Zapatero I, el Pacificador


Zapatero puede estar contento. Ha entrado en la Historia (sí, con mayúsculas) de España, esa entidad que tanto se empeña en destruir. Parece ser que ETA ha declarado una especie de “tregua más o menos indefinida”. Los pajarillos cantan y las nubes se levantan, ¡qué buena noticia! Bueno, a estas alturas algunos de los que me lean pensarán “menudo aguafiestas”. Pues fíjense que no. Me complace ver que hay un movimiento de la banda mafiosa en el sentido de no volver a asesinar, extorsionar o amedrentar a ciudadanos vascos cuyo único delito es el de “ser distintos”.

Pero ciñéndonos a los hechos (remarco el palabro porque periodistas y políticos, en la euforia del titular no suelen leer más allá), no sabemos aún qué precio ha tenido que pagar el Gobierno por esto. Que nadie da duros a cuatro pesetas (lo siento por el anacronismo) y ETA, menos que nadie, hasta ahí podíamos llegar. Zapatero aún no ha dicho nada y los etarras tampoco. De entrada, no sabemos si en León se juega mucho al mus, pero a tenor de las circunstancias, todo parece que al Gobierno le están tratando de colocar un órdago a la chica. A la “chica callando”, suponemos. ETA no dice, además, en qué condiciones deja de asesinar, extorsionar y/o amedrentar. Por no decir, ni siquiera dice que va a proceder al desarme total de sus “muchachos”, ni mucho menos cuándo.

Hasta aquí lo que puede -o mejor, debe ofrecer-. En cuanto a lo que exige, pues… parece que no hay nada nuevo bajo el sol. Exigen el llamado “ámbito de decisión vasco” (que me diga alguien quién puede determinar quién sea vasco y quién no). Exigen Navarra, como primer paso a la creación (en unas décadas, suponemos, de la gran Euskal-Herria, trasunto sin duda de la Gross Deutschland (¿a qué me suena eso? Y es más: que les pregunten al 90% de los navarros si quieren o no ser vascos o, mejor dicho, si quieren caer bajo la férula del PNV y aliados). Y lo peor de todo es que no querrán ser menos que los nacionalistas catalanes: el Estatut va a ser el rasero por el que van a medir las exigencias y los deberes.

No obstante, todos los medios de comunicación y en especial los de obediencia gubernamental ya están echando las campanas al vuelo: ¡La guerra ha terminado! ¡Se acabó el terrorismo! ¡Loor y gloria a Zapatero I, El Pacificador! Pues muy bien. Pero que nadie se llame a engaño. Mucho me temo que pronto habrá un coro de “ya os lo decía yo”. Pero no hay que ser agoreros y aguar la fiesta, claro que no. Pues lo dicho. Agur eta ondo!

Gotas que me vais dejando...

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