Turu-rull (I)

Da una pereza grandísima escribir sobre algo parecido a un bucle melancólico como ése en el que está atascado Cataluña desde hace meses. Hoy, no obstante, me apetecía decir algo al respecto, pues llevaba muchos días sin aparecer por el blog y aquí va. Como católico que intenta mantenerse en la línea, cada vez soy más apolítico, pues a mí ninguno de los cuatro grandes «me representa», que se dice ahora. Pero si quisiera ejercer mi derecho al voto, por el que «tantos murieron» (y otros tantos tiran a la basura cada cuatro años), encontraría al menos dos razones para no votar a Rajoy, cuyo partido sólo Dios sabe en qué se ha convertido hoy (me dan pena los que mantienen la fe del carbonerito en el gallego barbudo y que sólo pueden justificarlo como mal menor):

a) Primero, obligar a todos los españolitos de a pie a tragarnos el culebrot que todos los días tiene lugar en Barcelona debido a la aplicación de un 155 CE emasculado. Culebrot que tiene visos de durar tanto como «El secreto de Puente Viejo» o «Amar es para siempre» (secuela de «Amor en los tiempos revueltos», que ya llevaba sus mil y pico capítulos cuando sufrió esa mutación genética).

b) Segundo, permitir que Montoro nos meta la mano en el bolsillo para que el culebrot se siga emitiendo, en vez de dejar caer a la indigna casta catalana, que ya nació podrida pero que durante el pujolismo alcanzó niveles increíbles de indignidad y de podredumbre. Y de paso, dejar que aumente la deuda de ese Govern con el resto de España, que los optimistas cifran por ahora en más de 50.000 millones de euros.

A estas alturas ya se entiende que hay pacto entre el Gobierno y los sepa-ratas. Sólo así se entiende la inacción del Gobierno central, aunque no se entienda muy bien para qué. Quizá todo el meollo de la cuestión se halle en que, como dijo alguno hace algún tiempo, se trata de meter con calzador al respetable la idea de que «España se gobierna mejor de forma confederal». Poco les importa que nuestra primera experiencia confederal (1873) fuera un desastre y terminara con el caballo del general Pavía entrando en el Congreso. Esa insistencia en seguir procedimientos fracasados sólo tiene una causa y una consecuencia: destruir España como nación, tanto política como espiritualmente. No tengo duda de ello.

Otro detalle que llama la atención y que también explicaría unas cuantas cosas son unas declaraciones que hizo en 2011: «Yo soy un mandao; hago lo que me dicen». Quizá alguno se enfade (me da igual) y diga que «son declaraciones sacadas de contexto» (también me da igual). Pero la pregunta hoy y en relación a este asunto, cobra cada vez mayor relevancia: «¿Quién le dice a usted lo que tiene que hacer en esta materia?». Si jugáramos a las conspiraciones, podríamos enunciar enfáticamente lo siguiente: «España es un país plenamente comprometido con el Nuevo Orden Mundial; y Soraya Sáenz de Santamaría oficia como chica de los recados entre el grupo Bilderberg, conectado con ese NOM y Rajoy». Un servidor no es quizá tan conspiranoico, sino que se ajusta más a Mt 7, 16: «Por sus frutos los conoceréis». Y dichos frutos no dan para tirar cohetes, ni mucho menos.

Y no pasa nada

Tras unos asuntillos que me han retenido, vuelvo otra vez a escribir en mi blog. El asunto, como siempre, es el del procés, al que ahora se ha dado una vuelta de tuerca más con unas elecciones legítimas, por cuanto autorizadas por el Gobierno esta vez. No, por tanto, como la astracanada del refotèndum, dentro de la astracanada general del procès.

Contemplando los acontecimientos ocurridos desde el 17 de agosto, bien parece que poco a poco se va construyendo el ataúd del régimen que ha gobernado España durante los últimos 39 años. Un régimen que los aduladores varios que ha tenido la jefatura del Estado saludaban poco menos que como «lo mejor que le había ocurrido a España en todo el siglo XX». Un régimen basado en un turno de partidos más o menos evidente —repitiendo el esquema Cánovas-Sagasta— y que ahora ha saltado por los aires porque uno de los partidos se ha echado al monte con quienes odian a España y el otro no ha hecho nada por proteger a quienes por ello se han quedado desprotegidos.

Coincido con Federico Jiménez Losantos en que esas elecciones que se celebraron un 21 de diciembre —día laborable, por lo demás—, nunca debieron haberse celebrado. Uno tiene la sensación de que en Génova, además de a los brujos visitadores, consultan a algún astrólogo o así que les diga cuál es la mejor fecha… para dispararse en el pie. Porque ese astrólogo debe ser separatista, pues los resultados no han podido acompañar menos al partido en el Gobierno. Es decir: las elecciones sí podrían haberse celebrado, pero no antes de barrer la basura en la educación, la cultura y la comunicación catalanas. Ai las! El problema catalán se ha dejado pudrir prácticamente desde que estamos en «democracia» y ahora, a ver quién es el guapo que vuelve a meter a la fiera en la jaula. La aplicación del famoso 155 debió haber servido para eso, para fer dissabte; pero oigan: ni sábado, ni Lunes de Pascua. Los separatistas y quienes les dan apoyo siguen controlando esas tres áreas. ¿Han de sorprender los resultados? Lo único que ha detenido a alguno de ésos que dan su apoyo vergonzante es que le han dicho que «peligraba su grandeza de España».

