“Dignidad” ante la blasfemia (I)

Estos presuntos laicistas no desaprovechan ocasión ninguna para dar la nota. Ya se trate de Rita-me-irrita Maestre, la de “arderéis como en el 36” con las domingas al aire en una capilla católica, la profanación de tumbas, la damnatio memoriae —que intentaron pero luego tuvieron que dar marcha atrás porque lagente se les puso en contra y son cobardes, en el fondo— de ocho novicios asesinados vilmente por los comunistas… siempre hay motivo para que den el cante.

La última vez, anteayer. Una ¿señora? que atiende por Dolors Miquel y que se presenta como «poetisa», pero desconocida en el panteón de les grans lletres catalanes, tenía que leer algo en una entrega de premios. Y el resfriado ingenio de esa ¿señora? no ideó otra cosa más original que leer un poema que parió en 2006. Un Padrenuestro pretendidamente «feminista», pero en realidad blasfemo y ofensivo para muchas personas, católicas o no, pero en este último caso respetuosas con las que sí lo son. No quería hacerlo, porque ya se le da bastante publicidad por ahí, pero simplemente para que ustedes puedan juzgar dejo texto y traducción:

Mare meva, que no ni sé on ets,
de qui només en tinc el nom…

Mare nostra que esteu en el zel
sigui santificat el vostre cony,
l’epidural, la llevadora,
vingui a nosaltres el vostre crit
el vostre amor, la vostra força.
Faci’s la vostra voluntat al nostre úter
sobre la terra.

El nostre dia de cada dia doneu-nos avui.
I no permeteu que els fills de puta
avortin l’amor, facin la guerra,
ans deslliureu-nos d’ells
pels segles dels segles,
Vagina.
Amèn…

Madre mía, que ni sé dónde estás,
De quien sólo tengo el nombre.

Madre nuestra que estás en el celo,
Santificado sea tu coño,
La epidural, la comadrona.
Venga a nosotros tu grito,
Tu amor, tu fuerza
Hágase tu voluntad en nuestro útero
Sobre la tierra.

Danos hoy nuestro día de cada día
Y no permitas que los hijos de puta
Aborten el amor, hagan la guerra,
Y líbranos de ellos
Por los siglos de los siglos,
Vagina.
Amén…

Si lo que esa ¿señora? pretendía era un «canto a la maternidad», podría haberlo redactado en términos menos ofensivos. Pero en realidad es menos original de lo que parece, bien mirado. El escándalo es el recurso de los mediocres (es una “poesía” mediocre y adscrita, en el fondo al “caca-culo-pedo-pis”). Y esta ¿señora? no desaprovechó su escaso minuto de gloria. La ultraizquierda —pero no sólo ella— es muy fan de la frase (que le oí en cierta ocasión al Follonero, hoy reconvertido a reportero serio) «Es mejor pedir perdón que pedir permiso». Los educados lo somos de la contraria, sin más, y la diferencia es notable.

Always look on the bright side of (y III)

En mi modesta opinión, no veo factible una grosse Koalition. Los votantes sencillamente no la entenderían por mucho que se pareciese a las líneas finales de Rebelión en la granja. No son creíbles unos partidos que, después de 30 años de vivir muy bien instalados en el turno, saquen ahora el esqueleto de la “unidad nacional” sólo porque parece que les van a cerrar la barraca. Peperos y sociatas dándose de tortazos en las redes sociales… ¿y ahora van sus jefes y se entienden? No lo veo ni de coña. No obstante, cabe la posibilidad: la transformación del PP en partido socialdemócrata se completó en las municipales del pasado mayo y por ahí podría caber el entendimiento, ahora que se han desembarazado de los molestos Ignacio González y Esperanza Aguirre (igual que antes desarbolaron las sucursales vasca y catalana) y el PP valenciano ha quedado desautorizado por la corrupción galopante que gastaban.

