El problema catalán (VI)

Seguimos contando la relación, como si los fets de l’1 d’octubre fueran un romance de ciego. Y ciegos estábamos cuando nos explicaban todo lo que pasaba en Cataluña. «¡Esto es un escándalo… una inmoralidad!» se truena desde los medios. Los periodistas, cada uno desde su línea editorial, tratan de formar el «séquito» que refuerce sus propias afirmaciones. Así, ante lo anterior, al periodista que se dice influencer le encanta oír «¡Sí, sí, sí, Puigdemont al paredón!». Naturalmente, estamos hablando de redes sociales, donde no cuesta nada pegar un puñetazo en la barra virtual.

Dejemos por un momento la crítica de las redes sociales —volveremos sobre ello— y centrémonos en el siguiente acto de este sainete, entremés u obra del género chico —la ópera, sin duda, es más propia de los italianos, franceses y alemanes—.

Terminado, pues la escena electoral, con unos resultados falsos y falseados, las espadas están en alto. Rajoy no dice gran cosa, salvo que tiende la mano al diálogo. El espadón de Mojácar, junto con la go-gó del Llobregat, poco menos que exigen diálogo. Ciudadanos pide la aplicación del 155 CE, pero con un poco de diálogo, no sea que les vuelvan a romper las lunas de alguna sede en Cataluña. ¡Hombre! ¡Si hasta los comunistas de Podemos piden diálogo! Diálogo es la palabra de moda en la última semana. Pero como les decía en otra entrada de esta serie, no se dialoga con los delincuentes (hablamos de delitos de sedición e incluso de rebelión). Y en cuanto a «negociar el cumplimiento de la ley», como yo les decía, vayan ustedes a su Ayuntamiento a «negociar» el pago de un impuesto municipal, ya sea la cantidad o el momento del pago. Se van a enterar ustedes de lo que vale un peine.

Entonces, Puigdemont se ve atrapado. Si declara de verdad la independència, Rajoy le echará encima a la Justicia y con razón, porque habría cometido el delito de rebelión (472 CP). Y si no lo hace, sus amigotes de la CUP le darán la patada del sillón del President. ¿Qué hacer? ¿Cómo contentar a todos? Sencillo —o no—: declarar la independencia y, acto seguido, suspenderla. Y mientras tanto, seguir dialogando para ganar tiempo mientras el paralelogramo de fuerzas se estabiliza.

Pero hete aquí que, de una forma imprevista, hace su aparición el Rey. El jueves, día 4 de octubre, Don Felipe realiza una intervención televisada, una alocución a todo el país. En el rompecabezas de lo que está ocurriendo, este discurso es una pieza que no termina de encajar del todo. Sin tartamudear y sin campechanías de ningún tipo —«En estos tiempos de paz y concordia…», «la Reina y yo…»—, gracias a Dios, tenemos un Jefe de Estado como Dios manda. La comparación con el discurso de su señor padre en el 23-F es inevitable; y, en mi opinión, sale ganando el Rey actual. ¿Por qué? Porque hoy no ha hecho falta vestir al Jefe del Estado de Capitán General de los Ejércitos ni traerlo a rastras ante las Cámaras, que se sepa. Lo mejor de todo es que no parece que ningún fontanero de Moncloa le escribiera el discurso. Los cuatro primeros párrafos no tienen desperdicio; pero por no citarlo todo, destacaremos el segundo y el tercer párrafo del mismo :

Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.

Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.

Esto, en otros tiempos, no se le hubiera permitido al Jefe del Estado decirlo —Pujol mandaba mucho y no se hubiera dejado avergonzar de esa manera—. Pero tal vez hoy las cosas hayan cambiado un poco. Quizá todos los que hace algún tiempo se reían de El Preparao tengan que guardar las risitas para otros asuntos. Entiendo que, de toda la patrulla y dentro del estrecho corsé constitucional en que se le ha metido, el Rey es el único hasta ahora que ha estado a la altura de la situación. Los demás, hunos y hotros, están naturalmente a lo que están. Y lo contaremos en la entrada siguiente.

El problema catalán (V)

Y llegó el día. El domingo día 1, el «día D», es desfermaren les hostilitats y hubo una gran fiesta y no hubo nada. La festa, naturalmente, para los antifas y otra gente de buen rollito que se congregó especialmente en Barcelona y Gerona. Unos autóctonos y otros foráneos, pero todos unidos por el odio a la puta Espanya. El nivel de delirio alcanzó niveles insostenibles y fue directamente proporcional al acoso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pero vayamos por partes, que dijera Jack el Destripador.

«Vamos a tomar serias medidas»

En Madrit vieron lo que se avecinaba y Zoido, flamante y orondo Ministro del Interior, ni corto ni perezoso, mandó a 10.000 hombres entre policías y guardias civiles a Cataluña. Lo malo es que prácticamente les mandó desnudos: con armas, pero sin derecho a usarlas, sin derecho a repeler las agresiones y provocaciones de las que efectivamente fueron objeto. Más aún: esos miembros de las FCSE son acosados en los hoteles en los que se hospedan e intimados a que se marchen, mientras los alcaldes correspondientes cometen sendos delitos de amenazas y coacciones. Incluso los del PSC, que previamente fueron amenazados ─supongo que no sólo en su integridad física─; pero es que ni el espadón de Mojácar ni la go-gó del Baix Llobregat dan para más.