Total: un sainete que nunca debió haber permitido el Gobierno. Permitir ese sainete le ha costado muy caro a García Albiol, alcalde de la única ciudad grande que le quedaba al PP en Cataluña, Badalona. Lo han quemado (a pesar de que a mí no me disgustaba como candidato) y posiblemente irá a Génova a poner la cabeza para que se la corten, con el beneplácito de… bueno, ¿quién quería su silla o a quién estorbaba? El PP está próximo a desaparecer en Cataluña si en Génova no hacen nada (y me temo que con la actual dirección no va a pasar nada). Un partido constitucionalista menos allí.

En cuanto al bailongo del Baix Llobregat, la yenka que pretendió bailar con los dos bandos le ha salido también cara. Quiso bailar con los dos bandos, el constitucionalista y el separatista, y los votantes constitucionalistas le han abandonado sin que por ello haya podido rebañar votos separatistas. Si Javier Fernández dirigiese el PSOE, quizá la sensatez que demostró en la gestora hubiera recompuesto un poco las cosas; pero lo dirige el monstruo de Sánchezstein, que ha dado en llamarse podemita sin serlo y está dispuesto a ser tragado por las fauces de la formación violácea, que se ha merendado sin pestañear a IU. Así, pues, Iceta seguirá donde está gracias a sus hermanos de logia y el PSOE (y antes de éste el PSC) se irá a la eme cantando alegremente la Internacional.

Finalmente, tenemos a los vencedores morales de esas elecciones, casi contra todo pronóstico: Ciudadanos. La formación naranja ha sido la lista más votada, pero… gracias a las martingalas que permite la LOREG, resulta que esa victoria no le sirve para gobernar. Resulta que los pactos postelectorales acaban con la alegría en la casa del pobre. En mi opinión, los pactos deberían ser pre-electorales, para que los votantes supiéramos a qué atenernos. Pero la Ley está como está y resulta que se unen dos partidos separatistas después de resultados y le roban a Inés Arrimadas la posibilidad de ser la primera presidenta de la Generalitat. Es legal, sí; pero es un robo. Con otra circunstancia: quienes están contra España siempre han encontrado espacio para unirse, mientras que a quienes defienden España lo único que les vale es la mayoría absoluta porque deben ganar en solitario.

Se puede calificar de misión imposible, realmente. Si Iceta no hubiera hecho el gilipollas con sus bailoteos y a García Albiol se le hubiera permitido elevar el perfil —estatura tiene para ello—, quizá se hubiera dado la posibilidad de un Tripartito constitucionalista. Pero, nuevamente, las cosas han ido como han ido y a Sorayavirreina de Cataluña— le ha importado más que Arrimadas no llegase al Palau de la Generalitat, aunque fuera a costa de joder a su propio candidato. Claro que con el desamparo que sufren los cuadros directivos del PP por parte de la directiva ¿nacional?, eso tampoco podría extrañar.

Aparte, en Génova 13 hacen también una lectura nacional de estos resultados. Ven cómo la estrella de Albert Rivera va ascendiendo con seguridad y sin prisas, mientras que la del PP se apaga, a rebufo de la de Rajoy y Soraya. Claro que lo de Albert Rivera no es flor de un día, sino que llevan ya 11 años: aparecieron en 2006 en el panorama político y se hicieron sitio en la política catalana porque Rivera se atrevió a salir en pelota picada en un cartel electoral. Y ahora en Génova she hacen todosh mishtosh ante la posibilidad de tener que pactar con Rivera, que no tiene hipotecas ni corruptos que se le puedan echar en cara. Con el PSOE ya estaba bien, porque cada uno tenía sus esqueletos en el armario y ninguno iba a abrir el armario del otro, entendiéndose entre ellos muy bien.

Señores, esto es (hoy) España: pasen y vean.


El problema catalán (VIII)

Al final todo ha sido una tramoya. No cuela —por ahora— la famosa «reforma prostitucional» que iba a colarnos nuestra casta política y la jugada ha quedado, poco más o menos, en salvar los muebles ante la opinión pública. Rajoy declara un «155 limitado» y todos contentos. Los únicos que pueden estar furiosos son las bases de la CUP, que ya se veían apatrullando Cataluña a la caza del facha español tras la DUI. DUI que al final no fue ni declaración, ni unilateral ni de independencia. Puigdemont no tiene los huevos que tuvo el masón Companys de salir al balcón y proclamar la república catalana. Ni siquiera proclamó la republiqueta catalana, no fuera a ser que le empapelaran por rebelión.

De hecho, los empapelables no son de mucho nivel: Trapero y unos cuantos más. Cuando las cosas se ponen feas y la manada que antes protegía se disuelve, quedan los cabezas de turco. Y es bueno para los políticos malos tener uno al menos. El de Puigdemont es el major de los Mossos. Y los demás (Forcadell y cía) ya veremos qué excusa se sacarán. O irán como los cátaros a la hoguera (hoy un poco de prisión y poco más): cantando himnos de alabanza y sabiéndose mártires por la causa. Mártires que serán citados en la intimidad familiar, al modo como lo cuenta Jon Juaristi en su ensayo sobre el nacionalismo vasco y que serán, con el tiempo, semilla de nuevos tarados separatistas porque el Gobierno no hizo en su momento los deberes.

Y luego, por fin, el art. 155, precedido de unas infectas declaraciones del menistro-portacoz coincidiendo con los agitadores de cuarta del procés: que la situación de la educación en Cataluña es como una bassa d’oli y que las denuncias por acoso lingüístico y tal «son casos aislados». O este ministro es tonto, o nos toma por tontos a los demás y se ríe en nuestras barbas. Seguramente en su logia estarán contentos; pero un ministro que ante los casos que se han dado en su ramo no quiere trabajar tiene derecho a ser expulsado del Gobierno. Pero, claro, como el jefe tampoco quiere que perturben su cómoda siesta, es del mismo parecer y aquí no pasa nada.

