Sin escolta


Leo hoy en La Gaceta que a Yolanda Couceiro Morín y a 49 personas más se les ha retirado la escolta. Escolta muy necesaria en Vascongadas para quienes piensan distinto de la morralla mitológica nacionalista. Ni el consejero Rodolfo ni Rub-al-Kaaba han dado muchas explicaciones sobre el particular, que supongo se ceñirán a la falta de recursos del organismo correspondiente –estamos en crisis, ya saben ustedes, y hay que recortar gastos– y el hecho de que «el Gobierno ha conseguido arrancar de ETA la promesa de una “tregua indefinida verificada”». Sobre todo esto último, que implicaría que «ya no es peligroso» pasear por cualquier calle de Bilbao.

No obstante, ustedes y yo sabemos ya que las treguas de ETA son más falsas que los duros sevillanos, tan indefinidas como el «amor eterno» definido por Les Luthiers (aproximadamente tres meses y medio) y ni hablar de «verificarlas», no sea que los gudaris se cabreen. Treguas que usan para reorganizarse, reaprovisionarse y, of course, para «negociar» (sigo sin entender qué hay que negociar con unos asesinos, aparte de su rendición incondicional).

Qué duda cabe que a ZP es una «medalla», ayuno como está de éxitos. Vean ustedes, si no, el último: que al día siguiente de doblar el espinazo ante Aki-Hito, emperador japonés –raza cruel–, la empresa Sony decide darse el piro de España (se larga escalonadamente, pero se larga). Y se confirman los datos de un 22% de paro, con lo cual el mercado laboral desciende un paso más camino del infierno, más devastado de lo que quedaron en su momento Hiroshima y Nagasaki juntas.

Sin embargo y volviendo a la noticia que les comentaba, si una persona necesita protección policial para poder desarrollar libremente su vida (en el caso de Yolanda, ejerciendo el derecho constitucional a la libertad de expresión), no existe democracia. Si un señor que pide el tiro en la nuca para un político que no es de su agrado (el agraciado en este caso es Albert Rivera) no es inmediatamente arrastrado de oficio a los pies de la justicia, es que no hay democracia. Si una persona no puede pasear por cualquier ciudad española llevando la bandera nacional en su reloj, en su monedero o dondequiera, porque es hasta amenazada de muerte, es que no hay democracia. También debo suponer que al señor Azkuna no se le moverá un pelo del bigote por ello, a pesar de ser Yolanda «conciudadana» suya. Él es nacionalista, está con los buenos y lo de los borrokas «no va con él». Ella, en cambio, es una maketa y encima españolista. O sea, de lo peor. Y «se lo merece», por tanto.

Pero no es eso lo peor. Lo peor es que la tregua no significa que cese el mal llamado terrorismo de baja intensidad, generalmente constitutivo de los delitos de amenazas y coacciones, así como de daños (cuando a los niñatos les da por destrozar contenedores, apedrear cajeros o quemar autobuses). Amenazas o coacciones que no solamente sufrirá ella, sino también el resto de su familia. Y que se pueden concretar tanto en una agresión física (una paliza por unos borrokalaris descerebrados y bien teledirigidos) como en una constante intimidación moral (pintadas, dianas, etc.).

No es menos malo que lo anterior el hecho de que la policía, simplemente, «no pueda garantizar la integridad física y moral» de Yolanda en caso de que ella decida internarse en el Casco Viejo de Bilbao, al parecer un nido de proetarras. Es decir: si las FCSE no pueden garantizar la libertad ambulatoria y la integridad física de una ciudadana en todo el territorio nacional (y Bilbao, aunque se haya de recorrer con mapamundi, todavía es territorio nacional español), es que no hay democracia. Y digo más: un régimen que se desentiende de la libertad y la seguridad de uno solo de sus ciudadanos es un régimen que pierde la más importante de sus legitimidades: la del ejercicio.

Y mucho me temo que Yolanda habrá de andarse con cuidado si decide defenderse. Pongamos por caso –y Dios no lo quiera– que Yolanda decide sacarse una licencia de armas al efecto de aumentar su seguridad personal. Si un mal día la esperan unos borrokalaris con la intención de pegarle una paliza y ella hace uso de su arma de fuego, en las condiciones en que está hoy la justicia podría ser que a quien le tocara comerse el marrón fuese a Yolanda. Probablemente por «manifiesta desproporción en cuanto al medio para repeler la amenaza y su uso».

Desde éste mi pequeño rincón, todo mi apoyo para Yolanda y las otras 49 personas a quienes Interior ha retirado la escolta. Gracias a Rub-al-Kaaba, también conocido como Freddy el Químico, los españoles estamos hoy un poco menos seguros.

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