Por su parte, la jornada ha servido para comprobar el nivel de deslealtad institucional de los Mossos. Riéndose con los secesionistas, o incluso votando con ellos. No tengo ninguna duda de que son la policía de opereta de los partidos que okupan la Generalitat, lo mismo que la Ertzaintza lo era del PNV en los nefastos años de plomo. Y si anteriormente tenía alguna duda, el domingo se disiparon todas. Sin embargo, hablamos de la justicia mariana, lo cual explica que Trapero, el Majormajor poca-vergonya», deberíamos decir) de los Mossos no haya sido cesado ni mucho menos detenido o citado a declarar.

«Vamos a contar mentiras, tralará»

Y con la jornada llegaron las mentiras. Supongo que aquí es cierto que «mientras la verdad viaja a pie, la mentira lo hace en avión». Las imágenes que «han dado la vuelta al mundo» no han sido precisamente las de la verdad de lo que ocurrió. Todo lo contrario: han sido las fotos trucadas de otros años y otras manifestaciones, que la mayoría de la mal llamada «prensa internacional» ha tragado sin chistar o, simplemente, porque colaboran en dañar la imagen de España allende nuestras fronteras. Por no hablar de otras falsificaciones, como la de la «senyora» Marta Torrecillas, alias Marta Dedosrotos, concejal de ERC en Gallifa, que se inventó con bastante éxito lo de las «agresiones de la Policía» hasta que, finalmente, descubrimos la verdad: que de «dedos rotos» nada. Que sólo inflamados. Esa «senyora» ya se ha enterado de que mentir tiene un precio: no ya el legal, pues estaríamos hablando de un delito de calumnia, sino el económico y social. Esta «senyora» ha tenido que eliminar su presencia de las redes sociales por la catarata de críticas ante su actuación… y posiblemente tenga que tancar la paradeta. ¿Quién le dice a uno que si es capaz de mentir sobre las FCSE no es igualmente capaz de hacerlo respecto de sus mercancías?

No menos vistosas han sido las mentiras sobre los «ferits»: el propio Puigdemont afirmó, totalmente despeinado, que «se contaban más de 800 heridos en los disturbios. Al final resultó que sólo fueron cuatro. Pero, como dijo ZP, «lo importante es la foto»; sobre todo, la primera foto.

Pero para fotos curiosas, ésta misma:


Lástima que no tengamos en activo a Wilfred y La Ganga para que nos escribiese un rap titulado algo así como «Mi abuela y el Gordo».

Pero la peor falsificación de todas fue la de la «voluntat del poble català». Habría que empezar por definir qué es lo que algunos entienden por «poble català». ¿Pertenece al poble català aquel que «vive y trabaja en Cataluña», que es lo que decía Pujol hace unos cuantos años? ¿O es que ya hemos dejado atrás esa definición tan neutra y tan bonita y ahora el poble català sólo es aquella parte de los habitantes de Cataluña que vota a partidos secesionistas? Las urnas fueron la mejor demostración del fraude: con forma de cubo de basura, no entraron vacías en los colegios electorales, de forma que los «resultados» reflejaron lo que ocurrió. Dado que se pudo votar más de una vez porque no había control del censo, no fue infrecuente que el resultado en muchas poblaciones catalanas fuera «más del 100% a favor de la independencia». Farsa total. Como le dijo un servidor a Lluís Llach:

Trapero, policia. Puigdemont, mal actor.
Mals actors, mal teatre, mal públic, teló.

Que luego resulte que todos nuestros ¿representantes? sean unos fills de… Hiroshima… bueno. No es que no estuviera en el guión; pero poco a poco nos vamos enterando de ello.

El problema catalán (IV)

Qué duda cabe que Ortega y Gasset fue un gran filósofo español. Pero seguramente no estuvo en su mejor momento cuando soltó esa chorrada de que «el problema catalán se soluciona con la conllevancia». Tuvo tiempo de ver cómo en 1934 Alcalá-Zamora mandaba al Ejército a acabar con la proclamació de l’Estat Català dins la República Espanyola. Sin embargo, parece ser que ese fantasma de la conllevancia planeó en las negociaciones autonómicas de 1978. El PNV puso muertos de la ETA para negociar, sin más. La Delegación catalana, más comedida, pretendió que se reconociera el el fet diferencial… para ir construyendo desde ahí la diferencia que, años más tarde, acabaría en discriminación pura y dura. Como dice Jon Juaristi en su libro «El bucle melancólico», lo que para unos fue un punto de llegada (constitucionalistas), para otros fue punto de partida (nacionalistas).

Porque la «conllevancia» se ha convertido en «sufrir con paciencia los desplantes del otro, reconocer la justicia de sus demandas y concedérselas todas». A esto hemos llegado después de casi cuarenta años de «democracia». Como decíamos en una entrada anterior, todos los Gobiernos que en España han sido han reconocido la «conllevancia» como remedio y han comprado la paz política discriminando positivamente a Cataluña. O, más exactamente, a sus dirigentes políticos. Y aun así, ni con toda esa discriminación positiva, CiU (hoy PetDeCat) consiguió convertir a Cataluña en la Xauxa de La Trinca (vaya unos, también)…

Xauxa, Xauxa,
serà una gran ciutat,
sense cap dels vells defectes
de la vella societat.