Lo que queda claro, tras la «aplicación del 155», es lo siguiente: que el Gobierno de Mariano no se ha querido arremangar los brazos y trabajar en el nivel más básico de la política. Igual que en Madrid ha dejado la educación, la cultura y la comunicación en manos rojo-masónicas, ha hecho lo mismo en Cataluña, dejándolas en manos de los separatistas (que alguno de ésos estará también en la logia seguro). No es así como se desmonta la hegemonía del programa separatista.

Sepan ustedes que cuando los useños se apoderaron, tras el breve conflicto con España, de las Filipinas, una de las primeras cosas que hicieron fue mandar al archipiélago filipino nada menos que 10.000 (diez mil) profesores de lengua inglesa para enseñar a la nueva colonia de los USA the Empire’s Language. Lo que, con el tiempo, se ha convertido en la razón por la cual la población filipina tiene nombre español y, sin embargo, habla en inglés (y tagalo). Sin embargo, de tan «democrático» que quiere parecer nuestro Gobierno, parece tonto. Estoy seguro de que en Francia o en Alemania habría una purga de profesores y directores de colegios comprometidos con la independencia de Bretaña o Baviera, respectivamente. Y a nadie le parecería «antidemocrática» la medida. Pero aquí, donde el lenguaje separatista y proterrorista ha ganado la batalla, ocurriría distinto. Teniendo un ministro de ¿Cultura? que gusta de que le rompan la cara en las galas de los titiriteros, ¿cómo vamos a pensar que hará algo por recuperar las competencias educativas que Aznar cedió graciosamente (hoy ya no tiene gracia) a las CC.AA. y defender de paso el derecho de las familias a educar en la lengua oficial del país en todo su territorio?

La otra parte de la opereta montada es la de las elecciones. Primero, elecciones a cambio de la DUI: «Si no declaras la independencia y aceptas elecciones, no te aplicaré el 155». Como Puigdemont no dijo ni una cosa ni otra, la aplicación del susodicho artículo ha conllevado la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones en dos meses. Y qué manía la de Rajoy de convocarlas en diciembre, justo antes de Navidad. Tendrá sus razones, desde luego. Solamente espero que la Cataluña no separatista no se vaya de vacaciones, como suele hacer, y piense que no se juega nada con esas elecciones. Elecciones, como decimos, en una Cataluña en que los separatistas controlan la educación, la cultura y la comunicación.

Yo siempre les digo que no sé para quién trabaja nuestro Gobierno; pero desde luego, no es para nosotros. Me da igual el color del Gobierno. Corran apuestas: puede que trabaje para Bruselas, que odia los Estados-Nación y busca crear un superestado neutro en que todos sus habitantes compartan un sustrato común sin desviaciones regionales o locales. Por eso odia a países como Hungría o Polonia, que hacen valer su tradición católica frente al laicismo de los eurócratas y se niegan a aceptar las decisiones de Bruselas contrarias a esa tradición.

O puede ser que esté trabajando por la implantación definitiva del Nuevo Orden Mundial, cuyo fin es la transformación de las sociedades cristianas en «relativistas, naturalistas y laicistas (o sea, masonizadas e incluso masónicas)» (P. Manuel Guerra). Ya llevamos un trecho en ese camino, impulsados desde Bruselas en lo cercano. Cataluña ha sido y es banco de pruebas. En mi opinión, no ha de llevar a nada bueno. En cinco años lo veremos casi seguro.

El problema catalán (VII)

Menuda ceremonia de la confusión que ha habido en las dos últimas semanas. Ceremonia que, según parece, terminó ayer con la declaración refinitiva del famoso artículo 155 CE. Los acontecimientos se han sucedido, a ras de suelo, como una confusa catarata de declaraciones y contradeclaraciones, en las que prácticamente todos se han retratado. Pero vamos por partes, que diría Jack el Destripador.

Dejábamos nuestro relato en el punto del sorprendente discurso del Rey, que en nuestra opinión no fue escrito por ningún fontanero de lo políticamente correcto. Dicho discurso provocó una reacción inesperada para quienes conducen el vehículo de la presunta reforma constitucional: ese fin de semana Madrid y después Barcelona se llenaron de banderas españolas. Prescindamos de los nombres propios que los manifestantes querían llevar a prisión. Al pueblo, ése que nuestros (presuntos) representantes desprecian en el fondo, le daba igual si reforma sí o sí no: hartos de toda la tramoya, pedían el regreso a la normalidad de la situación política y la aplicación de la Ley y la actuación de la Justicia y las fuerzas del orden en todo el territorio español.

Lo cual hizo que los sesudos conductores se detuvieran un tanto. Ante tal marea de banderas, se dijeron: «Con tanta banderita será imposible que traguen con una reforma constitucional que encima les dé más poder». Y entonces, gentuza como Pablo Iglesias pareció ver la luz: un tío que afirmaba no poder decir «España» y que el himno nacional le parecía una «cutre pachanga fachosa» ahora «amaba España». Pero es sabido que para Pablemos y su troupe no hay límite: tanto la verdad como la mentira son armas revolucionarias. El hecho cierto es que reculan todos, menos Cs que sí había pedido la aplicación del citado artículo.

