Concatenación (III)

Disturbios marca CDR

Decíamos en la entrada anterior que una de las patas del plan de Sánchezstein era tener un trato amable con los separatistas, lo que a todos los efectos significaba dejarles hacer. Lo que no sabíamos era que no sólo había que dejarles hacer dentro de las instituciones, sino también fuera de ellas. Había que dejar que los CDR, los cadells del procés, camparan por sus respetos y convirtieran la otrora rica i plena Cataluña en can Seixanta. Es el sueño de «Xauxa» de los de La Trinca… claro que si les tocan els milions, eso… como que ya no.

Pero La Trinca empezó siendo antisistema, ecologista, luego tuvo una fase autogestionaria y luego pasó a ser un asteroide capturado en la órbita del PSC –justo cuando les empezaron a llegar els milions– con conciencia social (por una vez se acercaron a su propia realidad: no de los obreros, sino de los cuadros medios y directivos). Y ahora, talluditos y forraos, se han hecho indepens… para cerrar el círculo: es decir, separatistas pero sin dejar de cobrar. Por si faltara algo, montaron un «show» con la temática «buscant La Trinca». Creo que no la encontraron, porque a fin de cuentas, como decía Presuntos también hace mucho, ya «no hay humor» y La Trinca como fenómeno fue algo irrepetible. Pero seguro que entre medio se embolsaron unos cuantos «milions» a cuenta de la nostalgia y de la producción.

Y ahora, claro: llegan unos tíos que parecen los perros del cerdo Napoleón de Rebelión en la granja y montan la jarana padre y madre. Los de Madrit, como están a quinientos kilómetros, siguen pensando que eso es una especie de «exotismo» y «extravagancia» más que un verdadero problema. La casta madrilenya, después de 40 años, se ha encontrado que la bestiola de los años 80 se ha convertido en una especie de Fafner más grande que el drac de Sant Jordi. Y por lo visto, tampoco quieren que haya un Siegfried que acabe con él. Es una cosa extraña. Después de tanto azuzar, sale alguien que quiere convertir esas locuras en realidad y això ja no mola, nen (la «g» final es un invento de Buenafuente, créanme. Y ése, que se ande con cuidado, que si se proclama la «república catalana» igual le obligan a pasar por el catalanitzador de cognoms y llamarse Bonafont…).

Volviendo a los disturbios, tenemos otra ausencia más que remarcable: la flamante alcaldesa de Barcelona, la Colau. Sí, la del runrún… ese mismo runrún que dice que si mañana hubiera elecciones municipales, tanto ella como su protector y ventrílocuo, Jaume Collboni, se irían a su casa. No hay peor enemigo que el tiempo para esta gente. Aquí tienen la prueba.

Ítem más. La internacionalización del procés ha dado como resultado que participen en él aquellos que se apuntan hasta a un bombardeo. Lo de Marta Dedosrotos fue una niñería comparado con lo que ha venido después. Ha resultado que los cedetarras poseen una organización cuasimilitar (con sus tres niveles de estrategia, información y “acción directa”), que los va acercando a la cabra que los crió, la ETA y un apoyo popular de un nivel parecido. Sus conexiones internacionales incluyen a Moscú: Putin, deseoso de enredar en la UE, ha ayudado en la guerra de la propaganda (las famosas fake news), que ha ganado el CDR porque frente a ellos no había más que dos pandas de memos que se hacen llamar «Gobierno» y «oposición», que no han hecho nada por frenarlos. Sobre todo la primera de ellas, que no ha hecho ni un borrall.

Y tanto es el trato amable de Sánchezstein con los separatas, a través de su «hombre en Ferraz» (Iceta), que incluso va a dejarles que le apoyen en la investidura. Poco importa que los ciudadanos catalanes (sean o no de la ceba) sufran en sus carnes la disbauxa (que no «tsunami») separatista. Con un C’s en coma (hasta que vuelva la embarazadísima Arrimadas, quien sin decir gran cosa se postula como sucesora del huido Rivera) y un PP que ha subido en Cataluña sólo porque alguien de fuera y con un discurso guerrero –y a la contra de lo que exigían desde Madrit– ha sacado de su modorra a Alejandro Fernández, y un VOX que sube, pero no lo bastante, los cedetarras todavía tienen el campo libre. Y si les protegen desde la Generalitat, no digamos.

En un país serio (no multicolor, como el que pretenden Sánchezstein y sobre todo los tiranuelos de aldea que le van a apoyar), el porvenir de Torra estaría entre rejas o en el extranjero. Pero eso es todavía política ficción.

