puesto histéricas a esas CC.AA., porque si esa rebaja se hace efectiva, prevén –y no se equivocarán– una fuga de empresas, es decir, de sujetos pasivos exprimibles al por mayor (el tres per cent o més). Igual que ha ocurrido con Moreno Bonilla, que dijo «tener contactos con empresas para deslocalizarse de su lugar y establecerse en Andalucía» (por cierto, ya nunca más supimos de ese tema). Sólo quedarán para exprimir los ciudadanos de a pie, ante los que casi siempre hay que dar la cara y tienen el voto. Hasta los propios políticos con una gota de ética (¿queda alguno?) saben que es feo pedirte el voto con una mano y robarte con la otra. Ante eso, lo único que queda es acollonar con los CDRs a los recalcitrantes hasta que se dobleguen… o se vayan, si es que pueden.

Entre los «de dentro», bueno… Ha sido infame la campaña que le ha montado Er Paí tratando de sembrar la duda en las actividades privadas y no tan privadas de Ayuso. Los ciudadanos tenemos derecho a recibir información veraz, no la bazofia que sueltan algunos periodicuchos «dependiendo de la mañana». No contenta con eso, la izquierda ha tratado de jugar la carta del género. No del todo, porque como Ayuso es mujer, no podría soltar el argumentario feminazi relativo a los «machirulos». Bueno, por lo menos Errejoncito lo ha intentado y ha salido trasquilado. Ha quedado como el gilipollas que es porque Ayuso se defendió con fiereza; y si lo que Errejoncito le espetó a Ayuso es lo que piensa en el fondo de todas las mujeres, apañados van en su partidito. Fray Gabilondo, que fue fraile antes que político, evitó meterse en ese jardín, aunque estaba en la misma dinámica que su jefe: ser Presidente con los votos gratis de sus afines. No podía funcionar.

Así, pues, hay que alabar la falta de complejos de Ayuso al enfrentarse dialécticamente a esa izquierda que cree que España le pertenece por derecho a ella y a nadie más. En su contra… el hecho de que no mencionó para nada la protección de los niños frente al adoctrinamiento LGTB, algo que se sabía que había pedido VOX. Pero Ayuso pasó de puntillas sobre ese tema –dicho suavemente–. Alguien tendría que recordarle a Ayuso que el dinero viene y va… pero que la educación permanece por mucho tiempo; y que por eso mismo debió haberla mencionado y haberse posicionado al respecto, con independencia del chaparrón que le cayese. Quizá también a Casado, que tiene hijos en edad escolar –y que a lo mejor los lleva a un colegio privado donde se han librado del adoctrinamiento LGTB–. Pero claro: el PP es hoy un partido «normal» (acepta la porquería ideológica LGTB, que es el estándar). Y todos tienen que pensar y actuar en consecuencia.

 

20 de abril (y II)

Continuando con la entrada anterior, podríamos remedar el comunicado que el 1 de abril de 1939 Franco hizo circular para decir que la guerra había terminado…


Situémonos ahora en el día 24 de abril de 2017 y digamos algo parecido a esto: «En el día de hoy, cautivas y desarmadas las fuerzas liberales y conservadoras, la facción progresista ha alcanzado sus últimos objetivos militares. LA GUERRA HA TERMINADO. El Presidente, Rajoy».

En esta fecha, hace unos días ya, veíamos cómo Esperanza Aguirre dimitía de todo o, más bien, de lo único que le quedaba: de concejala del Ayuntamiento de Madrid y, sobre todo de su posición de icono de cierta derecha que ahora mismo está replegada o lleva huyendo en desbandada por lo menos desde 2012 (desde que Esperanza dimitió como Presidenta de la CAM).

Como dice el anuncio, «permítanme que insista». Un servidor no termina de entender que, después de tantos avisos, Esperanza Aguirre se negara absolutamente a dar oídos a quienes le hablaban de las pifias de Paquito Granados o Nachete González, y a investigar siquiera un poquito. Consecuencia de lo cual, puede que en el gran juicio final del caso Lezo (vergüenza tendría que darle al policía que bautizó ese caso de delincuencia de cuello blanco con el nombre de uno de nuestros más insignes marinos. A nuestros cargos políticos y altos cargos funcionariales no se les caen los anillos al suelo por enmierdar la memoria de nuestros héroes), puede que no estén todos los que son.

