Sin escolta

Leo hoy en La Gaceta que a Yolanda Couceiro Morín y a 49 personas más se les ha retirado la escolta. Escolta muy necesaria en Vascongadas para quienes piensan distinto de la morralla mitológica nacionalista. Ni el consejero Rodolfo ni Rub-al-Kaaba han dado muchas explicaciones sobre el particular, que supongo se ceñirán a la falta de recursos del organismo correspondiente –estamos en crisis, ya saben ustedes, y hay que recortar gastos– y el hecho de que «el Gobierno ha conseguido arrancar de ETA la promesa de una “tregua indefinida verificada”». Sobre todo esto último, que implicaría que «ya no es peligroso» pasear por cualquier calle de Bilbao. Sigue leyendo

Jamerooooooooben

Sepan ustedes, queridos lectores, que el surrealismo no lo inventó Dalí. En absoluto. El genial artista gerundense se limitó a copiar alguna cosilla de la realidad que señor padre, Notario de Figueres, a veces le podría comentar. Se preguntarán ustedes quién es, pues, el «inventor» de ese movimiento artístico. Ahí va: el inventor del surrealismo –en puridad «los inventores»– son esas criaturas togadas que llamamos «jueces». No es poco que gracias a ellos sepamos distinguir la verdad verdadera de la verdad oficial (y que la que cuenta es ésta última, no la otra); y mucho más, que la colisión entre ambas dé a luz a una creación surrealista, como ahora veremos. Sigue leyendo

Mentiras y gordas

No hay como un buen zambombazo para responder a una provocación y además, injusta. Pues provocación y no otra cosa es el intento por parte de la Fiscalía de Madrid de empapelar al subdirector de El Mundo, Antonio Rubio, presuntamente por delito de «descubrimiento y revelación de secretos» en relación al 11-M. Así que hoy, en primera plana, El Mundo publica que el exjefe de los TEDAX, Juan Jesús Sánchez Manzano, admite haber destruido pruebas del 11-M. Sólo que él no las denomina pruebas, sino «muestras» (seguramente le pareció bueno el matiz).

Al margen de que su conducta pueda ser delictiva de por sí (cuando menos, estamos hablando de los arts. 408 o 451.2 del Código Penal), hay que caer en la cuenta de que si esto que dice ahora es verdad, en el juicio del 11-M mintió como un bellaco, lo cual acarrearía también la consideración del falso testimonio.

Dudando como dudo de que ese señor actuara sin cobertura de ningún tipo (es decir, por propia voluntad y sin encomendarse a nadie), la cuestión se centra en saber quién le dio la orden o le transmitió «la urgente necesidad» de deshacerse de las pruebas del delito. Y si tanto él como esa otra persona que le dio la orden o le transmitió lo que debía hacer formaban parte de una trama perfectamente organizada.

Por lo demás, el intento de empapelar al subdirector de El Mundo no es sino otro intento de acollonar a la prensa que todavía piensa que el cerebro no es una parte inútil del cuerpo. Lo mismo se diga de los ataques informáticos a Libertad Digital. O de los intentos de acallar a la blogosfera crítica con el Gobierno, bien mandando de clavos a los cyberpepiños, marmolejos y otras especies voladoras, picantes y malolientes, bien sea ordenando por la vía judicial la retirada de posts inconvenientes, como le ha ocurrido al amigo Caballero ZP. Un servidor de ustedes tiene la «suerte» de que no le consideran «importante», así que de momento este blog está bastante limpio… Ya veremos lo que nos dura la alegría.

Salvajes en Pozuelo

Dicen que en Pozuelo de Alarcón la especie que más abunda es el pijerío. Gentes bien, sin problemas (económicos, por lo menos). Un municipio rico, lleno de artistas del pelotazo y otras artes que a los demás mortales nos son vedadas porque no tenemos los contactos que hay que tener (aunque ese detalle no haga al caso). En todo caso, personas y familias aparentemente “estructuradas” y “bien integradas”. Sus parties en el chalet de la sierra, sus vacaciones en Irlanda “para aprender inglés”… Nada fuera de lo normal en el contexto que hace al caso.

Y sin embargo, precisamente eso es lo que hace difícil entender las escenas que se ven en el vídeo. ¿Niños pijos comportándose como outsiders, como gamberros de la más baja estofa? ¿Adolescentes presuntamente “bien integrados” acollonando a la policía? Policía que, encima y aun temiendo por su vida, no puede hacer uso de sus armas de fuego para que no la acusen de “brutalidad policial” y para que los medios y opinadores progres, more suo, hablen de “métodos policiales franquistas” y del “necesario diálogo con la juventud” y todas esas patrañas pseudopedagógicas.

Hay quien dice que quienes prendieron la mecha “no eran del pueblo”. Puede ser. Pero siguen en pie las preguntas que hacemos. Por otro lado, cuando el alcohol corre en cantidad llega un momento en que no importa quién encienda la mecha. Se enciende y es incontenible. El dispositivo policial era el “normal” para unas fiestas sin incidentes, pero en absoluto estaba preparado para lo que ocurrió el pasado sábado.