Juantxo (II)

En esta entrada, hace ya nada menos que doce años, hablaba yo con alguien acerca del problema terrorista. Permítanme la larga autocita:

El caso es que comentando con él acerca del tema de la ETA, me dijo unas palabras que no recuerdo en su exactitud, pero sí se me quedó grabada la idea: “Como no os andéis con cuidado, en 30 años tendréis el mismo problema que nosotros”. Yo, confiado de mí, le repliqué que eso no podía ser porque Pujol había cortado de raíz el conato de “crecimiento” de Terra Lliure (movimiento terrorista catalán de corto vuelo), que estaban cerca las Olimpiadas y que la lluvia de millones que iba cayendo en Barcelona no se iba a cortar por las bombas de cuatro descerebrados. Le vine a decir, en suma, que atendiendo a la situación política y económica del momento, no era imaginable que se diese alas a un grupo terrorista independentista. Juantxo insistió en sus palabras y yo, aunque finalmente le di la razón, pensé: “Largo me lo fiáis…”.

Decía yo en mi entrada que «estas palabras resultaron proféticas». Han pasado ya 27 años, si contamos desde 1992; y hoy, quizá, son «proféticas» con más motivo que entonces. Entonces se trataba apenas de unas pintadas en el domicilio de un diputado de C’s. Hoy ya hablamos de huevos de serpiente. No existe el pujolismo, ni el «normal» ni el «sector negocis» (buena parte de él criando malvas o en prisión); pero ha dejado una herencia terrible, que sus sucesores de todos los colores permitidos en tierras catalanas se han encargado de cuidar y proteger.

Hasta que, en estos últimos días, hemos comprobado que ha dado un esplendoroso fruto: siete Mossos vinculados con los CDR han sido enviados a prisión incondicional por el juez García Castellón por presunto delito de terrorismo. Lo chusco del caso es que la Guardia Civil tuvo que operar engañando a los Mossos y sin comunicarse la operación al ministro Marlasca, que montó en cólera porque a su vez Sánchezstein desde Nueva York le abroncó al ser preguntado por un periodista y dejarle sin palabras. Era obvio que la Benemérita no quería que se repitiera la historia del Faisán.

Recuerdo muy bien cómo en la Facultad de Derecho nos machacaban el carácter de ultima ratio del Derecho Penal en un Estado democrático. Lo cual supone ya un problema: si verdaderamente es ultima ratio, la intervención de García Castellón significa que en este asunto ha fallado todo lo demás. O, más exactamente, que no se ha aplicado todo lo demás en absoluto. Es decir, todo lo que no dependía de la justicia. De hecho, desde que llegó Pujol a la poltrona, en 1980, consiguió una especie de carta blanca para moldear Cataluña a su antojo tras echar a patadas a Tarradellas.

¿Y qué ha fallado? Básicamente tres cosas, que justamente son aquellas en que la izquierda domina prácticamente en su totalidad y que de hecho conforman el futuro de un país: la educación, la cultura y la comunicación. Baste señalar, para terminar esta parte de la entrada, que fue Aznar, al entregar a la Generalitat la competencia de Educación, el que con ese gesto dio el visto bueno a todo lo que hasta ese momento era ilegal en las escuelas catalanas. De lo demás hablaremos en la segunda parte.

Diez años después

Cuesta hoy escribir unas palabras. Diez años después, como hace dos las escribí para recordar a Silvia Martínez Santiago, arrebatada a sus padres por la brutalidad de ETA. Han corrido ríos de tinta desde antes ese día de agosto de 2012 y después de ese día. De lo que es de público conocimiento queda poco por decir ya.

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¡Viva la Guardia Civil!

Escribo esta entrada con una mezcla de sentimientos contrapuestos. Por un lado, mi respeto y admiración hacia la Benemérita por el trabajo que hace y por el elevado tributo que ha pagado en sangre por protegernos. Por otro, mi propia experiencia personal con algún elemento de ellos, menos gratificante y que algún día les contaré.

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Cinismo


Créanme ustedes si les digo que hace tiempo que no veía una mayor demostración de cinismo por parte de nuestros desgobernantes. Salió en portada del ABC a todo color (no le faltan más que el sensurround y el león de la Metro rugiendo). En la foto, los ministros de Interior de España y Francia, el senyor ministre y Manuel Valls, que, vayan ustedes a saber, igual se entienden en catalán sin necesidad de traductor (qué gustazo le iba a dar a Junqueras).