Si me permiten una pequeña apuesta, les diré algo que sí veo factible, siempre y cuando la guerra de Ferraz termine o, por lo menos, dé un respiro: PP-PSOE-Cs, actuando éste último como fulcro. Es indiferente cómo lo configuren. Da igual si los otros dos partidos entran en el Gobierno o se limitan a ejercer exclusivamente un control parlamentario. Que es verdad que Sánchez ahora mismo no quiere ni oír hablar de ello… pero puede que con la rentrée y con el exclusivo fin de que Podemos no gane más peso político, se avenga a algún tipo de apaño.

Finalmente, quedamos nosotros. Ustedes y yo. “La gente”, antes llamada “el pueblo”. A nosotros, como dijo la Trinca:

—Ep, i el poble?

—Al poble que el donin pel… subidubiuauàaaaa…

Pero, ¡ay! Ya no estamos en 1977 y ya no nos quedan ni les conferències de Sant Vicenç de Paül, porque ahora la moda es lo laico. No obstante lo anterior, nosotros somos por derecho propio los verdaderos protagonistas de esta escena:


(aquí el texto).

Always look at the bright side of… (I)

Me he inspirado para esta entrada en unas declaraciones de Albert Rivera en las que el político naranja afirmaba que «”La vida de Brian” es más serio que esto», en referencia al sainete montado en Cataluña a cuenta de quién va a gobernar en los próximos meses. Sin embargo, debo advertir a ustedes que a nivel nacional estamos igual.

Pista catalana

La cuestión, como siempre, está en ver quién representa qué. Y ustedes podrán discrepar, naturalmente; pero a nivel catalán yo veo a ésos de la CUP como el famoso y jamás como se debe alabado Frente Popular de Judea. No resulta difícil imaginar a esos tres mil seguidores discutiendo aquello de que «Yo creo, Ned, que un grupo anti-imperialista como el nuestro debe reflejar las divergencias de intereses entre las bases» (Judith, que podría ser representada por la egipcia Anna Gabriel). Tampoco es muy difícil imaginar a los respetables miembros del Consell Nacional (eso, que no falte en un partido indepen que se respete) de la CUP decir esto:

—A los únicos que odiamos más que a los del PSC es a los cabrones de Junts Pel Sí.

—¡Disidentes!

—Y a los de Iniciativa per Catalunya

—¡Disidentes, disidentes!

—¡Y a los de Ciutadans!

—¡Disidentes!

—¡Y a las Candidaturas de Unidad Popular!

—¿Qué?

—¡A las Candidaturas de Unidad Popular!

—Las Candidaturas de Unidad Popular somos nosotros, idiota!

—Aaaah…

Es absolutamente ridículo que el destino de una parte de España esté en manos de poco más de tres mil antisistema y que, en una primera votación, saliesen exactamente dos mitades entre los militantes con derecho a voto: 1.515 de un lado y otros tantos del otro para ver si apoyaban o no la investidura del president cadáver Mas. Un pucherazo en toda regla. No se veía nada igual desde que en 1980, en Almería, se hizo votar a los muertos para que la provincia aceptara el Estatuto de Autonomía y de paso formar parte de Andalucía y no de Murcia, como una cantidad respetable de almerienses vivos deseaba. Por si faltara algo, la agonía se prolongará hasta el 2 de enero, en que habrá una segunda votación.

Y lo peor es que ni siquiera la unión de las fuerzas constitucionalistas (C’s, PP y PSC-a-ratos) puede salvar del ridículo a la casta política catalana. Para todos ellos es vade retro lo de volver a convocar elecciones, pese a que está más que agotado el plazo de dos meses concedido por el Estatut (67.3 EAC). A los de Junts Pel Sí les pone los pelos de punta porque intuyen correctamente que perderían más escaños aún y que eso ofrecería mucho más flanco a la acción de la Justicia, que aun a ralentí, ya les ha pegado unos cuantos zarpazos. Y a los otros, porque es una murga tener que dejar el escaño que han ganado tras unos meses sin poder empezar a cotizar para la pensión completa que les esperaría en otras circunstancias.