Xauxa, Xauxa,
país meu ideal,
on farem la gran disbauxa
i farem, farem l’animal.

Tienen una deuda de 70.000 millones (de euros), que se inició cuando dijeron: «Hemos de conseguir que nuestra permanencia en España les cueste más que nuestra salida». De aquellos tiempos, estos lodos…

Ahora que han parapetado a Sánchez-Camacho en el Senado ya nadie se acuerda de cómo tonteaban a cuenta del famoso pacte fiscal. Tampoco es que el PPC haya elevado mucho el perfil, a pesar de haber elevado la estatura media. Para ellos, como para Cs, el dilema es «verdad vs. lunas»: es decir, que si hablan de la verdad les rompen o pintarrajean las lunas de sus sedes.

Para los demás, al parecer, se resume todo en diálogo. El monstruo de Sánchezstein habla de diálogo, Iceta habla de diálogo… ¡hasta la Iglesia habla de «diálogo», palabra que, junto con la de «talante», me remite a los tiempos más oscuros de ZP! Recuerdo bien que cuanto más hablaba de diálogo ese sujeto, más nos llamaban «fachas» y «nostálgicos del franquismo» a los que defendíamos la Nación española los trolls a sueldo de la pesoe —o de la Logia—. Hoy son los alcaldes del PSC los amenazados… ¡y siguen pidiendo diálogo! Como si la libertad ideológica y la integridad física pudieran ponerse en almoneda. ¿Puede Juan Español dialogar con Montoro para que éste le perdone el IRPF del año presente? ¿Puede Juan Local dialogar con el Ayuntamiento para que éste no le imponga una multa por incumplimiento de ordenanza municipal? Pues eso. El cumplimiento de la Ley no es negociable, por mucho que diga el Ministro de Economía. Si para nosotros no lo es, para la Generalitat y sus adherencias tampoco.

La Iglesia tal vez merezca capítulo aparte. No sólo es ya que 300 mossèns trabucaires estén a favor del prusés. Es que la Conferencia Episcopal Española, dirigida por Blázquez, ese «loro viejo que aprendió a hablar» cuando estuvo en Bilbao, ha evacuado un documento donde resplandece… la equidistancia. Claro que se les entiende muy bien: diócesis como la de Gerona son muy ricas y la única forma que tienen de defender su patrimonio (no el histórico-artístico, sino el otro) es intentar nadar y guardar la ropa en un tiempo que cada vez menos admite una de cal y otra de arena. Esto lo aprendió Blázquez muy bien en Bilbao, como dijo Pedro J. en su «Carta del Director» de El Mundo del 2 de junio de 2002, y ahora lo aplica desde su sillón en la CEE.

No es tanto el versículo dedicado «a la iglesia de Laodicea» el que nos viene a la cabeza, que también, sino este otro: Nemo potest duobus dominis servire aut enim unum odio habebit et alterum diliget aut unum sustinebit et alterum contemnet non potestis Deo servire et mamonae (Mt 6:24). Dicho en castizo: «No se puede servir a Dios y a los mamones». Yo creía que ser cristiano —católico, en mi caso— era tener problemas con el poder; de hecho, a Jesucristo lo acabaron clavando en la cruz por sus problemas con los poderes establecidos. Pero viendo a estos señores asotanados intentando nadar y guardar la ropa por lo suyo, no estoy tan seguro.

 

El «problema catalán» (III)

Hoy la desidia de todos los Gobiernos y especialmente el de Rajoy (en tanto que es el último que sigue la tradición), nos ha llevado donde estamos. ¡Cuántos habremos dicho que el artículo 155 de la Constitución no está para hacer bonito y que es tan aplicable como el 24, el de la tutela judicial efectiva, y desde hace cuánto! Pero tenemos un ¿Gobierno? que sólo es valiente con los suyos: se quita de encima sin despeinarse a los leales a España y al resto le da cuatro prebendas para que sigan callados. En cambio, es tolerante con los enemigos de España, a los que siempre está ofreciendo «diálogo». Pero esto ya lo dijo Aristóteles, que era un griego muy listo:


Aviso para navegantes y para que «el que tenga oídos, que oiga». Rajoy lleva seis años jugando con fuego, por mucho que los palmeros a los que tanto le gusta oír le digan otra cosa. No sabemos por qué se ha llegado a este desgavell; pero hay unas cuantas ideas que corren por ahí que vale la pena recoger:

a) El procés no es otra cosa que un negocio. Y que el punto básico de ese negocio es anar-hi anant… sin llegar jamás a Ítaca. Porque si llegan a Ítaca se acaba el chantaje al Estado. Ya no tendrán de qué vivir, a menos que vayan edificando la Großkatalonien: es decir, la vieja Corona de Aragón, pero con capital en Barcelona y el catalán oriental impuesto en toda su extensión.

b) Segundo, que el sabio señala la Luna y los tontos ven sólo el dedo. Lo importante en esta astracanada no es tanto la independencia (ruido), sino romper España en cuatro cachos (furia). El expansionismo territorial nacionalista es una constante: ocurrió con el nacionalsocialismo alemán, ocurrió con el paneslavismo ruso… y ahora con el pancatalanismo. En cualquier caso, uno se pregunta a quién le interesa (fuera de España, porque aquí sabemos ya quiénes son) que España se vaya a tomar viento y para qué.