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Gamonal

Hasta hace apenas dos semanas, fuera de Burgos eran cuatro gatos los que sabían que en esa noble ciudad existe un barrio llamado Gamonal, anteriormente un pueblo, que fue absorbido por el crecimiento urbano de la capital y en el que hoy viven unas 60.000 personas. Y en estas dos semanas se han dicho tantas cosas de ese barrio y ha hablado tanta gente –mucha de ella sin conocimiento o, peor, con argumentario– que para quienes no vivimos allí es difícil distinguir la verdad de todo lo demás.
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Carta de un Policía Nacional a algunos medios de comunicación

El “policía opresor y torturador” frente a la “pacífica ciudadana manifestándose por una causa justa”


Señores periodistas:

Lo primero de todo darles las gracias de parte de todos los Policías que cada día se juegan el tipo en la calle. Gracias por complicarnos aún más el trabajo. Gracias por contar las noticias como les ha dado la gana. Gracias por confiar antes en personas que han estado detenidas que en los agentes que salen cada día a la calle para protegerles. Gracias por hablar en los medios sin conocimiento de causa. Gracias por el clima de crispación social que han logrado.

Mire, nosotros no sabemos si esta avalancha de noticias son una maniobra política para desprestigiar o simplemente porque no hay nada mejor que contar. Lo que sí sabemos es que gracias a estas noticias cada día tenemos más complicaciones en la calle. Los detenidos nos gritan, insultan y amenazan con denunciarnos y por supuesto nos tenemos que quedar impasibles ante esta situación. Sin contar con el rechazo del ciudadano, que no ayuda nada en accidentes de tráfico, incendios y diferentes actuaciones a las que nos enfrentamos.

Antes de hablar del trabajo de un policía deberían informarse de cómo trabajamos y por qué utilizamos algunos métodos que, a la vista de un ciudadano, pueden no comprenderse. Es indignante que salga una imagen en televisión donde un tío le rompe la nariz a un Policía de antidisturbios y se señale con un circulito rojo el punzón de goma. ¿A nadie le ha importado el estado de salud de ese agente? ¿No se le ocurrió al cámara seguir al agresor y captar la imagen de su cara? Señores, ¿a qué estamos jugando? Ese punzón que llevaba el Policía en la mano es simplemente un pequeño objeto de goma dura. No pincha, no corta, no provoca lesiones. Sólo se utiliza para presionar, sin mucha fuerza, puntos de dolor del cuerpo para inmovilizar a personas agresivas. ¿No les parece bien? Es el medio menos agresivo que se puede utilizar para reducir a alguien. Los guantes negros son simples guantes de auto protección, con fibra anti-corte para no dañarnos las manos con posibles objetos punzantes que llevan los malos: cuchillas, agujas… Y por cierto, que la casa no nos los da: los tenemos que comprar de nuestro bolsillo en la mayoría de las ocasiones y en ningún caso se usan para pegar a nadie sin dejar marca (como dicen ustedes en sus noticias).

A los detenidos se les desnuda, se les quitan los cordones de los zapatos, cinturones, pendientes, incluso a las mujeres el sujetador. Se les retira cualquier objeto con el que puedan autolesionarse en las celdas. Esto es únicamente una medida de seguridad (para los detenidos). Incluso si están muy alterados, se les deja las esposas puestas, se les inmovilizan las piernas o se les pone un casco de moto. Tendrían que ver ustedes lo que una persona detenida es capaz de hacer dentro de una celda. Se dan golpes contra la pared, se muerden, dan patadas y luego dicen que les hemos pegado. Bajo ningún motivo un detenido entra en una celda sin cumplir las medidas de seguridad obligatorias. Y sinceramente: ¿creen ustedes que son supercolaboradores? ¿Que no oponen resistencia? ¿Que entran como corderitos? ¿Dónde viven ustedes? ¿En los mundos del corazón rosa? Piénsenlo detenidamente.

En relación al trágico incidente del esquizofrénico muerto… Bien, infórmense de la cantidad de agresiones que había protagonizado, de las veces que se le había detenido, de cuál era su estado mental, de cuál era su nivel de agresividad. El Policía se encontraba acorralado, corriendo de espaldas con el hombre delante amenazándole con un pico de obra y la única alternativa para salvar su vida y la del resto de personas que allí se encontraban fue disparar, eso sí, apuntándole al brazo que sostenía el pico. Pero muy a pesar nuestro no somos infalibles ni tiradores olímpicos y un disparo provocó su muerte. Por favor, léanse el informe forense. Léanse el auto dictado por el juez. ¿Nadie se ha preguntado en qué estado ha quedado el agente? ¿Piensan que ese agente no ha sufrido? Cada vez que hablan den la tele, radio, prensa…. ese joven lo pasa fatal.