Requiéreme otra vez

Así las cosas, el art. 155 CE exige un requerimiento a la comunidad incumplidora para que cese en su incumplimiento. La escena es digna de un Berlanga, aunque me temo que hoy en el cine español no hay nadie que le chiste al Gobierno, salvo para pedirle más dinero e insultar al ministro del ramo que no es de su cuerda. Podría ser algo como esto:

—Carlesh, te requiero para que no proclamesh la independencia.

—No la voy a proclamarla del todo, sólo un poquito.

—Bueno, pues yo te aplicaré el 155 sólo un poquito.

Home, cómo te pones. Estamos entre amics, ¿no?

Amiguiños sí, pero a vaquiña polo que vale, ¿eh? —Rajoy hasta se sorprende: tamén fala galego na intimidade—.

Hay que imaginarse la jugada: en Barcelona y en Madrid hay sendos camarotes de los hermanos Marx. En Madrid, el monstruo de Sánchezstein y Pablemos; en Barcelona, el PSC, que es casi autónomo de su centro madrileño. «Hay que dialogar, como no puede ser de otra manera. ¿Cómo se atreve Rajoy a no dialogar?», a ambos extremos de la línea. En Barcelona, además, los de la CUP. Están nerviosos porque Puigdemont parece que se arruga un poco ante la posibilidad de que el pagano del sarao sea él y unos pocos más de los suyos. Le empujan, seguros del poder que empiezan a tener en la calle a través de los CDR (Comités de Defensa del Referéndum, una transposición de sus homólogos cubanos): «¡Como no declares la independencia vamos a por ti!». Como ya hemos hablado del diálogo no vamos a volver sobre ello.

Total, que entre unos y otros la escena se convierte en el clásico de la despedida telefónica de enamorados:

—Empieza tú por no declarar la independencia…

—No, tú a no aplicar el 155…

—No, tú…

—No, no, tú…

Y así, ad nauseam. Tres veces, no una, requirió Rajoy a Puigdemont. Tres veces citó al toro y tres se negó a salir, aunque luego al final declarara la independencia del pobre.

Aunque lo que nos tiene con las dichosas náuseas es que esto se pudo haber acabado en 2014. Pero fue tan brutal el ejercicio de la negación de la realidad en aquel entonces que ha habido que esperar tres años después. Y encima, a la aplicación de un 155 limitado. Tanto, que no sabemos si en realidad es un 15,5 o un 1,55. Lo fundamental es que a partir de las manifestaciones en Madrid y Barcelona tanto hunos y hotros no han hecho otra cosa que recular, aunque las calles catalanas, tomadas por la CUP hayan parecido decir otra cosa.

El problema catalán (VI)

Seguimos contando la relación, como si los fets de l’1 d’octubre fueran un romance de ciego. Y ciegos estábamos cuando nos explicaban todo lo que pasaba en Cataluña. «¡Esto es un escándalo… una inmoralidad!» se truena desde los medios. Los periodistas, cada uno desde su línea editorial, tratan de formar el «séquito» que refuerce sus propias afirmaciones. Así, ante lo anterior, al periodista que se dice influencer le encanta oír «¡Sí, sí, sí, Puigdemont al paredón!». Naturalmente, estamos hablando de redes sociales, donde no cuesta nada pegar un puñetazo en la barra virtual.

Dejemos por un momento la crítica de las redes sociales —volveremos sobre ello— y centrémonos en el siguiente acto de este sainete, entremés u obra del género chico —la ópera, sin duda, es más propia de los italianos, franceses y alemanes—.

Terminado, pues la escena electoral, con unos resultados falsos y falseados, las espadas están en alto. Rajoy no dice gran cosa, salvo que tiende la mano al diálogo. El espadón de Mojácar, junto con la go-gó del Llobregat, poco menos que exigen diálogo. Ciudadanos pide la aplicación del 155 CE, pero con un poco de diálogo, no sea que les vuelvan a romper las lunas de alguna sede en Cataluña. ¡Hombre! ¡Si hasta los comunistas de Podemos piden diálogo! Diálogo es la palabra de moda en la última semana. Pero como les decía en otra entrada de esta serie, no se dialoga con los delincuentes (hablamos de delitos de sedición e incluso de rebelión). Y en cuanto a «negociar el cumplimiento de la ley», como yo les decía, vayan ustedes a su Ayuntamiento a «negociar» el pago de un impuesto municipal, ya sea la cantidad o el momento del pago. Se van a enterar ustedes de lo que vale un peine.

Entonces, Puigdemont se ve atrapado. Si declara de verdad la independència, Rajoy le echará encima a la Justicia y con razón, porque habría cometido el delito de rebelión (472 CP). Y si no lo hace, sus amigotes de la CUP le darán la patada del sillón del President. ¿Qué hacer? ¿Cómo contentar a todos? Sencillo —o no—: declarar la independencia y, acto seguido, suspenderla. Y mientras tanto, seguir dialogando para ganar tiempo mientras el paralelogramo de fuerzas se estabiliza.

Pero hete aquí que, de una forma imprevista, hace su aparición el Rey. El jueves, día 4 de octubre, Don Felipe realiza una intervención televisada, una alocución a todo el país. En el rompecabezas de lo que está ocurriendo, este discurso es una pieza que no termina de encajar del todo. Sin tartamudear y sin campechanías de ningún tipo —«En estos tiempos de paz y concordia…», «la Reina y yo…»—, gracias a Dios, tenemos un Jefe de Estado como Dios manda. La comparación con el discurso de su señor padre en el 23-F es inevitable; y, en mi opinión, sale ganando el Rey actual. ¿Por qué? Porque hoy no ha hecho falta vestir al Jefe del Estado de Capitán General de los Ejércitos ni traerlo a rastras ante las Cámaras, que se sepa. Lo mejor de todo es que no parece que ningún fontanero de Moncloa le escribiera el discurso. Los cuatro primeros párrafos no tienen desperdicio; pero por no citarlo todo, destacaremos el segundo y el tercer párrafo del mismo :

Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno.