Pensamiento mágico catalán (II)

Uno tiene la impresión de que lo más valioso que tiene Pujol padre en estos momentos no son los millones que sus hijos mueven de un lado para otro para que no se los encuentre la AEAT y la UDEF (Què cony és això de la UDEF?). Lo más valioso que maneja el enano más poderoso de Cataluña es información. Información sobre todos los draps bruts de todas las personas que han sido, son o pueden ser importantes en Cataluña. Y posiblemente, también de Madrit, lo que explicaría en parte que durante 30 años los Gobiernos centrales no se hayan apartado un milímetro de la consigna «Cataluña no se toca», por mucho que en su territorio se cometan ilegalidades, delitos e inconstitucionalidades varias. Es decir, en Madrit no preocuparía tanto el prusés en sí, sino lo que Pujol podría sacar a la luz si se ponen en serio a frenar en seco el prusés. Estoy convencido de que Pujol tiene dossiers de todos ellos. Con el peligro que tiene, además, porque en Cataluña no dejarían de publicar cualquier cosa que dijera (increíblemente, todavía es alguien en Cataluña).

Tenemos una oposición que, con las debidas excepciones, da pena. Quizá los únicos que se han mantenido a la altura son los de Ciudadanos, cuya candidata Inés Arrimadas se lanza por primera vez al ruedo catalán y ha tenido que soportar la humillación de que la TV-dels tres recortara su intervención en diferido sobre la campaña electoral. No es que traigan mucho en la mochila, pero por lo menos se oponen a la carraca nacionalista y no se arrugan porque al ser relativamente nuevos en la plaza no tienen historia de corrupción. Es verdad que se ven cosas raras en Andalucía, en Valencia o Murcia; pero hay que dar tiempo al tiempo.

Distinto es el caso del PSC, que lleva mucho tiempo jugando a dos barajas sin definirse, lo que le ha costado quedar en el furgón de cola de las encuestas. Eso no quita para que Miquel Iceta, bailando una de Queen con las protestas del asesor de turno, se haya agenciado una inmerecida publicidad y no tenga derecho a enfadarse cuando algunos decimos que la política es un circo. Incluso el votante del PSC de toda la vida mira con cariño ahora a C’s, que es el centro izquierda nacional que hubiera debido ser el PSC, en vez de abrazar la sociovergència. Sociovergència herida de muerte por la operación Pretoria y otras: como siempre, han tenido que ser los jueces los que limpien las listas de los partidos.

Del PP más vale que no hablemos. Dejemos aparte que Sánchez-Camarga apoyó disciplinadamente unos presupuestos de Mas de 2010, cuando éste daba la matraca con el pacte fiscal (la aplicación del régimen fiscal de concierto o convenio vasco-navarro… que Pujol rechazó en 1980). Olvidemos también que la consigna en Cataluña fue siempre no cabrear al separatismo, salvo en los tiempos de Vidal-Quadras, hoy totalmente amortizado. La tardía designación de García Albiol, alt com un Sant Pau, bregado en Badalona y que no arrugaba sus dos metros de altura por nada, daba esperanzas.

Bien, pues ahora ya sí se arruga: resulta que quien va a debatir con el guerxo no va a ser él, sino el Margallo morón. El primero le citó, como a los toros. Y el otro respondió como se supone que debía responder un español… en el siglo XVI: «Cuando quieras y donde quieras». García Albiol ha tenido que dar un paso atrás y dejar que el ministro se ponga cual valentón de Cervantes a enfrentarse al secesionista. Y todo porque el ministro es amigo del alma del gran jefe. Suponemos que, como decía Francisco Camps, «le quiere un huevo». Claro que si la argumentación de Margallo va por estos derroteros, el PP puede darse por jodido. La peor parte se la lleva García Albiol, que queda de candidato kleenex (algo que profetizó Federico y no me va a quedar más remedio que darle la razón). Las reclamaciones, al parecer, a Jordi Cornet, diputado y jefe de campaña de García Albiol, que como poco debe haber recibido instrucciones de la Logia. No se humilla así a un candidato de tu propio partido a la Generalitat. El PP sigue con la venerable tradición de dispararse a los pies. Ellos verán.