¿Qué hay detrás de todo esto? En mi modesta opinión y para empezar, hay padres incapaces o dimitidos. Padres que no se han preocupado, en líneas generales, de transmitir a sus hijos los valores del civismo y del respeto a los demás. Sospecho que más de uno (o una: no hay que ser sexistas) se ha criado frente a la televisión, que por lo general ofrece modelos éticos poco edificantes. Habría que investigar qué modelo repiten estos adolescentes. Puede que nos lleváramos alguna sorpresa.

Pero no solamente eso. Al parecer, se detuvo a unos cuantos, a los que se metió en el calabozo. Al día siguiente eran puestos en libertad “con cargos” (para que no hubiese la sensación de “impunidad total”). Da para sospechar que no se trataba de “niños pijos normales“: parece que incluso entre los pijos hay clases. Yo no sé si ustedes recordarán un hecho o gamberrada en que intervino un hijo de Dominique de Villepin, ex-ministro francés de Interior. Pues bien: una vez que se supo de quién era hijo el gamberro, se le puso en libertad sin más trámite. y discreción total. Y sospecho que algo así ha ocurrido en Pozuelo.

Da para pensar bastante, digo yo. ¡Cuánto daño han hecho la LOGSE y la LOE!

La célula más peligrosa

Ayer nos tuvimos que meter entre pecho y espalda el asesinato del Brigada D. Luis Conde de la Cruz. Vaya por delante nuestro más sentido pésame a la familia de la víctima y permítasenos, de paso, unas consideraciones.

Está muy bien que persigan a esas alimañas, las juzguen y las encarcelen conforme a Derecho. Es algo que el P(SOE) hace ahora, después de 5 años de llamar a los etarras «hombres de paz» y de propiciar rocambolescos episodios judiciales. Todo ello, eso sí, pasado antes por el tamiz del criterio electoral (al P(SOE) no le interesa otra política que la que da votos, aunque el país se vaya a la eme, que diría mi amigo Daniel). Debe ser que como están jugando con las cosas del comer, han hecho sus encuestas y ven que perderían votos. De ahí la mayor presión sobre ETA, para distraer la atención.

Ahora bien. Yo me pregunto por qué no incluyen en ese grupo a personas como el señor Azcárraga, Joseba, infumable Consejero de Injusticia de Euskadi. Con sus declaraciones ha dado siempre oxígeno a los etarras, mientras su partido juega a eso del «nacionalismo democrático». No parece sino que Azcárraga ha tomado el relevo a otro Joseba (Eguíbar, por más señas). Sí, ése que cada vez que la Guardia Civil hacía su trabajo y detenía a una alimaña etarra, salía «dudando» del trato que los miembros de la Benemérita habían dispensado al etarra detenido. Y no pocas veces, sugiriendo directamente «torturas».

Sobre este tema, como siempre, dos puntos: primero, los etarras tienen la «obligación» de denunciar al «Estado español opresor y torturador», siempre y en todo caso. Con lo cual es su palabra contra la de la Benemérita. Segundo, en particular, soy persona que opina que el trato a los etarras debe ajustarse a la ley y que no caben, por tanto, «idas de mano». Pero no es menos cierto, que somos humanos y que a no pocos miembros de la Benemérita les costaría contenerse a la vista de quien ha podido ser el asesino de un padre, de un hermano, de un compañero. Hay que castigar esas «idas de mano”, por supuesto; pero también hay que comprender las emociones que se remueven en el momento concreto.

Por todo ello son especialmente indignas las declaraciones del señor Azcárraga y de otros como él. Ponen cara de bacalao hervido en los entierros y comparecencias públicas, «condenando» a ETA, al mismo tiempo que dudan de la profesionalidad de la Guardia Civil. No hemos olvidado a Arzallus cuando hablaba, en tono entre quejicoso y condescendiente, de los «chicos de la gasolina», pobrecillos ellos, ovejas descarriadas del redil aranista. Nadie echará el guante a Azcárraga por sus declaraciones (lo mismo que estoy seguro de que Arzallus se morirá de viejo y en la cama, como Franco). Y la Guardia Civil seguirá haciendo su estupendo trabajo, con su entrega total y sacrificio habituales, para escarnio y despecho de quienes se dicen «demócratas» y dan la mano a ETA por debajo de la mesa.

Dejen que me defienda, por favor

El otro día unos cafres decoraron abundantemente el portal de mi casa. Desconozco si son negros, amarillos o fruta del país. El aspecto que ofrecía dicho portal era indescriptible. No parecía sino que una piara de cerdos hubiese hecho en él parada y fonda. Montones de patatas fritas desparramadas por el suelo, una botella de refresco a medio vaciar… en fin. Supongo que ofrecía el aspecto de haberse celebrado un botellón.