Con sus decisiones han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña.

Esto, en otros tiempos, no se le hubiera permitido al Jefe del Estado decirlo —Pujol mandaba mucho y no se hubiera dejado avergonzar de esa manera—. Pero tal vez hoy las cosas hayan cambiado un poco. Quizá todos los que hace algún tiempo se reían de El Preparao tengan que guardar las risitas para otros asuntos. Entiendo que, de toda la patrulla y dentro del estrecho corsé constitucional en que se le ha metido, el Rey es el único hasta ahora que ha estado a la altura de la situación. Los demás, hunos y hotros, están naturalmente a lo que están. Y lo contaremos en la entrada siguiente.

El problema catalán (V)

Y llegó el día. El domingo día 1, el «día D», es desfermaren les hostilitats y hubo una gran fiesta y no hubo nada. La festa, naturalmente, para los antifas y otra gente de buen rollito que se congregó especialmente en Barcelona y Gerona. Unos autóctonos y otros foráneos, pero todos unidos por el odio a la puta Espanya. El nivel de delirio alcanzó niveles insostenibles y fue directamente proporcional al acoso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pero vayamos por partes, que dijera Jack el Destripador.

«Vamos a tomar serias medidas»

En Madrit vieron lo que se avecinaba y Zoido, flamante y orondo Ministro del Interior, ni corto ni perezoso, mandó a 10.000 hombres entre policías y guardias civiles a Cataluña. Lo malo es que prácticamente les mandó desnudos: con armas, pero sin derecho a usarlas, sin derecho a repeler las agresiones y provocaciones de las que efectivamente fueron objeto. Más aún: esos miembros de las FCSE son acosados en los hoteles en los que se hospedan e intimados a que se marchen, mientras los alcaldes correspondientes cometen sendos delitos de amenazas y coacciones. Incluso los del PSC, que previamente fueron amenazados ─supongo que no sólo en su integridad física─; pero es que ni el espadón de Mojácar ni la go-gó del Baix Llobregat dan para más.

Por su parte, la jornada ha servido para comprobar el nivel de deslealtad institucional de los Mossos. Riéndose con los secesionistas, o incluso votando con ellos. No tengo ninguna duda de que son la policía de opereta de los partidos que okupan la Generalitat, lo mismo que la Ertzaintza lo era del PNV en los nefastos años de plomo. Y si anteriormente tenía alguna duda, el domingo se disiparon todas. Sin embargo, hablamos de la justicia mariana, lo cual explica que Trapero, el Majormajor poca-vergonya», deberíamos decir) de los Mossos no haya sido cesado ni mucho menos detenido o citado a declarar.

«Vamos a contar mentiras, tralará»

Y con la jornada llegaron las mentiras. Supongo que aquí es cierto que «mientras la verdad viaja a pie, la mentira lo hace en avión». Las imágenes que «han dado la vuelta al mundo» no han sido precisamente las de la verdad de lo que ocurrió. Todo lo contrario: han sido las fotos trucadas de otros años y otras manifestaciones, que la mayoría de la mal llamada «prensa internacional» ha tragado sin chistar o, simplemente, porque colaboran en dañar la imagen de España allende nuestras fronteras. Por no hablar de otras falsificaciones, como la de la «senyora» Marta Torrecillas, alias Marta Dedosrotos, concejal de ERC en Gallifa, que se inventó con bastante éxito lo de las «agresiones de la Policía» hasta que, finalmente, descubrimos la verdad: que de «dedos rotos» nada. Que sólo inflamados. Esa «senyora» ya se ha enterado de que mentir tiene un precio: no ya el legal, pues estaríamos hablando de un delito de calumnia, sino el económico y social. Esta «senyora» ha tenido que eliminar su presencia de las redes sociales por la catarata de críticas ante su actuación… y posiblemente tenga que tancar la paradeta. ¿Quién le dice a uno que si es capaz de mentir sobre las FCSE no es igualmente capaz de hacerlo respecto de sus mercancías?

No menos vistosas han sido las mentiras sobre los «ferits»: el propio Puigdemont afirmó, totalmente despeinado, que «se contaban más de 800 heridos en los disturbios. Al final resultó que sólo fueron cuatro. Pero, como dijo ZP, «lo importante es la foto»; sobre todo, la primera foto.

Pero para fotos curiosas, ésta misma:


Lástima que no tengamos en activo a Wilfred y La Ganga para que nos escribiese un rap titulado algo así como «Mi abuela y el Gordo».

Pero la peor falsificación de todas fue la de la «voluntat del poble català». Habría que empezar por definir qué es lo que algunos entienden por «poble català». ¿Pertenece al poble català aquel que «vive y trabaja en Cataluña», que es lo que decía Pujol hace unos cuantos años? ¿O es que ya hemos dejado atrás esa definición tan neutra y tan bonita y ahora el poble català sólo es aquella parte de los habitantes de Cataluña que vota a partidos secesionistas? Las urnas fueron la mejor demostración del fraude: con forma de cubo de basura, no entraron vacías en los colegios electorales, de forma que los «resultados» reflejaron lo que ocurrió. Dado que se pudo votar más de una vez porque no había control del censo, no fue infrecuente que el resultado en muchas poblaciones catalanas fuera «más del 100% a favor de la independencia». Farsa total. Como le dijo un servidor a Lluís Llach:

Trapero, policia. Puigdemont, mal actor.
Mals actors, mal teatre, mal públic, teló.