Y por fin, la prensa, el mal llamado cuarto poder. Tres clases hay en las Batuecas de periodismo: el vendido, el buenista y el de verdad. El vendido es el que actúa de correa de transmisión del partido que sea por tres comidas al día. El buenista es el que creía, como el empresariado catalán, también mal llamado societat civil, que «no iba a llegar la sangre al río» y abunda en esa idea apaciguadora… que supone la inaplicación de la ley por conveniencia política. Y el de verdad, que desgraciadamente no tiene un altavoz suficiente, pero que es incansable en la denuncia de los pasteleos entre unos y otros y de las ilegalidades que se cometen y permiten por tener la fiesta en paz. De todos ellos hay ejemplos, así que no vamos a dar nombres.

Pensamiento mágico catalán (I)

Sé muy bien que algunos pensarán: «¿Y qué dice éste si no vive allí?». Y les contestaré que, siquiera porque soy español y me preocupa lo que ocurre en esa parte de España (y porque me he criado allí), tengo tanto derecho a opinar como cualquier hijo de vecino.

Triunfa el pensamiento mágico en Cataluña. No interesa la realidad. Poco importan las sensatas argumentaciones con datos económicos sobre lo que ocurriría si… A la mayoría de los votantes de Junts-pel-Crac les importa una soberana mierda que probablemente sean más pobres al día siguiente de que el rei Artur salga al balcón y proclame la «República Catalana independent». O que no tendrán quien les pague las pensiones y la sanidad (brutal la deuda catalana respecto del resto del Estat Espanyol en ese punto).

Todo eso da igual. Se aplican con liberalidad las 11 leyes de la propaganda atribuidas a Goebbels (y que tal vez éste aprendió de un propagandista soviético). Los argumentarios, de corto recorrido. Los insultos y amenazas, a la orden del día. Que se’n vagin!, clamaba Miquel Calzada (hoy Calçada) i Olivella, también conocido como Mikimoto, otro bienpagao del secesionismo. Y lo mismo decía JoJo (Joel Joan) en cierto documental emitido por Telemadrid en sus buenos tiempos sobre los ciudadanos de segunda que eran y son los castellanohablantes en Cataluña.

Frente a ese pensamiento mágico, cuya base sea tal vez un libro escrito por uno de esos autores de autoayuda en una mala tarde («todo es posible si nos lo proponemos»), ¿qué tenemos? Veamos.

Tenemos un Gobierno (¿?) que ha decidido que lo importante es la ley. Y que en todo caso, cuando realidad y ley difieren, peor para ésta última. Vamos, el grouchomarxismo mariano de toda la vida. Este Gobierno deja de aplicar la ley simplemente porque no soportaría que lo llamaran «totalitario», «fascista» o «de herederos del franquismo». Mariano prefiere esperar a que el tiempo le resuelva la papeleta, cuando no se esconde en los faldones de las togas de los jueces. Cualquier cosa antes que tener que llevar a cabo la penosa obligación de hacer cumplir la ley. Que los demás líderes europeos le muestren su apoyo está bien; pero la escena recuerda mucho al diestro que no se atreve a salir ante un Miura de media tonelada al que le hubieran inyectado medio litro de adrenalina. Entonces el diestro dice: «Shi me daish vueshtro apoyo shalgo a torear». Los otros, bien seguros desde la barrera, le animan: «¡Maestro! ¡Tú puedes! ¡Amoyá!». Y entonces el diestro le dice al toro: «¿Vesh? ¡Hashta ellosh me apoyan!». Bastante ridículo.