c) Hay quien dice que todo este sainete, astracanada o entremés se está ejecutando porque en el fondo lo que se persigue es reformar la Constitución. Si tal reforma se llevara a cabo para eliminar el Título VIII de la Constitución y echar el cierre al insostenible «Estado de las Autonomías», yo firmaría. Es verdad que los números del paro aumentarían y mucho si todos los chupópteros puestos a dedo en las Administraciones autonómicas por los caciques correspondientes fueran a engrosar la cola del INEM. Pero me temo que en lo que están de acuerdo tres de los grandes partidos es en dar más poder a las Autonomías. Incluso Cs, que se retuerce como una lagartija para no confesarlo.

En el campo socialista las cosas no andan mejor. Por un lado tenemos al monstruo de Sánchezstein hablando de la gilipollez zapatera de la nación de naciones. Según él «Madrid es una nación», ¡y todavía no nos habíamos enterado! Según eso también, «Castilla puede independizarse de España», otra gilipollez propia de quienes no han leído poca o ninguna historia de España. Y luego tenemos a Miquel Iceta, la gogó del Baix Llobregat, que un día baila La gozadera con los indepens, al otro La barbacoa con los constitucionalistas y con todos La yenka. A todos estos pedorros yo les recomendaría esta obra. Y a Iceta, ahora que sus alcaldes reciben incluso amenazas de muerte, quizá se le acabe el bailoteo y se defina de una vez.

De Pablemos poco hay que decir: gran macho alfa de la ultraizquierda, ésa que existe en la calle pero no en los telediarios (al contrario que la «ultraderecha», que existe en los telediarios pero no en la calle), sigue la máxima de su mentor Lenin: «Cuanto peor, mejor». La política como noble arte de ocuparse de la res publica le da igual. Son como los aficionados de cierto club de fúrbo:

Alcohooool,
Alcohooool,
Alcohol, Alcohol, Alcohooooool
Hemos venido a emborracharnos
El resultado nos da igual…

El “problema catalán (II)”

Pero, en realidad, el mal llamado «problema catalán» arranca de mucho antes. Vean aquí cómo Cataluña se va enriqueciendo a expensas de otras regiones con igual derecho a un mejor porvenir. Es decir: Cataluña nunca fue un territori d’ocupació, como rebuznan los merluzos catborregos. Todo lo contrario: fue siempre una región privilegiada, cuya burguesía, fueran las cosas bien o mal, reclamó siempre «lo suyo», es decir, lo de todos, que decían que les correspondía porque «ellos no eran como los demás». De hecho, fueron los que más lloraron la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, por los pingües beneficios que dejaron de percibir tras el desastre. De algún modo, la reivindicación catalana era únicamente de la burguesía, que se arrogó una representación total del poble català y que en la llamada Renaixença comenzó a fraguar una cultura distinta y separada de la española.

Incluso Franco entendió aquello del «fet diferencial» y por eso, la primera gran fábrica de automóviles tras la guerra no se construyó en Valladolid, primera ubicación tentativa, sino en Barcelona: fue la SEAT y ocurrió en 1950. Pero los indepens importantes, muchos de ellos hijos, nietos y parientes de franquistas importantes, están resentidos con Franco por haberles dado tan buena vida. A tal punto que, cuando llegó la democracia, de algunas figuras importantes como Samaranch (sempiterno presidente del COI) se borró su pasado como altos directivos de la Administración franquista.

Que el «projecte», que en principio era sólo de la burguesía, pasase a formar parte del imaginario popular es mérito, en primer lugar, de la Iglesia catalana, también resentida contra Franco porque no les dejaban decir la misa en catalán a pesar de que Franco, en expresión de Jon Juaristi, les limpió el patio trasero a sangre y fuego. Y a pesar, también, de que el Concilio Vaticano II había sancionado el derecho a decir misa en la «lengua vernácula». En los últimos diez años del franquismo, la doctrina nacionalista empezó a colarse por los esplais parroquiales, el escoltisme (irónico, por lo poco que escuchan) y, naturalmente, a través de las associacions culturals. A la vuelta de los años vemos el magro pago recibido por la Iglesia catalana tras sus esfuerzos: iglesias cada vez más vacías y huida en masa de la grey hacia el prado de la religión política nacionalista, moralmente mucho menos exigente. Por no hablar de los mossèns trabucaires, que tanto daño hacen a la institución eclesiástica ayer, hoy y siempre.