No es agradable matar a alguien y es algo que se mete en tu cabeza para toda la vida. Piénsenlo. Sobre el incidente del señor detenido de las Cortes que según ustedes quedó inconsciente… (¿lo han comprobado con el informe forense?). Les invito a que intenten reducir a un hombre alterado, bajo los efectos de la cocaína, un personaje que había destrozado a golpes de cabeza los cristales de la mampara del vehículo policial y más cositas que había hecho que nadie menciona. ¡¡INFÓRMENSE!!, que para algo son periodistas.

Sobre el chico gitano que saltó del vehículo rompiendo la mampara, sólo un apunte. Un vehículo policial tiene una mampara de plástico duro que divide el habitáculo del detenido y el de los agentes. ¡Es materialmente imposible acceder desde delante a detrás! O sea: que esos agentes no pudieron empujar al detenido. Rompió los cristales a patadas y saltó solito.

NO SOMOS ASESINOS, NO SOMOS TORTURADORES. SOMOS PERSONAS NORMALES, HOMBRES Y MUJERES QUE INTENTAN HACER SU TRABAJO. NO NOS QUEMEN, QUE YA TENEMOS BASTANTE CON LOS POCOS MEDIOS DE QUE DISPONEMOS. RESPETEN NUESTRO TRABAJO Y NO SE INVENTEN MAS TONTERÍAS. Por supuesto esta carta no trascenderá, no es escabroso, no es noticia. Espero que por lo menos lo puedan leer los redactores de esta cadena que han llenado horas de sus informativos de mentiras. Pero sepan que están haciendo mucho daño a la moral de los cuerpos de seguridad que salen cada día a la calle intentando cumplir la ley.

Atentamente, un Agente que en su carrera policial ha sido agredido, insultado, escupido, amenazado y se ha jugado la vida (exactamente igual que el resto de mis compañeros)… y nunca, nunca nada de esto salió en prensa.

A ciertos medios de comunicación, quién sabe por qué, no les interesa que la verdad les estropee una buena manipulación. Eso es como tener el enemigo en casa sin que nadie le haga la pregunta del millón: ¿para quién trabajas? Lo triste (y peligroso) es cómo la demagogia se junta con el resentimiento bien asentado en la población y se va creando un caldo de cultivo en una olla a presión. Y a los burros que rebuznan en los foros afirmando que «la Policía es el enemigo» (y se van por los cerros de Úbeda rebuznando igualmente acerca de los lacayos del clero y del capital), no digamos lo que se les nota ese resentimiento. ¡La Policía no les deja trabajar, oigan!

Pues nada: «que desaparezca la Policía. Total, «para lo que hacen esos lacayos opresores del capital», ¿verdad?. Muy bien. Entonces, perroflauta…

Cuando te roben en la calle, pide ayuda a… quien tú sabes.
Cuando violen a tu mujer, tu hermana, tu hija, tu madre, pide ayuda a… quien tú sabes.
Cuando te peguen una paliza, pide ayuda a… quien tú sabes.
Cuando a tu hijo o hija lo metan en la droga, o lo capten para una de esas llamadas “sectas destructivas”, pide ayuda a… quien tú sabes.

Se puede seguir, pero creo que es suficiente muestrario para mostrar un poco de respeto por la función que tienen las FCSE. Nunca faltará un garbanzo negro y es obligación del resto de compañeros que esa persona se vea apartada del servicio; pero ello no ha de obstar para reconocer que, en líneas generales, la Policía cumple suficientemente bien con sus funciones.

Aclaración

Me veo obligado a aclarar, para que no quede ningún género de duda, que no soy policía (ni mucho menos pertenezco a los antidisturbios), ni tampoco periodista. Solamente un ciudadano de a pie que está de acuerdo al cien por cien en lo que manifiesta el autor de la carta, que sí es policía nacional. Y harto, al igual que él, de que las FCSE tengan que aguantar insultos y provocaciones de los violentos, para acto seguido quejarse de que «les han pegado».