¿Qué más tenemos? Un empresariado catalán que, «heroicamente», ha levantado la voz y ha venido a decir «Como sigáis por ese camino, nos vamos». Es de agradecer. Pero al igual que el Gobierno central, ¿dónde ha estado todo este tiempo? ¿Dónde estaba ese empresariado catalán hace 10, 20 o 30 años? Al parecer sólo les preocupaba una cosa: fer caixa. Mientras la caixa iba bien, el resto les daba igual. Nadie quería posicionarse en contra de Pujol, porque L’Avi II mandaba mucho en Cataluña y además, como queda dicho, no hubieran obtenido el apoyo de Madrit. Así que muts i a la gàbia, que almenys farem caixa. Ahora que, naturalmente, le ven las orejas al lobo, se apresuran a posicionarse en contra. ¿De verdad que no creían, en 2010, que Mas no iba a llegar hasta donde ha llegado? Claro que al lado de Pujol, Mas es un enano al que se le puede empezar a levantar la voz. Sobre todo cuando después de dos años de prusés, muchas empresas se han ido de Cataluña. Uno no sabe si ahora quieren salvar los muebles o poder decir ante Madrit que «ellos también protestaron» porque la faixa aprieta que no veas. Cinismo a flor de piel.

Vamos a hacer una ley (y III)

Para concluir esta serie, permítanme una larguísima, pero al mismo tiempo esclarecedora cita de por qué ciertos asuntos, empezando por aquellos a los que se refiere, pasando por el de Rato o Chaves-Griñán y terminando por todo el asunto de los Pujoles y CDC, que es en lo que estamos ahora, van por los carriles que van.

Los casos notorios de corrupción o de irregularidades de comportamientos se cuentan por millares y, a pocas indagaciones que se hiciesen, ascenderían a docenas de miles y, sin embargo, la mayoría quedan impunes. ¿A qué se deben entonces las escasísimas condenas que se producen? Pues desde luego no a la irregularidad de los asuntos sino a razones políticas o a ajustes de cuentas que se sirven cínicamente de los jueces para conseguir sus objetivos. No se sabe, en consecuencia, qué es más grave: si la abundancia de casos que no se persiguen o la rareza de los que se castigan.

Piénsese en lo que sucedió con Mariano Rubio, el tristemente famoso director del Banco de España. Su comportamiento era público y, no obstante, tolerado por el Gobierno hasta que llegó una coyuntura política que aconsejaba «dar la impresión» de que se estaba haciendo justicia, y más con los poderosos. A tal efecto, de la noche a la mañana, se desbloquearon los frenos del expediente y el señor Rubio —después de haber sido humillado ante las cámaras de televisión— fue a dormir entre rejas. Ahora bien, una vez conseguido el objetivo moralizante, regresó a su casa y se descubrió que buena parte de los delitos imputados ya habían prescrito.

El caso de Pascual Estevill no es menos escarnecedor. Hasta el último abogado de Barcelona, y buena parte de sus empresarios, conocía las prácticas delictivas de este juez y, sin embargo, no sólo se detenían las denuncias que contra él se presentaban sino que por recomendación de un político-abogado catalán (Joan Piqué Vidal, abogado de la famiglia), hecha suya por un partido nacionalista al que nada se escapa de lo que allí sucede, fue promocionado al Consejo General del Poder Judicial. La estupefacción que produjo tal nombramiento fue mayúscula; pero no pasó nada hasta que, sobrevenida una coyuntura política en la que interesaba poner en evidencia al partido indicado y a sus socios, se «descubrió» el escándalo y en un tiempo también brevísimo se desbloquearon los frenos del proceso y el señor Pascual Estevill dio con sus huesos en la cárcel ante una opinión pública desconcertada por el hecho de que con indicios delictivos al parecer tan notorios, eso no hubiera sucedido antes. Y sobre todo: ¿por qué en ese momento preciso? ¿Quién aflojó el freno y por qué razón? Pero ¿es que la Justicia puede bloquearse cuando interesa? Así parece y así es.

Alejandro Nieto, La «nueva» organización del desgobierno, p. 211,

7ª impresión, 2010

Sólo nos queda una pregunta: ¿qué pueden saber en CDC de trapos sucios del PP en Cataluña que impiden que el Gobierno de Rajoy siente la mano con la debida contundencia, más allá del carácter necesario de la participación de los independentistas en el consexo socialdemócrata para la gobernabilidad del Estado? Sólo así se pueden entender ciertas danzas, contradanzas y otras malas costumbres que imperan desde 1978. Malo cuando el ritmo judicial se ajusta demasiado al político.