Todo ese núcleo eclosionó en los años posteriores a la primera Diada, de signo reivindicativo neutro («Llibertat, amnistía / i Estatut d’Autonomia»). Ésa fue la primera etapa de transfusión. Luego, con la llegada de Pujol al poder, sobrevino la de la inmersión obligatoria tras decidir que la relación entre las dos lenguas cooficiales había de ser de conflicto o de diglosia en vez de una coexistencia pacífica. La diferenciación con España se constituye como principi fonamental del Moviment nacionalista y se aplica directamente y a la fuerza en una materia tan sensible como la educación. Y a partir de aquí es donde podemos rastrear las primeras cobardías de los Gobiernos centrales españoles —de todos ellos, por cierto—. Que si González y Guerra hubieran tenido lo que hay que tener, todo el tema nacionalista se hubiera acabado de un plumazo en 1984: Pujol hubiera dado con sus huesos en la cárcel por lo de Banca Catalana, se hubiera intervenido la autonomía y aquí paz y después gloria. Pero todos los gobiernos se han ido pasando la patata caliente catalana de unos a otros sin barrer la casa. De tantas ocasiones que hubo para acabar con la anomalía nacionalista, ninguna fue aprovechada por los Gobiernos centrales en treinta y siete años, que se dice pronto.

Siempre digo que si en Baviera hubieran pillado este mismo sarampión, Berlín no hubiera tardado ni veinticuatro horas en mandar las tanquetas. Pero los bávaros saben lo que se juegan con esa clase de algaradas y se resignan a ser «la locomotora alemana». Desgraciadamente, las Batuecas son otra cosa.

El “problema” catalán (I)

En estos dos últimos días hemos asistido a algo que no sé cómo llamarlo: si «sainete», «entremés» o «ensaladilla variada». Ha tenido lugar en Barcelona, cómo no. Y vamos a comentar algo de esto, aunque con cansancio, porque ya hemos hablado antes y llueve sobre mojado.

La pendiente comienza con los atentados de Barcelona de hace dos semanas. Una camioneta, conducida por un terrorista —nada de «yihadista»: siempre la verdad antes que la corrección política—, se lleva por delante a unas cuantas personas —16 fallecidos a fecha de hoy y casi 80 heridos de diversa consideración. El dato importante de todo el follón es la descoordinación entre los Mossos d’Esquadra y el resto de FCSE, especialmente la Guardia Civil. Descoordinación que se puso de manifiesto en este hecho: los Mossos recibieron un comunicado o información de la CIA en que avisaban de que habría un atentado en BCN y no hicieron maldito el caso, ni tampoco trasladaron esa información al resto de FCSE. Si fuéramos malpensados, diríamos que el conseller Forn obvió esa información para poder cargar los muertos a Madrit. Ni investigar la fiabilidad de esa fuente, ni nada. En un país decente al conseller Forn, dadas las consecuencias de su negligencia (por decirlo suavemente), ya lo hubieran metido en el ídem. Pero como en las Batuecas importa más el teatro y la tramoya que la verdad y la acción, ese senyor sigue al frente de los Mossos como comissari polític. ¿El Gobierno? Ni está, ni se le espera.

El segundo acto de esta obra de teatro fue la manifestación contra los atentados, a la que decidió asistir Felipe VI. Los indepens montaron el numerito de intentar cargarle los muertos del atentado por la «venta de armas»; incluso, algunos de ellos desempolvaron pancartas de la guerra de Irak («Vuestras guerras, nuestros muertos»), lo que da idea de lo desnortados que iban los pobres, llevados de su irracional odio a la «puta Espanya». Poco importa que después se filtrara la noticia de que la participación de Cataluña en la venta de armas españolas es del 25%. La imagen ya estaba hecha. Por si faltara algo, la casta política echó mano de la «serenidad y la firmeza», que como ETA estaba «derrotada», hacía tiempo que no utilizaba. Señal de que, como dice la vieja canción ecologista de La Trinca, iban a «tomar serias medidas, és a dir, a no fer res». ¿El Gobierno? Ni está, ni se le espera.

Ahora estamos en que se va a hacer algo. Hay querellas contra Puigdemont, contra Forcadell, contra varios miembros de la Mesa del Parlament… Mucho trabajo para los Abogados del Estado. Para ellos esto es vida. De hecho la Vicetodo, como Abogada del Estado que es, se recrea en el papeleo. Estará convencidísima —al menos, de cara a la galería— de que hundiendo a los susodichos en una montaña de papeles jurídicos les va a detener. Mentar a la Guardia Civil o a la Policía, que es de verdad lo único que les podría detener, ¡ni hablar! Ya se preocuparon de pasar esa patata caliente a sus empleados del TC, vía modificación legislativa. En cuanto a nosotros, creo que hay división de opiniones: para unos es un coñazo insufrible. Para otros, una vergüenza insoportable. Y para un tercer grupo, la primera secesión televisada en directo —por forzar el símil con la guerra de Irak, «la primera guerra televisada en directo»—. Por eso, el Gobierno ni está ni se le espera.

Y como el Gobierno ni está ni se le espera, ellos siguen.

España, año mil (y II)

Pero lo más sorprendente es lo que está ocurriendo en Aragón. Los ¿representantes? De los oscenses, zaragozanos y turolenses han decidido que el catalán, sub specie «fabla», tiene un lugar en la oficialidad lingüística de Aragón. Se produce aquí una extraña —o no— confluencia de conceptos: por un lado, el lebensraum nacional-socialista, travestido en domini lingüístic; por otro, el expansionismo nacional-catalanista, traducido en la «recuperación» del territorio de la mal llamada Corona catalanoaragonesa, cuyo fundamento es además económico, como hemos explicado alguna vez en este blog y que, en lo que importa, recuperaremos aquí.