Que luego resulte que todos nuestros ¿representantes? sean unos fills de… Hiroshima… bueno. No es que no estuviera en el guión; pero poco a poco nos vamos enterando de ello.

El problema catalán (IV)

Qué duda cabe que Ortega y Gasset fue un gran filósofo español. Pero seguramente no estuvo en su mejor momento cuando soltó esa chorrada de que «el problema catalán se soluciona con la conllevancia». Tuvo tiempo de ver cómo en 1934 Alcalá-Zamora mandaba al Ejército a acabar con la proclamació de l’Estat Català dins la República Espanyola. Sin embargo, parece ser que ese fantasma de la conllevancia planeó en las negociaciones autonómicas de 1978. El PNV puso muertos de la ETA para negociar, sin más. La Delegación catalana, más comedida, pretendió que se reconociera el el fet diferencial… para ir construyendo desde ahí la diferencia que, años más tarde, acabaría en discriminación pura y dura. Como dice Jon Juaristi en su libro «El bucle melancólico», lo que para unos fue un punto de llegada (constitucionalistas), para otros fue punto de partida (nacionalistas).

Porque la «conllevancia» se ha convertido en «sufrir con paciencia los desplantes del otro, reconocer la justicia de sus demandas y concedérselas todas». A esto hemos llegado después de casi cuarenta años de «democracia». Como decíamos en una entrada anterior, todos los Gobiernos que en España han sido han reconocido la «conllevancia» como remedio y han comprado la paz política discriminando positivamente a Cataluña. O, más exactamente, a sus dirigentes políticos. Y aun así, ni con toda esa discriminación positiva, CiU (hoy PetDeCat) consiguió convertir a Cataluña en la Xauxa de La Trinca (vaya unos, también)…

Xauxa, Xauxa,
serà una gran ciutat,
sense cap dels vells defectes
de la vella societat.

Xauxa, Xauxa,
país meu ideal,
on farem la gran disbauxa
i farem, farem l’animal.

Tienen una deuda de 70.000 millones (de euros), que se inició cuando dijeron: «Hemos de conseguir que nuestra permanencia en España les cueste más que nuestra salida». De aquellos tiempos, estos lodos…

Ahora que han parapetado a Sánchez-Camacho en el Senado ya nadie se acuerda de cómo tonteaban a cuenta del famoso pacte fiscal. Tampoco es que el PPC haya elevado mucho el perfil, a pesar de haber elevado la estatura media. Para ellos, como para Cs, el dilema es «verdad vs. lunas»: es decir, que si hablan de la verdad les rompen o pintarrajean las lunas de sus sedes.

Para los demás, al parecer, se resume todo en diálogo. El monstruo de Sánchezstein habla de diálogo, Iceta habla de diálogo… ¡hasta la Iglesia habla de «diálogo», palabra que, junto con la de «talante», me remite a los tiempos más oscuros de ZP! Recuerdo bien que cuanto más hablaba de diálogo ese sujeto, más nos llamaban «fachas» y «nostálgicos del franquismo» a los que defendíamos la Nación española los trolls a sueldo de la pesoe —o de la Logia—. Hoy son los alcaldes del PSC los amenazados… ¡y siguen pidiendo diálogo! Como si la libertad ideológica y la integridad física pudieran ponerse en almoneda. ¿Puede Juan Español dialogar con Montoro para que éste le perdone el IRPF del año presente? ¿Puede Juan Local dialogar con el Ayuntamiento para que éste no le imponga una multa por incumplimiento de ordenanza municipal? Pues eso. El cumplimiento de la Ley no es negociable, por mucho que diga el Ministro de Economía. Si para nosotros no lo es, para la Generalitat y sus adherencias tampoco.

La Iglesia tal vez merezca capítulo aparte. No sólo es ya que 300 mossèns trabucaires estén a favor del prusés. Es que la Conferencia Episcopal Española, dirigida por Blázquez, ese «loro viejo que aprendió a hablar» cuando estuvo en Bilbao, ha evacuado un documento donde resplandece… la equidistancia. Claro que se les entiende muy bien: diócesis como la de Gerona son muy ricas y la única forma que tienen de defender su patrimonio (no el histórico-artístico, sino el otro) es intentar nadar y guardar la ropa en un tiempo que cada vez menos admite una de cal y otra de arena. Esto lo aprendió Blázquez muy bien en Bilbao, como dijo Pedro J. en su «Carta del Director» de El Mundo del 2 de junio de 2002, y ahora lo aplica desde su sillón en la CEE.

No es tanto el versículo dedicado «a la iglesia de Laodicea» el que nos viene a la cabeza, que también, sino este otro: Nemo potest duobus dominis servire aut enim unum odio habebit et alterum diliget aut unum sustinebit et alterum contemnet non potestis Deo servire et mamonae (Mt 6:24). Dicho en castizo: «No se puede servir a Dios y a los mamones». Yo creía que ser cristiano —católico, en mi caso— era tener problemas con el poder; de hecho, a Jesucristo lo acabaron clavando en la cruz por sus problemas con los poderes establecidos. Pero viendo a estos señores asotanados intentando nadar y guardar la ropa por lo suyo, no estoy tan seguro.