Resumiendo: no son necesarias más leyes, sino más voluntad para cumplir y hacer cumplir las que ya se han promulgado. Una vez más, el consexo socialdemócrata nos toma por tontos.

Vamos a hacer una ley (II)

Hagamos pues, una ley. ¿Quiere eso decir que en este momento no hay instrumentos legales suficientes para actuar contra Mas y su banda? Claro que los hay. Como expresa Ignacio Gomá, tenemos el art. 155 CE y diversos artículos del Código Penal, como el 410 respecto del incumplimiento de las resoluciones judiciales. No se puede, en cambio, de hablar de sedición aún, porque ésta exige «alzarse pública y tumultuariamente» (544 CP), cosa que aún no ha sucedido. Para ello, Mas debería sacar a pasear las tanquetas de los Mossos por la Diagonal y establecer el toque de queda militar, al modo de Milans del Bosch en Valencia el 23-F. Pero ya se cuidan ellos de no llegar a este punto.

El frente administrativo judicial no avanza a un ritmo más rápido. Para empezar, contemos los pasos: hace dos años L’Avi II confesaba públicamente que durante treinta y dos años había sido un ladrón. Da igual si lo hizo para acallar su conciencia —dudoso— o para proteger a la famiglia —mucho más probable— y evitar en lo posible que sus hijos oliesen los barrotes. Que al parecer podrían todos. Sin embargo, sepan ustedes que es notoria la diferencia entre Juan Español (o Joan Català) y un hijo de Pujol. Si Juan Español está en situación de cometer  y comete un delito de apropiación indebida, delitos societarios varios e incluso evasión y blanqueo de capitales, lo primero que se hace es retirarle el pasaporte y bloquear sus cuentas a medida que la investigación policial avanza, así como atornillarle (dentro de la ley, por supuesto), para que confiese.

Pero si uno tiene suerte y es hijo de Don Giorgio, no le pasará absolutamente nada. Todo lo más, que tendrá que ir a declarar ante el Parlament, o sea ante unos señores de quienes Papi sabe muchos trapos sucios o, porque son recién llegados, se les puede tapar la boca con un «ustedes no saben nada porque son nuevos en la plaza». Sobre todo si Papi ya tuvo que declarar ante ellos y además acabó abroncándolos (tots muts i a la gàbia, increíblemente).

Tampoco es que Hacienda se dé mucha prisa con ellos. No creo que ustedes conozcan a ningún particular o empresa cuya situación de embargo de bienes dure 5 años y no se haya ejecutado lo que se tenga que ejecutar. Pues eso es lo que ocurre con CDC. Nadie entiende por qué Montoro, además de soltar pasta cada equis tiempo a la Generalitat (que no «a los catalanes»), no ha dado luz verde a los correspondientes trámites para que el erario público se haga pagar lo que CDC le debe. Pero lo mejor son las declaraciones del propio Montoro, que dice que lleva siguiendo el rastro a la familia Pujoldesde 2000. Si consideramos lo que Hacienda tarda en levantar una paralela a Juan Español cuando advierte la más mínima discrepancia entre sus datos y los de la declaración tributaria, uno acaba concluyendo que «es otro nivel». Y si consideramos que a Pujol se le pudo echar el guante desde 1983 (caso Banca Catalana, carpetazo de Alfonso Guerra), es normal que crezca la indignación.

Vamos a hacer una ley (I)

Estamos en lo que los pedantes llaman la rentrée (y Martes y Trece, más castizos, llamarían el retonno). Y nada podría empañar la alegría que se respira en la Plaça de Sant Jaume, Barcelona: «Somos la preocupación número uno del gobierno españolista del PP». O quizá no lo dicen, pero se les nota en esa sonrisa de satisfacción que cruza su cara de oreja a oreja. Porque vamos, el día que no lo son se les ve de capa caída, pobrets meus y se quejan de que el Gobierno do Hamlet das Rías Baixas les ignora. ¿Cómo se atreve, oigan?