Los separatistas (llamemos a las cosas por su nombre y dejémonos de pamplinas de “nacionalistas” o “independentistas”) catalanes saben de sobra que ells sols no van a ninguna parte. De la tradicional fortaleza del textil catalán, con sus aranceles proteccionistas y demás, ya no queda prácticamente nada: la mayor parte de empresas están desaparecidas o deslocalizadas en Marruecos, donde por la mitad que en Terrassa se trabaja el doble que allí —gracias al cònsol Àngel Colom, el gegant del PI—. Les mançanes lleidatanes, si alguna vez se despiertan los andaluces del soPERífero régimen socialista, ya se las pueden ir comiendo en Almatret y Camarasa. Las avellanas turcas sustituyen en precio —aunque no en calidad— a las de les Terres de l’Ebre. Y el fuet de Girona, aun siendo original, lo mismo no resiste la competencia de otros embutidos castellanos. Vamos que ni fent país sale la cosa adelante. Por el contrario, una Grosskatalonien que incluyera la rica huerta valenciana con su potencial turístico, el igualmente potente turismo balear y, por lo que se ve ahora, la rica gastronomía aragonesa, igual podría salir adelante.

¿Dónde nos lleva eso? Bien, nos lleva a partir España en unos cuantos cachos. Como recogimos en nuestra entrada «Castilla, la gran olvidada», si dejamos que se formen los cachos catalán y vasco, dejamos también a su aire a los cachos castellanos, que tendrán más motivos para reunirse si quieren sobrevivir: las dos Castillas, Madrid y Santander. Está claro que ninguno de los presidentes autonómicos quiere saber nada de los demás; pero así fue cómo un enemigo externo, que lleva tiempo infiltrándose en España, llegó a hacerse con toda ella.

Poco a poco vamos llegando a la razón de mi titular. Puestas así las cosas, sigamos con la invención. Imaginemos que tenemos unos gobernantes memos que no hacen nada por atajar ese peligro debido a sus intereses personales, que son lo único que les interesa. Pongamos que hay personas que mueven hilos para, desde dentro, romper la resistencia moral y espiritual a ese enemigo externo. Pongamos que ese enemigo externo crece en número porque se le deja y porque en España, como democracia —depauperada, pero democracia al fin y al cabo— cuentan los votos, es decir, el número. Quisiera equivocarme, pero si no se hace nada al respecto, seguro que acabaremos como en el año 1000: la frontera española, en el Tajo; y los españoles (o lo que quede de ello después de su destrucción), mandando cien doncellas a Sevilla para solaz y disfrute de los moros ricos. Preferentemente, niñas, como se sabe y no se quiere mirar en las atrocidades del IS.

Pero a nadie le importa esto. La mayoría cree que cuando pase esto —ante lo cual no habrán hecho nada— criarán malvas y se cumplirá el españolísimo refrán el que venga detrás que se joda. Claro que a lo mejor esos optimistas se llevan una sorpresa.

España, año mil (I)

Aún desde la lejanía germánica sigo la actualidad española con inquietud. Quizá alguno piense que me estoy repitiendo en ciertas entradas; pero la actualidad, vista desde lejos, no deja lugar a muchas invenciones y puede que a ésta que les voy a proponer tampoco. Pero vamos a ello.

Desde hace algún tiempo vengo observando que existen fuerzas que quieren descomponer España. Ya no sé si son “internas” o “externas”. Lo que sí recuerdo es que Heinrich Kissinger, un señor más malo que la tiña, le dijo a Carrero Blanco que «España, cuando es importante, es peligrosa». Carrero se opuso a esa declaración en un momento en que, si las cosas hubieran ido de otro modo, España podría haber acabado teniendo su propio programa nuclear; y Carrero, a través de la subcontrata de ETA, voló por los aires.

Sea como sea, la entrada de España en un “nuevo tiempo”, de la mano del Rey —antes Juan Carlos I y hoy Campechano I—, supuso el inicio de la tensión sobre la cohesión territorial, especialmente desde Vascongadas y Cataluña. Justamente los más favorecidos por el antiguo Régimen se ponían a la cabeza de los agraviados. El sonsonete «Llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia» fue el mantra de esa primera fase. Nadie quería que lo tildaran de «franquista» (a pesar de que buena parte de la clase política de todos los colores de entonces había entonado el Cara al sol con fervor renovado y en lo alto los luceros). El PNV negoció poniendo los muertos de ETA sobre la mesa y Cataluña el dinero (los entonces nacionalistas catalanes hicieron buena la frase la pela és la pela). Y UCD, que no quería revivir las tensiones de los años 30 que nos llevaron a la guerra civil, cedió. Y cedió. Y cedió. Y volvió a ceder, como los peces en el río.

Tras la fase del Estatut, conseguido éste (en Cataluña, en 1979), los entonces nacionalistas se dedicaron a otra cosa. Emulando a Stalin, podría decirse que se dedicaron a construir el nacionalismo en un solo país y en dos direcciones:

a) Hacia dentro, a través de la lengua y la cultura. Construyeron un discurso que los niños de hoy se saben de la primera a la última letra y que, años después, se sintetizaría en un eslogan que por desgracia haría fortuna: Espanya ens roba. Aunque todo empezó con aquello del fet diferencial, que es como decir: «Nosaltres no sóm espanyols» (lo que, a su vez, en cierto modo recuerda aquel verso de Al vent: «Nosaltres no sóm d’eixe món»). Que, además, haya censura y muerte civil en esas tierras es un accidente y un exotismo. O al menos eso piensan en Madrit.

b) Hacia fuera, a través primero de la queja continua e inconsolable; después, del previo pago para tener la fiesta en paz. Craso error de los Gobiernos centrales que en España han sido, pues eso al final se ha convertido en «Vamos a hacer que nuestra permanencia en el Estat Espanyol sea más cara que nuestra salida».