De cualquier modo y a toro pasado, parece una estrategia de manual de cómo llevarse por delante a un rival o a un subordinado molesto:

a) Si es un corrupto, bastará con sacarle alguna pifia. Que es lo que intentaron al hacer pública la declaración de la renta de Aguirre: la campaña de descrédito, el mismo instrumento que usaron exitosamente contra María San Gil. No tanto con Esperanza, porque pese a las zancadillas de su propio partido salió de jefa de la oposición municipal (relegarla a la arena municipal ya fue un golpe duro). Del descubrimiento y revelación de secretos (197 CP) que se hubiera podido imputar al que facilitó la declaración de la renta nunca más se supo.

b) Si no lo es, hay que rodearle de corruptos y luego sacar las pifias de éstos. Se ha ido tirando del hilo y ha resultado que la única que —en principio— no estaba pringada era ella. Les ha quedado el consuelo de que ella reconociese, llorosa, su culpa in vigilando. Pero por encima de todo, consiguieron visibilizar su situación como insostenible y aún otra cosa: que saliera vergonzosamente por la puerta de atrás. «De cine», que hubiera podido decir Mauricio Casals.

La guerra ha terminado. Muy bien. ¿Qué es lo que queda en pie en el PP de Madrid, una vez laminado todo vestigio de la época de Aznar? Poco. Un PP genuflexo ante los postulados del vacío progresismo socialdemócrata, hacia el cual camina con acrisolado fervor y esforzado denuedo. Si es que uno ni sabe por qué lo siguen llamando «la derecha», cuando todo lo que oliese a «derechismo» ha sido barrido completamente (llevaban desde 2008 en ello y ya por fin lo han conseguido). Que Pedro Sánchez y otros en la pesoe hablen aún de «hay que ganar a la derecha» sólo puede significar dos cosas: o que son estúpidos o que toman por estúpidos a quienes les dan oídos.

Para quien quiera entenderlo: lo que ha ocurrido en Madrid, además de una emocionante escena de liquidación política de una persona, ha sido la visibilización del hecho de que la distinción izquierda/derecha ha saltado por los aires. Rajoy ha conseguido que hasta un troll desorejado como Ruby Marmolejo se plantee seriamente votarle, en caso de que condescendiera a leer su programa.

Hoy el PP y especialmente el de Madrid «progresa adecuadamente» hacia la ruina política. De entrada, por algo tan «fascista» como impedir que unos ciudadanos se manifiesten contra la ideología de género montados en un autobús. Y por otras leyes que han aprobado que, a quienes votamos al que en otro tiempo fue el partido que nos representaba, nos hiela la sangre. Eso sí, con el marchamo de calidad LGTB, que hoy es lo que parece preocuparle a Cifuentes y por ende, a Génova 13.

La desgracia de España es que nos gobiernan políticos, mientras que los estadistas batuecos piensan, idean y planifican contra España.

Pelotas de acero

Tras un período de silencio, volvemos a la carga. Hubiese preferido usar un sustantivo más rotundo en el título de la entrada; pero como ustedes ya se lo imaginan, dejo el título tal cual. Empezando por el principio, sepan ustedes que un servidor no valdría para juez en estos tiempos que corren. Tal vez en otros tiempos de paz sí; pero en estos tiempos de debacle moral y económica, es complicado. Y no digamos si al Juzgado o Tribunal de uno le cae la desgracia de instruir y/o decidir un caso con elemento político. Eso es al juez instructor/decisor como al agricultor un pedrisco una semana antes de la cosecha.
Sigue leyendo

Demolition Man (II)

Madrid

Y ahora, naturalmente, faltaba la joya de la Corona. ¿Cómo desactivar el último reducto aznarista? Eso era más delicado. Empecemos por el principio, que se parece bastante a los comienzos de todos los libros de Astérix

Estamos en el año 2015 d.C. Toda la Hispania está ocupada por los marianos… ¿Toda? ¡No! Una Comunidad poblada por irreductibles aznaristas resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios marianos en los reducidos campamentos de Babaórum, Acuárium, Laudánum y Petibónum…

Sigue leyendo

Rumore, rumore

Créanme ustedes que es una lástima que la corrección política por un lado y la censura por otro impidan escribir y/o subir a los escenarios sainetes o culebrones con los episodios más chuscos de la política española —que desde que estamos en democracia, unos cuantos, oigan— Tendríamos para reírnos durante una buena temporada. Del último hemos tenido noticia ayer. Pedro Sánchez, dando un glorioso puñetazo en la mesa, ha borrado de un plumazo a la ejecutiva del PSM y ha decidido que se constituya una comisión gestora. De este hecho, que dará para unos días —afortunadamente para unos y para otros no—, surgen varias preguntas.