Sea como sea, en Madrid las cosas discurren al ritmo pausado del fluir del río Lérez por Pontevedra. Por ello, y después de pasarse tres años y medio hablando de economía y esgrimiendo como mérito «habernos salvado del rescate» (que es cierto: nos salvaron del que se avecinaba en 2012; pero nadie dice que no podamos volver a caer en esa sima), lleva desde el 30 de marzo promulgando y reformando leyes como si fueran octavillas revolucionarias. Los trabajadores del BOE deben estar echando el bofe con tanto esfuerzo proveniente de las altas esferas. Y de los de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Justicia (los que elaboran los Anteproyectos de Ley), tal vez alguno de los funcionarios haya considerado la posibilidad de tomarse un año sabático ante la sobrecarga y el estrés.

Todo esto ha convencido a esa tropa de leguleyos encaramados al poder que la ley, por sí misma, tiene un poder taumatúrgico suficiente para modificar la realidad y hacer que su cumplimiento sea imperativo. Sin embargo, nadie sabe por qué, eso no funciona en Cataluña. Las leyes no se cumplen, sin más, o son objeto de cumplimiento oblicuo (técnicamente, lo que se conoce como fraus legis). Lo mismo se diga de las sentencias de los tribunales: ahí, el criterio fue fijado por la alcaldesa podemita Ada Colau, respecto a no cumplir las leyes y/o sentencias «injustas».

Así que ahora, para seguir manteniendo la tramoya, Mariano ha decidido que es momento de hacer una ley para convencer a Artur Mas y al Capità Enciam II (el comunista madrilenyo de vía estrecha reconvertido a independentista Romeva; nada que ver con Pep Parés, el primer Capità Enciam, que aunque es de las mismas ideas al parecer, tiene el buen gusto de estar callado) de que es mejor para ellos seguir dentro del marco constitucional y no fuera. Como si no supiera Mariano que la postura de Mas es irreconducible, como nos chivó Revilla tras hablar con el Rey.

Concurso nacional 3

Eso ya suena más a la historia del Lazarillo y el ciego.O al hecho, no menos españolísimo, de que la corrupción pequeña tape bocas y justifique la grande. ¿Responsabilidad? De todos, a mi entender. De los griegos, por acostumbrarse (enormes tragaderas, oigan). De la casta política encabezada por los Papandreou (pero no sólo por ellos) que instituyó el sistema y vio en la UE la posibilidad de que todos los europeos les financiáramos la tramoya. De la UE por dejarse engañar tantas veces. Muy sospechoso, oigan, que la UE se dejara tomar el pelo tantas veces, cuando con otros países ha actuado como un perro de presa. Desconozco la telaraña de intereses que hace que se tomen unas decisiones y no otras en Bruselas; pero me suena a sorprendente. No menos curioso es que hayan sido las repúblicas bálticas las que hayan hecho el trabajo sucio de Alemania. Y lo es porque Alemania es el mayor acreedor de los griegos y sin embargo ha rebajado el tono.

Como les decía, se empiezan a ver cosas muy raras en este asunto. Máxime cuando resulta que las culpas son repartidas. No hay mucha gente que se acuerde que Alemania y Francia vendieran armas a Grecia en tiempo de Samaras. Desconozco para qué querría armas Grecia, porque las relaciones con su enemigo secular más cercano, Turquía, están en situación estable y respecto de los Balcanes, que ha sido la guerra más cercana en el tiempo y el espacio, poco tienen que hacer hoy.

Finalmente, ¿dónde nos deja todo esto? Para mí es algo evidente. Pone de manifiesto la debilidad de las estructuras europeas. No sólo porque ha habido intentos de dar la espalda a la tradición cristiana, elemento fundamental en la formación de ese espíritu europeo, sino porque se ha pretendido convertir a la Unión Europea en un corral con muchas gallinas y dos gallos a lo sumo. Nadie quiere dejar de ser francés, lituano, alemán o inglés para convertirse en europeo. A diferencia de nuestros enemigos, que los tenemos y poderosos, y para quienes todos los europeos somos una sola cosa: infieles. Lo demás ya lo saben ustedes… y si no, se lo explico en un próximo post.