A partir de ahí se entiende toda la vesania fundamental que se ha ido inoculando en las distintas regiones de España, ante la que los Gobiernos centrales no han hecho absolutamente nada. Y cuando uno lee que hasta los andaluces (algunos de ellos, al menos) dicen querer la independencia, se da cuenta de lo lejos que se ha llegado al tensar la cuerda de la cohesión territorial anulando de paso la influencia de los Gobiernos centrales en los territorios autonómicos. Lo que en la práctica significa pasarse por donde yo les diga el art. 152.1 de la muerta.

Solas


Así de solas fueron al —o salieron del— Juzgado las señoritas a los que unos salvajes agredieron por haber montado una carpa en la ciudad. Su única compañía fueron los reporteros que cubrieron la noticia. ¿Ocurre esto en Minsk, o en Caracas, o en Pekín? No. Esto es Barcelona, nen. I què passa a Barcelona, nen? Pues pasa lo que pasa desde hace años sin que importe demasiado el color del Govern. Que a aquellos que tienen la osadía de sentirse orgullosos de pertenecer a la puta Espanya los machacan de todas las formas posibles. En el caso presente no fue necesario que todo un pueblo se echara encima de ellas, como ocurrió con una familia que pretendió escolarizar a su hijo en español (concretamente, en Molerussa, territorio tradicionalmente CiU). Bastó con que cinco brètols pegaran una patada a la paradeta —que hubiera dicho el recordado Josep Maria Bachs— y atizaran a las señoritas dejándolas com un sant Crist.

Naturalmente, han ido al juzgado a presentar la correspondiente denuncia. Pero no las ha acompañado nadie. Estaban todos muy ocupats preparando el inicio de la campaña electoral. Ahí está  García Albiol, que uno no sabe si es que no le dejan decir lo que le gustaría decir o es que tiene otras preocupaciones: alt com un Sant Pau, ni está, ni se le espera. No fuera a ser que los brètols de siempre volviesen a pintarrajear y a apedrear las sedes del PP. Muts i a la gàbia. Y no quiero hacer más sangre con un partido que lleva años de gangrena catalana.

Lo de Ciudadanos tiene más delito. Siendo uno de sus puntos estrella en Cataluña la lucha contra la imposición nacionalista, ¿dónde coño estaba Inés Arrimadas, jefa de la oposición en el Parlament? ¿Preparándose para lucir palmito en la debata? En esto hay que reconocer que Dolores Agenjo, de quien ya hablamos en este blog, ha tenido igual suerte, aun siendo de C’s, que tiene fama de “cuidar de los suyos” en las lides separatistas. La soledad de estas señoritas es mayor, no obstante. No me consta que estas señoritas ostenten militancia alguna en alguno de los dos partidos citados, que son los únicos que defienden —sobre el papel— la españolidad de Cataluña. Por lo cual y dado que no eran de los suyos, C’s no ha considerado conveniente mostrarles su apoyo. Quizá cuando sólo estaban implantados en Cataluña podría haber habido algo de apoyo. Pero parece que ahora que son un partido nacional tienen otras miras.

De los hotros, ni qué decir tiene: el silencio será la norma. La go-gó del Baix Llobregat habrá pensado que ya tiene bastante con haberse entregado con armas y bagajes al prusés —lo que, incomprensiblemente, no ha movido a Pdr Snchz a ponerle firmes—. Se conoce que la enorme bandera española que mostró en cierto discurso no fue más que una boutade destinada a tranquilizar a la vieja guardia (y evitar que el voto socialista se escapara a C’s) que otra cosa. Perder aceite es lo que tiene. Sólo falta que salga Montilla a decir lo de «son casos aislados, chiquilladas que no merecen mayor atención».

Curiosamente, las feminazis tampoco han salido en defensa de estas señoritas. Debe ser que, como son fachas, está muy bien que les enseñen que no pueden ir por la calle con la bandera española y orgullosas de ello. Lo de siempre: si no eres de ellos, no eres mujer “de verdad” o gay “de verdad”. No tienes derechos, eres una “no-persona” y te pueden partir la cara en la calle sin más.

No tengo idea de cómo irán las cosas en el juzgado. Desearía que detuviesen a los cinco brètols y se les aplicara el Código Penal cual corresponde en estos casos. Lamentablemente, la iniquidad empieza en el hecho de que para los Mossos los hechos sólo constituyeron un delito leve de lesiones. O sea, poco más que un tortazo. Luego falta que un juez bien aleccionado no los condene porque es la primera vez y no tienen antecedentes.

Pero el silencio más atronador es el de la Selección. Sí, ésa Selección a causa de la cual a esas señoritas les han partido la cara. Parece ser que el Marquès Del Bosc no ha considerado oportuno pronunciarse. Y que algunos jugadores tienen problemas más importantes que ése, explicados aquí y aquí.