Primera, ¿por qué ahora, justo tres meses antes de las autonómicas? Las voces críticas dicen que no está bien que el espadón de Mojácar haya propinado semejante mandoble a la FSM y que lo haya hecho «en base únicamente a un rumor». Me da la risa: justamente aquellos que poco menos que entronizaron el rumor como fuente del Derecho y le dieron carta de naturaleza como modo de iniciar un proceso penal (siempre que se tratara de otros, claro), se quejan ahora de que «la Justicia no se ha pronunciado aún» sobre el asunto del tranvía de Parla. Dicho tranvía, que los parleños no necesitaban, ha costado la friolera de 153 millones de euros sobre un presupuesto inicial de 40 millones, de los que no se sabe aún a qué manos han ido a parar determinadas cantidades distraídas. Aunque eso sólo es una parte del agujero que dejó Gómez cuando saltó de Parla a la ejecutiva del PSM, que  si no voy equivocado, llega hasta los 300 millones.

Una primera respuesta es que, teniendo tanto por donde cortar, Pedro Sánchez ha empezado por lo cercano. Se vislumbran a nuestro entender dos motivos: el primero, que ninguna de las caras conocidas del PSM tiene nada que hacer contra Ignacio González en la CAM o contra Esperanza Aguirre si finalmente es designada por el garrulo de Mariano como alcaldable por Madrid. Madrid es inexpugnable, a pesar de que ZP la castigara con partidas presupuestarias «para vigilancia de playas y costas» en 2010.

El segundo, que no quiere ser Borrell II: las bases le quisieron, pero el aparato, al ver que no salió su candidato (Madina), empezó a segarle la hierba bajo los pies. De ahí la sobreactuación del secretario general, de quien empiezan a decir que puede que no coma las uvas en Ferraz. Así, pues, necesita ejercer una autoridad que todavía no le han reconocido quienes le eligieron porque piensan que es un pipiolo; pero al parecer se ha pasado de frenada.

La tercera y tal vez no menos importante, que Pedro Sánchez siente en el cogote el aliento de los Pablemos boys. Éstos, a lo que se ve, aspiraban a convertirse en la referencia única de la izquierda, aunque empiecen a tener «más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela». Se han comido a IU en Madrid (#gracias_Tania) y ahora van a por el PSM. La debacle, no obstante está anunciada y veremos si salvan todos los muebles o les van a dejar sin mesa en la que comer (y rumiar su fracaso).

Faltaría una razón, tal vez: que se tratara de un mandoble propinado por mano interpuesta. Rubalcaba será todo lo profesor de química que él quiera, pero aún tiene mano y contactos en la Policía. Y puede ser él quien haya sostenido y dirigido la mano del espadón de Mojácar. Sería una última venganza de nuestro petit Fouché, a quien nunca le gustó el culturista de Parla. Aunque no podamos estar por supuesto seguros, si fuera así a un servidor de ustedes no le extrañaría.

En Madrid los ánimos están exaltadísimos: las vacas sagradas y a su frente Maru Menéndez, la flecha, se habían resignado a ser cómoda oposición, y ahora se ven de patitas en la calle. Todos juntos truenan algo parecido a «esto no va a quedar así, no sabes con quién te has metido». Un poco al estilo de Emilio Aragón, de cuando los buenos tiempos: «Nosotros somos el PSM y tú no lo eres». El asunto promete estar entretenido, tanto más cuando el hermano Gabilondo ha aceptado ser candidato en lugar de Fostiatus. Nunca habíamos visto a Maru Menéndez tan cabreada, echando un discurso sin papeles y hablando con fluidez y verbo rotundo. Para recordar algo parecido hay que retrotraerse a los tiempos de Juan José Güemes y su progresí.