Lo primero que uno piensa es: «Hay que hacer algo. Esto no se puede consentir». Bueno, ¿y qué hacemos? Lo primero, denunciar el hecho a la Policía Municipal. Se supone que ellos son competentes para arreglar este tipo de cosas. Va uno, confiado, a la Policía Municipal. Le reciben con una sonrisa amable, como a todo el mundo. Es un señor rellenito y simpático (o que pretende pasar por simpático). La conversación podría desarrollarse en estos términos:

—Buenos días.
—Buenos días, señor. ¿Qué se le ofrece?
—Mire, vengo a denunciar que unos cafres han ensuciado el portal de mi casa.
—Ajá —nos dice el funcionario, fingiendo interés—. ¿Conoce usted o tiene relación con dichas personas?
—No sé quién ha sido, pero le puedo mostrar fotos de cómo ha quedado el portal y así ustedes…

En este punto el funcionario resopla. Parece que tiene una solución.

—Entonces no podemos hacer nada. Si no nos dice quién ha sido no podremos detenerlos.
—Pero oiga…
—De verdad comprendo su problema —y da una palmada en la mesa haciéndonos comprender que por más que digamos él no va a mover un dedo—. Pero si no nos trae usted pruebas físicas de quién ha sido, no podremos ir a buscarles.
El funcionario se te queda mirando y luego se encoge de hombros. Está claro que no es su problema. Por si te quedaba alguna duda, el funcionario añade:
—Oiga, somos policías, no niñeras. —Al ver nuestra expresión de extrañeza, continúa—. Nosotros no tenemos la culpa de que sus padres no los hayan educado correctamente. Si hubiésemos de perseguir a todos los niñatos que se dedican a hacer botellón en esta ciudad todas las noches, no habría suficientes efectivos para realizar el trabajo normal. Además, el sindicato ya ha pactado las condiciones del horario nocturno y…
—Bueno, no se preocupe —corta uno, resignado—. Por cierto, a usted le falta un poquito de ejercicio, ¿no cree? Buenos días.

El funcionario, sorprendido en su línea de flotación, suelta un juramento. Se acaba uno de ganar un enemigo de por vida… pero bueno, la peripecia no acaba más que empezar. Resignados, digo, salimos de la Comisaría de la Policía Municipal.

¿A dónde dirigirse ahora? ¿Nos vamos a la Comisaría de los Mossos o a la Policía Nacional? Optas por lo segundo. Esta vez te recibe una muchacha que parece recién salida de la Academia, muy vivaracha ella.
—Buenos días, caballero. ¿Qué desea?
—Verá, yo quería denunciar que unos cafres han ensuciado el portal de mi casa.
La chica hace como que se lo piensa.
—¿Los conoce? —pregunta—.
—No.
—Bueno, entonces rellene este cuestionario, que cursaremos a una unidad para que haga el seguimiento necesario y…
—¿Cuestionario, dice usted?
— Ehhhh… sí.
—Bueno, démelo, a ver…
Y te apartas un poco para enfrentarte al cuestionario.
Las preguntas son de lo más curioso: «¿Conoce usted a los presuntos delincuentes?», «¿Sabe si forman parte de alguna banda latina?», «¿Ha sido amenazado, agredido o extorsionado por ellos?». Cuesta Dios y ayuda rellenar el cuestionario, pero ahí vamos. Lo terminas, no sin algún trasudor que recuerda a los del rey Alfonso VI en Santa Gadea…

… Las juras eran tan fuertes
que al buen rey ponen espanto,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo…

Entregas el cuestionario y la muchacha, toda alegría, te dice que se le dará curso debidamente. Te vas a casa tranquilamente pensando que la pesadilla ha concluido. Pero no. Resulta que una soleada mañana de domingo vuelve a aparecer el portal hecho una pocilga, abundantemente decorado. Por supuesto, nadie ha visto nada. Nadie sabe nada. Harto, pues, de fregar el portal y de adecentarlo, decides montar guardia el próximo fin de semana. A las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no se las convence si no es con pruebas obtenidas en el momento del hecho. Así que esperas.

Aparecen los muchachos, cómo no. Resultan ser fruta del país, mixta (varios chicos y chicas). A lo mejor en su casa son obedientes y sumisos, pero en la de los demás no; se comportan como verdaderos cerdos. Ríen, vuelven a tirar las patatas fritas, pensando en la rabia que te dará limpiarlo a la mañana siguiente. Beben del botellón y las risas se hacen más fuertes. Es inevitable: el espectáculo te aumenta la adrenalina. Y el enojo. Así que sales de tu puesto de guardia aparentando calma, pero apretando fuertemente los puños. Los muchachos advierten que llega alguien de la casa. «¡Corred!», gritan, pero esta vez tú eres más rápido y agarras al que parece el jefe. Fijo que no tiene los dieciocho. Lo primero y sin mediar palabra le metes un tortazo. Y luego le acogotas y le ordenas: «¡Cómete esa mierda!». El chico se resiste, pero tú eres más fuerte y le haces que coma, hasta la última patata frita. «¡Y ahora vete a hacer esto a tu casa!», finalmente, le gritas. El muchacho, con el rostro demudado y dando traspiés, se va hacia su casa.