Resulta una ironía sangrienta que al mismo tiempo que ocurren estos hechos, salga Sergio Ramos con esta gilipollez:

Hubiera sido preferible que Ramos hubiera mostrado como mínimo solidaridad con esas señoritas, ya que clamorosamente ha faltado la de los políticos, la de plumillas deportivos de medio pelo bienpagaos y poco dispuestos a meterse en líos. Y, por supuesto, la de muchos patrioteros de golpecitos de pecho y puñetazo en la barra del bar. Aparte de que si Ramos se muere, ya no podrá seguir cobrando el sueldazo que le pagan por dar patadas a un balón en nombre de España. Así está el patio.

Reitero mi solidaridad con estas señoritas y mi deseo de que los brètols que las agredieron sean convenientemente castigados. Aunque no doy por sentado que vaya a ocurrir así, quiero confiar en que, como decía Kant, es gibt noch Ritter in Spanien.

“Dignidad” ante la blasfemia (II)

Pero el cuadro más lamentable, naturalmente, no es el del hecho en sí. El cuadro más lamentable es el de las reacciones ante el hecho. Veamos.

La autora dice que “no quería ofender con su poema”. Eso es como si a uno le dan un puñetazo y después, mientras a uno le sangra la nariz, le presentan excusas: “Perdona, no quería hacerte daño”. O aún peor, como hace la izquierda paternalista y condescendiente, “es por tu bien”. Todas las demás explicaciones que da la autora no son más que humo bioideológico feminista y poco más. Lo mollar del asunto es que se permitió con plena conciencia de lo que iba a suponer.

La flamante (o flamboyante) alcaldesa de Barcelona se agarra al manido argumento de la «libertad de expresión». Pero ya sabemos que la libertad de expresión, en el progrerío, es one-way: dicho pronto y muy mal, ellos pueden ofender impunemente tus sentimientos religiosos, pero tú, en respuesta, no te puedes cagar en ellos y en su puta madre. Por otra parte, como hemos dicho alguna vez en este blog mío y de ustedes y otros usuarios remarcan, el contexto es de ataque únicamente a la religión católica. No atacan a la religión judía (a los judíos sí, no obstante, por lo del “genocidio palestino”) y menos aún a los musulmanes, respecto de los que ni siquiera levantaron la voz cuando se masacraban a los cristianos en Siria. Están muy presentes las imágenes de París, de los charlies y claro, «cuando las barbas de tu vecino veas quemar…». ¿Religión de paz? Aprendieron la lección.

Pero la reacción más interesante de todas fue la de Alberto Fernández Díaz. Al parecer, nada más oír los versos, se levantó y se fue. Una reacción valiente, sin duda. También la que se espera de los católicos: es decir, que no hagan nada. Si los católicos hubiéramos actuado como los musulmanes, un cura católico hubiera gritado un anathema sit! (el probable equivalente católico a la fatwa musulmana) y a esa ¿señora? cualquier creyente la hubiera podido matar donde la hubiera encontrado. Claro que una Asociación de Abogados Católicos va a interponer una querella contra ella y a lo mejor contra el Ayuntamiento también; pero es probable que la cosa quede en nada: una multa, que el Ayuntamiento pagará religiosamente y aquí paz y después gloria (la Justicia ya está bien aleccionada sobre ese particular).

Quizá el señor Fernández Díaz debería haber montado el escándalo él mismo y haber parado los pies a esa ¿señora? De la misma manera que a él un passerell (extranjero, para más inri) le impidió colocar una bandera española en el balcón de un Ayuntamiento español. Quizá así se vería que los católicos (y dentro de éstos, los del PP) no están muertos, ni acollonados. No hay apelaciones a la dignidad de la huida cuando se insultan no sólo los sentimientos religiosos de buena parte de los barceloneses, sino que a ello se añade la ofensa de pagar el hecho con dinero público (es decir, de todos). Seguramente, Fernández Díaz hubiera tenido que tragarse los apóstrofes habituales de la izquierda cainita («opusiano», «meapilas», y otros del mismo jaez) y deposiciones periodísticas en los digitales habituales. Pero es lo menos que hubiera podido hacer, en vez de despacharse en las redes sociales sobre su presunta «gallardía».

Frente a una agresión ilegítima y completamente gratuita (el formato del Pare Nostre usado también por Martí i Pol no es ofensivo e incluso se puede decir que tiene su gracia, absolutamente incomparable con la ventosidad emitida por la ¿señora? Miquel) creo sinceramente que no hay que esconderse (Benedicto XVI, Jn 16, 33). Por mucho que nuestra casta política (de la que ya forma parte Podemos) quiera primero retirarnos de las calles, después relegarnos a las catacumbas y finalmente perseguirnos, como todavía se sigue haciendo hoy en otras partes del mundo. Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? Debería haber una forma de hacer entender a los rojelios y a los masones que se parapetan tras ellos que esa clase de ofensas no sale gratis. Pero no espero que eso se produzca ni mañana ni pasado mañana.

Finalmente, un recordatorio para la ¿señora? Miquel. Por cosas como ésta acaban haciendo las personas la guerra: contra «els fills de puta que avorten l’amor (cristià)».