 

El «problema catalán» (III)

Hoy la desidia de todos los Gobiernos y especialmente el de Rajoy (en tanto que es el último que sigue la tradición), nos ha llevado donde estamos. ¡Cuántos habremos dicho que el artículo 155 de la Constitución no está para hacer bonito y que es tan aplicable como el 24, el de la tutela judicial efectiva, y desde hace cuánto! Pero tenemos un ¿Gobierno? que sólo es valiente con los suyos: se quita de encima sin despeinarse a los leales a España y al resto le da cuatro prebendas para que sigan callados. En cambio, es tolerante con los enemigos de España, a los que siempre está ofreciendo «diálogo». Pero esto ya lo dijo Aristóteles, que era un griego muy listo:


Aviso para navegantes y para que «el que tenga oídos, que oiga». Rajoy lleva seis años jugando con fuego, por mucho que los palmeros a los que tanto le gusta oír le digan otra cosa. No sabemos por qué se ha llegado a este desgavell; pero hay unas cuantas ideas que corren por ahí que vale la pena recoger:

a) El procés no es otra cosa que un negocio. Y que el punto básico de ese negocio es anar-hi anant… sin llegar jamás a Ítaca. Porque si llegan a Ítaca se acaba el chantaje al Estado. Ya no tendrán de qué vivir, a menos que vayan edificando la Großkatalonien: es decir, la vieja Corona de Aragón, pero con capital en Barcelona y el catalán oriental impuesto en toda su extensión.

b) Segundo, que el sabio señala la Luna y los tontos ven sólo el dedo. Lo importante en esta astracanada no es tanto la independencia (ruido), sino romper España en cuatro cachos (furia). El expansionismo territorial nacionalista es una constante: ocurrió con el nacionalsocialismo alemán, ocurrió con el paneslavismo ruso… y ahora con el pancatalanismo. En cualquier caso, uno se pregunta a quién le interesa (fuera de España, porque aquí sabemos ya quiénes son) que España se vaya a tomar viento y para qué.

c) Hay quien dice que todo este sainete, astracanada o entremés se está ejecutando porque en el fondo lo que se persigue es reformar la Constitución. Si tal reforma se llevara a cabo para eliminar el Título VIII de la Constitución y echar el cierre al insostenible «Estado de las Autonomías», yo firmaría. Es verdad que los números del paro aumentarían y mucho si todos los chupópteros puestos a dedo en las Administraciones autonómicas por los caciques correspondientes fueran a engrosar la cola del INEM. Pero me temo que en lo que están de acuerdo tres de los grandes partidos es en dar más poder a las Autonomías. Incluso Cs, que se retuerce como una lagartija para no confesarlo.

En el campo socialista las cosas no andan mejor. Por un lado tenemos al monstruo de Sánchezstein hablando de la gilipollez zapatera de la nación de naciones. Según él «Madrid es una nación», ¡y todavía no nos habíamos enterado! Según eso también, «Castilla puede independizarse de España», otra gilipollez propia de quienes no han leído poca o ninguna historia de España. Y luego tenemos a Miquel Iceta, la gogó del Baix Llobregat, que un día baila La gozadera con los indepens, al otro La barbacoa con los constitucionalistas y con todos La yenka. A todos estos pedorros yo les recomendaría esta obra. Y a Iceta, ahora que sus alcaldes reciben incluso amenazas de muerte, quizá se le acabe el bailoteo y se defina de una vez.

De Pablemos poco hay que decir: gran macho alfa de la ultraizquierda, ésa que existe en la calle pero no en los telediarios (al contrario que la «ultraderecha», que existe en los telediarios pero no en la calle), sigue la máxima de su mentor Lenin: «Cuanto peor, mejor». La política como noble arte de ocuparse de la res publica le da igual. Son como los aficionados de cierto club de fúrbo:

Alcohooool,
Alcohooool,
Alcohol, Alcohol, Alcohooooool
Hemos venido a emborracharnos
El resultado nos da igual…

El “problema catalán (II)”

Pero, en realidad, el mal llamado «problema catalán» arranca de mucho antes. Vean aquí cómo Cataluña se va enriqueciendo a expensas de otras regiones con igual derecho a un mejor porvenir. Es decir: Cataluña nunca fue un territori d’ocupació, como rebuznan los merluzos catborregos. Todo lo contrario: fue siempre una región privilegiada, cuya burguesía, fueran las cosas bien o mal, reclamó siempre «lo suyo», es decir, lo de todos, que decían que les correspondía porque «ellos no eran como los demás». De hecho, fueron los que más lloraron la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, por los pingües beneficios que dejaron de percibir tras el desastre. De algún modo, la reivindicación catalana era únicamente de la burguesía, que se arrogó una representación total del poble català y que en la llamada Renaixença comenzó a fraguar una cultura distinta y separada de la española.

Incluso Franco entendió aquello del «fet diferencial» y por eso, la primera gran fábrica de automóviles tras la guerra no se construyó en Valladolid, primera ubicación tentativa, sino en Barcelona: fue la SEAT y ocurrió en 1950. Pero los indepens importantes, muchos de ellos hijos, nietos y parientes de franquistas importantes, están resentidos con Franco por haberles dado tan buena vida. A tal punto que, cuando llegó la democracia, de algunas figuras importantes como Samaranch (sempiterno presidente del COI) se borró su pasado como altos directivos de la Administración franquista.

Que el «projecte», que en principio era sólo de la burguesía, pasase a formar parte del imaginario popular es mérito, en primer lugar, de la Iglesia catalana, también resentida contra Franco porque no les dejaban decir la misa en catalán a pesar de que Franco, en expresión de Jon Juaristi, les limpió el patio trasero a sangre y fuego. Y a pesar, también, de que el Concilio Vaticano II había sancionado el derecho a decir misa en la «lengua vernácula». En los últimos diez años del franquismo, la doctrina nacionalista empezó a colarse por los esplais parroquiales, el escoltisme (irónico, por lo poco que escuchan) y, naturalmente, a través de las associacions culturals. A la vuelta de los años vemos el magro pago recibido por la Iglesia catalana tras sus esfuerzos: iglesias cada vez más vacías y huida en masa de la grey hacia el prado de la religión política nacionalista, moralmente mucho menos exigente. Por no hablar de los mossèns trabucaires, que tanto daño hacen a la institución eclesiástica ayer, hoy y siempre.