Por una vez estás contento y satisfecho. Has hecho lo que el cuerpo te pedía, harto de cuestionarios y funcionarios que no quieren mover un dedo por esa «minucia». Pero si crees que has terminado, vas de lado. A los pocos días llama a tu puerta una pareja de la Policía:

—¿Es usted Don Fulano de Tal?
—Sí.
—Tiene usted que acompañarnos a Comisaría, Don Fulano. Le tenemos que hacer unas preguntas.

No hay vuelta de hoja. Vas maliciándote de qué puede ser, pero hasta que no llegas a Comisaría no te das cuenta de hasta dónde ha llegado la pesadilla. El mocoso, acompañado de sus padres, te reconoce y se pone histérico: «¡Es él! ¡Papá, es él!». El padre te mira con odio… y la madre, si sus ojos fuesen espadas, ya estarías traspasado trescientas veces.

La cosa pinta mal. En las declaraciones apareces como culpable, naturalmente. Y hay que ir a juicio, porque en un Estado de Derecho todo se resuelve en los tribunales, faltaría más. Te presentas el día del juicio con tu abogado, pagado de tu bolsillo (como no eres pobre de solemnidad no tienes derecho a justicia gratuita). La otra parte, que te mira como si quisiera verte en el infierno, presenta partes de todo: de la gastritis que le provocaste por obligarle a comer las patatas, del trauma psicológico que le causaste… en fin. Tú presentas tus fotos de cómo quedó el portal.

El juez, que hoy no parece haber desayunado muy bien, mira al chico y te mira a ti. Temes lo peor. Empiezas a maldecir la hora en que no te quedaste en tu casa. Finalmente, dice:

—Primero: Dictamos orden de alejamiento contra la parte acusadora. El acusador no podrá acercarse a menos de cien metros de la vivienda de la parte acusada. Segundo: condenamos a la parte acusada a sufragar los gastos que se hayan deducido de su actuación, además de condenarla en costas.

Pausa tensa. Te mira un momento enarcando una ceja y dice:

—Y dese por contento.

Estás jodido. Tu abogado pone cara de circunstancias y se dispone a cobrar sus honorarios. ¿A cuánto se ha ido la broma en total? A cuatrocientos leuros, honorarios del abogado aparte. No dejas de sentirte como Amerigo Bonasera y, en general, como un perfecto imbécil. Ha funcionado el Estado de Derecho, si. Pero sigues tan indefenso como antes.

El siguiente paso, posiblemente, sea obtener una licencia de armas.

Confirmado: nos siguen tomado por lelos

Tomamos prestado del blog de Luis del Pino este post, publicado en marzo de 2006 originalmente titulado «Confirmado: nos toman por lelos». Por desgracia para España sigue estando de actualidad. En el Gobierno siguen pensando que aún nos pueden colar morcillas progres como la del «proceso de pazzzz», estando todavía calientes los cuerpos de los guardias civiles asesinados. No olvidemos tampoco que en el Congreso se votó por el mantenimiento de la maldita «autorización para negociar», cuando lo suyo hubiera sido revocarla…

Hace un rato me llamaba mi amigo X. Es un buen chico, aunque algo apresurado en sus análisis. Estaba enormemente excitado con la noticia:

– ¡ETA ha anunciado que declara un alto el fuego permanente!

– ¿Y qué?

– ¿Cómo que “y qué”? ¡Es una excelente noticia, hombre!

– ¿Por qué?

– ¡Pero bueno! ¡Pues porque ETA ya no va a matar a nadie más!

– ¿Y de dónde te sacas que lo de “alto el fuego permanente” significa que ETA no va a matar a nadie más?

– ¡Es que eso es lo que significa el término “alto el fuego permanente”!

– ¡Ah, bueno! Entonces, como ETA ya no va a matar nunca a nadie más, no hay ninguna necesidad de negociar nada con ellos.

– ¡Hombre, no! Se supone que ETA declara el alto el fuego permanente para que se abra una vía de negociación…

– ¡Ah! Entonces, es un alto el fuego “permanente”, pero con condiciones. Por lo pronto, está condicionado a que se abra esa vía de negociación. Es decir, si no se negocia, no hay alto el fuego.

– ¡Hombre, sí! Pero si se inicia la negociación, ya no matarían más.

– ¿Y qué pasa si el resultado de la negociación no les satisface?

– ¿Qué quieres decir?

– Si en esa negociación ETA pide algo que ellos consideran irrenunciable y no se les da, ¿qué pasaría?

– ¡Caramba! Supongo que habría que llegar a un acuerdo.

– O sea, que ETA declara un alto el fuego que será “permanente” siempre y cuando se inicie con ETA una negociación y en esa negociación el Gobierno acepte todas las condiciones que ETA considere irrenunciables y que ETA ha incluido en su comunicado, ¿no? Y si no se inicia esa negociación o no se conceden esas pretensiones irrenunciables, ETA se reserva el derecho de volver a matar.

