Juicio al símbolo


Pues nada. Que ahora, para distraer al personal, el Gobierno se ha inventado la treta de desempolvar el caso de la Púnica, que creíamos que la cosa había acabado con Paquito Granados y sus conexiones diversas.

De pronto, resulta que no. Resulta que hay elecciones –pese a los dimes y diretes de unos y otros– el 10 de noviembre y el Gobierno de la pesoe, siempre presto al juego sucio (éste, además, a varias bandas), ha sacado a pasear el tema de la Púnica, que dormía desde hace varios años en los cajones de la Audiencia Nacional. Hay que perjudicar «al PP», ya sea por medios legales o leguleyos. Poco importa que después a los imputados les absuelvan de sus cargos. Lo importante en realidad es la impresión que queda tras el circo mediático: «PP, ¡qué corruptos! ¿Pues sabes qué? No les voto». Ése es el resultado que se busca con esa jugada sucia.

¿Y qué mejor manera que resucitar un caso en los Tribunales? Parece ser que en estos casos hay siempre una toga dispuesta a hacer el favor. Estaría bien saber por qué un juez que pasaba por serio, como Manuel García Castellón (el instructor del caso Banesto, por recordar uno de los casos famosos de la AN), se ha prestado a hacer el favor. Quizá lo que chirría no es tanto el hecho (las imputaciones) como el momento. La pregunta es: ¿qué le prometieron o con qué le amenazaron? ¿Una silla en el TS o en el TC? De amenazas prefiero no suponer nada, porque, como todo el mundo sabe, «la Justicia es independiente, inamovible, responsable y sometida únicamente al imperio de la Ley» (1 LOPJ). En  cualquier caso, sabremos qué pasará si Sánchezstein gana las elecciones.

«¿Y a quién vamos a pringar? A Díaz Ayuso no, que se defendió como una leona, dejando a Errejoncito como un soufflé aplastado y como un cerdo machista. Venga, va: vamos a sacar muertos del armario». Y de esta manera sacan a pasear a Esperanza Aguirre –por enésima vez– y a Cifuentes, a ver si pueden echarles un poquito más de mierda encima. Con Aznar, pese a que es su bête noire, no se atreven; porque, al igual que Díaz Ayuso, les puede dejar en ridículo. Como he dicho antes, poco importa que después la absuelvan: para la izquierda abyecta que tenemos, basta que se ¿demuestre? que Aguirre conoció y consintió en la trama corrupta de su segundo para que los sectarios fanáticos de Er Paí y otras hierbas empiecen con la matraca de «PP-corrupto».

En segundo lugar, a estas alturas todo el mundo sabe que se van a dar simultáneamente dos juicios: el jurídico, que suponemos de poco recorrido, y el que interesa a la izquierda, que es el mediático. ¿Por qué les interesa el mediático? Porque salvo dos o tres, el resto de medios es de la izquierda y el proceso que en los medios le pueden montar no desentonaría nada en Moscú, 1936. En los medios la izquierda es hoy parte, juez y verdugo, todo a la vez –gracias, Mariano y Soraya: vosotros lo propiciasteis y vuestros amigos del Bilderberg quedarían la mar de contentos–.

Pero hay algo más importante aún que el hecho de «enjuiciar» a esas dos personas. De Cifuentes no se puede predicar, debido a esos tics progres que le costaron tan caro. Pero de Esperanza sí, porque estuvo mucho tiempo en el poder, para desesperación de los socialistas. En su tiempo, Esperanza era la roca contra la que todos los candidatos socialistas iban a estrellarse, al igual que ocurría con Rita Barberá en Valencia (hasta que Rajoy la apuñaló por la espalda y se acabó). Y hay otro detalle: para la mayoría de los madrileños –salvo para la izquierda troglodita y fanática–, Esperanza representó una especie de edad de oro en cuanto a dinamismo empresarial y buen hábitat económico. Tanto, que los sucesivos gobiernos después de Aznar intentaron hundirla y sólo el juego sucio de su propio partido la acabó apartando («Eshtoy hashta la polla de eshta mujer dando ejemplo», que dijera Rajoy en cierta ocasión).

Por todo lo anterior quieren arrastrar por el fango a Esperanza. Pero no por ella misma, sino por la prosperidad que atrajo durante su mandato, que en sí misma es un símbolo. Quieren llevar a juicio al símbolo, porque eso es lo que en Madrid impide que la propaganda socialcomunista tenga efecto. Sin estar de acuerdo con todo lo que hizo (por ejemplo, está el hecho de que el número de abortos se mantuvo constante durante ese mandato), lo cierto es que los madrileños contaban con más dinero en sus bolsillos. Y la idea de rebelarse fiscalmente contra el ISD bonificándolo al 99% contra el criterio del murciégalo Montoro, Madrid fue la primera en ponerla en práctica, bajo el mandato de Esperanza.

En resumen, hunos y hotros tienen motivos para odiarla y para intentar ejercer una especie de damnatio memoriae política contra ella. Pero no es más que un sucio artilugio electoral, con independencia de lo que ocurra en estrados. Lo cual dice mucho de la catadura moral de ciertos políticos y de ciertos medios que se han sumado con fervor acrisolado y adhesión inquebrantable a hacer leña del adversario político, que ya no es tal, sino que se ha convertido en enemigo. Peligroso camino llevamos por ahí, aunque a algunos irresponsables con poder les dé igual.

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