Veinte años no es nada (o sí)

Hace unos días se cumplió el vigesimoprimero aniversario del crimen de las niñas de Alcàsser, tanto más horrendo cuanto que uno se adentra más en los detalles. Centrándonos en los hechos, resulta que tres niñas (o mejor dicho, adolescentes, pues sus edades entraban en esa franja de edad que comúnmente se denomina edad del pavo) son secuestradas una calurosa noche de verano. Aparecen un tiempo después, muertas y con signos de haberse ejercido sobre ellas violencias imposibles de soportar para una persona normal. Repuesto un poco de la impresión de los detalles, les relato a ustedes mis impresiones. Sigue leyendo

Diez años

Hoy recordamos a la niña Silvia, que tal día como hoy hace diez años tuvo la «mala suerte» –al decir de los cínicos– de encontrarse con una mochila sospechosa paseando por las calles de Santa Pola (Alicante) y que esa mochila sospechosa explotara arrancándole la vida y la de su abuelo, que la acompañaba. A las 8 de la tarde se celebrará un acto en esa población en recuerdo de Silvia y en apoyo de sus padres, Joaquín y Toñi. Un servidor de ustedes no podrá, desgraciadamente, asistir a dicho acto; pero sí quiere dejar cumplida constancia de cumplir la promesa de acordarse de Silvia e intentar estar en espíritu en su celebración.

Si la violencia etarra no se hubiera cruzado en su camino, hoy Silvia sería una adolescente de 16 años, no muy diferente a tantas otras muchachas que hoy tratan de aprender a elegir un camino en la vida. Probablemente escogería el camino del Bachillerato y de la Universidad. O tal vez hubiera preferido colgar los libros y decir a sus padres: «Mirad, no me gusta estudiar y quiero buscar curro». Lo terrible de la muerte a los seis años es eso: que ya nunca tendremos la certeza de saber qué hubiera escogido esa persona cuando llegara el momento de elegir. Y lo terrible del terrorismo es su indiscriminación: no importa quién seas, ni de qué trabajes, ni quién sea tu familia, o tu filiación política. Si estás en el sitio equivocado en el momento equivocado la bomba se te lleva por delante. Como a tantos ciudadanos de Vallecas. O tantos otros en el Hipercor. O tantos otros en Atocha y Santa Engracia. Ninguna de esas personas era enemiga de la tierra y la patria vasca, como no lo eran los niños que murieron en el atentado a la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza.

No. Todos ellos, incluida Silvia, fueron víctimas colaterales del conflicto vasco, ese conflicto que ETA y sólo ETA, el último rescoldo del franquismo, mantiene con los Estados español y francés «opresores y torturadores». Aunque más con el nuestro, claro. Que si nosotros tratáramos a los terroristas como los tratan en Francia, pronto se acababa la broma terrorista y el cuento de los recogenueces, incluso de los que lo son ad maiorem Dei gloriam. Pero aquí somos más garantistas que nadie, más «demócratas» que nadie, más «progresistas» que nadie. Al parecer, ante cierta opinión internacional todavía hemos de hacernos perdonar los 40 años de «dictadura franquista». Eso explica probablemente que a uno de los captores de José Antonio Ortega Lara no haya que dejarle morir como a un perro, a pesar de que como a un perro tuvieron al funcionario de prisiones Ortega Lara 532 días en un zulo.

Hoy recordaremos a la niña Silvia, la alegría de sus padres y de todos los que la trataron y conocieron. Y afortunadamente, sus padres se verán acompañados de gente que los aprecia y los quiere. No habrá declaraciones campanudas de políticos con cara de palo hablando de «serenidad y firmeza». El senyor ministre, ese traidor, no será bienvenido en ese ambiente. Todo el mundo sabe que tras la conversación (¿tenida?) con ZP, el Ministerio del Interior ha profundizado en la misma política, a saber: la de convertir a unos asesinos brutales en saqueadores del erario público vestidos de lagarterana –«¿es puta o puta como nosotras?»–. Olvidando que la violencia no es un fin en sí mismo para esas malas bestias, sino un medio para conseguir sus objetivos. Eso sí, sin obligarles a renunciar al objetivo de la independentzia, porque eso es «criminalizar ideas» y nosotros, como somos tan «demócratas» y tan «progresistas», no podemos hacer eso.