– Eh… bueno, visto así…

– Es decir, que antes del comunicado ETA se reservaba el derecho a matar si no conseguía sus objetivos y después del comunicado se sigue reservando el derecho a matar si no consigue sus objetivos.

– Bueno… supongo que sí.

– Luego el comunicado no cambia en absoluto la situación. Después de dos años de arduas “negociaciones” por parte de Zapatero, en las que ha cedido en todo lo que le han planteado, lo único que consigue de ETA es una declaración que no significa nada y que a ETA le sale gratis. No hay disolución, no hay entrega de las armas, ni tampoco abandono de las mismas. Ni siquiera se va a poner fin al chantaje a los empresarios. Tan sólo una frase grandilocuente que Zapatero pueda usar para tratar de legitimar las siguientes concesiones, ¿no?

– Bueno, tío, eres un aguafiestas. Si lo sé, no te llamo.

Crónica del Capitán que mandaba la formación en el Colegio de Guardias Jóvenes en el funeral del guardia Fernando Trapero Blázquez.

Copio aqui el muy emotivo relato del funeral por los dos últimos Guardias Civiles asesinados por ETA que recoge el amigo Cerrajero en su blog y yo transmito igualmente a aquellas personas de bien que lean mi blog.

Fue un día muy gris y muy triste. Frío, como corresponde al otoño tardío de estepa castellana que es Valdemoro. Después de haber velado su cadáver la tarde y noche anterior en la capilla ardiente, que fue instalada en el Salón de Actos, llegó la hora del funeral. Los turnos de escolta del féretro fueron establecidos desde que llegó. Siempre, cada 15 minutos: Un componente del Gao, un Policía Nacional, otro de la Jefatura de Información y un Polilla de mi Compañía. Fueron unas horas llenas de pena, de inmensa pena, donde nadie era capaz de encontrar consuelo. Una de las innumerables coronas que acompañaban al féretro era de mi Compañía. Los Polillas habían hecho entre ellos, sin que nadie les dijese nada, una colecta y habían recaudado 139 euros que se habían gastado en una sencilla corona que significaba su homenaje a quien entregó lo más valioso que poseía, su propia vida, por España, tal y como había jurado en nuestro Patio apenas tres años antes.

A las 9,30 reuní a los 125 alumnos de mi Compañía en la ‘Planilla’. (Aclarar que en este Curso, que acaba en febrero, no tenemos más que una Compañía de Polillas). Les insuflé ánimos (¡¡yo, qué no tenía consuelo!!). Todos nos juramentamos que el acto, por lo que respecta a nosotros iba a salir impecable. A las 11,00 formación en el Patio del Corralillo. Y a las 11,30, la entrada en el Patio de Armas. Ya estaba lleno. Había incontables micrófonos, cámaras de TV, Unidades móviles y periodistas La Compañía de Honores, con Escuadra, Banda y Música estaba formada por Secciones.. Y a las 11,40 hizo su entrada en el Patio, a los acordes del Himno Nacional y con las armas presentadas…Ella, nuestra Bandera, portada por el Teniente Molina, que ocupó su puesto en formación en el lugar que le concede el Reglamento de Actos y Honores Militares: A la derecha del Capitán. Era Ella, la misma que el Polilla Fernando Trapero había jurado el día 27 de noviembre de 2004 como componente de la 87ª Promoción del Colegio. Yo tuve que dar las voces reglamentarias: ‘¡¡¡A la Bandera, presenten armas!!! – ¡¡¡ Guardias Civiles, Viva España!!!. Constaté que no sólo contestaron desgarradoramente mis Alumnos, mi Compañía, el reglado ¡Viva! Más, mucho más de ‘medio patio’ gritó con nosotros, un VIVA que salía del alma, del corazón, de las conciencias.

A las 12,00 en punto ordeno al Cornetín que toque ‘Atención General y firmes’. Entraban en el Patio SS.MM los Reyes, acompañados de los Príncipes de Asturias. No hubo Honores Militares porque el verdadero protagonista del día era Fernando Trapero Blázquez. Cuando la Familia Real dio el pésame a los afligidos padres y ocuparon su lugar reservado, al lado del Evangelio, el Cornetín toca ‘de frente, paso lento’. Y aparece el féretro portado a hombros de sus compañeros de Promoción. La Banda de Música interpreta la Marcha Fúnebre de Chopin. Y el Patio era un puro sollozo que encogía el alma. El día se volvía más triste y más gris, por momentos. Era el primer día verdaderamente invernal de este otoño casi atípico en Valdemoro. No hubo sol y por tanto tampoco excepciones para pasar más o menos frío según la ubicación de cada uno en el Patio. Todos iguales.