Desde el palacio de San Telmo, por su parte, no se oye ná. Silencio absoluto. La patrona deja claro que no se mete… pero con su silencio apoya a los rebeldes. Bastante fregao hay en Sevilla: Susana debe vigilar para que Alaya no le deje sin colaboradores y aun socios de gobierno. Así que tiene un ojo puesto en la Junta y otro en Ferraz,

No tengo el don de la profecía. Pero si se me permite, en mi opinión preveo una larga marcha, un largo peregrinaje por el desierto del partido que aún se llama PSOE. El batacazo servirá, no obstante, para que los trepas, mediocres y lameculos se bajen del «caballo perdedor» que es ahora mismo el PSM. Si se irán a su casa o con Pablemos da igual. Tomás Gómez volverá al gimnasio y posiblemente mejorará sus marcas, lo cual será un gran consuelo para la humanidad en general y para sus correligionarios en particular, sobre todo si lo hace en Alcalá-Meco. La socialdemocracia entendida como voto clientelar está viviendo horas muy bajas y ya nadie quiere eso, sabiendo como sabe que es esclavo y que lo que a uno le dan es porque se lo han quitado a otro.

El carajal, de momento, está servido. Tráiganse la silla y las palomitas.

«Catalanizar España»

Créanme ustedes: no ganamos para sorpresas en este país. No creía un servidor que las dos palabras que encabezan este post levantarían tal polvareda en boca de Esperanza Aguirre, a quien algunos plumillas de muchas campanillas se empeñan en endosarle el poco agradecido papel de tía Juana de Génova, 13. Como si el mundo se detuviera porque ella esté o no esté en política (sólo ella sabe si está y hasta qué punto está metida). O esos que se empeñan en ello, al menos, que prácticamente han extraído una tesis doctoral sobre lo que pretendió decir, ignorando olímpicamente lo que realmente dijo. Sigue leyendo

Madrid Arena

Descansen en paz

Disculpen ustedes el tiempo transcurrido entre la última entrada de producción propia y ésta que hoy someto a su consideración. Han sido unos días importantes y llenos de asuntos significativos, que comentaremos en las próximas entradas.

Sobre el asunto que encabeza hoy la entrada, antes de nada, vaya mi más sentido pésame a las familias de las jóvenes fallecidas. Katia, Rocío, Belén y Cristina ya son pérdidas irreparables para sus familias. Como católico, sólo puedo desear que Dios haya acogido en su seno a estas muchachas con toda la vida por delante, aceptando la injusticia que ello supone y también el hecho de que Dios sabe por qué hace las cosas.

Para los que nos quedamos de tejas abajo existe un deber inexcusable: conocer con toda la extensión y detalle posibles el conjunto de hechos que llevaron a la tragedia, así como exigir –y que se cumpla– las correspondientes responsabilidades civiles, penales y políticas a todas las personas que intervinieron de algún modo en los acontecimientos.

De todo lo que se ha dicho en estos días, hay un hecho que a mí me llama poderosamente la atención. ¿Cómo es posible que un señor que tiene 236 expedientes de impago con Hacienda pueda obtener una licencia para organizar un evento de dimensiones grandes? La explicación: ese señor no es un mindundi. Así como a ustedes y a mí nos hubieran comprobado que hasta los pelos de nuestras posaderas tuvieran la longitud adecuada, a este señor no le hubieran hecho tal examen. Al parecer está (o estaba: ahora supongo que declararán que «no le conocían» o que «nunca tuvieron gran trato con él») en buenas relaciones con los concejales intervinientes en la autorización y, según parece, también fue padrino de boda del anterior alcalde Gallardón. Esa tarjeta de presentación fue suficiente para obviar la molesta circunstancia de los expedientes tributarios.

A mayor abundamiento en lo anterior, y sólo a los efectos de exigir la correspondiente responsabilidad, ¿se podría aplicar analógicamente el artículo 60.1.d de la Ley de Contratos del Sector Público, que establece la prohibición de contratar con aquellos que no estén al corriente de sus obligaciones con la Hacienda Pública y la Seguridad Social? Sugerimos este detalle porque en la legislación madrileña sobre espectáculos públicos no se establece ninguna prohibición expresa de autorizar en estos casos. En este tramo también es interesante el hecho de que el Ayuntamiento ha intentado borrar toda prueba de que promocionó el evento. ¿Por qué?