Todo ese núcleo eclosionó en los años posteriores a la primera Diada, de signo reivindicativo neutro («Llibertat, amnistía / i Estatut d’Autonomia»). Ésa fue la primera etapa de transfusión. Luego, con la llegada de Pujol al poder, sobrevino la de la inmersión obligatoria tras decidir que la relación entre las dos lenguas cooficiales había de ser de conflicto o de diglosia en vez de una coexistencia pacífica. La diferenciación con España se constituye como principi fonamental del Moviment nacionalista y se aplica directamente y a la fuerza en una materia tan sensible como la educación. Y a partir de aquí es donde podemos rastrear las primeras cobardías de los Gobiernos centrales españoles —de todos ellos, por cierto—. Que si González y Guerra hubieran tenido lo que hay que tener, todo el tema nacionalista se hubiera acabado de un plumazo en 1984: Pujol hubiera dado con sus huesos en la cárcel por lo de Banca Catalana, se hubiera intervenido la autonomía y aquí paz y después gloria. Pero todos los gobiernos se han ido pasando la patata caliente catalana de unos a otros sin barrer la casa. De tantas ocasiones que hubo para acabar con la anomalía nacionalista, ninguna fue aprovechada por los Gobiernos centrales en treinta y siete años, que se dice pronto.

Siempre digo que si en Baviera hubieran pillado este mismo sarampión, Berlín no hubiera tardado ni veinticuatro horas en mandar las tanquetas. Pero los bávaros saben lo que se juegan con esa clase de algaradas y se resignan a ser «la locomotora alemana». Desgraciadamente, las Batuecas son otra cosa.

El “problema” catalán (I)

En estos dos últimos días hemos asistido a algo que no sé cómo llamarlo: si «sainete», «entremés» o «ensaladilla variada». Ha tenido lugar en Barcelona, cómo no. Y vamos a comentar algo de esto, aunque con cansancio, porque ya hemos hablado antes y llueve sobre mojado.

La pendiente comienza con los atentados de Barcelona de hace dos semanas. Una camioneta, conducida por un terrorista —nada de «yihadista»: siempre la verdad antes que la corrección política—, se lleva por delante a unas cuantas personas —16 fallecidos a fecha de hoy y casi 80 heridos de diversa consideración. El dato importante de todo el follón es la descoordinación entre los Mossos d’Esquadra y el resto de FCSE, especialmente la Guardia Civil. Descoordinación que se puso de manifiesto en este hecho: los Mossos recibieron un comunicado o información de la CIA en que avisaban de que habría un atentado en BCN y no hicieron maldito el caso, ni tampoco trasladaron esa información al resto de FCSE. Si fuéramos malpensados, diríamos que el conseller Forn obvió esa información para poder cargar los muertos a Madrit. Ni investigar la fiabilidad de esa fuente, ni nada. En un país decente al conseller Forn, dadas las consecuencias de su negligencia (por decirlo suavemente), ya lo hubieran metido en el ídem. Pero como en las Batuecas importa más el teatro y la tramoya que la verdad y la acción, ese senyor sigue al frente de los Mossos como comissari polític. ¿El Gobierno? Ni está, ni se le espera.

El segundo acto de esta obra de teatro fue la manifestación contra los atentados, a la que decidió asistir Felipe VI. Los indepens montaron el numerito de intentar cargarle los muertos del atentado por la «venta de armas»; incluso, algunos de ellos desempolvaron pancartas de la guerra de Irak («Vuestras guerras, nuestros muertos»), lo que da idea de lo desnortados que iban los pobres, llevados de su irracional odio a la «puta Espanya». Poco importa que después se filtrara la noticia de que la participación de Cataluña en la venta de armas españolas es del 25%. La imagen ya estaba hecha. Por si faltara algo, la casta política echó mano de la «serenidad y la firmeza», que como ETA estaba «derrotada», hacía tiempo que no utilizaba. Señal de que, como dice la vieja canción ecologista de La Trinca, iban a «tomar serias medidas, és a dir, a no fer res». ¿El Gobierno? Ni está, ni se le espera.

Ahora estamos en que se va a hacer algo. Hay querellas contra Puigdemont, contra Forcadell, contra varios miembros de la Mesa del Parlament… Mucho trabajo para los Abogados del Estado. Para ellos esto es vida. De hecho la Vicetodo, como Abogada del Estado que es, se recrea en el papeleo. Estará convencidísima —al menos, de cara a la galería— de que hundiendo a los susodichos en una montaña de papeles jurídicos les va a detener. Mentar a la Guardia Civil o a la Policía, que es de verdad lo único que les podría detener, ¡ni hablar! Ya se preocuparon de pasar esa patata caliente a sus empleados del TC, vía modificación legislativa. En cuanto a nosotros, creo que hay división de opiniones: para unos es un coñazo insufrible. Para otros, una vergüenza insoportable. Y para un tercer grupo, la primera secesión televisada en directo —por forzar el símil con la guerra de Irak, «la primera guerra televisada en directo»—. Por eso, el Gobierno ni está ni se le espera.

Y como el Gobierno ni está ni se le espera, ellos siguen.