La Santa Misa se desarrolla casi en un suspiro. La homilía del Vicario General Castrense fue preciosa. La entrega de medallas por parte del Rey fue impresionante. Pero más impresionante fue la entrega de esas mismas medallas, del sombrero y de la bandera a esos padres atribulados por parte del Jefe de Información. Los momentos álgidos de la ceremonia se iban acercando casi sin respiro. No me preguntéis de dónde me salió la voz de ¡¡¡’Guiones y Banderines de la Guardia Civil, rindan homenaje a los que dieron su vida por España’!!! previo a La Muerte No Es El Final. Me salió del fondo del alma, saqué fuerzas de donde no tenía, porque me iba derrumbando, me sentía tan triste que no paraba de reñir en mi interior con Dios ¿Porqué Señor, porqué? ¡¡Les quedaba a los dos TODA la vida por vivir!! Regresa la Banderín de mi Compañía del monolito y me dice entre dientes: ‘No puedo más, mi Capitán, no’ Y yo le digo de la misma forma ¿Cómo crees que estoy yo?. Aguanta niña. El Teniente Abanderado me dice ‘Estoy llorando paisano’ (Ambos somos de Albacete) y le contesto: ‘A mí no me quedan lágrimas’. Y eso creía yo, porque cuando empezamos a cantar el Himno del Cuerpo ya no puedo más y me derrumbo. No físicamente, que los viejos Polillas estamos hechos de una madera creo que especial, no. Me derrumbo emocionalmente. Y las lágrimas me afloran por los ojos, me resbalan por las mejillas. Estoy al límite: esto es demasiado.

Y llega el momento más difícil, yo me lo temía e incluso lo había pronosticado. Cuando los Polillas cogen el féretro, me vuelvo y le ordeno al Cornetín: ‘Toca presenten y entrada al Himno Nacional’ y me contesta una voz de 20 años, humilde y sana… que apenas puede contener un profundo sollozo que le sale del alma: ‘Si puedo mi Capitán, si puedo…’ Y le contesto, todo ello en voz muy tenue porque estamos en formación: ‘Tienes que poder Polilla, él se lo merece’. Suena el Cornetín como si lo tocase el mismo Arcángel San Gabriel. Suena la Marcha Real y entonces, un escalofrío, que nada tenía que ver con la gélida temperatura ambiental, nos sacude a todos cuantos llenamos el Patio. El Comandante Director Músico se pone enfrente de la formación para dirigir la Banda que comienza con los acordes del ‘Adiós Polilla’ mientras sus compañeros de Promoción, escoltados por la Escuadra de Tapones (ya sabéis, tapones en nuestro argot, Gran Gala oficialmente). Ni memoria ni persona recuerda momento más triste y emotivo. Ya nadie disimulaba ni falta que hacía. ‘Adiós Polilla, ya del Colegio te vas…’ Impresionante. Y cuando creíamos que ya no nos quedaban más lágrimas, que nos habíamos quedado secos, resulta que no, que nuestra capacidad de generarlas estaba siendo puesta a prueba.

Miro a mi izquierda y veo a mi Banderín inconsolable, a mi Cornetín, detrás llorando como una magdalena y cuando miro a mi izquierda veo que el Teniente Abanderado, mi buen Molina, estaba igual o peor que yo. Mientras canto con el alma. Como todos los Polillas que estábamos en el Patio, me fijo en que el Comandante Director Músico, al mismo tiempo que dirigía a la Banda tampoco podía contener sus lágrimas, Creo que todos mirábamos, de forma alternativa, el féretro y el cielo. Porque el consuelo que debía de venir del Cielo ¡¿De dónde si no?¡ tardaba en llegar. ‘Adiós Polilla’, el impagable regalo que el Maestro Grau hiciera al Colegio hace más de 25 años sonaba más que a canto, a oración. ‘Adiós Polilla, no dejes de recordar que España entera puso en ti su confiar… Adiós Polilla…’ Nunca una canción que nació con vocación de marcha tuvo mayor significado emocional en una despedida, un adiós como éste para el que no fue compuesta. Son las paradojas de la vida, las cosas no son a veces como nos parecen o como deseamos. Adiós, Fernando: descansa en paz y que los que han cometido este crimen tan horrendo y el de tu compañero Raúl no tengan nunca ni el descanso ni el perdón. Ni ellos ni quienes les alientan, les ayudan, les ‘comprenden’, o los justifican y están dispuestos a pactar con ellos otra cosa distinta que no sea cuándo y dónde entregan las armas para someterse al imperio de la Ley.

Dios mío, danos consuelo, que ya no podemos más. Que es una prueba demasiado grande, que ya son 207 muertos los que nos han hecho estos canallas en casi 40 años… que esto es una prueba demasiado grande. Entonces el relator me saca de mi aturdimiento cuando dice ‘La Compañía de Honores se retira del Patio’. Mando derecha y de frente. No suena marcha alguna, tan sólo los tambores. Nadie estaba para fiestas. Nos vamos a la puerta de la Escuela de Especialización. Allí, en la intimidad, despedimos a la Bandera que ha estado tan triste como nosotros, porque ‘uno de los nuestros’, había cumplido lo que le juró no ha mucho en el Patio: ‘Entregar, si preciso fuera, hasta la última gota de su sangre en defensa de la Patria’. Inmediatamente, una de las tres Secciones de la Compañía se embarca en el microbús rumbo a El Tiemblo para asistir al sepelio de Fernando. Allí, en el Cementerio, hermanados todos los Polillas de cualquier edad y condición, por expreso deseo del padre, vuelven a cantar más con el corazón que con la voz, que la mayoría ya tenían rota. ‘Adiós Polilla…’ Y cuentan los que asistieron, que allí estaba el pueblo entero y que nadie tenía consuelo.