«Las pruebas hablan» (y en este caso también deberían hacerlo)

Otra cuestión candente es el tema del aforo. Según esta información, el empresario organizador no comunicó a la SGAE la celebración del evento, por lo cual no se puede auditar la taquilla del mismo. Por tanto, el empresario sabía muy bien que el aforo se iba a superar con creces y actuó en consecuencia. Así pues, el recinto, con capacidad para 10.000 personas cómodamente instaladas, se vio invadido por una marabunta 2 veces mayor (el estado actual de las investigaciones policiales apunta a 23.000 personas) entre «legales», «dejados pasar» y «colados». El personal de vigilancia y seguridad resultó claramente insuficiente, e incluso hay quien afirma que en un momento determinado se dejó de controlar quién entraba. He aquí uno de los ingredientes de la tragedia.

Otro de los ingredientes de la tragedia: la bengala. Uno se pregunta a qué clase de descerebrado se le ocurre traer una bengala a un recinto cerrado y atestado de gente… y encenderla. Obviamente los restos de la bengala no han quedado muy bien, pero los investigadores creen posible la obtención de huellas dactilares a pesar de lo deteriorado del material. Esto ya es entrar en terreno CSI y casi rezar para que en el equipo investigador aparezcan un Gil Grissom o una Catherine Willows que sepa y pueda encontrar esas huellas.

Pero no se acaba aquí la cosa. Según parece, tras la catástrofe la alcaldesa Botella se marchó a reposar a un hotel de lujo. Lo de menos, naturalmente, es que el hotel fuera «de lujo» o una choza en medio del desierto. Lo que importa, en todo caso, es que decidió la muerte de tres muchachas no le haría interrumpir por completo su puente en los Portugales. Tal vez le parecería que «estando alguien a cargo» (¿?) ella no tenía por qué quedarse en Madrid. Imaginen ustedes…

Ring, ring…

–Alcaldesa Botella al habla, dígame.

–Hola, Ana. Soy Miguel Ángel y tengo que decirte que lo del Madrid Arena es serio. Piden mi cabeza.

–¿Quién pide tu cabeza?

–Los de IU.

–¿Cómo es posible que pidan tu cabeza si ya les concedimos una calle para Carrillo? Desagradecidos…

–Como te lo cuento. Y además ha fallecido una cuarta joven.

–La verdad es que pinta mal, sí…

–Bueno, ¿vas a volver a Madrid o no?

–Claro que no, Miguel Ángel. Tengo hora para el spa y no me da tiempo a coger ningún avión de vuelta, o sea. Ah, y a los de la prensa les dices que próximamente el Ayuntamiento va a prohibir la cesión de espacios públicos para macroconciertos… o que quitamos la fiesta de Halloween… No sé, cualquier cosa que se te ocurra… Huy, qué tarde se me está haciendo. Tengo que colgar.

–De acuerdo, Ana. Disfruta de tu spa.

(clic)

O también…

Ring, ring…

–Hola Pedro, soy Miguel Ángel.

–Hola, Miguel Ángel. Por cierto, te aviso desde ya que tengas cuidado con lo que vas a decir. Uno de los dos móviles o los dos pueden estar intervenidos.

–Me da igual. La alcaldesa me acaba de dar puerta y estoy muy cabreado.

–Tranquilo, hombre, ya verás cómo…

–¡Nada de tranquilo, hombre! La alcaldesa está en Portugal y no va a volver, los rojos se frotan las manos y piden mi cabeza… ¿Cómo quieres que esté tranquilo?

–Ya, bueno… El lío que se ha montado es monumental…

–¡Valiente cabronazo el tal Flores! ¡Nos ha vendido el tío éste! Pero vamos a ver, ¿tú de qué le conocías?

–Yo fui invitado a la boda de Gallardón en la que él ofició de padrino, pero desde entonces he tenido poco o ningún trato con él.

–¿Seguro? Mira que por ahí nos van a machacar…

–¿Nos? Es tu cabeza la que está en juego, no la mía.

–¡Vaya, tú también te lavas las manos!

–Claro, Miguel Ángel. El que dio la autorización final fuiste . Por eso piden tu cabeza. No la mía.

–No te creas que la tuya va a estar muy segura cuando sepan de las deficiencias técnicas del recinto, que no controlaste en absoluto.

–¡No te atreverás!

–Tú déjame de lado, como la alcaldesa, y verás. Y como dice Mas, «atente a las consecuencias».

–¡Eres un cabrón! ¡No voy a parar hasta joderte! ¿Cómo te atreves a amena….?

–Yo también te quiero, Pedro. Adiós.

(clic).

Sigan atentos a las noticias. El culebrón no ha terminado aún.