Dos palabras más me quedan. La primera para los que hablan del «coñazo de las manifestaciones de las víctimas del terrorismo». Mientras no se haga justicia total y completa con esas personas, las víctimas tienen todo el derecho a manifestarse en demanda de memoria, dignidad y justicia todas las veces que quieran. Mientras quienes han asesinado no paguen conforme a la ley sus crímenes y no cumplan íntegramente sus penas en prisión (que un servidor de ustedes preferiría que fueran de 25 años en vez de 1.000, pero sin beneficios penitenciarios y posibilidad de realizar servicios a la comunidad tales como prevención de incendios), no habrá verdadera justicia. Mientras los tribunales se laven las manos y se excusen en que «ellos sólo aplican la ley» y que «la culpa es de los que hacen las leyes» no habrá verdadera justicia. Mientras un político pueda redactar una sentencia a un juez, no habrá verdadera justicia.

Las víctimas solamente piden eso: justicia. No piden «venganza», como han insinuado algunos miserables a quienes hemos tenido la desgracia de leer. Venganza sería el ojo por ojo. Y ni mucho menos ser víctima del terrorismo es una «profesión» o una «lotería» (Sorrocloco, otro miserable del que no nos vamos a olvidar). Es una desgracia, que no entienden aquellos que creen que ETA nunca les va a matar a nadie o aquellos que, siendo víctimas, resulta que están bien protegidas por el aparato de su partido. Ninguna de esas personas a quienes les mataron un un hijo, un marido, un padre, hizo la cola en el INEM ni tuvo una conversación como ésta:

–¿Y usted de qué quiere trabajar?

–Yo, de víctima del terrorismo.

–¿Y eso? –preguntará, extrañado, el funcionario–.

–Hombre, porque podré salir a protestar todos los días contra el Gobierno, cualquiera que sea su color, y siempre tendré razón, aunque no me hagan ni caso…

Y el funcionario escribirá en la ficha: «Manifestante-agitador social fascista».

Y mi segunda (y última) palabra va para quienes ante un atentado terrorista se apresuran a mirar hacia otro lado y a ser equidistantes. A ésos que acusan de «ser ultras» a quienes piden justicia. A ésos que, mirando a otro lado, creen que están fuera de la quema, porque es mejor no significarse, no levantar la voz (signo inequívoco de que no estamos en democracia). A ésos bastaría con recordarles las palabras de Martin Niemöller. Pero quizá ya sea tarde para esas personas bienpensantes, envenenadas por la corrección política (de uno y otro partido), que en esos sitios consiste en pensar que quien no cree en la fantasmagórica entelequia de Euskal Herría simplemente no tiene derecho a vivir. Con la complicidad de muchos políticos de variado tamaño y pelaje, naturalmente: sin esa inestimable colaboración ETA (aunque ahora traten de encajarle un esmoquin y arreglarle la barba, fuera la txapela y las cananas) ya no seguiría siendo posible. Todos esos que no estarán hoy en Santa Pola a las 8 de la tarde acompañando a Toñi y a Joaquín. Los demás sí estaremos, como siempre, en persona o en espíritu.

Un abrazo, Toñi y Joaquín, y ojalá llegue algún día un Gobierno que os haga la justicia que merecéis. Aunque sepamos bien que «justicia que tarda no es justicia».

«Yo tenía un camarada…»

Parece mentira, pero como decía Don Quijote, «cosas veredes, amigo Sancho». Ya Mariano nos ha dado la primera en la frente con el nuevo Gobierno (japonés), incluyendo en él a personas que estarían mejor en otra parte, de quienes hemos hablado en los anteriores posts. Creíamos que ya estaba, pero no. Nuestra partitocracia democracia tiene momentos absurdos y esperpénticos, de los que Dº Ramón María del Valle-Inclán hubiese disfrutado con ganas.

Éste parece ser el caso de la consigna dada por Mariano a sus ministros: «No hay que hablar mal de quienes nos han precedido». Y el propio Mariano ha dado ejemplo en la despedida definitiva (ésta vez sí) de ZP: Acertó y se equivocó, como todos. Es aún la hora de que Mariano nos diga en qué acertó ZP, como no fuera en irse (y encima, un año más tarde de lo que le hubiera tocado, porque en junio de 2010 la legislatura ya estaba muerta). Por eso, uno oye a Fernández Díaz, flamante Ministro de Interior, haciendo el panegírico de sus predecesores Rubalcaba y Camacho… o del Faraón hablando de Caamaño, y se queda a cuadros. ¿Veremos repetirse la escena con Ana Jaguaryou Mato o Ana Pastor? Si no me dejaran otra opción, preferiría callarme antes que tener que hablar bien de toda esa patrulla que nos ha desgobernado durante 7 largos años y medio.

Todo contado, bien parece que estén hablando de ellos en este tono…

… que a lo mejor, hasta es verdad. O eso, o de logia a logia y tiro porque me toca.