Que Dios te bendiga Fernando, Polilla, discípulo, amigo… Y a nosotros que nos dé fuerzas para seguir en esta lucha en la que tantas veces nos sentimos tan solos. Que tu memoria, la de tu compañero, nuestro compañero Raúl Centeno y la de los demás Guardias Civiles que han sido víctimas de tanta maldad a lo largo de tantos años, pervivan entre nosotros por siempre.

Creo que desde que enterré a mi padre, allá en 1970, cuando apenas me faltaban tres meses para salir del Colegio, nunca había vivido una mañana tan triste y tan desconsoladora.

«Serenidad y firmeza»

Hace ya mucho tiempo ya que no se oyen estas palabras. Se oían mucho durante el gobierno de Suárez. El ritual era siempre el mismo. Acudía uno al entierro de una víctima de ETA, si la víctima era lo bastante pública para no poder enterrarla de noche y a escondidas. La viuda y/o los deudos, rotos por el dolor. Todos los cargos públicos, de manos cruzadas al frente, el gesto serio o compungido, a gusto del consumidor, la cabeza baja. El sacerdote, llevado de la unción extática del momento, recitando el Salmo 29 (El Señor es mi pastor, nada me falta). El pueblo callado. Y, cuando finalizaba el «servicio» religioso, las declaraciones del ministro del ramo que, con gesto decidido, decía algo así como que «la sociedad iba a enfrentarse al terrorismo con serenidad y con firmeza». Y, por supuesto, dando la impresión de que se creía sus palabras.

Tengo que decir que a lo primero me las creía, porque a fin de cuentas, uno es joven, idealista e indocumentado y quiere creer que no hay problema que no tenga solución, aunque sea mágica. Con el tiempo, en cambio, nos hemos ido haciendo un poco más viejos y —esperamos— un poco más sabios, de tal forma que cuando veía al ministro del ramo y a quienes le acompañaban con ese mismo gesto y recitando cual jaculatoria esas mismas palabras, me enrabiaba. Muy especialmente, después de que el terrorismo presenta elementos que, lejos de ser parte de su solución eran y son parte del problema:

  • a) En primer lugar, la fluida comunicación «subterránea» entre la ETA y el PNV, hoy extendida también a ERC, puesto que con ETA fue a hablar Carod Rovira (o Pérez Carod, según se mire). Arzallus hacía el favor de denominar «chicos de la gasolina» a los jarraitxus y borrokalaris de cuarta mientras dejaba que el negocio educacional fuese cayendo en manos de ETA (con lo cual el medio escolar, por increíble que parezca, se convierte en cantera de terroristas). Y ETA, naturalmente, «respetaba» a los políticos jelkides, mientras Mayor Oreja veía disminuir un día sí y otro también sus efectivos.
  • b) En segundo lugar, el regalo envenenado que nos dejó la Transición: todo se puede resolver mediante consenso. Suárez tenía la manía del «consenso» (que Yale y Julen Sordo trocaron en consexo en su Diccionario del pasota). Pactó cuestiones con los nacionalistas que, creo sinceramente, de haber estado Aznar en el lugar de Suárez ni siquiera se hubiesen planteado. Y es que a ETA le «encanta» la negociación. Le encanta la negociación porque eso a los etarras los promueve a una especie de «interlocutores nacionales». También supone réditos políticos para quien negocia con ellos, puesto que aplicando la dialéctica del consexo, digo, consenso, quien «negocie» con ellos es una especie de «señor de dragones» en el sentido que le daba Ursula K. Le Guin («Un señor de dragones es alguien con quien los dragones aceptan hablar»). Esa misma fama tuvo Rafael Vera hasta que le pillaron de marrón por lo del GAL y «unas cositas de su suegro».
  • c) El hecho de que en Francia haya sido un santuario para ETA desde los tiempos de Giscard d’Estaing (política que, por cierto, continuó también con Mitterrand, presunto cher ami de Felipe González.

Ni qué decir tiene que es un mito de la democracia española el que cada nuevo inquilino de la Moncloa debe negociar con ETA. No debe apartarse de la negociación por más que sus predecesores hayan fracasado estrepitosamente en el intento. Era algo parecido a lo siguiente: hay cambio de gobierno, con o sin elecciones y, claro, hay que negociar. El Gobierno manda negociadores al País Vasco (o a Francia, o a Argel, o a Suiza). Y los emisarios etarras, muy en su papel, diciéndoles a los gubernamentales: «Ah, ¿ustedes son los nuevos? Vaya, han tardado poco en enviarles. La otra vez tardaron más. Pasen, siéntense y tomen este poquito de txakolí riojano y estos trocitos de txistorra de Nafarroa antes de sentarnos a negociar. Están ricos-ricos, ¿eh?»

Sin embargo, se daba en aquellos momentos una situación que contemplada desde la distancia temporal, se nos antoja diabólica: el Gobierno español, de rodillas ante ETA escuchando sus «condiciones», (que además no han variado un ápice en cuarenta años de historia sangrienta) y procurando ceder lo justito para que el Partido no tenga que pagar precio político alguno y para que «ETA no mate o mate poquito», en función de lo que se ceda. Y el PNV mediando aparentemente entre ambos y recogiendo las nueces, lo que ciertamente le convierte en parte del problema y no de la solución. Quizá por ello Arzallus dijo aquello de que «A ETA no hay que derrotarla» y monseñor Setién se dedicaba a «equiparar» a los familiares de los presos etarras con los familiares de las víctimas, en un discurso verdaderamente criminal y que nos lleva a preguntarnos qué se le habría perdido a Setién (y por lo menos a buena parte del clero vasco) con ETA.

Aznar, sin embargo, rompe con esta malhadada tradición. Se sienta a hablar con los etarras, sí. Hace gestos de buena voluntad, sí, como es de ley en toda negociación. Pero cuando se convence de que los etarras (y aún los peneuvistas) no son gente de fiar, rompe la negociación y se dedica a perseguirlos con la ley en la mano. Y mientras tanto, sucede Ermua. Miguel Ángel Blanco es asesinado sin piedad, lo cual acaba de convencer a Aznar de que no cabe ninguna negociación con los terroristas ni con quienes los jalean y apoyan, ya sea claramente o a escondidas. Por eso Aznar logró la expulsión del PNV de la Internacional Demócrata Cristiana (el PNV, desde el momento en que se sirve de ETA, ya no es un partido democrático y mucho menos cristiano).

Y no solamente no negocia, sino que saca adelante la Ley de Partidos, que impide a las formaciones políticas bajo las cuales se camufla la mano etarra tener presencia en las instituciones, tanto autonómicas como nacionales. Igualmente, saca adelante el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo, que ya firmó ZP como secretario general del PSOE bendecido por Felipe (Bono resultó ser demasiado perro viejo y mucho menos maleable a primera vista que ZP; además, no tenía rival suficiente en Castilla-La Mancha).

Hoy parece que hemos retrocedido a la situación anterior a 1997. Volvemos a ver manifestaciones «silenciosas» y con las cabezas gachas. ¿Pues saben qué? No me da la gana de ir a una manifestación donde hay que estar en silencio y con la cabeza gacha, no sea que los etarras (y aún los peneuvistas) se cabreen y carguen contra los españoles «que no les dejan ser lo que ellos quisieran». Hacía mucho que ETA no se encontraba tan «bien». Y eso no lo cambia el hecho de que ZP haya detenido a unos cuantos terroristas con las elecciones generales en el horizonte —y sólo por eso, pues bien se ha visto que durante los tres años precedentes los de la ETA eran hombres de pazzzz—.

¿Y las víctimas de ETA? Totalmente ignoradas por el desgobierno de ZP. Por eso, a Francisco José Alcaraz le «tocó la lotería» el día que la ETA asesinó a su hermano (Sorrocloco dixit) y para Pepiño y demás corifeos es «un terrorista» sólo porque en ejercicio de sus derechos constitucionales organiza manifas contra el Gobierno, ¡qué descaro!, ¿no? Por eso Rubalcaba puede decir que el último atentado de ETA fue «fortuito» y que además se desarrolló «un tiroteo» entre los guardias civiles y los etarras. Se puede mentir hasta cierto punto: pero conociendo a la ETA, el atentado tuvo de fortuito lo que un servidor de físico nuclear. Y en segundo lugar, mal pudo haber un tiroteo entre etarras y guardias civiles si éstos iban desarmados porque nadie se preocupó de solicitar que pudieran portar armas o de otorgarles el permiso, dada la ralea de criminales a los que estaban vigilando.

Pues lo dicho. Que no quiero volver a oír esa chorrada de la «serenidad y firmeza». Que ya que no puedo ver muertos a esos asesinos etarras porque me lo impide la Constitución —sí, esa que celebramos hoy— ni desearlo, porque soy cristiano, por lo menos, que caiga sobre ellos todo el peso de la ley. Quiero ver que se combate a ETA. Que su derrota lo sea sin diálogo (¿de qué hay que dialogar con ellos? Que me lo aclare alguien, aunque sea progre) y se termine esta pesadilla para quienes sólo deseamos vivir en paz en nuestra propia casa. Aunque mucho me temo que si la ETA desaparece, algunos tendrán serios problemas para mantener su discurso político.